Nº 21
SEPTIEMRE-OCTUBRE 2001

ARTÍCULOS:


DESPERTARES VOLVER

Despertar: es despabilarse, salir del letargo, abrir bien los ojos, comprender lo que sucede a su alrededor, cuestionarse, etc. La indiferencia e hipocresía colectiva, derivada de una costumbre de conciencia estatista, propietaria y religiosa, adornada con bastante egoísmo y ambición personal de poder, en suma, todo esto y más, da pie a la continuación de esta verdadera agonía humana. La explotación del hombre por el hombre, deja más que claros los principios básicos de los gobiernos, propietarios y religiosos, respaldados por sus instituciones, para mantener controladas a las masas productivas y consumidoras. El Dios-dinero (para ellos, su mejor creación) remata la organizada dominación impuesta, con el fin de incrementar sus riquezas y, al mismo tiempo, empobrecer a los trabajadores -pilar de su enriquecimiento ambicioso- obteniendo así su nefasta dependencia.
Luego de recibir el dinero como asalariados, éste les será devuelto a los poderosos a través de impuestos, consumos, transportes, etc. “La sociedad está dividida esencialmente por obra del Estado; los hombres se encuentran alienados y no pueden vivir una vida plenamente humana gracias, ante todo, a tal concentración del poder.”[1]
La fantasiosa pero funesta “historia” de un Dios todopoderoso, impone -con el miedo- su autoridad en las conciencias y las actitudes diarias de las masas. Son estos los pretendidos “Santos y Profetas elegidos”, conjuntamente con los sicarios del gobierno; así, las autoridades “divinas” y “humanas” se fusionan para mantener controladas a las rebeldías individuales o grupales, imponiendo el terror, pues esta es su naturaleza.
Entre las tantas trampas de los Estados podemos remarcar a dos de los “artistas” del engaño, más reconocidos: los partidos de izquierda y los líderes sindicales.
Los primeros: autodenominados “revolucionarios” y patrocinadores de las causas “liberales”. Los que por el contrario ahora y siempre perseguirán, encarcelarán y fusilarán a todo pensamiento y acción libertaria, acusando a estos actos -hipócritamente- de contrarrevolucionarios, cuando ellos mismos son un obstáculo más para la verdadera revolución social. Puesto que todo Estado (proletario o no) tiende a perpetuarse encarnizadamente, y no a abolirse. Este es el ancho trecho que existe entre sus dichos y acciones, y la libertad de la humanidad. Pero aún siguen generando, permanentemente, confusionismo y adhesión, a éste -ya viejo- tipo de explotación social.
Los segundos: burócratas, mantenidos y gaponistas [2], en fin, estos íntimos aliados de los gobiernos y Estados, en sus discursos, “chamuyos”, en los piquetes de los verdaderos necesitados, “figuretis”... Llenándose siempre la boca con “solidaridad para los trabajadores y desocupados”, cuando ellos son parte de la opresión ejercida e impuesta por éste y todos los Estados. Las simpáticas agresiones contra su padre, no dejan ocultar el amor y la admiración, hacia él y su sillón.
Que éstos y todos los demás obstáculos -estatistas, propietarios, religiosos y sus instituciones- se pisen solos a la hora de hablar o actuar, no basta: ¡hay que pisarlos incansablemente!
Es hora de despertar, de levantarse, de voluntad; que aboliendo todos los obstáculos del camino, pronto amanecerá la Revolución Social y, en el horizonte, en medio del resplandeciente sol, se podrá divisar la Anarquía de la emancipación social. 

Vilchesz

1 Angel J. Cappelletti, La ideología anarquista, Edición Madre tierra, 1992, p. 23.
2 “Gapón. Este personaje hace su aparición en San Petesburgo, Rusia, en 1904. Enviado por el zar se infiltra en las masas para tratar de adaptarlas al régimen monárquico. Descubierto y desenmascarado, es ahorcado, por traidor.” Volin, La revolución desconocida, Proyección, 1977, Bs. As.


LA EXPANSIÓN DEL PODER VOLVER

El Estado tiene a Dios como ideal, por lo que se ve impulsado, naturalmente, a constituirse en un poder universal. Ahora, en la realidad posible, esto deviene en una concentración del Poder a escala mundial.
Decía Bakunin que todo Estado es imperialista en la medida de sus posibilidades y la posibilidad de un Estado es su poder y son, los más poderosos, los que imponen las condiciones de la llamada globalización; los restantes pasan a ser comisarías de nivel nacional. La llamada globalización es el resultado histórico de la naturaleza conquistadora del Poder que desde su nacimiento ambiciona dominar el mundo. 
La repercusión política de este procesó originó el movimiento “anti-globalizador” que encuentra el común denominador, entre quienes lo constituyen, en un reformismo posmoderno. Es la traslación de la izquierda nacional y el progresismo liberal al campo internacional. 
Escribe la C.G.T. española: “No obstante, tanto en Génova como en las ciudades donde se han llevado a cabo acciones contra la globalización económica, se ha visto proceder a un colectivo muy numeroso y activo, los Tutte Bianche (Monos Blancos). Este colectivo tiene como premisa la acción directa no violenta, defiende la desobediencia civil, siempre desde una postura pacífica, pero proclamando la autodefensa ante los ataques policiales. Su ideología es el anarquismo. Como también lo es de tantas otras organizaciones que, desde la no violencia, trabajamos: la C.G.T. (Estado español), la S.A.C. en Suecia, la C.N.T. francesa, la F.A.U. en Alemania, UNICOBAS en Italia, etc.
La no-violencia no es un principio del anarquismo, por el contrario lo es la rebelión del individuo de la forma más radical y drástica posible en una situación de opresión. Creer que los privilegiados y sus defensores no lucharán encarnizadamente por el poder y la riqueza cuando la revolución implica su abolición y expropiación, es ser inocente; es buscar caridad y comprensión, por parte del amo, de la inhumana condición que su existencia genera. La violencia es una expresión natural en la lucha por la vida, pero su valoración es subjetiva del cazador y del acorralado. Como principio e ideología, el pacifismo, es antirrevolucionario. 
Por otro lado los principios se conforman con las experiencias y las prácticas y, los de la C.G.T. española -escisión de la C.N.T. (anarcosindicalista)- se consolidan al apostar, desde un supuesto anarquismo, por el entendimiento con los gobiernos, las elecciones sindicales y los derechos laborales de la policía; nada de inocencia. 
Sigue la C.G.T. “...en Génova también se dio la infiltración de policías disfrazados de manifestantes provocando destrozos e incitando a la violencia, para justificar las indiscriminadas cargas policiales contra los manifestantes. Esta violencia policial sumada a la acción violenta de los sectores más radicales del movimiento antiglobalización (Black Block,...) sirve muy bien a los intereses del Sistema. Los medios de información del Sistema, que son la gran mayoría y son los que llegan a la mayoría de la población, se centran en estos aspectos, dejando prácticamente de lado la información y el análisis de las actividades (talleres, contraconferencias, charlas, alternativas, acciones diversas,...) y de los argumentos del movimiento antiglobalización.
Lo que sirve a los intereses del Sistema son los ideólogos de la pasividad y del pacifismo, los que sugieren una afinidad entre policías y anarquistas; los que reducen la cuestión humana a pelear contra el “modelo” o contra lo “antidemocrático” del proceso, blanqueando la explotación y humillación de fondo. Son los sirvientes como son los “...líderes del Genova Social Forum y de los ‘Monos Blancos’, las dos organizaciones que auspiciaron la marcha contra el G-8, [que] afirmaron que la policía había dejado que el cortejo multitudinario, que estimaron en 300 mil personas, fuera infiltrado en varios troncos por los grupos anarcos.”(Clarín, 22/7) 
Los “Monos Blancos” son una organización que colabora con los partidos de izquierda y sus líderes fueron más de una vez candidatos políticos. La manifestación del G-8 fue negociada en conjunto con el gobierno italiano. “¿Podemos considerar que los políticos corresponden a nuestro lado de la barricada? Creemos que no, aunque lleven pasamontañas para parecer duros, o hablen de batallas contra el poder para ganar nuestra complicidad... Lo ‘Monos Blancos’ son un calmante que la guerra social no necesita”. “Está claro que son una peligrosa infiltración en el movimiento revolucionario y de protesta, así como un obstáculo para la lucha real contra el poder capitalista.” (Algunos Revoltosos; anarquistas italianos).
Frente a esto, estamos convencidos de que la reforma es sostén del sistema y sus consecuencias y que todo cambio que no apunte a la abolición de la propiedad y el Estado es asimilable e incorporable a la lógica política, del mismo modo que el anarquismo termina con su “amplitud ideológica” cuando se lo intenta acomodar a dicha lógica. Al Poder “lo que no lo destruye lo fortalece”.
La procesión de marchas y concentraciones por todos los continentes detrás de los puntos de encuentro, que los representantes del privilegio fijan, no debe eclipsar que los bancos y supermercados, los caudales y los bienes acumulados, se encuentran en todas las ciudades; que la ostentación del lujo y la opulencia está presente en cada realidad local. El Poder es uno solo, sólo que está diseminado. Son sus centros los que se constituyen internacionalmente; la Unión Europea tiende a conformarse en un “Estado continental”, contando con parlamento, policía y moneda propia. 
El fortalecimiento del Poder nunca había alcanzado en la historia la magnitud actual, los niveles acumulados de riquezas son gigantescos y, los acaparadores, disfrutan hoy más que nunca de ser los herederos y beneficiarios del saqueo, la explotación y la esclavitud de infinidad de generaciones pasadas y presentes. Desde el primer chasquido de látigo hasta las reuniones del G-8 la humanidad ha sucumbido en la agonía. Las rebeliones han hecho retroceder a los opresores en lo que fueron los momentos más plenos del hombre en la historia, aplastado y sometido, el Poder siempre ha salido triunfal y fortalecido. Y así será hasta que precipitemos su final definitivo. 

Adrián

DE SEATLLE A GÉNOVA VOLVER

Seattle, EE.UU.: el 30 de noviembre y el 3 de diciembre de 1999 se realiza la conferencia de la Organización Mundial de Comercio. Los anarquistas del Black Block destacan su beligerancia, por primera vez en estas marchas, del resto de los manifestantes, los que se calculan en cincuenta mil. Los incidentes causan millones de dólares en daños.

Davos, Suiza: fines de enero y principios de febrero de 2000. Se reúne el Foro Económico Mundial. Grupos radicalizados producen choques con la policía.

Washington, EE.UU.: en abril del mismo año se realiza la reunión del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Veinte mil manifestantes asistieron; hubo choques con la policía.

Praga, Rep. Checa: en septiembre se lleva a cabo la reunión anual del B.M. y del FMI. Marchas de nueve mil personas, enfrentamientos con la policía y varios detenidos.

Niza, Francia: fines de 2000, cumbre de la Unión Europea. La manifestación se inicia tranquilamente con unas cuarenta mil personas y finaliza en una “batalla campal” frente al centro de convenciones. 

Buenos Aires: en abril se reúnen en el Hotel Sheraton los representantes del Area de Libre Comercio de las Américas. Grupos de manifestantes atacan a la policía y producen destrozos.

Quebec, Canadá: en el mismo mes unos veinticinco mil manifestantes protestan contra el ALCA. Se producen violentos incidentes con las fuerzas del orden.

Gotemburgo, Suecia:
en junio se reúnen los líderes de la Unión Europea. Miles de personas se manifiestan de forma pacífica. Un grupo de setecientos recorre la ciudad causando destrozos. La represión policial deja un herido grave. 

Génova, Italia: Se reúne en julio el G-8, representantes de los Estados más enriquecidos del mundo. Los enfrentamientos más violentos se dan entre los anarquistas y la policía, en uno de ellos pierde la vida un compañero italiano.


MUERTE INTENCIONAL DE UN ANARQUISTA (CARLO GIULIANI) VOLVER

Entre gritos, sirenas, helicópteros y, seguramente también, la alarma de algún banco se oyen los disparos, el cuerpo que se desploma y las campanadas metálicas del matafuego que rebota contra el asfalto. Queda tendido boca arriba, tieso, la camioneta policial pasa por sobre el abatido con todo el peso del Estado. Los carabineros rodean el cadáver y amenazan a cualquiera que intente acercarse. Después de que lo retiran, cientos de manifestantes apedrean a los policías.
Por la mañana se habrá juntado con los compañeros, seguramente en una esquina, abrazándose con los conocidos, saludando a otros, viendo llegar los grupos, algunos con banderas negras, la mayoría bien preparados. Por momentos escucha voces en griego, en español, en inglés; es que allí las patrias se han suprimido. Cada vez llegan más, busca donde treparse, donde subirse y ver hacia un lado y hacia el otro; son miles. Es una de las manifestaciones anarquistas más grandes de los últimos años. Habrá sentido en ese instante “la libertad que se extiende infinitamente”.
Se coloca el pasamontañas. Es que la ciudad es un escrache y la policía y los periodistas van a fotografiarlo todo. Seguramente palo en mano, quizás también una mochila... 
Y las pasiones ya están desatadas, primero la cárcel, vuelan botellas, piedras, más allá hay autos en llamas, estallan vidrios de comercios y Bancos, corridas. Todo símbolo del privilegio es atacado. Sus defensores comienzan a lanzar gases, patea uno y lo devuelve, con la agilidad seguramente de los tiros al arco entre amigos. Y los ojos que lagrimean y la respiración que se dificulta, está como asfixiado hasta que un compañero le pasa un limón; el antídoto lo recupera.
Probablemente lo habrá encontrado dentro de un negocio o en un auto, o quizás ya había sido utilizado por otro compañero y estaba en el medio de la calle, la cuestión es que tenía un matafuegos en sus manos y no, precisamente, para “hacer de bombero”: otro será el “valor de uso”. 
Ve un jeep de carabineros y corre hacia él balanceando el matafuegos, ya se imagina el parabrisas y una lluvia de vidrios. Es el individuo contra el Estado; y será el individuo o el Estado. De la ventanilla asoma su sentencia. 

