Nº 37
JULIO-AGOSTO 2006

ARTÍCULOS:


¡A POR TODO! VOLVER

La realidad anarquista está en las posibilidades que tiene el pueblo de realizar la anarquía. No la inventamos nosotros: cuando más la suscitamos, poniendo un acento enérgico a cuanto en él es instinto y esperanza. Intuía la libertad: debe vivirla; aborrecía el Estado: debe aplastarlo.
Esto no será tan fácil como escribirlo. (¡Qué va a ser si ésta es la lucha en que agonizamos!) Pero nadie puede probarnos que es imposible. Por más que digan los que, llegada la hora de la realidad anarquista, se quedan a la mitad del camino, los obstáculos que ven o los riesgos que señalan, no se los levanta el pueblo, sino los que no pueden querer, porque no les conviene, o porque no comprenden, la anarquía. ¿Cómo aliar las pequeñeces de ellos con las grandezas nuestras?... ¿Por qué pararse a contemplarlas?... Mejor sería recordar que no hubo, hasta ahora, alzamientos populares, y menos revoluciones, que se perdieran por pelear mucho y quererlo todo, sino al revés: por no emplearse a fondo y querer poco.
Del mal el menos, es un eufemismo del no podemos; la realidad que se nos impone, no la nuestra. Porque no se puede todo, solos, adherimos a los que, solos también, no pueden nada. ¿Pero es que somos nosotros, los Fulanos o Zutanos, los miles o los millones de anarquistas, la anarquía?... ¡No! ¡Protestamos que no! Que tengamos su acento y su doctrina no quiere decir que tengamos la realidad de su vida. Ésta la tiene el pueblo. Y de sus limitaciones para vivirla no podemos hacer caudal nosotros: porque no está probado que así sea y, en cambio, sí está probado que el que lo limita es el gobierno.
En este instante del mundo de sí o no, de bien o mal, sólo los que no pueden, por infijos o cobardes, juegan a menos. Son los que siempre también ventajearon las derrotas de los rotundos y fuertes. Los que, entre los dos extremos del varonil todo o nada, del salto hacia el infinito o el regreso a la caverna, se quedaron en el medio, entre las dos audacias, que les dan miedo.
¿Somos nosotros, los anarquistas, de ésos?... ¡No! ¡Protestamos que no! Son nuestras arremetidas las que han llevado a la humanidad a esta encrucijada de vida o muerte. ¿A qué engañarnos?... Porque peleamos por todo, los enemigos del hombre pelean por que no logremos nada.
Pero el pueblo quiere todo. La anarquía es todo. Anarquistas: ¡A POR TODO!

Rodolfo González Pacheco, escrito durante Revolución española


SOBRE EL ACTO DEL 1° DE MAYO VOLVER

Como venimos haciendo desde hace algunos años se realizó el acto del 1° de Mayo en la Plaza Alsina de Avellaneda, convocado por los compañeros de La Protesta, Sociedad de Resistencia y Libertad. Transcribimos parte de lo dicho por los compañeros:

Gabriel de La Protesta realizó la introducción relatando las luchas de los obreros de Chicago y el procesamiento y ahorcamiento de los anarquistas en 1886.

Gabriel de Libertad dijo:

“Desprecio y bronca: individual, en cuanto a la visualización del problema, y; colectivo, en cuanto que éste se proyecta a la totalidad de la sociedad. ¿Y cómo no sentirse de esta forma en situación de desventaja perpetuada? Nos tienen sometidos a la miseria, a la dádiva, salario, planes, indemnizaciones, etc. Migajas que en situación de carencia se aceptan o no, y es entendible, al igual que el pan del carcelero; pero sin olvidar que esto no es más que un parche utilizado por el poder en función de consolidar y perpetuar su permanencia sin mayores problemas.
Este gobierno, que se caracteriza por ser el del discurso más progre y peronista desde la llegada de la democracia, boicoteando a algún que otro grupo económico de renombre, pidiendo apoyo a la población, purgando sus instituciones, metiéndose en los bolsillos a numerosos grupos de base, a logrado su propósito: el de obtener su aspirado consenso por parte de la ciudadanía. Está claro que este tema es mucho más profundo, pero quería recalcar, principalmente, que cuando un gobierno es consensuado, evidentemente, tiene que explotar los mecanismos de control en todas sus variantes, y no alcanza sólo con la fuerza, este gobierno utiliza la persuasión como principal mecanismo de control.
Es esto a lo que nos enfrentamos en este momento, la democracia es tan criminal como la dictadura, decimos, porque su esencia es la misma: preservar los intereses de la burguesía, es decir, preservar las riquezas acaparadas. Y es por esto que nos oponemos al sistema imperante y queremos destruirlo, porque sabemos que la infinidad de las riquezas que unos pocos poseen son producto y fruto del trabajo de nuestros antepasados y de nosotros y, por ende, nos corresponde. También sabemos de las riquezas del ser humano como individualidad y como posibilidad, pero entendemos que esta sociedad capitalista imposibilita toda forma de sociabilización armoniosa.
Y hay que decirlo, todo gobierno es criminal, el Poder tiene la necesidad de instaurar ciertos valores en la sociedad que le sean de provecho, que le garanticen la formación del ciudadano al servicio de sus caprichos o, más bien, de su enriquecimiento. Pero aún así ellos lo saben, saben bien que el instinto y la necesidad de rebelarse es propia del hombre, para esto tienen a disposición todo un siniestro aparato de control y castigo. La cárcel representa, en este sentido, la máxima expresión del orden, del control y del desprecio hacia la humanidad; y ese lugar a donde van a parar hombres y mujeres diariamente, chicos y adultos sometidos al encierro, al hacinamiento, a la tortura y al olvido en las cárceles y comisarías existentes.
Nosotros entendemos que la denominada delincuencia no es más que una respuesta conciente o inconsciente a las riquezas que nos han sido negadas a fuerza de opresión y, por lo tanto, planteamos la abolición de las cárceles, pero sabemos que esto no es posible sin antes abolir el Estado, por ser quien representa la máxima concentración del Poder.
Y a eso apuntamos, creo que hay que incentivar la rebeldía, que no es nada ajena a nosotros y, a esta, darle un carácter ideológico.
Los voceros del Poder, por ejemplo, argumentan sus reformas hablando de las necesidades inmediatas, y yo digo ¿qué sabrán ellos de necesidades inmediatas? Las nuestras, y digo las del conjunto de los explotados, tendrían que ser las de ocupar todos los recursos que nos sean necesarios para conformar una nueva sociedad, sin explotados ni explotadores.”

Después Gabriel de La Protesta leyó un texto escrito por Patricio que está publicado completo como artículo en el número 8230 de La Protesta.

Parte de lo dicho por Adrián de Libertad:

“Leí por ahí que fue un relator de fútbol el que comenzó a utilizar la frase “hoy es un día peronistas” para referirse a los días de sol brillante. El tipo terminó, quizás como premio, de funcionario de Isabel Perón. Y es que no sólo se han esforzado en apropiarse de fechas o han vaciado a toda lucha de contenido radicalizado; también han pretendido apropiarse hasta del sol. Por supuesto que esto no pasa de lo simbólico pero, precisamente, es ahí de donde se agarra el discurso y la fuerza. La pretensión es cooptar y poner a su merced hasta la vida y su fuente. Si pudieran doblegarían hasta el universo a latigazos para hacerlo alfombra de palacio. De otra forma no pueden existir.
Todo lo que implique una independencia de su órbita es una potencial amenaza de choque. Pero para que la independencia sea tal debe brotar y girar desde la gravedad de la cuestión.
Nuestras ideas, las anarquistas, no carecen de búsqueda de definición: en el devenir nada se cierra. Pero hay cuestiones -y no son pocas- que van quedando asentadas y acentuadas.
Hay compañeros que se acercan que ven en este ir definiendo una equivocación o un obstáculo y se desmotivan. Plantean que hay supuestas desuniones y fraccionamientos. Los hay quienes nos proponen integrar frentes comunes con los partidarios de la policía de siempre. Otros con sus partidarios a medias... Como si por el solo hecho de que alguien se auto-llame anarquista debiéramos entendernos. ¿Qué dirían de la diputada que se presenta -y a la que presentan- como anarquistas? ¿dirán que es una diferencia personal con ella?. Hablo de a quienes la inquietud ha comenzado a movilizar. De los que ya se han licenciado como predicadores del reciclaje, generadores de corrientes y rémoras de las definiciones del Poder: esos ya tienen ganado su lugar en el “cielo”...
La desmotivación de aquellos compañeros es infundada. Todo lo que se gesta tantea en un inicio su camino y, al desarrollar la visión y la imaginación, nos sabemos flanqueados por abismos y, por delante, la posibilidad abierta que constituimos con nuestros pasos desencadenados, y solo con ellos.
Con la ideas anarquistas la dificultad es mayor. No hay otro planteo que pretenda lo que nosotros. Las ideas anarquistas están en las antípodas de la cultura que domina desde hace siglos. Cultura que va perfeccionando sus mecanismos de domesticación y desmotivación. Y no es, por lejos, que nosotros hallamos aclarado todo o que no adolezcamos de limitaciones y ataduras. Quien más, quien menos, tendemos. Pero por compromiso y respeto de sí las ataduras nos apremian...
En el devenir hay cosas que van quedando asentadas, y se asientan como puntos de partida; se afirman como peldaños y como sustento desde donde posicionarse y desde donde apuntar. Esto no niega la discusión de lo afirmado; estamos dispuestos a la discusión pero no nos entretiene: buscamos convencer y convencernos.
Y como convicción yo lo estoy de que varias cosas van quedando en evidencia. Todas las otras propuestas que se han presentado como alternativas a la presente sociedad se han evidenciado como lo que siempre fueron: la que no garantizó manifiestamente la continuidad de la esclavitud abogó por una rebautizada. La izquierda, más allá de las buenas intenciones de muchos, cumple la función de oxigenación y más aún cuando a los poderosos les empieza a faltar el aire de sus administradores tradicionales. Se ve hoy como constituyen la salvación del orden, como son el recambio que, según las circunstancias, el capitalismo necesita. Y se ve que la única alternativa al problema de la explotación del hombre por el hombre -problema que no se escucha que se plantee más que desde acá- es lo que proponemos los anarquistas. Y esto lo saben, ya empezaron desde corrientes, desde periódicos y libros, a desdibujar o a atacar directamente lo que decimos. Se están atajando de lo que puede llegar a venir.
Porque creo que hay un surgimiento, de apoco, van apareciendo voces, aisladas o grupos, que empiezan a arrimarse, a nuclearse. Con la dificultad de siempre, la dificultad de ir conformando una posición de intransigencia ante lo establecido. Es difícil, pero se puede.
Además hay una necesidad. Y la necesidad no tiene tanto tiempo. Las cosas están pasando ahora: las muertes, los sufrimientos de todo tipo.
Esto es una masacre. Todas las otras épocas de la historia fueron crueles y sanguinarias. La gente era empalada en las calles, las exhibiciones publicas de torturas, marcaban con hierro al rojo vivo para indicar la propiedad de los esclavos... Ahora algunas cosas se han sutilizado y otras suceden detrás de los muros, en las sombras. En una guerra, a lanza y espada, morían miles; chicos, grandes. Hoy miles más mueren diariamente y sistemáticamente en tiempos de paz, así le dicen. Nunca una carnicería fue tan atroz, tan planificada y tan redituable. Y si hoy yo no soy uno de esos miles es por azar o porque me tienen reservado para algo.
Y eso también es algo que llama al compromiso, además de la rebelión y la indignación, la vida es vida en relación y como tal hay una responsabilidad ante lo que pasa. Claro que hay inocencias, y bienvenidas, pero llega un punto en que éstas, habría que ver, si no se refugian exclusivamente en las criaturas.
Porque en esta vida en relación hay un condicionamiento mutuo y hay dependencias. Por lo menos en lo que tiene que ver con la movilidad y en las posibilidades de influencia. Porque en relación a la idea no hay número que la determine. En esto estamos más allá. Por supuesto que queremos sumar y nuclear, pero la cantidad no modifica la posición.
Encontrarnos con compañeros siempre es grato, hay contagios, hay ánimos. La expresión puede cobrar otra tonalidad, cobrar proyección, y seguramente se encuentren las salidas que cuesta encontrar. Pero hay que saber que somos una minoría y aunque la cosa se expanda vamos a seguir siéndolo. Esto no debería ser una preocupación.
La posibilidad se abre ante nosotros, desperdiciarla es desperdiciarnos...”

La compañerita Zoe de La Potesta dijo:

“A mí me parece que hay gente que está muy equivocada y dice que el gobierno es tonto, y el gobierno no es tonto porque sabe muy bien lo que hace: mentir, atontar, esclavizar y matar.”

Parte de lo dicho por Marcelo de La Protesta:

