Nº 22
DICIEMBRE-ENERO 2001-2002

ARTÍCULOS:


BUENOS AIRES VOLVER

El amanecer, la tristeza infinita de los primeros espectros verdosos, enormes, sin forma, que se pegan a las altas y sombrías fachadas de la Avenida de Mayo; la vuelta al dolor, la claridad lenta en la llovizna fría y pegajosa que desciende de la inmensidad gris; el cansancio incurable, saliendo crispado y lívido del sueño, del pedazo de muerte con que nos aliviamos un minuto; el húmedo asfalto, interminable, reluciente, el espejo donde todo resbala y huye, los muros mojados y lustrosos, la gran calle pétrea, sudando su indiferencia helada; la soledad donde todavía duermen pozos de tiniebla, donde ya empieza a gusanear el hombre.
Chiquillos extenuados, descalzos, medio desnudos, con el hambre y la ciencia de la vida retratados en sus rostros graves, corren sin alientos, cargados de "Prensas", corren, débiles bestias espoleadas, a distribuir por la sociedad del egoísmo la palabra hipócrita de la democracia y del progreso, alimentada con anuncios de rematadores. Pasan obreros envejecidos y callosos, la herramienta a la espalda. Son machos fuertes y siniestros, duros a la intemperie y al látigo. Hay en sus ojos un odio tenaz y sarcástico que no se marcha jamás. La mañana se limpia poco a poco, y descubre cosas sórdidas y sucias amodorradas en los umbrales, contra el quicio de las puertas. Los mendigos espantan a las ratas y hozan en los montones de inmundicias. Una población harapienta surge del abismo, y vaga y roe al pie de los palacios unidos los unos a los otros en la larga perspectiva, gigantescos, mudos, cerrados de arriba abajo, inatacables, inaccesibles.
Allí están guardados los restos del festín de anoche: la pechuga trufada que deshace su pulpa exquisita en el plato de China, el champagne que abandona su baño polar para hervir relámpagos de oro en el tallado cristal de Bohemia. Allí descansan en nidos de tibios terciopelos las esmeraldas y los diamantes; allí reposa la ociosidad y sueña la lujuria, acariciadas por el hilo de Holanda y las sedas de Oriente y los encajes de Inglaterra; allí se ocultan las delicias y los tesoros todos del mundo. Allí, a un palmo de distancia, palpita la felicidad. Fuera de allí, el horror y la rabia, el desierto y la sed, el miedo y la angustia y el suicidio anónimo.
Un viejo se acercó despacio a mi portal. Venía oblicuamente, escudriñando el suelo. Un gorro pesado, informe, le cubría, como una costra, el cráneo tiñoso. La piel de la cara era fina y repugnante. La nariz abultada, roja, chorreante, asomaba sobre una bufanda grasienta y endurecida. Ropa sin nombre, trozos recosidos atados con cuerdas al cuerpo miserable, peleaban con el invierno. Los pies parecían envueltos en un barro indestructible. Se deslizó hasta mí, no pidió limosna. Vio una lata donde se había arrojado la basura del día, y sacando un gancho comenzó a revolver los desperdicios que despedían un hedor mortal. Contemplé aquellas manos bien dibujadas, en que sonreía aún el reflejo de la juventud y de la inteligencia; contemplé aquellos párpados de bordes sanguinolentos, entre los cuales vacilaba el pálido azul de las pupilas, un azul de témpano, un azul enfermo, extrahumano, fatídico. El viejo -si lo era- encontró algo... una carnaza a medio quemar, a medio mascar, manchada con la saliva de algún perro. Las manos la tomaron cuidadosamente. El desdichado se alejó... Creí observar, adivinar... que su apetito no esperaba....
¡También América! Sentí la infamia de la especie en mis entrañas. Sentí la ira implacable subir a mis sienes, morder mis brazos. Sentí que la única manera de ser bueno es ser feroz, que el incendio y la matanza son la verdad, que hay que mudar la sangre de los odres podridos. Comprendí, en aquel instante, la grandeza del gesto anarquista, y admiré el júbilo magnífico con que la dinamita atruena y raja el vil hormiguero humano

Rafael Barret


NOTA: Este fue el último artículo que Barret escribió para "El Diario Español", el que determinó su violenta discusión con el director propietario López Gomara (algunos llegan a asegurar que la discusión degeneró en una pelea a puño limpio), quien temía que se tomara represalias contra su diario. 


LA FARZA DEMOCRÁTICA VOLVER

La falsamente llamada democracia que establece el Estado en la sociedad, lo lleva obligadamente a tener que reformar su esquema autoritario, cambiando a los mal llamados representantes, que ya tiene, por otros nuevos. Así es como existen las elecciones, donde el pueblo, mediante su voto obligatorio, tiene que elegir a una sola persona (o más) que va a decidir por cada uno de nosotros. De esta manera es como comienza la escala de jerarquías que impone todo Estado, como también empieza a imponerse ante todo el capital, aún ante la misma vida. 
Los partidos que se postulan a estos cargos lo único que ofrecen es la continuidad de todo lo que se llama gobierno, o sea, cambian a un representante por otro que en definitiva pretende lo mismo que el otro, la única diferencia es la etiqueta que usan para acceder al cargo. En fin pasan las elecciones y todo sigue igual, continua la explotación del hombre por el hombre, la autoridad y todo lo que la presencia de un gobierno representa.
Pensar en que las elecciones pueden producir algun tipo de cambio, por más mínimo que sea, en la sociedad es imposible. El único cambio se producirá cuando el hombre, junto a la sociedad, cansados del constante abuso del poder sobre nuestras vidas; reaccionen contra los Estados, cortando desde la raíz con todo gobierno, con toda institución que represente autoridad. Empezando así a autogestionar sus propios asuntos sin ningún intermediario. 
Revolución Social.

Juan Pablo


¡GRANDE CARLO! VOLVER

Cómo pasar por alto este momento tan importante. El Gran Carlo está suelto, y que alguien esté en “libertad” lo pone a uno contento.
Hizo fiesta y no faltó Chechu, Totín y Papuza. ¡Qué bueno! Obviamente el resto del clan: mafiosos, grandes empresarios, abogados, pequeña aristocracia y lacayos del gran terrateniente. Buena gente que mata y explota a miles, grandes titiriteros de millones de estómagos e ilusiones.
El rey del librecambio nacional está suelto. Y quiere volver. Y cómo no lo vamos a recibir. El Gran Carlo es una de las mejores marionetas del capital que se ha visto por estos lares (aunque pelea el título con Minguito). Son el más claro ejemplo de que los que gobiernan en los países del llamado “tercer mundo” son empleados del FMI, y como cumplen bien los mandados tienen la libertad de hacer y deshacer a gusto y gana. Claro ejemplo que ilustra el otro: esté quien esté en el poder, lo mismo vas a ser un dominado. Y te gobierne quien te gobierne vas a estár al mando del mismo amo-sistema.
Aparece la supuesta contra, la otra gran parte de la aristocracia pidiendo cárcel y quejándose de que las cosas en la justicia no andan bien. Qué contento lo pone a uno, al ver que todo queda claro como el agua. La justicia, justicia para los pobres. Y abarrotan a palos al que se afanó una mandarina. Baila y protesta un juez, falange de la justicia burgesa. Cadena perpetua al culpable del caso mandarina, y libertad al Gran Carlo. ¿Cómo lo vamos a enjaular, si solo mató a miles? Nadie debería estar preso, pero algunos deberían estar bajo metro sesenta de tierra haciendo abono. Pero para la justicia burguesa es peór afanar una mandarina que matar de hambre. Telenoche investiga calzando la nueve en el alma y azul en la conciencia, buscando demostrar el poder del cuarto poder, que depende del económico, que maneja al político, que es sólo poder. Y a no protestar que vienen los que tienen superpoderes... y su receta mágica: uno en cada esquina, y palo, palito te llevamos al cajón.

(a)


LA INTERNACIONAL PARALELA VOLVER

Desde muchas instancias con nombre libertario, unas, generadoras de voces, otras, por ahora puros altavoces de esas voces, en un arco que va desde la SAC de Suecia hasta la CGT de España, con sus organismos intermedios, y en actos que van desde la “I-98” (junio), en San Francisco, hasta la “Reunión Libertaria” de Madrid (marzo 2001), se viene queriendo tejer una tela de araña que ponga cerco previo a la AIT para su posterior asfixia o deglución. Se trata de la operación reformista más amplia y ambiciosa que jamás se haya visto en estos pagos. La consigna es “unidad del movimiento libertario”, la gran trampa, añagaza de maquillaje mediático y real cortina de humo destinada a encubrir la disolución de los principios libertarios en esencia: es un esquema histórico que se repite: los que por conveniencias políticas hacen, en determinados momentos, bandera de la “unidad” son siempre precisamente aquellos que en su día la rompieron: SAC (1957), CGT (1980), CNT-Vignoles (1992-93), USI-Roma (1995)... Y la excusa para reclamarla es la que no tuvieron en cuenta para destruirla: “el enemigo es otro, el capitalismo globalizador nos atenaza, venga, sal ya a la calle, no te pongas ni la chaqueta... etc, etc.” Se trata de una vieja trampa sociológica consistente en disfrazar situaciones que, por su naturaleza, pongan automáticamente en marcha el mecanismo psicológico cuya función es impedir compulsivamente la acción consciente y deliberada. Estos peticionarios de la “unidad, en virtud de la urgente necesidad que nos acosa”, no pensaron en -en el caso de CGT- si esa necesidad era urgente para la clase obrera española de 1980, cuando, presentándose como “puros sindicalistas”, frente a lo que ellos llamaban “CNT-FAI”, bebían en los cuencos de Martín Villa. ¿No era necesidad urgente el que se estuviera cociendo entonces la conspiración militar que estallaría un año más tarde en el 23-F? ¿Quién, en aquellos graves momentos, rompió la unidad de la CNT, privándola de la fuerza que necesitaba para oponerse a la política antiobrera y pro-capitalista que, por un decenio, se derivaría de los “Pactos de la Moncloa”? ¿Quién maniató con ello a la CNT que era entonces la única organización que podía impedirlo? ¿Quién se garantizó la cobertura y el favor de Martín Villa y congéneres, asegurándose así su piratería sin trabas en todas las oficinas de los IMACs, tras prometer suscribir las elecciones sindicales, que constituyeron el gran y mortal parto de aquella incalificable traición antiobrera? ¿No supuso todo ello el afianzamiento de una transición que a las claras representaba un continuismo del régimen franquista? (¿o acaso son tan torpes para no ver que estos lodos de hoy vinieron de aquellos polvos de ayer?) ¿Todo eso no eran razones suficientes y graves para mantener la unidad? Y, cuando los socialistas subieron al poder, en su aventura de “más de lo mismo”, ¿no movieron los “paralelos” también entonces, rápidamente, los resortes para garantizarse el favor sin límites del Subsecretario de Trabajo, Segismundo Crespo, a fin de continuar el expolio de la CNT y de seguir manteniéndola aherrojada y en el ostracismo? ¿De qué unidad nos hablan estos profesionales del reformismo? Es claro que de la CNT no les interesa ni la doctrina ni la historia, sólo les interesan las letras, la C, la N y la T, los patrimonios y la confluencia de colores para explotarlos en Internet hasta el paroxismo, no como base para el razonamiento (esta prohibido profundizar), sino como imagen para el espectáculo; no con la misión de ilustrar y clarificar, sino como instrumento de obnubilación de mentes.
¡Unidad del movimiento libertario! ¿Qué es? ¿Un frente, una alianza, una coordinación? ¿de quién? ¿de quienes? ¿Qué sería lo que haría libertaria a tal coyunda? ¿La superación final del Estado y la política? Eso lo postulan también los marxistas y los comunistas, incluido Lenin. ¿Acaso el anticapitalismo? Ídem de Ídem. Entonces, ¿será la lucha contra el Estado y la Patronal desde ya mismo? Bueno, sí... pero, sabes... hay estrategias..., por ejemplo, Comités de empresa, estructuras corporativas, elecciones sindicales, subvenciones del Estado, funcionarios sindicales liberados del trabajo, sindicatos de policía que comparten local y anagrama con organizaciones “libertarias”, que también albergan represivos funcionarios de prisiones, guardias de seguridad armados, o estructuras conjuntas con partidos, que intervienen en las elecciones municipales del sistema capitalista con el lema “¡Gestionemos el municipio!” y patatín, patatán. Y a eso lo llaman “revolución gradual”, es decir, revolución por grados. O sea, irse metiendo en los gobiernos, pero solo para hacerse con la técnica de... gobernar, eso sí, desde abajo, oiga, no vaya usted a creer... Siempre creímos que a eso se lo llamaba en el mejor de los casos, “evolución reformista” y, a la postre, integración en el sistema... Pero... claro, ¡con la sana intención de transformarlo desde dentro! Es decir, que de lo que se trata es de volver el tiempo atrás y partir otra vez de la conspiración marxiana de 1872 culminada en 1889 con la creación de la II Internacional... Pero todo, naturalmente, envuelto en retóricas fraseologías que no resisten el más mínimo análisis, y, por eso, ¡nada de hablar, de plantear, de confrontar, de definir! ¡nada, nada de eso! ¡Práctica y práctica! Porque, sabes, “el anarcosindicalismo es práctica”. O sea que, si vendiendo chupachúps conseguimos atraer a mucha gente, pues, sea, chupachúps. ¡Que enorme mistificación! 
Claro que el anarcosindicalismo es práctica, pero con ideas, sabiendo de la acción el cómo, el porqué y el adónde. Justificar la práctica por la práctica es insultar la inteligencia de la gente, tenernos por disminuidos mentales, pensar que no somos capaces de discernir entre el puro activismo y la acción consciente. Pues bien, todo eso es lo que están armando, y, como resulta muy evidentemente contradictorio tratar de atraer prosélitos en nombre de la unidad y simultáneamente estar conspirando contra la unidad de la AIT, pues entonces entonan con cara de circunstancias: “No, no es una Internacional es...” ¿A quién está esta gente llamando tontos de baba?. Ahí están San Francisco, Roma, Málaga, París, Madrid, Gotemburgo... ¡Esa es la “Internacional paralela”!, la denunciada en el reciente XXI congreso de la AIT y frente a la cual ese mismo Congreso tomo una decidida posición.

