Nº 34
NOVIEMBRE-DICIEMBRE 2005

ARTÍCULOS:


DIVINO TESORO VOLVER

La Iglesia Católica organizó el pasado agosto, en Alemania, las Jornadas Mundiales de la Juventud. Casi un millón de jóvenes asistieron a escuchar el mensaje de Dios de boca de su representante máximo: el nuevo Papa, Benedicto XVI.
Desde hace un tiempo la Iglesia, como el resto del Poder, viene acomodando su discurso ante la evidencia de los hechos, como condición para asegurar su permanencia y dominio. La iglesia ha absorbido y reciclado las críticas hacia la Inquisición medieval; ha asumido su papel en la conquista de América; ha aceptado a la ciencia y, con ella, la evolución de las especies, el movimiento de la Tierra, la teoría del Big Bang, la de la relatividad, etc. Con astuta habilidad y capacidad de mutación incorporó los reclamos de quienes le demandaban amplitud y actualización. Una exigencia del reino de la democracia y de sus apóstoles...
En la contratapa del diario Página 12, en relación al encuentro convocado por la Iglesia, escribe Osvaldo Bayer, sin duda uno de los que más ha denunciado, en los últimos tiempos, a lo antidemocrático del catolicismo: “El capitalismo no ha resuelto ningún problema del mundo... Por toda esta realidad, por esa desilusión que flota en las calles de los centros del capitalismo y su falta de salidas, se esperó al Papa. Porque justamente el cristianismo tiene que ayudar a buscar una solución conceptual para terminar con el hambre, la desocupación y las guerras en el mundo. Así lo comprendieron desde hace décadas algunos obispos y sacerdotes, muchos de los cuales terminaron siendo víctimas del crimen político.
Semejantes posiciones son las que ayudan al cristianismo y a lo que éste sostiene: el hambre, la explotación, las guerras en el mundo y el crimen político. Decimos con Bakunin: “¿Es necesario recordar cuánto y cómo embrutecen y corrompen las religiones a los pueblos? Matan en ellos la razón, ese instrumento principal de la emancipación humana, y los reducen a la imbecilidad, condición esencial de su esclavitud. Deshonran el trabajo humano y hacen de él un signo y una fuente de servidumbre. Matan la noción y el sentimiento de la justicia humana, haciendo inclinar siempre la balanza del lado de los pícaros triunfantes, objetos privilegiados de la gracia divina. Matan la altivez y la dignidad, no protegiendo más que a los que se arrastran y a los que se humillan. Ahogan en el corazón de los pueblos todo sentimiento de fraternidad humana, llenándolo de crueldad divina.
Todas las religiones son crueles, todas están fundadas en la sangre, porque todas reposan principalmente sobre la idea del sacrificio, es decir, sobre la inmolación perpetua de la humanidad a la insaciable venganza de la divinidad. En ese sangriento misterio, el hombre es siempre la víctima, y el sacerdote, hombre también, pero hombre privilegiado por la gracia, es el divino verdugo. Eso nos explica por qué los sacerdotes de todas las religiones, los mejores, los más humanos, los más suaves, tienen casi siempre en el fondo de su corazón -y si no en el corazón en su imaginación, en espíritu (y ya se sabe la influencia formidable que una y otro ejercen sobre el corazón de los hombres)- por qué hay, digo, en los sentimientos de todo sacerdote algo de cruel y de sanguinario.”
Continúa Bayer en su nota: “Por eso lo que más entristeció -por lo menos para quienes poseíamos la información- es que el Papa haya aceptado, en forma tan drástica, la renuncia del obispo argentino Juan Carlos Maccarone. Uno de los más sinceros y honestos representantes de las verdaderas enseñanzas de Cristo. Su vida dedicada a la justicia social y a la solidaridad.
Otro de los más sinceros y honestos representantes de las verdaderas enseñanzas de Cristo es el Papa, con quien muchos transitan la misma senda. El Papa dijo: “Se puede criticar mucho a la Iglesia. Nosotros lo sabemos y el Señor dijo que ella es una red de peces buenos y malos”. Es el mecanismo de blanqueo de una institución y su mentalidad haciendo pasar los caracteres estructurales inherentes como contingencias de individuos. Es el mismo mecanismo del “policía bueno” y el “policía malo” cuando buscan quebrar a su víctima. Fuerzan una elección o una predisposición hacia partes que integran el todo haciendo aparecer lo obligatorio como voluntario; canalizan las diferentes tendencias dentro de un marco preestablecido. Los Pío Laghi son tan buenos para la religión como los Maccarone o los tercermundistas. Después tendrá, cada uno, su respectivo coro de fieles y sus monaguillos laicos. Bayer, en la revista Acción, decía que no atacaba a las Fuerzas Armadas sino a individuos dentro de ella y que tenía amigos militares. El mismo blanqueo del ejército aparece en la película La Patagonia rebelde (de la cual Bayer fue el guionista) cuando se muestra, entre otras cosas, al fusilador Varela como utilizado por los estancieros ingleses. El ejército: “...una red de peces buenos y malos.
Concluye Bayer en Página 12: “Aprendamos la convivencia y no aceptemos una acusación realizada por un chantajista, por otra parte mayor de edad y dueño de sus actos. Otra cosa sería la violación de niños o seres indefensos. Al obispo Maccarone lo queremos en la Argentina, en su lucha de siempre honesta y valiente. No nos interesa su vida privada que le pertenece a él. Una cosa muy buena tuvo el Día Mundial de la Juventud católica en Alemania. Preguntado el cardenal Lehmann -uno de los más sobresalientes- acerca de la política oficial católica con respecto al sexo, respondió: Sí, es algo que tenemos que empezar a discutir.
Esperemos. Tienen que ser los propios clérigos, desde abajo, los que tienen que promover ese gran cambio ético que hace a la dignidad.

Parte de la vida privada del Coronel Varela fue fusilar a los rebeldes patagónicos y velar por la propiedad privada de los estancieros; en el otro extremo, parte de la vida privada de Severino Di Giovanni fue la relación con su compañera, compilada y publicada en libros. Y parte de la vida privada de un cura es ser cura.
Con Bakunin insistimos: “...la historia nos demuestra que los sacerdotes de todas las religiones, menos los de las iglesias perseguidas, han sido los aliados de la tiranía. Y estos últimos también, aunque combatiesen y maldijesen los poderes que los oprimían, ¿no disciplinaban al mismo tiempo a sus propios creyentes y por eso mismo no han preparado siempre los elementos de una tiranía nueva?”
En lugar de esperar que el capitalismo resuelva los problemas del mundo, en lugar de esperar al Papa y a los clérigos desde abajo tenemos que apuntar más alto, tenemos que apuntar a Dios y a sus apóstoles para bajarlos a la tierra y tenerlos, por fin, al alcance de la mano.

A.G.


ADELANTADOS VOLVER

No está demás afirmar, ante la relación que se hace entre Osvaldo Bayer y el anarquismo, que estas posiciones publicadas en el diario Página 12 no tienen nada que ver con la ideología anarquista y que esta diferencia marca posturas completamente enfrentadas. El hecho mismo de colaborar en un diario como ese, propiedad del Grupo Clarín y vocero del capitalismo progresista, nos enfrenta.
Este mismo año Bayer participó en el acto de proyección de la película La Patagonia rebelde que se hizo en la Casa Rosada, junto con el presidente Kirchner y otros integrantes del gobierno. Hace unos años, en 1999, hizo posible como intermediario el encuentro, en el cual también él estuvo, entre el ministro del Interior de entonces Carlos Corach y su gente y quien había sido compañera de Severino Di Giovanni, América Scarfó.
Sus afirmaciones sobre el anarquismo significan la disolución de una idea y una posibilidad revolucionaria dentro lo que es la socialdemocracia, una oxigenación más del sistema. Cuando dice que los anarquistas son una minoría que debe luchar por democratizar al Estado lo que se intenta es reducir la ideología, hacerla desaparecer como tal, para transformarla en denuncia periodística. Sobre esto hay que decir que la denuncia es, como el escrache, un mecanismo policial y que el periodismo es el oficio del informante y el generador de la opinión pública; desde los Grondona hasta los Lanatas, desde los oficialistas hasta los “independientes”. Cuando Bayer aparece justificando las respuestas violentas de algunos compañeros (Wilkens, Radowitski) se pretende reducir la cosa como la “vindicación del tirano”, ubicando a la respuesta como sólo aceptable contra funcionarios antidemocráticos. En tiempos de democracia los anarquistas deberían exigir “cárcel a los genocidas”.
En un programa periodístico de televisión, entrevistado por Pacho O´Donel, decía que la Comunidad Económica Europea tenía mucho de anarquista en el sentido de que había borrado las fronteras nacionales. En otro lugar decía del Partido Verde alemán que también tenía muchos principios anarquistas.
La cosa es que desde varios lugares se le continúa dando espacio y se lo ubica como referente de la historia del anarquismo y de sus posiciones, apareciendo en charlas, reportajes, edición de libros, documentales, etc. Hay todo un plantel de intelectuales, artistas y cineastas que ven en al anarquismo una posibilidad donde asentar y desde donde despegar sus carreras: como la izquierda está “quemada” el anarquismo aparece como propicio. Sabandijas, al decir de Pacheco, pulgas y lauchas que son las primeras en saltar a su presa y, también, las primeras en rajar cuando la cosa se entrevera. Y como toda rémora necesitan del apadrinamiento de algún notable: relación simbiótica de posibilismo y utilización mutua.
Nosotros estamos convencidos de que lo que proponemos los anarquistas es la única solución al problema social de la explotación del hombre por el hombre, que por el resto se trata de crear nuevos amos o garantizar la continuidad de los viejos. Estamos convencidos de que el único anarquismo posible es aquel que niega toda institución y mentalidad que tenga como principio a la autoridad; un anarquismo ajeno a posturas de izquierdas, socialdemócratas o liberales; que el anarquismo no puede no ser una ideología revolucionaria. Estamos convencidos que ante los tiempos que corren va quedando en evidencia que no existe otra salida para la humanidad y que el anarquismo, como movimiento, está comenzando, en un sentido, a crecer. Sabemos también que los poderosos también lo saben y que su pretensión es la de anularlo como posibilidad y que, para ello, se valen de todo un coro de paladines de la moderación, la amplitud y la posmodernidad.
Ya están avistando el terreno, ya están mandando a sus adelantados. Están generando una corriente de opinión de un anarquismo lavado o de versión leninista para que cuando la hora sea oportuna poder largar a toda su jauría de carroñeros.
La cuestión: no prestarse, afirmar y profundizar la posición, posición anarquista.