Adrián

CRÓNICA DE LOS HECHOS VOLVER

Lunes 16 de julio: en Turín la policía registra los centros sociales y las casas de alrededor de diez anarquistas. En Milán es allanada la casa de una compañera recientemente liberada tras sufrir una condena acusada de colocar un explosivo. La policía, en un descomunal operativo, registra la Villa Occupata y las casas de tres personas. En Bologna los carabineros entran a las viviendas de cinco compañeros anarquistas con la acusación de “asociación subversiva”. 
En La Spezia cuerpos especiales de policías irrumpen en el círculo Stella Nera (Estrella Negra). Luego son inspeccionadas las casas de dos de los anarquistas que allí se encontraban.

Martes 17: en Nápoles, por la madrugada, unos cuarenta efectivos entran en el T.N.T. Occupato buscando explosivos. Se producen requisas en Pádova y Génova. En Florencia es registrada una casa ocupada por anarquistas. El local ocupado de Stella Nera en La Spezia, es desalojado. En la mayoría de los casos se confiscan publicaciones y objetos varios.

Miércoles 18: en las ciudades de Milán, Bologna y Treviso se reciben paquetes bomba en repudio al accionar del capitalismo, una de ellas es dirigida al presidente de Italia Silvio Berlusconi, dueño además de la mayor cadena de televisión de ese país. Se reivindica el hecho de María Soledad Rosas, anarquista argentina que se suicidó en una cárcel italiana.

Jueves 19: en el Palacio Ducal de Génova se reúne el G-8. La sede está transformada en fortaleza, con vallas de cinco metros de altura. Las fuerzas del orden suman veinte mil efectivos, cuerpos especiales, helicópteros, patrulleros y tanquetas. Los líderes del G-8 se alojan en un buque anclado en puerto, protegidos de los manifestantes. La marcha es organizada por el Foro Social de Génova y los Monos Blancos. Cincuenta mil manifestantes inician la protesta de forma pacífica y festiva, con acciones simbólicas y artísticas. 

Viernes 20: los anarquistas del Black Block, para los servicios secretos europeos los extremistas más peligrosos, enfrentan a la policía armados con palos, cadenas, bombas Molotov y botellas rellenas de arena. La “columna negra” se calcula en cinco mil compañeros provenientes en su mayoría de Inglaterra, Alemania, Grecia, Italia y España. 
Por la mañana, frentes de Bancos y comercios son hechos añicos. Los anarquistas atacan e intentan asaltar la cárcel de Marassi; bombas Molotov son arrojadas contra su fachada. Son repelidos por la policía tras violentos enfrentamientos que durarán hasta el anochecer.
Cajeros automáticos, Bancos, negocios y automóviles son atacados e incendiados. Es asesinado por la policía el compañero italiano Carlo Giuliani. Sesenta y cuatro personas son detenidas y ciento ochenta heridas. 

Sábado 21: los choques con la policía se repiten. La cárcel de Marassi es nuevamente atacada por los anarquistas, las avenidas de la zona son devastadas. En otro barrio destruyen un cuartel de carabineros. Los bomberos no dan abasto para apagar los incendios de Bancos y negocios, y controlar las explosiones de los autos en llamas. “Desde el puerto antiguo se veían columnas de humo que se elevaban al cielo” (Clarín, 22 de julio). Entre los seiscientos automóviles destruidos, numerosos son de la policía. 
Los manifestantes pacíficos se contaban en trescientos mil, los cuales se retiraron en trenes especiales al anochecer, repudiando el accionar de los anarquistas.
El día finaliza con doscientos treinta heridos y más de cien detenidos. Organismos gubernamentales y no gubernamentales reciben denuncias de torturas por parte de la policía. Los daños a la propiedad son cuantiosos y suman millones de dólares.


CRÍTICA A LOS "ANARCO-PLURALISMOS" VOLVER

El siguiente artículo fue escrito por Ronald Young, quien purga una condena de prisión en Texas, Estados Unidos. El autor es editor del periódico “Chain Reaction”. Originalmente fue escrito para los editores de la revista inglesa “Organise!” y fue publicado en el número 55 de este año con el título de “Algunos comentarios y observaciones”.

El movimiento anarquista norteamericano se encuentra otra vez en una encrucijada histórica. Su momento cumbre de popularidad había sido unos cien años atrás, y solamente pudo ser aplastado por las tácticas autoritarias del “peligro rojo” y la histeria provocada por la guerra. Hoy en día el movimiento anarquista está nuevamente ganando popularidad, no sólo en América sino ya en todo el mundo. Y una vez más la historia parece volver a repetirse con elementos que tanto desde fuera como desde dentro del anarquismo buscan su destrucción antes de que éste tenga la chance de regenerarse dentro de la clase obrera internacional. 
Las fuerzas exteriores al movimiento anarquista que buscan su destrucción son bastante obvias para todos. Pero son las insidiosas fuerzas contrarrevolucionarias que residen al interior del movimiento anarquista las que tienen el mayor potencial de distraernos de nuestros principales objetivos de agitación para alcanzar una revolución social a escala mundial. El propósito central de este artículo será el análisis de estas fuerzas.

Primitivistas

Los primitivistas defienden la noción infantil de que es posible deshacernos de la tecnología y retornar a un estado de existencia “salvaje”. Uno de sus preceptos es la necia idea de que la humanidad debería abandonar las ciudades y volver hacia el interior rural. Si no me equivoco, el Khmer Rouge y Pol Pot intentaron hacer una cosa parecida en Camboya, lo que provocó el exterminio de dos millones de personas. Más allá del posible costo de vidas que se deriva de tal esquema, ¿podríamos imaginarnos la devastación ambiental resultante que provocarían los seis mil millones de personas del planeta, defecando en el campo sin el beneficio de la tecnología que facilita el tratamiento y procesamiento de los miles de millones de toneladas de desperdicios producidos? ¿Qué harían con todo esto los primitivistas; intentarán reciclarlo en huertas orgánicas? Creo que no existe mejor forma de transmitir el indecible número de gérmenes patógenos mortales entre la población que el uso de toda esa basura sin ningún tratamiento como abono. Por favor, si hasta ahora me vengo perdiendo algo, que alguien me esclarezca, así me corrijo. 
Sería un horrendo acto de estupidez de la humanidad, si abandonáramos ciegamente todas las formas de tecnología, transformándonos nuevamente en aquellas criaturas “silvestres” que presumiblemente fuimos alguna vez. Llevado a un extremo, deberíamos desprendernos de cada una de las invenciones creadas desde el surgimiento de la raza humana. Es obvio que gran parte del dogma primitivista se deriva del ludismo y del ambientalismo radical de grupos como “Earth First!” (Primero la Tierra), que intentan utilizar al anarquismo como un vehículo para realizar su propio programa.
Soy el primero en adherir a que el anarquismo debe incluir una crítica de nuestra actual forma de relacionarnos con el medio ambiente y de las formas para protegerlo mejor, asegurando la supervivencia de la especie humana así como de la diversidad de la flora y fauna del planeta. Pero sería contrario a los principios anarquistas adoptar una ideología como la de “primero la Tierra” que coloca el “salvar a la Tierra” por encima de “salvar a la humanidad”. La tierra no es un ser consciente al que le importe ser o no “salvado”. Sólo los seres humanos tienen la capacidad consciente de preocuparse acerca del medio ambiente -que podría ser mejor visto como el acto egoísta de “salvar nuestro propio pellejo”. Si la humanidad desea seguir habitando este planeta, sólo podrá hacerlo si el medio ambiente continúa siendo los suficientemente saludable como para vivir en él. Con todo, estos ambientalistas extremistas que pasan por alto el sufrimiento humano en favor del planeta no pueden pertenecer a un movimiento anarquista cuyo objetivo fundamental es el mejoramiento de la condición humana. Tales elitistas deben ser rotundamente repudiados.
Emparentados a estos primitivistas están también los animalistas del Frente de Liberación Animal, con todas sus ramificaciones y tendencias. Es cosa admirable que los seres humanos hayamos avanzado hasta el punto de interesarnos por los derechos del mundo animal. Pero es absurdo en extremo otorgar a los animales “igualdad de derechos” que a los humanos. Claro que debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para eliminar la crueldad hacia los animales, darles unas condiciones dignas de vida y tratarlos con respeto. Pero considero que es un exceso exigir la prohibición del consumo de carne, aunque pueda admitir que en la producción de aves de corral, porcinos, vacunos y lácteos se emplean métodos inhumanos y formas de producción destructivas para el ambiente, que deberían ser investigadas seriamente.
Vivir en el mundo que los primitivistas ambicionan en realidad significaría vivir en una tierra de muerte y enfermedades, y no en uno de felicidad y de salud, contrariamente a lo que estos bien intencionados pero equivocados espíritus quieren hacernos creer.

