Nº 29
MAYO-JUNIO 2004

ARTÍCULOS:


LA LEY VOLVER

La ley es el arma que esgrimen siempre los más fuerte. Tras cualquier código apunta siempre el fusil del gendarme pronto a sembrar la muerte en las filas de los ilegales que se alzan contra esos articulados que restringen la vida...
La ley quiere al “perfecto” ciudadano, o sea al hombre mutilado; inmovilizar la voluntad de vivir en el individuo haciéndole aceptar como lógico un “orden” social que lo ha convertido en un triste pingajo humano triturado por la miseria. Ajustarse a las normas legales, es vaciarse espiritualmente y anularse como hombre en una triste vacuidad de ideas y sentimientos.
Comprendemos perfectamente a la áurea moneda rodando hacia la ley ansiosa de introducirse entre las polvorientas hojas de un polvoriento código; es el privilegio que anda en procura de la fuerza que la ampare, es el ventrudo burgués que tiende su enguantada diestra al juez intérprete de la ley.
Comprendemos también al candidato blanco o rojo confeccionador de plataformas y embaucador de multitudes que, en su Maratón política, corre siempre por los caminos de la ley; él es el diputado, el senador, el ministro, el eterno fabricante de leyes y más leyes que sostengan en pie la injusticia social; es el parlamento donde parla la iniquidad; es el pontífice laico que para el hambre y el dolor del pueblo tienen siempre a flor de labios una frase constitucional.
Comprendemos a todos los amortiguadores de rebeldías con adjetivos sonoros que frente a las tempestades revolucionarias creadoras de nuevos destinos históricos prefieren la calma chicha de lo legalmente constituido; ellos son los pastores de un rebaño que conducen al legal aprisco de sus jefaturas; por eso, cuando el rebaño bala sus sufrimientos, ellos consultan la ley y se la imponen como remedio a sus males.
Pero los obreros, de los mil veces vejados y siempre explotados, de la prolífica simiente que germina en los campos del dolor proletario, del imponente ejército del hambre y la tisis, de todos los que en procesión espectral por el planeta arrastran sus cadenas de toda esta gimiente y doliente carne; ¿no hay, acaso, derecho a esperar la rebelión contra la ley? ¿No es preferible, a un santo que besa sus cadenas con resignación cristiana, un bandido que las quiebra en mil pedazos arremetiendo contra la ley? ¿No es mejor el ilegalismo que “deshonra” ante la chatura ambiente impregnada de púdica y falsa moral, que el legalismo que esclaviza y mata a las huestes proletarias?...
Si, si; en nombre del derecho a la existencia, levantamos en alto la bandera de la ilegalidad.
Fatigado obrero que sudas y revientas en una penosa tarea o desocupado que ambulas en distintas direcciones con tu dolor a cuestas; vuestro triste destino lleva impreso el sello de la ley; y la ley quiere de vosotros, exige, sumisión, acatamiento, respeto.
Pero la dignificación de la especie y la libertad del género humano, quiere por el contrario desobediencia, altivez, rebelión. En bien de nuestras vidas, llena de angustias, dejad de ser las muchedumbres que corren al Sinaí del parlamento a esperar las tablas de la ley que para vosotros confeccionan los nuevos taumaturgos de la democracia, armaros y proceded. Tomad lo que necesitáis para vuestros hogares; y contra la propiedad privada y el no monopolio insurgid al grito de: ¡Abajo la ley y sus sostenedores!

Lirius

Tierra y Libertad, Bahía Blanca, año 1 N° 2, 7 de junio de 1932


1º DE MAYO DE 1886 - MARTIRES DE CHICAGO VOLVER

EL VERDUGO NO ES EL UNICO QUE SOSTIENE LA HORCA...

Nueva York, mayo 16 de 1886

Señor Director de La Nación:

(...)
El problema del trabajo se ha erguido de súbito, y ha enseñado sus terribles entrañas. (...)
En Nueva York, hubo procesiones, plazas repletas, casas henchidas de policías armados alrededor de las plazas, discursos más encendidos que las antorchas que iluminaban a los oradores, y más negros que su humo: Union Square, que tiene cuatro cuadras de lado, era una sola cabeza la noche de la petición de las ocho horas: como un cinto, ceñía la gran plaza, oculta para no excitar los ánimos, una fuerza de policía, pronta a la carga. ¿cómo no, si se sabe que en Nueva York los anarquistas leen como la Biblia, y compran como el pan un texto de fabricar bombas de lata, bombas cómodas, “graciosas y pequeñas como una pera”, bombas de dinamita “que caben en la mano”?; ¿cómo no, si a la luz del día, porque no hay ley aquí que prohíba llevar un rifle en la mano, entran los anarquistas en los lugares donde aprenden el ejercicio de las armas las “compañías de rifleros trabajadores” y no se oye, en las horas libres y en todo el domingo, más que la marcha de pies que se clavan, la marcha terea, continua, firme, una marcha de que nadie se cansa ni protesta, una marcha de gente que se ha puesto en pie decidida a llegar?; ¿cómo no, si todo el Este de la ciudad está sembrado de logias de socialistas alemanes, que van a beber su cerveza, y a juntar sus iras acompañados de sus mujeres propias y sus hijos, que llevan en sus caras terrosas y en sus manos flacas las marcas del afán y la hora del odio en que han sido engendrados? (...)
Acá se acaba de ver, en el alzamiento general, en los arsenales anarquistas sorprendidos, en el desafío y locura de su prensa, en los motines y combates de Chicago, a la luz de los rifles y al estallido de las bombas, se acaba de ver que es colosal y viable el feto.
¿Qué quieren? Un día es más salario; otro día es más respeto; otro día, como ahora, quieren que las horas de trabajo no sean más que ocho, no tanto para que pueda entrar alguna luz por el alma en las horas de reposo, como para que se vean obligados los fabricantes a emplear a los obreros que hoy no tienen faena (...)
¿Quiénes podrán más, los obreros moderados que con la mira puesta en una reorganización social absoluta se proponen ir hacia ella elaborando por medio de su voto unido a las leyes que les permitan realizarlo sin violencia, o los que con la pujanza de la ira acumulada siglo sobre siglo, en las tierras despóticas de Europa, se han venido de allá con un taller de odio en cada pecho y quieren llegar a la reorganización social por el crimen, por el incendio, por el robo, por el fraude, por el asesinato, por “el desdén de toda moralidad, ley y orden? (...)
¿Que no puede la mayoría trabajadora convencer a la minoría acaudalada de la necesidad de un cambio? Pues no tiene la capacidad de gobernar con justicia, y no debe gobernar el que no tiene la capacidad de convencer.
El gobierno de los hombres es la misión más alta del ser humano, y sólo debe fiarse a quien ame a los hombres y entienda su naturaleza. (...)
Ni la policía, ni los jueces, ni el gran jurado, que es la opinión general, perdona a los que han ensangrentado a Chicago, ni a los que los imitan.
Los caudillos anarquistas están presos: a uno, a Most, lo jalaron por los pies de debajo de una cama.
Las imprentas se niegan a poner en sus prensas los diarios anarquistas. Acá, donde hay flores para los asesinos condenados a morir, no ha habido una muestra de simpatía para los anarquistas presos.
Los oradores y escritores que convocaron a las armas a la muchedumbre, en Chicago, y presidieron a su crimen, serán probablemente acusados de homicidio ante el jurado.
La policía a recogido en mucho antro, en casas arrinconadas, en cuartos oscuros, que hacían de hospitales de sangre, en trincheras y cuevas subterráneas, vagones enteros llenos de fusiles, cajones de cápsulas, depósitos de dinamita y glicerina, moldes de bombas, bombas “graciosas y pequeñas como una pera”, cerros de periódicos y circulares que llaman al crimen, libros anarquistas empastados en cuero rojo, pruebas de una red vasta de fabricantes de dinamita y logias organizadas que la consumen, documentos que demuestran que una de sus prácticas es la de incendiar sus casas aseguradas para cobrar en provecho del tesoro anarquista el precio del seguro: mucha sustancia extraña se ha encontrado, que estalla al sol y al choque, mucho texto donde se enseña, por diez centavos, el modo de incendiar y de matar.
¡Al más noble de espíritu, da arrebatos de ira esta perversión de la naturaleza humana!
Ha habido en todo el país, aun en la gente de alma apostólica, una conmoción semejante, a la que produce en una calle pacífica la aparición de un perro atacado de hidrofobia.

José Martí

La Nación, Buenos Aires, 26 de junio de 1886

José Martí (1853-1895) fue un cubano que lideró e impulsó la lucha por la independencia de Cuba de la corona española. Fue escritor, poeta, catedrático, abogado, cónsul de Uruguay, Argentina y Paraguay, sufrió cárcel y destierro. Murió en combate como Mayor general del Ejército Libertador.
Martí es levantado como héroe y precursor ideológico por la izquierda, ubicado junto a Ernesto Che Guevara... La carta al diario La Nación, con el que colaboraba, habla por sí sola.