A .G.


REVELACIÓN Y REVOLUCIÓN VOLVER

Los poderosos saben que el castigo no alcanza, saben que es posterior al hecho y que la aplicación de fuerza siempre genera resistencia. Es algo físico. Por eso invierten a futuro. Su logro mayor es hacer aparecer al carcelero como el garante de la libertad y al esclavo como amo de sí mismo. Lo metafísico que se vuelve físico; brujería y milagro del siglo XXI.
Antes de que los desesperados lleguen a golpearles las puertas, antes de que empiecen a trepar los muros y atacar a la guardia sacan a hablar a los más habilidosos. Saben del futuro y no por revelación divina. Levantan barreras de contención más fuertes que los muros y que los guardias; puertas fantasmas que dan a abismos.
El Papa afirmó al mundo: “Los santos son los verdaderos reformadores. Sólo de ellos y de Dios viene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo. En el siglo apenas pasado hemos visto las revoluciones, cuyo programa común era de no esperar la intervención de Dios, sino tomar totalmente en sus manos el destino del mundo. Y hemos visto siempre un punto de vista humano y parcial que venía adoptado como medida absoluta de orientación. La absolutización de lo que no es absoluto sino relativo se llama totalitarismo. No libera al hombre pero le quita su dignidad y lo esclaviza. No son las ideologías que salvan al mundo sino el dirigirse al Dios viviente que es nuestro creador y el garante de nuestra libertad.
No pueden creer en el hombre porque esto significa la amenaza al privilegio. Necesitan desarmarlo, partirlo, quitarle y desechar su sed, su hambre y su carne y elevar y dimensionar infinitamente su alma, su nada, para adorar la muerte absoluta, eterna e inmutable: Dios. Y como la vida tiende a ser y resiste a su inevitable fin y, como no tienen el privilegio de impunidad ante esa ley natural, temen y corren hacia atrás: siembran el temor y reaccionan.
No creen en el hombre y lo domestican. Lo hacen marchar con espejismos y con látigo. Dios y el Estado, la santísima dualidad.
Primero fueron los estadistas y los políticos los que se apropiaron y desfiguraron el concepto de revolución, para encausarla y someterla. Ahora la bendice la Iglesia y la arrea a su rebaño para completar la genuflexión. Tomar los votos y rezar; la religión y la democracia se afinan.
Los mayores garantes de la esclavitud los presentan como garantes de libertad. La idea de Dios, la más opresiva e inhumana, como refugio de dignidad. La institución más criminal de la historia, la Iglesia, como posibilidad revolucionaria. Los santos, hombres vueltos animales, y los curas, policías de la conciencia, como referentes de esa posibilidad. ¿Cuánto de grande puede ser una mentira? ¿por qué sofismas y artilugios discursivos pretenden embaucar? El agua no cambia por un conjuro de palabras y movimientos de manos, las revoluciones sí.
Las revoluciones pasadas, todas sofocadas y aplastadas por no liquidar a Dios y al Estado. Sofocadas por creer en reformadores y no apuntar hacia la libertad total y absoluta; por no tomar el hombre su destino totalmente en sus manos. Y ahora nos sermonean desde los palcos, ahora y en la hora de nuestra muerte.

A.G.


LA CULTURA DE LA MENTIRA VOLVER

El lenguaje es lo que nos hace sentir humanos, lo que nos diferencia del resto de los animales. Es el medio por el cual los recuerdos sobreviven a los hombres y a las generaciones. Es el principal elemento que nos sirve para expresar de manera exacta una idea.
A través del lenguaje y de las palabras desarrollamos una historia como individuos, reflexionamos con nosotros mismos y nos comunicamos con los demás.

No es gratuito que el punto de partida sea entonces la manipulación y manoseo del lenguaje por parte del poder para elaborar su discurso. Estas y otras cuestiones van tejiendo nuestras mentes engendrando poco a poco un cambio de valores en la sociedad, vaciando el contenido de nuestros actos y creando un estancamiento en el pensamiento.
El sistema necesita, para legitimarse, de una moral establecida, de ese “sentido” socialmente construido que apunta al empobrecimiento de la voluntad y al descreimiento absoluto.
Es así que como sociedad manejamos conceptos en la vida cotidiana y con ellos razonamos y sacamos nuestras propias conclusiones, para luego preguntarnos si esas conclusiones son realmente nuestras o producto de una lógica de la que no nos debiéramos apropiar; la lógica del sistema.
Ese conjunto de hábitos impuestos, de valores instalados, es parte de lo que somos, es nuestra cultura, nuestra civilización. El poder se sirve de ella a la vez que la alimenta para lograr el consenso que tanto busca. En otras palabras, podríamos decir que el Estado hace de las emanaciones de la sociedad, de su hedor, leyes. Y la sociedad, a la inversa, hace de las leyes que dicta el poder un principio moral más fuerte que el concreto.
Temerosa, la sociedad asiente a diario con la cabeza, creando las condiciones favorables al consenso; un consenso más bien de hecho, que se formalizará luego con el sistema de votación.
Todo por el “bien público”, con lo que implica para aquellos que no se conforman con lo que se les ha echado al plato: el despliegue del Estado con todo su arsenal de policías, leyes, persuasión mediática, etc.

La política: utensilio de los burgueses

Nos quieren hacer creer que el ser humano por naturaleza es un ser político, por el hecho de ser racional.
Si bien existe en el hombre una tendencia mesiánica a ubicarse por encima o por debajo de otros seres humanos; esto no justifica que siempre tengamos que aspirar a gobernar o resignarse a ser gobernados; que tengamos que adorar algo o ser devotos de alguien.
La cuestión, o más bien, el problema está en quien garantiza y quien se beneficia con esta desigualdad.
En esto se sostiene el discurso del poder, en estas y otras tantas teorías muy propias del “sentido común” de los partidos que terminan justificando todo tipo de prácticas autoritarias.
Sus críticas apuntan a todo aquel que se atreve a organizarse fuera de un partido, a los movimientos sociales que se declaran de alguna manera apolíticos y a los movimientos que excluyen a todo aquel que no tenga su misma identidad: desocupados, jubilados, piqueteros. Según la izquierda, estos grupos tienen una “proyección ideológica corta” que concluyen donde terminan las cuestiones de su propia naturaleza.
Está claro que los partidos de izquierda y de derecha se valen del clásico “todo suma”, y ellos es obvio, incluyen, dan acceso a todo aquel que quiera entrar a sus filas, no discriminan a nadie, hasta dejan tener en su seno a supuestas alas opositoras a ellos mismos, disidencia prefabricada que controla los “excesos de ortodoxia”. Distintos tonos, igual ambición, para seguir manteniendo la explotación del trabajo asalariado por parte del capital.
Es lógico, nada enriquece más a un partido que la diversidad, todo le es funcional a sus conveniencias.
La política en manos de quien sea, es utilitaria a ultranza, lo que no le sirve, le estorba. Y de ella se valen un puñado de mentirosos para mantenerse burgueses. Por eso el autismo de sus palabras, todo concluye en un solo punto: GOBERNAR

La idea se impone

Si utilizan todas estas artimañas para embaucarnos es porque saben que hay algo en nosotros que no se tiene que despertar: el deseo de rebelarnos. Y que al parecer no hay castigo que lo pueda matar del todo, si no los mecanismos de control social hace rato tendrían que haber dejado de ser una rutina.
Nos empachan de cultura, de entretenimientos, y hasta nos hacen reír.
Es difícil abstraerse de todo esto; a veces parecería hasta imposible. Pero no les quepa duda que hasta el más aferrado a esta cultura despertará del letargo ¿quién puede resistirse a la rebelión?: sólo los temerosos burgueses, que creen en el progreso, que están aislados en sus casas custodiando sus valores, entre pequeños vicios y extravagancias.
No queremos que los burgueses se desprendan de algo en favor nuestro, ¡lo queremos todo para que no nos haga falta nada! Tomar lo que es nuestro, lo que nos pertenece a nosotros y a las generaciones pasadas que dejaron su vida en una mina, en una fábrica, en una plantación.
Vivir miserablemente en un mundo de abundancia es la peor tortura...
Una revolución, pienso, es lo único que nos puede devolver la dignidad que nos han robado poco a poco o de una vez. Puede que pase dentro de unos cuantos años o no pase nunca. Si no pasa, lo único que nos depara es un futuro sin sorpresas.
Es difícil... tanto que a veces dentro del anarquismo se promueven otros caminos: la educación libertaria, el cuidado celoso del planeta, las mujeres contra el patriarcado, etc.
Estos grupos consciente o inconscientemente solo nos distraen de lo que más nos urge: la expropiación generalizada de las riquezas y de los medios que las producen.

