Nº 30
JULIO-AGOSTO 2004

ARTÍCULOS:


EL PRAGMATISMO PRÁCTICO VOLVER

El anarquismo no es una teoría, como pretenden ubicarlo los abanderados de la práctica, para sintetizar de ello una praxis; que es una forma filosófica y elegante de llamar a la política. Tampoco es una ciencia, como pretenden ubicarlo los intelectuales, para justificar con ello una profesión; que es una forma política de llegar al cargo de dirigente.
Diría que es una forma de ver y pararse frente a los hombres y las cosas, una actitud, un ética que, surgida de la rebelión ante la humillación, se conforma en ideología, tendencia de ideas y principios hacia un fin: la anarquía, su proyección social.
Es un ideal de revolución sostenido por individuos, ni quimera ni ilusión, porque se basa en algo concreto: en el saber lo que significa, y de lo que es capaz, el ser humano hecho del poder para imponerse a los otros y las consecuencias que eso genera; y en la creencia de lo que podrá ser desarrollado en libertad, en la sociedad comunista y anárquica que planteamos.
Para conquistarla necesitamos de la agitación y del proselitismo, propiciamos la militancia de los anarquistas. No negamos, como principio, la posibilidad de participación o abstención en ciertos conflictos sociales, lo que no hacemos es condicionar nuestras convicciones a la acción: ni hacemos caudal de la contemplación ni de la actividad.
En este plano da para pensar si la insistente exigencia de práctica hacia el anarquismo está dada, desde algunos grupos y posiciones, por la intención de desechar toda profundización que nos impida estar “firme junto al pueblo”. Esta es la bandera del plataformismo, el llamado socialismo libertario, con su Gobierno de los de Abajo y su Poder Popular: capacidad práctica, poder ejecutivo.
“¿Tomar o destruir el Estado? ¿Reformar o eliminar a la policía? ¡Nada de preocuparse por eso ahora! No confundamos a las masas, las disquisiciones son para después. ¡Es la hora de la práctica y más práctica!”
¿Qué papel nos tienen reservado estos pragmáticos? El de estúpidos sin ideal. “Eso sí, siempre luchando por... ¿ ? ¡Bah, luchando! ¡Qué tanto!”
¡Contra La Práctica hagamos algo!

A.G.


ARMEMOS NUESTRO DESEO VOLVER

Vivir constantemente bajo la pesadez impuesta, fría y sucia, como aquellos perros con amo, collar y cadena que diariamente han de renunciar a lo que realmente quieren, ya sea para que el amo esté contento con ellos o simple y llanamente porque éste les estira de la cadena y firmemente les pone en su lugar, es decir, el lugar que él les destina.
Las cadenas y los collares existen como también existe la actitud de perro dócil siempre atento a su amo. Acostumbrados desde bien pequeños y pronto cansados por los tirones, algunas veces suaves, pero la mayoría de las veces violentos, empezamos a vivir así, levantados sobre dos patas, viendo pasar uno tras otro días grises, meses pesados, años tristes y en definitiva vidas muertas.
Pero a pesar de todos los collares, cadenas, amos y condicionamientos sociales algunos seguimos teniendo mirada astuta, soñadora, salvaje. Seguimos mirando e imaginando en todas nuestras horas muertas lo que en esos momentos podríamos estar haciendo y esta ilusión, este sueño va cargando momento a momento todo nuestro odio y rabia hacia todos aquellos que nos impiden vivir plenamente.
El odio y la rabia fluye dentro de nosotros como resultado de nuestra sensibilidad, la sensibilidad que nos hace soñar es la misma que nos hace odiar y llorar y es la que nosotros, constantemente en nuestras relaciones cotidianas, frotamos e impulsamos a estar a flor de piel, siempre atenta para reconocer el momento más oportuno, para reír, para cantar, para jugar, para combatir y destruir momento a momento mordiendo y despedazando toda esta sociedad cárcel de vidas tristes y humillaciones constantes.
Unas de nuestras mejores armas, que no las únicas, como revolucionarios son dos: la sensibilidad y el deseo. La primera organiza nuestros pensamientos y percepciones bajo el universo mental de nuestra individualidad y la une a su alrededor sacando conciencia de todo aquello que no le gusta o que le gustaría potenciar. El deseo alimenta nuestra imaginación, nos hace formar y formular el futuro como algo posible para la vida.
Es gracias a la sensibilidad y al deseo que forman y complementan el odio y a la rabia, unido a nuestros valores anárquicos, que nos creemos totalmente capaces de vivir la vida y por lo tanto de combatir al Estado y a las fuerzas capitalistas con toda la potencia destructiva del ser que se siente libre, del que elige su camino y furiosamente mediante su vida rompe todas las cadenas, todas las correas alentando a todos aquellos que perdieron su capacidad de sentir y soñar a que la recuperen, a que saquen sus dientes, armen su deseo y con este arma indestructible ataquen hasta el final, con pasión y sin tregua hasta la desaparición total y absoluta del Poder y de todo aquello que lo sustenta.

Poe


RELIGIÓN, ESTADO Y MORALIDAD VOLVER

Tomar a la religión como forma de negocio, como generalmente es atacada, es no ver la causa principal que hace entre otras cosas que la religión sirva para lucrar. El poder de la iglesia no está ligado simplemente a una forma de lucro capitalista, tengamos en cuenta que a lo largo de toda su historia han pasado cientos de formas de explotación y la iglesia ha sabido perdurar y acomodarse a estas coyunturas. La religión esta ligada fundamentalmente con valores, costumbres y ritos que la terminan sobrepasando en cuanto a institución.
Nuestra lucha está dirigida a la religión como forma de relación de poder que ésta en sí genera y justifica. Justificadora de la explotación como castigo o mandato divino que debemos aceptar por que así lo dispuso Dios, aliado de elegidos en la tierra y la riqueza como señal de salvación.
El Estado, posee el monopolio de la coacción física; la iglesia, la coacción psíquica, ambos forman el poder, éste se internaliza y encuentra legitimación en los hombres, en nosotros queda por lo tanto el hecho de hacer que perdure o luchar por destruirlo, de nadie más depende.
Aquellos valores que la sociedad sustenta, son entonces los que el Estado defiende e impone, el Estado es en parte la cristalización de esa tiranía social, es su encauzamiento jurídico, esta relación pasa a ser dialéctica, si el Estado representa a la sociedad es porque existe la legitimación de la autoridad del Estado en ésta.
Hay que aclarar que esta “tiranía social a menudo aplastadora y funesta, no presenta (necesariamente) ese carácter de violencia imperativa, de despotismo legalizado y formal que distingue a la autoridad del estado” (Bakunin: Dios y el Estado)
Pero el Estado también reprime a aquellos que en forma consciente (los anarquistas) luchan contra éste, y contra los valores que representa, también reprime y encierra a los que por una u otra causa no se pueden adaptar a un sistema de valores determinado.
Para rebelarse contra esa influencia que la sociedad ejerce naturalmente contra él, el hombre debe rebelarse, al menos en parte contra sí mismo, porque con todas sus tendencias y aspiraciones (...) no es más que el producto de la sociedad” (Bakunin: Dios y el Estado)
Como anarquistas, partimos de dos imperativos que consideramos fundamentales para esta rebelión: a) la propaganda de nuestra ideología (que también es agitación) y, b) la activa lucha contra el Estado.
La primera busca romper con los valores imperantes, mediante cristalización de la opresión, la desmitificación de prácticas sociales que se tienen como incuestionables (propiedad privada, trabajo, religión, familia, etc.).
La segunda es la puesta en práctica de la primera, buscamos destruir porque tenemos una idea de lo que queremos, esto asegura que nuestra destrucción sea anárquica, y que no termine sirviendo simplemente para poner a otro déspota.
La una (propaganda), como la otra (guerra contra el Estado), se retroalimentan, y ninguna va necesariamente antes que la otra ya que la lucha puede ser en muchos casos la mejor propaganda (propaganda por el hecho).
Siendo una minoría somos conscientes o deberíamos serlo, de que esta conciencia práctica tiene un costo alto del cual debemos hacernos cargo, el sistema político, policial, jurídico, y los valores que estos encauzan mediante leyes, dificultan nuestra propaganda, la limitan.
Pero como Bakunin nos dice, ese poder moral de la sociedad (obviamente no estamos hablando del legal) puede ser generador de libertad: entendida como la posibilidad concreta del desarrollo de las potencialidades humanas; o de esclavitud: como legitimadora de la opresión a la que ella misma se somete.
Vemos entonces que toda sociedad, posee o crea en torno a sí una moral, que es la que termina dándole existencia a ésta.
Cabe preguntarnos aquí: ¿toda moral no pasa a ser con el tiempo retardadora o reaccionaria de los cambios que por la misma dinámica de la sociedad tienden a surgir?, ¿es posible por lo tanto una sociedad amoral?, teniendo en cuenta lo afirmado arriba, consideraríamos que no.
Entonces ¿cómo debería ser esa moral anárquica, que no se transforme en retardadora de la continua construcción social de la libertad?
La única respuesta que se me presenta ante esto, es la que Bakunin nos planteó, la constante rebelión o cuestionamiento de los valores imperantes, acordes a la dinámica social.
En conclusión, en la Anarquía ser más anarquistas que nunca.