Buenas tardes, muchas gracias por su presencia y por su atención, en primer lugar quiero fijar los objetivos de mi exposición y que responden a una serie de preguntas que habitualmente recibimos: ¿Qué es el anarquismo? ¿Qué propone? ¿Qué podemos hacer?
Para responder estas preguntas, quiero comenzar demostrando que el mundo, está cada vez más inhabitable, más hostil para los seres vivos. Que esto ocurre a consecuencia del accionar de los seres humanos y que para que esta realidad se modifique profundamente, hay que actuar, hay que intervenir cotidianamente.
Somos individuos sociables y estamos formados por una construcción social de miles de años, dependemos de los demás y forjamos un pensamiento individual con actos y acciones que nos harán distintos, pero indudablemente el medio que nos rodea influye fuertemente sobre cada uno de nosotros. Esa es la única explicación que permite entender como es que la mayoría de la población mundial acepta, tolera o se somete a esta trágica realidad.
En este sentido los datos estadísticos son abrumadores y si los refiero aquí es para que recordemos donde estamos parados y lo urgente que es destruir esta sociedad.
Cada 7 segundos un niño menor de 10 años muere de hambre. Cada día mueren 100.000 personas a causa del hambre, de enfermedades asociadas, de la violencia militar o policial del estado. Cada minuto muere una mujer embarazada debido a complicaciones del embarazo o el parto. Cada año mueren un millón y medio de recién nacidos, en la primera semana de vida. Cada año un millón y medio de los bebés nacen muertos.
Es muy importante destacar que solo un 1% de esto ocurre en los países desarrollados (desarrollados porque tienen la fuerza y el poder para extraer las materias primas y los recursos materiales e intelectuales de los países explotados…)
Esto demuestra dos cosas: que en un 99% son evitables con la tecnología actual y lo es peor aún: es una demostración irrefutable que todos estos crímenes son la consecuencia de un accionar sistemático de los que dominan y oprimen a la humanidad.
¿Cómo es posible que la enorme mayoría de la población mundial no se rebele?, cualquier persona en su sano juicio puede entender la magnitud del crimen, pero resulta que esa labor milenaria que realizan los Estados, las religiones y los poderes ha logrado mermar al ser humano, se ha impuesto la idea que hay males necesarios, que podríamos estar peor, que la salvación individual, que mejor no meterse, que ya vendrá el paraíso…y un montón de miserables razones para retroalimentar a este sistema.
Ahora ¿Quiénes han impuesto esta idea y quienes la sostienen?
Por un lado están los más conservadores, los más reaccionarios que no dudan en sostener que hay seres superiores y seres inferiores.
Por otro lado están los que “defienden” al pueblo, y se postulan para gobernarlo, traidores que aprovechan su credibilidad y limpian a las masas de su responsabilidad porque es pobre-ignorante-inocente y si bien esto es cierto (y ya sabemos las causas), no realizan ninguna acción para modificar las relaciones de dominación que existen en la sociedad.
Los ejércitos están formados por hijos del pueblo, los carceleros son hijos del pueblo, los torturadores son hijos del pueblo, los que votaron a los criminales Bush, Kirchner, Blair, Chávez, también son hijos del pueblo…
El pueblo es secuaz de todas las autoridades, de todos los dogmas, de todas las modas porque lo han absuelto, los demagogos lo convencieron que muchas “incomprensibles” situaciones no están en sus manos, les sugieren delegar el poder, democracia, elecciones…la farsa de la representación popular y en esto los peores son los progresistas que quieren y se ufanan de utilizar mejor a la población…
También existen muchísimos otros que no tienen siquiera la posibilidad de preguntárselo porque el hambre y la necesidad de sobrevivir conforman la totalidad de su pensamiento y de su día a día.
De cualquier manera que sea, lo que yo quiero explicar hoy aquí, es que este sistema se organiza con una serie de instituciones conectadas entre sí dentro del denominado Estado, y que el pueblo, la “masa” es un concepto para anular la identidad y la responsabilidad de cada uno.
Y también dejar claro que quienes llevan dentro de su corazón las jerarquías y la obediencia, jamás podrán intentar una revolución social y que con ellos no hay conciliación… ¿para que?... ¿para entregarnos a otra estafa?
¿Cuál es el fin del Estado?... gobernar, organizar a la sociedad de manera jerárquica y la definición a esa jerarquía la da su autoridad (autoridad impuesta por la fuerza), en otras palabras, se ha creado un pirámide artificial que permite que unos ordenen y otros obedezcan y -algo que resulta fundamental para este tipo de sociedad- que ambos tengan la capacidad de obedecer, algo que resulta infinitamente más útil que el “don de mando” de algunos.
El Estado y la cultura que nos rodea estimula fuertemente la formación de individuos que sean capaces y proclives a obedecer.
La obediencia debilita, da lugar a un hombre que cede sus posibilidades transformadoras y que se configura dentro de un devenir sin creación, para que puedan resistir sin cuestionar.
Insisto nuevamente con el tema, pero es importante recalcar que esta catástrofe ocurre porque algunos se benefician... como ejemplo, basta decir que las 500 personas más ricas del mundo tienen más dinero y bienes que 476 millones de personas.
Finalmente, entonces: ¿qué es el anarquismo y qué propone?
Pensamos que el anarquismo es la única ideología que cree en el hombre libre, y que afirma que las potencialidades que existen en cada ser humano permitirán una sociedad distinta, mejor.
Que es un movimiento que une la política con la vida, que es una activa postura ética frente a cada situación que un hombre enfrenta.
El anarquismo parte de la negación, negamos a una autoridad que proteja a la explotación, negamos la servidumbre y la obediencia.
El anarquismo es una constatación: demostramos que es la autoridad la que limita las posibilidades de una sociedad libre...por eso estamos en guerra.
El anarquismo es una afirmación: el hombre puede desarrollarse sin intervención de gobierno o divinidad alguna...
Bakunin decía: - “Quiero seguir siendo ese hombre imposible en tanto los que hoy son posibles no cambien”.
Esta invitación que nos hace a la perseverancia, a la lucha, a mantener las convicciones en todos los momentos, esta visión tan optimista, y que veo en los compañeros, esa pasión por destruir esta realidad desde sus cimientos es como un faro que nos guía... También decía: - “ Nuestra misión es destruir, no construir, otros hombres construirán, otros mejores que nosotros, más inteligentes y más libres”.
Como anarquistas tenemos una propuesta, una idea, no existe el combate decisivo, es hoy, es mañana, es siempre, para toda la vida.
Buscando un camino para transcurrir en rebeldía y libertad.
Estamos demasiado atentos, demasiado vivos como para dejarlo pasar. Gracias.

Amanecer Fiorito de La Protesta finalizó diciendo:

“Bueno creo que me toca hablar en último término, el problema es por acumulación de tiempo, simplemente por esto, porque los compañeros han dicho lo suficiente, mucho más de lo que yo pueda decir y en realidad hasta me considero medio desconsiderado porque me dejaron sin palabras...
...Lo de siempre, uno se encuentra agradecido, agradecido de poder encontrarse con viejos compañeros, compañeros de años, con forasteros, pero saber que hay cosa en común, que hay gente que está pensando, cosa que cuesta creer, siendo esta cosa cotidiana es muy difícil tener una posición optimista. Nosotros creo que tenemos genes optimistas. Esto me hace realmente, voy a ser breve, me hace sentir feliz o casi feliz porque realmente lo que nos convoca son los compañeros de Chicago, que no nos “dan paz” y nos ponen en la realidad. En la realidad de lo que fueron capaces de decir, capaces de militar, capaces de dar la vida. Aquellas cosas que las retomamos y no hay una cuestión de coyuntura, de años, que hacemos nuestra totalmente y parece algo surrealista realmente con la realidad que vivimos.
La historia de la Humanidad ha desgastado situaciones que son totalmente válidas para nosotros, que la han desprestigiado y que bueno, cuesta reflotarlas pero en las cuales seguimos creyendo, ya Bakunin decía que la expropiación de los bienes de la Humanidad tenía que ser en forma violenta, que los poseedores iban a llenar el mundo de mierda, lo iban a hacer desaparecer, evidentemente que estamos ante esa amenaza. Entonces también tenemos la visión, de saber que toda la fuerza que demuestran también lo que expresa es su debilidad. Y hoy los medios informativos, los adelantos han sido utilizados por el Poder, se han apropiado. Una de las cosas que personalmente y con otros compañeros he discutido, ya históricamente el anarquismo ha fijado como enemigo principal esta exposición de fuerza del Poder y lo ha creído el enemigo mayor y yo simplemente digo que de lo que se apoderó el Poder es de las palabras, es decir de la sabiduría, y estos sí que utilizan la fuerza.
Nos piden una proposición de sociedad determinada, nosotros la tenemos pero sabemos que la vida es mucho más rica que inclusive lo que nosotros pudiéramos sostener. Entonces sí tenemos esbozado, ya los compañeros con mucha claridad, por donde caminamos. Y esta situación, que creo, se va a ir agudizando, tal vez muchos de nosotros no la veamos pero que se va a ir dando porque es muy agobiante la situación de la Humanidad, inclusive acá se dio con estadísticas y demás. Realmente también nos permite a nosotros replantear la ideología, es decir, cuales son los elementos a llevar adelante, los elementos que hay que pulir a partir del transcurso de una historia humana que nos posibilitó y que nos alentó para ir generando una ideología. Y esto también hace crisis y hace crisis en nosotros, ya lo señalaron algunos compañeros, ya lo señalamos, por suerte ya empiezan a definirse algunas cosas.
...Entonces, por suerte, por suerte que se terminen llamando libertarios, una cosa que yo nunca entendí, es decir, en realidad la palabra libertario se creó para suplantar la palabra anarquista porque suponía que significaba violencia. Por supuesto nosotros buscamos realmente la paz de la sociedad pero con las condiciones que creemos que tiene que tener el ser humano para vivir en esa paz. A todo esto, por suerte digo, vuelvo a repetir, se van decantando las cosas, es bueno.
Un figurón que escribía, la vez pasada decía que, en un reportaje, las razones del anarquismo, de aquella época cuando beligeró, estaban dadas en la autocracia y en el hambre y que hoy esa situación no existía, que el Estado hoy no se inmiscuye y que el hambre es una cosa del horizonte... Imagínense cualquier gente que tiene los hijos sin poder comer, tendrá ganas de... esta gente va poniéndose en evidencia a pasos vertiginosos.
Y nosotros seguimos en lo nuestro, vuelvo a repetir estamos para incorporar cosas, para incorporar conocimiento, para incorporar expectativas y experiencias de la gente que se pueda arrimar. Les agradecemos profundamente estar acá, nos posibilitamos, es importantísimo, nos posibilitamos, no estoy al margen. Y bueno, espero que nos haya servido de algo, en principio humanamente para mí es inmenso; que nos sirva para otras cosas que podamos profundizar, todo esto que en cierta medida venimos esbozando y que creo que por la posición de los compañeros fue bastante, bastante clara. Bueno... Muchas gracias.

Lo que quisiera aclarar o decir, mencionarlo: hay algunos compañeros que tenían relación con el acto, que atendían a los presos y bueno... han tenido algunos inconvenientes como tales, como gente marginada, como gente en conflicto y por supuesto esto es para ellos también.
Nada más, gracias.”


IZQUIERDAS Y DERECHAS, LOS GIROS DE LA VELETA VOLVER

Kirchner es justicialista, un movimiento fundado por Juan Domingo Perón, admirador del fascista Mussolini. Menem es también peronista y propulsor del neoliberalismo, pensamiento al que se enfrentaba el fascista Perón y ahora el centroizquierdista Kirchner. Tabaré Vázquez forma parte del Frente Amplio del Uruguay, y accedió a la presidencia con el apoyo de socialistas, comunistas y ex tupamaros. Ideológicamente se ubica a la izquierda de Kirchner, sin embargo su política es más conservadora y conciliadora que la de su par argentino. Sostiene y reivindica la instalación de papeleras altamente contaminantes sobre el río Uruguay por multinacionales finlandesas y españolas, negociado espectacular acordado por su “antagónico” ideológico el neoliberal Batlle y Ordóñez. En nombre de los intereses nacionales, Vázquez defiende los de las multinacionales. Lula da Silva, también está a la izquierda de Kirchner en lo ideológico, y luchó contra los militares y los conservadores del Brasil desde el sindicalismo en la CUT y desde la política en el Partido dos Trabalhadores. Su política ambiental es aún peor que la de Vázquez, no modificó un ápice la situación de explotación de los trabajadores y ha abandonado a sus antiguos camaradas de lucha del Movimento sem Terra: ahora se enfrenta a ellos. Junto con Kirchner decidieron quitarse de encima al molesto FMI, pagándole la totalidad de lo que se le adeudaba, deuda que no contrajeron los pueblos sino los gobernantes, antiguos rivales de quienes hoy detentan el poder.
Todos se reivindican nacionalistas y latinoamericanistas, es decir, defensores de los intereses de sus países inspirados en los ideales de la Patria Grande latinoamericana, de la integración regional, el intercambio económico y cultural entre países hermanos, antiimperialistas y defensores de los derechos humanos. Conforman el MERCOSUR, una coalición de países inspirados en el exitoso mercado común europeo, que lejos de unir a los pueblos une a empresarios y policías transfronterizos. No obstante su antiimperialismo recitado, Tabaré Vázquez materializó un acuerdo bilateral de libre comercio con los Estados Unidos -violando así el pacto que tenía firmado con sus socios- aduciendo que el intercambio con Argentina y Brasil, los dos “gigantes” regionales, era asimétrico y desigual para su país: es de esperar que un intercambio comercial entre el Uruguay y los Estados Unidos no lo sea, seguramente debido al equilibrio indudable que existe entre las economías de ambos países.
Evo Morales, recientemente electo presidente de Bolivia, es un hombre de origen humilde y líder de los plantadores de Coca. Pretende una reparación histórica para con su pueblo, el más empobrecido de la región, reajustando las tarifas de gas y nacionalizando algunos yacimientos. Las multinacionales amenazadas respondieron aceptando en su mayoría las condiciones del nuevo presidente: después de todo han estado en Bolivia por más tiempo que el más longevo de los bolivianos y saben que no hay mal que dure cien años. Lo importante es seguir ganando dinero, aunque un poco menos, y no dejarle libre el camino a algún competidor. Evo está a la izquierda de todos los gobiernos del cono sur y está enfrentado a los imperialistas de la región (Argentina y Brasil) y a los extrarregionales: el gas que Bolivia provee es su carta de negociación que quizás la incorpore al Mercosur. También existe otro punto de su política que causa preocupación a algunos: Bolivia ampliará las zonas de cultivo de la coca y se convertirá en el principal productor de la materia prima de la cocaína. Si bien la excusa es que la coca se utiliza como planta medicinal y como infusión ancestral de los Andes, su producción excede largamente el consumo tradicional. El excedente -que en realidad es mucho más que eso- se utiliza para la fabricación de cocaína por los narcotraficantes, hombres sin ideología definida, a diferencia de Morales, hombre de izquierda. Aunque en un pueblo hambriento y postergado como pocos, el proyecto de enriquecer a los campesinos mediante el cultivo de coca suene paradójico, es sorprendentemente viable ya que la coca tiene un rinde económico mayor que la producción de alimentos. Desmontes de la selva por plantaciones más extensas de coca, reemplazo de cultivos de alimentos por cultivos de coca para los narcos: ésta es su política de desarrollo de izquierda.
En Venezuela se encuentra el aliado más importante de Evo, el ex militar Chávez. A la izquierda de toda Sudamérica, adorado por todos los antiimperialistas de la región, se enfrenta con Bush al que acusa de genocida y estúpido a diario, no sin razón. Pero sus relaciones comerciales con los norteamericanos no se han resentido en lo comercial, gobierna su país como jeque árabe bananero con los beneficios que otorga el vivir sentado en un gran barril de petróleo, apaleando y encarcelando a sus opositores, de izquierda o de derecha, y forjando un culto a su persona, algo propio de fascistas y estalinistas. Candidato al Mercosur, en mérito al petróleo que controla, apoya y promueve a los candidatos de otros países que puedan incidentalmente coincidir con su propuesta, como el militar nacionalista Humalá en el Perú. Preside y catequiza todo lo que le pongan adelante, en una versión amigable y menos intrépida que lo que fue en juventud su ascendiente histórico, el cubano Fidel Castro, indudable patriarca de la izquierda, y verborrágico represor. En otro arrebato de “castrismo”, Chávez impulsa una reforma constitucional para poder ser reelegido indefinidamente como jefe de Estado. Es admirable tanta vocación de servicio.
En Chile Bachelet ha logrado encaminar al socialismo a Chile apaleando a estudiantes y a obreros, con el detalle que el camino elegido se parece más al de Pinochet que al de su víctima Salvador Allende. Chile es un ejemplo de orden en lo económico y en lo social: pero éste es un logro compartido. Pinochet, hombre de derecha, asesinó y torturó a todo opositor de izquierda, hizo y deshizo en lo económico y lo social, siendo finalmente premiado por los inversores multinacionales otorgándole a Chile la posibilidad de desarrollar su economía un poco más que a sus vecinos (beneficio que tangencialmente favorece a la mayoría excluida). Michelle Bachelet, es de izquierda y no solo su apellido rima con Pinochet; la política también. Equipo que gana no se toca, como dicen los directores técnicos de fútbol.
Ser de izquierda significa ser progresista, popular, humanista, reformista, revolucionario, antiimperialista, democrático, centralista, federalista, unitario, policial, apaleador, fusilador, oportunista. Ser de derecha significa ser retrógrado, elitista, antipopular, conservador, inescrupuloso, corporativista, ultramontano, nacionalista, democrático, antidemocrático, militarista, autoritario, torturador, carcelero, exterminador y especulador. Aunque en realidad podrían mezclarse todos los términos en una coctelera y tomándolos al azar, obteniendo un resultado con atributos intercambiados que no alterarían la definición ni la esencia de la izquierda y de la derecha. Si no fuese así, deberíamos encontrar algún otro procedimiento para explicar el silencio del mundo socialista frente a las masacres de Camboya y Laos, o el criminal accionar de los soviéticos en Afganistán en las décadas de los setenta y ochenta. O el abrazo entre la dictadura militar argentina y Fidel Castro en plena guerra de las Malvinas. O todos los asesinatos en nombre del pragmatismo revolucionario. O los aplausos de Hebe de Bonafini a los actos terroristas de Bin Laden, y ahora canalizados a defender la política de Kirchner. O la política narcotraficante de las FARC y los asesinatos rituales de Sendero Luminoso. O la reivindicación del súper asesino Saddam Hussein o del fascismo islámico de iraníes y afganos por la izquierda marxista de toda variedad, puesto que los yanquis imperialistas son el enemigo principal. Tácticas y estrategias, enemigos principales y secundarios, manuales de la revolución que se llevan a la práctica desde el Manifiesto Comunista en adelante, pasando por Lenin, Trotski, Mao, Ho Chi Min y el Che Guevara. Ayer la moda de la izquierda eran el golpismo, la toma del poder y la dictadura del proletariado. Hoy es la participación en elecciones democráticas y el reformismo consensuado a través del voto.
Bakunin decía que el pueblo no iría a estar mejor si el bastón con el que se lo golpeaba llevase una inscripción que dijera: “bastón del pueblo”. Izquierdas y derechas. Se alternan e intercambian. Se detestan pero se necesitan, conviven una dentro de la otra. La patria las une; la Razón de Estado hace milagros. No son traidores sino que responden a la naturaleza de quienes participan de los gobiernos, de la misma forma que una veleta se mantiene en su sitio girando sobre su eje: de otra forma el viento la arrancaría. Los argumentos y las políticas tienen en común al Estado, y todo se metamorfosea en función de mantenerse en el poder. Lo hizo Lenin en Rusia con su contrarrevolucionaria Nueva Política Económica en Rusia, lo hizo Trotski con los fusiles del Ejército Rojo matando anarquistas y social revolucionarios, lo hicieron Mao y sus sucesores en China, así como todas las dictaduras del proletariado que azotaron a los trabajadores. Lo hicieron el peronismo, el fascismo, el nazismo, los socialdemócratas y los liberales, católicos y protestantes, budistas, industrialistas, patriotas, desarrollistas, burgueses, sindicalistas amarillos, burócratas y nacionalistas. Todos por el Estado, todos por el Poder.