El PPWC, los movimientos interclasistas y el progresismo rastrero

Pasando al siguiente punto de mi argumentación, quisiera hacer algunos comentarios y observaciones en lo que concierne a un grupo llamado Coalición de Prisioneros de Guerra Políticos (PPWC), fundado por Alí Khalid Abdullah [ver nota sobre Alí]. Alí se reivindica anarquista, aunque el PPWC mismo reconoce incluir en sus filas de batalla a los movimientos indigenistas y nacionalista negro, y toda clase de liberales y progresistas.
Todo esto se articula en una crítica anticapitalista, con la que incluso estoy de acuerdo en muchos puntos. El mismo Alí parece estar haciendo un trabajo excelente en numerosos aspectos con el PPWC. Pero muchos de los escritos de Alí contienen referencias y su respaldo al New African Movement. Este movimiento aparentemente abraza ideas separatistas y nacionalistas, dos ideas que según creo van en contra de los principios que los anarquistas comunistas sostenemos. Pero permítanme dejar perfectamente clara una cosa. Creo que las luchas llevadas adelante por aquellos grupos que sufren opresión racial y étnica contra el capitalismo pueda requerir que estos formen organizaciones separadas dependiendo del momento y las circunstancias. Pero estas organizaciones también deben reconocer que para que la revolución social sea exitosa, todos los grupos étnicos y raciales necesitarán en un punto determinado formar coaliciones integradas, que tengan el objetivo de generar una revolución a escala mundial, para poner fin a todas las divisiones dentro de la clase trabajadora, cualquiera que estas fuesen. 
Quizás ustedes no hayan leído un reciente artículo de Alí titulado ‘¿Por qué la mayoría de los anarquistas no son de personas de color?’. Alí, que es de raza negra, no da ninguna respuesta convincente más que el condenar al movimiento anarquista por ser demasiado blanco y porque sus integrantes viven en comunidades desconectadas de la gente de color. Tal vez exista algo meritorio en este planteo, pero creo que las razones son algo más complejas que la noción simplista de que los anarquistas no hacen lo suficiente para acercarse a la gente de color. Y recién comenzaremos a poder encarar bien el problema cuando dejemos de lado las excusas simples e iniciemos un serio análisis de la situación. Aquí en los Estados Unidos hay grupos que sé que están comprometidos con las comunidades negra y latina. Lamentablemente, Alí no fue muy específico al momento de señalar a cuáles elementos del movimiento anarquista dirigía su crítica, a excepción de un grupo de Oregon al que sí menciona. 
No cabe ninguna duda que mucha gente de color debe percibir al movimiento anarquista como integrado en su generalidad por gente blanca, y que se sienta escéptica al respecto de si los anarquistas se mostrarán receptivos en cuanto a incorporar sus reclamos contra la opresión racial y étnica a los reclamos contra la explotación económica. Estas son serias reticencias a las cuales debemos vencer con un profundo análisis del capitalismo, demostrando que su naturaleza expoliadora de un grupo -la clase opresora- sobre otro grupo -la clase trabajadora- se manifiesta en todos los aspectos de la sociedad, incluyendo las relaciones raciales. La clase dominante utiliza el temor al desempleo y la miseria para enfrentar entre sí a los diversos grupos de la clase trabajadora. Y este divisionismo los mantiene en el poder. Y es éste el mensaje que debemos dirigir al resto de la clase trabajadora. 
Para mí, lo que Alí está sugiriendo es que el anarquismo debe incluir a los movimientos interclase y étnicos porque estos contienen elementos antirracistas y de liberación. El anarquismo tiene como objetivo entre otras cosas extirpar el racismo, pero esto debe hacerse dentro de un contexto de movilización por el anarco-comunismo revolucionario. Es nocivo a nuestro objetivo global de la revolución social, el enfocarse en demandas puntuales sin colocarlas en el más amplio contexto de una crítica total al capitalismo. E igualmente devastador sería para los anarquistas el aventurarse dentro del lodazal de políticas nacionalistas. 
Si bien debemos dar apoyo a todas las manifestaciones de autodefensa popular contra las fuerzas de la explotación, no tenemos por qué apoyar a tendencias de tipo nacionalista que poco tienen que ver con la idea de una clase obrera internacional y una revolución sin fronteras. Es incluso posible que algunos movimientos social revolucionarios aparezcan inicialmente con tendencias nacionalistas, pero que tengan como objetivo final la solidaridad obrera internacional. Pero para poder obtener el apoyo de los anarquistas estos grupos deberían dejar perfectamente claro y fuera de toda duda que su objetivo es unirse a otros movimientos revolucionarios para la completa eliminación global del sistema capitalista y por el establecimiento de una sociedad igualitaria, libertaria, libre de límites artificiales. 
Es un punto muy válido el que remarca Alí en su artículo de que los anarquistas deberían estar activamente involucrados dentro de las comunidades de color y en la lucha contra la brutalidad y la discriminación racial de la policía. Sin embargo, cuando llega la hora de participar en cualquier tipo de manifestación política o social, los anarquistas tenemos que estar atentos acerca de con quienes estamos confluyendo y cuales son sus fines. Pongamos un ejemplo: el movimiento contra la discriminación racial de la policía no necesariamente propugna el completo desmantelamiento del Estado y sus fuerzas represivas, las que en realidad oprimen a todos, más allá de que algunos grupos humanos puedan estar sufriendo una mayor represión del aparato policial que otros. La aspiración de los reformistas progresistas consiste en este caso en hacer la opresión policial algo más pareja para todos. No son los métodos represivos de la policía, per se, lo que encuentran espantoso estos grupos sino más bien la utilización “selectiva” de estos métodos. 
En particular, el movimiento anarquista norteamericano no ha sabido discernir perfectamente estas sutiles diferencias que el anarquismo puede tener con otros movimientos sociales. Debemos ser cuidadosos con respecto a participar de cualquier acto público simplemente porque éste se opone a la brutalidad policial y a la discriminación racial. Sin ningún resguardo, esta sigilosa infiltración puntual del reformismo eventualmente podría derivar los esfuerzos revolucionarios anarquistas en un mazacote de liberalismo lavado. Y tendrá por consecuencia la pérdida de la revolución social aún estando en una etapa embrionaria. 
Aunque podamos estar muy deseosos de acrecentar la influencia del anarquismo, no debemos ser tan ciegos y confiados como para permitir que nos presenten lo mismo de siempre como anarquismo sólo porque está encauzado contra la injusticia social. No tenemos que estar temerosos de que nuestro criticismo a los reformistas sea mirado como políticamente incorrecto o que pueda causarnos una reducción numérica. Tenemos que luchar hoy por mejores condiciones; pero debemos ser conscientes de que cualquier reforma que consigamos hoy, puede ser suprimida el día de mañana. Las reformas son soluciones rápidas, sirven para reparar los boquetes, si se quiere. Pero también funcionan como válvulas de seguridad, que dan renovada vida a las mismas fuerzas explotadoras que tanto tratamos de destruir. Entonces, tenemos que actuar con los pies sobre la tierra, pero sin perder de vista los objetivos revolucionarios, ni permitir que el movimiento anarquista sea copado por el reformismo. Al anarquismo no le hacen falta los liberales ni los reformistas; en cambio, necesitamos gente que se consagre a la clase obrera internacional y a la eliminación completa del capitalismo y del Estado. Necesitamos gente que se haya desprendido de la traba que es la creencia de que las cosas se pueden reformar y hacerlas más armónicas para con la clase trabajadora. 
No propongo que hagamos agitación puramente abstracta, sin involucrarnos en acciones directas concretas. El punto que defiendo, y espero que esté bastante claro, es que los anarquistas debemos operar siempre dentro del campo de concretar una revolución social para la prosperidad de la clase trabajadora y el resto de la humanidad; no simplemente el reaccionar a cada provocación del Estado, en el sentido de que pueda distraer nuestros escasos recursos de la tarea que nos hemos propuesto: alcanzar la anarquía. 
Parte del problema reside en que muchos grupos anarquistas pretenden ser vistos como socialmente activos y no justamente sentados tomándose un trago mientras discuten teoría. Y es algo absolutamente imperativo el que los anarquistas comencemos a ponernos activos en la problemática social de nuestras respectivas comunidades. No hay nada de malo con llevar la agitación al nivel de lo cotidiano mientras seguimos enfocados hacia un panorama mayor. Debemos agitar por el anarquismo y atacar a los problemas que enfrentamos usando como guía los mismos principios del anarquismo. Los anarquistas tenemos que ser cuidadosos para no encontrarnos que en vez de impulsar la abolición de la opresión, terminamos abogando por una “igualdad de opresión”. Hubo muchas ocasiones en que los anarquistas terminaron haciendo justamente esto, aunque no eran totalmente conscientes del hecho debido a que aún arrastraban rémoras de su pasado pre-revolucionario liberal. Ya es tiempo de arrojar ese lastre por la borda para no encontrarnos imposibilitados en nuestra travesía hacia alcanzar la revolución social. 

Anarquismo “Chic”

El movimiento anarquista está experimentando un reavivado interés en las masas, especialmente entre las generaciones más jóvenes. La esperanza de éxito del anarquismo reside en su capacidad para atraer a los más jóvenes, quienes están verdaderamente interesados en adquirir conciencia de clase y madurar en su conocimiento del anarquismo comunista y su crítica al capitalismo. Pero también existe un peligro para el movimiento anarquista por parte de aquellos que sólo se interesan en ser anarquistas “chic”. Ellos piensan que es “cool” vestirse de negro, enmascararse en las manifestaciones callejeras, destruir la propiedad de las grandes empresas y pintar con aerosol letras A rodeadas de un círculo (y están en lo cierto en pensar que eso es “cool”), pero no lo hacen basándose en los principios básicos del anarquismo. 
Y entonces tenemos a estos anarquistas que llevan el concepto de anti-autoritarismo hasta el absurdo de decir que debemos ser desorganizados e ir de una manifestación a la otra sin ningún sentido ni dirección. Si cada grupo de afinidad “hace la suya” no es así como vamos a alcanzar la revolución social. No hay nada de malo en el espontaneísmo, pero la organización es también necesaria. Claro, es verdad que los anarquistas creemos en la autonomía y la libre asociación, pero también creemos en la idea del federalismo y en la solidaridad de clase. Y si no podemos llevar a cabo nuestras acciones juntos en la pequeña escala que operamos cotidianamente, ¿cómo esperamos alcanzar una revolución global y crear un sistema de distribución para un mundo de seis mil millones de habitantes?
Esto no quiere significar que cada acto de cada grupo deberá ser siempre controlado y decidido por los otros grupos, como algunos socialistas libertarios suelen creer. Más bien, debería haber una continuidad y un propósito integral a nuestras acciones que contribuya nuestra meta final revolucionaria. Y para que cuando llegue la hora de concretarla a gran escala, careciendo de una estructura organizada, nos encontremos con un desastre total. 
Yo adhiero al concepto de grupos de afinidad y de autonomía local. Los grupos reducidos de compañeros más familiarizados entre sí, suelen conocer mejor las necesidades y matices propios de sus comunidades, lo que de paso también reduce las posibilidades de infiltración contrarrevolucionaria. 
Y será federándonos y haciendo un esfuerzo organizativo que logremos la victoria revolucionaria. Citando a Alexander Berkman: “Cada uno que te diga que los anarquistas no creen en la organización, habla tonterías. La organización existe en todas las cosas, y todas las cosas están organizadas” (El ABC del anarquismo). Debemos formular una metodología coherente, si se quiere, que aparte al movimiento anarquista de las acciones desconectadas entre sí y de los actos aleatorios de autodefensa, y pasar a un nivel activo, una postura netamente ofensiva. 
En vez de esperar a que los capitalistas hagan sus reuniones o eventos, en los cuales manifestamos, bloqueamos el tránsito y copamos las calles, es tiempo de llevar a cabo nuestros propios eventos. Y mientras vamos llevando estos a las calles también debemos agitar y organizar por una huelga general global -madre de todas las acciones directas- que será el momento definitorio que ponga al capitalismo y al Estado de rodillas. Los anarquistas también debemos prepararnos para defender a la revolución de los hechos de violencia que la policía del Estado y las fuerzas militares intenten para quebrar la huelga revolucionaria. 
Aunque una huelga general a escala global pueda parecer hoy como una idea fantasiosa, es hacia ese evento culminante del futuro que todas las actuales acciones directas debieran confluir. El problema, según las cosas se presentan ahora, es que entre el J18, N30, A16, May Day 2000, S26 (Praga) y Génova 2001, hay mucho tiempo muerto en que los ardores terminan enfriándose. Y este ímpetu no se traslada de una manifestación a la siguiente. Cuando conseguimos la atención mundial debemos aprovechar la oportunidad y no permitir que ocurra el enfriamiento que termina haciendo decaer al movimiento. 

Conclusiones

El mundo está despertando una vez más al anarquismo. Una oportunidad esplendorosa yace por delante de nosotros, la que tal vez no vuelva a ocurrir otra vez sino en cien años. Podemos desaprovechar el momento o aprovecharlo y hacer de este siglo y el milenio, la era del anarquismo. Debemos seguir teniendo esa voluntad crítica a todos aquellos que declaman por la anarquía solamente de palabra. El proceso de desgrane debe empezar separando la paja del trigo, es decir, separar a los ‘fans’ y a los “anarco-desteñidos” de los revolucionarios que están en esto por alcanzar el ansiado logro de la revolución social. 
Los anarquistas no debemos permitir que los reformistas y los movimientos multiclasistas coopten al creciente movimiento anticapitalista. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para inflamar las pasiones de la clase trabajadora a favor de la anarquía. 
Los anarquistas tenemos que abandonar la infantil noción de que enfocar, organizar, y guiar a nuestro movimiento sea como rebajarnos a convertirnos en leninistas o autoritarios. Sí, debemos cuidarnos del vanguardismo estricto sensu, pero tampoco temer enfrentar a la noción de que actuar en un esfuerzo organizado, unido y concertado equivale a traicionar los ideales. No lo es. 
No creo tener para nada todas las respuestas. Creo que aún me resta mucho por aprender aunque también espero haber sido capaz de haber hecho una contribución positiva acerca de cómo lograr lo que anhelamos alcanzar. En este tiempo que me toca vivir, les presento estos comentarios y observaciones para que sean criticadas respecto a si mis planteos van o no en la dirección correcta. O tal vez sean únicamente producto de sufrir el extremo calor del verano de Texas. 
Por el comunismo anarquista.

Ronald A. Young, 0625541, Huntsville Unit, P.O. Box 32, Huntsville, Texas 77348-0001, USA.

NOTA

Adherimos a las críticas que hace el compañero a los movimientos reformistas que, al identificarse estos con el anarquismo, confunden y desvían el objetivo que se persigue: la revolución social, la liquidación de las instituciones que aseguran la explotación del hombre por el hombre. Y es por esta finalidad social que impulsamos, que rechazamos el concepto ideológico que se hace de "clase trabajadora". 
En primer termino, creemos necesario aclarar, que la lucha de clases, reduce la emancipación humana a sectores económicos artificialmente creados por el capitalismo, de esta afirmación sostenemos que más que a lucha de clases adherimos al concepto de guerra social. De la misma forma, el concepto de clase trabajadora constituye un limitativo de los oprimidos por esta sociedad, más aun, el termino clase obrera, que refiere a los trabajadores industriales. Una revolución guiada por la clase trabajadora, necesariamente generará que ésta se imponga por sobre el resto de los oprimidos, léase campesinos, desocupados ...
Por otro lado, el concepto económico de clase, llevado al campo de reivindicaciones de movimiento, al contemplar mejoras salariales o laborales, identifica también a sectores como bancarios, policías, judiciales, etc.; instituciones que, como estrictamente necesarias por el capitalismo, deben ser eliminadas. 
El "movimiento obrero" es reformista por naturaleza, pero la diferencia está marcada cuando éste esta guiado por una concepción finalista revolucionaria, como fue la FORA, que si bien la cual, encontraba sus bases en los trabajadores, abogaba por la emancipación humana en su totalidad. 
La concepción de huelga general revolucionaria, que es un derivado del concepto de clase trabajadora, limita la acción revolucionaria al campo laboral, cuando en realidad será fruto de una insurrección general de los oprimidos.
Nosotros no negamos la oposición que existe entre el poseedor y el desposeído, entre el amo y el esclavo, la división de la sociedad en clases, pero no creemos que la fatalidad histórica lleve al esclavo y al desposeído a luchar contra los opresores. La batalla entre las fuerzas del porvenir y las defensoras del presente, no esta precisamente dada entre poseedores y desposeídos, sino entre los que conciben y desean un futuro equitativo y los que se benefician del régimen presente y aspiran a su perpetuación.
Esta posición generó debates internos en el Grupo Libertad y sin llegar a un consenso hemos hecho el comentario, pero es necesario aclarar que no todos los compañeros están de acuerdo con dicha postura.