Daniel - Sociedad de Resistencia


NECESIDAD VOLVER

Desde que poseemos nuestros sentidos, nuestra necesidad de evolución natural, “ellos” los inventores del control, esa minoría acaparadora de la producción y de los medios, de la riqueza y de la ciencia, establecieron los dogmas de privación a través de sus conquistas y centros ejemplificadores de valores sociales. Ellos, los inventores de este Sistema en el cual algunos más que otros permanecemos encadenados, rehenes de esta cárcel llamada Estado.
Nos encontramos como ha sucedido en los ciclos más remotos de la historia humana, ante el anhelo, el deseo urgente de libertad, en su mayor permanencia.
Nos urge desde nuestras individualidades esa instancia social de comunión y felicidad, casi como una obsesión inevitable, emanada desde nuestros corazones.
Entendemos y nos alimentamos en ese proceso de rebelarnos, de sublevarnos, de proyectarnos a cada instante genuino en nuestras vidas.
Muchos cobardes, acomodados y beneficiados dirán que primero debemos construir ese nuevo mundo que ansiamos, para así poder remplazarlo por el actual, cuestión que vemos imposible ya que entendemos que mientras esta minoría exista, existirán policías, ejércitos, propiedades privadas, y culturas y prácticas y “enseñanzas” de delación con la finalidad de continuar con este sistema, autoritario (rojo, verde, azul, blanco), democrático, liberal... y muchos más mecanismos, no permitirán (en su totalidad) un mundo autogestionado, en acción y dinamismo continuo, paralelo al actual. Como tal, el proceso que nos cabe a los insurgentes, a los revolucionarios, no es más ni menos que llevar adelante nuestras vidas accionando, practicando nuestros ideales, no puede hacerse esperar este sentir urgente de experiencias dinamizadoras, desde la comprensión racional, el fuego encendiendo nuestra lucha, esa que puede que sea larga, y está en nosotros acortar la distancia, ahora, en este instante.

¡Que viva la anarquía!

J.C.


¿QUE LA PENA DE MUERTE NO EXISTE? VOLVER

En el marco de la inseguridad el Estado realiza ciertas modificaciones en el código penal haciendo más “ágil” el juzgamiento y encarcelamiento delas personas vinculadas al delito.
Uno delos temas que mayor trascendencia tuvo y tiene es la famosa pena de muerte. Bien nombrada por un parte de la sociedad que teme por su seguridad. Más allá de que la misma no figure en los códigos penal, no queda bien en claro que sí existe. Para entender mejor a qué nos referimos analicemos un poco la vida social.
¿Qué decir a los familiares de las victimas de la desnutrición?. La negativa sustentación del capitalismo almacenando alimentos, si importar si alguien muere, ¿qué es sino pena de muerte?. Así encontramos cientos de casos.
Ahora bien, los condenados a cadena perpetua antes cumplían 25 años de secuestro en la cárceles argentinas. Hoy con el efecto Blumberg la cadena perpetua aumentó a 35 años. Imaginate, esto puede pasarte teniendo la mayoría de edad, a los 18 años, sumado a los 35 años de cárcel efectiva: sumamos 53 años. Primero, ¿35 años de cárcel no es pena de muerte? y ¿volver a la calle a los 53 de qué sirve si se entra a los 18?.
No pretendo analizar los motivos por los cuales se puede llegar a sufrir esta “muerte en vida”, dado que creo, como anarquista, después de analizar y analizar a esta sociedad policial, donde todo está en manos del Poder, hasta nuestras vidas, casi todo se convierte en perna de muerte, de una o en cuotas fijas.

Alemán


ÁCRATAS VOLVER
Una verdadera historia de Hollywood

Desde Uruguay, Los ácratas, según Virginia Martínez

La historia, basada en hechos reales, se centra en la figura del anarquista Miguel Arcángel Roscigno
Nacida en Uruguay, Virginia Martínez se acercó a la cinematografía luego de desempeñarse como profesora de historia. Fue docente de Realización Audiovisual y del Taller de Comunicación en la licenciatura de comunicación de la Universidad ORT, de Montevideo, y posteriormente se dedicó a la producción y a la dirección fílmica.
Tras varios exitosos intentos en el documental, realizó “Acratas”, que se estrenó el jueves último en el Cosmos y el Elevage. “Esta es una historia basada en hechos reales que se centra en la vida de Miguel Arcángel Roscigno, uno de los anarquistas que actuaron en el Río de la Plata en los años veinte y treinta. En aquellos años convivieron dentro del anarquismo tendencias enfrentadas, y Roscigno se transformó en una especie de leyenda urbana por su forma de violencia y sus ideales revolucionarios.”
-¿De qué manera estructuraste “Acratas” para llevarla al documental?
-Fue un largo trabajo de investigación que me demandó casi dos años. Conseguí fotografías y caricaturas de los principales diarios y revistas del Uruguay y de Buenos Aires, a lo que sumé escenas de noticieros de la época para, con todo este material, tomar como eje tres acontecimientos decisivos en la existencia de Roscigno: su asalto a una casa de cambios montevideana, en 1928, la fuga de la cárcel de Punta Carretas y el asesinato del comisario Luis Pardeiro, tenaz enemigo de Roscigno.
Virginia Martínez, que ya había dado cabales muestras de su pasión por el documental en “Por esos ojos”, realizada en 1998 y que se centraba en el secuestro y la desaparición de la niña uruguaya Mariana Zaffaroni, apunta respecto de “Acratas”: “Esta película me permitió redescubrir una parte muy poco conocida de los anarquistas que actuaron entre la Argentina y Uruguay, y me dio la oportunidad, además, de realizar un trabajo casi arqueológico sin apuntar a lo político ni a la justificación de los actos violentos de esos hombres en sus extremas existencias... Me propuse, y creo que lo logré, ilustrar acerca de episodios históricos muy poco difundidos y rastrear una parte olvidada de esos hechos que fueron en su época importantes noticias periodísticas, y que luego cayeron en el olvido”.
Este tipo de cine me fascina, y tuve la suerte de que mi obra se viese en muchos festivales internacionales. Acercarme a Buenos Aires con “Acratas” es una enorme felicidad que, posiblemente, me dé la oportunidad de pensar en coproducir documentales entre nuestros dos países”.

Adolfo C. Martínez

Claro...

Estos fragmentos de la nota aparecida en el diario La Nación el martes 25 de mayo en la sección Espectáculos es otro de los grandes ejemplos que nos dan los productores culturales. A éste se le podría sumar la obra de la vida de la compañera asesinada en Italia, escrita por el ilustre periodista Caparrós (ver ¡Libertad! N°28). Ejemplos que nos llenan de angustia, pues no hacen otra cosa que folklorizar el ideal anarquista, fosilizarlo como un pasado muerto y convertirlo en un espectáculo para posicionar a sus autores en el ranking de “investigadores sociales comprometidos con lo social”. Miseria de moral. La ilustre Virginia, historiadora, vuelve a confirmar que más de 150 años de ciencia social no hicieron otra cosa que brindarle herramientas a los explotadores para explotar mejor y contribuir a mantener la estupidización social. Tantas disciplinas que desembocan en marketing (como venderle mejor algo a alguien), como transformar todo en mercancía, como mercantilizar la vida y el espíritu y aumentar las ganancias. Cientistas sociales funcionales al sistema, camuflados bajo la bandera de la “ciencia social objetiva”, contribuyendo al status quo. Ni cabe pensar que si es para algo que sirve el conocimiento es para tratar de mejorar los problemas que el ser humano encuentra en su existencia, que rescatar historias, valores y relaciones de personas que han sido sepultadas bajo el “pasado del Estado” tienen que servir para actuar en el presente, en el que se encuentra la misma opresión camuflada por la coyunturas actuales.
Trabajo casi arqueológico”, nos dice Virginia, cuando el ideal anarquista es un ideal vivo, una posibilidad de actuar presente. “Sin apuntar a lo político”, como si la historia no tuviera un necesario componente ideológico.
Virginia se queda con la anécdota romántica, digna de Corín Tellado, la historia de “ponebombas” que menos mal que algún Estado se encargó de eliminarlos. Virginia no remarca que detrás de esos actos violentos había ideales, los que son mencionados en su documental como simples anécdotas complementarias. Lo que de fondo movilizaba a estos compañeros; la creación de otro mundo posible, de otra forma de vida son minimizados. Sin dejar de lado la presencia en el film del infaltable documentalista de los anarquistas, Osvaldo Bayer, quien aporta datos importantísimos, generalizando cualidades que los anarquistas deben tener, para luego construir un estereotipo de algo que no puede estar más alejado del ideal anarquista. Como si realmente importara que alguien que sostiene el ideal libertario fume o no.
Podríamos discutir sobre el accionar de Rosigno, calificarlo de valido o de errado, pero separarlos como hechos aislados, como un robo aquí, un asesinato allá, es dejar de lado las ideas que movieron a Rosigno, calificarlo como actor de una telenovela, es insultarlo.

Ubérrimo


AL SALTO O “A LOS SALTOS” VOLVER

Ante la furia de tempestades o fieras el hombre trepaba a lo alto de los árboles o corría a la oscuridad de una cueva. Impulso primario, elemental, como cachorro buscando protección en su madre o, ya perro, en la cucha. Se hacía de un resguardo, algo a lo que aferrarse, pero no tanto para saltar desde el árbol sobre la fiera o salir de la cueva armado de fuego, que son los momentos más plenos de su existencia, como cachorro saltando al mundo en el parto o, ya perro, mostrando sus colmillos; no tanto como para si hacer del refugio su vida, del miedo su ideal y de las ramas o paredes su libertad. Más fue hacer de la condición de sobrevivir una finalidad y se refugió en dioses y santos, en artes y artesanías, en banderas y camisetas. Y ahí se mantiene, como animal de costumbre, con costumbres de animal, reducido a comer, defecar, reproducirse y morir. Poco pero seguro. Es el mundito de lo permitido, comprado con el alquiler propio, donde se puede aprender a degustar la basura y a apreciar de sofisticados circos, con la condición de aportar piruetas y desechos.
Pero sabemos que el individuo no está aislado. Libre o esclavo es freno o potencia de los otros y de sí. Arranca o es arrancado por remolinos o mareas, retiene o empuja, con inercias, como imán, según la fuerza y convicción. El individuo no está aislado y repercute...
Y sabemos también que la furia de tempestades y fieras susurra, late o estalla en y desde cada hombre, susceptible de saltar del árbol o la cueva. La posibilidad de encontrar en un refugio al ser agazapado, presto al trueno y a la garra, es lo que buscamos.

A.G.