Lobisón


LIBERTARIOS, LIBERALES Y LA “LIBERTADORA” VOLVER

En el periódico EL Libertario, publicación de la Federación Libertaria Argentina, en su edición N° 61 del verano 2005/06, aparecen dos artículos bajo el título “Sobre anarquismo, insurrecionalismo y otras cuestiones candentes”. El primero es de Carlos Solero y el segundo de José Bodrero. Por razones de espacio sólo transcribimos algunos extractos con nuestros comentarios. Antes aclaramos que nosotros no adherimos al llamado insurreccionalismo y que tenemos profundas diferencias con muchos de sus postulados y con sus referentes más renombrados.

Del artículo “Anarquismo y clandestinismo, una tensión intensa” de C. Solero:

Consideramos que cuando se comienza a añadir adjetivos al anarquismo es porque se quiere plantear como anarquista algo que no lo es.

Para plantear como anarquismo algo que no lo es abundan los eufemismos: socialismo libertario, ácratas, autogestión, democracia directa...

La cuestión del uso de la violencia como herramienta de lucha ha sido siempre motivo de polémica. Nos parece interesante al respecto el planteo de Errico Malatesta, que dice que la violencia usada por los oprimidos para defenderse puede ser legítima, siempre y cuando se utilice como autodefensa contra la opresión y no como elemento para generar nuevas opresiones y entonces oprimir a otros.

Malatesta dijo muchas cosas, entre ellas también planteó que grupos de anarquistas armados ataquen los poblados, eliminen las autoridades y dejen que los habitantes se organicen libremente. Lo que hace el autor de la nota es reducir la legitimidad de la violencia a un uso meramente defensivo, haciendo aparecer como equivalente el hecho de generar nuevas opresiones con el de un planteo de ataque, como si fuese lo mismo. Reducir la cosa a lo meramente defensivo es plantear la violencia “siempre y cuando” el Poder se inmiscuya en nuestros asuntos, algo propio de la mentalidad liberal. “Mientras no nos ataque podemos convivir en paz... y quizás hasta darle alguna utilidad...”
Otra cosa son las posibilidades o los miedos propios, pero en un acto violento lo que se busca es imponerse ante el otro, y la sola existencia del Estado significa un ataque constante, una amenaza perpetua y el sometimiento cotidiano.

“En buena medida pensamos que cierta prédica del llamado anarquismo insurreccionalista busca presentar a la mayoría del movimiento ácrata como pasivo y compasivo con el sistema establecido, pero no hace sino sembrar discordias sin apostar a la construcción de una alternativa socialista libertaria pujante y presente en todos los niveles de la sociedad.”

Si se “siembra discordia” es porque la alternativa socialista libertaria es activamente compasiva con el sistema establecido. ¿O hay que recordar la apuesta por la “Libertadora” o por el pujante Isaac Rojas...?

Del artículo “Anarquistas clandestinos = títeres de los poderosos” de José Bodrero:
(Solamente con el título tendría que alcanzarnos para oponernos a lo que dice esta gente, pero vamos a seguir)

Para que se termine la explotación de las personas, defiendo la desobediencia y la resistencia no violenta; mejor sería llamarla no agresiva.

Mejor sería llamarla pacifista y decir que es entendible el hecho de horrorizarse ante lo cruel y sanguinario del Poder, pero como posición el pacifismo es conservador y reaccionario. Otra cosa son las impotencias y las limitaciones. La explotación está garantizada por la fuerza y por los discursos que apuntan a no agredirla.

Mi condena se dirige a quienes pretenden cambiar el mundo con bombas y muertes, aún en el caso de que los ajusticiados se lo merezcan.

En el mundo cada 7 segundo muere un chiquito de hambre y por día cien mil personas víctimas del genocidio sistematizado. Alguno lamentará las firmas que se pierden para hacer petitorios...

...a esta clase de clandestinos les llamaré cañistas justicieros. Como ya existen en Italia y España es preciso prevenirnos.

¿“Prevención del delito”? ¿Un libertario en cada esquina o la autoridad en la materia?

Los cañistas justicieros se asemejan en sus nocivos resultados a los justicieros de siglos pasados. Individuales o colectivos, sus prácticas se oponen a la de los verdaderos anarquistas, trabajadores que, junto a otros explotados, quieren derrotar al depredador poder de dominación organizada y luchan con el pueblo. Los dañan las prácticas de los cañistas justicieros, cuyas acciones usan los represores como excusa para justificar la represión de las luchas obreras.

Es el autor de la nota el que excusa a los represores ya que estos actuarían como tales gracias a la existencia de los Wilckens, Radowitzki, Roscigna, Durruti, etc. Si los anarquistas se hubiesen comportado como verdaderos trabajadores las fuerzas de represión hubiesen tenido menos trabajo y los burgueses más seguridad.

Sin quererlo sirven a la reacción
El caso de los Montoneros y el ERP no son únicos pero, por su importancia y cercanía a la actualidad, es contundente como aleccionador. Sus actos fueron usados como excusa para el más sangriento y retrógrado golpe de estado.
No hubo dos demonios, lo fue sólo el terrorismo de estado, pero ayudó la ingenuidad de los jóvenes que creyeron que un grupo de iluminados puede cumplir la tarea de terminar con la explotación, labor que pertenece al pueblo. Aparecieron en un momento de gran movilización popular que disminuyó a medida que crecían los actos de estos cañistas justicieros.

No hubo dos demonios, pero los guerrilleros tampoco eran unos “santos”. Si no hay herejes no hay inquisición y para la “salvación del alma” es mejor quedarse en el rebaño. Responsabilizar a quien se rebela por la represión desatada es llamar a la sumisión. ¿Quiénes son, entonces, los que “le hacen el juego” a la represión?
Los Estados son represivos por su propia naturaleza y no se excusan por la minoría que se alza sino que se justifican en la mayoría que no lo hace.
La “labor” de terminar con la explotación siempre es encauzada por “focos”, si hasta los iluministas de pocas luces se organizan específicamente.

Desmovilizan a muchas personas bien intencionadas
Pero estos son una minoría, son condenados por la mayor parte del pueblo.

“La voz del pueblo: la voz de Dios”, “Si el pueblo lo dice...”. La mayoría tiene razón por ser tal: un razonamiento fascista.

Crean una forma de fascismo.
Ahora no puede actuar un justiciero individual, se requiere organización. El accionar clandestino los lleva a formar células cerradas de carácter militar, una organización donde los últimos eslabones de la cadena de mando no pueden, ni deben discutir a sus jefes, que a menudo no conocen. Es el peor de los fascismos.

Una organización ilegal no determina necesariamente una estructura militarista. Sostener semejante relación causal responde a un desconocimiento o, directamente, a una mentira. Como es sabido los grupos donde participaban Roscigna, Durruti o Di Giovanni no tenían ningún carácter militar. Precisamente Di Giovanni -más allá de la opinión que se pueda tener- tuvo un problema con López Arango por que éste lo trató de “agente fascista”, cuando aquél se encontraba perseguido por la policía.
El llamado insurreccionalismo -más allá de cualquier crítica- carece de cualquiera de los caracteres militares que Bodrero pretende adosarle. En Europa gran parte de éste movimiento se encuentra diezmado por las persecuciones policiales, los procesamientos y los encarcelamientos.

Me dicen que opino lo mismo que un juez represor. Si un buen análisis se usa para mala causa no se invalida, sigue siendo bueno. Hitler se proclamó socialista, lo de nazi viene del nombre de su partido, Nacional Socialista. No obstante, a pesar de ello, no se invalida la palabra socialismo”.

Un juez -no lo hay que no sea represor- no invalidaría el “buen análisis” de Bodrero, todo lo contrario.
Las palabras valen en relación al valor de la persona o, como dice un compañero, una verdad en boca de un mentiroso es una mentira.

Condenan a militantes de organizaciones afines. Les pasará a los anarquistas insurreccionalistas, aunque no sean cañistas clandestinos. Los aliados terminan en la cárcel o muertos, ya que los represores los tendrán a mano en el momento que decidan actuar para hacer publicidad de su eficiencia o provocar la reacción del grupo de cañistas justicieros, si les conviene que actúen.” “Lo hacen porque estos grupos de ingenuos que obran con generosidad y se disgustan si sus compañeros de luchas son torturados y asesinados por hábiles y depravados esbirros, que así los provocan cuando les conviene.

¿Un disgusto ante la tortura? ¿Es otra ligereza o una proyección del autor? Una búsqueda de venganza, justicia o solidaridad está motivada por algo mucho más profundo que un disgusto.
El Poder es capaz de hacer cualquier cosa para mantenerse; la pérdida de ingenuidad puede ser una necesidad de sobrevivencia, pero en ella se refugia la negación de todo lo miserable y traicionero que define a la cultura imperante.

Lo ético es que el pueblo sea artífice de su propio destino. Es una tentativa de robo que quieran reemplazarlo en la tarea de hacer justicia.

“Tentativa de robo”, “asociación ilícita”, “terrorismo”: escraches policiales para “hacer justicia”.

Con sus atentados hacen peligrar vidas inocentes y dañan bienes que deben ser expropiados a los explotadores, pero no destruidos

El 20 de diciembre de 2001 unos manifestantes rompían un banco y militantes de un partido de izquierda querían impedirlo exclamando que los bancos habían sido construidos por los obreros. Semejantes actitudes no son inocentes...

Los jóvenes son impacientes, se comprende porque aún no adquirieron la paciencia revolucionaria y porque los distingue su sentido de justicia. Hace que tengan una “rabia” que los debe enorgullecer.

La paciencia no es una virtud revolucionaria a adquirir, es un acostumbramiento forzado ante la impotencia. La paciencia habría que perderla con muchas cosas.

Detesto las divisiones entre los anarquistas. Los que así lo hacen copian al marxismo.” “Quienes padecen la manía de dividir al movimiento por diferencias de criterio padecen el fenómeno social de la imitación irreflexiva” “Los que proponemos la resistencia no agresiva seguiremos junto a los que nos contradicen.
Pero es necesario rechazar lo clandestino, no podemos aceptar a nuestro lado a los cañistas justicieros que sabotean nuestro trabajo. No es nada personal, tanto que a los excluidos les seguiremos guardando un lugar que ocuparán al momento de que cambien sus tácticas.

Sin comentarios.

Nunca en los miles de años de historia hubo momento tan favorable a nuestras propuestas como los tiempos que se acercan. ¿Estaremos ausentes porque nos lo impiden las consecuencias de los métodos del siglo XIX, que resucitan los cañistas justicieros?

La propuesta más favorable para estos tiempos es la denuncia. Los actualizados están a la orden del día.

Cuidemos el prestigio del movimiento político de las dramáticas estupideces que se quieran cometer bajo un nombre que nos sea común. Si ello exige dejar el nombre de anarquistas, lo podemos hacer. Nos queda otro, igual de glorioso, el de socialistas libertarios.

Estaría bien que dejen el nombre de anarquistas y estaría bien que dejen de hablar diciéndose tales, porque no lo son.

No se trata de exabruptos...

En el mismo número de El Libertario, en el artículo “Inflación”, el mismo autor dice, en relación a los problemas que genera el cultivo de soja, que “El cambio se logra, aún en economías capitalistas, con mayores retenciones a su exportación.”, y le reclama al gobierno acciones para frenar la inflación de precios. Posturas éstas -sin duda y sin sarcasmo- muy libertarias, pero completamente ajenas a la ideología anarquista, ideología que no propone el progreso de capitalistas y Estados, sino su abolición.
En el N° 58 de El Libertario el mismo Bodrero, en su artículo “Otra historia con el FMI”, preocupado por el “pago de la deuda” dice: “¿Qué postura, entonces, debemos adoptar ante el problema de la deuda pública? Obvia para los socialitas libertarios. Disolvamos al Estado, y que las deudas que contrajo se las cobren a los Reyes Magos. Nos criticarán por “utópicos”, que así nos escapamos de dar soluciones para el tiempo que pasará hasta que podamos lograr nuestro objetivo. Le podemos contestar con una alternativa: que se controlen las finanzas públicas con un verdadero presupuesto participativo.

Si la Revolución hoy no es posible la “alternativa” socialista libertaria propone el control cívico de la explotación: que los oprimidos avalen a sus opresores.

A esta propuesta no pueden llamarla utópica, ya que es suficiente extender el procedimiento que ya se practica en pequeña escala municipal a todas las finanzas públicas. Podrán objetar que esto abre camino a un orden libertario. Por supuesto que es así, pero deberán admitir que es la meta de toda buena política.

Claro que no es una propuesta utópica; es algo completamente acorde y funcional al sistema establecido. Y la meta de toda “buena política” es integrar el descontento en la órbita de los verdugos, ese es el camino del orden libertario.