El Grupo Editor


ALÍ DESDE UNA PRISIÓN EN MÍCHIGAN VOLVER

Alí Khalid Abdullah es un ex combatiente de Vietnam y activista social que se proclama anarquista, licenciado en Psicología y músico profesional (baterista de jazz).
Es fundador del PPWC, que da apoyo a las luchas de los detenidos en prisiones. Fue encarcelado en 1989 al intentar junto con otros compañeros dar fin a las actividades de un traficante de crack que había violado a una niña de 11 años, entregada por su propia madre a cambio de droga. Si bien debería haber salido en libertad condicional a fines de 1991,aún continúa detenido, desoyendo las autoridades a los reclamos de la defensa y la campaña internacional que se realiza en su apoyo. Desde hace un tiempo se le ha diagnosticado cáncer de garganta, pero las autoridades penitenciarias de Michigan se niegan a llevar adelante algún tipo de tratamiento bajo el argumente de que los medicamentos son demasiado costosos.

Para contactarse con el comité de apoyo a Alí:
BANCO
P.O. Box 19962
Kalamazoo, MI 49019-0962
U.S.A.


OVACIÓN A LA EVASIÓN -POSMO ZAPPING ACTUAL- VOLVER

Del circo descripto hace dos meses queda el bajón y la gula, y como hay hambre, de hambre, de cambio, de mejor estar, hambre de todo, todo aparece como una ensalada. El Estado, “haciendo agua” juega a la batalla naval en una sopa en donde los fideos siempre los paga el consumidor, aquel que esta dentro de este sistema, en el cual todos estamos. Así el dueño del caldo le ordena a los cocineros que apliquen más impuestos, recortes presupuestarios, as artimañas e inventos para aumentar las arcas del Estado y el gran capital.
A los pocos cocineros que manejan la torta poco le importa, ellos comen bien, y no quieren ser comidos. Deliran senadores y aparecen jueces salvadores de pobres. Aplican sus ajustes sin importarles el hambre que generan y por supuesto sin dejarse comer. Así la propaganda de gendarmería y la policía esta a la orden del día. Intentan reclutar nuevos “mártires” para golpear, asesinar y matar a mansalva el hambre que tienen todos. Ser vigilante de los tuyos te permite comer, vivir y tener el status de policía. Superheroes de historieta y superpoderes contra la ola criminal, aunque nunca tan criminal como ellos mismos y como aquel que explota, domina y maneja el destino y la felicidad.
La papa de la ensalada rusa esta hirviendo, y la C.C.C., los sindicalistas y demás condimentos reformistas de turno aparecen como la otra parte de los superamigos contra el ajuste y la represión, y cuentan la cantidad de adeptos a los piquetes, y cuentan la cantidad de votos que pueden llegar a tener si su imagen sigue subiendo. Entremedio el M.S.T. y troscos de costumbre se meten en la bronca para ganar adeptos (votos) y acompañan cuanta causa suene a revolucionaria y justa, aunque no lo sea, cosa que no les preocupa mucho siquiera. Y cortan calles y llaman a Crónica para que los filmen y se les haga propaganda a su causa, que sigue siendo la misma de hace años, tener poder. No solo cortar una ruta, hay que cortar la causa del malestar.
Viejos sindicalistas y agitadores sociales que retoman y usan la bronca de siempre. No puedo recordar que alguien haya dicho, “no estamos en crisis”, porque el sistema capitalista necesita estar en crisis, vive de esa manera y así se reproduce y reproduce a los oportunistas que van a salvar al pueblo. 
Y la cereza que coronó el pastel, la deuda externa, más interna que nunca, siempre el cuento para sacar. Que el riesgo país, que el impuesto de más acá, inventos para estafar, para joder a quien es explotado y para seguir explotando más. Y es pensar que cambiando el cocinero dirigente la torta va a mejorar, es iluso creer que alguien que te dirija va a pensar en tu bienestar, piensa en el de él y cuida que no te vallas a sublevar. Un Menem, un De la Rua, un Galtieri o un Vignone, no tienen diferencias profundas, más bien se cambian el color del uniforme, y no es cuestión de cambiar de dueño, sino de cortar la cadena y matar al amo que pega el azote. 
Porque como dijo el general pobres habrá siempre..., y seguramente en el sistema capitalista, mientras exista, los habrá. Si hay algo que quedó del modelo de Estado protector y del “ilustrísimo” General Perón, (hubo, y hay muchos generales) es el maldito asistencialismo estatal, y de esa herencia quedan resabios como los benditos planes trabajar, tan benditos como el Estado que los pare y las intenciones que los sustentan. Al Estado no solo hay que pedirle planes trabajar, hay que debilitarlo por donde más se pueda, y como más se pueda. No para que algún salvador tome las riendas de la dominación estatal, sino para construir otro modelo de sociedad. Donde no importe los 150 pesos del plan, sino donde impere las ganas de construir otra forma de agruparse, otra forma de ver las cosas y obrar en conjunto. Porque pedir los 150 mangos para morfar es seguir pidiendo dinero, una de las más poderosas armas del capital. El diezmo, la mita, el IVA y demás, siguen siendo el sustento del estado, y eso hay que atacar.
Pensar mejoras dentro del Estado es mantener el status quo de este sistema social. Pensar fuera del Estado es difícil, no se hace idea de que las cosas puedan funcionar sin autoridad. No es imposible, es simplemente necesario cambiar la mirada de la sociedad, ver la raíz de las cosas, ir mas allá. Ver las cosas con otra lente y así actuar. La crisis es el Estado, su aliado el capital. Combatamos la crisis y su padre autoridad. Yo no vengo con antídotos milagrosos, Ud. sabe como lo puede atacar. Auto organizarse.

Luks


ANARQUISMO Y ORGANIZACIÓN VOLVER

Mucho se ha discutido en el anarquismo acerca de cómo deberíamos organizarnos. Y sin ninguna duda seguiremos haciéndolo durante mucho tiempo más. En realidad no sería posible que dejáramos de discutir, en lo que respecta a éste y muchos otros temas que nos importan, debido a que la realidad cambia constantemente, y con ella también los puntos de vista. Por ejemplo, hasta 1940 el anarcosindicalismo era la forma organizativa más común de los anarquistas (y también podríamos agregar, la más exitosa en aquel entonces). No lo es así hoy; y probablemente nunca lo vuelva a ser. Las organizaciones específicas de anarquistas también tuvieron su momento de auge - su luz nunca brilló tan intensamente como la del anarcosindicalismo- aunque hoy se encuentran anquilosadas en su mayoría. Discutir acerca de cómo organizarse hoy, teniendo en cuenta los cambios sociales que nos arrollan, no significa renegar de las viejas formas organizativas, exitosas en su tiempo. Su éxito se debió menos a seguir una política principista en extremo o a un dogmatismo recalcitrante, que a comprender la realidad del medio en que se movían y saber interpretar sus propias necesidades y las de aquellos a quienes se dirigía su accionar: los oprimidos y explotados en general. Es éste el punto principal al que me voy a referir aquí, es decir, a la necesidad de organizarse. 
La especie humana es esencialmente social. No es posible concebirla como integrada por individuos aislados entre sí, sin vínculos sociales. El hombre nace en sociedad, es un animal social. Una vez establecido esto - verdad confirmada por todos los estudios científicos antropológicos desde hace más de un siglo- podemos inferir que, en tanto es un ser social, el hombre es un ser organizado, por la simple y evidente razón de que no puede existir sociedad sin una organización. Inclusive esto es válido para las sociedades animales, cuya falta de raciocinio no los convierte en menos sociales o menos organizados. En este punto, la diferencia entre los animales y el hombre no pasa por su grado de sociabilidad ni por las formas organizativas en las que viven, sino por el grado de conciencia que los humanos tenemos de nuestras relaciones sociales. Nuestras relaciones sociales, nuestra organización social, así como muchas de las instituciones humanas creadas a lo largo de los siglos, entre otras cosas, son formas de explicarnos y de ordenar el mundo; entendemos al mundo, a nuestros semejantes y a nosotros mismos por medio de nuestras relaciones sociales, por la forma que estas toman y los significados que les otorgamos, es decir, por esa cosa que vagamente definimos como cultura. Esto es valedero para todos los seres humanos y las sociedades que conforman. Si su cultura, sus relaciones sociales, sus costumbres y normas se dan en formas autoritarias, su cosmovisión y su interpretación del mundo también lo será de este modo. Esto no quiere decir que los seres humanos que integran una cultura de rasgos autoritarios estén determinados a serlo invariablemente: las violaciones a las normas culturales son tan antiguas como las propias normas - y los anarquistas somos un buen ejemplo de esto- incluso en las sociedades no estatales que los antropólogos retratan en sus etnografías. No existe determinación de la cultura sobre los comportamientos humanos sino una preponderancia, una fuerte influencia o predominio. De lo contrario las sociedades no podrían evolucionar, cambiar, transformarse o desintegrarse como ha ocurrido desde siempre. 
Las formas de organizarse son innumerables y responden siempre a algún tipo de necesidad o necesidades específicas. Por ejemplo la necesidad de procurarse alimento, protección contra enemigos, conseguir pareja, o para la consecución de un fin común por medio de la cooperación, como puede ser en el caso de construcciones arquitectónicas de gran tamaño. Pero no responden únicamente a necesidades materiales sino que pueden existir motivos de índole cultural, religiosa, política o económica - los que son perpetuados también por la costumbre- que influyen fuertemente sobre estas necesidades y las formas de organización social. En las sociedades autoritarias las necesidades que impulsan a los hombres a organizarse generalmente responden a las necesidades de quienes detentan el poder, y las imponen por medio de su policía, de sanciones morales o religiosas, y por medio del consenso popular (que no siempre significa consentimiento o beneplácito de los súbditos). De esta manera, las relaciones sociales y las formas en que se organiza la sociedad son en su mayoría autoritarias, tendencia que incluye la mayor parte de las acciones de los individuos. 
Pero no todas las formas de organización social se dan de esta forma sino que existen también formas no autoritarias, igualitarias y horizontales, relaciones de reciprocidad y solidaridad, donde los valores comunitarios son los preponderantes. Tal es el caso de las asociaciones de ayuda mutua tan brillantemente estudiadas por Pedro Kropotkin en El Apoyo Mutuo, su obra cumbre. Estas suelen oponerse y estar en contradicción con las relaciones autoritarias imperantes, y han tomado diversas formas a lo largo de la historia humana. Las relaciones de solidaridad, horizontales e igualitarias podemos encontrarlas incluso en los actos cotidianos más insignificantes como los que se dan en los círculos de amigos, las relaciones familiares y diversos grupos de afinidad. Son relaciones de reciprocidad desinteresada basadas en la simpatía, la amistad, la camaradería o el parentesco, donde la expectativa que hace a la relación no se fundamenta en la obtención de un beneficio personal. No me refiero aquí al altruismo (que abarca desde ofrecerle el asiento a una anciana hasta actos de heroísmo como arrojarse a las aguas a salvar a un niño que se ahoga), ni al sentimiento de cumplir con el deber (más característico de los bomberos y los médicos). Más bien a relaciones que se basan en un sentimiento de comunidad, un vínculo más basado en el afecto y en la afinidad que en el sentido del deber o las buenas costumbres. 
Si tuviéramos que, a grosso modo, hacer una división entre las diversas formas de organización que las asociaciones humanas pueden asumir, podríamos concluir en que hay dos modos generales y básicos: las formas verticales (donde priman la autoridad y la jerarquía) y las hori-zontales (donde priman la reciprocidad solidaria y la igualdad). En las primeras la libertad está anulada o al menos restringida; en las segundas es su condición fundamental. De más está decir que el anarquismo forma parte de estas últimas. Podríamos decir que entre los conceptos elementales del anarquismo, y que prácticamente lo definen, hallamos los valores de libertad, igualdad, federalismo, solidaridad, autonomía y autogestión comunista. Estos valores se encuentran firmemente entrelazados, no son conceptos aislados sin ligazón entre sí. Dentro del sistema ideológico anarquista estos valores no se conciben sino interdependientes y complementarios, ya que la ausencia o restricción de sólo uno de ellos menoscaba a los otros. No es posible la libertad sin igualdad, y viceversa. Repitamos la operación de explicar alguno de estos valores en ausencia de cualquiera de los otros y llegaremos a idéntica comprobación. 
Por supuesto que los anarquistas debemos organizarnos tomando estas ideas como nuestro basamento. Desde Proudhon y Bakunin hasta hoy hemos ido profundizando sobre las mismas. Pero la pregunta básica que debemos hacernos hoy es cuál es la forma más conveniente de organizarnos, como es obvio, dentro de los principios antedichos. Sinceramente no creo posible revitalizar por el momento las antiguas formas exitosas de organización. No por que hayan fracasado, sino porque la realidad ha cambiado junto con las necesidades que en aquellas épocas nos llevaron a adoptar esas formas organizativas. Por otro lado me resisto a utilizar el calificativo de fracasados a los métodos de lucha que los compañeros implementaron en el pasado. Según el contexto o la coyuntura que se presente pueden continuar siendo igualmente efectivos en la actualidad. Y si correspondiere hablar de fracasos, sin dudas deberíamos atribuírselo a aquellos episodios en que las organizaciones, o al menos una parte de sus integrantes, dejaron de lado algunos de los principios básicos del anarquismo, y los ejemplos huelgan. 
Creo que los grupos y asociaciones anarquistas deben conformarse en función de las necesidades y los fines que les atañen. Y que, a su vez, los grupos de afinidad son el medio más idóneo en el presente para llevar esta tarea adelante. La obtención del comunismo libertario es nuestra meta última (y en cierto sentido es también nuestra primera necesidad). Pero antes de llegar a la deseada revolución social y a la modificación de la realidad existente surgirán fines y necesidades intermedias que deberemos resolver. Y las estructuras organizativas, desde los grupos a las federaciones, sin duda irán modificándose a su vez según lo dicten las necesidades. Las federaciones y confederaciones no tienen por finalidad mantener la unidad del movimiento, como algunos presuponen. Son las formas de interrelación que las unidades de menor tamaño han elegido para coordinar esfuerzos y su accionar sin menoscabo de su autonomía, su libertad e independencia. La necesidad de los grupos será el primer paso en la creación de un organismo federativo, y nunca el camino deberá ser a la inversa, es decir, elucubrar una federación y luego intentar rellenar su estructura con militantes (como hacen todos los partidos políticos). La unidad por la unidad misma, además de ser una necedad, presupone una voluntad de perennidad de la organización por sobre sus fines y las necesidades que le dieron origen, y una subsunción de la voluntad de los individuos integrantes a la voluntad de una mayoría. 
Ninguna organización debe tener como principal objetivo la permanencia en el tiempo. Su principal objetivo, luego de alcanzada la revolución, es su auto disolución. Las nuevas necesidades - una vez instaurada la revolución- serán la base en la conformación de otras organizaciones, claro está, dentro de los principios del anarquismo. Tampoco las organizaciones anarquistas están obligadas a disolverse, sino que deberán resignificar su relación con la nueva sociedad que habrá surgido. Y esto se debe a que la revolución no será obra exclusiva de los anarquistas, sino de la sociedad misma dentro de la cual estamos insertos. Dicho de otro modo, los anarquistas pueden llevar la delantera a la hora de destruir el capitalismo y el Estado, pero por sí solos no podrán construir el comunismo anárquico: éste será una obra colectiva. 
Indudablemente, para conseguir semejante realización el movimiento anarquista deberá crecer, tanto en tamaño como en influencia; deberá tener peso social. Hará falta conformar un movimiento integrado por cientos o miles de grupos de compañeros, unidos a través de redes federales y confederales, abocados a las tareas específicas que consideren convenientes para alcanzar la anarquía. Un movimiento de estas características, operando en diversos frentes a la vez, desde lo laboral a lo comunal, practicando la solidaridad entre sus miembros, favoreciendo el disenso creativo, respetando la autodeterminación, la autonomía y la libertad de sus integrantes, practicando el igualitarismo en todas sus formas, autogestionado y federativo, y que responda a las necesidades y fines de sus integrantes, tan imprevisible como impredecible- armónico con la naturaleza humana- será un movimiento inquebrantable.