LA AUTOGESTIÓN EN EL ANARQUISMO VOLVER

La autogestión es entendida como un principio fundamental sobre el que se asienta el anarquismo, pero lejos está de ser un sinónimo. Ya que como autogestionaria puede entenderse un tipo de práctica no necesariamente anarquista. Por lo que diremos que la autogestión está incluída como parte fundamental de nuestra ideología, pero no hay que verlo a la inversa, la autogestión no incluye al anarquismo.
Ya que lo que le da contenido a esta práctica va a ser la ideología con la que ésta se aplique.
Por ejemplo, podría yo entender como autogestionaria a la forma de vida de los Menonitas, pero sin embargo esta forma de vida religiosa, lejos está de ser una experiencia de vida anarquista.
Pero este término nos sirve para definir a una experiencia libertaria en un momento no revolucionario. La apropiación social de un espacio que nosotros, como anarquistas, podamos hacer bajo un sistema opresivo dominante, la podemos definir como una experiencia autogestionaria, pero ésta es así porque es en principio anárquica.
De lo que se trata entonces es de anarquizar la autogestión, mediante la expropiación y la socialización de la riqueza productiva, ésta debe darse entre iguales, y también debe concretarse por los mismos interesados.
Las prácticas anarquistas y por lo tanto autogestionarias no deben ser vista como una opción, como una alternativa, no queremos una convivencia tranquila con el sistema, buscamos destruirlo, nuestro fin es el comunismo anárquico. Perder la finalidad, o convertir posibles medios, valiosos y rescatables, en fines en sí mismo sería transformarnos en una columna más del sistema, ya sea por error u omisión.
La anarquía, se encuentra estrechamente relacionada a principios que la constituyen como ideología, pero tomar cada uno de esos principios por separado es desvirtuar todo.
Más en estos tiempos donde “la idea y, sobre todo la palabra (autogestión) se ha difundido fuera del campo anarquista (...), se ha diluido y trivializado. Hoy hablan de <autogestión> socialdemócratas y eurocomunistas, demócratas cristianos y monárquicos”.
El riesgo que se busca evitar “aclarando los tantos” sobre este término, tiene que ver con esto que se viene dando de algunos sectores que se reivindican como anarquistas pero que quieren buscarle un “sentido positivo” a nuestra ideología, dejando de lado la “palabra” anarquista y pasar a darle uso a la definición “socialista libertario” o “autogestión” como sinónimo excluyente.
Cuando esa “palabra” en realidad nos define, nos da identidad, dice que queremos y como conseguirlo. Ausencia de gobierno, destrucción del orden constituido. Anarquía.

Daniel - Sociedad de Resistencia


¡ATENCIÓN! VOLVER

El actual gobierno del PJ y su súper “k” avanzan imparables en la consolidación de su golpe de Estado encubierto del 19 de diciembre del 2001. Ahora y solo ahora nos presentan a Menem como el demonio o el tirano malo que hecho al país por el vertedero, apuntando con las armas a los “pobres peronistas” que osaban cuestionarlo. Nos intentan despistar con enfrentamientos internos, mientras militarizan las calles, refuerzan la represión en todos los aspectos y siguen desplazando a empujones a grandes masas hacia la miseria y la delincuencia. Solución: más recortes, más similitud entre los barrios-villas y los centros penitenciarios. Sociedad cárcel de villas-guetos y zonas ricas. Para los ricos seguridad y muros altos, para los pobres fierros o cartones.
Gran jugada ésta la de los peronistas, por un lado se limpian y por otro cierran el círculo de su poder creando un verdadero Estado policial en el que la libertad es un chiste de mal gusto. Ante sus políticas y sus apretones de tuercas se genera una presión que busca escape y finalmente estalla. Estalla como a veces parece que ya está estallando en el interior. Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, San Luis, La Plata, Bariloche,... continuos motines en prisiones y los últimos ataques a comisarías, etc. El gobierno lo sabe y es por ello que mantiene una política de aislamiento social entre las distintas capas de desencantados con la situación. Los grupos de izquierda con su control militarista cierran el ciclo de la política gubernamental desencantando a unos y sometiendo a otros, es por esto que los últimos ataques a comisarías, a excepción de el de La Boca, sobrepasan los límites de los apaga fuegos profesionales y aunque espontáneos y por lo tanto efímeros, demuestran que la tensión social busca escape y los encuentra más allá de los cuadros políticos clásicos y funcionales al sistema. Mientras las calles se agitan pintan las broncas y los enfrentamientos con el poder y la cana, en Bs. As. no pasa nada, nadie reprime y todos transan, los líderes de los piqueteros duros, pobres imbéciles, manejan a sus masas como si de simples peleles se tratase y se los llevan allá donde la burguesía babea, asquerosa y llorona pidiendo más mano dura contra los hermanos de clase de los desocupados: los delincuentes.
Gritamos ¡atención!
Se avecina un invierno y una primavera que seguramente serán calientes. Los precios suben en la alimentación, el tema del gas no está nada claro, todos se pasan la pelota y nadie parece tener la culpa; que si no hay inversiones de las multinacionales, que si el gobierno no hace nada, que si Menem ¡ja! Lo que realmente está claro es que si sube el gas en Tucumán se quedaran más de 30.000 familias sin ingresos pues se suspenderán parte de las cosechas de limón y de caña de azúcar. En Córdoba amenazan despidos y los obreros tienen que ocupar las tomas de gas de las fábricas para que no vayan los técnicos a cortarlas... y así en más sitios.
¡ATENCION!, ¡Mucha atención! Estemos atentos, estemos pillos la mejor manera de romper el aislamiento social es la propia acción cotidiana acá en Bs. As. la crítica al Poder y al Estado pero también la crítica hacia aquellos aparatos que se dicen “revolucionarios” y lo único que hacen es apagar broncas, transar planes y vender luchas.
Atención porque todo se pudre a nuestro alrededor, Bolivia sigue en la calle, el cono sur bulle no nos paremos.

Poe


M.C.D VOLVER

Nosotros, los anarquistas, no creemos en Dios ni en las instituciones que lo proclaman.
¿Cómo podemos creer o adorar a un Dios, que, sabiendo nuestro destino (si éste es “malo”), no hace nada por modificarlo, siendo todopoderoso?. Despierten cristianos, ¿cómo pueden creer en un Señor que los abandona, que les pone “piedras en el camino”; que los obliga a despojarse de sus virtudes, porque sólo Él puede tenerlas?. Él es perfecto y acá en la tierra somos un montón de mierda pecadora.
¿Por qué, si el Padre es tan bueno, y todos somos iguales ante Él, no se nos reveló a todos, en vez de a unos pocos elegidos?; ¿será que no quiere que entremos a su paraíso?, pues ¿por qué deberíamos creer en lo que dice un imperfecto ser humano tan “pecador” como nosotros?.
O Dios es bueno pero no tiene todo el poder que se le atribuye, o dios es un sádico que se regodea viendo sufrir a sus súbditos, o Dios... no existe.
Desde que los apóstoles de Cristo se constituyeron en una institución, sus ansias de expansión dejaron de tener como motivo el amor entre los humanos, sino que, por el contrario, su razón pasó a ser la de dominar las conciencias de los hombres; y de ahí su buena relación con los poderosos y los Estados, además de que mantenían a sus fieles preocupados por los castigos divinos. Cómo se entienden sino las Cruzadas (guerra santa), la Santa Inquisición (con sus instrumentos de torturas), los silencios y aplausos en las matanzas por parte de los gobiernos hacia los pueblos y los varios etcéteras. Además, al constituirse el Estado del Vaticano, la Iglesia ha terminado de comprobar el vicio del poder; cualquier negocio o industria que se nos ocurra, tiene una inversión (y una ganancia) eclesiástica.
La Iglesia, ese peaje que deben pagar los cristianos para llegar al paraíso, se ha ido adaptando al crecimiento de la ciencia y la razón humana. Hasta llegar al punto de que la Sagrada Escritura entera es una metáfora, en que lo que importa es la “enseñanza”; cuando, en su momento (y aún hoy), se persiguió y mató a todo aquel que osara cuestionar estos relatos fantásticos. Tal vez, para alegría de las feministas, mientras el machismo siga disminuyendo, hasta pongan de Papa a una monja.
A los cristianos, actualmente, les provoca gracia oír de personas que dicen tener revelaciones divinas, teniendo ellos mismos como libro sagrado a la Biblia, justamente, un libro supuestamente escrito por hombres con estas mismas revelaciones. Ahí está la influencia de siglos que tiene la Iglesia Católica y que no tienen estas nuevas sectas evangélicas.
Desde nuestra postura rechazamos todas estas doctrinas, pues no ofrecen liberación, sino que además de justificar la miseria material al decirnos que nos despojemos de nuestras pertenencias, crea una represión a los placeres mentales y físicos. La idea del castigo eterno, es de lo más sádico que se pueda pensar, el condenar a una persona a los más crueles castigos sólo puede salir de personas profundamente pervertidas.
No pido milagros, sólo un poco de sensatez; no fe, esa confianza ciega en algo que no se puede demostrar. ¿Por qué creer, entonces, si toda su teoría está justificada con la nada y toda su práctica nos lo demuestra?.