Toda una institución...

La constitución de la Federación Libertaria Argentina, en la década del ´30, fue rechazada por quines adherían al movimiento obrero de finalidad anarquista que representaban la F.O.R.A. y otros gremios autónomos. La razón era la constitución especifista, es decir, partidaria de los anarquistas, cuya función, en conciliábulos, consistía en bajarle la línea ideológica al movimiento obrero desde fuera, con todos los mecanismos y directrices que ello implica. A un año de su formación, en 1936, sus enviados a España fueron de los primeros en justificar y proponer la inclusión de la C.N.T. en el gobierno republicano y en conformar la elite burocrática que colaboró activamente en la restauración estatal. La F.L.A. primero surgió como Federación Anarco Comunista Argentina hasta que en 1955 cambió a su denominación actual porque consideraban poco oportuno la utilización de términos supuestamente vapuleados o desprestigiados. En el mismo año apoyó el golpe de Estado contra Perón en la llamada “Revolución Libertadora”; algunos miembros de la F.L.A. relacionados con los militares golpistas colaboraron en la intervención de los sindicatos; luego uno de sus más representativos militantes participó como funcionario del Ministerio de Transporte durante la dictadura de Aramburu. Tiempo después el saludo al golpe militar en Chile del ´73 y al del ´76 en Argentina por otro de sus miembros históricos y fundadores. En 1978 se realizó una cena homenaje, en su local de Constitución, al Almirante Isaac Rojas y a otros militares y políticos. Hasta hace unos años realizaban actos en conjunto con el Partido Comunista y su entidad bancaria (Credicoop), en conmemoración de la “Semana trágica”. En el periódico El Libertario, en un número reciente, se ilustra con frase del conocido jefe stalinista del P.C. argentino, Floreal Gorini, hoy fallecido. El carácter manifiestamente liberal y socialdemócrata de la publicación se evidencia claramente.
Adherida a la F.L.A. está la Biblioteca “Alberto Ghiraldo” de Rosario. Voluntariosos colaboradores y beneficiarios de Osvaldo Bayer, la F.L.A. se entiende y organiza periódicamente actividades en conjunto con la F.O.R.A., la Biblioteca Popular “José Ingenieros” y Red Libertaria Argentina, entre otros.

¿Quiénes acusan de títeres y por cuáles hilos se mueven?: esa es la cuestión candente.

Adrián G.


LIBERTARIOS, STALINISTAS Y LA “COOPERACIÓN” VOLVER

El 10 de septiembre de 2005 se estrenó el documental “Anarquistas II, mártires y vindicadores”, segunda parte de un primer documental.
Militantes de tres generaciones se reunieron en la Federación Libertaria Argentina, donde se presentó el film de Leonardo Fernández, centrado en la figura de Severino Di Giovanni. Osvaldo Bayer, por supuesto, no podía faltar.” “Osvaldo Bayer colaboró en el documental y participó como presentador en la FLA.” (Página/12, 12 de septiembre de 2005)
Por su puesto que no podía faltar...
Los días 31 de mayo y 5 de junio de este año se proyectaron los documentales “Anarquistas I” y “II” en el Centro Cultural de la Cooperación -perteneciente al Partido Comunista-, con la presencia del director y de su colaborador, Osvaldo Bayer. En las puertas del lugar compañeros de La Protesta y de Libertad repartimos el siguiente volante:

«Fueron ellos (los anarquistas) los primeros que alertaron contra lo que llamaban la traición a la revolución rusa por parte de los bolcheviques. Y así, mientras los grandes Estados capitalistas negociaban con Lenin y Trotsky y poco después el jerarca bolchevique Tchicherin, en Génova, asistía a un agasajo del rey de Italia y almorzaba con el delegado papal, los anarquistas rusos hacían un llamado a sus compañeros de ideas del mundo entero exhortándolos: “No repitáis nunca nuestro error: no introduzcáis nunca el comunismo de Estado. ¡Viva la revolución social del mundo! ¡Viva la solidaridad mundial del proletariado! ¡Abajo la burguesía y el Estado, comprendiendo el Estado proletario!”.
Los proletarios rebeldes de Kronstadt eran masacrados por las tropas de Trotsky, quien fusiló proletarios como jamás lo había hecho ningún general burgués. Y el legendario Makhno, el líder campesino anarquista, había declarado la guerra a muerte contra toda clase de Estado al grito de “¡Viva el soviet libre!”.

Osvaldo Bayer
(Extraído de “Los Anarquistas Expropiadores”)

En el gran salón de actos, el día de la proclamación de los principios fundamentales de la ética mundial, se inaugurará la sala de los retratos con los rostros del obispo Thomas Münzer, de Graccus Babeuf, de William Morris -los tres grandes utopistas-, que presidirán el gran salón seguidos (en orden alfabético para que no empiecen las internas entre los delegados) por Bakunin, Baudelaire, Bebel, Beethoven, Walter Benjamín, Bernstein, Louis Blanc, Ernst Bloch, Hebe de Bonafini, Georg Büchner, Helder Camara, Danton, Darwin, Rudi Dutshke, Albert Einstein, Kurt Eisner, Friedrich Engels, Espartaco, Frantz Fanon, Ludwin Feuerbach, Charles Fourier, Francisco de Asís, Sigmund Freud, Mahatma Ghandi, Antonio Gramsci, Che Guevara, Hegel, Heine, Ho Chi Min, Hölderlin, Kant, Kautsky, Martín Luther King, Kropotkin, Landauer, Lassalle, Lenin, Liebknecht, George Luckacs, Lumumba, Rosa Luxemburgo, Mao Tse Tung, Marx, Nietzsche, Robert Owen, Pestalozzi, Jean-Jacques Rousseau, Sacco y Vanzetti, Augusto César Sandino, Friedrich Schiller, Tolstoi, Trotsky, Rodolfo Walsh, Emiliano Zapata, Emile Zola. Y mucho otros más; el salón se extenderá por galerías infinitas llenas de rostros de delgados obreros, militantes de partidos revolucionarios, de organismos de derechos humanos, de caídos por las balas de quienes defienden los privilegios, y de desconocidos defensores de la libertad.

Osvaldo Bayer
(Escrito para el periódico “Acción” del Banco Credicoop, del Partido Comunista)

¿ANARQUISTAS?
Los Anarquistas no estamos acá. »

Sobre el Partido Comunista habría que recordar lo más reciente de su siniestra historia llamando a un “gobierno cívico-militar” antes del golpe de Estado del ´76 y apoyándolo después. Y, también, preparando el terreno de la dictadura como cuando decían, en su periódico Tribuna popular N° 10: “El terrorismo de ultraizquierda está inspirado en el trotskismo y el anarquismo, y sus adherentes están animados por la impaciencia de los sectores pequeñoburgueses”.
En el programa radial “Marca de radio”, que conduce Eduardo Aliberti por la Red, el día 29 de abril de este año Bayer contaba que le había enviado una carta al “Dr. Kirchner” pidiéndole que valla él a la localidad de Las Heras y que no mande a la gendarmería. También dijo que “un político no debe buscar cargos para enriquecerse sino para ayudar a la sociedad”. A la pregunta de Aliberti: “¿vos seguís siendo anarquista?”, Bayer contestó: “Si claro, en realidad soy libertario, anarquista se decía antes.
El año pasado Bayer participó en la proyección de “La Patagonia rebelde” en la Casa Rosada, junto al presidente, ministros, políticos y granaderos... (ver ¡Libertad! N° 34). En la lista de los participantes en las actividades culturales de 2005 del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Bayer figura primero, seguido por Miguel Bonasso, Rodolfo Terragno y otras muchas figuras del ambiente artístico, político y periodístico. En junio de 2006 Bayer colabora en el lanzamiento de la “Audiovideoteca de Escritores” de la Subsecretaría de Comunicación Social del Gobierno de la Ciudad, como también aparece promocionando el proyecto en las publicidades televisivas del Gobierno.

Las inocencias tienen su fin ante el conocimiento de las cosas, después ya es el lugar de la devoción, la utilización y la turrada.

A.G.


DE PROGRESO, CIENCIA E IDEOLOGÍA VOLVER
Respondiendo a la carta de un lector

SOBRE EL EVOLUCIONISMO

Leí en el número de marzo-abril del periódico “Libertad”, un artículo escrito por Patrick Rossineri sobre “Dialéctica, materialismo y cientificismo”. Me resultó altamente ilustrativo. Y me pareció atinado hacer un par de observaciones sobre la premisa teórica que subyace a muchas interpretaciones (incluyendo el marxismo) sobre la sociedad humana y el devenir histórico. Me refiero al evolucionismo, doctrina que en sus tantas variantes incide (ya consciente o inconscientemente) en la justificación del orden estatal establecido.
El evolucionismo dominó los estudios sociales durante todo el siglo XIX, y tras un período de críticas serias, renació en la década de 1950. Este “neoevolucionismo”, en sus vertientes estructuralista y marxista, no desapareció ni mucho menos. Muchos estudios históricos, sociológicos y antropológicos actuales parten de premisas evolucionistas para pensar el funcionamiento y los cambios de las sociedades humanas. Esto justifica la creencia de que existe una línea evolutiva que lleva de lo “simple” a lo “complejo”, de las sociedades sin jerarquías a las sociedades estatales, como una “necesidad” histórica y social. En estos estudios, toda trayectoria social tiende inevitablemente hacia el Estado, y más específicamente hacia el Estado en su forma occidental más actual, pues estas doctrinas hacen un recorrido desde un punto específico de llegada, pensando la historia desde el aquí y ahora del investigador.
De la mano de esta teoría viene la creencia en una superioridad y una inferioridad, en una madurez y una infancia, en la cual la propia sociedad (la sociedad occidental actual) es superior y es, de hecho, la sociedad “acabada” respecto de las inferiores culturas “incompletas” representadas por las sociedades sin Estado y con Estados arcaicos tanto contemporáneas como correspondientes al pasado. Así, las sociedades sin Estado del presente son igualadas a los “ancestros prehistóricos” de los europeos, como si correspondieran a un mismo peldaño inferior en la escalera de la evolución humana.
Desde esta corriente del evolucionismo, surgió la obra de autores como Elman R. Service y Morton H. Fried que establecieron un modelo de tipologías para definir tipos de sociedades como gradaciones en el camino hacia el Estado. Así surgieron (por el lado de Service) los términos interconectados de banda, tribu, jefatura y Estado, y (por el lado de Fried) el itinerario de sociedades igualitarias, jerárquicas, estratificadas y estatales, los cuales suponen un continuum evolutivo definido como una gradual ampliación y superación de estadios como un proceso de desarrollo interno de las sociedades, es decir, empleando términos valorativos para definir los cambios sociales sólo cuantitativamente, sin dar cuenta de los cambios cualitativos y evadiendo toda explicación del cambio radical del surgimiento de las jefaturas y del Estado.
En efecto, Service supone que el desarrollo de la práctica redistribuidora y del intercambio en una sociedad de jefatura (sociedad que los autores del evolucionismo identifican como un estadio intermedio entre las sociedades sin jerarquías y las sociedades estatales), redundaría en el líder redistribuidor investido de una autoridad carismática y religiosa que devendría autoridad estatal en la medida en que el jefe extendiera su autoridad (y creara una maquinaria burocrática) sobre un mayor rango territorial y poblacional. Al respecto, sostienen Charles Maisels y otros estudiosos que las consideraciones de Service, en buena parte, “son contradichas por la etnografía”, lo cual es cierto especialmente en relación a la potencia de cambio atribuida a una práctica más bien conservadora como es la redistribución (más aún, uno de los problemas de los postulados de Service es la relación automática que traza entre jefatura y redistribución, relación que en las últimas décadas ha sido cuestionada por numerosos estudios etnográficos y arqueológicos). En suma, la teoría de Service no explica el cambio social; lo que hace es suponer (como toda postura evolucionista) la existencia de un germen estatal en toda sociedad humana. El Estado surge como una “extensión” de la autoridad de un jefe no-estatal. Se atribuye al líder de una sociedad de jefatura un “poder” equivalente al de un Estado en pequeño, y es sólo la ampliación (cuantitativa) de ese poder lo que supone el surgimiento del Estado.
Ahora bien, los estudios de autores como Marshall Sahlins han permitido comprender que el jefe de una sociedad de jefatura no es un Estado en pequeño, sino que la lógica que regula a las sociedades sin Estado impide que dicho jefe detente un “poder” en el sentido de dominio político. El antropólogo francés Pierre Clastres ha profundizado en la cuestión del poder en las sociedades sin Estado. El jefe en las sociedades de jefatura detenta “prestigio”, pero no poder, en otros términos, no ejerce ninguna clase de dominio sobre el resto de la comunidad. El jefe no escapa a las prácticas de reciprocidad que mantienen en funcionamiento a la sociedad sin Estado; el jefe tiene una obligación regular de “dar”, de demostrar generosidad, es un miembro más de la comunidad y en ningún momento se constituye como órgano de poder político separado de la comunidad. Comprendido esto, es impensable la posibilidad de que un jefe devenga naturalmente un Estado, pues la lógica interna de las comunidades sin Estado impide el surgimiento en su seno de un órgano estatal, de prácticas de tipo estatal (la sociedad sin Estado, dirá Clastres, es la “sociedad contra el Estado”).
Morton Fried presenta otra teoría desde una perspectiva marxista. Supone el surgimiento de una clase de élite a partir de un diferencial acceso a los recursos en un territorio determinado acosado por el crecimiento demográfico. Aquellas zonas marginales en las cuales la productividad es baja, darán una clase (sus pobladores) de subordinados a los líderes que serán los poseedores de las mejores tierras. En esta sociedad estratificada, pues, el Estado surge como una herramienta creada por la clase privilegiada para mantener su poder (es decir, Fried piensa el Estado como un arma creada por la élite para resolver la lucha de clases). Esta teoría adolece de dos problemas: por un lado, de concebir el surgimiento del Estado en los términos evolucionistas de la progresión irreversible por transiciones, y por otro lado, de presuponer el carácter clasista de una élite que es descrita en términos de ambición de poder y de búsqueda de resguardo político, cuando se trata más bien de sociedades que se regulan con otro tipo de prácticas y con otras concepciones del mundo, carentes de la idea siquiera del monopolio de la coerción y en las cuales la diferenciación social tiene que ver con factores de prestigio y no de posesión de privilegios políticos y económicos ni de propiedad privada. La evidencia arqueológica demuestra que allí donde surgieron Estados primarios, por ejemplo en el valle del Nilo, no hubo una situación geográfica como la descrita por Fried para dar sentido a su teoría de una lucha de clases originaria signada por un acceso diferencial a los recursos. Por otro lado, la idea de un Estado construido deliberadamente por una “clase” de élite para proteger sus propios y “naturales” intereses individuales y clasistas, resulta del todo inapropiada a la luz de las investigaciones sobre las sociedades carentes de Estado de los registros etnográfico y arqueológico, cuyas prácticas internas hacen impensable el dominio de un grupo sobre otros.
No son pocas las teorías que siguen similares premisas enmarcadas en el evolucionismo. Aún hoy se encuentran estas ideas del Estado como un destino inevitable de toda sociedad humana, como un producto de la propia dinámica interna de cada sociedad. Lo peligroso (y a su vez erróneo) de estas posiciones teóricas, es la creencia de que el Estado está presente en toda sociedad humana; que en aquellas sociedades que carecen de un órgano estatal instituido, el Estado está presente “en embrión”, y que sólo es cuestión de tiempo para que se manifieste. Esto es más bien un presupuesto (sin fundamentación teórica ni histórica) que una conclusión, y es erróneo porque no contempla la variable cualitativa que implica la emergencia de un tipo de práctica radicalmente distinta a las prácticas que regulan las relaciones internas de una comunidad, porque no permite dar cuenta del cambio radical que significa el surgimiento de un Estado, esto es, de un tipo de práctica basada en el monopolio de la coerción detentado por un grupo.
El otro elemento tanto peligroso como erróneo de las posturas del evolucionismo, es la afirmación de que el surgimiento del Estado es un proceso irreversible, lo cual ha sido puesto en cuestionamiento, entre otros, por Clastres. La idea del Estado en los autores del evolucionismo es una idea de permanencia. Sin embargo, este error proviene, en parte, de considerar los procesos sociales en términos de instituciones y no de prácticas. Una institución/objeto adquiere en sí mismo cierto atributo de permanencia, que dificulta pensar las rupturas; es “lo instituido”, lo que ya “es”, y se pierde todo posible cuestionamiento. Si se piensa en términos de prácticas, es más fácil comprender que una práctica de tipo estatal, así como puede emerger, puede dejar de tener existencia. El Estado se perpetúa por la reproducción de las “prácticas” estatales, por regularidad, pero pueden abandonarse dichas prácticas. Cuando se piensa en una institución, se está pensando en un objeto, que como tal puede tener formas más “pequeña” o “simples” que lo precedan; de aquí el Estado es visto como un cambio cuantitativo respecto de formas anteriores “potencialmente” estatales. En cambio, difícil sería pensar en prácticas previas más “pequeñas” que unas prácticas actuales; cuando se analizan las prácticas, se perciben las diferencias y las rupturas entre unas y otras, y se puede comprender que las prácticas de reciprocidad y parentesco son una regularidad “distinta” (ni inferior ni más simple) respecto de las prácticas de tipo estatal. Así como unas prácticas de tipo comunitario pueden ser reemplazadas o dominadas por prácticas estatales, unas prácticas de tipo estatal pueden ser reemplazadas por prácticas comunitarias.