Patrick Rossiner


COSTUMBRES VOLVER

Patria o Muerte... Muerte. Antes de sumarme a esta discriminación, morir luchando contra el gobierno la anti-libertad a la que nos somete este control organizado, lavando cerebros para dominar o contraatacar a aquellos que “piensan de más”, desviándose así del “rebaño”. Un rebaño de falsos e hipócritas, réplicas exactas del vecino, esos vecinos que quieren cagar más alto que el culo, pero no saben o no quieren darse cuenta que con el culo sobre ellos se cubren de mierda. Mientras continúan con esa “bendita” costumbre de no ser menos que los demás seres humanos, se convierten en una nueva generación, o sea, en la gran bosta que sus padres y abuelos militares fueron en el pasado. Derechistas natos, hijos de la extrema derecha que explotan, discriminan y matan a los extranjeros. Extranjeros desesperados en busca de trabajo; pero eso no les importa: pisan su bonita patria y eso no es aceptable para ellos. Esa Patria libre, justa. Liberada con Justicia por sus “gloriosos generales” muertos. 
Patria es sinónimo de Muerte, muerte del individuo que camina libre sin fronteras, del luchador diario que busca la libertad total del ser humano y de todo aquel que no se deja encasillar por los poderes para su beneficio. 
Banderas de hermosos colores que llaman tu atención, sintiendo en el corazón orgulloso una lealtad incondicional que perdura en ti hasta la muerte natural o arrebatada en defensa de la Patria y su gobierno. Por generaciones brillará tu ejemplo de “vida y muerte honorable”... TODO BASURA. “Gracias, peón descartable”. Los gobiernos refrescan las fechas patrias en escuelas, actos públicos, feriados nacionales, etc. Agradeciendo tu lealtad y encubriendo la verdadera Historia de la Patria, asesina, discriminadora y mentirosa. A todo esto, todavía resuena el grito de “¡Patria o Muerte!”. Y yo digo, muerte en la lucha por la liberad mundial. 
Sin ataduras ni fronteras.

Vilchesz


LA MUERTE DE LA VIDA VOLVER

Podría ser el principio, podría ser el final, la necesidad del capital sigue estando por sobre la del ser humano, por sobre la de aquel que necesita descansar pero no puede por que tiene que trabajar, del que ni siquiera logra ser esclavo del trabajo porque es desocupado y es esclavo del hambre, como es esclavo del hambre el que trabaja todo el día de cocinero porque no le alcanza el tiempo para comer, del que trabaja en una librería y nunca leyó nada, nunca pudo, del que no puede comprarse ropa y trabaja en una textil, del que rellena colchones y sus ojeras ya son negras de tanto mirar la noche del insomnio, del que hace largos viajes caminando y sus pies ya son de piedra porque no tiene para el colectivo, del que se tragó el Riachuelo porque Mar del Plata era caro, del que cruzó en rojo y lo pisó un auto porque llegaba tarde al trabajo y lo iban a echar, del que lo chupó un remolino en la última inundación, del que tiene buenas zapatillas nada más porque las robó, del que las encontró tiradas, del que tiene el reloj siempre en la misma hora porque la pila sale plata, del que no tiene, del que pregunta, del que fuma y ya no tiene que fumar, del alcohólico que prefiere gastar su salario en vino y no en comida, del que en vez de estar con sus hijos está cortando la calle para pedir trabajo, del que se le quiebra la columna de cargar cajas, del que se suicida, del que muere y de los que dejan morir. El capital destruye el ser del ser humano, para transformarlo en algo que ya no es, sólo es algo que pasa, nace y muere, nada más que robots que van y vienen. La vida es algo pasajero, a nadie le importa, nadie tiene tiempo para pensar en cosas raras, la vida como si fuera sólo una palabra, como si fuéramos bestias de carga y nada más, de rutinas regidas por la plata, la plata o la vida, sólo bestias de carga, ningún sueño, ningún soñador de utopías, ninguno que quiera cambiar todo de raíz, ninguno que quiera poner a la necesidad del ser humano por sobre todas las cosas, ningún anarquista.
Es utopía pensar que la necesidad del ser esté por sobre la del capital, solamente en un mundo inexistente no existiría el dinero, porque la lógica de hoy que supuestamente es la verdadera y única, pone un papelito al que llaman plata para que nos podamos pisar unos a otros. Sería un caos pensar en un mundo sin gobierno, porque sin gobierno no existiría la nación, la pobreza y la miseria, el asesinato.
La vida y la libertad en un mundo de Estados, donde todo pasa por el dinero, no pueden convivir, no existen, en un mundo de gobiernos sólo la guerra puede estar en paz.
La vida, la libertad, son las 2 de la mañana y todavía estoy escribiendo, ya no sé lo que hago, no puedo pensar en estas cosas, mañana tengo que levantarme temprano, tengo que ir a trabajar. 