Coco


EL SEÑOR TODO EL MUNDO VOLVER

Es inútil que busquemos fuera o dentro de nosotros, en los hechos o en las tácticas: no se encuentra otra salida a la sociedad presente que por la puerta ferrada de la revolución. Es el dilema. O pasamos por ahí o continuamos golpeando los muros con la cabeza.
Hemos llegado al momento en que lo único práctico es la utopía; todo los demás conduce a desalentar y desalentarnos. Ya veis las huelgas: por más que amplíen su radio, si no se acompañan de sangre y fuego, no preocupan ni a los burgueses. Éstos saben que el fin es la tratativa o el sometimiento tácito de los obreros. Resisten, capean el temporal y, en último caso, trabajan ellos.
Por su parte, los huelguistas van viendo, cada día más, que es un sacrificio sin porvenir que se les exige. Vencedores o vencidos, saben que el fondo real de las cosas no se mueve a favor suyo. Sienten, también, que como gimnasia está buen ya, que en vez de tonificarles les agota tanto ejercicio.
Va, pues, resultando estéril y retardada cualquier acción que no se enderece a un cambio fundamental de la sociedad presente. Sólo ella tiene el porvenir abierto, el camino firme y limpio de sorpresas, como una calle alumbrada hasta más allá de donde alcanza la vista. Las otras van a morir al cansancio y al pesimismo.
Es inútil que busquemos... El pueblo no quiere holgar ni oír discursos, sino batirse, hacer cuanto antes su guerra. Darle motivos heroicos, bases de una libertad definitiva y le veréis poniendo su fuerte puño y su planta audaz en los sitios de mayor peligro. ¡No va a regatear su sangre, no!.
Hemos llegado al momento en que lo sólo real es la utopía. Nadie de nosotros sabe cuándo ni de qué manera va a estallar la revolución social. Pero otra cosa sabemos: que no será decretada ni por los sindicatos ni por las federaciones. Éstos andan, hace tiempo, golpeando los muros con la cabeza.
La iniciativa va a corresponder a UNO. A uno que tiene más espíritu y más genio que Voltaire, según Bakunin. A el SEÑOR TODO EL MUNDO.

Rodolfo González Pacheco
Extraído de Carteles tomo 1


CRUELDAD CONTRA CRUELDAD VOLVER

Entendemos también por crueldad la presencia del capitalismo y el Estado, de la policía y de los críticos con el discurso del Poder. Como también la comparamos con las religiones de cualquier tendencia y procedencia, con sus conquistas y guerras, siempre fantaseando, siempre al lado del Poder.
Son una crueldad las actividades militares de conquista de los EE.UU., como sus cárceles y sus torturas, con sus fusiles y sus intereses capitalistas. ¿Qué esperaban?, la conquista y expansión son métodos del Poder, es su sustentación. Conquistas y expandir el orden social que los beneficie y así poder controlar todo, ¡todo!.
Los musulmanes, más allá de estar resistiendo a la conquista de EE.UU., están defendiendo “su” sometimiento religiosos y “su” gobierno. Esto al ser un hecho hacia la resistencia de “su” poderío religioso-político no los hace ajenos a la crueldad, el hecho de cortarle la cabeza a una persona, filmarlo y enviarlo al mundo por Internet, ¿qué es sino crueldad?.
Desde los anarquistas decimos que en nuestras ideas no caben ni religiones ni cárceles ni torturas, como tampoco Estados ni capitales. Planteamos todo lo contrario, la máxima expresión de libertad e igualdad que pueda existir, por la destrucción del hambre como hecho.

Alemán


MANIPULACIÓN MEDIÁTICA VOLVER

Rever las noticias, es de un modo ver lo que pasa con esta sociedad mundial enferma. Los medios nos informan de lo que ocurre, con el regalito pocas veces analizado de ser partidarios del sistema. Es más claro que el agua, ¿cómo no van a ser partidarios si son un institución del mismo?. Manipulan a favor del Poder y de la forma que más le convenga; para hacer quedar bien o mal, para crear opiniones policiales, para desinformarnos.
Lo que sucedió con este muchacho que fue decapitado puede ser algo realizado por los musulmanes, respondiendo con crueldad a la crueldad, o quizás por los servicios yanquis para lavarse un poco las manos de la crueldad y los tormentos a los que son sometidas las personas que pasan por las “cárceles para terroristas”. En fin, creo que la verdad no la tiene nadie, mucho menos sabremos si la información nos la arroja el sistema.

Alemán


SOCIEDAD DE EXTERMINIO VOLVER

Al comenzar es bueno dejar en claro que la cárcel no son solo los centros de exterminio. Esta sociedad es la cárcel. La determinan las leyes, los privilegios, la policía, las instituciones, los patrones y burgueses, la prensa, las fábricas y los talleres; la vida está regida vivazmente por todos los elementos funcionales, directa o indirectamente al sistema.
Rejas, cámaras, policías a rolete, seguridad privada, fuerzas armadas, mentalidades policiales. Todo está bien preparado para que la inteligencia del máximo opresor, el sistema (Capital y Estado), exprima a la humanidad y a los recursos naturales.
El direccionamiento de esta sociedad enferma está en manos de los burgueses y sus instituciones capitalistas, de este modo, con el sometimiento laboral y consumista, sólo se alimenta lo que ellos buscan. Todas las riquezas son para los burgueses.
Al consolidarse el sistema de dominación comienza, sin lugar a duda, a gestarse la miseria y la marginación. Los ricos cada vez más ricos y la pobreza se radicaliza ferozmente, implacable sobre la vida de miles de personas, condiciones de vida inhumana, enfermedades, hambre, discriminación, etc.
Del otro lado de ésta realidad asesina las grandes mansiones del consumo, supermercados con miles de kilos de comida amontonados, esperando ser ¿compradas? La ropa, en condiciones similares. Las riquezas producidas por la gente, sólo se vende, sin importar si se necesita.
Los burgueses son bien concientes de cómo funciona su sistema, ellos son sus ideólogos. También saben que la represión con la cual nos oprimen tiende a crear disidencias y respuestas. Así es como llegamos a la famosa causa: el delito.
El delito comienza cuando se nos priva, cuando la ley creada por los intereses de los burgueses, nos obliga a, por ejemplo: no tomar los alimentos que nos sean necesarios; a no tomar las tierras para hacer hogares o para trabajarla; a no realizar nada sin antes pagar por ello.
Si accedemos a ser disidentes nos espera una larga lista de formas de represión. Estas mismas son las que controlan y dominan los pasos de cada persona, no sólo para prevenir cualquier delito, sino para hacernos pagar por ello.
Así comienza la lista, policías, gendarmes y demás fuerzas represivas. Estos humanos (no tan) manejan el sistema de control, los medios ya no son sólo los clásicos operativos, patrullajes, la cuestión ya se profundiza más aún. En las calles cámaras que todo lo que ven lo graban las 24 horas. La tecnología represiva se desarrolló hasta tal punto que ya saben donde estás con un teléfono celular de mierda y hasta te escuchan con el mismo apagado, o desde un satélite te reconocen y fotografían.
Esto es ideado con el único fin de poder controlarlo todo, en especial reprimir la rebeldía de los que no aceptan el verdugueo y practican su plan “delictivo”. La culminación de la estrategia burguesa de control tiene dos caras. La primera y más conocida llamada cárcel, donde amontonan a hombres y mujeres a veces pobres y a veces no, donde intentan no solo extinguirlos, sino también, si es que tienen la suerte de salir, a dejarlos en algunos casos psicológicamente quebrados. Sin lugar a ninguna duda las cárceles son solo centros de exterminio. La segunda y última es la conocida bala. Los casos de brutalidad policial existen desde siempre y se radicalizan constantemente reflejados en los asesinatos en las villas de Buenos Aires. El sólo hecho de vivir en una villa es ser poseedor de una paliza, una verdugueada y una bala, sin importar absolutamente nada.