Saludos

Augusto Podrido

RESPUESTA

Nos ha resultado enormemente grato el recibir una carta como la que nos envió Augusto Podrido, por la claridad de lo expuesto y por la erudición vertida en el texto. Sin discrepar con sus opiniones quisiéramos hacer una serie de aclaraciones y comentarios.
El evolucionismo del siglo XIX surgió primeramente con Jean Lamarck en las ciencias naturales y con Herbert Spencer en las ciencias sociales. En 1859 con la publicación de “El Origen de las Especies” de Charles Darwin se inicia una revolución epistemológica en las ciencias que iniciará una transformación de la biología, y de la imagen de la naturaleza y del hombre cuyas repercusiones perduran en nuestros días. Toda la filosofía política posterior se vio sacudida por esta nueva interpretación del mundo que prescindía de la idea de Dios como origen y fin, como significado y medida de todas las cosas. El evolucionismo de Darwin postulaba que las diferencias entre las distintas especies se debían a adaptaciones a diversos cambios en el medio ambiente que seleccionaban a los individuos más aptos y eliminaban a aquellos que no se adaptaban. De un ancestro común surgirían distintas especies adecuadas a un nuevo medio natural; nuevos cambios en la naturaleza comportarían nuevas adaptaciones o bien la extinción. El principio rector que resumía el pensamiento darwinista era la supervivencia del más apto. La evolución no tenía una dirección fija, era azarosa y no se podía predecir conociendo el ancestro original cuáles serían sus evoluciones y adaptaciones. Los dinosaurios se extinguieron debido a cambios drásticos en el ecosistema, aunque una variedad de los mismos logró sobrevivir hasta la actualidad tras una serie incalculable de adaptaciones: las aves, también heterogéneas entre sí. Estas ideas se han mantenido vigentes -aunque con modificaciones- en el pensamiento científico hasta la actualidad, gracias al invalorable aporte de la genética mendeliana.
El darwinismo social, en cambio, postulaba que las variaciones raciales, nacionales y de clase se debían a la supervivencia de los más aptos, es decir, que se intentaba justificar una situación de racismo, imperialismo colonial y explotación capitalista acomodando la teoría de Darwin a la explicación de los fenómenos sociales. Los europeos dominaban el mundo porque eran superiores: los más evolucionados, los más fuertes, los mejor adaptados; los pueblos inferiores estaban condenados a la extinción o a una existencia miserable y subordinada. Los primeros trabajos antropológicos sobre la evolución de las sociedades -en especial los de Lewis Henry Morgan y E. Burnett Tylor- instauraron la idea de que las sociedades evolucionan de lo simple a lo complejo, de lo inferior a lo superior, concepto completamente ajeno al planteo inicial de Darwin (que como buen integrante de la burguesía británica, también cayó en el mismo error que sus seguidores, aunque en menor medida). Salvajismo, Barbarie y Civilización (estatal) fueron etapas que todas las sociedades debían recorrer forzosamente, otorgando a la evolución un sentido, una dirección definida, de la que en realidad carece la evolución biológica (y por supuesto la evolución social). Es decir, la idea de evolución se equiparó y fusionó con la idea de progreso, la cual sí conlleva una orientación definida. El darwinismo social y el evolucionismo social son, a todas luces, una interpretación espuria de la teoría de la evolución de las especies por selección natural.
Pero este determinismo que apuntaba hacia el desarrollo del Estado en su forma moderna, este intento de justificar la supremacía de los europeos sobre el resto de los humanos no tenía sus raíces en el evolucionismo, sino que acompañó a toda la filosofía humana desde que existe la necesidad de justificar el Estado, las desigualdades y la esclavitud. Aristóteles fue uno de los precursores en el mundo antiguo de esta modalidad. Los contractualistas como Hobbes, Locke y Rousseau también intentaron explicar la existencia y necesidad del gobierno en función del salvajismo que reinaba antes del imaginario pacto entre gobernantes y pueblos que fundaría la sociedad civilizada. Y existieron otros determinismos y reduccionismos ambientales y raciales anteriores al evolucionismo (Buffon, Montesquieu, Agassiz, Morton) que explicaban las diferencias y desigualdades a través de conjeturas como la degeneración racial o las influencias climáticas sobre los hombres.
Por fortuna, las tendencias intelectuales dominantes en las distintas épocas nunca fueron lo suficientemente invulnerables como para que no aparecieran sus contradictores. Etienne de la Botie postulaba la necesidad de eliminar las formas de gobierno en su “Tratado sobre la Servidumbre Voluntaria”, en la misma época en que Hobbes determinaba la necesidad del gobierno como única forma de evitar el caos y la guerra. Y en pleno auge del evolucionismo recalcitrante o darwinismo social, Kropotkin -también evolucionista- atacaba la interpretación adulterada por los discípulos de Darwin y proponía una nueva versión de los hechos: sin negar la lucha entre las especies así como dentro de las mismas, para acceder a los recursos de subsistencia, incorporaba también la idea de cooperación como factor de la evolución. Las especies cuyos miembros cooperan entre sí -incluyendo a los seres humanos- aumentan sus posibilidades de supervivencia. Estas ideas fueron expuestas en La Ayuda Mutua, su obra científica de mayor importancia, aunque esta idea de solidaridad instintiva permanece a lo largo de todos sus escritos. El evolucionismo de Kropotkin, si bien en su aspecto científico se encuentra actualmente superado, ha sido el precursor de los estudios sobre el altruismo animal, la genética de poblaciones y la sociobiología, y ha sido el fundamento teórico (junto con La Boetie) de las tesis del antropólogo francés Pierre Clastres, del británico Ashley Montagu y de las corrientes más radicales en geografía social. Queríamos hacer esta salvedad, para evitar confusiones entre conceptos como evolución, progreso y determinismo social.
Para finalizar, como bien expone nuestro lector amigo en su carta, los investigadores consciente o inconscientemente justifican muchas veces el orden social vigente -el Estado, el capitalismo, el socialismo estatista- debido a que no se encuentran libres de influencias ideológicas, ni de las problemáticas de su tiempo. Ni el materialismo dialéctico, ni el evolucionismo o algún otro “destino manifiesto”, así como ninguna clase de determinismo reduccionista, ya sea en lo económico, lo racial o lo ambiental, tienen absolutamente nada que ver con la idea de revolución y mucho menos de anarquismo. El comunismo anárquico no se basa en conjeturas evolucionistas, ni en la metafísica del materialismo dialéctico; ambos están muy lejos de la ciencia. Pero el anarquismo no debe tomar a la ciencia como su fundamento -error en el que también incurrió Kropotkin - ya que entonces su edificio teórico solo tendría validez mientras las hipótesis que lo sustentan fueran verificables científicamente. El anarquismo se fundamenta en un deseo de justicia, de igualdad y de libertad, en una aspiración ética y moral de una sociedad libre de todo poder, incluso de la autoridad de la ciencia y sus tutores.

P. Rossineri


HISTORIA DE ABISMOS Y DE BESTIAS VOLVER

Hubo tiempos, durante miles de años, en los que la humanidad vivió sin la existencia de una fuerza represiva ni con una organización de parásitos que sistematizara sufrimientos y vejaciones. Por mucho que les pese a los justificadores actuales de la policía, la sociabilidad se desarrolló por otros causes. Las bandas humanas recorrían territorios persiguiendo y cazando manadas de animales, que constituían la principal fuente de alimento y de cultura. Manadas enormes de mamuts, bisontes o caballos eran acorralados blandiendo antorchas y gritos hasta arrinconarlas contra bordes de precipicios o caídas abruptas. Aprovechando la condición gregaria, los Hombres forzaban a algunos -o a los líderes de la manada- a que cayeran por los barrancos para que el resto se precipitara también hacia una muerte segura contra el suelo que abajo esperaba, y contra otros hombres que se encargaban de matar a las bestias heridas. Más tarde todos participaban del disfrute de las presas en comidas, abrigos y en contar o pintar la historia. Hasta que la historia cambió...
“Con la aparición del Estado, los hombres comunes que intentaban utilizar la generosidad de la naturaleza tuvieron que conseguir el permiso de otro y pagarlo con impuestos, tributos o trabajo extra. Fueron despojados de las armas y de las técnicas de la guerra y la agresión organizada y éstas entregadas a soldados-especialistas y policías controlados por burócratas militares, religiosos y civiles. Por primera vez aparecieron sobre la tierra reyes, dictadores, sumos sacerdotes, emperadores, primeros ministros, presidentes, gobernadores, alcaldes, generales, almirantes, jefes de policía, jueces, abogados y carceleros, junto con mazmorras, cárceles, penitenciarías y campos de concentración. Bajo la tutela del Estado, los seres humanos aprendieron por primera vez a hacer reverencia, a humillarse y a saludar humildemente.”*
Y como en toda historia trágica abundan las repeticiones, las simetrías y los retornos, los descendientes de aquellas poblaciones ancestrales y originarias, hoy subyugados y reducidos a condiciones que ningún animal toleraría, como haciendo resurgir instintos primitivos agazapados en lo profundo de la especie, tuvieron por un momento la dimensión que significa el Hombre contra la bestia. Hace un par de meses, en Colombia, una manifestación indígena tomaba tono y forma amenazante y peligrosa. Las fuerzas de represión, cada vez más armadas, cada vez más entrenadas y especializadas -a la orden del día- se forman estratégicamente, avanzaban y apaleaban contra la multitud. Pero entre gases y corridas una numerosa columna de policías es acorralada contra el borde de un barranco por manifestantes que blandían palos y piedras. Los escudos de los esbirros, cada vez más amontonados, cada vez más arrinconados, se entrechocaban y sonaban como balidos. Aprovechando la condición gregaria, los Hombres forzaron a algunos -o a los líderes de la manada- a que cayeran por el barranco para que el resto se precipitara también contra el suelo que abajo esperaba.
Más tarde unos disfrutaron de los presos y otros contamos o pintarrajeamos la historia. Hasta que la historia cambie...

A.G.

* Marvin Harris, Caníbales y reyes, Ed. Salvat.


SOBRE EL ARTE VOLVER

Siempre he preferido pintar a escribir, pero debido a la constante pregunta sobre si puede existir un arte revolucionario sin caer en la simple propaganda, siento la necesidad de aclarar ciertos puntos y a su vez tratar de comprender, mientras lo escribo, ciertas verdades del por qué, en su mayor medida, el arte es una intrascendencia en cuanto a las luchas sociales y no es, al contrario, el que acompaña al cambio social real y no solo pictórico.
André Bretón sostenía que “no creía en la posibilidad de un arte que exprese las aspiraciones de la clase obrera debido a que la formación, necesariamente burguesa del artista, lo hacia inapto para traducirlas”. Si bien lo que se busca no es, desde el punto de vista anarquista, expresar las aspiraciones de la clase obrera, ya que éstas no son siempre revolucionarias, sino tratar de encontrar un arte netamente revolucionario en todos sus aspectos, coincido en que la mayoría de los artistas son de formación burguesa, pero no debido al propio artista, sino al medio que dota a esa actividad de un misticismo burgués inexistente. Por esto la idea con que se concreta sigue siendo importante en cada obra, aunque haya algunos pintores como René Magritte, que a la pregunta de qué había detrás de sus cuadros, responde; “detrás del cuadro está la tela, detrás de la tela está el muro…”. Cándido Portinari, pintor del Brasil, decía, en una conferencia pronunciada el 26 de julio de 1947, que “el hombre que pinta y tiene sensibilidad colectiva, pero está desprovisto de sensibilidad artística, en vez de expresarse por medios plásticos, vaya directamente a hablar a la plaza pública”. Opinaba también que “en una obra plástica, ya sea abstracta o figurativa, el tema tenía poca importancia”. Portinari a pesar de opinar de esta forma, sus cuadros tienen un trasfondo político muy importante, no solo por pertenecer al Partido Comunista, sino porque sus pinturas y murales intensificaban la cultura de los cafetales brasileños donde él había nacido. Pero estos cuadros son tan hermosos, que hasta parecen que los trabajadores de los cafetales están felices de sus trabajos y que no conocen el sufrimiento de la explotación. Por esto es importante la opinión de León Ferrari, que cree que “las obras, tienen que tener un significado y servir para expresar ideas sin respetar diferencias estéticas”. León no habla, entonces, de sensibilidad artística, sino que al contrario aclara que no tendría problema en “tachar la palabra Arte, refiriéndose a sus obras, y cambiarla por la palabra política”. Entonces ¿dónde queda parado el hombre que no quiere hundirse en una actividad burguesa como la pintura pero tampoco puede vivir sin ella?, ¿dónde queda parado el que quiere instigar a la revolución mediante el Arte y no sin él? La historia tiene la respuesta de dónde quedaron parados algunos, algunos como los futuristas que quedaron parados en medio del fascismo. Esta vanguardia que había surgido de una teoría delirante de un poeta gran amigo de Pettorutti llamado Tomasso Marinetti sostenía que; “ninguna obra que no tenga carácter agresivo puede ser una obra de arte…queremos glorificar la guerra -única higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor, las hermosas ideas por las que se muere y el desprecio por la mujer”. Esta vanguardia tan llena de política nazi pero a su vez de una calidad pictórica increíble, si bien eran un brusco levantamiento en el medio del Arte, eran reaccionarios en cuanto a la vida real. Un caso contrario a éste podría encontrarse en Paul Signac, un pintor anarquista que representaba temas burgueses. Revolucionario en la vida reaccionario en el arte.
A estos pintores de caballete se opusieron los muralistas, ya sea Rivera, Siqueiros, Orozco, o Guayasamín que decía; “un arte de grandes proporciones permite exponer a mayor escala los problemas sociales y políticos del pueblo”. Pero, ¿por qué un arte populista tiene que ser a su vez revolucionario, acaso la imagen representada no es la misma en gran o pequeño formato?
Un Arte Revolucionario no tiene que enseñar sino que tiene que aprender de la lucha diaria y transmitirlo en imágenes. No tiene que tratar de destruirse a sí mismo como Arte sino que tiene que destruir el sistema que lo arrolla y lo transforma en una actividad burguesa. Estas pinturas tienen que desviarse del medio donde generalmente son expuestas y abrirse hacia otras propuestas más interesantes, tienen que estar donde está la rebelión y a su vez representarla. Hay paisajes y mujeres que son dignas de ser pintadas y ningún artista revolucionario puede privarse de hacerlo, pero tampoco puede pasar por alto, en sus obras, el miserable sistema donde vive que transforma todo Arte en una decoración de interiores. Un artista revolucionario puede concretar un Arte a sí mismo revolucionario, pero éste nunca puede olvidar que un pincel no sustituye a las armas.