El Grupo editor


ENTRE LA REVOLUCIÓN Y EL MAL MENOR...
¡AGITACIÓN REVOLUCIONARIA!
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Muchas veces, perdidos como nos encontramos en laberintos opacos de relaciones frías, autómatas y dirigidas, necesitamos abrirnos hacía personas desconocidas se consideren estas compañeros o no. Uno cree, que ese abrirse le servirá para huir de ese aislamiento al que nos condena esta sociedad espectacular de miseria, consumo y mercancía.
Es justo en esa discusión, en la que uno se acalora pues siente dentro de sí la pasión y la efervescencia de la lógica rebelde, cuando uno comprende hasta que punto ha calado la derrota en la personalidad de sus iguales. Es entonces y ante palabras como revolución, anarquía, comunismo etc., etc., cuando estos derrotados castrados de espíritu rebelde te escupen a la cara frases echas y meditadas por otros tales como; “poco a poco”, “todavía no ha llegado el momento para”, “es el mal menor”, frases que se esgrimen como respuestas parciales y “realistas” ante el despropósito del camino sin retorno del compromiso y de la verdadera lucha por la trasformación de la sociedad. Frases que cierran como grilletes a la pasión y al placer de subvertir el orden establecido. Es con esas palabras cuando estos mutilados se enfrentan a ti, pobre loco, con una mirada burlona y con tono cínico vomitando derrotas y miserias, y exponen sus planes, “lógicos”, “reales” y en definitiva ¡bastardos!. ¡Primero ocupémonos del país, de que funcione bien!, ¡Confiemos en el presidente!, ¡Trabajo para todos!, ¡Kirchner nos salvará!
Esta, su elección del mal menor, que es alzada como bandera y muestra de su lógica racional, no es otra cosa que la sumisión, una vez más, a la elección de otros, no es más que un parche mal cosido que ellos creen haber elegido pero que otra vez les ha sido impuesto. Ellos son “los racionales” que pretenden acabar con el hambre y la miseria pidiendo “trabajo digno” y comida para todos apelando al bien hacer de los que generaron este mundo bastardo. Ellos en su alineación no se dan cuenta que este camino que proponen, camino de transas y sin sabores, es un camino estéril, mediocre, que aun en la hipótesis que acabase con el hambre nos arrojaría atados de pies y manos a un mundo sin estímulos, a un mundo aséptico, al mundo de los muertos vivientes.
Apelando como apelan al mal menor para causar un estadio donde se puedan desenvolver sin represión y así generar su acción, se cae en el error de creer que nuestro enemigo nos facilitará un espacio para combatirlo. En esta boludez está la contradicción de su miseria. Si queremos transformar la sociedad radicalmente, no podemos esperar a que nos den un espacio, pues todo los que nos den será a costa de estar inutilizado para emplearlo contra ellos. No podemos pedir espacios, hemos de tomarlos combatiendo, luchando, soñando, odiando, hemos de hacerles ver continuamente que como revolucionarios no esperamos nuestro momento “histórico”. Lo imponemos en nuestra cotidianeidad, no esperando la revolución si no agitando para crear situaciones revolucionarias, situaciones anárquicas en nuestro presente, en nuestro ahora, en nuestra vida. La revolución al igual que la anarquía no es algo lejano. Es algo que se lleva adentro en la pasión de tu combate diario y es algo que debemos hacer visible sin esperas, sin transas, con valentía y sin resignación.
Aún teniendo los pies en la tierra y sabiendo que la Revolución social no es posible en toda su plenitud, hemos de saber que esta jamás será posible si no conquistamos nuestros espacios, demostrando con nuestra acción la vulnerabilidad del sistema e indicando con nuestra agitación revolucionaria el camino donde introducirse y dinamitar esta sociedad del mal menor y sus muertos vivientes.

Poe


LA PICANA DEL “PROLETARIADO” VOLVER

No nos sorprende que el Partido Obrero reivindique la tortura, sabemos que eso está en potencia en toda ideología autoritaria; lo que más sorprende es que lo hagan público. Seguramente por alguna “maduración política” de la clase trabajadora que ahora lo pueda entender, o para ganarle de mano al resto de los partidos de izquierda.
En 1994, cuando el gobierno eliminaba el Servicio Militar Obligatorio, Jorge Altamira, jefe del P.O., decía en un reportaje que ellos estaban en contra de esa medida porque así la quitaban al proletariado la posibilidad de aprender el manejo de las armas. Corré, limpiá, barré... y dispará: disciplina, el sustento de ejércitos y partidos, la debida obediencia. Soldados y militantes; la carne de cañón para mantener el Poder o para tomarlo, la vida de obediencia. Si hacemos cuestión de grados Videla al lado de Trotzky era un dragoneante, y alistándose no está sólo Altamira...
Unos años antes, cuando los saqueos a supermercados golpeaban al gobierno de Alfonsín, el Partido Obrero era investigado por incitación. En su sede de Lanús cae un grupo de policías con orden de requisar el lugar. El diálogo de los militantes con los policías, el entendimiento, el acuerdo y los policías que se retiran tras haber comprado un par de ejemplares de Prensa Obrera, el periódico del partido. “Ustedes también son trabajadores...”, “arriesgando su vida...”, “tienen que pelear por un aumento”, “elegir delegados, elegir al comisario...”, “lean nuestra prensa compañeros”.
La cheka fue la policía del gobierno bolchevique creada en 1917 por Lenin, “la libertad es un prejuicio burgués” decía y hacía. Fue la encargada de apresar, torturar, ejecutar o confinar a cientos de miles de opositores o sospechados de serlo. Contra los anarquistas la represión asumió un carácter general, metódico y decisivo. Después de masacrar a los rebeldes de Cronstad (1921) y a las guerrillas ucranianas, de tendencia anarquista (1918-1921), Trotzky dijo “¡Al fin el poder soviético barre de Rusia, con escoba de hierro, al anarquismo!
Sobre los consejos o soviets obreros decía: “La parte del Comité Central bolchevique que se encontraba en San Petesburgo oponíase resueltamente a este sistema directo de representación obrera por creerlo peligroso para el Partido... y nada pudo encontrar mejor que ofrecer al soviet un ultimátum: adoptar inmediatamente un programa socialdemócrata o disolverse”.
En 1920, en la reunión del Consejo Central panruso de los sindicatos, Lenin y Trotzky impusieron la militarización del trabajo y en su tercer congreso, éste último decía: “¿Es cierto que el trabajo forzado es siempre improductivo? Se trata del más absurdo de los prejuicios liberales. La esclavitud fue en una época un fenómeno progresivo. El trabajo obligatorio en todo el país, para todos los obreros, es la base del socialismo”. En su folleto “Terrorismo y comunismo” dice: “Los sindicatos deberían disciplinar a los obreros y enseñarles a que coloquen el resultado de la producción por encima de sus intereses y de sus demandas. (...) El joven Estado obrero necesita a los sindicatos no para que intenten obtener una mejora en las condiciones de trabajo, sino para que organicen a la clase obrera con un objetivo: la producción”.
Lenin y Trotzky, sus sistema, prepararon el terreno y engendraron a Stalin. Marx y Engels fueron los ideólogos de la dictadura del proletariado. La cheka y los campos de concentración bolcheviques inspiraron a la Gestapo nazi. No por nada el nazismo, el fascismo y el peronismo surgieron del autoritarismo socialista.
Hay que entender que no se trata de un exabrupto, mucho menos de una excepción. “interrogarlos hasta que canten” es el desarrollo del principio de autoridad, de lo cruel y sanguinario del Poder, de su naturaleza, posibilitada, dimensionada y justificada por una ideología que sostiene la explotación y el privilegio.
¿O no estaba presente esto en el “juicio y castigo”, en el “cárcel a los genocidas”? ¿En acto o en potencia? Está en acto y en potencia en el pedido carcelario, en las dictaduras y en las democracias, en el capitalismo, privado o estatal, nacional o globalizado, o en lo que vayan a inventar, en las religiones, en los ejércitos y policías, en los partidos políticos, en quienes tienen el Poder y en quienes lo ambicionan, en la Ley y el los legalistas, en los “justicieros”, en las cruzadas contra la inseguridad, en las riquezas acumuladas, en el Poder popular, en Marx, en Perón, en Videla, en la burguesía, en sus aspirantes, mercenarios y legitimadores...
¡Cuando ustedes se levanten contra la dictadura del proletariado los vamos a meter en cana!” nos decía una militante del Partido Obrero en una discusión, una promesa para la que contarán con su propia E.S.M.A.

A.G.


LAS MISMAS ACTITUDES...
...LAS MISMAS VERDADES
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Antes que nada nunca deberíamos olvidar los asesinatos de anarquistas por parte de cualquier sistema-dictadura-democracia autoritaria de cualquier posición, color o forma.
Luigi Fabbri en su folleto “¿Qué es la Anarquía?” dice:
A los que persisten en mentir para defender con ayuda de sofismas todo un mundo de crímenes e infamias, y se asombran de ver que se les oponen siempre las mismas razones, no podemos responder sino con las palabras del filosofo griego: "os obstináis siempre en los mismo errores, os repetimos siempre las mismas verdades".”