Alemán


LA EXPROPIACIÓN VOLVER

(...) Para la burguesía, ametrallar al pueblo es una acción con indudables resultados positivos; sólo necesita soldados a quienes confiar la ejecución; que sean franceses, alemanes o turcos, no importa, puesto que su ambición no es otra que mantener lo existente, prolongar el status quo, siquiera sea por unos años más; para ellos, la cuestión se reduce a una lucha armada. Para los trabajadores, el problema se presenta de muy distinto modo, puesto que lo que pretenden es modificar el orden de cosas existentes; por tanto, la cuestión no es tan odiosamente sencilla, sino, al contrario, vasta, inmensa. La lucha sangrienta, para la que debemos estar preparados igual que la burguesía, no es sin embargo para nosotros más que un incidente en la batalla que hemos de sostener con el capital. Aterrorizar a la burguesía para luego dejarla en la misma situación sería esterilizar nuestro esfuerzo; nuestra finalidad es mucho más amplia que matar, tiene una altura que la burguesía no puede concebir.
Para nosotros el problema es abolir la explotación del hombre por el hombre; poner fin a las iniquidades, a los vicios, a los crímenes, que resultan de la holganza de unos y la esclavitud económica, intelectual y moral de otros. El problema es inmenso, por consiguiente; pero puesto que así lo han legado los siglos pasados a nuestra generación y puesto que somos nosotros los que nos hallamos en la necesidad histórica de trabajar para resolverlo, debemos aceptar la tarea, cuya solución por otra parte nos viene dada también por la historia al mismo tiempo que el problema. Esta solución ha sido enunciada por todos los trabajadores del mundo y es el resumen del desarrollo económico e intelectual de nuestro siglo. Es la expropiación, es la anarquía.
Si la riqueza social queda entre las manos de los que actualmente la poseen; si la fábrica, el campo y el taller quedan en posesión de los que hoy son propietarios; si los ferrocarriles y los medios de transporte continúan siendo de las compañías e individuos que los han acaparado; si las viviendas urbanas y las casas de campo quedan en poder de sus actuales dueños; en vez de ponerlos la revolución a disposición de los trabajadores; si todos los tesoros acumulados en las bancas y casas particulares no revierten a la colectividad, puesto que todos han contribuido a su creación; si el pueblo sublevado no toma posesión de todos los utensilios y provisiones almacenados en las grandes ciudades y se organiza de modo que estén a disposición de todo el que lo necesite; si los latifundios no se arrancan a los terratenientes o a los usureros para ponerlos a disposición de todos los que quieran cultivarlos; si se constituye, en fin, nuevamente una clase de gobernantes que domine a los gobernados, la insurrección no será una revolución, habrá que comenzar nuevamente la obra, no se habrá hecho nada sino perder el tiempo. El obrero, después de sacudirse de encima un yugo, se verá uncido a otro igual, tendrá que sufrir el dolor del latigazo, el aguijón del amo, la arrogancia de sus jefes, los vicios y crímenes de los holgazanes, sin hablar del terror blanco, las deportaciones y ejecuciones, la danza desenfrenada de los asesinos sobre los cadáveres de los obreros.
¡Expropiación! He ahí el santo y seña que se impone para la próxima revolución, so pena de incumplir nuestra misión histórica. La expropiación completa de todos los medios de explotar a los demás seres humanos; la devolución a la comunidad de todo cuanto en manos de alguien pueda servir para explotar a otros. Lograr que todo el mundo pueda vivir trabajando libremente, sin verse forzado a vender su trabajo y su libertad a otros que acumulan las riquezas con el esfuerzo de sus esclavos, he ahí lo que debe hacer la próxima revolución.
Hace más de diez años que este programa, al menos en su parte económica, ha sido aceptado por todos los socialistas. Cuantos se llamaban socialistas así lo admitían sin reservas de ninguna especie. Desde entonces, son tantos los señores de la industria que han venido al campo socialista a asegurar su beneficio y han hecho tantos recortes en el programa, que actualmente sólo los anarquistas lo defienden en toda su integridad. Lo han mutilado, lo han llenado de frases huecas que se pueden interpretar a voluntad, según le plazca y convenga a cualquiera; lo han reducido de tal modo, no para complacer al obrero, el cual, si es socialista, lo es íntegramente, sino para convencer a la burguesía, que ya no sólo no tiene inconveniente en aceptarlo, sino que admite entre sus huestes a los sofisticadores del programa. La tarea, pues, de propagar la expropiación sin restricción de ninguna especie y en todas partes corresponde por completo a los anarquistas, y éstos no deben confiar a nadie tan sublime empresa.
Sería un error funesto creer que la idea de expropiación ha penetrado ya en la conciencia de todos los obreros y que es para ellos una de esas convicciones por las que se está dispuesto a sacrificar la vida. Muy lejos de esto. Existen todavía muchos millones de individuos que si han oído hablar alguna vez de expropiación ha sido por boca de los enemigos de la emancipación obrera. Además entre los mismos que la admiten son pocos los que la han examinado en sus diversos aspectos y detalles. Sabemos, es cierto, que la expropiación será durante el período revolucionario cuando hará más adeptos, durante ese período en que todo el mundo se interesará por la cosa pública, leerá, discutirá, obrará, y la idea, entonces más concreta y precisa, tendrá por sí sola bastante fuerza para arrastrar a las masas. Sabemos también que si durante la revolución no hubiera más que dos partidos en lucha, la burguesía y el pueblo, la expropiación sería aceptada en toda su integridad por este último en cuanto la propusiera alguien. Pero además de la burguesía hemos de contar con muchos otros enemigos de la revolución social. Todos los partidos bastardos que han surgido entre la burguesía y los socialistas revolucionarios; todos los que tienen metida hasta en la médula de los huesos la poquedad de espíritu, consecuencia necesaria del respeto que durante tantos siglos se ha tenido a la autoridad; todos los burgueses, en fin, que en el naufragio intentarán salvar parte de sus privilegios, a cambio de sacrificar otros -momentáneamente-, todos estos intentarán que el pueblo abandone la presa que antes constituía su riqueza. Habrá también miles de individuos que en tono sentencioso aconsejarán al pueblo que es preferible contentarse con poco a perderlo todo; otros que intentarán hacer perder el tiempo y distraer el empuje revolucionario en vanos ataques contra cosas fútiles y hombres insignificantes, en vez de atacar resueltamente a las instituciones; habrá quien querrá jugar a Saint-Just y a Robespierre, en vez de hacer como los campesinos de la Revolución: apoderarse de la riqueza social y ponerla inmediatamente a disposición del pueblo para que éste se aprovechase de ella.
Para evitar este peligro no hay por ahora más que un medio, y es el de trabajar incesantemente desde este momento para difundir la idea de expropiación por todas partes, con nuestros actos y nuestras palabras, que nuestras acciones se inspiren en nuestros principios; que la expropiación penetre hasta en los más oscuros rincones, que sea discutida en pueblos y aldeas, y venga a ser para obreros y campesinos una parte integrante de anarquía. Y sólo entonces podremos estar seguros de que el día de la revolución esta palabra estará en todos los labios y se levantará formidable, empujada por el pueblo entero, y la sangre proletaria no se habrá derramado estérilmente.
De ahí la idea que se abre paso entre los anarquistas de todos los países. El tiempo apremia, pero esto mismo nos dará nuevas fuerzas y nos hará redoblar nuestra actividad para llegar a este fin; sin esto, todos los esfuerzos y sacrificios del pueblo serían una vez más vanos.

Pedro Kropotkin

Extraído de Panfletos Revolucionarios.
Publicado originalmente en La Révolté, noviembre de 1882.


 ¿INSERCIÓN? VOLVER

Otro problema a tener en cuenta

Actualmente se viene escuchando y repitiendo el debate acerca del “fenómeno” de la delincuencia, un término totalmente erróneo, puesto que el delincuente no realiza ninguna acción extraordinaria así como tampoco es un animal monstruoso.
Esta realidad representa un grave problema para esta sociedad y para quienes quieren sostenerla.
Por lo tanto la información que manejamos habitualmente con referencia al tema es estudiada por psicólogos, psiquiatras, sociólogos, científicos al servicio de un modelo social asesino. Tanto es así que intentan darle valor científico a sus avances investigativos para determinar que los comportamientos violentos o delictivos son producto de una enfermedad hereditaria. Este tipo de teorías son hábilmente manejadas para instaurar una respuesta rápida y convincente sobre la población y justificar la respuesta delictiva o violenta del individuo.
Mientras tanto por un lado nos hablan de inserción como solución a la problemática social (a la población pasiva en el campo educacional y a la población activa en el campo laboral), y por otro lado el perfeccionamiento y endurecimiento de los métodos represivos, lo cual significa mas leyes y reacondicionamiento y construcción de nuevas cárceles y comisarías.
Nos quieren hacer creer que el problema se soluciona depurando a la policía y a los milicos, que es un problema de corrupción, nos quieren hacer creer que la inserción de los pibes va a lograr salvar a la mayoría, obviamente programando que para el resto que quede excluido de la inserción, y pueda ser un posible violento o delincuente, habrá un milico más humanizado y menos corrupto, y así desaparecerá el problema de la inseguridad gradualmente. Nos quieren hacer creer que ésta la única forma de organizar una sociedad y que hay que conservar y consolidar las instituciones, que es necesario delegar nuestros futuros en manos de unos pocos. Realmente esto resulta una subestimación y un insulto al razonamiento humano, pero lamentablemente es lo que han logrado inculcar mediante todas las herramientas burguesas.
Evidentemente todas las medidas que tome el Estado en cualquiera de sus formas no nos llevan más que a la autodestrucción y la muerte lenta, la muerte en el trabajo y en las calles.
Y es con esto con que nos tienen arraigados: con un salario para algunos privilegiados y con unas migajas para el resto, que se abalanza tal cual una paloma hambrienta aventajándose miserablemente a los demás para lograr llevar a su estómago la mayor cantidad de migas.
He aquí el ejemplo de las consecuencias del capitalismo, he aquí las causas del problema, esto es el capitalismo y es contra lo que combatimos, porque no me interesa un hermano, un hijo, un vecino, con la panza llena y un título de la facultad que se cage en todo, al igual que lo hicieron antes con él, para seguir alimentando y sosteniendo todo esto. Me interesa un hermano, un hijo, un vecino con la panza llena que reconozca y que sea conciente de que existe un sistema que a fuerza de represión, humillación y explotación se mantiene existente, y ante cualquier pequeño estallido social, tiene dos opciones que eliminarán el problema: insertar la revuelta o reprimirla, de acuerdo a los intereses que estén en juego.
Ante esta situación, como anarquistas que somos, no consideramos la migaja que quiera o no tirarnos el Estado, pues tenemos pretensiones mucho más grandes y hermosas que éstas, como es la libertad absoluta y la sociedad sin clases.