Guido A. N.


LOS MISERABLES VOLVER

(Recibido por correo electrónico)

En un enfrentamiento en un barrio humilde de Luján de Cuyo, Mendoza: La Policía mató a un chico cuando sacaban carbón de un tren de carga. Recibió un balazo en el pecho. Otros dos niños, heridos. Querían calentar sus casas. Hasta anoche, al menos seis policías estaban demorados por la Justicia”. (Clarín.com, 6/5/2006).

La vida de un pibe no vale nada. O como mucho, vale menos que un pedazo de carbón.
Es curioso ver cómo Mauricio Morán, un muchachito de la sufrida barriada de Cuadro Estación, fue destruido en un instante por un perdigón de escopeta policial, después de tomarse para su crecimiento los catorce largos años que pudo vivir, estirados hasta el límite de lo soportable por la mordedura constante del hambre y el frío. O tal vez sea más curioso ver cómo pudo sobrevivir tanto tiempo en Mendoza, territorio de violencia policíaca, si los hay.
En 2003 había zafado de las detenciones masivas de menores “carenciados”, efectuadas para favorecer “el desarrollo de las ventas comerciales producidas en la temporada turística”(1). Aunque es justicia decir que Cristian Bressant, el cobani que lo mató, evitó que conociera la amargura atroz de la Penitenciería local, con su tasa de 15 muertos cada diez meses, en lo que un abogado describió como un sitio “peor que un campo de concentración”(2). No hay mal que por bien no venga, dicen los creyentes. Porque además allí hace mucho frío.
Es que en Mendoza, el frío no es cosa de broma: “En San Carlos se tienen registros históricos en septiembre de -10°, en Tunuyán -5°, en San Martín -5.2°, y en San Rafael -4.9°”. Fíjese si no: “una helada no sólo nos hace perder la cosecha sino a veces los clientes porque los mercados internacionales exigen calidad, cantidad y continuidad”.
Tanto es así, que para los estancieros “el último recurso ante situaciones críticas es atenuar la temperatura bajo cero con la utilización de recipientes metálicos de unos 100 litros donde se encienden kerosén, gasoil o fuel oil que producen más de 10.000 kilocalorías por kilogramo de material. Menos eficiente es la calefacción con uso de carbón vegetal y no se recomienda la combustión con leña”.
Por fortuna, el ingeniero Julio Cobos -gobernador de la provincia y conspicuo miembro del Partido radical- no deja a sus votantes patronales en la estacada: “El Ministerio de Economía provincial lanzó una línea de créditos para la compra de combustibles destinados a atemperar el ambiente durante la helada. Se ofrecen con una tasa anual del 6,9 % y un plazo de reintegro de 10 meses”(3).
Claro, el piberío no vota ni podría devolver préstamos para comprar carbón; pero eso no es culpa del gobernador ni de los capitalistas, quienes argumentan -citando a Homero J. Simpson- que la situación “ya estaba así cuando llegué”.
Tampoco olvida Cobos la seguridad de los comprovincianos ricos: el vigilante modelo es Bressant, padre y nieto de policías, casado y con un hijo bebé. Egresado de la escuela de cadetes en 1997, “tiene un legajo impecable, con seis distinciones. La última es de marzo de 2006 por el buen desempeño en la Vendimia”(4).
El gobernador-ingeniero se enorgullece de su guardia pretoriana: en el acto por el 194° aniversario de la fuerza, después del infaltable desfile, entonación de himno y la “invocación religiosa del capellán policial”, “Cobos reconoció la labor de la Policía e instó a confiar en ella”(5).
Es evidente que Bressant y los demás cumplen bien con su faena, consistente en “faenar” pibes como Morán en 2006 o Sebastián Bordón en 1997, siempre “al servicio de la comunidad” de los pequeños y grandes propietarios.
Desde luego que un gobernador con esas cualidades no podía ser desaprovechado por el Estado argentino; ya desde el año pasado “el kirchnerismo nacional avanzaba sobre Mendoza para convertir a Cobos en su niño mimado”(6). Y lo consiguió: el 5 de mayo de 2006 -el mismo día en que el piberío era fusilado- Cobos fue el orador principal del acto por las papeleras que organizó Kirchner en Gualeguaychú. Como dice un diario cuyano, ese nombramiento “no es poco para su capital político. Si hasta algunos medios lo señalan como protagonista de una futura alianza electoral con el matrimonio Kirchner para el 2007”(7).
El fusilador Bressant está detenido. Ya se sabe cómo sigue ese expediente: dependiendo de la mayor o menor presión popular, saldrá libre y será trasladado a otra comisaría donde ejercer su infame oficio, o será condenado y pasará un tiempo “preso” en una unidad policial -con todas las comodidades- hasta que se calmen las cosas, para luego salir libre y seguir ejerciendo su infame oficio.
Esa gente es necesaria para el sostenimiento del sistema, y no se la abandona a su suerte. Porque lo que el poder judicial sienta en el banquillo de los acusados es a un hombre perverso, y no a la perversa institución que lo cobija, le da un arma y le enseña a matar. Y no podía esperarse menos, ya que el poder judicial es parte integrante de la injusticia social; es parte -como la policía- del Estado.
En la novela Los miserables de Víctor Hugo, cuando el poder judicial francés condena al joven Jean Valjean a 19 años de trabajos forzados por robar una hogaza de pan con que alimentar a su hermanito, se describe la imagen de la prueba “A”: el pancito con una etiqueta señalando la prueba del delito. Valjean, en una fuga que se prolonga durante años, es implacablemente perseguido por el inspector Javart, quien un día lo arrincona a orillas del Sena. Pero no lo fusilará, ni lo llevará detenido; agobiado por la certeza de cometer una tremenda injusticia, y por su rígido sentido de la obediencia debida a la autoridad, preferirá suicidarse arrojándose a las aguas del río antes que cometer una falta al reglamento o de ejecutar una orden aberrante.
No ocurrió tal cosa en Mendoza. Bressant no es Javart.
Queda entonces tirado en el terraplén el cadáver de Mauricio Morán, un pobre de 14 años que nunca conocerá el amor de una mujer ni la ternura de un hijo. Angel Sosa, de 13 años, recordará cada día de su vida el balazo alojado en su glúteo derecho, que le dejó una renguera al caminar; y el bebé llamado Raúl, de 18 meses de edad, sabrá cuando crezca que los dedos destrozados de su manito izquierda se los debe a un policía llamado Cristian, que lo hirió sin piedad y sin pensar que su propio hijo es también apenas un bebé.
Una bolsa con cuatro kilogramos de carbón cuesta en cualquier mercadito la irrisoria suma de 3 pesos con 99 centavos.
La vida de un pibe no vale nada. O, como mucho, vale menos que un pedazo de carbón.

Iconoclasta, 10 de mayo de 2006

(1) Diario Uno, Mendoza, 16/1/2003.
(2) Página 12, wing izquierdo de Clarín y los patrioteros kirchneristas, 28/11/2004.
(3) La Nación, vocero de los explotadores rurales, 20/8/2005.
(4) Diario Uno, 10/5/2006.
(5) Página web Coordinación de Prensa del Gobierno de Mendoza (http://prensa.mendoza.gov.ar)
(6) Diario Los Andes, 8/3/2005.
(7) Diario de Cuyo, 8/5/2006.


REVOLUCIÓN ESPAÑOLA - 70 AÑOS

LAS REALIZACIONES TEÓRICAS Y PRÁCTICAS DE LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA VOLVER

El programa revolucionario de la Confederación Nacional de los Trabajadores de España que se intentó llevar a la práctica en los territorios republicanos durante la Guerra Civil (1936-1939), fue expuesto en el dictamen sobre «Concepto confederal del comunismo libertarlo» aprobado en el Congreso de Zaragoza de 1936. Si bien los aspectos teóricos de cualquier propuesta revolucionaria nunca pueden cumplirse a rajatabla debido a que la realidad es siempre mil veces más rica y compleja que la ficción (en el más amplio sentido de la expresión), toda construcción práctica requiere una mínima base teórica orientadora. Este fundamento teórico precisa tener una estructura firme y coherente en sus principios conformadores, pero adaptable a las diferentes épocas y realidades históricas en las que se encuentre inserta. Es ésta la única forma de no caer ni en el dogmatismo momificado que lleva a la parálisis y al autoritarismo, ni el reformismo acomodaticio que termina en la traición, en la perpetuación de un “civilizado”anarquismo burgués, y, en ambos casos, en la muerte de la revolución.
El Congreso de Zaragoza de 1936 luego de setenta años todavía nos ofrece mucho de lo que el actual movimiento anarquista carece. La presente situación de baja beligerancia tiene sus motivos no en una falta de motivación o en la flojera de los integrantes del movimiento -la cobardía y el valor se encuentran en la misma proporción afuera y adentro del movimiento anarquista- sino en la ausente riqueza teórica de la que alguna vez fuimos beneficiarios. El anarquismo se ha automarginado de la producción teórica y del análisis social que caracterizó a sus fundadores (Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Malatesta) y sus militantes más destacados (Rocker, Fabbri, González Pacheco, Mella o el controvertido Abad de Santillán). Los textos más difundidos sobre nuestro pensamiento de los últimos cincuenta años no han sido escritos en su gran mayoría por militantes anarquistas destacados, salvo honrosas excepciones, sino por historiadores o investigadores ajenos al movimiento, o por simpatizantes que admiran los ideales y la trayectoria de lucha de los anarquistas pero que se lamentan por la “pérdida de vigencia” de la propuesta revolucionaria (como son los casos de Noam Chomsky y de Osvaldo Bayer, entre otros). Otros han incorporado ideas más “novedosas” al discurso anarquista que tienden a una reconciliación con el marxismo, apoyándose en el erróneo hecho de creer que lo único que diferencia a los marxistas de los anarquistas es la cuestión de qué hacer con el Estado después de la revolución social, cuando en realidad esa es la culminación de una gran cantidad de diferencias y desacuerdos insolubles. Esta es la postura de los marxistas libertarios que representaba el prestigioso Daniel Guerin, o los más academicistas de “Socialismo Libertario”. Mucho más lamentables aún son muchos de los que han incorporado al anarquismo componentes estatistas y autoritarios, como ocurre con las tendencias municipalistas y sindicalistas, que propician la participación en elecciones municipales y sindicales, para recuperar “la comuna y el gremio” de manos de sus usurpadores. Dentro de esta tendencia se destacan también aquellos que pretenden que el anarquismo se convierta en un partido político, se identifican claramente como integrantes de la izquierda e incorporan a su retórica elementos nacionalistas, populistas y bregan por la construcción de un “poder popular”, un patético eufemismo de la siniestra “dictadura del proletariado”. Lejos de estas tendencias falaces e impostoras, los aportes de los anarquistas insurreccionalistas se han limitado a una crítica demoledora contra el anarquismo fosilizado, sin elaborar propuestas coherentes y viables, a pesar de la razón y valía de muchos de sus argumentos. Este contexto de confusión ideológica se da paradójicamente en un momento de creciente interés mundial por todo lo referente a las ideas anarquistas, tal vez debido a los horrores de la globalización capitalista y al descalabro general de la izquierda tradicional desde la caída del Muro de Berlín. Y es lo que hace necesario volver la mirada atrás y reflexionar sobre los logros -y también los fracasos- de la Revolución española, tanto en lo teórico como en lo práctico. Las pautas teóricas del Congreso de Zaragoza y las experiencias de las colectividades libertarias quizás sean una de las expresiones más acabadas de lo que el anarquismo pretende llevar a cabo, pero a su vez son solamente el cimiento de un edificio del que aún estamos lejos de vislumbrar su techo.

P. Rossineri


EXTRACTO DEL DICTAMEN SOBRE EL COMUNISMO LIBERTARIO - CONGRESO DE ZARAGOZA (C.N.T., MAYO DE 1936) VOLVER

Es del dominio de todas las delegaciones que asisten a este Congreso que en el seno orgánico de la C.N.T. se agitan, con dinamismo bien marcado, dos maneras de interpretar el sentido de la vida y la base de la estructuración de la Economía post-revolucionaria. Esta múltiple concepción de tendencia obedece, a no dudar, a razones doctrinales y filosóficas que, al abrir huella en la psicología de los militantes, crean dos formas inconclusas de pensamiento, cuyas energías en potencia hoy se esfuerzan por imprimir directrices dando cauce a las dos corrientes.
Ahora bien, si en esta doble movilidad de las energías confedérales no mediara el afán natural de hegemonía, no habría problema. Pero esa aspiración espiritual, tenaz y constante, habrá de manifestarse con fuerza nueva en el plano interno de nuestros cuadros, abriendo, con el litigio, peligros serios a la unidad que acabamos de concertar en esta Ponencia, con la serenidad y conciencia necesarias para aquilatar y asumir la responsabilidad histórica y trascendental de esta hora, ha debido buscar la fórmula que recoja el espíritu y pensamiento de las dos corrientes, articulando con él los cimientos de la vida nueva.