Lorena


EL ANARQUISMO COMO IDENTIDAD REVOLUCIONARIA VOLVER

Si vemos a nuestro alrededor como a nosotros mismos y observamos la miseria en la que estamos viviendo y moviéndonos, todo haría suponer que “las condiciones materiales” están dadas para realizar la revolución y, sin embargo, nada de esto estalla.
Las respuestas ante la necesidad, ante lo que no tenemos, se expresan en multiplicidad de variantes que las tomamos como producto del estado social de cosas y como consecuencia de una relación de dominación. Se pueden traducir en (según definición burguesa) “hechos antisociales”: pandillas, pibes chorros, etc. Pero no debemos ver estas actitudes como una consecuencia mecánica, sino que estas actitudes tienen que ver con respuestas elaboradas por los mismos seres que se sienten y ocupan dentro del sistema, dentro de su inclusión en éste, el lugar de “excluidos”.*
Pero ¿desde qué lugar se elaboran estas respuestas, estas identidades que tienden a surgir como conjunto de prácticas particulares de determinados individuos?. No es otro lugar que desde el resentimiento.
Desde el anarquismo, muchas veces vemos como “buenas” ciertas acciones y actitudes individuales, atomizadas, de rebelión (como chispazos de la anarquía). Más cuando sabemos que la conformación de ciertos agrupamientos, asociaciones, etcétera, no sirven más que como mecanismo negociador ante el poder, como puede ser el sindicalismo.
Pero estas actitudes individuales, si bien en cierto punto sirven como salida o escape del control, de la homogeneización, y por lo tanto de la institucionalización que el poder pueda o intente hacer de los comportamientos individuales. No podemos dejar de tener en cuenta que esa forma atomizada también se termina encuadrando dentro de un tipo de acción, dentro de los que “se espera” de ella.
La primera gran consecuencia que trae consigo la “atomización” de la que hablamos es: ver como individual, como un tema particular, un problema que es social. Esto impulsa a no buscar salidas que partan de un cuestionamiento del sistema, sino que lleva a la búsqueda constante de la “inclusión”, por ser considerado como un problema de cada uno “al margen”.
La segunda consecuencia es la que ya nombramos, y la que lleva a formas de actuar que parten (y terminan, esto es lo malo) de actitudes de resentimiento por “no pertenecer” o por saber que nunca se va a estar “dentro”.
Por lo tanto, sin pretender caer en una posición puramente cuantitativa y organizacionista, debemos sí formar ámbitos de relación desde la ideología, y por lo tanto de “inclusión” en estos ámbitos, a partir de los cuales comience a tomar forma o expandirse una identidad anarquista, que primeramente va a comenzar como una creencia, y como tal contradictoria, ya que es un momento también de ruptura con lo anterior, y luego como momento de creación y de constitución de esa identidad, que es construida y desconstruida constantemente, como producto de la tensión individuo-sociedad.
Nuestro punto de partida entonces debe ser éste, la conformación de una identidad ideológica que se reconozca en prácticas cotidianas concretas, en formas de ser, y no haciendo ideología de cuestiones puramente “tácticas” de organización. Puede ser tal vez más efectivo que seamos cinco para realizar una acción de agitación en un momento determinado, como efectivo va a ser en el momento de la revolución el levantamiento de los cientos de miles de oprimidos que somos.
Así el “éxito” de nuestros principios, no pasan por el hecho de conformarnos como grupos o individualidades más o menos insurreccionalistas. Sino que nuestro fin, va a empezar a concretarse en la confrontación desde la ideología, en la no-asimilación a estructuras de poder, y no únicamente desde el número de compañeros que lleven adelante una acción, como garantía de ese “éxito”.
Decimos entonces que no solo en actitudes puntuales nos reconocemos nosotros, sino en toda una manera de vivir, en una ideología que no le escapa a definiciones concretas, y que por sobre todas las cosas presenta una finalidad revolucionaria, la cual negarla no sería más que negar nuestra propia razón de ser.

Daniel - Sociedad de Resistencia

* Estas respuestas ante la “exclusión”, no nos hablan más que de lo que nosotros, los anarquistas, venimos diciendo: el hombre es un ser social que se reconoce como tal a partir del reconocimiento en y de los otros, por lo que busca generalmente “pertenecer”, aunque lamentablemente sin tener en cuenta tal vez el costo de su pérdida de libertad, sabiendo fundamentalmente que la burguesía domina toda la sociedad.


EL DÍA DESPUÉS DE AYER VOLVER

Después de que pasó el huracán Katrina, con un saldo de miles de muertos y la ciudad de New Orleáns devastada, también pasó la noticia, arrastrada por los vientos de la actualidad periodística. La prensa mundial se interesó -como siempre- por las consecuencias trágicas y no por las causas que originaron semejante fenómeno climático, lo cual demuestra, entre otras cosas la inutilidad, estupidez, complicidad e hipocresía del periodismo y los medios masivos de comunicación. El calentamiento global, producido por la irracionalidad economicista y por la sevicia gubernamental del sistema capitalista industrial, estuvo ausente a la hora de hacer críticas y comentarios en la mayoría de las bocas y plumas que abordaron el problema. Algunos criticaron al imbécil de Bush Júnior por no haber estado presente en el lugar para consolar a las víctimas o por no enviar la ayuda humanitaria necesaria; se criticó su “tardía reacción” y se hicieron paralelos con sus demoras y torpeza frente al atentado del 11 de septiembre de 2001. Tanto los opositores internos a su gobierno, como todos aquellos que detestan al asesino de la Casa Blanca criado con cereales de caja, se preguntaban: “¿cómo vas a salir de ésta George W.?” Basura, crítica basura que no ve más allá de sus narices. No se dan cuenta -o no quieren hacerlo- que se avecina el peor asesinato de la historia humana, la consumación de la gesta autodestructiva que se inició con la revolución industrial y el advenimiento del capitalismo y los estados-nación modernos. Katrina es la punta del iceberg; pero lamentablemente esta vez en el Titanic viaja no sólo la humanidad completa sino todas las especies vivientes del planeta. No pretendemos parecer pesimistas o apocalípticos: la realidad es así.

Un poco más calientes

El calentamiento global es producido por la emisión de gases que genera la actividad industrial, en especial dióxido de carbono. El aumento de la proporción de este gas en la atmósfera impide la disipación del calor solar que penetra en la Tierra, aumentando la temperatura global, generando un efecto que se conoce como retroalimentación positiva, es decir que se producen una serie de reacciones en cadena que potencian los efectos. En nuestro medio ambiente el aumento de calor produce el descongelamiento de los hielos polares -en especial los del Ártico, que en los últimos años perdieron una superficie equivalente a México- lo que eleva el nivel de las aguas y aumenta la masa oceánica, aumentando la capacidad del planeta de retener el calor. Esto trae como consecuencia una aceleración en el derretimiento de los hielos polares, es decir una retroalimentación. Además, la mayor cantidad de masa oceánica por incorporación del agua dulce contenida en los polos produce como efecto secundario la desalinización de los océanos, que llevará a una inevitable variación en el sentido y dirección de las corrientes marinas. Si la corriente del Golfo de México variara su trayectoria, el hemisferio norte sería terriblemente afectado por esta situación, ya que todo el norte de Europa, las islas Británicas, Islandia y Groenlandia sufrirían paradójicamente un descenso brusco de su temperatura, haciendo imposible la agricultura y la ganadería tal cual se la practica actualmente, convirtiéndose en regiones de un clima parecido a Alaska o Siberia. En las zonas tórridas y ecuatoriales, aumentaría la tendencia a la desertización, que ya está generando la actividad humana.
El proceso de retroalimentación es descripto como un arma de destrucción masiva por Bruce Johansen de la siguiente forma: “Los gases de combustión de las camionetas 4x4 de ayer, no resultan en la creciente temperatura de hoy, no inmediatamente. A través de un complicado ciclo de retroalimentación, los combustibles quemados hoy afectan el calentamiento de dentro de 30 a 50 años. Hoy estamos viendo temperaturas relacionadas con las emisiones de combustibles de aproximadamente 1960, cuando el consumo de combustible era mucho menor. Las emisiones de combustible de hoy, se expresarán en la atmósfera aproximadamente en el 2040. Los niveles crecientes de gases invernadero cerca de la superficie mantienen el calor allí, impidiendo el avance de la radiación a las capas más altas de la atmósfera. Al calentarse la superficie, la estratosfera se enfría. Las reacciones químicas que consumen el ozono que nos protege de las radiaciones ultravioletas se aceleran a medida que el aire se enfría. Por lo tanto, el área donde el ozono ha descendido por debajo de niveles apropiados, en la Antártida, se mantiene en un tamaño cerca del récord a pesar del hecho de que los clorofluorocarbonos, culpables de la reducción de ozono, fueron prohibidos hace más de 15 años.”

Extinción, próximo logro humano

Un cuarto de las especies que habitan el planeta se extinguirán hacia el 2050 como producto del cambio climático, sostiene Chris Thomas, profesor de Biología de la Conservación de la Universidad de Leeds (Inglaterra), y compara esta situación con extinciones como las que afectaron a la Tierra en el pasado. Lo oceanógrafos Ken Caldeira y Michael Wickett publicaron en la prestigiosa revista Nature (25/10/03): “Encontramos que la absorción oceánica de CO2 [dióxido de carbono], proveniente de los combustibles fósiles, puede resultar en mayores cambios de pH (acidez) durante los próximos siglos, que cualquier cambio inferido en el historial geológico de los últimos 300 millones de años, con la posible excepción de aquellos resultantes de eventos extremos e inusuales como el impacto de un asteroide o un escape catastrófico de hidrato de metano. El aumento de los niveles de dióxido de carbono en los océanos podría amenazar la salud de varios organismos marinos, comenzando con el plancton, en la base de la cadena alimenticia. Si continuamos por el camino que estamos transitando, produciremos cambios mayores que los experimentados en los 300 millones de años pasados -con la posible excepción de eventos inusuales y extremos como el impacto de cometas”. El aumento de dióxido de carbono, cuya concentración ha aumenta do un 17% desde 1958, entra a los océanos como ácido carbónico, alterando la acidez de los océanos. Esta acidez provocaría una extinción masiva de numerosas especies de plancton marino sensible a la acidez, así como los arrecifes de coral, ya que están compuestos en gran parte de su anatomía por carbonato de calcio, que se disuelve en soluciones ácidas. El solo hecho del aumento de temperatura mata al plancton, base de toda la cadena alimenticia marina: como consecuencia desaparecerán gran parte de las especies de peces que dependen todos sin excepción de que la base de la pirámide alimenticia sea lo más ancha posible. Y con ellos todos los animales que depende de una abundancia ictícola para su subsistencia: aves marinas, mamíferos marinos, cetáceos y una gran parte de la especie humana que actualmente vive gracias a la depredación oceánica.
La gran extinción que se avecina tiene puntos de contacto con la que existió al final del período Pérmico hace 250 millones de años. Esta extinción se habría producido por el calentamiento global de violentas erupciones volcánicas en Siberia cuyas emisiones de dióxido de carbono habrían aumentado la temperatura media en 6 grados, muriendo el 90% de la vida terrestre. Según el investigador Michael Benton, el efecto invernadero podría ser la causa de la extinción: “Las frías regiones polares se volvieron cálidas y la tundra se descongeló. El ‘derretimiento’ debió penetrar en las bolsas de hidrato de metano localizadas alrededor de los océanos polares, e inmensos volúmenes de metano debieron explotar hacia la superficie de los océanos en enormes burbujas. Esta entrada extra de carbono en la atmósfera causó un mayor calentamiento, que puede haber derretido, a su vez, mayor cantidad de reservas de hidrato de metano. De esta forma el proceso continuó, cada vez más rápido. Los sistemas naturales que normalmente reducen los niveles de dióxido de carbono no pudieron operar y, eventualmente, el sistema entró en una espiral fuera de control, causando el mayor colapso en la historia de la vida”. La mayoría de la vida pereció por falta de oxígeno que se redujo a un 12%, sobreviviendo solo las especies animales y vegetales que se adaptaron. Si tenemos en consideración que se supone que el calentamiento global que se avecina superaría incluso los 6 grados, la conclusión de que vamos hacia una extinción inevitable no puede ser tomada con desdén. Parece que, después de todo, dedicarse a estudiar los dinosaurios y otros fósiles tenía alguna utilidad.