Extraído de la redacción de 
CNT N° 267 Mayo de 2001


LO QUE QUEREMOS VOLVER

Nosotros luchamos por la igualdad ante todo, por la verdadera y propia igualdad, no por aquella mentira escrita en las cárceles de las monarquías o en los muros de la Francia republicana.
Nosotros queremos que todo pertenezca a todos; queremos que las máquinas sean propiedad de los obreros que las hacen producir y que sean expropiadas a los actuales patronos, que se enriquecen a costa de las fatigas de los trabajadores.

Queremos que la tierra, hoy en poder de los viciosos propietarios, que viven en la ciudad en medio del lujo y en plena orgía, sea entregada al campesino que la cultiva y la hace fructificar.

Queremos, en una palabra, que todos los instrumentos del trabajo sean poseídos por los trabajadores libremente asociados y que todos los productos naturales y artificiales de la riqueza sean declarados propiedad de todos. Por esto nos declaramos comunistas. Y desengañamos a todos los guiados por el egoísmo a que nos demuestren cómo la verdadera igualdad es posible sin el comunismo que sintetiza el deber y el haber entre el individuo y la sociedad con la vieja e insuperable fórmula: de cada uno según sus fuerzas y a cada uno según sus necesidades.

Pero sin completa libertad no es posible la igualdad completa, como sin verdadera igualdad no es concebible la verdadera y propia libertad. El que no posee es esclavo del que posee. Y como no es posible efectuar la igualdad sin suprimir a los patronos, desposeyéndoles de todo lo que injustamente detentan, tampoco es posible reivindicar la libertad sin eliminar a los gobernantes, aboliendo todo gobierno, que es el privilegio político donde descansa la explotación del hombre por el hombre. Ni amos ni asalariados; ni gobernantes ni gobernados. Todos iguales en la libertad; todos libres en la igualdad.

Sin propiedad privada, que equivale a decir sin amos y, por consecuencia, sin la explotación económica, todos los individuos serán económicamente iguales, y esto es el comunismo o propiedad común de todas las cosas.

Sin gobierno, sin autoridad del hombre sobre el hombre, sin la violencia moral de leyes antinaturales, sin policías y sin burocracia, todos los hombres serán libres políticamente; esto es, cada individuo tendrá la exclusiva y plena soberanía sobre sí mismo y no encontrará quien le impida cooperar al bien colectivo y podrá obrar espontáneamente según lo reclamen sus intereses individuales, existiendo completa armonía en los intereses de todos. Esta libertad es la Anarquía, libertad de la libertad. Somos por todo esto comunistas anarquistas, porque queremos ser verdaderamente libres y completamente iguales.

Porque queremos la liberación de todos los oprimidos, porque amamos vivamente a nuestras madres, a nuestras hijas, a nuestras hermanas, a las compañeras de nuestra vida y de nuestros dolores, llamamos a la mujer doblemente esclava, del patrono y del macho. ¡Venid a nosotros y peleemos juntos por la redención de todas las miserias, para que entre vosotras no impere la infelicidad!

Nosotros queremos purificar la unión sexual y nada más. Hacerla desinteresada con la abolición de la propiedad, causa principal de todos los bajos cálculos de interés; hacerla libre, haciendo desaparecer todas las cadenas, morales o materiales, que se opongan al espontaneo y natural desarrollo de todas sus manifestaciones.

Los gobiernos y negreros capitalistas, para mejor dominar, se afanan en suscitar odios fratricidas entre los pueblos, y estos nunca comprenden el juego insidioso que con su sangre hacen todos los potentados y patrioteros. Los trabajadores empiezan ya a entender que sus enemigos no están mas allá de esta o aquella frontera, sino que están en todos los países, en todas las patrias: sus mismos gobernantes y patronos. Solo una alianza internacional de los explotados y los oprimidos de todas las patrias, en abierta rebeldía contra la coligación de los gobiernos y del capitalismo, derrocará todo ese viejo orden social basado en privilegios, opresiones y tiranías, instaurando en toda la tierra una nueva era de amor y bienestar para todos los hombres iguales y libres. Por estas razones, los comunistas anarquistas se declaran internacionalistas.

Pero toda esta renovación sustancial y profunda de la sociedad humana, solo es posible merced a una violenta insurrección del pueblo contra la violencia legal de los actuales privilegios económicos y políticos. Aquí parte la necesidad de una revolución social. Y por esto nosotros somos antilegalitarios y revolucionarios.

Y tú, viejo pueblo trabajador, confórtanos en nuestra humilde y solitaria obra, con el rugido del león que afila las garras para entrar en pelea; que aún en el furor de la batalla oirás como, hiriendo el espacio, surge de los pechos de los luchadores este grito, que es un signo de fraternidad y amor: ¡Viva la humanidad libre!

por Pietro Gori, anarquista italiano 
(1865-1911)


LA ESTUPIDEZ Y LA MUERTE VOLVER

“La inteligencia humana es limitada; pero la estupidez no tiene límites”. Así reza una frase anónima -y si no lo es merecería serlo- cuya triste vigencia comprobamos cotidianamente. Los atentados del 11 de septiembre ocurridos en Nueva York le han dado otro envión a la vieja costumbre de los seres humanos de quebrar los récords previos de imbecilidad. De este nuevo logro colectivo han participado cientos o miles de personas, aunque como también es tradición, este nuevo logro no es responsabilidad de la humanidad entera. Algunos de los protagonistas han tenido un papel verdaderamente significativo: Bin Laden, Bush, los talibanes, la CNN, las empresas de aerolíneas, el ántrax, los Tomahawk (y toda la familia de misiles), la OTAN, Wall Street, la ONU, Israel, y muchos protagonistas menores, de escasa repercusión internacional, pero también ansiosos de manifestar sus condolencias, admiración, júbilo, dolor, sorpresa, desesperación y esperanza. Entre estos protagonistas secundarios encontramos a los bomberos y policías de Nueva York -así como al resto de los botones del mundo homenajeando a sus camaradas yanquis- a todos los noticieros, diarios y prensa de todo tipo que lucró y ganó audiencia con el terror, también a las profecías de Nostradamus, a los manifestantes por la paz mundial, a los manifestantes por la guerra mundial, a los políticos y religiosos de todas la especies y -en el ámbito local- las declaraciones de Hebe de Bonafini, Zito Lema, David Viñas y Sergio Schocklender. Todos aportaron algo, aunque en diferente medida. 

No sería posible hablar de cada cual en su justa extensión. Son muchos, mucho es lo que se ha dicho y más aún lo que resta por decir. ¿Cuánto podemos agregar a la reputación criminal de Bin Laden, Bush, la CIA, el FBI, los talibanes con el mullah Omar a la cabeza, y todos los Estados, los capitalistas, los policías, militares, religiosos, políticos y fundamentalistas involucrados en esta historia? En cambio, voy a referirme a un acontecimiento local, con repercusión de “talk show” al estilo Mauro Viale, que son las declaraciones de Bonafini y algunos de sus seguidores en una -irónicamente llamada- clase pública que dieron en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (nombre de fantasía de la escuela de militantes de la antedicha). Estas declaraciones fueron causa tanto de repudio como de apoyo, y generaron al menos dos contestaciones que alcanzaron cierta celebridad, por decirlo de alguna manera. La más conocida es la de Horacio Verbistky, periodista de Página/12 desde lo que podríamos llamar izquierda democrática o progresista; la otra es la de Rolando Astarita, docente, investigador e historiador, renunciante a su cátedra en la UPMPM, profesada desde el socialismo marxista. Con algunas coincidencias puntuales aunque no de fondo -y desde un punto de vista ideológico anarquista- expondré mi apreciación acerca de las afirmaciones de Bonafini y sus colaboradores.

David Viñas -renombrado escritor y padre de hijos desaparecidos por la última dictadura militar- equiparó los atentados del 11 de septiembre a la lucha de clases. Esta afirmación desconoce las propias motivaciones de los autores del atentado, quienes pertenecían al movimiento fundamentalista islámico Al Qaeda patrocinado por Osama Bin Laden, ahora convertido en un archiconocido terrorista, multimillonario capitalista y fanático religioso. Si el atentado del 11 de septiembre está enmarcado en la lucha de clases, entonces deberíamos tratar de identificar cuáles son las clases que luchan: por un lado los obreros, proletarios, u oprimidos y marginados, contra los burgueses y explotadores por el otro. Es decir, que los muertos en las torres y los aviones eran todos burgueses, capitalistas y explotadores (incluyendo a los cafeteros, personal de limpieza y maestranza, ascensoristas, bomberos, enfermeros y médicos, turistas, empleados de oficina, administrativos, cadetes motociclistas, azafatas y pilotos). Y sin duda los 15 terroristas islámicos eran representativos del proletariado revolucionario. ¡Cómo no iban a estar contentos Viñas, Bonafini y sus compañeros de mesa: el proletariado goleó a la burguesía por 6.000 a 15! 

Una estupidez semejante -más allá de las ironías- sólo puede ser sostenida por un necio que confunde a los Estados Unidos con el capitalismo, y a sus enemigos con la revolución social. Así, al incorporar a todos los enemigos del gobierno norteamericano a la lista de revolucionarios del mundo, ésta engrosaría lo suficiente como para incluir junto con los anarquistas a figuras de la talla de Stalin, Perón, Hitler, Noriega, Trotsky, Maradona, Escobar Gaviria, al mullah Omar, Fidel Castro, Saddam Hussein, Mussolini y Mao. Con el mismo criterio, Timothy Mc Veigh, autor del atentado contra el edificio federal de Oklahoma, que costó la vida a 350 personas, debería ser reivindicado por Viñas, quien afirma que los atentados son un reflejo de la violencia popular frente a la institucional del imperio, la violencia de los de abajo contra la de los de arriba. Mc Veigh y David Koresh, fanático racista uno y fanático religioso el otro, se enfrentaron al gobierno federal de su país, contra el poder institucional del Estado y del FBI, y provenían de las clases más bajas de EE.UU. Al escritor “revolucionario” Viñas jamás se le ocurriría respaldar los actos de Mc Veigh. Para no quedarse corto a la hora de adjudicarse contradicciones, el mencionado consideró que la nueva forma de lucha que llevan adelante “los sometidos y humillados del mundo” contra Wall Street y el Pentágono debía leerse “dentro del contexto del proceso general de globalización”. La tan odiada, criticada y repudiada globalización, pasa a ser ahora parte del argumento que nos permite justificar al terror.

Menos intelectual pero más sentimental que Viñas, el poeta Vicente Zito Lema aseguró sin tapujos que Bin Laden era un “revolucionario” y que su lucha es parte de la lucha de los oprimidos contra el imperio. No me voy a tomar el trabajo de refutar semejante gamberrada. Que lo haga el propio Bin Laden a través de sus palabras:

“El Frente Islámico Internacional para la Yihad contra Estados Unidos e Israel ha emitido, por la gracia de Dios, una fatwa [decreto religioso] terminante que ordena a la nación islámica llevar a cabo la yihad para liberar los lugares sagrados. La nación de Muhammad ha respondido a la llamada. Si la instigación a la yihad contra judíos y norteamericanos, con el fin de liberar la mezquita de Al Aqsa y la santa Kaaba se considera un crimen, la historia será testigo de que soy un criminal. Nuestra labor es instigar y, por la gracia de Dios, así lo hicimos, y algunas personas respondieron a esa llamada.”

“Dios ha bendecido a un grupo de musulmanes de vanguardia para destruir a Estados Unidos (...) y tal vez Dios los bendiga y les conceda un lugar supremo en el cielo.”