Clasta


EL ESTADO SEGÚN BAKUNIN

APUNTES BIOGRÁFICOS VOLVER

Escritos inconclusos, rebeldía, conspiraciones, exilios, discusiones, esperanzas, coherencia, encierros, organizaciones secretas, son algunas de las tantas palabras que caben en la figura del revolucionario que fue Mijail Alexandrovich Bakunin. Algunos sostienen, que fue el padre del anarquismo y aunque este comentario sea bienintencionado, no podríamos decir esto, cuando el propio Mijail Bakunin aborreció y lucho siempre contra la figura de un líder, de un padre, de un guía, en la lucha por la Libertad; según Bakunin ésta debe surgir del deseo de las masas por eliminar todos los yugos opresores, y a su vez la Libertad debe conseguirse por los medios que los oprimidos, y sólo ellos, convengan. 
Esto último, quizás, sea uno de los reflejos más claros de la vida de Bakunin, hijo de terratenientes y funcionarios rusos, tuvo un paso fugaz por la carrera militar, ya que la abandonó tras llegar a Polonia luego de la represión de la insurrección de 1832, al ver el desastre que el ejército había causado. Su vida se inclinó hacia la filosofía sumergiéndose en el mundo hegeliano. Al abandonar Moscú en 1942, viajó a Dresde y en los cinco años siguientes, deambuló por toda Europa tratando con muchas personas (entre ellos con P. J. Proudhon y K. Marx) y delineando su pensamiento revolucionario que aún contenía las ideas metafísicas de Hegel.
Los sucesos de París en 1848, atrajeron a Mijail Bakunin hacia Francia, aunque los acontecimientos de Viena y Berlín lo desviaron hacia Alemania. Más tarde, en el mismo año en Praga, intentó desviar el Congreso eslavo hacia una política democrática y revolucionaria. Mientras Bakunin participaba en tanta revuelta o rebelión que estallaba, tratando de estar aquí y allá, K. Marx y su amigo F. Engels publicaban en La Nueva Gaceta Renana difamaciones que sostenían que Mijail Bakunin era un agente ruso. Este burdo recurso fue utilizado por el “dúo autoritario” innumerables veces, aunque después tuvieran que retractarse por la evidencia de los hechos. A partir de aquí, las relaciones con Marx empezaron a ser cada vez más tirantes, personal e ideológicamente eran irreconciliables. En 1870 en un manuscrito francés, Bakunin comparando a Proudhon con Marx, sostenía: “Proudhon, cuando no estaba obsesionado por la doctrina metafísica, era un revolucionario por instinto; adoró a Satán y la Anarquía. Es muy posible que Marx pueda construir un sistema aun más racional de libertad, pero carece del instinto de la libertad -sigue siendo de pies a cabeza un autoritario-.” Para responder a las verdades, en un encuentro en Berlín en 1871, donde amigos mutuos obligaron a abrazar a Bakunin y a Marx, éste último dijo casi sonriente: “¿Sabe que ahora soy jefe de una sociedad comunista secreta tan disciplinada que si yo le dijera a uno de sus miembros, ´Mata a Bakunin`, usted estaría muerto?”[1]. Las diferencias fueron claras desde el principio, como ya sostuve, en la acción y en el pensamiento el revolucionario y el autoritario, respondieron cada uno a su propia esencia. 
En mayo de 1849 en Dresde se desató una rebelión popular, en la cual durante los cinco días que duró Mijail Bakunin luchó en las barricadas tenazmente contra la autoridad; se le atribuyeron muchas historias heroicas y su figura tomó dimensiones exorbitantes, y con el peso de la realidad, hasta Marx tuvo que reconocer su sobresaliente contribución. El papel que Bakunin tuvo, lo condenó a ser buscado y apresado por los prusianos. Fue detenido e incluso condenado a muerte, tratado brutalmente fue pasando de cárcel en cárcel, de país en país, pasando desde Polonia, por Austria, para llegar finalmente a Rusia donde fue confinado en la fortaleza de Pedro y Pablo, luego en Schlussenlburg y por último en Siberia. No está de más destacar que los malos tratos destruyeron su cuerpo pero no su mente. “La atroz dieta de la prisión le había arruinado completamente el estómago (el escorbuto); todo lo que comía le causaba náuseas y vómitos (...) Pero, pese a la debilidad de su cuerpo, su mente se mantuvo indemne. Era lo que más temía: que la prisión le quebrantara el espíritu, que dejase de odiar la injusticia y de sentir en su corazón la pasión por la rebelión que lo sostenía, que llegase el día en que perdonase a sus verdugos y aceptase su suerte. Pero no debería haber temido eso: ni en un solo instante le flaqueó el espíritu y salió del purgatorio de su confinamiento como había entrado, impávido y desafiante...”[2]
Era evidente que el fin de su condena lo dictaría la muerte o la fuga y afortunadamente sucedió esto último. Casi dando la vuelta al mundo Bakunin llegó a Londres, pasando por Japón y Estados Unidos, donde volvió a reunirse con sus viejos amigos. Buscado ya por todos los Estados europeos, Mijail Bakunin comenzó a viajar por los países del viejo continente participando en insurrecciones y buscando crear organizaciones revolucionarias. 
Tras la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores en 1864 Bakunin y Marx se volvieron a reunir, este ultimo, con su eterna hipocresía, pidió una reunión para reestablecer los vínculos[3], y le propuso a Bakunin que se uniera a la Internacional, aunque éste prefirió dedicarse a una asociación secreta que había formado en Italia. La Internacional en este momento no tenía fuerza alguna y no la tuvo hasta el Segundo Congreso de Lausana del ´67 y las huelgas de París y Ginebra de 1868. Este mismo año en el Tercer Congreso en Bruselas se pusieron en discusión los conceptos proudhonianos de cooperativismo y mutualismo por los de revolución y propiedad colectiva. Este año, Bakunin se hizo miembro de la sección ginebrina de la Internacional y viajó para participar activamente del movimiento sindical de la ciudad, en contra de los explotadores y de los sectores pro parlamentaristas de los trabajadores así como también a los colaboracionistas.
Tras el Cuarto Congreso, donde se consolidó la postura colectivista, el Consejo General de Londres, con Marx a la cabeza comenzó a tomar decisiones contrarias a las secciones libertarias (belga, española, francesa, franco suiza) producto de la tendencia autoritaria que seguían y por la mala disposición que Marx tenía con Bakunin. En el Cuarto Congreso General, quedó claro que existían dos grupos diferenciados, los comunistas estatales (alemanes, suizo-alemanes e ingleses) por un lado, y los federalistas antiautoritarios, los anarquistas (belgas, franco suizos, franceses y españoles) por el otro; las diferencias ya estaban claras, era claro quien estaba de cada lado de las barricadas y más adelante entre 1917 y 1921 en Rusia, quedaría demostrado en la práctica, como así también en la Revolución Española.
Después de este congreso, Bakunin se instaló en Locarno, en tanto entre 1868 y 1870 partidarios de Marx se encargaron de disolver o escindir a las secciones opuestas, entre ellas la ginebrina, que quedó dividida entre la Federación Jurasica, anarquista y la del Templo Único, apoyada por Marx, que propugnaba el electoralismo.
En 1870/71, se desató la guerra franco-prusiana y Bakunin temía la victoria de una Alemania feudal y militarista, porque significaba la contrarrevolución; por lo tanto hizo un llamamiento al pueblo francés para que se levante y aplaste al invasor como también a los tiranos locales. Ante la evidencia de la desmovilización de los obreros franceses, Bakunin viajó a fines de 1870 a Lyón donde organizó un Comité para la Salvación de Francia, el cual publicó un afiche firmado entre otros por él, lo cual le provocó un pedido de arresto. Bakunin regresó a Locarno desesperanzado por los sucesos de Francia.
En Italia, luchando contra la pobreza y la desesperación, aunque las noticias de la insurrección parisina de 1871 (La Comuna de París) alimentaron su esperanza, aunque provisoriamente, porque los intentos de extender las comunas de autogestión a otras provincias fracasaron producto de la situación post bélica y la miseria que los trabajadores sufrían. Para Bakunin una chispa de esperanza seguía viva; sus palabras fueron éstas, refiriéndose a la rebelión: “El Satán moderno, la gran rebelión, reprimida pero no apaciguada”.
En este período, el Consejo General, liderado por Marx y Engels, se dedicaron a imponerse en la Internacional por medio de reuniones y decisiones secretas. Ante el rechazo general de las secciones y de los trabajadores en general, el Consejo General escribió diversas circulares atacando a Bakunin y a los “escisionistas”, acusándolos de querer destruir la Internacional. Una vez más se mostró la verdadera cara de los autoritarios, buscaron cooptar y dividir la Internacional con los más bajos recursos y tras quedar en evidencia acusaron a los que querían eliminar, de lo que ellos mismos habían hecho. Bakunin expresó su reacción a la circular enviada por Marx: “La espada de Damocles, que durante tanto tiempo colgó sobre nosotros, ha caído finalmente sobre nuestras cabezas. En realidad, no se trata de una espada, sino del arma habitual de Marx: un montón de basura.”[4]
En un nuevo ataque, el Consejo General, en 1872, llamó a un Congreso en La Haya, ciudad cercana a Londres y lejana de los países de las secciones u organizaciones anarquistas. La estratagema dio resultado, los delegados contrarios a Marx, representaron una minoría, aunque eran los verdaderos delegados de la Internacional. Más allá de las resoluciones, aquí la más significativa es que Bakunin fue expulsado, previamente juzgado por un falso tribunal que lo acusó de hechos absurdos y falsos.
Las decisiones de este Congreso fueron rechazadas unánimemente por las Federaciones italiana, del Jura, francesas, española y belga. 
Los años siguientes, Bakunin vivió en Locarno hasta el primero de julio de 1876, día de su muerte. De todos los sectores de Europa llegaron compañeros y amigos a un funeral tan sencillo como debía ser. En una carta a la Federación Jurásica Bakunin afirmaba: “La batalla que tendréis que sostener será terrible. Pero no os permitáis el desaliento y sabed que, a pesar de los inmensos recursos materiales de vuestros adversarios,, vuestro triunfo final quedará asegurado si cumplís esta condición: sostened firmemente el gran principio universal de la libertad popular sin el cual son falsas la igualdad y la solidaridad.”[5]
La distinción entre los partidarios del sistema y los que quieren abolirlo, es la misma que existe entre los revolucionarios y los reaccionarios, entre anarquistas y policías, entre Bakunin y Marx. La forma de sentir la vida y de llevarla adelante, responde en los anarquistas a la búsqueda de la Libertad, mediada por la coherencia indiscutible que nos caracteriza. La vida de Mijail Bakunin fue tan apasionada y dinámica, que es imposible transmitirlo al papel, su rebeldía venció todas las artimañas, todas las represiones y las cárceles, superando sus limitaciones enfrentó toda una vida de padecimientos y luchó contra la autoridad, la opresión y la explotación, peleando siempre por la emancipación humana. Quizás una frase resuma su pensamiento, su coherencia y su vida: “Libertad sin socialismo es privilegio, injusticia; socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad.”

Lionel

1 Dolgoff, S.; La anarquía según Bakunin. Tusquets Editor, Barcelona, 1977, pp. 17/18.
2 Guillaume, G.; en “Bulletin de la Fédération Jurassienne de l´Internationale”, supl. del 9 de julio de 1876.
3 Debemos tener en cuenta que Bakunin y Marx no se veían desde 1848 y que en este periodo, cuando Mijail Bakunin estuvo preso Marx continuó difamándolo recurrentemente como espía ruso para después desdecirse cuando los amigos de Bakunin demostraban lo contrario.
4 Dolgoff, S.; op. cit., p. 45.
5 Ibid. pp. 431/32.