Los héroes de la nulidad

Todos los políticos, empresarios, ciudadanos de bien y hombres religiosos se desviven por los grandes problemas, por las grandes victorias de la especie, por alcanzar el mañana en un mundo desarrollado y próspero. Para lograr sus metas estos héroes y benefactores se encargan de dar todos los pasos necesarios hacia un mundo que se nos presenta como espantoso. Estados Unidos ha aumentado sus emisiones de gases contaminantes y se niega a firmar convenios como el de Kyoto -de dudosa efectividad- que reducen la emisión de gases. Incluso llegan a negar que la actividad industrial sea causante del calentamiento global. Lo cierto es que aunque quisieran no podrían reducir la emisión de gases contaminantes porque afectaría a toda la actividad económica de la primer potencia mundial. Pero no debemos atribuir esta política a “la intrínseca maldad de los yanquis” como pretenden los izquierdistas obtusos y ansiosos de poder, sino a que todos los gobiernos del mundo en mayor o menos medida han contribuido a esta situación: todos los países de Tercer Mundo también se esfuerzan por industrializarse, aunque no lo hayan logrado efectivamente. ¿Para qué asumir la responsabilidad de un crimen que aún no se ha cometido? ¿Acaso se ha destruido el planeta? Actuar precautoriamente y detener la industrialización ¿no condenaría a los que ahora, en este momento sufren hambre?
En defensa de las condiciones de vida actuales se condena la vida del futuro. Esa es la respuesta a la problemática que ha generado la civilización del capital y el Estado. Los valores económicos y estratégicos han impregnado todos los estamentos sociales, incluso en la izquierda, generando una mentalidad proclive a considerar problemas como la destrucción ecológica como “tareas para después”. El hambre y las miserias actuales, la explotación, discriminación, represión y crímenes estatales no son producto del calentamiento global sino del sistema capitalista, eso está claro. Pero si no detenemos la maquinaria destructiva ahora, poco habrá para socializar en el futuro. Inundaciones, sequías y huracanes, son el precio más bajo que nos cobrará la naturaleza. El fin catastrófico por hambre de miles de millones de humanos pondrá las cosas en su lugar: se dejarán de emitir gases tóxicos, se dejarán de contaminar las aguas y finalmente se frenará la explosión demográfica. Simplemente será imposible seguir produciendo alimentos suficientes para una población humana que crece desenfrenadamente con un ecosistema en franca descomposición.
Los gobiernos y sus industriales no van a desmontar el aparato que les genera privilegios y ganancias. Si el agua escasea, será un producto comercializable. Si el aire es insano, venderán tubos de oxígeno a quien pueda pagarlos. Si los alimentos disminuyen los producirán sintéticamente. Esa parece ser la actitud que el pensamiento económico adoptará al enfrentarse a los excrementos de su propia creación. ¿Acaso no está orientada toda la educación hacia los valores que el sistema robustece? Las universidades del mundo producen miles de abogados y economistas todos los años, sin embargo los primeros no han logrado un mundo con más justicia ni respeto a los derechos humanos, y los segundos no han logrado un mundo equitativo ni próspero. Cuando se desate la peste que han contribuido a generar, ¿dónde se meterán sus títulos, honores y discursos? El conocimiento científico no solo se produce en cantidad insuficiente sino que se lo excluye de la enseñanza oficial. Esta situación llega a su punto más grotesco en los Estados Unidos, donde la teoría de la evolución de las especies y del origen del hombre -estigmatizada por atea- debe enseñarse conjuntamente con la “teoría creacionista” , un intento acientífico de explicar el origen del universo y la vida basado en la tradición bíblica, y que es sostenido políticamente por cristianos evangelistas y devotos como George Bush, mientras hasta el propio Vaticano ha debido reconocer la validez de la moderna explicación darwinista. De nada valdrán sus instituciones, privilegios y poderes cuando no puedan contener a la avalancha de hambrientos, refugiados, desposeídos, desocupados y marginales que intente desesperadamente sobrevivir.
De seis mil millones de personas que pueblan actualmente el planeta dos tercios son pobres. Pero la población aumenta y para el momento de la debacle la población duplicará la actual. Las industrias deberán producir más, los empresarios rurales generar una mayor producción de alimentos y ampliar las superficies de cultivo, en un contexto de cambio climático, calentamiento global, destrucción masiva de recursos, escasez de agua potable y desaparición de especies vegetales y animales. Y los imbéciles de todas las religiones continúan declamando contra el aborto -a esta altura un mal menor- y el uso de anticonceptivos, porque impiden y “atentan contra la vida”. Y desde el poder, llámese Vaticano, ONU, Casa Blanca o Comunidad Europea, no se puede alegar ignorancia. Más aún después de un informe del Pentágono que se filtró a través del periódico británico “The Observer”, restringiera el plazo del desastre ambiental a menos de una década, es decir, que Inglaterra vivirá un invierno siberiano permanente hacia el 2020 y todas las regiones del mundo con costas bajas serán inundadas, en especial, Holanda. La tropicalización del clima arrasará con todos los cultivos de cereales (maíz, trigo), aptos para un clima más templado. La solución que vislumbran: el cultivo de soja, mucho más resistente a los avatares climáticos. O sea que dependeremos más aún de un solo tipo de alimento; la soja será propiamente el monocultivo del futuro, con todas las desgracias que acarrearía un cultivo degradador del suelo como pocos plantado por doquier.
El problema que se nos presenta es qué hacer para frenar esta situación. No solo los gobiernos eluden el tema sino también el ciudadano medio. Las expresiones de disgusto siempre aparecen cuando se habla de la destrucción de la ecología, pero se quedan allí: a seguir produciendo para satisfacer las necesidades del presente. ¿Qué obrero defendería la necesidad de desmontar la fábrica en que trabaja cuando la estabilidad laboral se ha convertido en una mezquina panacea? Los medios de comunicación, la televisión especialmente, podrían tener un papel determinante en crear conciencia sobre la situación que se avecina, pero la lógica comercial hace que temáticas de bajo rating no se incluyan en la programación; conclusión: si la audiencia prefiere los programas dedicados al entretenimiento, ¿por qué imponer antidemocráticamente aquello que no le interesa? La complicidad de un Tinelli, una Susana Giménez o de cualquier gerente de programación de TV abierta no es menor que la de los industriales que contaminan unos producen la basura, los otros la esconden bajo la alfombra.
Los abogados y economistas seguirán haciendo negocios con sus demandas por contaminación y comercializarán productos etiquetados como “verdes”. Los gobiernos fomentarán micro emprendimientos que utilicen técnicas “no agresivas” al ecosistema. Los posmodernos agitarán el fantasma de la ciencia cómplice del sistema desde sus cómodas poltronas intelectuales y los adalides de la “new age” (nueva era) festejarán la escasez de carne y los cursos de cocina ecológica y dietética que pulularán por la clase media espiritualizada. La culpabilidad tiene diversos niveles y nadie se salva, por error u omisión. Los animalistas ponen el énfasis en la compasión solidaria animal y los primitivistas atribuyen la culpa a la cultura humana y a la tecnología, cualquiera sea ésta (lo cual es de una estupidez supina, por cierto). Los movimientos ecologistas olvidan la problemática social y los movimientos sociales desdeñan la problemática ecológica. Es solo cuestión de tiempo.
El problema no es ni la ciencia ni la tecnología, sino el uso que se hace de ellas. La teoría de la relatividad no fue concebida por Einstein para que se pueda construir una bomba atómica con más facilidad ni la teoría evolucionista para demostrar la inferioridad de los negros, sudacas, obreros y mujeres. Descifrar el código genético no implicaba la proliferación de transgénicos. De ser así deberíamos quemar todos las bibliotecas del mundo, hacer trizas todo el conocimiento de siglos y volver a sumergirnos en la oscura edad media inquisitorial, escondernos tras las sotanas de los frailes y esperar aterrorizados el Apocalipsis. O destruimos el sistema capitalista, o el sistema destruirá nuestro mundo y con ellos a nosotros. Hagamos lo que hagamos, los anarquistas debemos estar preparados para actuar. Incorporar la problemática de la destrucción ambiental no implica desviar fuerzas ni cambiar de antagonistas, no es una sugerencia a abandonar la lucha social sino a incrementarla: solo debemos ampliar aún un poco más el abanico de nuestros enemigos.