Las mismas verdades. La casta privilegiada compuesta por burgueses, políticos, patrones, etc., es la misma hace cientos de años que sostiene, a cualquier precio, este sistema infame y asesino llamado Gobierno.
Todos aquellos que estudien en el campo de la lucha, con un fin autoritario y jerárquico, terminarán, sin duda, siendo nuevos opresores y se enriquecerán chupando sangre de todo un pueblo, y claro; sin importarle ni la humanidad ni la tierra.
Eso para empezar a consolidarse un nuevo eje del poder, comienza su sustentación. Enfocando en la parte económica (producción-comercio), las elecciones (si es que no hay dictaduras de los proletarios o corrientes peligrosas), y la cárcel (si no existen los fusilamientos).
Más allá de Kirchner y los museos..., solamente en Buenos Aires se están reformando tres y construyendo ocho centros de exterminio en solución al más de 500 % de sobrepoblación en las cárceles, sin contar los miles que cumplen condenas de dos, tres o cuatro años en las comisarías. Sumado a este genocidio, existe una represión implacable “del servidor de la comunidad”.
El sistema económico se basa en sostener siempre la sociedad de consumo, trabajo- producción-tiempo libre-consumo. ¡Las riquezas siempre para los mismos privilegiados!.
Del otro lado de la explotación del hombre por el hombre, el hambre implacable sobre los niños y no tan niños.

Estas son algunas de nuestras verdades y nuestras afirmaciones son anárquicas.

El Partido Obrero dice: “Un gobierno nacional y popular autentico (y no de pacotilla), utilizaría a la E.S.M.A. como el lugar para interrogar ´hasta que canten´ a cada uno de los milicos de la dictadura y obtener de este modo la información del destino de esos archivos”.
El Movimiento Socialista de los Trabajadores (M.S.T.) en Izquierda Unida dice:
¡Cárcel a los genocidas y represores de ayer y hoy!”, “¡Basta de impunidad del FMI y los usureros privados!”.
El poder, establecido o creado por levantamiento armado, se consolida... establece reglas a cumplir al pie y no decir nada porque sino habrá interrogatorios “hasta que canten” para todos, como en el ´76. La verdad, digo que ¡SI!.
Claro que vendrá la cárcel para los genocidas que se atrevan a rebelarse contra su sistema de muerte. Miserables.... Infames. Y luego lo de siempre, si el FMI se llevara un poquito menos ya no sería impune ... y si los acreedores privados no fueran usureros; el capitalismo sería mejor... ¡NO!. Abramos los ojos, el capitalismo te mata... .
Imagino que la paz debe ser hermosa, lastima que no existe, no es un “hecho” social; no te lo creas, el hambre siembra caos. La represión genera respuestas.
El asunto del mal menor. Hablando claro y pronto, preferir a un gobernante porque es más progre (bueno) que el otro, preferir a Kirchner antes que a Menem es un factor determinante en la lucha por la Anarquía, como anarquista no quiero ni a uno ni al otro, deseo abolir el Estado y los núcleos autoritarios. No preferimos lo público sobre lo privado, deseamos la socialización de medios y riquezas Conformarnos con el mal menor es resignarse o peor es de una manera directa o indirecta ser cómplice y avalar la presencia del Estado.
La anarquía es para todos, las riquezas son para todos, los medios son de todos y la libertad es, también, para todos.
La sociedad anárquica es nuestro fin y nuestro medio es romper con lo establecido y abolirlo como hecho y como mentalidad, contra sus defensores y sus cómplices.

Juan Pablo


LOS ANARQUISTAS VOLVER

No profesamos ninguna ideología como credo de dogma y fe. Somos anarquistas, revolucionarios con una dirección marcada por ideas y proyectos que sacados de una reflexión presente y histórica son inevitables para la conquista de la libertad individual y de la organización social apoyada en está y proyectada hacia la comunidad. Vivimos en un presente y nos negamos a hipotecar nada para un futuro. Es por esto, que no adoramos el anarquismo, lo construimos por y para nosotros. Sin sacrificios, sin esperas. Sabemos perfectamente que en éste, nuestro camino elegido, nos encontraremos con traiciones, derrotas y sin sabores. Pero también sabemos que solo en este camino de lucha y combate sin cuartel encontraremos la satisfacción de ser uno mismo, de saborear la libertad en todo su salvaje amargor, chupando la vida, ese hermoso jugo y disfrutando del juego macabro de la liberta con compromiso.
Cuando decimos que no somos militantes de ninguna ideología estamos afirmando que no somos soldados ni curas. ¡Somos Anarquistas!, y para nosotros la anarquía no es más que la lucha por la liberación de la individualidad para un vez libre organizar la cotidianeidad arreglo a las exigencias y compromisos de cada cual. Para nosotros la anarquía es indiscutidamente confrontación, combate, insurrección. ¡Desde ya!, buscando siempre y haciendo ver la vulnerabilidad y las grietas del sistema de dominación.
No planteamos martirios o sacrificios (esos son otros), nosotros tan solo planteamos vivir en libertad y es por ello que cuando empezamos a hacerlo descubrimos plenamente la irracionalidad del sistema de dominación y sumisión en el que vivimos. Es entonces, cuando empezamos a comprender que vivir en libertad es luchar a muerte contra el capitalismo, pues es luchando contra el capitalismo en el único momento que afirmamos nuestra autonomía y fortalecemos nuestra libertad. Comprendemos que para ser libres hemos de destruir este presente podrido y combatir todas las fuerzas de la usurpación de nuestra autonomía. Es entonces que comprendemos que tenemos que actuar violentamente.
¡Tenemos que destruir este mundo de mierda, y avanzar continuamente, rabiosos e inflexibles hacia nuestra liberación!.
Los despojos sociales nacieron de la violencia más o menos solapada y combatir esta situación violentamente, es ejercer el derecho de contestar a la fuerza con la fuerza.

Poe


¿O QUÉ ESPERABAN? VOLVER

Una vez más, y como era de esperar, la alta burguesía no se va a aguantar poder llegar a ser un posible blanco de la inseguridad social. Para evitar cualquier tipo de desmán, tiene varios perros rabiosos, domesticados y listos para obedecer.
Para fortuna de unos ha surgido un nuevo personaje, otro perro rabioso muy popular en los medios audiovisuales de estas últimas semanas, que con un discurso fascista y alguna lágrima caída de sus ojos, ha logrado paradójicamente que los reacios de la clase media y una parte de la clase oprimida se unan por un reclamo de seguridad. ¿Seguridad? Que penoso... .
Se dice paradójicamente porque los reclamos de este personaje nefasto nada tienen que ver con lo que debería ser un verdadero reclamo de la clase oprimida. Este personaje solo vela por la seguridad de nuestros opresos, de nuestros verdugos y torturadores. Este es tan solo un títere, un representante civil, un ciudadano si se quiere decir, perfecto para cualquier tipo de gobierno, sea cual fuere.
Aprovechando esta paradoja, los representantes gubernamentales no ven la hora de sacar a la luz su Plan de Seguridad Social, Que obviamente significa mas cárceles y más represión a cualquier individuado que atente contra su máximo explotador o simplemente se niegue a obedecer.
Sabemos que la inseguridad es una realidad social de hoy que se va a seguir acrecentando, pero también sabemos cuales son la causas, sabemos que tanta miseria repartida por todos lados no podía llegar a otra cosa que a esto. Sabemos que ni la iglesia pacificadora, ni la izquierda antirrevolucionaria de todos los tiempos podrá contener la reacción de una clase oprimida desde siempre.
Si siembran tiranía cosecharan violencia, ¿o qué esperaban?.
Como postura anarquista nosotros “no pedimos nada”, no a ellos, sabemos que la única justicia social es la destrucción de todo este sistema y la creación de una sociedad de iguales, ni explotados ni explotadores.