Pregunta: Estados Unidos afirma que usted está intentando comprar armamento químico y nuclear.
Bin Laden: “Comprar armas para defender al Islam es un deber religioso. Si es cierto que he adquirido esas armas, doy gracias a Dios porque me haya permitido hacerlo. Y si estoy intentando comprarlas no hago más que cumplir con mi obligación. Para un musulmán sería un pecado no intentar lograr la posesión de las armas capaces de evitar que los infieles causen daño a su pueblo.”

Sostener públicamente que un personaje nefasto como Bin Laden es un revolucionario no es la única gansada de la cual es autor Zito Lema, sino que considera que su accionar está comprendido dentro de la lucha de clases. La huelga, el piquete y la acción directa tradicionales no son actualmente efectivas: mejor dejemos que el ántrax, las armas químicas y nucleares destruyan al capitalismo. 
Tampoco faltó la alusión a Hiroshima y Nagasaki, las dos ciudades japonesas donde se arrojó la bomba atómica. El hecho de que hace 56 años el ejército norteamericano haya arrojado bombas atómicas, no convierte en culpables a los actuales habitantes de los EE.UU, ni sirve como justificativo de los bombardeos con aviones sobre Nueva York. Si así fuere, arrasemos primero Roma, España, Inglaterra y un sinnúmero de países y ciudades que con anterioridad a la masacre de Hiroshima habían cometido crímenes contra la humanidad (desde el Imperio Romano, a la conquista de América). Para no parecer menos revolucionario que Viñas, nuestro poeta declaró que sólo aquellos que “alzaron la voz por los caídos en la humanidad” tienen autoridad moral para hablar de derechos humanos y de lamentar la muerte de los trabajadores de las torres gemelas; el resto son pro yanquis llorones cómplices cotidianos de la muerte. ¿Alguna vez denunció Zito Lema los crímenes perpetrados por la URSS antes y después del stalinismo? ¿Alzó la voz por los caídos por la humanidad en China comunista, Cuba castrista, en los países invadidos por los soviéticos (como Afganistán), en Camboya, en el Irak de Hussein o el Irán de Khomeini? Para no hacer una afirmación terminante, creo que nunca. 

Sergio Schoklender, abogado de las Madres de Plaza de Mayo, personaje público, dijo que los atentados no eran terrorismo: en realidad son “operaciones quirúrgicas”. Sorprendente coincidencia terminológica entre Schoklender y Bush, quien también afirma que los misiles norteamericanos que actualmente bombardean Afganistán -y antes lo hicieron en Yugoslavia e Irak- lo hacen con precisión quirúrgica. El término “quirúrgico” lo aplican ambos en el mismo sentido: se selecciona un blanco (canceroso o maligno) y luego se procede a extirparlo. Para Schoklender se atacó a los centros precisos de poder; para Bush lo que se extirpa son objetivos de valor estratégico. En ambas operaciones los médicos parecen haber confundido el bisturí con una motosierra. 

También admiró a la valentía de los militantes islámicos que secuestraron los aviones y se deshizo en elogios a “Irak y su revolución maravillosa”. Y para cerrar, un pensamiento profundo, de alto vuelo político y filosófico, propio de un verdadero revolucionario: los imperialistas “no son tan invulnerables y tenemos la posibilidad de resistir y enfrentarlos”. Parece que si no, no nos dábamos cuenta. Dichosos de nosotros porque los fundamentalistas islámicos vinieron a demostrarnos que la revolución aún es posible. 

Alegría, júbilo, brindis, fueron los términos que empleó Bonafini para describir su estado de ánimo al enterarse de los atentados. No es grave de por sí. Los sentimientos muchas veces dominan a las personas y surgen desde lo más profundo. Lo que no corresponde es desde supuestamente una postura revolucionaria, que se tilda a sí misma de humanista, igualitaria, anticapitalista y popular, reivindicar la muerte indiscriminada, y ayudarse de las falsedades más flagrantes para respaldar una postura contradictoria con los derechos humanos que dicen defender. “No murieron pobres” nos esclarece Bonafini, como si tuviera conocimiento de la situación personal de cada uno de los trabajadores del edificio. Por supuesto que murieron muchos empresarios y burgueses, policías, capitalistas de toda laya y explotadores diversos. Sin duda son una minoría comparados con la cantidad de trabajadores asalariados que también fueron aplastados e incinerados en el atentado. ¿O Bonafini piensa que los ascensores y el personal de maestranza, o los limpiadores de vidrios eran capitalistas encubiertos? Seguramente los cientos de inmigrantes de origen latino que murieron -argentinos, cubanos, brasileños, dominicanos, peruanos, mexicanos, nicaragüenses, salvadoreños o portorriqueños- no emigraron de sus países por ser pobres, sino para convertirse en burgueses, como lo son todos los norteamericanos, negros, blancos, chicanos e indios. Siguiendo su brillante línea argumentativa, Hebe de Bonafini consideró que el atentado hizo que la sangre de tantos pueblos oprimidos fuera vengada. Rolando Astarita criticó su declaración con estas palabras:

“Pues bien, hay que decir que el objetivo del socialismo no es la “venganza”. Para aclarar este punto, sigamos hasta el fin esta lógica de la “venganza”: implica que si el enemigo tortura, nosotros torturaremos; si el enemigo secuestra, nosotros secuestraremos; si el enemigo explota, nosotros explotaremos a los antiguos explotadores cuando “la tortilla se dé vuelta”. O sea, reproduciremos toda la mierda de esta sociedad, punto por punto, en cuanto tengamos el poder para hacerlo. En conclusión, postularíamos una nueva sociedad burocrática y represiva. Esta es la matriz de todo stalinismo, éste es el camino más rápido para llegar a los campos de concentración “en nombre del socialismo”, a las torturas de los opositores “en nombre del socialismo”, a las muertes masivas perpetradas por los Khmer rojos “en nombre del socialismo”.”

Astarita confunde venganza con Ley del Talión. Hay muchas formas de venganza más allá del “ojo por ojo”. Considero que la venganza es un sentimiento humano legítimo, cuya intención primordial es restaurar un sentimiento de justicia por parte de quien ha sido víctima de una injusticia. La venganza es siempre subjetiva y no hay forma de calcularla en una medida imparcial, lo que es causa de venganzas en cadena interminables. El “ojo por ojo” pretende calcular la venganza hasta un punto determinado, pero ni más ni menos de ese punto. Desde una ética anarquista la venganza de por sí no es condenable, dentro de ciertos límites, es decir, dentro de una ética de medios y fines. Por eso la “dictadura del proletariado” no figura dentro del programa revolucionario anarquista: los medios no pueden ser contradictorios con los fines. En este sentido, la dictadura del proletariado está basada en la Ley del Talión, y como sostiene Astarita, es la matriz de todo stalinismo. Pero no han sido por venganza los crímenes en nombre del socialismo, sino por la aplicación de la razón de Estado. 

El problema que presenta el justificar cualquier acto reprobable moral o éticamente con el argumento de la venganza legítima es que, si lo universalizáramos, la humanidad estaría condenada a muerte. ¿Qué país, Estado, gobierno, ejército, pueblo, institución, religión, ideología, etc., no cometió un hecho susceptible de venganza? Dos días después de los ataques dos turistas japoneses fotografiaban sonrientes los restos retorcidos de las torres. Seguramente comentaban y bromeaban, y habrán creído que Hiroshima y Nagasaki habían sido vengadas: los yanquis recibieron su propia medicina. Sin duda la recibieron, pero ¿acaso los japoneses no habían cometido crímenes infinitamente mayores en la Segunda Guerra Mundial durante su ocupación de China? Entonces, el holocausto nuclear fue justo. Apliquemos esta forma de razonamiento a todas las masacres de la historia, o a los crímenes más abyectos, y la argumentación de la venganza podrá ser esgrimida como justificativo. 

Bonafini admiró la valentía de los atacantes, y sostuvo que estos dieron su vida “por nosotros”. Y se mostró complacida porque el pueblo norteamericano ahora el miedo y el terror, “ahora lo vive el pueblo norteamericano entero. Ese pueblo que se calló y aplaudió las guerras”. Tres falsedades. Primera, los atacantes no eran valientes sino fanáticos que creían que iban a ir al Paraíso, a un mundo mejor. Tampoco creo que pueda considerarse un acto de valentía el apuñalamiento de azafatas para luego estrellar un avión de pasajeros. Segunda, no dieron su vida por nosotros sino por el Islam. Tercera, el pueblo norteamericano calló y aplaudió las guerras en la misma medida que todos los demás pueblos del mundo lo hicieron, y también se opusieron a ellas en la misma medida. ¿Acaso los argentinos no apoyaron en gran medida la represión de la última dictadura y la guerra de Malvinas? ¿Acaso los suizos -a través de su Banca- no se beneficiaron de las guerras que sufrieron otros pueblos, o el resto de los países europeos se benefició de la explotación que sus empresas llevan a cabo en el resto del mundo?. Astarita observa con justeza:

“El razonamiento de Bonafini procede según los siguientes pasos: en primer lugar, identifica al capitalismo con Estados Unidos. Esto es, para ella el capital no es una relación social, sino un país, incluido su pueblo y todos los que viven en él. En segundo lugar, identifica la lucha contra el capital con la matanza de capitalistas, que, como ya dijimos, han sido identificados con los habitantes de Estados Unidos; de ahí que diga que el 11 de setiembre “no murieron pobres” sino “enemigos” (...)
Hebe Bonafini exalta el peor de los nacionalismos. Hace culpable a todo un pueblo, el norteamericano, porque “calló y aplaudió las guerras” y afirma que las guerras existieron “porque el pueblo norteamericano las aplaudió”. Conclusión, las guerras son culpa colectiva de un pueblo. Una vez más, el sistema capitalista es absuelto, en la particular explicación “socialista” de las guerras de Bonafini (¿y acaso pretende también que todas las guerras desde el siglo XVI en adelante fueron culpa del pueblo norteamericano?). Como también son librados de toda responsabilidad los gobiernos y regímenes burocráticos, no capitalistas (¿la guerra entre Camboya y Vietnam fue culpa del pueblo norteamericano? ¿la guerra de los soviéticos en Afganistán?). Las contradicciones sociales y económicas que llevan a los conflictos armados entre países son dejadas de lado, porque lo que importan son las culpas de los “pueblos”. Pero siguiendo con este razonamiento, debería señalarse como culpables colectivos por crímenes de guerra a los pueblos de todos los países industrializados. ¿No sería entonces progresiva una guerra bacteriológica en gran escala, que acabe de una buena vez con todos esos “culpables”? 
Pero además, una característica de todo nacionalista es que limita sus argumentos “al otro”, y no mira hacia “su” pueblo. Como no nos atan los prejuicios nacionalistas, aplicaremos la argumentación de Hebe Bonafini a los argentinos. ¿Acaso no fue Argentina agresora de Paraguay, país al que desbastó de la manera más brutal? ¿No fueron argentinos los que exterminaron a las poblaciones indígenas autóctonas? ¿No fueron argentinos los que protegieron a los peores genocidas de la historia, los nazis refugiados después de la guerra? ¿No fueron argentinos los que aplaudieron al gobierno que protegía a esos asesinos? ¿No son argentinos los que honran la memoria de los genocidas de los indígenas o de los paraguayos? ¿No son argentinos los que votaron por el gobierno que apoyó los ataques de Estados Unidos a Irak y su bloqueo? ¿No son argentinos los que discriminan -masivamente- a bolivianos, peruanos y a gente de raíz indígena? Conclusión, el pueblo argentino de conjunto es culpable. Por lo que es hora de brindar por nuestra propia muerte colectiva.”

Decidí introducir esta larga cita debido a que expresa bastante fielmente lo que pienso, aunque no estoy de acuerdo en absoluto con el marco ideológico marxista desde el cual fue formulada. De todos modos Bakunin -con su maravilloso poder de síntesis- lo hubiera resumido de este modo: “Todo Estado es imperialista en la medida de sus posibilidades”

Es legítimo que Bonafini sienta odio hacia los yanquis, incluyendo a todo el pueblo norteamericano. Así lo expresa en una lamentable “pieza literaria” intitulada “¿Cómo se siente, yanqui...?”, donde se refleja todo su odio hacia los norteamericanos. Más lamentable es haberla firmado como “El resto del mundo”, haciéndose eco imaginario de la opinión del resto de la humanidad no estadounidense. Personalmente no me importa lo que esta mujer y sus discípulos sientan por los norteamericanos. Pero no por eso voy a dejar de criticar su irresponsabilidad, su falsa autoridad moral, su autoritarismo, su escaso sentido ético. Es muy fácil hacerse el revolucionario sobre las espaldas ajenas. Más todavía cuando Bonafini y las Madres de Plaza de Mayo que dirige, jamás cometieron actos de ilegalidad o violencia contra los represores y asesinos de sus hijos; incluso se vanagloriaron de su vocación democrática de recurrir a la justicia burguesa, y de esgrimir la consigna “Juicio y Castigo a los Culpables”. 