Pototo


ANARQUISMO Y LUCHA DE CLASES VOLVER

A fines de la Primera Guerra Mundial asistimos al desarrollo del Supergobierno. El capitalismo, al tratar de escapar de las consecuencias de la guerra, perdió su fachada liberal. En algunos casos tuvo que entregarse por completo al control estatal, enmascarado de comunismo -que sólo había abolido a la vieja clase dirigente para crear una nueva, basada no en el lucro sino en el privilegio-. En otros casos se inyectó con la misma droga, y el mundo de pesadilla del fascismo constituyó un viaje a la oscuridad. Los efectos secundarios de estas experiencias iban a elevar la apreciación de la forma anterior del capitalismo. No cabe duda, argumentaban muchos, de que la forma liberal y democrática de gobierno que el capitalismo solía asumir, cosa que ya no puede hacer, constituía un mal menor. El argumento suena hoy extrañamente arcaico, en esta época en que el desarrollo del Estado de Destrucción significa que tiene poca importancia que el liderazgo sea blando o brutal; que imponga sus decisiones mediante policías desarmados que dirigen las marchas de protesta lo largo de calles vacías, o saque a relucir contra ellos los tanques y las bombas de gas lacrimógeno. Los problemas de que hoy se trata son tan vitales para la continuación misma de la humanidad, que resulta insignificante el hecho de que los maníacos que tienen a su cargo nuestro destino lleguen al poder mediante clandestinos conciliábulos o abriéndose paso “a ráfagas de metralla”.
El Estado es evidentemente nuestro enemigo; si no lo destruimos primero, nos destruirá él a nosotros. No habrá más guerras nacionales en escala mundial o, por lo menos, no durarán mucho tiempo -los choques de un poderío insensato llevarán a la inmediata destrucción-. La línea de fuego del futuro nos enfrentará a nosotros y a ellos. ¿Quiénes son “ellos” y quiénes somos “nosotros”? Puede que resulte difícil dar una definición, aunque todos lo sentimos instintivamente. Ellos son la clase dominante, y los que están vinculados con el poder. Se espera que nosotros seamos los peones en el ajedrez de ese poder. Ellos constituyen la clase dominante, nosotros los sometidos. Ellos son los agresores, pero nuestras iniciativas para derrocarlos son condenadas como perturbadoras de la paz. Ellos son los conquistadores y nosotros los conquistados, y la dificultad con que tropezamos al tratar de hallar la definición es el resultado de que crezca el pasto en los campos de batalla. Siempre que nos conformemos, o tratemos de asimilarnos, ellos se contentan con dejarnos tranquilos; pero aun así, no pueden dejar al mundo tranquilo. Quienes están vinculados con el poder hacen sus propios planes para sobrevivir en el evento de una guerra nuclear. Pueden incluso soñar que existen otros mundos que ellos conquistarán. Para mantenernos tranquilos, discuten acerca de las diferencias existentes dentro de la sociedad, y hasta tal punto que a veces nos cuesta establecer dónde se produce la división. Este es el éxito que logran los medios de persuasión con los cuales, entre otros instrumentos opresivos, nos explotan.
Uno puede aislar un sector de la clase dirigente y atacarlo; pero esencialmente el enemigo del hombre es el medio por el cual éste es gobernado. Se trata de un instrumento impersonal, aunque se equipe con hombres reales. Hasta en época tan remota como la de los antiguos filósofos chinos se sostuvo que no cabía esperar que el hombre reverenciara aquello mediante lo cual se lo castigaba y que era el símbolo de su sometimiento (expectativa razonable que luego redujo a la nada la Iglesia cristiana). A ellos les resultaba axiomático que el hombre que se vendía al gobierno lo hacía por razones indignas. Un sabio invitado por el emperador a que lo ayudara a gobernar, pidió que le permitieran lavarse las orejas; otro sabio le advirtió que no dejara beber a su buey del agua en que se lavara las orejas que habían oído tal propuesta.
¿Cómo puede existir el antagonismo entre el hombre y una institución creada por éste? Porque aquella señala la división de los seres humanos en dominadores y dominados. ¿No es meramente el gobierno la administración de la sociedad? Sí, pero contra la voluntad de ésta. La sociedad es necesaria para unirnos; el Estado, que llega a existir para dominar, nos divide. ¿No están compuestos meramente los gobiernos por seres humanos, con todas sus fallas y virtudes? Sí, pero para oprimir a sus congéneres. La humanidad comenzó con el hecho del lenguaje; la sociedad comenzó con el arte de la conversación; el Estado comenzó con una orden.
El gobierno representa las cadenas impuestas a una sociedad; aun en su forma más libre, constituye meramente el punto más allá del cual no puede ir la libertad. El Estado es la preservación de las divisiones de clase, y si en ese carácter protege la propiedad, también lo hace para defender los intereses de una clase gobernante. Aunque esto pueda traer también como consecuencia la preservación de los derechos de los pequeños propietarios de la clase más baja, en todo caso contra ciertas incursiones, esto se hace sólo para fortalecer el respeto a la propiedad. En una sociedad en que el lucro no es el motivo, y la división de clases no determina la economía, el Estado defiende los intereses de la burocracia.
Aún las personas más interesadas en la preservación de una sociedad gubernamental -la burguesía propietaria- se ven obligadas a admitir que no llevan siempre la mejor parte. El ciudadano próspero, con toda la necesidad que naturalmente siente de que exista el gobierno en su faz represiva, es el que más se inclina a atacarlo cuando éste asume cualquier papel que no sea el de defender la propiedad o el de cohibir la actividad de la clase trabajadora. Dominado como está por el concepto de la reciprocidad comercial como principio ético, el pago de impuestos es uno de los compromisos que cumple con la menor disposición, y no percibe que sea deshonesto el fraude; en todos los demás aspectos de su actividad, inclusive en sus deudas de juego, ve la posibilidad de dar algo por algo, pero en lo que respecta al Estado, nada.
El Estado es un parásito que se nutre de la sociedad. Es inerradicable en una sociedad dividida en clases, pese a las esperanzas de los primeros filósofos capitalistas e individualistas liberales, porque la protección de las divisiones de la propiedad depende de la represión organizada. Una vez que alguna forma de represión organizada se hace más fuerte que cualquier forma existente de represión organizada, asumirá las funciones del Estado. Marx analizó la estructura del capitalismo en forma bastante clara como para percibir que cuando ya no existiera la necesidad de la división de clases, desaparecerían las instituciones represivas necesarias para el dominio de clase. Sin embargo, en los países comunistas puede verse cómo la conservación de otros órganos represivos del Estado ha significado que lejos de abolirse éste, se lo ha fortalecido. Se ha combinado en ese caso la naturaleza explotadora del capitalismo con la naturaleza represiva común del Estado, y éste llegó a ser más monstruoso que nunca.
El magnate petrolero norteamericano que recibe con desprecio cualquier forma de intervención estatal en su manera de dirigir el negocio -es decir, de explotar al hombre y a la naturaleza- es también capaz, en cierta medida, de “abolir al Estado”. Pero tiene que construir una máquina represiva por su propia cuenta (un ejército de comisarios que cuiden sus intereses) y asume en la medida en que le es posible aquellas funciones que normalmente ejerce el gobierno, excluyendo cualquier tendencia de este último que pudiera constituir un obstáculo para la prosecución de la riqueza que él persigue. El mundo subterráneo de la Cosa Nostra ha construido, particularmente en Sicilia y en los Estados Unidos, un Estado dentro del Estado. Dada la necesidad de protección contra esa amenaza que la Mafia misma representa, ésta ofrece una forma de pacto tan buena como la provista por el Estado. Si ella no existiera, no habría ninguna necesidad de protección. Si el Estado no existiera, tampoco surgiría la necesidad de restricciones legales. No se requerirían frenos constitucionales del poder, si el pueblo fuera libre.
En el surgimiento de una clase de gangsters, vemos la función del Estado en su forma más cruda. Comenzó “con el chasquido del látigo del capataz de esclavos”. Alcanza su punto más alto cuando se transforma no sólo en el contratista de policías para el conquistador sino en una clase, dominante por sí misma. En ese punto -y esto se proclama a veces como socialismo de tipo autoritario, aunque sólo se lo cubre con esa bandera y podría ser tanto el desarrollo lógico del capitalismo como del fascismo- los burócratas ocupan los ministerios y los contadores toman a su cargo la industria. El Estado se transforma no en un mero comité de la clase propietaria, ni siquiera en la expresión de una casta dictatorial, sino en una máquina que perpetúa el dominio por sí mismo y por el engrandecimiento de quienes la integran. Pero está en última instancia condenado. La concentración masiva del poder en una época científica significa que las decisiones de la vida y muerte universal están en manos de unas pocas personas, acostumbradas a asumir enormes responsabilidades sobre sí mismas. Esas personas no pueden imaginar que sus decisiones no sean correctas. Tienen en sus manos la capacidad de destruir la sociedad, y lo harán a menos que la sociedad destruya al Estado. Si el Estado prevalece, el mundo está condenado. Como el Estado es un parásito, no puede vivir después de haber matado al cuerpo que lo alimenta.
Como la Gran Pirámide, el Estado fue construido para el culto de la esclavitud y sobrevive para el culto de la muerte. Perdió toda responsabilidad para la humanidad; perdió la identidad con las personas individuales y representa un enemigo sin rostro. Pero no es el abuso de la autoridad estatal lo que ha provocado esto. Es el proceso natural por el cual se mantuvo, a través de los años, la división entre conquistados y conquistadores. La guerra civil está latente en todas las culturas impuestas. Las fuerzas de persuasión han confundido los rasgos de la lucha, pero sólo la concepción de la guerra de clases da sentido a los conflictos económicos dentro de la sociedad.
Ya no está de moda machacar con la distinción de clases. Al hablar, del cambio social se dice que la “clase trabajadora ya no existe”. Sólo cuando se planea una legislación destinada a reprimir lo que constituyen supuestamente las malas prácticas de una clase, más bien que las de otra; descubrimos que no es totalmente cierto que “ahora somos todos trabajadores”.
La lucha para la liberación de la propia clase y de sí mismo no se puede comparar con los conflictos entre naciones. Es función del Estado impersonal derrochar vidas en la guerra, o de una clase superior considerar que los seres humanos inferiores son materia que se puede gastar en un conflicto; así, cualquier guerra del Estado nacional debe ser en sí misma; por su naturaleza, una atrocidad. Éste no tiene por qué ser el caso en el proceso revolucionario destinado a destruir al Estado, a menos que una intolerable opresión haya hecho a la gente despiadada en lo que respecta a su propia vida y la haya determinado a tomar venganza (como en España en 1936). Quienes se consagran a la lucha en pro de una sociedad libre son habitualmente capaces, por esa misma razón, de apreciar cabalmente la situación de los demás. En todo caso, sus enemigos no son naciones enteras sino individuos.