P. Rossineri


ALIMENTANDO AL MUNDO BAJO EL CAMBIO CLIMÁTICO VOLVER

El cambio climático ya es una realidad

El cambio climático es en gran medida el problema más desalentador que la humanidad jamás haya enfrentado. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) en su último informe avizora un cambio en la temperatura de hasta 5.8 grados para este siglo. Sin embargo, el IPCC no tomó en cuenta una serie de factores críticos incluyendo la aniquilación de nuestros bosques tropicales y de otra vegetación. Estos contienen seiscientos mil millones de toneladas de carbono -casi lo que está en la atmósfera- de las cuales gran parte probablemente será emitida en las décadas próximas por las actividades cada vez más descontroladas de las grandes compañías madereras. El director general del Programa para el Ambiente de las Naciones Unidas indicó recientemente que solo un milagro podría salvar a los últimos bosques tropicales del mundo. El IPCC tampoco considera el daño terrible perpetrado por la agricultura industrial moderna con sus máquinas y arsenales enormes de agrotóxicos en los suelos del planeta. Nuestros suelos contienen mil seiscientos billones de toneladas de carbono, más del doble contenido en la atmósfera. Gran parte de este carbono será emitido en las próximas décadas; a menos que haya una reconversión rápida hacia prácticas agrícolas sostenibles y orgánicas. El Centro Hadley de la Organización Meteorológica Británica, por el contrario, ha tomado en cuenta éstos y otros factores dentro de sus modelos más recientes, y ha concluido que la temperatura media mundial aumentará en hasta 8.8 grados en este siglo.
Otros climatólogos, que incluyen factores a menudo omitidos, son más trágicos. El IPCC dice que podemos esperar un aumento considerable de olas de calor, tormentas, inundaciones, y la diseminación de enfermedades tropicales en áreas templadas, afectando la salud de seres humanos, ganado y cultivos. También predice un aumento en el nivel del mar hasta ochenta ocho centímetros en este siglo, afectando (por la intrusión del agua marina en los suelos subyacentes de las tierras cultivables y también por inundaciones temporales y permanentes) cerca del 30% de las regiones agrícolas del mundo. Si el Centro Hadley está en lo correcto, las implicaciones serán más devastadoras. El descongelamiento de las capas de hielo de la Antártida, del ártico, y particularmente, de Groenlandia ocurrirán más rápido de lo predicho por el IPCC. Esto reduciría la salinidad de los océanos, que a su vez debilitaría, si es que no las desvía por completo, a las corrientes marinas, tales como la corriente del Golfo, de su actual curso. Y si eso continúa, eventualmente congelaría las áreas que actualmente gozan de un clima templado, como el norte de Europa .
De hecho, es irónico que el calentamiento global pueda ocasionar congelamiento local o regional. Por si fuera poco, tenemos que tomar en cuenta que si paráramos mañana el consumo de combustibles fósiles, nuestro planeta continuaría calentándose, por lo menos, 150 años más, a causa del tiempo de permanencia del dióxido de carbono, el gas más importante del efecto invernadero en la atmósfera, mientras que los océanos continuarán calentándose, por lo menos, por unos mil años más. Todo lo que podemos hacer es tomar aquellas medidas -y se requieren las más dramáticas para retrasar el proceso de calentamiento- de modo que cuando nuestro clima eventualmente se estabilice, nuestro planeta permanezca, por lo menos, habitable. El cambio climático está sucediendo más rápido de lo predicho. Esto se está haciendo evidente, entre otras cosas, por las sequías prolongadas en muchas partes del mundo. Cuatro años de sequía en gran parte de África ha ocasionado que de treinta a cuarenta millones de personas padezcan hambre. Al mismo tiempo, se darán varias sequías en los principales centros de cultivos básicos del mundo: el cinturón de maíz americano, las estepas canadienses, y el cinturón australiano de trigo reducirán notablemente las exportaciones de cereales. Todo esto es el resultado de un aumento de no más de 0.7 grados en la temperatura global. ¿Cómo serán las cosas cuando tengamos que producir nuestros alimentos en un mundo cuya temperatura media ha aumentado en 2 o 3 grados, sin llegar a los 5-8 grados como se nos ha dicho sucederá a fines de este siglo?

Emisiones de óxido nitroso y metano

Cada vez es más claro que el cambio climático y sus diversas manifestaciones mencionadas arriba serán los desafíos más importantes para nuestra capacidad de alimentarnos en las próximas décadas. La agricultura industrial moderna por su misma naturaleza contribuye enormemente a los gases causantes del efecto invernadero. Actualmente, es responsable del 25% de las emisiones del dióxido de carbono del mundo, del 60% de las emisiones de gas metano y del 80% de óxido nitroso, todos ellos poderosos gases del efecto invernadero. El óxido nitroso se genera por la acción de las bacterias desnitrificadoras cuando la tierra es convertida en campos agrícolas. Cuando los bosques tropicales son transformados a pastizales, las emisiones de óxido nitroso aumentan el triple. Es decir, la transformación de la tierra está conduciendo a la emisión de medio millón de toneladas al año de nitrógeno en forma de óxido nitroso. El óxido nitroso es 310 veces más potente que el dióxido de carbono como gas del efecto invernadero, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, aunque las concentraciones atmosféricas del óxido nitroso son afortunadamente menos que una milésima que las del dióxido de carbono - 0.31ppm (partes por millón) comparados con 365 ppm.
Los fertilizantes nitrogenados son otra fuente importante de óxido nitroso. Alrededor de 70 millones de toneladas de nitrógeno al año son aplicadas a los cultivos y contribuyen casi con el 10% de las 22 millones de toneladas de óxido nitroso, que son emitidas anualmente. Con el aumento sustancial de las aplicaciones de fertilizantes, especialmente en los países en vías de desarrollo, las emisiones de óxido nitroso debido a la agricultura podrían duplicarse en los próximos 30 años. En los Países Bajos, que tienen la agricultura más intensiva del mundo, casi 580 kilogramos por hectárea de nitrógeno en forma de nitratos o sales de amonio son aplicados cada año como fertilizantes y, por lo menos, el 10% de ese nitrógeno va directamente a la atmósfera, sea como amoníaco u óxido nitroso. El crecimiento de la agricultura también está aumentando las emisiones de metano. En las últimas décadas, ha habido un aumento substancial en la cantidad de ganado -vacuno en particular- en gran parte, como resultado, de la conversión de los bosques tropicales en pastizales. El ganado emite grandes cantidades de metano y la destrucción de los bosques para su reproducción también está contribuyendo al aumento en las emisiones de dos de los gases más importantes del efecto invernadero. A nivel mundial, las emisiones de metano producido por el ganado ascienden a unas 70 millones de toneladas. Con métodos modernos de producción, el ganado es alimentado cada vez más con una dieta rica en proteínas, especialmente cuando son alimentados con forrajes. Tales ganados emiten considerablemente más gas metano que los alimentados con hierba. Incluso la fertilización de prados con compuestos nitrogenados puede disminuir la captación de metano por parte de las bacterias y aumentar la producción de óxido nitroso, elevando en consecuencia las concentraciones atmosféricas de ambos gases.
La expansión de los arrozales también ha aumentado seriamente las emisiones de metano. El arroz cultivado con agua lluvia produce mucho menos metano que el arroz cultivado con fertilizantes nitrogenados.

La agricultura industrial es alta consumidora de energía

Los componentes más consumidores de energía de la agricultura industrial moderna son la producción de fertilizantes nitrogenados, la maquinaria agrícola y la irrigación con bombas. Estos contabilizan más del 90% de la energía usada directa o indirectamente en la agricultura y todos son esenciales para ella. Las emisiones de carbono a partir de la quema de combustibles fósiles para actividades agrícolas en Inglaterra y Alemania eran de 0.046 y 0.053 toneladas por hectárea, comparadas con solo las 0.007 toneladas de los sistemas agrícolas no mecanizados, es decir, siete veces más bajo. Esto concuerda con lo estimado por Pretty and Ball, que para producir una tonelada de cereales o vegetales usando la agricultura moderna requiere de 6 a 10 veces más energía que empleando métodos agrícolas sustentables. Se puede argumentar que un cambio hacia fuentes de energía renovables tales como energía eólica, solar o células de combustible evitarán tener que reducir el consumo de energía para proteger nuestro clima. Sin embargo, esta sustitución necesaria tomaría décadas; cerca de 50 años según algunos cálculos. Se requiere una reducción radical de las emisiones de gases ahora si tomamos en serio las predicciones del Centro Hadley de que el aumento en la temperatura en los próximos 30 años comenzará a transformar nuestros principales sumideros de dióxido de carbono y metano -bosques, océanos y suelos- en fuentes. Si eso ocurre, entraremos en un proceso irreversible de una reacción en cadena hacia temperaturas más elevadas e inestabilidad climática.

La agricultura industrial está de salida

Nos guste o no, la agricultura industrial moderna está de salida. Es un hecho que cada vez es menos eficiente. Ahora los beneficios por el uso de fertilizantes están disminuyendo. La Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura de los Naciones Unidas (FAO) admitió en 1997 que la producción de trigo en México y EE.UU. no mostró ningún aumento en 13 años. En 1999, la producción mundial de trigo bajó por segundo año consecutivo a cerca de 589 millones de toneladas, un 2% menos desde 1998. Los fertilizantes son demasiado costosos y como McKenney lo explica, “la salud biológica de los suelos está siendo afectada por la ambición desmedida de una fertilidad rápida y fácil, comprometiendo la productividad y los fertilizantes son cada vez menos efectivos”. Las malas hierbas, los hongos, los insectos y otras plagas son asombrosamente adaptables. Quinientas especies de insectos ya han desarrollado resistencia genética a los pesticidas, al igual que 150 enfermedades vegetales, 133 clases de malas hierbas y 70 especies de hongos. La reacción es aplicar aún más venenos más costosos y poderosos, cuyo costo anual en EE.UU. asciende a 8 billones de dólares sin contar con el costo de aplicarlos en la tierra. Los agricultores están perdiendo la batalla, las plagas están sobreviviendo al impacto químico pero los campesinos no. Más y más agricultores están abandonando sus tierras, y la situación seguramente empeorará. Estamos siendo testigos de la introducción forzada de cultivos genéticamente modificados por parte de las agencias internacionales en contubernio con los gobiernos nacionales, como resultado del masivo cabildeo de una industria biotecnológica cada vez más poderosa. Los cultivos transgénicos, al contrario de lo que nos dicen, no aumentan la producción. Requieren más insumos incluyendo más herbicidas, cuyo uso se supone iba a reducirse drásticamente al igual que el agua de riego. También, la ciencia sobre la cual están basados está seriamente cuestionada. Nadie sabe con certeza cuáles serán las consecuencias inesperadas de introducir, por una técnica muy rudimentaria, un gen específico en el genoma de una criatura totalmente diferente. Las sorpresas están a la espera y algunas podrían causar graves problemas de diversa índole.