Mi posición no es a favor ni en contra de la violencia. La violencia es parte del mundo natural, tanto como del mundo social. Luiggi Fabbri sostiene que “la violencia es un medio que asume el carácter de la finalidad para la cual es adoptada, de la forma en que es empleada y de las personas que se sirvan de ella”. Esto es lo que diferencia a la violencia de los revolucionarios de la violencia gubernamental, policial, fundamentalista islámica, fascista o bolchevique. Esto es lo que diferencia a los actos de violencia que caracterizan al anarquismo, de los que caracterizan a la autoridad. Es la diferencia entre un revolucionario como Wilckens o Radowitzky, y un reaccionario como Bin Laden.

Patrick Rossineri


EL TRABAJO ESTÁ EN VÍAS DE EXTINCIÓN VOLVER

La libertad es una aspiración que entiendo y comparto. Ser dueño del propio tiempo o no ser dueño de nada. Más allá de la miseria que produce la carencia, más allá de los usos, costumbres y apetencias alimento un estado de ánimo fuerte, dispuesto para la acción. 
El presente es la decadencia de las formas en disolución perpetua. No existe más que nuestra convicción en medio del abandono (de la sonrisa de la oveja). Vida es lágrima. Muerte es quedar al lado del camino sin atrevernos a cometer equivocaciones. La astucia nos permite hacer nuestro lugar y cambiar la realidad levemente.
La mayor parte del capital es de origen especulativo. El anticuado capitalismo de producción pierde terreno en el ilógico terreno de la economía. La máquina que se alimenta de todos y de todo es como una gran locura colectiva. Construimos el mundo en cada momento y el producto de nuestro esfuerzo toma contornos de un patrón siniestro. Cada vez estamos más en la periferia de esa lógica virtual y desatinada porque nuestra fuerza productiva pierde valor en la democracia. Nos asfixiamos en la corriente si no tenemos rumbo.
El trabajo es condena y podría ser nuestra redención. Nos ata al mundo y debería ser la forma de tornarlo más nuestro. Tomo en consideración mi elección, cambio dinero por la vida. Aparece (el dinero) relacionado con esa otra sucia noción que es la transacción. En cada café y taberna, en los supermercados y los negocios. Los bancos son lugar de comunión con las trabas y el mundo de la paz social. Nos atienden empleados de subalternos miedosos que nos interpretan las escrituras eficazmente. Nuestro nombre asociado a un número que encarna nuestro grado de comunión con el verbo, que en este caso es el dinero.
Las nociones falsas que tenemos de la libertad son cruciales. Vemos como imposibles cosas que no lo son y permanecemos en márgenes estrechos. La exclusión para aquellos que extravíen su caminar en senderos desconocidos por la masa. Pero rebelión es lo justo. Algún creyente musitará algo mientras paga su comida con tarjeta.
La creencia es contagiosa pero también la duda lo es. Una es como la viruela y se transmite a través de la televisión: estética que esconde ideología; en el trabajo vacuo que nos roba la vida; en el dinero que todo lo mancha; en el sucio arroyo lleno de botellas vacías. Enfermamos si no nos formamos, si no nos bakunizamos. Una ideología viva susceptible de cambio. 
Entre lo que se dice y lo que se cuece; entre la milanesa y el caldo; entre la papa frita y la cocida; entre el futuro y el pasado; entre la trompeta y el violín; entre el espíritu liviano que se entusiasma y el ronco espíritu que se responsabiliza de todo; entre los desposeídos y los ricos; entre nosotros y ellos mi elección está hecha. La teoría es la práctica. El presente es el cambio de las formas en disolución perpetua. Hablo durante un momento y después me comprometo en cada acción. De derrota en derrota hasta la victoria final. A veces resistir es vencer, un poco más allá experimentaremos que todo es posible.

Brais


EL SAYÓN Y LAS AGONÍAS VOLVER

Los sentidos y tendones, se tensionan. La reacción invade la razón. Los dientes y puños se contraen. Ojos que brillan de odio, y desde lo más profundo de las cutículas se puede oir la ira gritando: ¡basta!. En un segundo el pequeño estallido de violencia, pasa a ser colosal; el puño impacta, como una gran explosión, contra la faz burlona y arrogante del imponente sayón. Comienza el principio del fin. La mejilla finalmente se ha cansado de soportar los bofetazos, rebelándose contra el puño opresor. Esta acción directa ha desatado las energías que desde hace tiempo sentía ahogadas. La violencia ha sido respondida con violencia. “No es violento el que se defiende, sino el que obliga a los otros a tener que defenderse; el asesino es aquel que pone a los otros en la terrible necesidad de matar o morir”.
La respuesta de “la ley y la justicia” no se hace esperar, los verdugos siempre están dispuestos a ejecutarla. El “rebelde” es arrastrado y tomado de los cabellos, que se van cortando uno a uno, por el peso de su cuerpo. El pasillo se hace interminable y fuertes patadas pronostican la tormenta que se desatará sobre él. La insolencia cometida será pagada con intereses. El oscuro y húmedo cuarto al que es llevado, representa el terror mismo de agonías pasadas; son víctimas que han tatuado sus nombres en las paredes, y ahora lo observan como únicos testigos silenciosos. La impotencia y la desesperación hacen que las esposas ahorquen y desangren las muñecas, el instrumento de tortura ha sido diseñado especialmente para dejarlas en carne viva ante cualquier tipo de resistencia. Con vivaz energía, los cinco símbolos de la autoridad, dan comienzo a la aplicación de su “valiente justicia”. El siniestro desata incansables bombardeos, sin piedad alguna los golpes estallan contra el cuerpo agotado, tambaleante e indefenso de su víctima. Casi inerte, cae violentamente en su propio charco de sangre. Hasta en sus últimos suspiros, continúan cayendo sobre él una lluvia de golpes que suenan como truenos en sus oídos. Ya sin energías ni razonamiento entra finalmente en la inconciencia, luego el silencio...
¿Cuál es el precio de estar preso? Es que tan sólo en un segundo, se pierde toda la libertad, y pasan horas, días, años...
Los castigos psicológicos y físicos se impregnan en el recuerdo y el cuerpo. La respiración se detiene, alejando a la luz cada vez más, hasta apagarse definitivamente; es la agonía, el encarcelamiento, es la muerte en vida. Melancolías suicidas que se alimentan de la tristeza, del penar, de tanta soledad entre esas paredes, sin libertad, sin amor, en fin, sin vida. Todo cuesta abajo, pero el corazón se afirma y resiste.
Voces que irradian autoridad aumentan la condena, la pena y la tortura, pero jamás logrará asomarse un solo indicio de culpabilidad.
En la oscura y fría tumba, denominada celda, entra un rayo de sol por la diminuta ventana, dibujando sobre el suelo una sombra con forma de rejas; tras ella el exterior, donde se puede observar la macabra realidad, que no es muy distante ni distinta de la que se sufre en prisión.
El enjambre humano camina, marcha, a paso redoblado o carrera mar, como hormigas atemorizadas y rutinarias siempre de la mano del silencio cómplice, pero a veces les queda tiempo para hablar y de esos comentarios se puede oir sus más profundos pensamientos: “el sistema penitenciario sirve de castigo para los criminales que se atreven a delinquir en nuetra sociedad, pero aún falta que se dictaminen leyes más estrictas y penas más duras contra esos inadaptados”. Los ignorantes creen que la cárcel es hacer justicia, pero ese pensamiento era de esperar puesto que no saben el verdadero significado de la palabra justicia. También existen los que se rebelan diariamente contra quienes generan agonías y defienden la muerte-carcelaria. El llanto de los niños recorre el mundo hasta el último rincón, es la desesperanza, es pánico y vilo por la aterradora vida que le depara este camino siniestro al cual se dirige la humanidad. No puedo imaginar más que desiertos y tumbas en ese funesto camino. Los corazones llenos de libertad e igualdad se atormentan ante esta vil realidad. Mientras tanto, del otro lado de los barrotes, con las llaves en la mano, observa sonriente el sayón, el verdugo, el ejecutor de “la ley y la justicia” y el símbolo de autoridad...
Pero el corazón se afirma, resiste y aún se rebela.

Vilchesz


¿SEGUIRÁ...? -POSMO ZAPPING ACTUAL- VOLVER

Primera Plana
Los miraba por la ventana, esa de vidrio y plástico por la que pasa la mayor parte de nuestras vidas y la de los demás. Se hacían chistes al respecto, y no faltaban los simpatizantes del Señor Jones y los del cerdo. Amigos antiguamente, hoy se pelean. Y por supuesto no son ellos los que sufren las heridas, sino los animales de la granja. Los que trabajan diariamente por la ración de alimento, ya sin importarles mucho si el molino de viento les pertenece o no a ellos. La idea de que la granja animal es la granja de los animales sigue siendo una falacia. La granja o es de los cerdos o del señor Jones. Y bombardeados por grandilocuencias el resto de los animales y de los hombres siguen creyendo que las granjas les pertenecen. Mueren por eso, viven por eso y no por ser libres del Señor Jones o de los cerdos.
Asi seguiría un capitulo más de la “Granja Animal, un cuento de hadas” (Rebelión en la Granja), de George Orwell, un cuento de hadas encarnado en una cotidianeidad tenebrosa. Hoy el señor Jones Bush se pelea porque el señor cerdo Osama Bin Laden atacó, masacró y mató a miles de personas. La ficción de hace cincuenta años está cada vez más vigente en este mundo real de supercontrol. 
El hecho; miles de muertos por un lado y por otro. Miles de mutilados en la gran ciudad y en el desierto. Miles de muertos en todas las latitudes. Muertos por la religión, por un dios supremo salvador y elitista. Por un dios material, metálico, brillante electrónico, de poder y codicia.
Un embrollo en donde se conjuga el poder de los musulmanes en su milenario territorio de reinados teocráticos, los intereses económicos de los grandes capitalistas estadounidenses y los intereses sionistas sobre un pedazo de territorio “santo”. Santa la masacre de millones en nombre de un dios. 
Un atentado como el que sufrió la humanidad el 11 de septiembre pasado no tiene que volver a pasar, el atentado que sufre la humanidad gracias al hambre del capitalismo no puede avalarse ni dejar que continúe. La tortura femenina (masculina también) del talibán y las que perpetra cualquier religión es insostenible.
¿Habrá que alinearse entre EEUU o URSS? Era la discusión al culminar la segunda guerra mundial. ¿Habrá que alinearse? Yo diría que los mandemos a la mierda a los dos. La supuesta división mundo occidental, mundo oriental, aquellos que viven en su religiosidad de hace mil años atrás, y los que creen estar superados por la tecnología y la democracia. La lucha de la fe ciega y la fe en la razón. Las leyes parlamentarias y la ley divina. No hay tal oposición, son dos caras diferentes de la misma moneda. Una moneda, un pensamiento, un solo objetivo: Gobernar, tener poder y mandar.
Cualquier Estado es terrorista. El terror que ejerce sobre las personas mediante la dictadura de la economía es palpable. Qué más terror que el que ejerce un Estado sobre personas hace más de mil años. Un grupo de poder inculcando a la sociedad los principios básicos. Principios que como sucedía en la granja animal se cambian según la conveniencia del dirigente. Y así sucede hace milenios, los grandes intentos por emancipar a la humanidad o han sido derrotado por los autoritarios o se han convertido en autoritarismos atroces.
Lo que hemos visto y estamos viviendo no es más que una guerra. Una guerra inventada, en donde las víctimas siguen siendo los que justamente no mandan a matar. En donde los que pierden son siempre los que no deciden ha-cer la guerra. Cuántas vidas derrochadas en vano por la lucha de los señores. ¿Cuándo llegará el día en que la guerra sea contra los señores que hoy los mandan a matar? Una guerra contra la autoridad. Con un fin: la emancipación humana de la misma dominación humana. Dichosos mártires que den la vida por la verdadera libertad y no por un paraíso celestial o un paraíso de librecambio mercantilista.