EL PRINCIPIO DEL ESTADO VOLVER

En el fondo, la conquista no sólo es el origen, es también el fin supremo de todos los Estados grandes o pequeños, poderosos o débiles, despóticos o liberales, monárquicos o aristocráticos, democráticos y socialistas también, suponiendo que el ideal de los socialistas alemanes, el de un gran Estado comunista, se realice alguna vez.
Que ella fue el punto de partida de todos los Estados, antiguos y modernos, no podrá ser puesto en duda por nadie, puesto que cada página de la historia universal lo prueba suficientemente. Nadie negará tampoco que los grandes Estados actuales tienen por objeto, más o menos confesado, la conquista. Pero los Estados medianos y sobre todo los pequeños, se dirá, no piensan más que en defenderse y sería ridículo por su parte soñar en la conquista.
Todo lo ridículo que se quiera, pero sin embargo es su sueño, como el sueño del más pequeño campesino propietario es redondear sus tierras en detrimento del vecino; redondearse, crecer, conquistar a cualquier precio y siempre, es una tendencia fatalmente inherente a todo Estado, cualquiera que sea su extensión, su debilidad o su fuerza, porque es una necesidad de su naturaleza. ¿Qué es el Estado si no es la organización del poder? Pero está en la naturaleza de todo poder la imposibilidad de soportar un superior o un igual, pues el poder no tiene otro objeto que la dominación, y la dominación no es real más que cuando le está sometido todo lo que la obstaculiza; ningún poder tolera otro más que cuando está obligado a ello, es decir, cuando se siente impotente para destruirlo o derribarlo. El solo hecho de un poder igual es una negación de su principio y una amenaza perpetua contra su existencia; porque es una manifestación y una prueba de su impotencia. Por consiguiente, entre todos los Estados que existen uno junto al otro, la guerra es permanente y su paz no es más que una tregua.
Está en la naturaleza del Estado el presentarse tanto con relación a sí mismo como frente a sus súbditos, como el objeto absoluto. Servir a su prosperidad, a su grandeza, a su poder, esa es la virtud suprema del patriotismo. El Estado no reconoce otra, todo lo que le sirve es bueno, todo lo que es contrario a sus intereses es declarado criminal; tal es la moral de los Estados.
Es por eso que la moral política ha sido en todo tiempo, no sólo extraña, sino absolutamente contraria a la moral humana. Esa contradicción es una consecuencia inevitable de su principio: no siendo el Estado más que una parte, se coloca y se impone como el todo; ignora el derecho de todo lo que, no siendo él mismo, se encuentra fuera de él, y cuando puede, sin peligro, lo viola. El Estado es la negación de la humanidad. 
¿Hay un derecho humano y una moral humana absolutos? En el tiempo que corre y viendo todo lo que pasa y se hace en Europa hoy, está uno forzado a plantearse esta cuestión. Primeramente; ¿existe lo absoluto, y no es todo relativo en este mundo? Respecto de la moral y del derecho: lo que se llamaba ayer derecho ya no lo es hoy, y lo que parece moral en China puede no ser considerado tal en Europa. Desde este punto de vista cada país, cada época no deberían ser juzgados más que desde el punto de vista de las opiniones contemporáneas y locales, y entonces no habría ni derecho humano universal ni moral humana absoluta.
De este modo, después de haber soñado lo uno y lo otro, después de haber sido metafísicos o cristianos, vueltos hoy positivistas, deberíamos renunciar a ese sueño magnífico para volver a caer en las estrecheces morales de la antigüedad, que ignoran el nombre mismo de la humanidad, hasta el punto de que todos los dioses no fueron más que dioses exclusivamente nacionales y accesibles sólo a los cultos privilegiados.
Pero hoy que el cielo se ha vuelto un desierto y que todos los dioses, incluso naturalmente, el Jehová de los judíos, se hallan destronados, hoy sería eso poco todavía: volveríamos a caer en el materialismo craso y brutal de Bismarck, de Thiers y de Federico II, de acuerdo a los cuales dios está siempre de parte de los grandes batallones, como dijo excelentemente este último; el único objeto digno de culto, el principio de toda moral, de todo derecho, sería la fuerza; esa es la verdadera religión del Estado.
¡Y bien, no! Por ateos que seamos y precisamente porque somos ateos, reconocemos una moral humana y un derecho humano absolutos. Sólo que se trata de entenderse sobre la significación de esa palabra absoluto. Lo absoluto universal, que abarca la totalidad infinita de los mundos y de los seres, no lo concebimos, porque no sólo somos incapaces de percibirlo con nuestros sentidos, sino que no podemos siquiera imaginarlo. Toda tentativa de este género nos volvería a llevar al vacío, tan amado de los metafísicos, de la abstracción absoluta.
Lo absoluto de que nosotros hablamos es un absoluto muy relativo y en particular relativo exclusivamente para la especie humana. Esta última está lejos de ser eterna; nacida sobre la tierra, morirá en ella, quizás antes que ella, dejando el puesto, según el sistema de Darwin, a una especie más poderosa, más completa, más perfecta. Pero en tanto que existe, tiene un principio que le es inherente y que hace que sea precisamente lo que es: es ese principio el que constituye, con relación a ella, lo absoluto. Veamos cuál es ese principio.
De todos los seres vivos sobre esta tierra, el hombre es a la vez el más social y el más individualista. Es sin contradicción también el más inteligente. Hay tal vez animales que son más sociales que él, por ejemplo las abejas, las hormigas; pero al contrario, son tan poco individualistas que los individuos que pertenecen a esas especies están absolutamente absorbidos por ellas y como aniquilados en su sociedad: son todo para la colectividad, nada o casi nada par sí mismos. Parece que existe una ley natural, conforme a la cual cuanto más elevada es una especie de animales en la escala de los seres, por su organización más completa, tanto más latitud, libertad e individualidad deja a cada uno. Los animales feroces, que ocupan incontestablemente el rango más elevado, son individualistas en un grado supremo.
El hombre, animal feroz por excelencia, es el más individualista de todos. Pero al mismo tiempo -y este es uno de sus rasgos distintivos- es eminente, instintiva y fatalmente socialista. Esto es de tal modo verdadero que su inteligencia misma, que lo hace tan superior a todos los seres vivos y que lo constituye en cierto modo en el amo de todos, no puede desarrollarse y llegar a la conciencia de sí mismo más que en sociedad y por el concurso de la colectividad eterna.
Y en efecto, sabemos bien que es imposible pensar sin palabras: al margen o antes de la palabra pudo muy bien haber representaciones o imágenes de las cosas, pero no hubo pensamientos. El pensamiento vive y se desarrolla solamente con la palabra. Pensar es, pues, hablar mentalmente consigo mismo. Pero toda conversación supone al menos dos personas, la una sois vosotros, ¿quién es la otra? Es todo el mundo humano que conocéis.
El hombre, en tanto que individuo animal, como los animales de todas las otras especies, desde el principio y desde que comienza a respirar, tiene el sentimiento inmediato de su existencia individual; pero no adquiere la conciencia reflexiva de sí, conciencia que constituye propiamente su personalidad, más que por medio de la inteligencia, y por consiguiente sólo en la sociedad. Vuestra personalidad más íntima, la conciencia que tenéis de vosotros mismos en vuestro fuero interno, no es en cierto modo más que el reflejo de vuestra propia imagen, repercutida y enviada de nuevo como por otros tantos espejos por la conciencia tanto colectiva como individual de todos los seres humanos que componen vuestro mundo social. Cada hombre que conocéis y con el cual os halláis en relaciones, sean directas sean indirectas, determina más o menos vuestro ser más íntimo, contribuye a haceros lo que sois, a constituir vuestra personalidad. Por consiguiente, si estáis rodeados de esclavos, aunque seáis su amo, no dejáis de ser un esclavo, pues la conciencia de los esclavos no puede enviaros sino vuestra imagen envilecida. La imbecilidad de todos os imbeciliza, mientras que la inteligencia de todos os ilumina, os eleva; los vicios de vuestro medio social son vuestros vicios y no podríais ser hombres realmente libres sin estar rodeados de hombres igualmente libres, pues la existencia de un solo esclavo basta para aminorar vuestra libertad. En la inmortal declaración de los derechos del hombre, hecha por la Convención nacional, encontramos expresada claramente esa verdad sublime, que la esclavitud de un solo ser humano es la esclavitud de todos.
Contienen toda la moral humana, precisamente lo que hemos llamado la moral absoluta, absoluta sin duda en relación sólo a la humanidad, no con relación al resto de los seres, no menos aún con relación a la totalidad infinita de los mundos, que nos es eternamente desconocida. La encontramos en germen más o menos en todos los sistemas de moral que se han producido en la historia y de los cuales fue en cierto modo como la luz latente, luz que por lo demás no se ha manifestado, con mucha frecuencia, más que por reflejos tan inciertos como imperfectos. Todo lo que vemos de absolutamente verdadero, es decir, de humano, no es debido más que a ella.
¿Y cómo habría de ser de otra manera, si todos los sistemas de moral que se desarrollaron sucesivamente en el pasado, lo mismo que todos los demás desenvolvimientos del hombre, incluso los desenvolvimientos teológicos y metafísicos, no tuvieron jamás otra fuente que la naturaleza humana, no han sido sus manifestaciones más o menos imperfectas? Pero esta ley moral que llamamos absoluta, ¿qué es sino la expresión más pura, la más completa, la más adecuada, como dirían los metafísicos, de esa misma naturaleza humana, esencialmente socialista e individualista a la vez?
El defecto principal de los sistemas de moral enseñados en el pasado, es haber sido exclusivamente socialistas o exclusivamente individualistas. Así, la moral cívica, tal como nos ha sido transmitida por los griegos y los romanos, fue una moral exclusivamente socialista, en el sentido que sacrifica siempre la individualidad a la colectividad: sin hablar de las miríadas de esclavos que constituyen la base de la civilización antigua, que no eran tenidos en cuenta más que como cosas, la individualidad del ciudadano griego o romano mismo fue siempre patrióticamente inmolada en beneficio de la colectividad constituida en Estado. Cuando los ciudadanos, cansados de esa inmolación permanente, se rehusaron al sacrificio, las repúblicas griegas primero, después romanas, se derrumbaron. El despertar del individualismo causó la muerte de la antigüedad.
Ese individualismo encontró su más pura y completa expresión en las religiones monoteístas, en el judaísmo, en el mahometanismo y en el cristianismo sobre todo. El Jehová de los judíos se dirige aún a la colectividad, al menos bajo ciertas relaciones, puesto que tiene un pueblo elegido, pero contiene ya todos los gérmenes de la moral exclusivamente individualista.
Debería ser así: los dioses de la antigüedad griega y romana no fueron en último análisis más que los símbolos, los representantes supremos de la colectividad dividida, del Estado. Al adorarlos, se adoraba al Estado, y toda la moral que fue enseñada en su nombre no pudo por consiguiente tener otro objeto que la salvación, la grandeza y la gloria del Estado.
El dios de los judíos, déspota envidioso, egoísta y vanidoso si los hay, se cuidó bien, no de identificar, sino sólo de mezclar su terrible persona con la colectividad de su pueblo elegido, elegido para servirle de alfombra predilecta a lo sumo, pero no para que se atreviera a levantarse hasta él. Entre él y su pueblo hubo siempre un abismo. Por otra parte, no admitiendo otro objeto de adoración que él mismo, no podía soportar el culto al Estado. Por consiguiente, de los judíos, tanto colectiva como individualmente, no exigió nunca más que sacrificios para sí, jamás para la colectividad o para la grandeza y la gloria del Estado.
Por lo demás, los mandamientos de Jehová, tal como nos han sido transmitidos por el decálogo, no se dirigen casi exclusivamente más que al individuo: no constituyen excepción más que aquellos cuya ejecución supera las fuerzas del individuo y exige el concurso de todos; por ejemplo: la orden tan singularmente humana que incita a los judíos a extirpar hasta el último, incluso las mujeres y niños, a todos los paganos que encuentren en la tierra prometida, orden verdaderamente digna del padre de nuestra santa trinidad cristiana, que se distingue, como se sabe, por su amor exuberante hacia esta pobre especie humana.
Todos los otros mandamientos no se dirigen más que al individuo; no matarás (exceptuados los casos muy frecuentes en que te lo ordene yo mismo, habría debido añadir); no robarás ni la propiedad ni la mujer ajenas (siendo considerada esta última como una propiedad también); respetarás a tus padres. Pero sobre todo me adorarás a mí, el dios envidioso, egoísta, vanidoso y terrible, y si no quieres incurrir en mi cólera, me cantarás alabanzas y te prosternarás eternamente ante mí.
En el mahometanismo no existe ni la sombra del colectivismo nacional y restringido que domina en las religiones antiguas y del que se encuentran siempre algunos débiles restos hasta en el culto judaico. El Corán no conoce pueblo elegido; todos los creyentes, a cualquier nación o comunidad que pertenezcan, son individualmente, no colectivamente, elegidos de dios. Así, los califas, sucesores de Mahoma, no se llamarán nunca Sión, jefes de los creyentes.
Pero ninguna religión impulsó tan lejos el culto del individualismo como la religión cristiana. Ante las amenazas del infierno y las promesas absolutamente individuales del paraíso, acompañadas de esta terrible declaración que sobre muchos llamados habrá sino muy pocos elegidos, la religión cristiana provocó un desorden, un general sálvese el que pueda; una especie de carrera de apuesta en que cada cual era estimulado sólo por una preocupación única, la de salvar su propia almita. Se concibe que una tal religión haya podido y debido dar el golpe de gracia a la civilización antigua, fundada exclusivamente en el culto a la colectividad, a la patria, al Estado y disolver todos sus organismos, sobre todo en una época en que moría ya de vejez. ¡El individualismo es un disolvente tan poderoso! Vemos la prueba de ello en el mundo burgués actual. 
A nuestro modo de ver, es decir según nuestro punto de vista de la moral humana, todas las religiones monoteístas, pero sobre todo la religión cristiana, como la más completa y la más consecuente de todas, son profunda, esencial, principalmente inmorales: al crear su dios, han proclamado la decadencia de todos los hombres, de los cuales no admitieron la solidaridad más que en el pecado; y al plantear el principio de la salvación exclusivamente individual, han renegado y destruido, tanto como les fue posible hacerlo, la colectividad humana, es decir el principio mismo de la humanidad

Texto extractado de Dios y el Estado


ESTADO Y SOCIEDAD VOLVER

Considerados desde el punto de vista de su existencia terrestre, es decir, no ficticia, sino real, la masa de los hombres presenta un espectáculo de tal modo degradante, tan melancólicamente pobre de iniciativa, de voluntad y de espíritu, que es preciso estar dotado verdaderamente de una gran capacidad de ilusionarse para encontrar en ellos una alma inmortal y la sombra de un libre arbitrio cualquiera. Se presentan a nosotros como seres absoluta y fatalmente determinados: determinados ante todo por la naturaleza exterior, por la configuración del suelo y por todas las condiciones materiales de su existencia; determinados por las innumerables relaciones políticas, religiosas y sociales, por los hábitos, las costumbres, las leyes, por todo un mundo de prejuicios o de pensamientos elaborados lentamente por los siglos pasados, y que se encuentran al nacer a la vida en sociedad, de la cual ellos no fueron jamás los creadores, sino los productos, primero, y más tarde los instrumentos. Sobre mil hombres apenas se encontrará uno del que se pueda decir, desde un punto de vista, no absoluto, sino solamente relativo, que quiere y que piensa por sí mismo. La inmensa mayoría de los individuos humanos, no solamente en las masas ignorantes, sino también en las clases privilegiadas, no quieren y no piensan más que lo que todo el mundo quiere y piensa a su alrededor; creen sin duda querer y pensar por sí mismos, pero no hacen más que reproducir servilmente, rutinariamente, con modificaciones por completo imperceptibles y nulas, los pensamientos y las voluntades ajenas. Ese servilismo, esa rutina, fuentes inagotables de la trivialidad, esa ausencia de rebelión en la voluntad de iniciativa, en el pensamiento de los individuos son las causas principales de la lentitud desoladora del desenvolvimiento histórico de la humanidad. A nosotros, materialistas o realistas, que no creemos ni en la inmortalidad del alma ni en el libre arbitrio, esa lentitud, por afligente que sea, se nos aparece como un hecho natural. Partiendo del estado de gorila, el hombre no llega sino dificultosamente a la conciencia de su humanidad y a la realización de su libertad. Ante todo no puede tener ni esa conciencia, ni esa libertad; nace animal feroz y esclavo, y no se humaniza y no se emancipa progresivamente más que en el seno de la sociedad, que es necesariamente anterior al nacimiento de su pensamiento, de su palabra y de su voluntad; y no puede hacerlo más que por los esfuerzos colectivos de todos los miembros pasados y presentes de esa sociedad, que es, por consiguiente, la base y el punto de partida natural de su humana existencia. Resulta de ahí que el hombre no realiza su libertad individual o bien su personalidad más que completándose con todos los individuos que lo rodean, y sólo gracias al trabajo y al poder colectivo de la sociedad, al margen de la cual, de todos los animales feroces que existen sobre la tierra, permanecería siempre él, sin duda, el más estúpido y el más miserable. En el sistema de los materialistas, el único natural y lógico, la sociedad, lejos de aminorarla y de limitarla, crea, al contrario, la libertad de los individuos humanos. Es la raíz, el árbol y la libertad es su fruto. Por consiguiente, en cada época el hombre debe buscar su libertad, no al principio, sino al fin de la historia, y se puede decir que la emancipación real y completa de cada individuo humano es el verdadero, el gran objeto, el fin supremo de la historia.

Muy otro es el punto de vista de los idealistas. En su sistema, el hombre se produce primeramente como un ser inmortal y libre y acaba por convertirse en un esclavo. Como espíritu inmortal y libre, infinito y competo en sí, no tiene necesidad de sociedad; de donde resulta que si se une en sociedad, no puede ser más que por una especie de decadencia, o bien porque olvida y pierde la conciencia de su inmortalidad y de su libertad. Ser contradictorio, infinito en el interior como espíritu, pero dependiente, defectuoso material en el exterior, es forzado a asociarse, no en vista de las necesidades de su alma, sino para la conservación de su cuerpo. La sociedad no se forma, pues, más que por una especie de sacrificio del interés y de la independencia del alma a las necesidades despreciables del cuerpo. Es una verdadera decadencia y una sumisión del individuo interiormente inmortal y libre, una renuncia, al menos parcial, a su libertad primitiva.

Se conoce la frase sacramental que en la jerga de todos los partidarios del Estado y del derecho jurídico expresa esa decadencia y ese sacrificio, ese primer paso fatal hacia el sometimiento humano. El individuo que goza de una libertad completa en el estado natural, es decir antes de que se haya hecho miembro de ninguna sociedad, sacrifica al entrar en esa última, una parte de esa libertad, a fin de que la sociedad le garantice todo lo demás. A quien demanda la explicación de esa frase, se le responde ordinariamente con otra: La libertad de cada individuo no debe tener otros límites que la de todos los demás individuos.