Extractado de Red por una América Libre de Transgénicos, Boletín 113
http://www.i-sis.org.uk/FTWUCC.php


LO QUE NOS PERMITEN... Y LO QUE PERMITIMOS VOLVER

Se ve una vez más. Claro que lo ven quienes no venden anteojeras y quienes no tienen intereses puestos en el arreo.
Es el paso siguiente, lógico y esperable, del proceso de frenado y domesticación por parte del Estado para con un movimiento cuya peligrosidad potencial, en un inicio, es ahora completamente nula. Después de generar una opinión pública adversa y de incorporar la lucha dentro de los canales de la política, misión ésta de los partidos de izquierda y aquella de los medios de información, el Estado corta con los cortes, por lo menos con el que se hace mensualmente en Avellaneda. Una vez haber hecho aceptable el uso de la fuerza la aplica. La prohibición de acceder las manifestaciones a los espacios reservados para ella y la posterior y eventual permisividad muestran no el triunfo de alguna presión popular si no el control que el Estado tiene de la situación. En la disciplina de los ejércitos también hay lugar para la protesta, siempre y cuando esté precedida del debido pedido de permiso, y la sociedad estatal tiene origen y principio militar.
El Estado apunta al diálogo porque ello significa la contención y para acorralar hacia ese fin es que reduce los espacios. Los dirigentes de los movimientos apuntan a lo mismo con la diferencia de que necesitan lograr una acumulación de fuerzas suficiente para ser reconocidos por los dirigentes del Estado y poder negociar. Así sucedió históricamente con el movimiento obrero y así sucede ahora con el llamado movimiento piquetero.
La cuestión es que ante un vallado y una formación policial lo primero que empieza a oírse es a los predicadores de la “libertad de expresión” y del “derecho a manifestarse”; que “esto no es democracia”, que “el gobierno no quiere escuchar los reclamos”, etc. Aparte y enfrentado a ello, también, la expresión saludable del silencioso vuelo de algo contundente: una parábola que contrasta.
¡¿“Libertad de expresión”?! ¿Cuántos hay que no tendrían que hablar? Y si hablan es porque no podemos hacerlos callar, si tienen el derecho de hablar y de hacer no es porque nosotros se lo demos, es porque se nos imponen. ¿O tenemos que garantizar el discurso de quien nos pone a la policía como necesidad? ¿Toda opinión es válida y todos tienen derecho a expresarla? “Se pretende encapsular al desarrollo y exposición de las ideas dentro de un marco otorgado por la ley como derecho a la libre expresión o libre opinión. Este marco, este límite, es el corral de domesticación de la mente que impone el Estado” decía un compañero en el último acto del 1° de Mayo.
Pedirle a quienes nos oprimen, a los más grandes criminales, que escuchen los reclamos es legitimarlos como lo que son: opresores y criminales. Detrás de estos reclamos existe una legitimación de la legalidad democrática como una conquista de los pueblos, cuando la realidad es que la esclavitud de los pueblos está garantizada por la democracia, esclavitud nunca tan estable y nunca tan solapada como la actual.
En el sitio electrónico A-infos, sitio multisectorial de amplia “libertad de opinión”, se lee: “Hoy el gobierno tubo que reconocer que la protesta es legítima y que podemos ir a la plaza, tubo que guardar su autoritarismo y prepotencia detrás de las vallas, porque se dio cuenta que la protesta no busca desequilibrar, aunque le pongan un tilde de insolencia y terrorismo, lo que hace recordar a gobiernos militares. Pero que liberen la plaza no quiere decir que les interese los reclamos. El gobierno se dio cuenta que la violencia que genera la situación, hoy generaría más violencia si se prohibía la libertad de los trabajadores.” Firmado por La Protesta, periódico libertario. (Por si existe alguna confusión o una intención de crearla no se trata de La Protesta, Publicación anarquista, con la que tenemos afinidad).
Que los gobiernos se vean obligados a hacer concesiones para salvaguardarse o mostrarse demagógicos o caritativos es algo lógico y esperable. Que los Rodolfo Pérez Esquivel (ese demócrata y mediador del Servicio de Paz y Justicia que siempre intercede ante los gobiernos como un cura ante Dios) pidan clemencia en nombre da las garantías constitucionales, también. Ahora, que desde un pretendido anarquismo se sume a todo eso habla ya de una confusión, o de la intención de crearla...
¿Cómo se puede considerar una “victoria” que un gobierno tenga que “guardar su autoritarismo y prepotencia detrás de una valla”? Como si una valla no fuese de por sí una manifestación de fuerza (y de cobardía). Si las riquezas están detrás de las rejas, los arsenales en los cuarteles y la 9mm del cana en su cintura es porque “la casa está en orden”. “Porque se dio cuenta que la protesta no busca desequilibrar” sino que su permiso legitima. ¿Cuál es la “libertad de los trabajadores” que los gobiernos permiten para “no generar más violencia”? El derecho al salario, el derecho a ser explotado, y la pretensión de dignidad dentro de él.
Toda posición ideológica genera prácticas. Insistimos en que este tipo de discursos nos invita o nos empuja, desde inocencias o astucias, a marchar derecho hacia las fauces del lobo del hombre: el Estado.

Cuando nos perdonan la vida, cuando nos dejan vivir y subsistimos bajo la gracia del verdugo, tendemos a estarle agradecidos. Si le servimos, su poder puede dejar de ser una amenaza para transformarse en protección. Si nos alimenta y nos deja hablar podemos hasta darle alguna opinión, una crítica constructiva o un aliento. Si somos buenos discípulos y hacemos carrera quizá algún día nos deje sentar a su lado o hablar por él.

A.G.


BAKUNIN: SOBRE LA DEMOCRACIA VOLVER

La falsedad del sistema representativo descansa sobre la ficción de que el poder ejecutivo y la cámara legislativa surgidos de elecciones populares deben representar la voluntad del pueblo, o al menos de que pueden hacerlo. El pueblo quiere instintiva y necesariamente dos cosas: la mayor prosperidad material posible dadas las circunstancias, y la mayor libertad para sus vidas, libertad de movimiento y libertad de acción. Es decir, quiere una organización mejor de sus intereses económicos y la ausencia completa de todo poder, de toda organización política, pues toda organización política desemboca inevitablemente en la negación de la libertad del pueblo. Tal es la esencia de todo los instintos populares.
Abismo entre quienes gobiernan y quienes son gobernados. Pero las finalidades instintivas de quienes gobiernan -de quienes elaboran las leyes del país y ejercitan el poder ejecutivo se oponen diametralmente a las aspiraciones populares instintivas debido a la posición excepcional de los gobernantes. Sean cuales fueren sus sentimientos e intenciones democráticas, sólo pueden considerar esta sociedad como un maestro de escuela considera a sus alumnos, dada la elevada posición en la cual se encuentran. Y no puede haber igualdad entre el maestro de escuela y los alumnos. Por una parte está el sentimiento de superioridad inspirado necesariamente por una posición superior; por otra está el sentimiento de inferioridad inducido por la actitud de superioridad del profesor que ejerce el poder ejecutivo o legislativo. Quien dice poder político dice siempre dominación. Y donde existe la dominación, una parte más o menos considerable del pueblo está condenada a ser dominada por otros. Por lo mismo, es bastante natural que quienes estén dominados detesten a los dominadores, y que los dominadores deban reprimir y en consecuencia oprimir necesariamente a quienes les están sometidos.
La posesión de poder induce a un cambio de perspectiva. Tal ha sido la historia del poder político desde el momento mismo de establecerse en este mundo. Esto explica también por qué y cómo hombres demócratas y rebeldes de la variedad más roja mientras formaban parte de la masa del pueblo gobernado, se hicieron extremadamente conservadores cuando llegaron al poder. Por lo general, estos retrocesos suelen atribuirse a la traición. Pero es una idea errónea; en su caso, la causa dominante es el cambio de posición y perspectiva.
El gobierno laborista sujeto al mismo cambio. Convencido de esta verdad, puedo decir sin miedo a ser desmentido que si mañana hubiera de establecerse un gobierno o un consejo legislativo, un Parlamento compuesto exclusivamente de trabajadores, los obreros mismos que ahora son firmes demócratas y socialistas se convertirían en aristócratas no menos determinados, adoradores audaces o tímidos del principio de autoridad, y que también se transformarían en opresores y explotadores.
La república burguesa no puede ser identificada con la libertad. Los republicanos burgueses se equivocan identificando su república con la libertad. En esto está la gran fuente de todas sus ilusiones cuando se encuentran en la oposición, y la fuente de sus decepciones e incoherencias cuando tienen el poder en las manos. Su república se basa enteramente sobre esta idea del poder y de un gobierno fuerte, un gobierno que debe mostrarse tanto más enérgico y poderoso cuanto que brotó de una elección popular. Y no quieren comprender esta simple verdad, confirmada por la experiencia de todos los tiempos y todos los pueblos: que todo poder organizado y establecido excluye necesariamente la libertad del pueblo.
Puesto que el Estado político no tiene otra misión que la de proteger la explotación del trabajo popular por parte de las clases económicamente privilegiadas, el poder de los Estados sólo puede ser compatible con la libertad exclusiva de las clases a las que representa, y por esta misma razón está destinado a oponerse a la libertad del pueblo. Quien dice Estado dice dominación, y toda dominación supone la existencia de masas dominadas. Por consiguiente, el Estado no puede tener confianza en la acción espontánea y en el movimiento libre de las masas, cuyos intereses más queridos militan contra su existencia. Es su enemigo natural, su invariable opresor, y aunque tiene buen cuidado de no confesarlo abiertamente, tiende a actuar siempre en esta dirección.
Esto es lo que no entiende la mayoría de los jóvenes partidarios de la república autoritaria o burguesa mientras permanecen en la oposición, mientras no han probado por sí mismo este poder. Como detestan el despotismo monárquico con todo su corazón y toda la fuerza de que son capaces sus naturalezas miserables, débiles y degeneradas, imaginan que detestan el despotismo en general. Puesto que hubieran querido disponer del poder y de la osadía para acabar con el trono, se creen revolucionarios. Y no sospechan siquiera que lo que odian no es el despotismo, sino sólo su forma monárquica, y que este mismo despotismo, al disfrazarse con una forma republicana, encontrará en ellos los más fervientes seguidores.
Desde el punto de vista radical, hay poca diferencia entre la monarquía y la democracia. Ignoran que el despotismo no reside tanto en la forma del Estado o del poder como en el principio mismo del Estado y del poder político; ignoran que, en consecuencia, el Estado republicano tiende por su misma esencia a ser tan despótico como el estado gobernado por un emperador o un rey. Sólo hay una diferencia real entre ambos. Uno y otro tienen por base y meta esencial la esclavización económica de las masas para beneficio de las clases poseedoras. Difieren, en cambio, en que para conseguir esta meta el poder monárquico -que en nuestros días tiende inevitablemente a transformarse en una dictadura militar- priva de la libertad a todas las clases, e incluso a aquélla a la que protege en detrimento del pueblo... Se ve forzado a servir los intereses de la burguesía, pero lo hace sin permitir a esa clase interferir de modo serio en el gobierno de los problemas del país...
De la revolución a la contrarrevolución. Los republicanos burgueses son los enemigos más furiosos y apasionados de la Revolución Social. En momentos de crisis política, cuando necesitan la poderosa mano del pueblo para derrocar al trono, se inclinan para prometer mejoras materiales a esta “tan interesante” clase de los trabajadores; pero dado que al mismo tiempo les anima la más firme decisión de preservar y mantener todos los principios, todos los fundamentos sagrados de la sociedad existente, todas las instituciones económicas y jurídicas cuya consecuencia necesaria es la esclavitud real del pueblo, se comprende que sus promesas se desvanezcan como el humo en un aire puro. Desilusionado, el pueblo murmura, amenaza y se rebela. Entonces, con el fin de detener la explosión del descontento popular, ellos -los revolucionarios burgueses- se ven forzados a recurrir a la represión estatal todopoderosa. De lo cual se deduce que el Estado republicano es tan opresivo como el Estado monárquico; sólo que su opresión no se dirige contra las clases poseedoras, sino exclusivamente contra el pueblo.
En consecuencia, ninguna forma de gobierno ha sido tan favorable a los intereses de la burguesía ni tan amada por ella como la república...