Pototo


HACIA EL GRAN ASALTO VOLVER

Los periodos de mayor innovación tecnológica, como fue la llamada Revolución industrial o el período actual, se dan junto con un mayor acrecentamiento de la población, un costo de vida más elevado, mayor padecimiento de las clases bajas y un mayor enriquecimiento de las clases privilegiadas.
Fue durante el auge de la mecanización a vapor que el sufrimiento extendido en Europa causó la chispa que encendió la Revolución francesa. Fue también en esa época que en Inglaterra las condenas anuales por robo se elevaron en un 540 % entre 1805 y 1833; en los mismos años se condeno a la horca a 26.500 personas, la mayoría por robo de pequeñas sumas de dinero. Y fue también durante esos años que la policía y la cárcel se propagaron y consolidaron como instituciones encargadas de la represión social. Todo en un marco de progreso técnico y crecimiento económico que ostentaba y del que se jactaba la burguesía.
Así como, siglos antes, el capitalismo se había formado paralelamente a un proceso de escasez, cada vez más agudo, de tierras agrícolas y los campesinos expulsados y obligados a pasar de ser ciervos de un señor feudal a ser obreros de los burgueses en los centros urbanos, es hoy que la clase trabajadora está siendo reducida y expulsada de los centros de producción como resultado de la incorporación cada vez más acelerada de tecnologías para aumentar las ganancias de los dueños del capital. Para servir a esa ganancia mantienen a los que quedan, bajo amenaza de ser desplazados lo que prevalece es una posición conservadora enfrentada a los marginales e identificada con sus propios explotadores. Pero ante el avance predador de los poderosos, los estorbos y pérdidas continuarán siendo desplazados, como desplazaron a la máquina a vapor, como se deshacen de un engranaje caduco e innecesario; no por nada nos llaman “recursos humanos”.
Para la masa de los millares sumidos en la miseria y la subsistencia, afuera de los muros de sus barrios privados, quedan los basurales, alguna dadiva concedida bajo presión, algún placebo analgésico o un delincuencia creciente que comienza a amenazarlos. Contra estos están invirtiendo una magnitud de dinero, hasta ahora inédita, para financiar la represión social, avalada y reclamada por un sector de los mismos explotados.
Dentro de este panorama, localmente, el mecanismo de gobierno de separar y enfrentar a las organizaciones de desocupados más radicalizadas contra las moderadas y los transeúntes, para aislar y criminalizar a las primeras, se da paralelamente el mismo mecanismo entre quienes conservan su situación de asalariados y quienes delinquen. Y es este mecanismo, de señalar a quienes por desesperación o conciencia toman estas actitudes, el que es posibilitado y oxigenado por el discurso que le da una pretendida dignidad al salario, al igual que lo hace la postulación de “la ciudadanía sana”.
Aclaramos que entendemos a la delincuencia como el accionar como una parte de los oprimidos que atenta en forma de robo contra la propiedad, no la corrupción ilegal de los sectores del poder.
Repetimos que comprendemos el impulso de conservación ante una situación de acorralamiento como parte de la naturaleza humana en su necesidad de sobrevivir, pero cuando dicho reflejo pretende refugiarse, justificarse y sistematizarse en prebendas ideológicas lo que se impulsa es la conservación de la burguesía y su sistema.
Tal es el panorama actual, particularmente en esta región, donde la casta política se ha refortalecido en su función de representantes y gerentes de los capitalistas, luego de sufrir el rechazo social que culminó con los sucesos del 20 de diciembre del 2001. Y como luego de toda revuelta o insurrección que se apaga como consecuencia de la dinámica de sus propias limitaciones, lo que deviene es el rearme e intensificación de las estructuras de consenso y represión, la reconquista del “territorio perdido” y el avance sobre nuevos. Pero es esta misma intensificación, natural y necesaria, de la predación del Poder la que va a encontrar a su paso los futuros y crecientes descontentos, chispas de próximos estallidos.
Esta dinámica actual del capitalismo, global y totalitaria, es una continuación y expansión de los sectores del poder que en los últimos cinco o seis milenios han tenido bajo su dominio a las nueve décimas partes de todas las personas que vivieron, que lo hicieron como miembros de las clases serviles y oprimidas.
En la actualidad donde el 45 % de la riqueza mundial se encuentra acaparada por 250 familias, el resto de los miles de millones se desgarra en escalamientos y humillaciones, en las matanzas de guerras intestinas o en las de hambres y pestes, en la agonía de los condenados y sufrimientos sistematizados para sostener el orden del privilegio. Ante esto la salida que vemos y queremos es la apropiación por parte de los oprimidos de esas riquezas que una minoría acapara a costa del resto. Esa es nuestra finalidad, el inicio de la sociedad anarquista.

A.G.


EXCUSAS VOLVER
La mierda se recicla

Hoy la justicia está lamentablemente asociada al rol y a las funciones del Estado. Comúnmente, no se piensa en otra forma de justicia, como tampoco la vida sin un Estado.
El sistema capitalista avala la impunidad, le es funcional, especialmente por estos lados (aunque hoy es imposible pensar algún lugar sin capitalismo). Siempre fue útil acusar de los supuestos problemas “de todos” a un alguien determinado; los anarquistas, los trabajadores, los subversivos, los peronistas, los delincuentes, la “maldita policía”. El capitalismo se alimenta gracias (y no exclusivamente) de un chivo expiatorio, al cual es necesario perseguirlo, por ser el “mal de todos”. En esa persecución no deja de intervenir y regular para mantenerse. La violencia, es una (hay más) de las excusas que utilizan los Estados para controlar, para que todo siga igual, para mantener un orden y que nadie intente pensar en otra forma de vida, y consecuentemente otra justicia, otra economía, otra vida. El Estado es violencia.
Hoy grita en la plaza un “pobre” padre de un difunto niño bien; pobre iluso usado por un Gobierno (como podría ser por cualquier otro) que necesita excusas para controlar todo, llámese “delincuentes”, “piqueteros”, “subversivos”, etc. Sirve para avalar el control en la calle, más policía, más infiltrados y hasta el control “más fino” de la peligrosa “autónoma policía” (los picaneros del setenta) para “cambiar” y hacer valer que; “este gobierno no quiere malos policías”.
Este control, esas anteojeras del sistema capitalista en las que crecimos y hasta a veces creemos nos crean un mundo maniqueísta, en donde siempre hay héroes y malhechores. No hay buenos ni malos policías, hay policías. El capitalismo es, funciona, y su formula básica; un sistema social, un modo de vivir, basado en la explotación del hombre por el hombre. Incongruente con el mismo ser humano, pues si eso es lo que somos, tenemos que considerar al hombre y su bienestar como principio básico. El capitalismo es la negación del ser humano, más allá de la forma que adopte.
Siguiendo esto no podemos comprender buenos y malos gobernantes, sino gobiernos. No hay ni buenos, ni malos militantes, sino cuadros y partidos políticos. Organizaciones, estructuras, de millares de nombres, colores y tendencias que con sus supuestos matices no hacen otra cosa que ofrecernos la posibilidad de elegir entre A, B, o C, pero que jamás permitirían salir de “sus ofertas”. En el capitalismo no está permitido actuar de otra manera que la establecida y hacerlo es ser subversivo, contrarrevolucionario ú otra calificación desvalorizadora, consecuentemente perseguida.
El Estado, el Capitalismo hoy más que nunca está sembrando placebo. Los que hace 25 años “algo hicieron” y “terminaron como terminaron”, hoy son revalorizados a héroes por el gobierno. El mismo sistema que ayer los torturó y asesinó hoy levanta un “museo”, en el mismísimo lugar en que sucedieron los hechos. Esto es funcional al mismo sistema, pues sino no lo harían.
La historia sigue siendo la misma, la mierda se recicla. El vaivén peronista conquista a la izquierda para luego derechizarse, o se derechiza a la izquierda... ¿hay acaso alguna diferencia? ¿Acaso Trotsky, Hitler, Perón o Eisenhower no asesinaron de la misma manera? Todos fueron funcionales al sistema, y este sistema no es abstracto, tiene nombres y hombres; los capitalistas. Profesantes del máximo beneficio al menor costo, sin importar las consecuencias.
En cuanto se siga viendo “malo” o “bueno” y no el funcionamiento del sistema, que soporta ese vivir de unos pocos gracias al sufrimiento de muchos, mucho no va a cambiar la existencia, y hasta podríamos ser funcionales a esta lógica.

Ubérrimo


ENTRE COBARDES Y MISERABLES VOLVER

En la última “marcha” del 24 de marzo se suscitaron varios acontecimientos que particularmente me pusieron -como en otros actos de la vida- en una situación que cada vez más me pone más firme en mis ideas. Algunos fueron momentos de comicidad; porque cuando nombro a los cobardes me refiero a un dúo salidos de la academia de anarcobolches del AUCA, los cuales nos gritaron fachos, con qué motivo no sé, deberá ser porque varias veces por medio del periódico, volantes, etc. dejamos en claro que no nos interesa relacionarnos con gente que tergiversan las ideas anarquistas. Digo cobardes porque no fueron capaces de quedarse a dar la cara, cuando los fuimos a buscar para ver que pasaba ¨tiraron una bomba ninja¨ y desaparecieron como ratas. Aclaramos una vez más que si lo necesario para conseguir nuestra libertad es transar con cualquiera para agrupar gente, ya lo saben, nos negamos y más con ese tipo de gente (¡quieren gobierno al fin!).
La otra parte fue más un momento de bronca, eso me dan esos miserables “tomalista” y aprovechadores de las “corrientes piqueteras”. Al ver que para juntar mayoría en gente, llevaron a personas (casi todos con niños chicos y bebés en alza) que no tenían idea en dónde y porqué estaban; solo marchaban entre cohetes y silbatos para no tener ausente en la lista, esa para que les den la limosna que le dan al presenciar cada acto de ellos; vergonzoso, eso hacía Perón...