Así, pues, declaramos:

Primero. -Que al poner la piedra angular a la arquitectura del dictamen hemos procurado construir con austero sentido de armonía sobre estos pilares: individuo y Sindicato, dando margen al desenvolvimiento paralelo de las dos corrientes y concepciones.
Segundo. -Consignamos, como refrendo a la expresa garantía de la armonía, el reconocimiento implícito de la soberanía individual. Con esta potestad, que vindica la libertad por encima de todas las disciplinas atentatorias, habremos de articular las distintas instituciones que en la vida han de determinar la necesidad, poniendo cauces a la relación.
Y es así cómo, socializado el cúmulo de toda la riqueza social y garantizada la posesión, en uso, de los instrumentos de trabajo, haciendo igual para todos la facultad de producir, facultad convertida en deber, para tener opción al derecho de consumir, que el instinto por ley natural vindica en todos los imperativos de la conservación de la vida, surge el principio anárquico del libre acuerdo, para concertar entre los hombres el alcance, transacción y duración del pacto. Es así cómo el individuo, célula con personalidad jurídica, y entidad angular de las articulaciones sucesivas, que la libertad y la potestad de la Federación habrán de crear, ha de constituir el engarce y nomenclatura de la nueva sociedad por venir.
Hemos de pensar todos que estructurar con precisión matemática la sociedad del porvenir sería absurdo, ya que muchas veces entre la teoría y la práctica existe un verdadero abismo. Por ello no caemos en el error de los políticos que presentan soluciones definitivas para todos los problemas, soluciones que en la práctica fallan ruidosamente. Y es porque pretenden imponer un método para todos los tiempos, sin tener en cuenta la propia evolución de la vida humana.
No haremos eso nosotros, que tenemos una visión más elevada de los problemas sociales. Al esbozar las normas del comunismo libertario, no lo presentamos como un programa único, que no permita transformaciones. Estas vendrán, lógicamente, y serán las propias necesidades y experiencias quienes las indiquen.
Aunque tal vez parezca que se encuentre un poco fuera del mandato que nos ha sido encomendado por el Congreso, creemos preciso puntualizar algún tanto nuestro concepto de la revolución y las premisas más acusadas que a nuestro juicio pueden y deben presidirla.
Se ha tolerado demasiado el tópico según el cual la revolución no es otra cosa que el episodio violento mediante el que se da al traste con el régimen capitalista. Aquélla, en realidad, no es otra cosa que el fenómeno que da paso de hecho a un estado de cosas que desde mucho antes ha tomado cuerpo en la conciencia colectiva.

Concepto constructivo de la revolución: entendemos que nuestra revolución debe organizarse sobre una base estrictamente equitativa.
En consecuencia, creemos que la revolución debe cimentarse sobre los principios sociales y éticos del comunismo libertario. Que son:
Primero. -Dar a cada ser humano lo que exijan sus necesidades, sin que en la satisfacción de las mismas tenga otras limitaciones que las impuestas por las posibilidades de la economía.
Segundo. -Solicitar de cada ser humano la aportación máxima de sus esfuerzos a tenor de las necesidades de la sociedad, teniendo en cuenta las condiciones físicas y morales de cada individuo.

Organización de la nueva sociedad después del hecho revolucionario: Las primeras medidas de la revolución: terminado el aspecto violento de la revolución, se declaran abolidos: la propiedad privada, el Estado, el principio de autoridad y, por consiguiente, las clases que dividen a los hombres en explotadores y explotados, oprimidos y opresores.
Socializada la riqueza, las organizaciones de los productores, ya libres, se encargarán de la administración directa de la producción y del consumo.
Establecida en cada localidad la Comuna Libertaria, pondremos en marcha el nuevo mecanismo social. Los productores de cada ramo u oficio, reunidos en sus Sindicatos y en los lugares de trabajo, determinarán libremente la forma en que éste ha de ser organizado.
La Comuna Libre se incautará de cuanto antes detentaba la burguesía, tal como víveres, ropas, calzados, materias primas, herramientas de trabajo, etc. Estos útiles y materias primas deberán pasar a poder de los productores para que éstos los administren directamente en beneficio de la colectividad.
En primer término las Comunas cuidarán de alojar con el máximo de comodidades a todos los habitantes de cada localidad, asegurando asistencia a los enfermos y educación a los niños.
De acuerdo con el principio fundamental del comunismo libertario, como hemos dicho antes, todos los hombres se aprestarán a cumplir el deber voluntario -que se convertirá en verdadero derecho cuando el hombre trabaje libre- de prestar su concurso a la colectividad, en relación con sus fuerzas y sus capacidades, y la Comuna cumplirá la obligación de cubrir sus necesidades.
Desde luego, es preciso crear ya, desde ahora, la idea de que los primeros tiempos de la revolución no resultarán fáciles y de que será preciso que cada hombre aporte el máximo de esfuerzos y consuma solamente lo que permitan las posibilidades de la producción. Todo período constructivo exige sacrificio y aceptación individual y colectiva de esfuerzos tendentes a superar las circunstancias y a no crear dificultades a la obra reconstructora de la sociedad que de común acuerdo todos realizaremos.

Plan de organización de los productores: el Plan económico de organización, en cuantas manifestaciones tenga la producción nacional, se ajustará a los más estrictos principios de economía social, administrados directamente por los productores a través de sus diversos órganos de producción, designados en asambleas generales de las variadas organizaciones y por ellas controlados en todo momento.
Como base (en el lugar de trabajo, en el Sindicato, en la Comuna, en todos los órganos reguladores de la nueva sociedad), el productor, el individuo como célula, como piedra angular de todas las creaciones sociales, económicas y morales.
Como órgano de relación dentro de la Comuna y en el lugar de trabajo, el Consejo de taller y de fábrica, pactando con los demás centros de trabajo.
Como órgano de relación de Sindicato a Sindicato (asociación de productores), los Consejos de Estadística y de Producción, que se seguirán federando entre sí hasta formar una red de relación constante y estrecha entre todos los productores de la Confederación Ibérica.
En el campo: como base, el productor en la Comuna, que usufructuaría todas las riquezas naturales de su demarcación política y geográfica.
Como órgano de relación, el Consejo de Cultivo, del que formarán parte elementos técnicos y trabajadores agrícolas, encargados de orientar la intensificación de la producción, señalando las tierras más apropiadas a la misma, según su composición química.
Estos Consejos de Cultivo establecerán la misma red de relaciones que los Consejos de Taller, de Fábrica y de Producción y Estadística, complementando la libre federación que representa la Comuna como demarcación política y subdivisión geográfica.
Tanto las Asociaciones de productores industria les como las Asociaciones de productores agrícolas se federarán nacionalmente -mientras sea únicamente España el país que haya realizado su transformación social- si, llevados a esa disyuntiva por el mismo proceso del trabajo a que se eduquen, lo estiman conveniente para el más fructífero desarrollo de la Economía: e idénticamente se federarán en el mismo sentido aquellos servicios cuya característica propenda a ello para facilitar las relaciones lógicas y necesarias entre todas las Comunas Libertarias de la Península.
Estimamos que con el tiempo la nueva sociedad conseguirá dotar a cada Comuna de todos los elementos agrícolas e industriales precisos a su autonomía, de acuerdo con el principio biológico que afirma que es más libre el hombre -en este caso la Comuna- que menos necesita de los demás.

En conclusión proponemos:

La creación de la Comuna como entidad política y administrativa.
La Comuna será autónoma, y confederada al resto de las Comunas.
Las Comunas se federarán comarcal y regionalmente, fijando a voluntad sus límites geográficos, cuando sea conveniente unir en una sola Comuna pueblos pequeños, aldeas y lugares. El conjunto de estas Comunas constituirá una Confederación Ibérica de Comunas Autónomas Libertarias.
Para la función distributiva de la producción, y para que puedan nutrirse mejor las Comunas, podrán crearse aquellos órganos suplementarios encaminados a conseguirlo. Por ejemplo: un Consejo Confederal de Producción y Distribución, con representaciones directas de las Federaciones nacionales de Producción y del Congreso anual de Comunas.

Misión y funcionamiento interno de la Comuna: la comuna deberá ocuparse de lo que interesa al individuo.
Deberá cuidar de todos los trabajos de ordenación, arreglo y embellecimiento de la población.
Del alojamiento de sus habitantes: de los artículos y productos puestos a su servicio por los Sindicatos o Asociaciones de productores.
Se ocupará asimismo de la higiene, de la estadística comunal y de las necesidades colectivas. De la enseñanza. De los establecimientos sanitarios y de la conservación y perfeccionamiento de los medios locales de comunicación.
Organizará las relaciones con las demás Comunas, y cuidará de estimular todas las actividades artísticas y culturales.
Para el buen cumplimiento de esta misión, se nombrará un Consejo Comunal, al cual serán agregados representantes de los Consejos de Cultivo, de Sanidad, de Cultura, de Distribución y de Producción y Estadística.
El procedimiento de elección de los Consejos Comunales se determinará con arreglo a un sistema en el que se establezcan las diferencias que aconsejen la densidad de población, teniendo en cuenta que tardará en descentralizar políticamente las metrópolis, constituyendo con ellas Federaciones de Comunas.
Todos estos cargos no tendrán ningún carácter ejecutivo ni burocrático. Aparte los que desempeñen funciones técnicas o simplemente de estadística, los demás cumplirán asimismo su misión de productores, reuniéndose en sesiones al terminar la jornada de trabajo para discutir las cuestiones de detalle que no necesiten el refrendo de las asambleas comunales.
Se celebrarán asambleas tantas veces como lo necesiten los intereses de la Comuna, a petición de los miembros del Consejo Comunal, o por la voluntad de los habitantes de cada una.

Palabras finales: he aquí terminado nuestro trabajo, mas antes de llegar al punto final, estimamos que debemos insistir, en esta hora histórica, sobre el hecho de no suponer que ese dictamen deba ser algo definitivo que sirva de norma cerrada a las tareas constructivas del proletariado revolucionario.
La pretensión de esta Ponencia es mucho más modesta. Se conformarían con que el Congreso viera en él las líneas generales del plan inicial que el mundo productor habrá de llevar a cabo, el punto de partida de la Humanidad hacia su liberación integral.
Que todo el que se sienta con inteligencia, arrestos y capacidad mejore nuestra obra.


LAS COLECTIVIDADES EN LA ESPAÑA REVOLUCIONARIA VOLVER

Las colectivizaciones en la «zona republicana», especialmente en Cataluña y Aragón, son, a mi entender, el fenómeno más importante dentro de la maraña de acontecimientos revolucionarios de este periodo. Las colectivizaciones, que fueron violentamente calumniadas por sus adversarios, encabezados por los comunistas, que fueron prácticamente ignoradas durante mucho tiempo por los historiadores o que fueron idealizadas por la mayoría de los comentaristas anarquistas, constituyen una realidad contradictoria donde aparece más claramente que, en el ámbito «militar» o «político», el carácter de lo que se estaba ventilando en aquella lucha. Se atacó todo el orden social, con las transformaciones en las relaciones de producción, se trastocó toda la vida económica, se derrumbó toda la pirámide jerárquica de la sociedad. No sólo se hacía tabla rasa de los «sacrosantos» principios de la propiedad privada sino también de aquellos otros principios —también «sacrosantos» para los llamados partidos de «vanguardia»— que justificaban la división entre dirigentes y ejecutantes.
La primera comprobación que hacemos es la del carácter espontáneo de las experiencias de colectivización. En este movimiento masivo y espontáneo de las colectivizaciones es en lo que mejor puede basarse mi afirmación sobre la importancia del movimiento autónomo de las masas obreras en Cataluña que, de lo contrario, sería sólo cháchara «izquierdista».
En efecto, el 18 de julio los comités directivos de la CNT-FAI lanzaron la consigna de huelga general revolucionaria para hacer frente al levantamiento militar en África del Norte. «Exactamente el día 28 de ese mismo mes, los propios comités dieron pura y simplemente la orden de volver al trabajo.» Ahora bien, desde el 21 de julio empezaron las primeras incautaciones. El movimiento empezó en los servicios públicos. Ese mismo día los ferroviarios catalanes colectivizaron los ferrocarriles. El 25 los transportes urbanos, el 26 la electricidad y así sucesivamente.
«Hasta los primeros días de agosto, la CNT no se encargó de modo oficial y organizado de canalizar las colectivizaciones.» Su primera reacción oficial fue restrictiva: los dirigentes de la CNT intervinieron para que no fuesen colectivizadas las empresas extranjeras, como lo exigían a gritos los consulados.
En un gran movimiento de entusiasmo, los trabajadores, prescindiendo de cualquier tipo de «tutor», se lanzaron a colectivizar las industrias, los transportes públicos, los servicios públicos, comercios e incluso salas e industrias del espectáculo, cafés, hoteles, peluquerías, etc. Desde el principio cada colectivización constituía un caso particular, pero a pesar de ello pueden clasificarse en tres sectores principales:
1) Empresas en las que el propietario seguía teóricamente en su puesto, pero en las que los trabajadores elegían un Comité de Control Obrero cuyos poderes, al menos al principio, eran tan reales como extensos (se trataba sobre todo de empresas extranjeras).
2) Empresas en las que se sustituye pura y simplemente al patrón por un comité electo.
3) Empresas socializadas.
La diferencia fundamental entre empresas colectivizadas y empresas socializadas consiste en que estas últimas agrupaban a todas las empresas en un mismo ramo productivo. El mejor ejemplo, sin duda, lo constituye la industria de la madera que, bajo la égida del Sindicato de la Madera (CNT), unificó todas las actividades relacionadas con la madera, desde la tala de árboles hasta la venta de muebles, reorganizando de arriba abajo talleres y almacenes. Las empresas socializadas constituían, no obstante, una minoría. Las empresas colectivizadas solían ignorarse mutuamente, incluso las de un mismo sector industrial, ya fuese el textil o el metalúrgico.
Estas colectivizaciones tuvieron una amplísima difusión en toda Cataluña, donde más del 70 % de las empresas industriales y comerciales fueron incautadas por sus trabajadores, pocos días después del levantamiento militar del 19 de julio. En algunas ciudades pequeñas —o pueblos— de la zona catalana, y sobre todo en Aragón, se implantaron unas fórmulas originales que unificaban a las colectivizaciones agrícolas e industriales, en el seno de una comuna libertaria.
Los protagonistas de esta oleada anticapitalista fueron, sin lugar a dudas, los trabajadores anarquistas y anarcosindicalistas de la CNT. Evidentemente no obedecieron a ninguna consigna de «arriba», puesto que sus dirigentes permanecían mudos al respecto, en un principio, ya que estaban muy ocupados «haciendo política» (y también organizando la guerra). Pero esto no debió plantearles graves problemas de conciencia pues no hacían nada más que aplicar las ideas libertarias, sobre todo aquéllas plasmadas en el reciente Congreso de Zaragoza. Se apartaron de sus dirigentes en el sentido de que decidieron que había llegado el momento de poner en práctica dichas ideas, mientras que los líderes, por su parte, decidían que había que sacrificar el «programa del comunismo libertario» en aras de la unidad antifascista.
Sin embargo, los trabajadores cometieron varios errores graves. Uno de ellos fue el de no tocar a los Bancos, volviendo a caer en el error de sus ilustres antecesores de la Comuna de París. La Generalitat [gobierno republicano de Cataluña] fue quien controló todas las Bancas catalanas. Esto le creó problemas con el Banco de España y por tanto con el Gobierno central, como veremos más adelante, pero al mismo tiempo le permitió ejercer una presión muy eficaz sobre las empresas colectivizadas con dificultades financieras o incluso tan sólo con dificultades de tesorería.