Extraído de Miguel Bakunin, Escritos de filosofía política, t. I, Ed. Altaya.


PARA PENSAR LAS ELECCIONES VOLVER

En época de elecciones es infaltable que un anarquista recuerde frases como “ni votos, ni botas” o “ni gobierno, ni patrón” y que ante la verborragia politiquera de izquierda y derecha los mandemos a todos a... su lugar. Sin embargo estas frases suenan vacías fuera de contexto, como si fuera un slogan comercial del anarquismo. Es por eso que estas frases bien aclaradas dicen más, pues en realidad llevan un gran peso, que debemos evidenciar. Como ya debe saber usted, un anarquista no vota porque tiene fiaca de ir a la escuela un domingo, tampoco porque solamente es un rebelde que contradice a la policía o “se hace el loco”.
Un anarquista no vota por una causa más profunda que una simple rebeldía. Tiene una idea detrás de la acción de no votar, y por más que vaya obligado a hacerlo -pues en Argentina el Estado obliga-, hay algo más allá que el mero hecho de no poner el sobre en la urna o impugnar el voto.
El hecho es que un anarquista no avala la idea de elegir a nadie como representante, función del voto. La causa de esto es que no creemos que nadie exprese mejor nuestras intenciones, deseos y razones de organizarnos y vivir como nosotros mismos lo haríamos.
Si optaríamos, como lo permite el voto, por elegir a alguien como nuestro representante, estaríamos cediendo, resignando nuestra capacidad de elección en cuanto seres libres. El voto anula la libertad del ser humano, y permite que aquellos que prefieren una sociedad basada en la jerarquía, la mantengan, anulando y negando la existencia de un ser libre. Es por el contrario que un anarquista no cree, ni reivindica de ninguna manera ningún tipo de organización basada en las jerarquías y superioridad de una persona (o grupo) por sobre las otras. Avalar el voto es para nosotros una forma más de negarle humanidad al ser humano, convirtiéndolo en esclavo de las decisiones de otro.

La creencia dirigencial

El voto es considerado sinónimo de consenso y es por eso que él, en tanto instrumento, sostiene a la actual democracia de masas y constituye uno de los estandartes y pilares del actual Estado moderno (burgués) que viniera a desplazar al Estado monárquico a fines del siglo XVIII. Es decir, sostiene la actual sociedad que limita al ser humano, lo reprime y niega, más allá que lo denominen democracia representativa (u otro nombre). Sostiene la organización dividida en diversos poderes, entre ellos el represivo, policial, ligado al judicial, ligado al ejecutivo y legislativo, cadena que culmina en los grandes terratenientes y capitalistas del Estado argentino (o de cualquier otro).
En el momento que uno vota, por más buenas intenciones que tenga algún candidato, uno está avalando el actual funcionamiento social. Puede ser que un gran ser humano con conciencia social quiera hacer algo por los demás, forme un partido y se presente a elecciones para intentar destruir “las injusticias sociales”. Es por eso que no es cuestión de voluntades, el sistema es justamente una forma de funcionamiento social, es algo estipulado y controlado por los que tienen el poder y oprimen para seguir haciéndolo. Si es que se quiere hacer algo “por la sociedad” se debe empezar por destruir las bases autoritarias y jerárquicas en las que se basa la actual organización social.

Nunca de izquierda

El apoyo al sufragio fue y será nuestra eterna e irremediable diferencia con lo que se denominan partidos de izquierda. Ellos se presentan a elecciones y creen en las dirigencias por más que en muchos aspectos podamos ver y entender las cosas de manera similar. Ese abismo nunca lo vamos a sortear, un anarquista no se presenta a elecciones, ni las reivindica, ni las quiere.
Es así que aquí tomamos distancia de aquellos que se llaman partidos de izquierda, revolucionarios, liberadores, libertarios, radicales o cualquier otro mote. Los anarquistas no formamos partidos, ni participamos de ellos.
Vale decir lo mismo para aquellos que en estos últimos tiempos -y en un collage mental desesperado- creen que la salida está en la incongruencia de formar “partidos anarquistas”, populares, en donde el pueblo “decida” y “gobiernen los de abajo”. Nunca puede haber un partido anarquista, es una contradicción, y si hay alguien que lo quiera llamar así lo que está haciendo es confundir y ensuciar el nombre del anarquismo y su lucha. Quimeras y falacias que en nombre del anarquismo piden un gobierno. Un anarquista no quiere gobernar ni ser gobernado. No quiere gobierno ni patrón. Es decir, repudia al Estado, su organización jerárquica y a cualquier otro que se crea superior. El gobierno anarquista es un engaño, por más buena voluntad, ideas y anhelos que puedan llegar a tener estas personas.

Sin ser agnósticos

A más de dos siglos de la puesta en marcha del moderno sistema democrático y a menos de un siglo de que el voto -más o menos como funciona hoy en día- se popularizó alrededor del mundo, cada vez más son aquellos descreídos que expresan su rechazo a votar y nada más que eso.
Insatisfechos y desesperanzados se muestran indiferentes ante todo. Así podemos reconocer frasecitas como “que se vayan todos”, “son todos la misma mierda”, “para qué, si después todo sigue igual”. Estas frases también pueden volverse un latiguillo vacío que no conduce a nada. Ser ovejas de la manada tampoco cambia nada.
La desidia y el conformismo no tienen nada que ver con el anarquismo, pues tenemos una idea y no somos agnósticos, creemos en otra organización social. Es por esa otra forma de organizarnos que creemos que votar va a hacer que todo sigua igual, pues no importa a quién o cómo se vote, si no que es el sistema electoral, sostenido por un Estado que avala un funcionamiento social autoritario. No queremos que se vayan todos para que venga alguien, no queremos a nadie que nos pise y joda, no queremos dirigentes. Queremos otra forma de asociarnos en donde nadie gobierne.

Ante esto; una propuesta

¿Por qué planteamos esto?, ¿por qué esta negativa a lo que se considera normal para organizar la sociedad? La sencilla razón es que el anarquismo ante esta sociedad jerárquica autoritaria, plantea otra forma de organizarse, sin jerarquías ni autoridades. Porque el anarquista cree que es posible y reivindica otra forma de organización.
Claro está que si uno lucha por autonomía los jerárquicos y autoritarios van a tratar por todos los medios de coartarnos esa libertad de organizarnos de otra manera, pues va en contra de sus intereses. ¿Cómo pueden existir libres en tierras de dominados?
Así el anarquista se encuentra contra una sociedad que lo obliga a organizarse, creer, crecer y pensar que las jerarquías son fundamentales para vivir y convivir con los demás. Ante esto el anarquista se revela y aquí empieza el conflicto.
Cabe aclarar que el anarquismo, en tanto posibilidad de emancipación del ser humano, no tiene un programa a rajatabla para cumplir. Preferimos una propuesta, la punta de un gran iceberg que nunca sabremos que será, hasta tanto lleguemos a ello. Es por ello que quién quiera creer en un programa anarquista, con puntos y pasos, está soñando, pero no por ello es un soñador dormido. Está en todo su derecho de fantasear con aquello que un anarquista más quiere: una sociedad libre, porque ella es posible.