Titi


¡SABANDIJAS! VOLVER

Los primeros que suben al barco no son ni su capitán ni sus tripulantes; son los ratones; suben en el astillero. Y cuando la perra pare, los primeros a recibir el cachorro, o la cachorra, no son tampoco ni el amo ni el perro padre, sino las pulgas; saltan a ellos desde el suelo o desde su perra madre. Por sobre toda miseria o cualidad de sus vidas, prima en estas sabandijas la condición alevosa y madrugadora: siempre han de ser las primeras a prenderse, los primeros a embarcarse.
¡Sabandijas! Pero ahora no lo decimos, precisamente por ellos, los ratones y las pulgas, sino por otros, mujeres y hombres, que los emulan con idéntica presteza e igual cinismo: por la tanda intelectual, periodistas, dramaturgos y poetas; y la otra tanda: la histriónica de los actores y actrices. Las primeras y primeros a embarcarse y a prenderse en el malón militar.
Ellas y ellos: los primeros. Con decir que les ganaron de mano a los caudillos de comités y obreristas... ¡Ya es decir! ¿Quién los llamaba, y a qué? Nadie, ni nada de su oficio o de su arte. Condición suya, no más, advenediza y logrera. Condición de sabandijas.
¿Y ahora? Porque ahora, hasta los propios milicos están de acuerdo que el patacho les hace agua; que el can revienta. ¿Y ahora?
Ahora... Ahora tampoco les van a ganar de mano. Los primeros a embarcarse, las primeras a prenderse serán también las primeras y primeros que salten y que disparen. Ya están prontos. Ya hay que oírlos en corrillos de cafés, camarines y cenáculos: echan putas o hacen coñas, no sólo de coroneles y generales: de todo; de la armada y del ejército y de la aventura idiota.
Intelectuales; artistas; pulgas de perro; ratas de barco. ¡Sabandijas!

Rodolfo González Pacheco

Extraído de Carteles tomo II


SANGRE POR SANGRE VOLVER

El 30 de marzo del 2004 no era un día cualquiera para Eustaquio Icachulí Cullaca, minero boliviano desocupado. No era un día cualquiera como tampoco lo habían sido los días de los últimos meses. Después del último estallido insurreccional y una vez que todo volvió a su estado “natural” (es decir la explotación de una mayoría por una minoría) el gobierno quería sortear la crisis económica propiciada por sus propios planes recortando las pensiones y los subsidios a los explotados. Así era como miles de mineros, y en general de familias, se quedaban sin nada que echarse a la boca. Pero ese 30 era especial. Los mineros y las agrupaciones sindicales más combativas habían amenazado con que no se quedarían quietos viendo como un gobierno les llevaba a la muerte. ¡Y así es!
El 30 de marzo a las 14:45 Eustaquio penetra en un edificio anexo a la cámara de los diputados, ubicado a 50 metros de la presidencia de la República, con una idea clara. Si ellos eran los que ratificaban su sentencia de muerte, la suya y muchas más, él estaba dispuesto a ser escuchado y en todo caso a igualar a tabla rasa la sangre de unos con la sangre de otros.
Eustaquio fue interceptado en la entrada del edificio y se sabe que mantuvo una conversación con un alto cargo policial mientras por otro lado desalojaban el edificio. La negociación se rompió brutalmente al detonar una carga de dinamita adherida a su cuerpo, que no solo origino su muerte sino también la de dos oficiales de alta graduación (uno de ellos el encargado de la seguridad del Congreso) un cabo y diez heridos.
Esto fue lo que ocurrió, y nos querrán convencer de que es un acto aislado e irracional. Pero ni es un acto aislado ni es irracional. En un mundo donde la dominación y la miseria llegan a extremos insoportables, millones de personas de una manera u otra identifican a sus enemigos e intentan de una manera desesperada hacer justicia. ¿Irracional?, lo único irracional es su sistema de acumulación de capital que nos mantiene como esclavos o simplemente nos arroja a los sumideros periféricos como basura. Eustaquio no actuó por la razón, actuó porque tenia razones sobradas para hacerlo y es esto lo que queremos señalar.
Eustaquio identificó y nos señaló con su vida no tan solo a sus enemigos sino a los enemigos de toda la humanidad.
¡MUERTE AL ESTADO!
¡VIVA LA ANARQUIA!