Primera Plana Bis
Milésimas de segundos se incrustaban en las pupilas de un mundo atónito, mientras los dirigentes parlamentarios dictaban medidas para proteger sus intereses. Más presupuesto para la fabricación de armas y preparación de ejércitos que matarán a otros ejércitos, que sumados matarán a muchos. Y mientras el sostén económico del los Estados (los impuestos) se repartían, las grandes cadenas de medios difundían su información a favor de su mercantilismo. 
Milésimas de segundo en las pupilas del mundo, millones en las alforjas de los accionistas de la CNN, y venden y venden. Es que la guerra es un gran negocio, en donde no sólo se venden municiones. La información se vende ¡y cómo se paga! La psicosis ántrax cual mejor “Guerra de los Mundos” de un fracasado cineasta. “Todo musulmán es enemigo. Cualquier capitalista judeocristiano buena gente, defensor de los derechos humanos,” hecho por los Estados. La guerra vende, brinda poder.
Y como es negocio mostrar lo malo que está más allá de las impuestas fronteras de los Estados, las autoridades locales aprovechan el bolazo y ajustan a más no poder. “Hay que pagar las dos torres gemelas,” dicta el FMI, “y arréglenselas como puedan.”
¿Será el tiempo de inventar un nuevo terror? El riesgo país. Riesgoso es creer en esta sociedad. Riesgoso es creer en un país. Y con este argumento, todo lo que debería “devolver” el Estado de los impuestos (que pagamos todos los incluidos en la farsa estatal) se reduce. Se reduce la plata para los pobres viejos que estuvieron bancando al Estado por años, y entre otros sueldos y migajas que da el Gobierno, se baja el aporte a la elitista educación “pública”.
Y como consecuencia, mal organizados docentes, estudiantes y demás relacionados con el ambiente estudiantil reclaman “universidad pública y gratuita para todos”. ¿Gratuita? El Estado no da nada gratis, la pagamos con impuestos.
Se mezclan en esto montones de causas más, se aúnan; desocupados, comedores escolares, jubilados, trabajadores (estatales o privados) víctimas de este sistema, el mismo sistema que baja torres, el mismo sistema que ataca a medio oriente.
En el medio, la discusión, ¿para que nos sirve la educación? ¿Para ser personas más cultas, para responder mejor ante las necesidades de la sociedad y ante todas las vicisitudes de la vida? ¿O para ser mejores empleados para una gran empresa multihiperinternacional? ¿para ser útil a la sociedad, para uno mismo y su posteridad, o para algún interés comercial?
El reclamo social tiene causa, pero no pasa más allá de pedirle a este mismo sistema social que sea más piadoso. Oportunistas ven la forma de involucrarse en estos problemas para sacar réditos. El reclamo se agranda, pero no pasa de ser un arrodillarse ante medidas placebo, dictadas por quienes generan estos problemas: los parásitos de la sociedad.

Contratapa, causa de una sonrisa
Entre todos estos sucesos internacionales, el miedo a la inseguridad, a la desocupación y a los conflictos sociales de origen local se mantuvieron en segundo plano. “¿Por qué mostrar las imágenes de Bin Laden era más importante?” No, porque esto sirvió para sembrar una buena campaña electoral para senadores y diputados.
El acto cívico se hizo presente, y los candidatos de siempre se pasaban la bola de los problemas y el round entre partidos se hacia presente, como cada vez que existe la posibilidad de tener un voto.
Lamentablemente, para ellos, y felizmente, para nosotros, se acentuó la tendencia a la negativa electoral. La gente, cada vez mas descreída de la farsa electoral se niega a elegir a sus representantes. Obviamente y como de costumbre oportunistas haciendo negocio de esto aparecen (un saludo al PCR). 
Lo importante es que el hastío generalizado lleva a que la campaña para que la gente valla a votar sea mas frondosa que la campaña para votar a alguien. Apuntar a la sensibilidad de la gente, al sentimiento de pertenencia a un lugar, aunque esto se opaque con un “todos los gobernantes son corruptos.” Apenas palabras, que no creo que contengan el repudio contra este sistema social jerárquico autoritario, pero que podría ser el comienzo de su fin. En el cambiante imaginario social, el gobernante esta cada vez mas asociado a; el fraude, a la extorsión, a algo malo. Y saludo a esta posición. El gobernante X no es malo, los gobernantes lo son. ¿será este el cimiento de una nueva sociedad sin gobernantes? Espero que así sea. Espero que esto sea un indicio del comienzo del fin de este sistema.

Último momento
Pasó un tiempo desde que la primera parte de esta nota se hizo. A la fecha de salida de este periódico los Talibanes están cada vez más acorralados por las fuerzas estadounidenses. Las pantallas muestran el odio y el desprecio que existe entre dos miembros de un mismo pueblo, bombardeados por diversas corrientes de la religión musulmana.
Como crónica de un final anunciado se podría llegar a decir que los norteamericanos ganarán esta “guerra” y tomarán el control de la zona, esto se ve en las tentativas de avance contra el Estado de Saddam Hussein. Controlar todo es necesario para el Estado norteamericano (para cualquier Estado) y así procede, consecuente con su ideología.
En lo local un hecho refuerza a todo lo dicho anteriormente: lo que sucedió durante el censo 2001. Gran cantidad de personas, inmersas en el hastío general se negaron a realizar la encuesta. Algunos como medida de protesta por la falta de subsidios a causa de las catástrofes provocadas por la lluvia, algunos otros a favor del conflicto gremial docente, pero en gran cantidad solamente porque el censo es parte del Estado. Y últimamente todo lo que venga del Estado está mal visto. Una razón más para augurar un cambio social. Espero que éste sea para bien, y no para resucitar otro sistema de dominación.

Luks


DE LA INFORMACIÓN VOLVER

La necesidad del capital por conquistar todo lo que beneficie sus intereses ha sobrepasado todos los límites. Todo lugar sobre la faz de la tierra está expuesto a los intereses del poder. Su expansión es tan amplia que abarca desde el agua mineral hasta el diccionario; desde lo que ves en la televisión hasta lo que escuchas por la radio. Esta expansión es justo lo que la clase capitalista quiere, que todo pase por sus manos y las pruebas están a la vista todos los días.
El modo de crear confusión es una de las fundamentales armas que posee el capital, por la cual, con toneladas de desinformación, intentan conducir a la sociedad hacia donde ellos quieren, obviamente siempre dependiendo de sus intereses. 
El capital junto al Estado (grandes aliados), intentan alejar todos los pensamientos que puedan perjudicar a sus objetivos. Tal es así, que sus intentos por desfigurar la palabra anarquía han llegado a ser lo que sale de la boca de todos los que avalan la autoridad, las leyes, la policía y todo lo que estos aliados generan para controlar al pueblo.
Para esta gente ser anarquista significa vivir en un constante desorden, en conflicto con todos los que nos rodean, en fin, piensan que los anarquistas queremos vivir una vida donde nadie respete los intereses de los demás.
¿Es posible pensar que alguien desee vivir constantemente en caos?.
Del otro lado de estos pensamientos que arroja el Estado a la sociedad tratando de acomodar todo para su beneficio, estamos los que realmente sabemos lo que significa la palabra anarquía. Los que deseamos la total abolición del Estado y todas sus instituciones autoritarias, los que queremos la libertad absoluta para todos y no este sistema de cautiverio que recibimos por parte de todos los Estados que gobiernan nuestras vidas, los que imaginamos una vida diferente, donde no exista la desigualdad, donde no mueran niños todos los días por falta de alimentos, donde no exista la policía, donde la necesidad del ser por evolucionar se ubique por encima de cualquier prejuicio de codicia, donde no exista el esquema jerárquico que impone el gobierno. Donde los campos y medios de producción estén a disposición del pueblo para satisfacer todas las necesidades de cada uno de sus habitantes. 

Juan Pablo


RICARDO FLORES MAGÓN 

INFLUENCIAS ANARQUISTA EN LA REVOLUCIÓN MEXICANA VOLVER

Ricardo Flores Magón y el Partido Liberal Mexicano 

Ricardo Flores Magón nació en el día Mexicano de la independencia, en septiembre de 1874 en San Antonio de Eloxochitlán en el estado de Oaxaca. Irónicamente, ésta era también la patria de su gran enemigo: Porfirio Díaz. Sus dos hermanos, Jesús y Enrique, participaron en la lucha anti-porfirista a la que Ricardo dedicó su vida. Mientras que Jesús era activo en los Anti-Reeleccionistas y fue más adelante ministro del interior bajo el régimen de Madero, fue Enrique quien trabajó más cerca de los esfuerzos políticos de Ricardo. Los tres hermanos participaron en las manifestaciones estudiantiles contra la reelección de Díaz en mayo de 1892. Poco después, Ricardo se hizo editor del El Demócrata, y lentamente comenzó a moverse hacia la izquierda libertaria radical. Ricardo fue al colegio de abogados pero nunca terminó sus estudios. 
El 7 de agosto de1900, Jesús y Ricardo, junto con Licenciado Antonio Horcasitas, fundaron Regeneración. Aunque Regeneración comenzó como periódico para discutir la reforma de la ley, pronto comenzó a atacar el régimen de Díaz. Para diciembre de 1900, Horcasitas se fue y Regeneración se convirtió en el esfuerzo único de Ricardo. Hasta su muerte, Regeneración sería un vehículo significativo para propagar el radicalismo de Ricardo. 
Arrestaron a muchos liberales prominentes, como Ricardo, su hermano Jesús y Antonio Díaz Soto y Gama en varias ocasiones por su postura anti-porfirista. Fue en esta época cuando su hermano Jesús dejó el movimiento, desilusionado. Debido a esta represión Regeneración cesó temporalmente de publicarse y Ricardo, con su otro hermano, Enrique, abandonaron México para los Estados Unidos el 3 de enero de 1904. Aunque Ricardo nunca volvió a México vivo, su carrera influenció perceptiblemente la Revolución Mexicana, incluso desde el exilio. 
Los problemas de Ricardo con la represión del gobierno no terminaron cuando cruzó el Río Grande. Por el contrario, acababan de comenzar. Durante todo el tiempo que Ricardo permaneció en los Estados Unidos, el gobierno americano, en representación de la dictadura Mexicana junto con agencias de detectives privados contratadas, acosaron a Ricardo y al PLM -arrestándolo en numerosas ocasiones durante su carrera revolucionaria, terminando solamente con su muerte en 1922. Debido a esto, Ricardo pasó la mayoría de su tiempo sentado en las celdas de las cárceles americanas y gastó muchas de sus energías intentando recuperar su libertad. 
Regeneración reasumió la publicación en San Antonio, Texas, el 5 de noviembre de 1904. Fue pasada a México clandestinamente y continuó siendo una espina molesta en la cara de Díaz. Regeneración era tan influyente que Díaz intentó en varias ocasiones cerrarla, incluso aunque resultara ser un engaño, había libertad de expresión en los Estados Unidos. 
El periódico de Ricardo continuó siendo un fastidio con el que Díaz deseaba terminar, aunque fuera publicado en los Estados Unidos. Entonces para junio de 1906, Díaz pidió realmente al gobierno de los EE.UU., a través del embajador Thompson, que impidiera a Regeneración publicarse, por cualquier medio. Durante esta época, Regeneración fue un medio muy importante en la lucha contra Díaz. La circulación de Regeneración era de unos 30.000 ejemplares este año. De hecho, incluso moderados como el gobernador de Yucatán y Madero recibían Regeneración [1] y, cuando el anarquismo de Ricardo era más evidente, anarquistas más prominentes, tales como Voltairine de Cleyre llegaron a estar implicados en el periódico Mexicano. [2] 
Poco después la fundación de Regeneración, el 30 de agosto de 1900, Camilo Arriaga publicó el manifiesto del Partido Liberal en San Luis de Potosí. Este documento iniciaba un movimiento que acabaría con la formación del Partido Liberal Mexicano (PLM) cinco años más tarde -el vehículo principal de Ricardo para ordenar la lucha de anti-porfirista y más adelante, para extender los ideales del anarquismo por todo México. Ricardo unió formalmente el emergente movimiento liberal con el Congreso Liberal el 5 de febrero de 1901. 
Al año de la fundación del PLM, la organización formó una plataforma formal, el Programa y Manifiesto. El manifiesto fue “ uno de los documentos más importantes en la historia moderna Mexicana.” [3] El programa tenía 52 propuestas específicas y terminaba con el influyente lema, “ Reforma, Libertad, y Justicia “. 
Entre las propuestas, el programa incluía: un término de cuatro años para el presidente y sin reelección inmediata; el reemplazo del ejército por una guardia nacional; el levantamiento de las restricciones a la libre expresión; la pena de la muerte sería utilizada solamente en casos de traición; la creación de un programa obligatorio de educación patrocinado por el gobierno para los niños de hasta 14 años; los extranjeros que poseyeran tierras tendrían que hacerse o bien ciudadanos Mexicanos o renunciar a sus títulos de propiedad; los negocios de la iglesia y cualquier dinero recibido por ellos estaría sujeto a impuestos, además toda la propiedad de la iglesia sería nacionalizada; los terratenientes tendrían que reembolsar a los arrendatarios por las mejoras llevadas a cabo a su propiedad; cualquier terrateniente que mantuviera una tierra improductiva ésta le sería requisada por el Estado, que la pondría a disposición de los mexicanos sin tierras o de los mexicanos residentes en otro país; el Estado crearía un banco para proporcionar capital a los granjeros pobres para comprar tierras; y las tierras comunales e individuales tomadas de las tribus indígenas serían devueltas. 
La plataforma también incluía un buen número de reformas laborales, incluyendo: jornada de ocho horas de trabajo y un salario mínimo de un Peso por día; no se permitiría trabajar a los niños de menos de 14 años de edad; los patrones debían ser responsables de pagar el coste de los accidentes laborales de sus trabajadores y el domingo sería un “día de descanso obligatorio”. El programa del PLM iba a ser muy influyente en los años precedentes de la revolución y la sección de la plataforma sobre el trabajo “sería adoptada por la mayor parte del movimiento obrero de la Revolución Mexicana.”[4] 
La influencia del documento fue mucho más allá de las clases que obreras urbanas de México. De las 52 propuestas individuales contenidas en la plataforma del PLM de 1906, 23 fueron adoptadas eventualmente en la constitución de 1917, mientras que 26 fueron adoptadas de una forma más suave, no yendo hasta la plataforma original de PLM - mientras que solamente tres fueron totalmente rechazadas. [5]