Ubérrimo


DE LA DEMOCRACIA VOLVER

Vale dejar en claro el significado de democracia, ésta implica el gobierno del pueblo (demos, pueblo; cracia, kratos, autoridad).
Democracia o poder de los trabajadores, de los de abajo, democracia directa o popular, etc., son los títulos de propaganda pro elecciones agitados desde la derecha pasando por los de centro hasta llegar a la izquierda, todos y cada uno de ellos denotando al menos en discursos su compromiso con la democracia por y para el pueblo; armando y desarmando frentes electorales sin tener ningún tipo de problemas, demostrando una y otra vez lo asquerosa que es la política: el arte de gobernar, para ser más claro.
Recuerdo haber estado en una esquina del microcentro durante la hora pico de vendedores ambulantes y empleados administrativos, en un momento frena una camioneta provista de altos parlantes y fotos evidentemente de izquierda, a la vez que voceaba una seguidilla de reivindicaciones entre las cuales se podía escuchar: “no pago de la deuda externa”, “juicio y castigo a los genocida”, “reducción de horas de trabajo”, mientras se podía apreciar cierto silencio en lo que minutos antes era un solo murmullo. Pero esto cambió cuando se escuchó vocear “salario mínimo de 900 pesos para que se acabe la indigencia”, el silencio se transformó en carcajada y la camioneta se retiró. Esa misma carcajada se transformaría meses después en bronca cuando el gobierno de Kirchner sepultara en la tumba de hormigón a varios manifestantes en los hechos de la legislatura porteña por rechazar la ley de convivencia social que afecta directamente a todos aquellos que trabajan en la calle, los mas desposeídos.
No solo la Iglesia, la burguesía y los medios aplaudían la represión sino que también la izquierda sepultaba a los manifestantes presentando a las autoridades videos que servirían de evidencia. Tiempo después el presidente diría que hay que cuidar la democracia de quienes atentan contra ella y su gestores.
La democracia hoy llama de nuevo a votar porque es un derecho constitucional y una obligación para el ciudadano, y no solo eso sino que también garantiza perpetuar la explotación del hombre por el hombre.
El poder arroja su última y más exitosa carnada para preservar el orden establecido, y aunque existan personas que realmente creen en esta doctrina política, honestos y convencidos, cabe decirles que cualquier autoridad que se ejerza sobre el pueblo, por más popular que esta se diga, no me representa, sino que representa sus propios intereses. En este sentido sería para perpetuar su condición de gobernantes; ejemplos nos sobran.
Cae en evidencia que la dictadura y la democracia son dos caras de la misma moneda y, inevitablemente, atienden a las exigencias de la burguesía fomentando todo tipo de valores negativos y nocivos para el ser humano, coartando nuestras posibilidades de desarrollo tanto físico como mental o intelectual, reduciéndonos a lo que todo opresor pretende del oprimido: carne inerte y obediente.
Podríamos decir entonces que la democracia es nada menos que otra doctrina que arroja el poder, ni más ni menos criminal, ni más ni menos siniestra, calculadora y dañina que cualquier otra tendencia que pretenda gobernar y someter a los pueblos. Creo que ésta ha alargado la soga para que nos movamos un poco, y dicen que ya no existen esclavos; o por lo menos eso es lo que indica la Constitución nacional. Pero ahora existen los asalariados y nos obligan a trabajar, a vender nuestra fuerza de trabajo por unos pocos pesos los cuales no alcanzan para llegar ni a la quincena, porque para colmo tenemos más de un parásito chupasangre que nos vive. No solo es el patrón el que nos exprime, también aparece algún locatario, éste es el parásito que aparece una vez por mes a cobrar la habitación o la casa, y que nos tiene bien apretados; o pagamos o vivimos en la esquina. Desde luego que también existen los supermercados, esos depósitos que revientan con productos o alimentos que nosotros producimos y por ende nos pertenecen. Después hay otros explotadores, pero el enemigo más importante de la libertad es el Estado, ya que éste es el garante de la explotación.
La democracia quiere un Estado benefactor y protector del ciudadano y ahí está la cuestión. Aquí haría la clásica pregunta bakuninista: ¿si la democracia es el gobierno del pueblo? ¿cuál es la parte del pueblo que entraría en la Casa Rosada? ¿los más aptos? ¿y qué pasaría con los menos aptos? ¿acaso lo que sucede hoy...?
La injusticia se recicla.

Gabriel


BRONCA VOLVER

Encierran, castigan, humillan, reprimen y matan sin compasión, aíslan intentando de esta manera destruir al individuo, tanto mental como físicamente.
Estamos inmersos en esta sociedad que promueve y legitima
esto.
¿Cómo no rebelarse?
En la cárcel de Magdalena murieron 33 presos; calcinados y asfixiados.
La arrogancia del poder no tiene límite. La policía defiende la seguridad de la burguesía, ese ejército de mercenarios que son reclutados, entrenados y puestos estratégicamente en la calle para vigilar, seguir y -si es necesario- eliminar a quien no obedece las reglas que imponen.
Viven y proliferan para el beneficio de unos pocos, a costa de la miseria de muchos seres humanos.
Abolición del Estado.
¡Lucha por la Revolución y la Libertad!

Leti


LA POLÍTICA LUCHA VOLVER

¿Qué es la política sino el arte de gobernar, es decir, la habilidad de manipular y utilizar a la gente, siempre con una finalidad: la de sacar algún tipo de provecho? En la guerra del Poder por Poder los aliados y los enemigos ocupan lugares coyunturales; es la ley de la táctica y la estrategia. En política se pueden sacar ojos como abrazarse, se puede hacer de alfombra o serruchar pisos; dependerá de la oportunidad.
Para el Estado todo, o casi todo, es utilizable. Esto no justifica una posición de abstención ante ciertas luchas en las que se trata de arrancar algo. Más allá de la búsqueda de inclusión en la jerarquía del reparto es en la rebelión donde late la posibilidad y si ésta no se radicaliza, la posibilidad se trunca, o sea, se vuelve utilizable. Tampoco significa una subestimación de los participantes, pero hay que ser concientes de que nuestras inocencias equivalen en magnitud a las astucias del Poder. “Inocencias” en el sentido de no entrar en el juego de intrigas, conspiraciones y sospechas que caracterizan a la política. Pero más allá de la voluntad y la intención propia siempre se puede servir a la voluntad y a la intención de quienes manejan peones.
¿No es esa la esencia de la explotación? ¿No pone la burguesía a su disposición a todo un mundo según su funcionalidad? Si producen y disponen a la gente para vigilantes, bufones, filósofos, voceros, periodistas, mercenarios, gerentes, obreros, políticos, sindicalistas, médicos, no médicos, etc. ¿no ponen también a su disposición a luchadores?.
¿Los enfrentamientos y las muertes del 20/12/01 no fueron aprovechadas, sino directamente provocadas, para legitimar un recambio presidencial? ¿La orden judicial que en el 2003 desalojó a las obreras de la fábrica Brukman y que derivó en enfrentamientos contra la policía, no fue un bondi impulsado por sectores de Menem contra Dualdhe, entonces presidente? Y ahora, en tiempos de elecciones, ¿con qué carne de cañón se están disparando?.
La explotación es la utilización y su consentimiento o permisión puede ser a fuerza de necesidad: es entendible, pero no justificable, como no lo es tampoco nuestra abstención.

A.G.


ELLOS DICEN QUE NO SABEN... VOLVER

Pero se ve desde adentro cómo fue.
“Los hicieron mierda” se gritaba desde los techos.
Amotinados.
Se vieron en la misma situación de igualdad.

Ellos dicen que no saben…
Corren hacia el otro lado…
lado más oscuro del ser,
el de olvidar.
“Fue una pelea entre ellos“… dicen.
Madres y familiares corren hacia los suyos,
ayudando a quienes podían,
al que salía asfixiado, calcinado…
¡los quemaron vivos!
…pero algunos respiraban
Los inadaptados que condena la sociedad (suciedad),
ahí, entre puertas cerradas
corren desenfrenados, todos,
sin importar la vida misma.
Corren hacia los gritos
por los corredores del otro pabellón
“no tiren más, hijos puta, asesinos”
buscando utensilios
para romper cualquier imposición de los muros,
buscando consolar esos gritos
desbordados por los suyos
hicieron boquetes ahí, para estar.
¡La más digna expresión de solidaridad!

Y sus caras en los afiches están.
Posando para sus elecciones, todos;
Ellos… todos.
Puertas cerradas por ellos
Carceleros, funcionarios, directores…
¡Bastardos todos!

Se oyó a los familiares,
madres y compañeras gritarles:
“¡los que debían estar calcinados son ustedes!”
“¡por los nuestros!”

¡Bastardos todos!

Pablo


MONTÓN VOLVER

Hay un montón y queremos tomar de él, lo que necesitemos y no más. Es un derecho necesario y el límite, como todo, es el de nuestra propia capacidad. Y el derecho, es decir, la posibilidad merecida, no se pide: se pelea. Porque el montón, además, está privado y custodiado pero corresponde a todos, más allá de lo que cada uno aporte a su producción. Cada uno da lo que puede y lo qué y cómo lo dará en su momento, se verá en su momento. Primero está la necesidad de satisfacer las necesidades, después se verán los “deberes”. No se le puede pedir conciencia al estómago vacío: la conciencia viene después del atracón, cuando los corazones se contentan.
En eso confiamos; una vez desencadena y liberada de los amos, las sociedad tenderá, no sin obstáculos, a la armonía. La necesidad de conservación impedirá la guerra mutua y lo que prevalecerá es el carácter sociable de los individuos. Es como sucede en la naturaleza con la evolución de las especies: el medio favorece a quienes más se adapten a él. El ser humano, el animal que más se acostumbra, tenderá a ser botón en una sociedad de botones y un hombre libre en una sociedad de libres. Más o menos, a la carrera o refrenándose, a la larga o a la corta, las fuerzas del medio arrastran más fuerte que la voluntad individual. Una vez ubicados todo tiende centrífugamente hacia uno de esos extremos: los intermedios están definiéndose constantemente.
Esto no quiere decir que la sociedad que planteamos no halla que impulsarla: la inercia hay que vencerla y sostenerla. La anarquía no es inevitable, de hecho la están evitando con gran efectividad: en efectivo y con efectivos. Las cárceles no se derrumban solas, a lo sumo se erosionan tras millares de años: no tenemos tanto tiempo.
Es necesario tomar del montón, porque hay de sobra y es mentira que lo que sobra es gente. Es necesario; es la condición para la vida de los que caen como moscas en este genocidio diario y sistemático, en la agonía perpetua y la tortura sin gritos. Es necesario y por eso, posible. Hacia eso debe apuntar todo movimiento, organización o propaganda: a la apropiación por parte de las mayorías de las riquezas privadas. Otra cosa es amontonar impotencias y cadáveres.

A.G.

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