Poe


UN INCONTROLADO DE LA COLUMNA DE HIERRO VOLVER

Soy un escapado de San Miguel de los Reyes, siniestro presidio que levantó la monarquía para enterrar en vida a los que, por no ser cobardes, no se sometieron nunca a las leyes infames que dictaron los poderosos contra los oprimidos. Allá me llevaron, como a tantos otros, por lavar una ofensa, por rebelarme contra las humillaciones de que era víctima un pueblo entero, por matar, en fin, a un cacique. Joven era, y joven soy, ya que ingresé en el presidio a los veintitrés años y he salido, porque los compañeros anarquistas abrieron las puertas, teniendo treinta y cuatro. ¡Once años sujeto al tormento de no ser hombre, de ser una cosa, de ser un número! Conmigo salieron muchos hombres, igualmente sufridos, igualmente dolorosos por los malos tratos recibidos desde el nacer. Unos, al pisar la calle, se fueron por el mundo; otros, nos agrupamos con nuestros libertadores, que nos trataron como amigos y nos quisieron como hermanos. Con éstos, poco a poco, formamos la "Columna de Hierro"; con éstos, a paso acelerado, asaltamos cuarteles y desarmamos a terribles guardias; con éstos, a empujones, echamos a los fascistas hasta las agujas de la sierra, en donde se encuentran. Acostumbrados a tomar lo que necesitamos, al empujar al fascista, le tomamos víveres y fusiles. Y nos alimentamos, durante un tiempo, de lo que nos ofrecían los campesinos, y nos armamos, sin que nadie nos hiciese el obsequio de un arma, con lo que a brazo partido, les quitamos a los insurrectos. El fusil que acaricio, el que me acompaña desde que abandoné el fatídico presidio, es mío, mío propio; se lo quité, como un hombre, al que lo tenía en sus manos, así como nuestros, propios, conquistados, son casi todos los que mis compañeros tienen en las suyas. Nadie o casi nadie nos atendió nunca.
El estupor burgués al abandonar el presidio, ha continuado siendo el estupor de todos, hasta estos momentos, y en lugar de atendernos, de ayudarnos, de auxiliarnos, se nos trató como a forajidos, se nos acusó de incontrolados, porque no sujetamos el ritmo de nuestro vivir que ansiábamos y ansiamos libre, a caprichos estúpidos de algunos que se han sentido, torpe y orgullosamente, amos de los hombres, al sentarse en un Ministerio o en un comité, y porque, por los pueblos por donde pasamos, después de haberle arrebatado su posesión al fascista, cambiamos el sistema de vida, aniquilando a los caciques feroces que intranquilizaron la vida de los campesinos, después de robarles, y poniendo la riqueza en manos de los únicos que supieron crearla: en manos de los trabajadores.
Nadie, puedo asegurarlo, nadie se puede haber portado con los desvalidos, con los necesitados, con los que toda la vida fueron robados y perseguidos, mejor que nosotros, los incontrolados, los forajidos, los escapados de presidio. Nadie, nadie -desafio que me lo prueben- ha sido más cariñoso y más servicial para con los niños, las mujeres y los ancianos; nadie, absolutamente nadie, puede tildar a esta Columna, que sola, sin auxilio y sí entorpeciéndola, ha estado desde el principio en la vanguardia, de insolidaria, de despótica, de blanda o de floja cuando de la lucha se trataba, o de desamorada con el campesino, o de no revolucionaria, ya que el arrojo y la valentía en el combate ha sido nuestra norma, la hidalguía con el vencido nuestra ley, la cordialidad con los hermanos nuestra divisa y la bondad y el respeto el marco en que se ha desenvuelto nuestra vida.
¿Por qué esta leyenda negra que se ha tejido a nuestro alrededor? ¿Por qué este afán insensato de desacreditarnos, si nuestro descrédito, que no es posible, sólo iría en perjuicio de la causa revolucionaria y de la misma guerra? Hay -nosotros, hombres del presidio, que hemos sufrido más que nadie en la tierra, lo sabemos-; hay, digo, en el ambiente, un aburguesamiento enorme. El burgués, de alma y de cuerpo, que es todo lo mediocre y servil, tiembla ante la idea de perder su sosiego, su cigarro puro y su café, sus toros, su teatro y su emputecimiento, y cuando olía algo de la Columna, de esta Columna de Hierro, puntal de la Revolución en estas tierras levantinas, o cuando sabía que la Columna anunciaba su viaje a Valencia, temblaba como un azogado pensando que los de la Columna iban a arrancarle de su vida regalona y miserable. Y el burgués -hay burgueses de muchas clases y en muchos sitios- tejía, sin parar, con los hilos de la calumnia, la leyenda negra con que nos ha obsequiado, porque al burgués, y únicamente al burgués, han podido y pueden perjudicar nuestras actividades, nuestras rebeldías, y estas ansias locamente incontenibles que llevamos en nuestro corazón de ser libres, como las águilas en las más altas cimas o como los leones en medio de las selvas. También los hermanos, los que sufrieron con nosotros en campos y talleres, los que fueron vilmente explotados por la burguesía, se hicieron eco de los miedos terribles de ésta y llegaron a creer, porque algunos interesados en ser jefes se lo dijeron, que nosotros, los hombres que luchábamos en la Columna de Hierro, éramos forajidos y desalmados, y un odio, que ha llegado muchas veces a la crueldad y al asesinato fanático, sembró nuestro camino de piedras para que no pudiéramos avanzar contra el fascismo.
Ciertas noches, en esas noches oscuras en que, arma al brazo y oído atento, trataba de penetrar en las profundidades de los campos y en los misterios de las cosas, no tuve más remedio que, como en una pesadilla, levantarme del parapeto, y no para desentumecer mis miembros, que son de acero porque están curtidos en el dolor, sino para empuñar con más rabia el arma, sintiendo ganas de disparar, no sólo contra el enemigo que estaba escondido a cien metros escasos de mí, sino contra el otro, contra el que no veía, contra el que se ocultaba a mi lado siéndome y aun llamándome compañero, mientras me vendía vilmente, ya que no hay venta más cobarde que la que de la traición se nutre. Y sentía ganas de llorar y de reir, y de correr por los campos gritando, y de atenazar gargantas entre mis dedos de hierro, como cuando rompí entre mis manos la del cacique inmundo, y de hacer saltar, hecho escombros, este mundo miserable en donde es difícil encontrar unos brazos amantes que sequen tu sudor y restañen la sangre de tus heridas cuando, cansado y herido vuelves de la batalla. ¡Cuántas noches, juntos los hombres, formando un racimo o un puñado, al comunicar a mis compañeros, los anarquistas, mis penas y dolores he hallado, allá, en la dureza de la sierra, frente al enemigo que acechaba, una voz amiga y unos brazos amantes que me han hecho volver a amar la vida! Y, entonces, todo lo sufrido, todo lo pasado, todos los horrores y tormentos que llagaron mi cuerpo, los tiraba al viento como si fueran de otras épocas, y me entregaba con alegría a sueños de ventura, viendo con la imaginación calenturienta un mundo como el que no había vivido, pero que deseaba; un mundo como no habíamos vivido los hombres pero que muchos habíamos soñado. Y el tiempo se me pasaba volando, y las fatigas no entraban en mi cuerpo, y redoblaba mi empuje, y me hacía temerario, y salía al amanecer en descubierta para descubrir al enemigo, y... todo por cambiar la vida; por imprimir otro ritmo a esta vida nuestra; porque los hombres, yo entre ellos, pudiéramos ser hermanos; porque la alegría, una vez siquiera, al brotar en nuestros pechos, brotase en la tierra; porque la Revolución, esta Revolución que ha sido el norte y el lema de la Columna de Hierro, pudiese ser, en tiempo no lejano, un hecho. Se esfumaban mis sueños como las nubecillas blancas que encima de nosotros pasaban por la sierra, y volvía a ver mis desencantos para volver, otra vez, por la noche, a mis alegrías. Y así, entre penas y alegrías, entre congojas y llantos, he pasado mi vida, vida alegre en medio del peligro, comparada con aquella vida turbia y miserable del turbio y mísero presidio.
Pero un día -era un día pardo y triste-, por las crestas de la sierra, como viento de nieve que corta las carnes, bajó una noticia: "Hay que militarizarse". Y entró en mis carnes como fino puñal la noticia, y sufrí, de antemano, las congojas de ahora Por las noches, en el parapeto, repetía la noticia: "Hay que militarizarse". A mi lado, velando mientras yo descansaba, aunque no dormía, estaba el delegado de mi grupo, que sería teniente, y tres pasos más acá, durmiendo en el suelo, reclinando su cabeza sobre un montón de bombas, yacía el delegado de mi centuria, que sería capitán o coronel. Yo... seguiría siendo yo, el hijo del campo, rebelde hasta morir. Ni quería, ni quiero cruces ni estrellas ni mandos. Soy como soy, un campesino que aprendió a leer en la cárcel, que ha visto de cerca el dolor y la muerte, que era anarquista sin saberlo y que ahora, sabiéndolo, soy más anarquista que ayer, cuando maté para ser libre. Ese día, aquel día que bajó de las crestas de la sierra, cual si fuese un viento frío que me cortase el alma, la noticia funesta, será memorable, como tantos otros en mi vida de dolor. Aquel día... ¡Bah! ¡Hay que militarizarse!
La vida enseña a los hombres más que todas las teorías, más que todos los libros. Los que quieran llevar a la práctica lo que han aprendido de otros al beberlo en los libros escritos, se equivocarán; los que lleven a los libros lo que han aprendido en las revueltas del camino de la vida, posiblemente hagan una obra maestra. La realidad y la ensoñación son cosas distintas. Soñar es bueno y bello, porque el sueño es, casi siempre, la anticipación de lo que ha de ser; pero lo sublime es hacer la vida bella, hacer de la vida, realmente, una obra hermosa. Yo he vivido la vida aceleradamente. No he saboreado la juventud, que, según he leído, es alegría, y dulzura, y bienestar. En el presidio sólo he conocido el dolor. Siendo joven por los años, soy un viejo por lo mucho que he vivido, por lo mucho que he llorado. Por lo mucho que he sufrido. Que en el presidio, casi nunca se ríe; en el presidio, para adentro o para afuera, siempre se llora. Leer un libro en una celda, apartado del contacto de los hombres, es soñar; leer el libro de la vida, cuando te lo presenta abierto por una página cualquiera el carcelero, que te insulta o simplemente te espía, es estar en contacto con la realidad. Cierto día leí, no sé dónde ni a quién, que no pudo tener el autor idea exacta de la redondez de la tierra hasta que la hubo recorrido, medido, palpado: descubierto. Parecióme ridícula tal pretensión; pero aquella frasecita se me quedó tan impresa, que alguna vez, en mis soliloquios obligados en la soledad de mi celda, pensé en ella. Hasta que un día, como si yo también descubriera algo maravilloso que antes estuvo oculto a los demás hombres, sentí la alegría de ser, para mí, el descubridor de la redondez de la tierra. Y aquel día, como el autor de la frase, recorrí, medí y palpé el planeta, haciéndose la luz en mi imaginación al "ver" a la Tierra rodando en los espacios sin fin, formando parte del concierto universal de los mundos. Lo mismo sucede con el dolor. Hay que pesarlo, medirlo, palparlo, gustarlo, comprenderlo, descubrirlo, para tener en la mente una idea clara de lo que es. A mi lado, tirando del carro en el que otros iban subidos, cantando y gozando, he tenido hombres que, como yo, oficiaban de mulas. Y no sufrían; y no rugían, por lo bajo, su protesta; y encontraban justo y lógico que aquéllos, como señores, fuesen los que les tirasen de las riendas y empuñasen el látigo, y hasta lógico y justo que el amo, de un trallazo, les cruzase la cara. Como animales lanzaban un ronquido, clavaban sus pezuñas en el suelo y arrancaban a galope. Después, ¡oh sarcasmo!, al desuncirlos, lamían, como perros esclavos, la mano que les azotó. Nadie que no haya sido humillado, y vejado, y escarnecido; nadie que no se haya sentido el ser más desgraciado de la tierra, a la vez que el ser más noble, y más bueno, y más humano, y que, al mismo tiempo y todo junto, cuando sentía su desgracia y se consideraba feliz y fuerte, sin aviso, sin motivo, por gana de hacerle daño, por humillarle, haya sentido sobre sus espaldas o sobre su rostro la mano helada de la bestia carcelera; nadie que no se haya visto arrastrado por lebreles a la celda de castigo, y allí, abofeteado y pisoteado, oír crujir sus huesos y oír correr su sangre hasta caer en el suelo como una mole; nadie que, después de sufrir el tormento por otros hombres, no haya sido capaz de sentir su impotencia, y maldecir por ello y blasfemar por ello, que era tanto como empezar a tener potencia otra vez; nadie que, al recibir el castigo y el ultraje, haya tenido conciencia de lo injusto del castigo y de lo infame del ultraje; y, al tenerla, haya hecho propósito de acabar con el privilegio que otorga a algunos la facultad de castigar y ultrajar; nadie, en fin, que, preso en la cárcel o preso en el mundo, haya comprendido la tragedia de las vidas de los hombres condenados a obedecer en silencio y ciegamente las órdenes recibidas, puede conocer la hondura del dolor, la amargura del dolor, la marca terrible que el dolor deja para siempre en los que bebieron, y palparon, y sintieron el dolor de callar y obedecer. ¡Desear hablar y conservarse mudo; desear cantar y enmudecer; desear reir y tener forzosamente que estrangular la risa en los labios; desear amar y ser condenado a nadar entre el cieno del odio! Yo estuve en el cuartel y allí aprendí a odiar. Yo he estado en el presidio, y allí, en medio del llorar y del sufrir, cosa rara, aprendí a amar, a amar intensamente. En el cuartel casi estuve a punto de perder mi personalidad, tanto era el rigor con que se me trataba, queriendo imponérseme una disciplina estúpida. En la cárcel, tras mucho luchar, recobré mi personalidad, siendo cada vez más rebelde a toda imposición. Allá aprendí a odiar, de cabo hacia arriba, todas las jerarquías; en la cárcel, en medio del más angustiante dolor, aprendí a querer a los desgraciados, mis hermanos, mientras conservaba puro y limpio el odio a las jerarquías mamado en el cuartel. Cárceles y cuarteles son una misma cosa: despotismo y libre expansión de la maldad de algunos y sufrimiento de todos. Ni el cuartel enseña cosa que no sea dañina a la salud corporal y mental, ni la cárcel corrige.