Los centros urbanos y la aparición del Anarcosindicalismo 

En 1910, la población de México estaba levemente por encima de los quince millones. De esos, nueve millones y medio estaban clasificados como peones o trabajadores agrícolas sin tierras[6]. Obviamente, sólo había una clase obrera urbana muy pequeña. Aunque la población obrera urbana era pequeña, se organizó poderosamente durante el transcurso de la revolución. 
Los esfuerzos combinados de los trabajadores Mexicanos, un puñado de exiliados de la poderosa y radical unión anarcosindicalista española, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), y de la propagación de las ideas a través de las páginas de Acción Directa, lograron constituir la Casa del Obrero Mundial la primera central sindical antes de fin de 1912. Hart defiende la importancia de este grupo, llamaba a la Casa, “la organización obrera omnipotente en México” antes de 1913 [7], de hecho la Casa era el único grupo obrero, durante este primer período, en pedir representación nacional y la “Casa dominó el movimiento obrero en México de 1912 a 1918.” [8] 
La Casa fue abierta en julio de 1912 y fundada sobre los ideales del Anarcosindicalismo. Como tal, sus metas incluían crear a una sociedad basada en la autogestión y coordinación de la producción por los trabajadores basadas en un sistema sindical de uniones federadas de productores. Como otros anarquistas, veían el estado como un mecanismo de represión, y por lo tanto trabajaron, no para transformarlo, sino para suprimirlo. Principalmente, mediante el arma preferida por los anarcosindicalistas, la huelga general para destruir el capitalismo, que consideraba como su meta principal. 
Muchas de las ideas más importantes de la Casa fueron expresadas por el Grupo Anarquista Luz en el Manifiesto Anarquista del Grupo Luz. El Grupo Luz, liderado por Juan Francisco Moncaleano, iba a ocupar los puestos más importantes de la Casa después de su fundación. Los diez puntos del manifiesto incluían: 
1. Ilustrar a una gente esclavizada e ignorante. 
2. Derrocar los tormentos de la humanidad: clero, gobierno y capital. 
3. No servir a las ambiciones de charlatanes políticos, porque ningún hombre tiene el derecho de gobernar a otro. 
4. Dar a conocer que todos los hombres son iguales porque todos están regidos por las mismas leyes naturales y no arbitrarias. 
5. Exigir explicaciones de los ricos opulentos con respecto a sus riquezas, al gobierno con respecto a su autoridad, y a los representantes de dios bandido por sus poderes celestiales. 
6. Devastar las instituciones sociales generadas por los torturadores y los holgazanes. 
7. Ganar la libertad para el trabajador esclavizado. 
8. Utilizar la verdad como la última arma contra la desigualdad. 
9. Luchar contra el miedo, el terrible tirano del pueblo. 
10. Marchar adelante hacia la redención, hacia la nación universal en donde todos puedan vivir con respecto mutuo, en absoluta libertad, sin paternales figuras políticas nacionales, sin los dioses en el cielo o ricos insolentes.
[9] 
“Por primera vez, el proletariado mexicano actuaba de una manera definitiva en la etapa de la historia, y los trabajadores urbanos estaban movilizados en su mayor parte por los anarquistas.”[10]
Aunque ciertamente se utilizaron las huelgas, y fueron a menudo eficaces, los anarcosindicalistas también usaban la educación como arma contra el sistema que desdeñaban. Rafael Pez Taylor, de la Escuela Racionalista (una escuela basada en las ideas del anarquista español Francisco Ferrer), dijo: “... todo lo que uno debe hacer es ilustrar al soldado para que deje de serlo.”[11] De hecho, la educación, basada en el apoyo mutuo, no era solamente un ideal, sino que fue utilizado con mucho éxito para reclutar trabajadores en el movimiento anarcosindicalista. Crearon escuelas, como la Escuela Racionalista, en las que enseñaban a los trabajadores analfabetos a leer. Eran muy populares y eficaces para llegar a la clase obrera, que entonces quedó expuesta a estas nuevas ideas.

Una evaluación: el Anarquismo en la revolución 

Mientras que muchos, historiadores y políticos igualmente, han proclamado que Ricardo Flores Magón fue un “precursor de la Revolución Mexicana, lo que hacen al indicarlo de esta manera, es definirlo por lo que siguió. Y Flores Magón rechazó totalmente lo que siguió, ya fuera Madero, Huerta, Carranza, u Obregón. De 1910 en adelante proclamó en voz alta el anarquismo que había ocultado en los orígenes del movimiento contra Porfirio Díaz.” [12] La búsqueda de Ricardo del anarquismo terminó sin éxito, pero sin sus esfuerzos la Revolución se hubiera revelado de una manera muy diferente. Ricardo ayudó a construir la lucha contra la dictadura de Díaz. Mientras que la revolución tomó una dirección que Ricardo no había animado, no obstante, se forjó en el trabajo que él hizo. 
MacLachlan, mantiene que el “éxito o fracaso es relativo al evaluar la importancia de un individuo en política radical de los Estados Unidos. El radicalismo sujeto a la presión casi continua de los industriales y del Estado no podía ganar.” [13] Ciertamente esto se debe tener presente; Ricardo seguía siendo un factor significativo incluso afrontando esta clase de represión -tan intensa que pasó la mayoría de la última parte de su vida en prisión. 
Albro afirma que “ incluso en la muerte, Ricardo Flores Magón preocupó al gobierno de los Estados Unidos, tanto como le había preocupado la mayoría de los dieciocho años pasados de su vida.” [14] Si esto se toma junto con la declaración de MacLachlan de que “uno debe evaluar la importancia de Flores Magón no por sus fallos, sino por el reconocimiento por la izquierda y por el gobierno de los Estados Unidos” -Ricardo fue ciertamente importante. [15] 
MacLachlan entra en un juego histórico del “y si...” revolucionario mexicano afirmando que “si el PLM se hubiera aliado con otros grupos, la influencia de Ricardo en el curso de la Revolución Mexicana hubiera sido indudablemente mayor.” [16] Ciertamente el PLM no pudo formar conexiones mejores con la Casa y los Zapatistas. Es argumentable que tal coalición tendría que ser una fuerza significativa -incluso para Carranza. Pero las coaliciones tienen siempre sus propias contradicciones internas, las fricciones sobre pequeñas diferencias crecen rápidamente, especialmente cuando se hacen de cara a la victoria sobre los enemigos de la alianza. Los anarcosindicalistas urbanos, a diferencia del PLM de Ricardo, se aliaron con otras fuerzas -las fuerzas de Carranza- que llevaron a su liquidación. Luego no está tan claro qué hubiera sido el curso más acertado. 
Como el PLM, la Casa y los anarcosindicalistas también terminaron su lucha en un fracaso evidente. El capitalismo y el estado, las dos némesis eternas del anarcosindicalismo, habían sobrevivido y su unión no. Pero mirando ampliamente, desde antes a después de la revolución, el proletariado hizo aumentos significativos, no obstante pequeños. Aunque la constitución fue escrita tras el fiasco de la huelga general de la Casa, el “artículo 123 de la constitución concedía cada petición importante expresada por los huelguistas de Cananea y Río Blanco.” [17] 
Esto era ciertamente una victoria pequeña desde el punto de vista anarcosindicalista. De hecho, “No ocurrió ninguna rotación de importancia en la propiedad de la industria Mexicana, minas o el petróleo durante las dos décadas de la Revolución”[18]. Un ejemplo es la Standard Oil Company, que en 1924, controlaba casi el 60 por ciento de la producción mexicana de petróleo. Apenas una victoria para los mexicanos en general, no digamos del proletariado. 
Como los demás grupos, el movimiento Zapatista también terminó en derrota. No tuvieron éxito en la institución de su visión del campesino tranquilo, libre con acceso abierto a la tierra que pedían. Como el artículo 123 para los obreros, la constitución también contenía un artículo, el 115, para la libertad municipal por la cual los Zapatistas habían luchado. Pero el artículo 115, al contrario que el artículo 123, los sucesivos regímenes que han detentado el poder “no lo han puesto en práctica” -básicamente lo han ignorado.[19] De hecho, la lucha actual en Chiapas, que elige adoptar el título de “Zapatista “ está luchando básicamente por metas similares que aluden a las que los seguidores de Zapata hicieron durante la Revolución Mexicana. 
Al final, y hasta hoy, el Estado sigue vivo en México, y por ello, el anarquismo no alcanzó su objetivo. Curiosamente, el gobierno Mexicano, enemigo jurado de Ricardo Flores Magón, ofreció fondos a su viuda para traer su restos de vuelta a México. Ella lo rechazó, eligiendo en su lugar “aceptar el dinero de los trabajadores ferroviarios para ese propósito.” [20] Parece que al final, incluso en la derrota, los ideales del anarquismo todavía siguen vivos.*

*Nota de los editores: Magón ganó una victoria moral negándose a aceptar dinero del gobierno mejicano que podría haberle ayudado a pasar sus últimos días en la cárcel más confortablemente comprándole algunos objetos personales para su comodidad. El legado final de Magón iba a convertirse en un símbolo de alguien que nunca vendió sus ideales. Su respuesta al rechazar el dinero del gobierno mejicano merece la pena citarse entera como expresión de su postura:

No creo en el Estado. Lucho por la hermandad universal del hombre. Considero al Estado una institución creada por el capitalismo para garantizar la subyugación y la explotación del pueblo. Todo dinero del Estado representa el sudor, la angustia y el sacrificio de los trabajadores. Si el dinero viniese directamente de los trabajadores, entonces lo aceptaría con mucho gusto y con orgullo porque son mis hermanos. Cuando muera mis amigos quizá inscriban en mi tumba, "Aquí yace un soñador", y mis enemigos podrían escribir, "Aquí yace un loco", pero nadie podrá estampar la inscripción, "Aquí yace un cobarde y un traidor a sus ideales."

Notas


1.- James D. Cockcroft, Precursores intelectuales de la Revolución Mexicana, 1900-1913, Austin: University of Texas Press, 1968, pag 124. 
2.- Colin M. MacLachlan, El Anarquismo y la Revolución Mexicana: Los Juicios Políticos de Ricardo Flores Magón en los Estados Unidos, Berkeley: Universidad de California, 1991, pag 52. 
3.- Ward S. Albro, Siempre Rebelde: Ricardo Flores Magón y la Revolución Mexicana, Fort Worth: Texas Christian University Press, 1992, pag 44. 
4.- Cockcroft, Precursores intelectuales de la Revolución Mexicana, pag 130. 
5.- Cockcroft, Precursores intelectuales de la Revolución Mexicana, pag 239.6.- Majorie Ruth Clark, El Trabajo Organizado en México, Nueva York: Russell y Russell, 1973, pag 15. 
7.- Hart, El Anarquismo y la clase obrera Mexicana, pag 118. 
8.- Clark, El Trabajo Organizado en México, pag 23. 
9.- Hart, El Anarquismo y la clase obrera Mexicana, pag 113. 
10.- Hart, El Anarquismo y la clase obrera Mexicana, pag 103. 
11.- Hart, El Anarquismo y la clase obrera Mexicana, pag 118.12.- Albro, Siempre Rebelde, pag xii-xiii 
13.- MacLachlan, El Anarquismo y la Revolución Mexicana, pag 110. 
14.- Albro, Siempre Rebelde, pag xi 
15.- MacLachlan, El anarquismo y la Revolución Mexicana, pag 111. 
16.- MacLachlan, El anarquismo y la Revolución Mexicana, pag 113. 
17.- Ruiz, Trabajo y los Revolucionarios ambivalentes, pag 101. 
18.- Ruiz, Trabajo y los Revolucionarios ambivalentes, pag 103. 
19.- Millon, Zapata, pag 130. 
20.- James C. Carey, La Revolución Mexicana en Yucatán, 1915-1924, Boulder: Westview Press, 1984, pag 135