No obstante, en comparación con otros conflictos, la liberación social es lo más difícil de lograr, pero sin ella la liberación nacional no es más que una acción diversiva, pues la lucha de clases implica no meramente la acción colectiva sino la ruptura de esas secuencias de eventos arraigados en nuestra sociedad en la forma de orden-y-obediencia. Cualquier forma de protesta social puede ser útil como intento de destruir esta secuencia, que va minando la sustancia vital de la humanidad y hace posible que los menos gobiernen a los más. Si el pueblo en general supera necesariamente a la minoría que comprende el Estado y sus fuerzas opresivas, ¿por qué se sometió tan dócilmente a éste? ¿Por qué hacen cola tranquilamente para recibir las órdenes de marchar a la guerra, o para pagar los impuestos o ser sentenciados a muerte o a trabajos forzados? La sociedad se sometió primero al látigo -a las fuerzas armadas en tiempos de conquista, reemplazadas en una sociedad estable por la fuerza policial (o en una sociedad menos estable por el ejército en función de policía)-. La fuerza policial constituye principalmente un método de represión política. Sólo en un nivel secundario es el medio por el cual, dentro del sistema legal, se institucionalizan los crímenes contra la sociedad legalizando a algunos de ellos y poniendo fuera de la ley a otros. La proscripción legal de algunos delitos es útil, por supuesto, si la gente ha perdido la iniciativa de reprimir la conducta antisocial por sí misma. Este es el aspecto del trabajo policial que se utiliza para justificar el todo. Aunque tiene en cierta medida un carácter inevitable dentro de una sociedad gobernada por el Estado, produce también un efecto atrofiante sobre la iniciativa del pueblo para enfrentar los delitos contra la sociedad, y alienta la delincuencia que pretende reprimir.
Puesto que a la larga el dominio debe basarse en el consentimiento, se agrega al mando mediante el látigo un aparato de mando mediante la persuasión, el lavado de cerebro, el condicionamiento mental y todo el proceso de la educación, y se llega así al punto en que el pueblo inglés, por ejemplo, podría aceptar inclusive la existencia de una Gestapo, siempre que ésta lo ayudara a encontrar los gatos perdidos y auxiliara a las viejas que cruzan la calle.
La verdadera educación comenzó con una perspectiva investigadora; la educación del Estado comenzó con un saludo de tipo militar. La redacción de un código de ética y moral adecuado para un pueblo servil y adaptado al sistema económico entonces corriente se confió originariamente al sacerdocio, y se erigió una iglesia sobre la necesidad de subordinar el misticismo al poder y de justificar las acciones de la clase gobernante. El proceso de persuasión es mucho más qué la educación que condiciona la mente para recibirlo, y recorre toda la gama de la mística nacional. La educación ha cesado hace mucho de ser el monopolio de la Iglesia, excepto en rincones aislados del mundo. En lugar de la organización religiosa al servicio del Estado, y transformada a veces en un Estado paralelo o incluso en dueña del Estado secular, se ha construido, en palpable imitación de los países totalitarios, un partido hegemónico a cargo de las verdades sagradas (económicas o sociales) que posibilitan el éxito del sistema. El sistema partidario del totalitarismo se aproxima al de la vieja Iglesia, pero no tiene ninguna diferencia con el múltiple proceso que ha recibido el mote de “Establishment” en países donde existe una diversificación de poder, y este último puede contener a muchos partidos e intereses en conflicto dentro de una sola “iglesia”.
La vieja Iglesia, y estas neoiglesias, pueden ser Estados dentro de Estados, superestados, incluso Estados supranacionales. Su reacción ante el Estado mismo, y su interacción recíproca, es la esencia de lo que pasa por política. Sus disputas pueden transformarse en tensiones y hasta en guerras. Estas guerras pueden incluso seguir a veces las líneas de la guerra de clases, que ha trazado su surco a través de la sociedad, pero no produce victorias o derrotas para la clase trabajadora, sino sólo desastres. Pueden impedirse las divisiones extemporáneas, tal como el dominio papal petrificó al Sacro Imperio Romano mucho tiempo después de su deceso. Países tales como España conservan aún, como dinosaurios en hielo, una aristocracia y una clase feudal que luchan contra el capitalismo invasor.
En forma similar, la moralidad judeocristiana fue preservada fuera de su época, aunque modificada adecuadamente para adaptarla al código penal o los hábitos comerciales. (Una notable excepción la constituye, por supuesto, el mandato a los hijos de la luz, de emular la práctica de la disposición fraudulenta mientras se hace de depositario. Lucas, 16. El juez de hoy que reverencia la Biblia, que ama el dinero tanto como cualquier fariseo, sería igualmente severo a este respecto -pero se trata, lamentan los eruditos, de un pasaje difícil de traducir-.) En general los teólogos se las han arreglado para reconciliar los preceptos morales de la Biblia con una sociedad que ultraja a la justicia natural y al decoro y los sustituye por las leyes de propiedad. Así, son capaces de invocar a la divinidad como autoridad idealizada, motivo por el cual dijo Bakunin que “si Dios no existiera, sería necesario destruirlo”.
El Estado nacional, que comenzó siendo una carga sobre la sociedad, se elevó por obra de las concepciones idealistas -que sostuvieron que deriva de Dios o, si no, de la necesidad-, y se trató de demostrar que las obligaciones respecto de él pertenecen “al orden natural de las cosas”. El culto del nacionalismo deriva de la necesidad de reforzar el sentido del deber hacia el Estado, tal como lo hace la religión establecida. El Estado nacional es idealizado por el nacionalismo, y se lo muestra bajo una luz favorable frente a los demás Estados nacionales. Este nacionalismo es un ideal inventado que complementa o sustituye a los ideales religiosos (o no religiosos; por ejemplo, el partido o el Establishment). Equivale a enmascarar la abstracción del Estado, que no suscita ni puede suscitar amor, mediante el concepto de la familia idealizada de la raza o la nación.
El sentimiento de superioridad que una raza podría experimentar respecto de otra por razones históricas o puramente ficticias, o la inferioridad que se experimenta (habitualmente por razones económicas), se confunden deliberadamente con la inclinación natural que todos tenemos hacia los pueblos o lugares que conocemos mejor. Se lo institucionaliza transformándolo en un culto, no meramente del nacionalismo sino de un Estado.
El nacionalismo es una emoción artificial. Trepa en torno del Estado como la hiedra, como un parásito sobre otro parásito. Si no dispone de un Estado en torno del cual pueda enroscarse, el nacionalismo se agosta; el lenguaje se transforma en dialecto y la nacionalidad en provincialismo, pues el nacionalismo es una criatura del poder. El racismo, no en su sentido periodístico habitual sino en el de las tradiciones folklóricas y étnicas de determinados pueblos, es una planta de crecimiento más difícil, y florece a menos que el Estado tome medidas positivas para erradicarlo.
Puesto que la creación de un Estado multirracial o supranacional lleva a la constitución de un imperio (superestado), ocurrirá contra él una reacción de indudable carácter progresista, sobre la base puramente idealista de la raza, la nación o la diferencia de religión. Tal reacción ayudará a debilitar el baluarte del Estado y quebrará la secuencia de orden-y-obediencia, pero será sólo progresista, a la vez que infructuosa. Se dice que la esperanza es un buen desayuno pero una magra cena. Otro tanto ocurre con la lucha por la independencia nacional. El nacionalista forma un nuevo Estado pero continúa con los viejos modos de explotación económica. Al obtener el consentimiento popular a las formas de dominio, el nuevo Estado legitimiza la opresión. Sin embargo, persiste a menudo el espíritu de rebelión, aunque el nacionalismo triunfante haya tomado su funesta trayectoria.
Todas las formas de explotación económica surgen de la división entre las clases Y del hecho de que se le robe al hombre el pleno valor de su trabajo. El sistema monetario no es una mera forma de intercambio ni es propiamente una ciencia, sino un fraude perpetuado por el Estado para legitimar la pobreza. La economía capitalista es una mística y no una ciencia. La ciencia llamada economía o economía política, escribió Herbert Read “es la desgracia de una civilización tecnológica. No ha logrado producir ninguna ciencia coherente de la producción, distribución y consumo de los bienes que proliferan a raíz de la producción mecánica. No ha podido darnos un medio internacional de intercambio exento de las fluctuaciones y desastres del patrón oro. Está dividida por la tumultuosa acción de sectas rivales y dogmas irreconciliables, que sólo pueden compararse con las ociosas discusiones de los escolásticos en la Edad Media”.
Despojada de sus elementos esenciales básicos y desnudada de sus ideales -”tenemos otra palabra para reemplazar a los ideales: mentiras”, dijo Ibsen-, la economía política es una apología de la guerra civil, en la cual una clase tiene el poder económico y político y la otra está sometida. Si esta última se rebela, debe luchar. Puesto que se ha sometido y sufrió un procesamiento mental en el plano colectivo e individual, se produce cierta confusión en la línea divisoria y se concede una cláusula de escape mediante la cual algunos individuos pueden atravesar ocasionalmente las barreras de clase y ser aceptados del otro lado. Por ende, se distorsiona el deseo natural de automejoramiento y se nos induce a creer que la posición que alguien ocupa en la sociedad constituye la prueba de sus capacidades, más bien que del valor que tiene como explotador o de la mera buena suerte.
Las personas de espíritu conservador temen la división y la consideran equivalente a las luchas fratricidas del Estado nacional, más bien que a la tarea multisecular de tratar de liberarse de las instituciones opresoras. Durante siglos los pueblos ensayaron la resistencia no violenta -o “insolencia muda”, como la llamó el ejército-. (La participación entusiasta lograda mediante manipuleos es un invento moderno, aunque estaba implícita en el “pan y circo” de la antigua Roma.) Pero no basta la resistencia no violenta. No tiene ningún efecto duradero, aunque se transforme en resistencia armada. Un liberal con un revólver sigue siendo sólo un liberal. La resistencia es un comienzo, pero no es suficiente. Todo lo que logra es quebrar la secuencia de orden-y-obediencia. Pero la resistencia sólo llega a ser efectiva cuando lleva al quebrantamiento de la autoridad, que temen los autoritarios, y que se confunde deliberadamente con el quebrantamiento de todo orden.
Éste es el supuesto -es decir, que el dominio de la ley impide el desorden- que cuestiona el libertario revolucionario, y ese es el motivo por el cual se lo estigmatiza con el nombre de anarquista. El anarquista cree que la ausencia de gobierno (anarquía) equivale a la libertad. El no anarquista supone que la ausencia de gobierno lleva a innumerables desórdenes que se vinculan normalmente con la debilidad o división del gobierno, situación en la cual ocurren los mismos males que en el caso de un gobierno fuerte, pero falta la restricción unificada.
El anarquismo revolucionario no es algo distinto de la lucha de la clase trabajadora. Al definir un movimiento laboral, no vemos ninguna libertad donde haya explotación y ningún socialismo donde falte la libertad. Estamos en favor de la igualdad sin burocracia, y de una victorea de las masas sin que exista una facción dominante, vieja o nueva. .
Los miembros de espíritu generoso de la generación más joven de la burguesía se inclinan aparentemente más a estar con nosotros que contra nosotros; pueden ejercer su derecho de apartarse de la estirpe de las ratas y renunciar a sus privilegios de nacimiento o a la riqueza vinculada con éste. Nosotros no teníamos por nuestra parte nada a que renunciar, excepto las ilusiones del deber con que se ha aherrojado al hombre.
Si ahora tenemos un poco más que perder que las meras cadenas, tanta mayor razón para asegurarnos la victoria. Si la clase dominante considera necesario volver a conquistar a sus súbditos (como en España), nos quitaría incluso ese poco que tenemos.