Con este criterio, con esta experiencia -experiencia adquirida, porque he bañado mi vida en el dolor-, cuando oí que, montañas abajo, venía rodando la orden de militarización, sentí por un momento que mi ser se desplomaba, porque vi claramente que moriría en mí el audaz guerrillero de la Revolución, para continuar viviendo el ser a quien en el cuartel y en la cárcel se podó de todo atributo personal, para caer nuevamente en la sima de la obediencia, en el sonambulismo animal a que conduce la disciplina del cuartel o de la cárcel, ya que ambos son iguales. Y, empuñando con rabia el fusil, desde el parapeto, mirando al enemigo y al "amigo", mirando a vanguardia y a retaguardia, lancé una maldición como aquellas que lanzaba cuando, rebelde, me conducían a la celda de castigo, y una lágrima hacia adentro, como aquéllas, que se me escaparon, sin ser vistas de nadie, al sentir mi impotencia. Y es que notaba que los fariseos, que desean hacer del mundo un cuartel y una cárcel, son los mismos, los mismos, los mismos que ayer, en las celdas de castigo, nos hicieron a los hombres -hombres- crujir los huesos. Cuarteles..., presidios..., vida indigna y miserable. No nos han comprendido, y por no poder comprendernos, no nos han querido. Hemos luchado -no son necesarias ahora falsas modestias, que a nada conducen-; hemos luchado, repito, como pocos. Nuestra línea de fuego ha sido siempre la primera, ya que en nuestro sector, desde el primer día hemos sido los únicos. Para nosotros jamás hubo un relevo ni..., lo que ha sido peor todavía, una palabra cariñosa. Unos y otros, fascistas y antifascistas, hasta -¡qué vergüenza hemos sentido!- los nuestros nos han tratado con despego. No nos han comprendido. O lo que es más trágico en medio de esta tragedia en que hemos vivido, quizá no nos hemos hecho comprender, ya que nosotros, por haber recibido sobre nuestros lomos todos los desprecios y rigores de los que fueron jerarcas en la vida, hemos querido vivir, aun en la guerra, una vida libertaria, y los demás, para su desgracia y la nuestra, han seguido uncidos al carro del Estado. Esta incomprensión, que nos ha producido dolores inmensos, cercó el camino de desdichas, y no solamente veían un peligro en nosotros los fascistas, a los que tratamos como se merecieron, sino los que se llaman antifascistas y gritan su antifascismo hasta enronquecer. Este odio que se tejió a nuestro alrededor, dio lugar a choques dolorosos, el mayor de los cuales, por lo canallesco, hace asomar a la boca el asco y llevar las manos a apretar el fusil, tuvo lugar en plena Valencia, al disparar contra nosotros "ciertos antifascistas rojos". Entonces..., ¡bah!..., entonces debimos haber acabado con lo que ahora está haciendo la contrarrevolución.
La Historia, que recoge lo bueno y lo malo que los hombres hacen, hablará un día. Y esa Historia dirá que la Columna de Hierro fue quizá la única en España que tuvo visión clara de lo que debió ser nuestra Revolución. Dirá también que fue la que más resistencia ofreció a la militarización. Y dirá, además, que, por resistirse, hubo momentos en que se la abandonó totalmente a su suerte, en pleno frente de batalla, como si seis mil hombres, aguerridos y dispuestos a triunfar o morir, debieran abandonarse al enemigo para ser devorados. ¡Cuántas y cuántas cosas dirá la Historia, y cuántas y cuántas y cuántas figuras, que se creen gloriosas, serán execradas y maldecidas! Nuestra resistencia a la militarización estaba fundada en lo que conocíamos de los militares. Nuestra resistencia actual se funda en lo que conocemos actualmente de los militares. El militar profesional ha formado, ahora y siempre, aquí y en Rusia, una casta. El es el que manda; a los demás no debe quedarnos más que la obligación de obedecer. El militar profesional odia con toda su fuerza a todo cuanto sea paisanaje, al que cree inferior. Yo he visto -yo miro siempre a los ojos de los hombres- temblar de rabia o de asco a un oficial cuando al dirigirme a él lo he tuteado, y conozco casos de ahora, de ahora mismo, en batallones que se llaman proletarios, en que la oficialidad, que ya se olvidó de su origen humilde, no puede permitir -para ello hay castigos terribles- que un miliciano les llame de tú. El ejército "proletario" no plantea disciplina, que podría ser, a lo sumo, respeto a las órdenes de guerra; plantea sumisión, obediencia ciega, anulación de la personalidad del hombre. Lo mismo, lo mismo que cuando, ayer, estuve en el cuartel. Lo mismo, lo mismo que cuando, más tarde, estuve en el presidio.
Nosotros, en las trincheras, vivíamos felices. Vimos caer a nuestro lado, es cierto, a los compañeros que con nosotros empezaron esta guerra; sabíamos, además, que en cualquier momento, una bala podía dejarnos tendidos en pleno campo -ésta es la recompensa que espera al revolucionario-; pero vivíamos felices. Cuando había comíamos; cuando escaseaban los víveres, ayunábamos. Y todos contentos. ¿Por qué? Porque ninguno era superior a ninguno. Todos amigos, todos compañeros, todos guerrilleros de la Revolución. El delegado de grupo o de centuria no nos era impuesto, sino elegido por nosotros, y no se sentía teniente o capitán, sino compañero. Los delegados de los Comités de la Columna no fueron jamás coroneles o generales, sino compañeros. Juntos comíamos, juntos peleábamos, juntos reíamos o maldecíamos. Nada ganamos durante un tiempo, nada ganaron ellos. Diez pesetas ganamos después nosotros, diez pesetas ganaban y ganan ellos. Lo único que aceptamos es su capacidad probada, por eso los elegimos; su valor, también probado, por eso también fueron nuestros delegados. No hay jerarquías, no hay superioridades, no hay órdenes severas; hay camaradería, bondad, compañerismo: vida alegre en medio de las desdichas de la guerra. Y así, con compañeros, imaginándose que se lucha por algo y para algo, da gusto la guerra y hasta se recibe con gusto la muerte. Pero cuando estás entre militares, en donde todo son órdenes y jerarquías; cuando ves en tus manos la triste soldada con la cual apenas puede mantenerse en retaguardia tu familia y ves que el teniente, el capitán, el comandante y el coronel cobran tres, cuatro, diez veces más que tú, aunque no tienen ni más empuje, ni más conocimiento, ni más valor que tú, la vida se te hace amarga, porque ves que eso no es Revolución, sino aprovechamiento, por unos pocos, de una situación desgraciada que va únicamente en perjuicio del pueblo.
No sé cómo viviremos ahora. No sé si podremos acostumbrarnos a recibir malas palabras del cabo, del sargento o del teniente. No sé si después de habernos sentido plenamente hombres, podremos sentirnos animales domésticos, que a esto conduce la disciplina y esto representa la militarización. No podremos ya, será totalmente imposible, aceptar despotismos y malos tratos, ya que se necesita ser muy poco hombre para tener un arma en la mano y aguantar mansamente el insulto; pero tenemos noticias que angustian, de compañeros que, al militarizarse, han vuelto a sentir, como losa de ploma, la pesantez de las órdenes que emanan de gente, muchas veces inepta y siempre desamorada. Creíamos que nos estábamos redimiendo, que nos estábamos salvando y estamos cayendo en lo mismo que combatimos; en el despotismo, en la castocracia, en el autoritarismo más brutal y absorbente. Pero el momento es grave. Cogidos -no sabemos por quien y si lo sabemos, nos lo callamos ahora-; cogidos, repito, en una trampa, debemos salir de ella, escaparnos de ella, lo mejor que podamos, pues de trampas está sembrado todo el campo.
Los militaristas, todos los militaristas -los hay furibundos en nuestro campo- nos han cercado. Ayer fuimos dueños de todo, hoy lo son ellos. El ejército popular, que no tiene de popular más que el hecho de formarlo el pueblo, y eso ocurrió siempre, no es del pueblo, es del Gobierno, y el Gobierno manda, y el Gobierno ordena. Al pueblo sólo se le permite obedecer y siempre se le exige obedecer. Cogidos entre las mallas militaristas, tenemos dos caminos a seguir: el primero nos lleva a disgregarnos los que hasta hoy somos compañeros de lucha, deshaciendo la Columna de Hierro; el segundo nos lleva a la militarización. La Columna, nuestra Columna, no debe deshacerse. La homogeneidad que siempre ha presentado, ha sido admirable -hablo solamente para nosotros, compañeros-; la camaradería entre nosotros quedará en la historia de la Revolución española como un ejemplo; la bravura demostrada en cien combates, podrá haber sido igualada en esta lucha de héroes, pero no superada. Desde el primer día fuimos amigos; más que amigos, compañeros; más que compañeros, hermanos. Disgregarnos, irnos, no volvernos a ver, no sentir, como hasta aquí, los impulsos de vencer y de luchar, es imposible. La Columna, esta Columna de Hierro que desde Valencia a Teruel ha hecho temblar a burgueses y fascistas, no debe deshacerse, sino seguir hasta el fin. ¿Quién puede decir que en la pelea, por estar militarizados, han sido más fuertes, más recios, más generosos para regar con su sangre los campos de batalla? Como hermanos que defienden una causa noble, hemos luchado; como hermanos que tienen los mismos ideales, hemos soñado en las trincheras; como hermanos que anhelan un mundo mejor, hemos empujado con nuestro coraje. ¿Deshacernos como un todo homogéneo? Nunca, compañeros. Mientras quedemos una centuria, a luchar; mientras quede uno solo de nosotros, a vencer. Será el mal menor, a pesar de ser un gran mal, el tener que aceptar, sin ser elegidos por nosotros, quienes nos ordenen. Pero... Ser una Columna o ser un Batallón es casi igual. Lo que no es igual es que no se nos respete. Si estamos juntos los mismos individuos que ahora estamos, ya formemos una columna o ya formemos un batallón, para nosotros ha de ser igual. En la lucha no necesitaremos quien nos aliente, en el descanso no tendremos quien nos prohiba descansar, porque no lo consentiremos. El cabo, el sargento, el teniente, el capitán, o son de los nuestros, en cuyo caso seremos todos compañeros, o son enemigos, en cuyo caso como a enemigos habrá que tratarlos. Columna o Batallón, para nosotros, si queremos, será igual. Nosotros, ayer, hoy y mañana, no necesitamos estímulos para combatir; nosotros, ayer hoy y mañana, seremos los guerrilleros de la Revolución. De nosotros mismos, de la cohesión que haya entre nosotros, depende nuestro desarrollo futuro. No nos imprimirá nadie un ritmo suyo; se lo imprimiremos nosotros, por tener personalidad propia, a los que estén a nuestro alrededor.
Tengamos en cuenta una cosa, compañeros. La lucha exige que no hurtemos nuestros brazos ni nuestro entusiasmo a la guerra. En una columna, la nuestra, o en un batallón, el nuestro; en una división o en un batallón que no sean nuestros, tenemos que luchar. Si deshacemos la Columna, si nos disgregamos, después, obligatoriamente movilizados, tendremos que ir, no con quien digamos, sino con quien se nos ordene. Y como no somos ni queremos ser animales domésticos, posiblemente chocáramos con quienes no debiéramos chocar: con los que, mal o bien, son nuestros aliados. La Revolución, nuestra Revolución, esta Revolución proletaria y anárquica, a la cual, desde los primeros días, hemos dado páginas de gloria, nos pide que no abandonemos las armas y que no abandonemos, tampoco, el núcleo compacto que hasta ahora hemos tenido formado, llámese éste como se llame: Columna, División o Batallón.