En apariencia, nada más justo ¿no es cierto? Y sin embargo esa frase contiene en germen toda la teoría del despotismo. Conforme a la idea fundamental de los idealistas de todas las escuelas y contrariamente a todos los hechos reales, el individuo humano aparece como un ser absolutamente libre en tanto y sólo en tanto que queda fuera de la sociedad, de donde resulta que esta última, considerada y comprendida únicamente como sociedad jurídica y política, es decir como Estado, es la negación de la libertad. He ahí el resultado del idealismo; es todo lo contrario, como se ve, de las deducciones del materialismo, que, conforme a lo que pasa en el mundo real, hacen proceder de la sociedad la libertad individual de los hombres como una consecuencia necesaria del desenvolvimiento colectivo de la humanidad.

La definición materialista, realista y colectivista de la libertad, por completo opuesta a la de los idealistas, es ésta. El hombre no se convierte en hombre y no llega, tanto a la conciencia como a la realización de su humanidad, más que en la sociedad y solamente por la acción colectiva de la sociedad entera; no se emancipa del yugo de la naturaleza exterior más que por el trabajo colectivo o social, lo único que es capaz de transformar la superficie terrestre en una morada favorable a los desenvolvimientos de la humanidad; y sin esa emancipación material no puede haber emancipación intelectual y moral para nadie. No puede emanciparse del yugo de su propia naturaleza, es decir no puede subordinar los instintos y los movimientos de su propio cuerpo a la dirección de su espíritu cada vez mas desarrollado, más que por la educación y por la instrucción; pero una y otra son cosas eminentes, exclusivamente sociales; porque fuera de la sociedad el hombre habría permanecido un animal salvaje o un santo, lo que significa poco más o menos lo mismo. En fin, el hombre aislado no puede tener conciencia de su libertad. Ser libre para el hombre como tal por otro hombre, por todos los hombres que lo rodean. La libertad no es, pues, un hecho de aislamiento, sino de reflexión mutua, no de exclusión, sino al contrario, de alianza, pues la libertad de todo individuo no es otra cosa que el reflejo de su humanidad o de su derecho humano en la conciencia de todos los hombres libres, sus hermanos, sus iguales.

No puedo decirme y sentirme libre más que en presencia y ante otros hombres. En presencia de un animal de una especie inferior no soy ni libre ni hombre, porque ese animal es incapaz de concebir y por consiguiente también de reconocer mi humanidad. No soy humano y libre yo mismo más que en tanto que reconozco la libertad y la humanidad de todos los hombres que me rodean. (...)

El Estado es una institución histórica, transitoria, una forma pasajera de la sociedad, como la iglesia misma de la cual no es sino el hermano menor, pero no tiene el carácter fatal e inmutable de la sociedad, que es anterior a todos los desenvolvimientos de la humanidad y que, participando plenamente de la omnipotencia de las leyes, de la acción y de las manifestaciones naturales, constituye la base misma de toda existencia humana. El hombre, al menos desde que dio su primer paso hacia la humanidad, desde que ha comenzado a ser un ente humano, es decir un ser que habla y que piensa más o menos, nace en la sociedad como la hormiga nace en el hormiguero y como la abeja en su colmena; no la elige, al contrario, es producto de ella, y está fatalmente sometido a las leyes naturales que presiden sus desenvolvimientos necesarios, como a todas las otras leyes naturales. La sociedad es anterior y a al vez sobrevive a cada individuo humano, como la naturaleza misma; es eterna como la naturaleza, o más bien, nacida sobre la tierra, durará tanto como dure nuestra tierra. Una revuelta radical contra la sociedad sería, pues, tan imposible para el hombre como una revuelta contra la naturaleza, pues la sociedad humana no es por lo demás sino la última gran manifestación de la creación de la naturaleza sobre esta tierra; y un individuo que quiera poner en tela de juicio la sociedad, es decir la naturaleza en general y especialmente su propia naturaleza, se colocaría por eso mismo fuera de todas las condiciones de una real existencia, se lanzaría en la nada, en el vacío absoluto, en la abstracción muerta, en dios. Se puede, pues, preguntar con tan poco derecho si la sociedad es un bien o un mal, como es imposible preguntar si la naturaleza, ser universal, material, real, único, supremo, absoluto, es un bien o un mal; es más que todo eso: es un inmenso hecho positivo y primitivo anterior a toda conciencia, a toda idea, a toda apreciación intelectual y moral, es la base misma, es el mundo en el que fatalmente y más tarde se desarrolla para nosotros lo que llamamos el bien y el mal.

No sucede lo mismo con el Estado; y no vacilo en decir que el Estado es el mal, pero un mal históricamente necesario, tan necesario en el pasado como lo será tarde o temprano su extinción completa, tan necesario como lo han sido la bestialidad primitiva y las divagaciones teológicas de los hombres. El Estado no es la sociedad, no es más que una de sus formas históricas, tan brutal como abstracta. Ha nacido históricamente en todos los países del matrimonio de la violencia, de la rapiña, del saqueo, en una palabra de la guerra y de la conquista con los dioses creados sucesivamente por la fantasía teológica de las naciones. Ha sido desde su origen, y permanece siendo todavía en el presente, la sanción divina de la fuerza brutal y de la iniquidad triunfante. Es, en los mismos países más democráticos como los Estados Unidos de América y Suiza (una palabra ilegible en el manuscrito) regular del privilegio de una minoría cualquiera y de la esclavización real de la inmensa mayoría.

La rebelión es mucho más fácil contra el Estado, porque hay en la naturaleza misma del Estado algo que provoca la rebelión. El Estado es la autoridad, es la fuerza, es la ostentación y la infatuación de la fuerza. No se insinúa, no procura convertir: y siempre que interviene lo hace de muy mala gana porque su naturaleza no es persuadir, sino imponer, obligar.

Por mucho que se esfuerce por enmascarar esa naturaleza como violador legal de la voluntad de los hombres, como negación permanente de su libertad. Aun cuando manda el bien, lo daña y lo deteriora, precisamente porque lo manda y porque toda orden provoca y suscita las rebeliones legítimas de la libertad; y porque el bien, desde el momento que es ordenado, desde el punto de vista de la verdadera moral, de la moral humana, no divina, sin duda, desde el punto de vista del respeto humano y de la libertad, se convierte en mal. La libertad, la moralidad y la dignidad del hombre consisten precisamente en esto: que hacen el bien, no porque les es ordenado, sino porque lo concibe, lo quieren y lo aman.

La sociedad no se impone formalmente, oficialmente, autoritariamente; se impone naturalmente, y es a causa de eso mismo que su acción sobre el individuo es incomparablemente más poderosa que la del Estado. Crea y forma todos los individuos que hacen y que se desarrollan en su seno. Hace pasar a ellos lentamente, desde el día de su nacimiento hasta el de su muerte, toda su propia naturaleza material, intelectual y moral; se individualiza, por decirlo así, en cada uno.

El individuo humano real es tan poco un ser universal y abstracto que cada uno, desde el momento que se forma en las entrañas de la madre, se encuentra ya determinado y particularizado por una multitud de causas y de acciones materiales, geográficas, climatológicas, etnográficas, higiénicas y por consiguiente económicas, que constituyen propiamente la naturaleza material exclusivamente particular de su familia, de su clase, de su nación, de su raza, y en tanto que las inclinaciones y las aptitudes de los hombres dependen del conjunto de todas esas influencias exteriores o físicas, cada uno nace con una naturaleza o un carácter individual materialmente determinado. Además, gracias a la organización relativamente superior del cerebro humano, cada hombre aporta al nacer, en grados por lo demás diferentes, no ideas y sentimientos innatos, como lo pretenden los idealistas, sino la capacidad a la vez material y formal de sentir, de pensar, de hablar y de querer. No aporta consigo más que la facultad de formar y de desarrollar las ideas y, como acabo de decirlo, un poder de actividad por completo formal, sin contenido alguno ¿Quien le da su primer contenido? La sociedad.

No es este el lugar de investigar cómo se han formado las primeras nociones y las primeras ideas, cuya mayoría eran naturalmente muy absurdas en las sociedades primitivas. Todo lo que podemos decir con plena certidumbre es que ante todo no han sido creadas aislada y espontáneamente por el espíritu milagrosamente iluminado de individuos inspirados, sino por el trabajo colectivo, frecuentemente imperceptible del espíritu de todos los individuos que han constituido parte de esas sociedades, y del cual los individuos notables, los hombres de genio, no han podido nunca dar la más fiel o la más feliz expresión, pues todos los hombres de genio han sido como Voltaire: “tomaban su bien en todas partes donde lo encontraban”. Por tanto es el trabajo intelectual colectivo de las sociedades primitivas el que ha creado las primeras ideas. Estas ideas no fueron al principio nada más que simples comprobaciones, naturalmente muy imperfectas, de los hechos naturales y sociales y las conclusiones aún menos racionales sacadas de esos hechos. Tal fue el comienzo de todas las representaciones, imaginaciones y pensamientos humanos. El contenido de estos pensamientos, lejos de haber sido creado por una acción espontánea del espíritu humano, le fue dado primeramente por el mundo real tanto exterior como interior. El espíritu del hombre, es decir, el trabajo o el funcionamiento completamente orgánico y por consiguiente material de su cerebro, provocado por las impresiones exteriores e interiores que le transmiten sus nervios, no añade más que una acción formal, que consiste en comparar y en combinar esas impresiones de cosas y de hechos en sistemas justos o falsos. Es así cómo nacieron las primeras ideas. Por la palabra se precisaron esas ideas, o más bien esas primeras imaginaciones, y se fijaron, transmitiéndose de un individuo a otro; de suerte que las imaginaciones individuales de cada uno se encontraron, se controlaron, se modificaron, se complementaron mutuamente y, confundiéndose más o menos en un sistema único, acabaron por formar la conciencia común, el pensamiento colectivo de la sociedad. Este pensamiento, transmitido por la tradición de una generación a otra, y desarrollándose cada vez más por el trabajo intelectual de los siglos, constituye el patrimonio intelectual y moral de una sociedad, de una clase, de una nación

Texto extractado de Dios y el Estado


SOLIDADIRDAD CON LOS COMPAÑEROS URUGUAYOS DETENIDOS VOLVER

El Estado vuelve a echar sus garras sobre aquellos que piensan en un futuro diferente. Dos meses antes de su detención, Gereardo Martínez (22), Miguel Giménez (20), Alexander Montero (19) y Alexis Tourne (19) venían siendo hostigados por la policía de Montevieo. El 27 de septiembre de 1999 fueron detenidos, acusados de cometer un robo del que no se tenían pruebas fehacientes de que estos compañeros lo hubieran cometido.
Después de permanecer 2 días detenidos en la comisaría 17° de Montevideo, donde fueron torturados y brutalmente golpeados -de forma que Miguel Giménez perdió gran parte de su capacidad auditiva después de que un oficial le pisara la cabeza y reventara su tímpano- fueron trasladados a la prisión deComcar donde aún permanecen privados de su libertad. Pasado un año de detención, recibieron conenas superiores a los 7 años. Vale recordar que estos cuatro jóvenes venían realizandoen las afueras de Montevideo, trabajos barriales que eran totalmente autogestionados.
Al cierre de nuestra publicación recibimos noticias de que su última apelación puede decidirse favorablemente.

Para más información pueden escribir a las comisiones de apoyo:

Uruguay: elorejano73@hotmail.com
Argentina: muchachos@sindominio.net
Cruz Negra Anarquista de Bs. As.:
cruznegrabsas@hotmail.com


CARTA DESDE URUGUAY VOLVER

Salud compañeros:

Escribo con poco tiempo, pero en sí espero poder resumirles algunas cosas que están pasando por aquí para tenerles al tanto. La semana pasada se realizaron un par de marchas por el tema del compañero Carlo, asesinado en Génova a la embajada italiana donde se ocasionaron algunos disturbios contra los guardias que estaban por allí, pero que por la organización sorpresa, no pasó a mayores. También hubieron manifestaciones por el tema de los militares de la dictadura que aún hoy están bajo una ley de impunidad. La cosa es que luego de estas manifestaciones, diputados y ministros de derecha están aprontando el terreno, legitimiando posibles represiones policiales a nuevas manifestaciones de estos tipos. Algunos titulares de periódicos están anunciando que inteligencia comenzará a investigar los grupos “anarquistas” que están tras estas manifestaciones, otros piden que se comience a penar estas acciones. Vemos que a nivel mundial se está comenzando a hablar nuevamente de movimientos anarquistas, y que no es sólo por aquí, y ya no de actos anarquistas como se definía a las acciones de movimientos sociales a las cuales se les atribuía esta palabra en el sentido de caos. Creemos que se están dando algunas cosas por las cuales esperamos estar conectados.

Desde aquí les mandamos saludos fraternos.
¡SALUD Y ANARQUÍA!

JUVENTUDES LIBERTARIAS
Agosto - 2001


TRASLADO VOLVER

Michele Pontolillo, condenado a 11 años de prisión en septiembre de 1999 junto a los compañeros anarquistas Giovanni Barcia y Claudio Lavazza, por considerarlos culpables de la irrupción en el viceconsulado italiano (diciembre 1996). El 10 setiembre se realizó el nuevo juicio en Córdoba. Michelle ha sido traslado a la carcel de Madrid VI. Esta es lanueva direccion:

Centro penitenciario Madrid VI (6)
Carrettera Nacional 400 Km 28
c.p. 28300 ARANJUEZ Madrid

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