por Jason Wehling


EL DERECHO DE REBELIÓN VOLVER

Desde lo alto de su roca el Buitre Viejo acecha. Una claridad inquietante comienza a disipar las sombras que en el horizonte amontonó el Crimen, y en la lividez del paisaje parece adivinarse la silueta de un gigante que avanza: es la Insurrección.
El Buitre Viejo se sumerge en el abismo de su conciencia. Hurga los lodos del bajo fondo; pero nada halla en el fondo de aquellas negruras que le explique el porqué de la rebelión. Acude entonces a los recuerdos; hombres y cosas, fechas y circunstancias pasan por su mente como un desfile dantesco: pasan los mártires de Veracruz, pálidos, mostrando las heridas de sus cuerpos recibidas una noche, a la luz del farolillo, en el patio de un cuartel, por soldados borrachos mandados por un jefe borracho también de vino y de miedo; pasan los obreros de “El Republicano”, lívidos, las ropas humildes y las carnes desgarradas por los sables y las bayonetas de los esbirros; pasan las familias de Papantla, ancianos, mujeres, niños, acribillados a balazos: pasan los obreros de Cananea, sublimes en su sacrificio, chorreando sangre: pasan los trabajadores de Río Blanco, magníficos, mostrando las heridas denunciadoras del crimen oficial; pasan los mártires de Juchitán, de Velardeña, de Monterrey, de Acuyacan, de Tomochic; pasan Ordoñez Olmos y Contreras, Rivero Echegaray, Martínez, Valadés, Martínez Carreón: pasan Ramírez Terón, García de la Cadena, Ramón Corona: pasan Ramírez Bonilla, Albertos, Kankum, Leyva, Lugo: pasan legiones de espectros, legiones de viudas, legiones de huérfanos, legiones de prisioneros y el pueblo entero pasa desnudo, macilento, débil por la ignorancia y del hambre.
El Buitre Viejo alisa con rabia las plumas alborotadas por el torbellino de los recuerdos, por encontrar en éstos el porqué de la Revolución. Su conciencia de ave de rapiña justifica la muerte. ¿Hay cadáveres? La vida está asegurada.
Así viven las clases dominantes: del sufrimiento y de la muerte de las clases dominadas, y pobres y ricos, oprimidos y déspotas, en virtud de la costumbre y de las preocupaciones heredadas, consideran natural este absurdo estado de cosas.
Pero un día uno de los esclavos toma el periódico y lo lee: es un periódico libertario. En él se ve cómo el rico abusa del pobre sin más derecho que el de la fuerza y la astucia; en él se ve cómo el gobierno abusa del pueblo sin otro derecho que el de la fuerza. El esclavo piensa entonces, y acaba por concluir que, hoy como ayer, la fuerza es soberana, y, consecuente con su pensamiento, se hace rebelde. A la fuerza no se le domina con razones: a la fuerza se le domina con la fuerza.
El derecho de rebelión penetra en las conciencias, el descontento crece, el malestar se hace insoportable, la protesta estalla al fin y se inflama el ambiente. Se respira una atmósfera fuerte por los efluvios de rebeldía que la saturan y el horizonte comienza a aclararse. Desde lo alto de su roca el viejo buitre acecha. De las llanadas no suben ya rumores de quejas, ni de suspiros ni de llantos: es rugido el que se escucha. Baja la vista y se estremece, no percibe ni una sola espalda: es que el pueblo se ha puesto de pie.
Bendito momento aquel en que un pueblo se yergue. Ya no es el rebaño de lomos tostados por el sol, ya no es la muchedumbre sórdida de resignados y de sumisos, sino la hueste de rebeldes que se lanza a la conquista de la tierra ennoblecida porque al fin la pisan hombres.
El derecho de rebelión es sagrado porque su ejercicio es indispensable para romper obstáculos que se oponen al derecho de vivir. Rebeldía, grita la mariposa al romper el capullo que la aprisiona: rebeldía, grita la yema al desgarrar la recia corteza que le cierra el paso: rebeldía, grita el grano en el surco al agrietar la tierra para recibir los rayos del sol: rebeldía, grita el tierno ser humano al desgarrar las entrañas maternas: rebeldía, grita el pueblo cuando se pone de pie para aplastar con tiranos y explotadores.
La rebeldía es la vida: la sumisión es la muerte. ¿Hay rebeldes en un pueblo? La vida está asegurada y asegurados están también el arte y la ciencia y la industria. Desde Prometeo hasta Kropotkin, los rebeldes han hecho avanzar a la humanidad.
Supremo derecho de los instantes supremos en la rebeldía. Sin ella, la humanidad andaría perdida aún en aquel lejano crepúsculo que la historia llama la Edad de Piedra; sin ella la inteligencia humana hace tiempo que habría naufragado en el lodo de los dogmas; sin ella, los pueblos vivirían aún de rodillas ante los príncipes de derecho divino; sin ella, esta América hermosa continuaría durmiendo bajo la protección del misterioso océano; sin ella, los hombres verían aún perfilarse los recios contornos de esa afrenta humana que se llamó la Bastilla.
Y el Buitre Viejo acecha desde lo alto de su roca, fija la sanguinolenta pupila en el gigante que avanza sin darse cuenta aún del porqué de la insurrección. El derecho de rebelión no lo entienden los tiranos.

Este artículo de Ricardo Flores Magón apareció en 1910 en el periódico Regeneración


JUSTICIA POPULAR VOLVER

¡Orden! gritó enfurecido el jefe vazquista cuando, después de tomada la plaza, las mujeres y los niños de la población forcejeaban por abrir las puertas de las tiendas, de los almacenes, de los graneros, para tomar lo que necesitaban en sus hogares, creyendo, con el candor de los corazones no corrompidos, que la Revolución tenía que ser forzosamente benéfica a los pobres. 
¡Atrás, bandidos! volvió a rugir el jefe vazquista al ver que la multitud parecía no haber escuchado el primer grito, pues continuaba forcejeando por extraer las útiles y buenas cosas que hacían falta a sus hogares pobrísimos. 
¡Alto, u ordeno que se os haga fuego!, bramó el jefe vazquista, loco ya de rabia ante aquel “atentado” al derecho de la propiedad. 

¡Bah!, dijo una mujer que llevaba un niño prendido al pecho, ¡bromea el jefe! Y con los demás continuó, la simpática tarea de romper candados y cerrojos para tomar de aquellos depósitos del producto del trabajo de los humildes, lo que no había en sus hogares. 
En efecto, para aquellas buenas gentes bromeaba el jefe vazquista. ¿Cómo había de ser posible que un revolucionario se pusiera a defender los intereses de la cruel burguesía, que había tenido al pueblo en la más abyecta miseria? No, decididamente bromeaba el jefe vazquista, y atacaron con más bravura las recias puertas de los almacenes, hasta que saltaron los candados hechos pedazos y los cerrojos retorcidos a inservibles, abriéndose las puertas para dar entrada a la multitud gozosa, que saboreaba de antemano tantos buenos comestibles allí encerrados, a la par que se imaginaba pasar un agradable invierno bajo el suave calor de las buenas telas allí almacenadas. 
Inundaban las calles aquellas simpáticas hormigas; cargando cada una de ellas tanto como podía; riendo los niños, llenas de confituras las boquitas; radiantes las mujeres bajo la pesadumbre de sus fardos; contentos mujeres y niños con la agradable sorpresa que recibirían los varones cuando regresaran de la mina, diez kilómetros distante del poblado. 
En medio de su algarabía no oyeron una voz estridente que gritó: ¡Fuego!... Las azoteas se coronaron de humo, y una granizada de balas cayó sobre la muchedumbre despedazando carnes maduras y carnes tiernas. Los que no fueron heridos se dispersaron en todas direcciones dejando por las calles mujeres y niños agonizantes o muertos... ¡Fueron en busca de la vida, y se tropezaron con la muerte! ¡Creyeron que la Revolución se hacía en beneficio de los pobres, y se encontraron con que se hacía para sostener a la burguesía! 
Cuando los mineros regresaron a sus hogares, caídos los brazos por el cansancio, pero alegres por haber salido del presidio de la mina para estrechar a sus compañeras y besar las frentecitas de los chicuelos, supieron, de labios de los supervivientes, la triste nueva: ¡los vazquistas, sostenedores de esa iniquidad que se llama Capital, habían disparado sus armas sobre las mujeres y los niños en defensa del “sagrado” derecho de propiedad! 
La noche, negra, tendía su sudario sobre aquel campo de la muerte. El silencio era tan sólo perturbado de tiempo en tiempo por los gritos de los centinelas que corrían la voz, o por el lúgubre aullido de algún perro, que extrañaba a su amo. Bultos negros, que parecía formaban parte de la noche, discurrían aquí y allá, sin hacer ruido, como si se deslizaran; pero un oído atento podía haber sorprendido estas palabras pronunciadas como un suspiro: “¡La dinamita!” “¿Dónde está la dinamita?” Y los negros bultos seguían deslizándose. 
Eran los mineros. Sin haberse puesto de acuerdo, habían tenido el mismo pensamiento: volar, por medio de la dinamita, a aquellos esbirros que en nombre de la libertad se habían levantado en armas para remachar la cadena de la esclavitud económica. 
Momentos después el cuartel general vazquista volaba hecho mil pedazos, y con él los asesinos del pueblo. Cuando amaneció, pudo verse, en los escombros todavía humeantes, una bandera roja que ostentaba, en letras blancas, estas bellas palabras: “Tierra y Libertad”. 

De “Regeneración” del número 79, fechado el 2 de marzo de 1912 


LOS JEFES VOLVER

No hay que ser masa, esto es, no hay que participar de los prejuicios, de las preocupaciones, de los errores, de las costumbres de las multitudes inconscientes. La masa tiene la firma creencia de que es necesario un jefe o un caudillo que esté a la cabeza, que la conduzca hacia su destino, que la lleve a la tiranía o a la libertad, la cuestión es que la guíe con caricias o salivazos, por la buena o por la mala. 
Esta costumbre, tan arraigada en el ser humano, es fuente de inagotables males para la causa de la redención de la especie humana. La vida, la honra, el bienestar, el porvenir, la libertad, todo es puesto en las manos del hombre que la hace de jefe. Es el jefe el que tiene que pensar por todos, es el jefe el encargado del bienestar y la libertad de la masa en general y del individuo en particular; de lo que resulta que los millones de cerebros de la masa, no piensan, pues, que el jefe es el encargado de pensar por todos. Esto da lugar a que las masas se vuelvan pasivas, de que no salga de ellas ninguna iniciativa, y de que lleven a rastras una existencia de rebaño, halagado por los políticos y los aspirantes a puestos públicos en tiempos de elecciones, para apalearlo cuando éstas han pasado; engañando con promesas por los ambiciosos, en tiempos de acción revolucionaria, para premiar sus sacrificios con puntapiés después de la victoria. 
No hay que ser masa; hay que ser conjunto de individualidades pensantes, unidas entre sí para conseguir fines comunes a todos; pero que cada uno, sea hombre o sea mujer, piense con su propia cabeza, que cada uno haga esfuerzos para dar su opinión sobre lo que es preciso hacer para alcanzar el logro de nuestras aspiraciones, que nos son otras que la libertad de todos fundada en la libertad de cada uno; el bienestar de todos, fundado en el bienestar de cada uno, y para llegar a esto, necesario es destruir lo que se le opone: la desigualdad, haciendo que la tierra, las herramientas, las máquinas, las provisiones y las casas, todo cuanto existe, ya sea producto natural o producto de la industria y de la inteligencia del hombre, pasen de las pocas manos que actualmente las tienen, a las manos de todos, hombres y mujeres, para producir en común, cada quien según sus fuerzas y aptitudes, y consumir cada quien según sus necesidades. 
Para lograr esto no hacen falta los jefes, antes bien estorban, porque el que es jefe quiere predominar, quiere que se le obedezca, quiere estar sobre los demás, y nunca un jefe podrá ver con buenos ojos la intención de los pobres de instaurar un sistema social basado en la igualdad económica, política y social, del ser humano. Un sistema de esta clase no garantiza a los jefes la vida ociosa y fácil que quieren llevar, llena de honores y de gloria, a costa de los sacrificios de los humildes. 
Así pues, hermanos mexicanos, aprended a obrar con vuestra apropia iniciativa para llevar al terreno de la práctica los principios generosos consignados en nuestro Manifiesto del 23 de septiembre de 1911. 
Nosotros no nos consideramos como vuestros jefes, y nos entristecería que vosotros vierais en nosotros jefes a quienes seguir, y sin los cuales no os arriesgaríais a hacer algo en pro de la causa. Nosotros estamos a punto de ir a presidio, no porque seamos criminales, sino porque no nos vendemos a los ricos ni a la autoridad, porque no queremos ser vuestros tiranos aceptando puestos públicos o fajos de billetes de banco para convertirnos en burgueses y explotar vuestros brazos. Nosotros no nos consideramos como vuestros jefes, sino como vuestros hermanos, e iremos contentos a presidio si portandoos como trabajadores conscientes, no desmayéis en vuestra actitud enfrente del capital y de la autoridad. No seáis masa, mexicanos; no seáis multitud que arrastra el político o el burgués o el caudillo militar. 
Pensad cada uno con vuestra cabeza y obrad según vuestro pensamiento os dicte. 
No os desaniméis cuando nos veáis separados de vosotros por las negras puertas de presidio. Entonces os faltará nuestra palabra amiga y nada más; pero abnegados compañeros continuarán publicando Regeneración. Prestadles vuestro apoyo, porque ellos van a continuar esta obra de propaganda, que es necesario que cada vez sea más extensa y más radical. 
No hagáis lo que hicisteis el año pasado cuando fuimos arrestados; entonces se enfriaron vuestros entusiasmos, se debilitaron vuestros propósitos de ayudar por todos los medios a la destrucción del sistema capitalista y autoritario, habiendo sido muy pocos los que permanecieron firmes. Sed firmes ahora; no os fijéis en nuestras personalidades, y, con renovado brío, prestad vuestro apoyo material y personal a la revolución del pobre contra el rico y la autoridad. 
Que cada uno de vosotros sea el jefe de sí mismo; que no haya necesidad de que se los empuje a continuar la lucha. No os nombréis jefes; simplemente tomad posesión de la tierra y de todo cuanto existe y poneos a producir, libres del amo y de la autoridad. De esa manera la paz se hará por sí sola, como el resultado natural del bienestar y de la libertad de todos; pero si, preocupados por la maldita educación burguesa, que hace creer que es imposible vivir sin autoridad, admitís otra vez se encarame sobre vuestros hombros poderosos un nuevo gobernante, continuará la guerra porque quedarán en pie los mismos males que os tienen sobre las armas: la miseria y la tiranía. 
Leed todos nuestro Manifiesto del 23 de septiembre de 1911, y gritad: ¡Muera el capital! ¡Muera la autoridad! ¡Viva Tierra y Libertad! 