Un “Incontrolado de la Columna de Hierro

Marzo 1937

Más allá de las coincidencias con el compañero, debemos destacar que la militarización de las milicias en la España revolucionaria, fue un factor determinante en la reestructuración del Estado, y finalmente en el triunfo del franquismo.
Esto a su vez fue posibilitado por quienes postulaban una alianza entre anarquistas y autoritarios, lease políticos, estalinistas y burgueses antifascistas.

Grupo Editor


CRONOLOGÍA DE LA REVUELTA PERMANENTE EN ARGELIA VOLVER

8 de abril (Kabilia, Argelia) - El día de las elecciones nacionales, una huelga general paralizó por completo la ciudad de Tizi Ouzou. En las ciudades de Freha y Rafour, grupos de jóvenes destruyeron las urnas donde deben depositarse los votos, colocaron barricadas frente a los puntos donde debía acudirse a votar y lanzaron piedras a la policía que respondió con gases lacrimógenos.
En la ciudad de Genêts, nuevos grupos de jóvenes bloquearon la carretera con neumáticos ardiendo y todo tipo de material. En Azazga, fueron atacadas las urnas y se quemaron los votos.
Se lanzaron cócteles molotov y piedras a la policía en la ciudad de Akbou, la policía respondió con gases lacrimógenos.
Disturbios entre la policía y los jóvenes también tuvieron lugar en las ciudades de Sahadj, El-Asnam y El-Adjiba. Tan pronto como se hicieron públicos los resultados de las votaciones, los jóvenes se reunieron espontáneamente en las calles de Berbouche y le prendieron fuego a la sede del partido del presidente Bouteflika.
El Ministro del Interior declaró que 612 oficinas de voto fueron “arrasadas o se impidió su apertura”. La participación en la zona de la Kabilia fue de un 14%, aunque posiblemente este dato fuese aún menor, ya que las elecciones fueron boicoteadas.
Cuando las noticias sobre la re-elección del presidente Bouteflika llegaron a la capital, manifestaciones y concentraciones espontáneas contra la corrupción electoral fueron rápidamente reprimidas por la policía antidisturbios, utilizando para ello gases lacrimógenos.

18 de abril, Skikda (Argelia) - Cientos de jóvenes construyeron 13 barricadas durante una batalla campal contra la policía en protesta por la pobreza, la contaminación ambiental y el aumento en las tarifas del transporte público. “Diariamente pasamos frente al polígono industrial, respiramos sus humos, pero ni siquiera tenemos el derecho de trabajar aquí” declaró un joven.

19 de abril, Bordj Bou Arréridj (Argelia) - Jóvenes ocuparon el cabildo, expulsando a los funcionarios y cerrando el edificio. La ocupación del ayuntamiento es una muestra de la rabia generada entre otras cuestiones, por las penosas condiciones de las viviendas y la falta de ayudas estatales tras las inundaciones.

20 de abril (Kabylie, Argelia) - La huelga general y las manifestaciones marcaron el tercer aniversario de la insurrección Argelina. En Bouira, la gente gritaba “Poder - Asesino” y “Si quieres guerra, aquí estamos, no te tememos”. Miles de estudiantes, tanto hombres como mujeres, abandonaron sus clases y marcharon por las calles de Boumerdès. La Huelga General tuvo lugar en Tizi Ouzou, Fréha, Azazga, y Bouzeguène.
Hombres y mujeres estudiantes de la Universidad de Bouzaréah en Argel intentaron mantener manifestaciones de solidaridad, pero fueron rodeados por la policía antidisturbios y los cañones de agua a presión. Algunos estudiantes consiguieron romper las líneas policiales, pero los refuerzos policiales evitaron que pudieran tomar las calles.

22 de abril, Amizour (Argelia) - Miles de personas marcharon por las calles durante la Huelga General en honor a todas las personas que fueron asesinadas durante la insurrección de 2001.

24 de abril, Diar El-Baraka (Argelia) - Un gran número de familias se negaron a ser evacuadas de sus viviendas y realojadas en unas nuevas, y se defendieron con piedras y cócteles Molotov para resistir a la orden policial, que trataba de llevar a cabo el desalojo.
64 personas, entre policías y civiles, resultaron heridas durante los disturbios de más de 4 horas. Las familias establecieron puntos de control en todas las entradas de la ciudad y quemaron neumáticos formando barricadas. En una frase pintada en la pared podía leerse “Queremos viviendas decentes”. Los residentes han amenazado con cerrar a la fuerza la sede general del gobierno local.

Insurrectionary anarchists of the Coast Salish Territories
Traducción Palabras de Guerra


SENTENCIA DEFINITIVA DEL JUICIO MARINI VOLVER

Roma, 20 de abril de 2004
Son definitivas las condenas dictadas en febrero del año pasado por la Corte d’Assise d’Appello de Roma contra el grupo de anarquistas imputados por asociación subversiva con finalidad terrorista, banda armada, propaganda subversiva y delitos comunes.
El fiscal Antonio Marini empezó la investigación contra los grupos anarquistas pertenecientes a la “organización revolucionaria anárquica-insurreccional”, a los “grupos de afinidad” y a los núcleos de base, hace ya varios años.
- Orlando Campo: condenado a 10 años de cárcel.
- Rose Ann Scrocco: condenada a 30 años de cárcel, más otros 15.
- Angela Maria Lo Vecchio: condenada a 15 años de cárcel.
- Francesco Porcu: condenado a cadena perpetua, más el aislamiento diurno por 18 meses.
- Gregorian Garagin: condenado a 30 años, más otros 9.
- Alfredo Maria Bonanno: condenado a 6 años y 2.000 euros.


DETIENEN A UN ANARQUISTA ITALIANO POR EL ENVÍO DE PAQUETES BOMBA CONTRA PRODI VOLVER

La policía italiana detenido a un miembro de un grupo anarquista activo en la isla de Cerdeña y al que se relaciona con el envío el pasado mes de un a carta con cartuchos usados al presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi.
Luca Farris, de 25 años, fue arrestado a primera hora de ayer en su domicilio en Assemini (Cerdeña), por orden del Fiscal del departamento antiterrorista de Cagliari, Paolo de Angelis, según informaron fuentes policiales.
El joven pertenece al grupo denominado Anónima Sarda Anárquico Insurreccionalista (A.S.A.I.), que además de las amenazas enviadas a Prodi está considerado responsable de diversas acciones en Cerdeña, entre ellas varios atentados contra gasolineras ocurridos en las últimas semanas.

Extraído del diario El Mercantil Valenciano, 4 de febrero de 200

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