Extraído de Anarquismo y lucha de clases, Albert Meltzer y Stuart Christie,
Editorial Proyección.


BIS DE LA FINALIDAD VOLVER

Aquellos que debe inundar, bañar totalmente nuestro pensamiento, es la finalidad. Nuestra pluma debe mojarse en la tinta de la finalidad. Nuestras menores ideas, consideraciones, reflexiones, deben ostentar el empavonado de la finalidad. Esta pátina, a la vez nervio y razón de todo -identidad de fondo y superficie- debe estar en todas las cosas nuestras. Sin nuestra finalidad, diferente de todas las otras, en ninguna cosa pensaríamos distintamente. No tendríamos idea original ninguna. Reproduciríamos el pensamiento de los socialistas, de los patriotas, de los burgueses, de esos otros socialistas de redoblete llamados sindicalistas. Seríamos secundarios e impropios, como una repetición en tono bajo y menos; seríamos la voz gangosa del sacristán que va diciendo “amén” a las apalabras de cura... .
Los socialistas: tenemos este pensamiento sobre tal cosa; los anarquistas: amén. Los sindicalistas: tal es el motivo de la unión o solidaridad obrera; los anarquistas: amén... Eso sería nuestro anarquismo. Mientras tanto no somos así -ni socialistas ni sindicalistas de redoblete- porque tenemos nuestra finalidad.
Nuestra finalidad es anarquista: he ahí una razón de tener ideas originales y propias para todo; criterio libertario, ideas anarquistas. En todo esto muéstrase la pluma mojada en la tinta de la finalidad. Existimos por la finalidad. No nos es grata otra cosa -y hasta urgente, premiosa- que explicar, hacer conocer esta finalidad; seguidamente, que poner de acuerdo con ella nuestro criterio para las cosas “actuales”. Estas cosas actuales son para nosotros un motivo de examinarlas a la luz de magnesio de la finalidad; por nuestra finalidad tienen un valor en que los anarquistas estamos de acuerdo, y que no es el socialista ni el sindicalista. Repetimos: no somos el redoblete de nadie; el modo original de pensar de los anarquistas ha de venir a buscarse en nosotros. Por eso somos una columna y un cartel: la columna de nuestro esfuerzo y el cartel de nuestras ideas. Lo saben los burgueses, los saben los proletarios y lo saben todos.
Con el cartel de la finalidad siempre delante, a la vista, marchemos. Sea nuestro recordatorio en todos lo momentos, el motivo mismo de hacernos amar o estimar del pueblo. ¿Por qué cosa existen y valen los anarquistas? Por su finalidad: el Comunismo Anárquico. ¿Impone esto diferencia para pensar, para encarar con otro criterio las mismas cosas actuales? Sí, impone. Luego, en las páginas de los anarquistas debe de verse. Ellos no han de escribir sino mojando su pluma en la tinta de la finalidad. Algo todo de ella es siempre lo más interesante para el que quiere reflexionar, para el que quiere comprender. ¿Qué haríamos sí diéramos sólo el redoblete del socialismo, el redoblete del sindicalismo?
El anarquismo contiene un pensamiento propio sobre todas las cuestiones; sólo que no hay que dejarse ilusionar por redobletes que acaso ya corren y han obtenido algún éxito, sino buscar el acuerdo con la finalidad. Siempre se vendrá a para a esto; es también en lo que cabe el pensamiento de absoluta sinceridad, de sinceridad anarquista. No importa que choque, que ante él quieran levantarse, usurpándole el puesto, algunos redobletes retardatorios, que son el capital inservible de los que no piensan por sí mismos y tienen en la cartera tantos redobletes como serían necesarios verdaderos pensamientos anarquistas; no importa esta rutina: la finalidad hace triunfar por sí misma sus pensamientos; no puede negarse lo que está de acuerdo con la finalidad; los redobletes no hace nada... .
¡La finalidad, la finalidad, pues!.

Teodoro Antilli
Extraído de ¡Salud a la Anarquía!

EL CAMPO DEL FINALISMO

¿Qué es lo que se quiere recuperar? ¿La situación de explotación que mejor sirvió a los poderosos en un momento dado? ¿o la Organización que surgió como respuesta a esa situación?
¿Plantearíamos una lucha con finalidad social basándonos exclusivamente en el campesinado, clase que, en su momento, soportó toda o casi toda la explotación del hombre por el hombre? ¿o hablaríamos del “campesino obrerizado” y pelearíamos contra el salario reclamando horas de servidumbre? ¡¿Por servidumbre digna y genuina?!
Recuperemos la lucha por el comunismo anárquico, “volvamos a las fuentes”, contra la fuente de explotación: los opresores.

A.G.


CORTES DE CALLES CONTRA LAS ELECCIONES EN URUGUAY VOLVER

Los cortes de calle salvajes, se contagian y se propagan por doquier.
Domingo 27 de junio por la mañana grupos anticapitalistas cortamos las avenidas Agraciada y 8 de octubre. Se quemaron gomas y se distribuyeron volantes contra las elecciones y contra el aniversario del golpe de estado. El Estado continúa torturando, encarcelando, matando hoy igual que hace 31 años.
La lucha contra la injusticia sigue siendo vigente aunque algunos quieran convencernos de que son tiempos de cambio. No queríamos que esta fecha pasara como si nada en el medio del circo electoral que los payasos nos someten cada cinco años. El silencio es complicidad, actúa!
Los cortes salieron según lo planificado. Las personas que pasaron por la calle leyeron los volantes y se pudo llamar la atención sobre el mensaje que queríamos emitir. La intención fue cumplida. Sabemos también que algunos medios masivos de des-información hablaron de la actividad pero la verdad todavía no sabemos bien que hayan dicho, pero nada bueno se puede esperar de ellos.
Es un año de atomización politiquera, nos quieren hacer creer que la lucha pasa por las urnas, que debemos ser buenos y cívicos. Sin transas, sin concesiones la lucha continúa.

¡Nuestros sueños no caben en sus urnas!
Salud y R.S.

Extraído de Palabras de Guerra

INDAGAN A ORGANIZACIÓN ANARQUISTA

La Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) procura identificar a los integrantes de una agrupación anarquista que el domingo hizo dos actos relámpagos de protesta y arrojó volantes condenando a la democracia. “Se dispuso que Inteligencia indagara porque demostraron una filosofía violentista”, dijo el ministro del Interior, Daniel Borrelli.
Se estima que es un grupo compuesto por no más de una decena de integrantes que, a bordo de uno o dos vehículos, se desplazaron por distintos puntos de la ciudad. Incendiaron cubiertas en Agraciada y Emilio Romero y en 8 de Octubre.

Noticia publicada en el diario El País


DETENIDOS TRES ANARQUISTAS ITALIANOS VOLVER

Estalla una bomba en la sede de Forza Italia en Cerdeña

ROMA.- Una bomba artesanal estalló delante de una de las sedes de Forza Italia, el partido del presidente Silvio Berlusconi, en la isla de Cerdeña. La explosión no produjo víctimas. La policía detuvo inmediatamente a tres hombres sospechosos del delito.
La explosión se produjo a las 3.00 hs delante de una sede del partido en Quartu Sant Elena, localidad vecina de Cagliari, y provocó desperfectos de poca importancia.
Tres miembros de un círculo anarquista de Cagliari, llamado ‘Frairi’, fueron detenidos por los policías cuando acababan de depositar el explosivo delante de la entrada de los locales.
La deflagración, muy fuerte, despertó a los vecinos del barrio. El atentado tuvo lugar cuando Italia se dispone a participar en los comicios europeos. En Cerdeña se eligen asimismo representantes regionales.

Extraído del diario El Mundo


PUESTO EN LIBERTAD BAJO FIANZA EDUARDO ALONSO VOLVER

Para que no haya confusión, como abogado defensor de Eduardo García y Amanda Cerezo, resumo como han sido los hechos.
Amanda Cerezo y Eduardo Alonso fueron detenidos en Valencia el día 7 de julio de 2003 acusados de haber participado en diversas acciones cometidas en Valencia en meses anteriores. Se les aplicó la legislación antiterrorista, siendo incomunicados y trasladados a la Audiencia Nacional, donde, tras su declaración se decretó su ingreso en prisión desde la que denunciaron haber sido maltratados en su detención.
El Juzgado Central de Instrucción nº 6 de la Audiencia Nacional se inhibió en los Juzgados de Instrucción de Valencia, al entender que los hechos que les imputaban no eran constitutivos de delito de terrorismo con el siguiente argumento: “No se puede considerar banda armada a un grupo de amigos que colocan un artefacto en dependencias oficiales, organismos públicos o vía pública para llamar la atención sobre alguna reivindicación, máxime cuando no tienen una estructura jerárquica, permanencia en el tiempo, existencia de armas y explosivos de entidad para la comisión de hechos delictivos”.
Solicitamos la libertad de ambos al Juzgado de Instrucción nº 5 de Valencia y, tras informar negativamente el Fiscal, denegó la misma, desestimando asimismo el recurso de reforma interpuesto contra dicha petición. Mientras tanto se ha incoado sumario contra ambos por su participación en los presuntos delitos de estragos, fabricación de explosivos y asesinato intentado, personándose en la causa como acusación particular el partido político España 2000.
Presentamos recurso de apelación contra la denegación de libertad, y, ahora, con fecha 23 de junio de 2004, la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia ha estimado el recurso de apelación que interpusimos contra el auto del Juzgado de Instrucción nº 5, acordando la libertad provisional de Eduardo Alonso, bajo fianza de 6000 euros, desestimándose, al menos de momento, la de Amanda Cerezo, que la volveremos a solicitar en breves días y, confiamos, que con el mismo éxito.

En Madrid, a 25 de junio de 2004.

Extraído de Palabras de Guerra

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