Ricardo Flores Magón 
Regeneración 15 de junio de 1912


LA MUERTE DE RICARDO FLORES MAGÓN VOLVER

Ricardo Flores Magón ha muerto. Generalmente la noticia de una muerte me afecta poco, pero en este caso ha sucedido lo contrario. No es porque, después de largos años de prisión y destierro, este indomable luchador por la libertad haya muerto en la cárcel. Me domina un sentimiento más grande aún que la piedad o que el afecto personal. Por razones que no puedo analizar, esta muerte me parece como el resumen de un periódico, ya hace nacer, en mí, ideas y sentimientos que encuentro difícil expresar con palabras. Tengo la sensación de que una fuerza, que era esencial, ha dejado de obrar. 
Me parece que todos aquellos que estuvieron en relación íntima con Ricardo Flores Magón sentirán lo mismo que yo. Alguna cosa puso en él su sello especial; no importan las condiciones en las cuales se encontrara: permaneció siempre siendo alguien, una fuerza que debía ser reconocida, una personalidad que no podía ser ignorada. Aun los empleados de la Corte de Justicia y de la penitenciaría, cuyos instintos naturales eran considerarlo solamente como un violador de la ley, me parecieron, cuando discutír con ellos el asunto, plenamente conscientes de ese hecho. 
Creo que eso fue, porque el hombre era tan intensamente sincero, tan firme en sus convicciones, que cualquiera otro podría ser domado, reducido al silencio, pero él tenía que hablar: tan firme así era su determinación de jugar su parte en esta gran lucha por la destrucción de la esclavitud humana, la cual él, personalmente, debía combatir y combatió hasta el último momento. Odiaba la opresión, cualquiera que fuese, ya al Gobierno o al monopolio de la tierra, ya la superstición religiosa o las altas finanzas.
Como mexicano, sabía cómo ésta había arruinado la vida de su propio pueblo; como anarquista, comprendía que ésta era la suerte de los desheredados, de todos aquellos que habían consentido en ser reducidos a la impotencia en todo el mundo.
En la mayor parte de nosotros surge a intervalos una justa indignación; pero Magón me parecía un volcán que nunca dormía.
Si mal no recuerdo, fue en San Luis Potosí, hace unos treinta años, donde Ricardo Flores Magón, entonces un joven periodista, obtuvo la prominencia. Propiamente dicho, llegó a ella de un salto: el Partido Liberal estaba en convención, y, de acuerdo con sus tradiciones, estaba dirigiendo todas sus denuncias sobre la iglesia católica; Ricardo, según la versión que ha llegado hasta mí, literalmente aplastó a la convención con un discurso en el cual atacaba a Porifirio Díaz, omnipotente dictador de México a Wall Street, y era, por consiguiente, el verdadero origen de todos los males del país.
Lo especial del caso, en realidad, consistía en que, en aquella época, los ataques contra la Iglesia eran populares y seguros, mientras que un ataque a Díaz no tenía precedentes y estaba lleno de peligros. Esto trajo a Ricardo la amistad de Librado Rivera, quien de allí en adelante participó de su destino y ahora le sobrevive en la penitenciaría de Leavenworth; pero los convirtió a él, a su hermano Enrique y a Librado, en el blanco de la rabia del dictador Díaz. El trío, sin embargo, inició y apresuró con gran actividad una agitación en el sentido indicado, hasta que después de varios encarcelamientos comprendieron que ya no podían vivir más en México y emigraron a los Estados Unidos. Encendieron la mecha. Con gran atrevimiento habían comenzado el movimiento económico que posteriormente arrojó a Díaz al destierro. Como veo las cosas, el motor de los motores es siempre el hombre verdadero; pero el camino que él abre lo conduce siempre a la cruz.
Estoy enteramente seguro de que Ricardo Flores Magón previó esto con toda claridad, porque en sus conversaciones lo aceptaba estoicamente como el precio que debía pagarse. Con demasiada frecuencia se dejaba dominar en alto grado por sus simpatías o por sus antipatías, y muy rara vez podía encontrar una virtud en sus adversarios, pero en problemas fundamentales lo encontré siempre justo, porque él nunca quería abandonar los hechos fundamentales. Repetidas veces consideré sus condenas como injustas, pero observé frecuentemente que los hombres que había criticado se convirtieron, al correr del tiempo, en los políticos que Magón habría predicho. Era el luchador más agresivo y más positivo, y lograba amigos y enemigos por centenares.
Yo me interesé por los Magón leyendo el “México Bárbaro” de John Kenneth Turner; pero fueron sus odios apasionados hacia un sistema social que parece capaz de pensar únicamente en el dólar lo que me condujo abiertamente hacia ellos. Desde hace muchos años, mi más firme convicción ha sido que el culto por el becerro de oro es lo más grande de las barreras que tiene la marcha ascendente que la humanidad está obligada a efectuar, en razón de las conquistas intelectuales de los siglos recientes. He encontrado muchos hombres y mujeres que comparten este juicio; pero jamás ninguno que estuviese tan saturado de él como los Magón. Creo que Ricardo estaba completamente persuadido que la peor suerte para México sería caer bajo el yugo de Wall Street. El gran hecho que él veía, era que toda la humanidad estaba siendo atada a las ruedas del carro del poder del Dinero, brutalmente triunfante y que debía libertarse ella misma o perecer. Yo mismo conservo esa creencia. Mi estudio de la revolución de México y mi contemplación del modo como la plutocracia de allí había sacado de México todo lo que era de valor, convirtieron ideas que anteriormente eran vagas y teóricas, en una convicción inconmovible.
Ricardo Flores Magón fue uno de los escritores más poderosos que produjo la Revolución. Exceptuando la ocasión en que se dejó atraer a polémicas deplorables, no malgastó su tiempo en pequeñeces; tocaba invariablemente las cuerdas mayores y con extraordinaria firmeza. En todo el curso de su obra hacía llamamiento a las emociones más poderosas, a lo heroico; pedía mucho a los hombres. Dudo que haya tenido conocimiento de los escritos de Nietzsche, pero me parecía otro Nietzsche, aunque democrático. Sin embargo, en tales caracteres había siempre un esfuerzo paralelo: ambos insisten en lo mejor, en la realización de su ideal en toda su plenitud, y para esa realización ningún sacrificio les parecía demasiado grande.
No tengo el deseo de escribir una biografía ni un elogio, y me limito a una cuantas reminiscencias personales que pueden dar conocimiento profundo del hombre. Recuerdo que, habiendo sido prevenido que se le perseguía tenazmente, se rehusó a refugiarse en un lugar seguro, “porque se desorganizaría el movimiento.” Cuando, después de muchos meses, lo tuvimos fuera de la cárcel, bajo caución, se dirigió directamente a las oficinas de “Regeneración” y antes de una hora estaba trabajando, una vez más, en la enorme correspondencia, a la cual dedicaba ocho horas del día; nunca encontré un propagandista tan activo como él, exceptuando quizás a su hermano Enrique. Vivía pobremente, ya hasta donde pude saberlo, no tenía vicios. Ciertamente no tenía tiempo para ellos.
En mi primera visita a las oficinas de “Regeneración” observé una gran caja de empaque, y supe que contenía solamente ejemplares de “La Conquista del Pan,” de Kropotkine, destinados a México. Por muchos años prosiguieron estos hombres tal obra de zapa con infinita tenacidad y con grandes sacrificios para sus cortísimos recursos personales. Su gran idea fue el desarrollo de personalidades revolucionarias. Tenían gran admiración por Kropotkin, que en mi opinión era muy justa.
Cuando sustituí a John Kenneth Turner como editor de la sección inglesa de “Regeneración”, su circulación era como de 27,000 ejemplares, y el periódico debía ganar dinero; pero todo se gastaba en propaganda. Teníamos entre 600 y 700 periódicos en nuestras listas de canje y obteníamos muchas noticias del Mundo latino. Nuestra gran aspiración era la unificación de la opinión latina en México, y en Centro y Sudamérica, contra la invasión de la plutocracia, y la creación en los Estados Unidos de un sentimiento bastante fuerte para mantener en jaque la perpetua amenaza de la intervención.
Creo que Ricardo consideraba esto último como la principal tarea de “Regeneración” y que, a causa de esto, se oponía al traslado del periódico a México, que en cierta ocasión pedía yo urgentemente.
En el libro “El Verdadero México”, Mr. Hamilton Fife, ahora editor del “Daily Herald,” pero entonces corresponsal viajero muy notable, trata de la inesperada caída de Porifirio Díaz, reconocido por los Estados Unidos como una potencia de primer orden, con un gran ejército a su retaguardia. Mr. Fife observa que Díaz olvidó un importante factor: un caballero llamado Ricardo Flores Magón. Yo he mirado siempre esta observación como correcta, ya he considerado a los Magón como los hombres que realmente pusieron en movimiento las fuerzas que definitivamente arrojaron a Díaz al destierro. Lo consideré un gran éxito y un verdadero suceso de los que hacen época. Díaz fue el hombre que, como dijo William Archer, había vendido a su país por una bagatela y con el descuido de un niño que hace burbujas de jabón. Su destronamiento fue el primer fracaso que la plutocracia del Norte encontró en su marcha hacia el Sur. 
Cuando Madero sucedió a Díaz como Presidente, nombró al hermano de Magón, Jesús, Secretario de Estado; fue entonces, según mis noticias, cuando Jesús hizo repetidos esfuerzos para inducir a Ricardo y a Enrique a regresar a México, asegurándoles completa seguridad y rápido mejoramiento en su posición. Estaban pobres, habían estado sujetos a repetidas persecuciones y encarcelamientos, como trastornadores inconvenientes de la paz plutocrática; y, a pesar de todo, rehusaron decididamente los ofrecimientos de su hermano. Eso siempre me pareció revelador. Puede ser difícil, y quizás imposible para nosotros, comprender las maniobras del pensamiento mexicano y los métodos de hombres que tienen en sí tanta sangre india; pero lo que hay en el fondo y no puede negarse, es que estos hombres -Ricardo y Enrique Flores Magón y Librado Rivera, quien sigue todavía en la prisión de Leavenworth- eran fanáticamente leales a sus convicciones anarquistas.
Pues bien, Ricardo Flores Magón ha muerto, y seguramente, después de una vida de actividad febril, duerme tranquilo; ni alabanza ni crítica pueden afectarlo ahora. Murió en la penitenciaría de Leavenworth cuando había cumplido cinco años de la feroz sentencia de veinte que le fue impuesta por haber escrito artículos que perjudicaban el reclutamiento. Estuvo sufriendo por algunos años de diabetes, y durante sus últimos días perdió completamente la vista. Pudo haber comprado su libertad confesando su arrepentimiento; pero esa confesión era imposible para naturalezas como la suya. En los mese pasados, los trabajadores organizados de México habían estado agitando por la libertad de Ricardo, y, al saberse su muerte, el Parlamento de la Capital ordenó que se enlutara la tribuna.
El Gobierno pidió la entrega de sus restos, a los cuales quería dar sepultura digna del que en su vida fue un incesante luchador por la causa de la emancipación que las masas de México, en común con las del mundo entero, tienen todavía que ganar; pero sus camaradas han respetado sus principios y declinado los funerales por el Gobierno. 
Esperamos que, inspirados por el ejemplo de este indomable luchador, el pueblo de los Estados Unidos pueda erguirse y pedir la libertad de los muchos presos políticos, mártires de su conciencia que ahora se pudren en las galeras de ese país. Tal hazaña sería el más apropiado monumento a la vida y a la memoria de Ricardo Flores Magón.

William C. Owen
De “Freedom”, Londres, diciembre de 1922

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