Las incautaciones

El 27 de julio, los empleados de las agencias marítimas, afiliados a la UGT, se presentaron en sus oficinas y procedieron a la incautación de la Compañía Transatlántica. Lo mismo pasó en las Compañías Mediterráneas, Ibarra, Ramos, etc. Esta incautación constituye prácticamente el único ejemplo en el que la UGT tomó la iniciativa en relación con la CNT. Recordemos que la UGT, que era una organización esquelética en Cataluña, tenía no obstante algunas secciones entre los empleados, pequeños funcionarios y otros proletarios de «cuello blanco». Sin embargo, la CNT participó desde el primer momento en el Comité Central de control de la Compañía Transatlántica que estaba compuesto como sigue: 3 miembros de la CNT, 3 de la UGT y dos delegados gubernamentales, uno de la Generalitat, otro del Gobierno central.
La flota de esta compañía era de cien mil toneladas. La primera medida del Comité, Central que dirigía la actividad de los comités de navíos, almacenes, oficinas, etc., fue la de destituir al administrador-gerente, a su adjunto y a casi todos los responsables de la antigua dirección. Se suspendió igualmente el pago a los accionistas.
En Barcelona los servicios públicos de transporte, tranvías, metro y autobús formaban una única empresa privada. Desde el 19 de julio, el Sindicato Único del Transporte decidió la incautación. La empresa quedó dividida en tres sectores: Tranvías, Metro y Autobús. Frente a cada ramo se eligió un Comité. La Generalitat también nombró un delegado, pero su papel, por lo menos al principio, tan sólo fue simbólico. La estructura organizativa creada por la sección de tranvías sirvió de modelo a las demás secciones. Se eligió un Comité de Empresa formado por un delegado de cada ramo o sección de trabajo. Cada sección tenía su Comité que organizaba su trabajo en coordinación con el Comité de Empresa. Una de las medidas más importantes fue la igualación de salarios. Los ingenieros y técnicos que continuaban en su trabajo, por ejemplo, vieron cómo disminuía su salario mientras que los salarios más bajos aumentaban. Se reorganizó el trabajo suprimiendo los puestos burocráticos que se consideraban inútiles. Desde julio de 1936 hasta el final de la guerra, los servicios de transporte urbano de Barcelona funcionaron mejor que antes —según numerosos testimonios— en manos de los trabajadores.
El 21 de julio los ferroviarios se apoderaron de las redes de ferrocarriles catalanes: M. Z. A. y Norte. Se constituyeron inmediatamente Comités Revolucionarios que se ocuparon también de la defensa de las estaciones y de los nudos de comunicación. También aquí, como en el caso de los transportes urbanos, y como en el 99 % de los casos, fueron los militantes de la CNT quienes tomaron la iniciativa, pero después, los miembros de la UGT —empleados, técnicos— formaron parte de los Comités Revolucionarios en plano de igualdad con los de la CNT, sin tener en cuenta la proporción de afiliados. Todas las redes catalanas de ferrocarril fueron colectivizadas por los ferroviarios, organizados en Comités Revolucionarios de estación, depósitos, etc. Se comunicó a los antiguos jefes de servicios que estaban despedidos. Algunos, sin embargo, volvieron al trabajo, no ya en calidad de directores —papel que asumían los Comités— sino en calidad de técnicos.
En Cataluña, el servicio telefónico era propiedad privada de un trust americano. Obedeciendo a las órdenes de la Generalitat y a la de sus propios dirigentes, los sindicatos de teléfonos no colectivizaron esa empresa, pero instauraron en ella un rígido control obrero, dirigido por comités CNT-UGT en cada central, en toda Cataluña. Los «patronos» americanos —o sus representantes españoles— no tuvieron otra actividad que la de controlar las «entradas» y «salidas» de sus pesetas. Entre otras medidas se les impuso el licenciamiento de los directores y jefes de servicio considerados inútiles y demasiado bien pagados.
Sería demasiado largo enumerar la lista de colectivizaciones. Antes de estudiar con más detalle algunos casos concretos, señalemos que la marea «colectivista» invadió casi toda la actividad productiva de Cataluña, incluso las peluquerías: los peluqueros sindicados despidieron a sus patronos y administraron ellos mismos sus salones, suprimiendo las propinas e imponiendo precios únicos. En algunos cafés y hoteles se hizo lo mismo. Los comunistas, al querer demostrar la «locura colectivista» de los anarquistas, han dicho que los famosos burdeles del no menos famoso «barrio chino» de Barcelona también fueron colectivizados. Pero no hemos encontrado rastro alguno de esa interesante iniciativa en los documentos y libros que tratan de este tema...
Por el contrario, existe una abundante documentación sobre las colectivizaciones realizadas por el Sindicato del Espectáculo CNT. Toda la actividad teatral, cinematográfica, ballets, «music hall», fue colectivizada. Productores, patronos y demás propietarios fueron despedidos y el sindicato regentó directamente todas las actividades del espectáculo, encargándose tanto de los programas como de las retribuciones de los artistas, el precio de las entradas, etc.

Carlos Semprún-Maura (Extracto de Revolución y contrarrevolución en Cataluña, Tusquets Editor)

SOCIALIZACION EN LA INDUSTRIA

Si tomamos Alcoy en la Provincia de Alicante, tenemos un ejemplo aún más típico. Los trabajadores hace mucho que estaban bien organizados y no fue necesario ningún decreto de movilización a los militantes. Ellos rápidamente tomaron las fábricas y talleres y organizaron la producción de un nuevo modo.
Cada industria está centralizada en el Comité Sindical Administrativo. Este comité está dividido en tantas secciones como industrias principales haya. Cuando se recibe un pedido de la Sección de Ventas ésta se pasa a la Sección de Producción cuya tarea consiste en decidir qué taller está mejor equipado para producir los artículos requeridos. Mientras resuelven esta cuestión ellos piden las materias primas necesarias a la sección correspondiente. Ésta da instrucciones a las tiendas para suministrar los materiales y finalmente, la Sección de Compra recibe los detalles de la transacción para que ésta pueda sustituir el material usado.
Este resumen, que, debido al espacio, podría ser amplificado indefinidamente, hace a uno apreciar el hecho de que la los libertarios españoles coordinan y racionalizan la producción de un modo mucho más satisfactorio de lo que el capitalismo jamás ha hecho. Y pongo un énfasis especial en la desaparición de los pequeños talleres y fábricas malsanos y costosos, además del correcto empleo de la maquinaria para el trabajo más adecuado a ella. La centralización administrativa es uno de los rasgos más excepcionales. Uno así puede declarar que en cualquier parte donde la colaboración con los partidos políticos no ha paralizado a los trabajadores, éstos son capaces, incluso allí donde sus sindicatos son sólo de formación reciente, organizar la producción y los servicios públicos de un modo sumamente satisfactorio. Así permanece para describirse el papel jugado por los trabajadores mismos en la administración y la dirección industrial.
El comité industrial administrativo no es una organización autónoma infalible. El sindicato todavía existe, y su comisión central controla el conjunto de actividades. Es nombrado por la Asamblea general de los trabajadores sindicados y tiene delegados directos en las fábricas y talleres para no perder nunca el contacto con los trabajadores. En los talleres y fábricas existen los comités elegidos por una asamblea de trabajadores reunidos sobre el terreno. Estos comités son responsables de la aplicación de las instrucciones recibidas en cuanto a la conducta de trabajo. En su turno comunican sus observaciones a la comisión sindical central. Y en las resoluciones de las asambleas se aprueba tanto el trabajo diario en las fábricas como el trabajo del comité administrativo.
Por lo tanto no afrontamos una dictadura administrativa, sino una democracia bastante funcional, en la que todos los trabajos especializados juegan sus papeles que les han sido asignados después del examen general de la asamblea.

SOCIALIZACIÓN AGRARIA

Pero es en la socialización agraria que hay que buscar el ejemplo de lo mejor del logro social. Esta socialización no ocurrió simultáneamente y completamente en todas partes al mismo tiempo. Esta comenzó en Aragón, inspirada por los libertarios, luego fue ganando terreno en Levante y en aquella parte de Andalucía que permaneció en nuestras manos. Finalmente se extendió por el sur de Cataluña y Castilla.
En aproximadamente tres meses, la mayor parte de los pueblos de Aragón, algunos sacados de manos fascistas por las columnas conducidas por Durruti y otros guerrilleros “indisciplinados”, organizaron colectividades agrarias. No hay que confundir las “colectividades” industriales realizadas bajo los auspicios del Decreto de Colectivización, y bajo instrucciones dictadas por el Gobierno catalán, con las de los campesinos. La palabra “colectividades” describe dos cosas bastante diferentes.
El mecanismo de la formación de las colectividades Aragonesas, ha sido generalmente el mismo. Después de haber depuesto a los ayuntamientos cuando estos eran fascistas, o después de haberlos sustituido por comités anti-fascistas o revolucionarios cuando no lo eran, se convocaba una asamblea por todos los habitantes del lugar para decidir su línea de acción.
Uno de los primeros pasos era juntar la cosecha no sólo de los campos de los pequeños propietarios que todavía quedaran, sino, lo que era aún más importante, la de las fincas de los grandes terratenientes que eran conservadores y “caciques” rurales o jefes. Se organizaban grupos para cosechar y trillar el trigo que pertenecía a estos grandes terratenientes. El trabajo colectivo comenzó espontáneamente. Luego como no podían dar este trigo a nadie en particular sin ser que fuera injusto para todos los demás, era puesto bajo el control de un comité local, para el uso de todos los habitantes, ya fuera para el consumo o para el intercambio por artículos manufacturados, como ropa, botas, etc., para los que estaban más necesitados.
Era necesario, después de todo, trabajar las tierras de los grandes terratenientes. Ellos tenían generalmente las más extensas y fértiles de la región. La cuestión se planteaba otra vez ante la asamblea del pueblo. Era entonces cuando “la colectividad”, si no estaba ya definitivamente constituida -a menudo esto se había hecho en la primera reunión- se establecía definitivamente.
Se nombraba un delegado para la agricultura y el ganado (o uno para cada una de estas actividades cuando el ganado era demasiado extenso), un delegado para la distribución local, intercambios, obras públicas, higiene y educación y defensa revolucionaria. A veces había más, en otras ocasiones menos.
Luego se formaban grupos de trabajadores. Estos grupos generalmente se dividían en el número de zonas en las que el territorio municipal estaba dividido, para así más fácilmente incluir todas las clases de trabajo. El número de zonas dependía no sólo de la extensión de la tierra sino también de la composición topográfica de la misma, la cual en España es generalmente montañosa. Cada grupo de trabajadores elegía a su delegado. Los delegados se reunían cada dos días o cada semana con el concejal de agricultura y ganadería, para coordinar todas las diferentes actividades. Decidían por ejemplo, si ciertos campos deberían ser arados, o si ellos deberían prestar atención al trigo o las vides; o podar los olivos y otros árboles frutales; o plantar patatas o sembrar remolachas, etc. Según la urgencia y la importancia del trabajo, se escogían grupos para hacerlo, e ir, cuando fuera necesario, de una zona a otra.
En esta nueva organización, la pequeña propiedad casi desapareció completamente. En Aragón el 75 por ciento de los pequeños propietarios se han adherido voluntariamente al nuevo orden de las cosas. Los que se negaron han sido respetados. Es falso decir que aquellos que participaron en las colectividades fueron obligados a hacerlo. Uno no puede acentuar este punto más fuerte delante de las calumnias que han sido dirigidas contra las colectividades sobre este respecto. Está también lejos de la verdad que la colectividad agraria ha traído por la fuerza, en todas partes, una cuenta corriente especial para los pequeños propietarios y ha impreso billetes especialmente para ellos, para asegurarse todos los productos industriales que requieren, de la misma manera que hacen “los colectivistas”.
En esta transformación de la propiedad, hay que poner un énfasis especial en el sentido práctico y la delicadeza psicológica de los organizadores que en casi todos los pueblos han concedido o han dado a cada familia un poco de tierra sobre la que cada campesino cultiva, para su propio uso, las verduras las que prefiera de la forma que prefiera. Su iniciativa individual puede así ser desarrollada y satisfecha.

SALARIO FAMILIAR

Este último hecho tiene una importancia extrema. Es la primera vez que se ha practicado en la sociedad moderna el principio de anarquista de “a cada uno según sus necesidades”. Se ha aplicado de dos modos: sin dinero en muchos pueblos de Aragón y con dinero local en otros, y en la mayor parte de las colectividades establecidas en otras regiones. El salario familiar se pagado con este dinero y varía según el número de miembros en cada familia. Una casa en la cual el hombre y su esposa trabajan porque no tienen ningún niño recibe, por decir algo, digamos 5 pesetas al día. En otra casa en la que sólo trabaje el hombre, ya que su esposa tiene que preocuparse de dos, tres o cuatro niños, se recibe seis, siete u ocho pesetas respectivamente. Esto significa que “las necesidades” y no sólo “la producción” tomada en sentido estrictamente económico es lo que controla la escala de sueldos o la distribución de productos allí donde los salarios no existen.

EDUCACIÓN

Tomemos la educación como ejemplo. En cualquier parte en donde la revolución ha llegado lejos, se notan esfuerzos serios en esta dirección. Se han creado escuelas en conventos y seminarios que generalmente eran los mejores edificios. Pueden contarse por miles. Cada una de las quinientas colectividades del Levante tiene su propia escuela, generalmente en un hermoso entorno, entre naranjos o al pie de montañas cubiertas de nieve. En Aragón, Cataluña y Castilla, por todas partes uno nota la misma atención a la educación. Nunca antes se había dado un paso tan grande expide en la historia de España.
Allí donde el Gobierno y el Estado no han sido capaces de hacerse sentir, la ayuda médica ha sido socializada también, es decir, ponerla a disposición de todo el mundo. El doctor cuida de toda la gente enferma. La Colectividad le paga. Éste también proporciona todas las medicinas, y envía a los pacientes más seriamente afectados a los hospitales o sanatorios de las ciudades. Se han establecido pequeños en ciertos pueblos y se mantienen por los esfuerzos del cantón. A nadie se le permite morirse o ponerse enfermo por falta de cuidados y atención.

Gastón Leval
(Extractado del folleto La Reconstrucción Social en España, 1938)


ESBOZO DE UN CONFLICTO INCONCLUSO VOLVER

El año 1936 comienza en España con más de 30 mil presos sociales y políticos, en su gran mayoría pertenecientes al movimiento anarquista, victimas de las represiones militares que sofocaron a las insurrecciones de los años anteriores. En las elecciones convocadas para febrero, el Frente Popular -coalición de partidos de izquierda y de centro-, tiene posibilidades de hacerse del gobierno. Tres años atrás la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) había realizado una intensa campaña antielectoral, fiel a sus principios antiestatistas, lo que había restado votos a las izquierdas e imposibilitado su triunfo electoral. En 1936 toda una tendencia partidaria de la alianza y unidad con la izquierda comienza a predominar en los espacios de responsabilidad y dirección de la C.N.T., algo que va a marcar las actitudes futuras de la organización y buena parte del desarrollo del conflicto que se avecina. Próxima la fecha de elecciones desde esta tendencia se plantea la discusión de si es oportuno realizar campaña antielectoral, en vista de que el triunfo de la izquierda, argumentaban, garantizaba la amnistía y libertad de los presos. Al mismo tiempo y oportunamente desde el Partido Socialista se llamaba a la “hermandad” de la C.N.T. Desde el Comité de la C.N.T. se convoca a una apresurada e irregular conferencia para debatir la actitud a seguir ante las elecciones, en asta conferencia abundaron los criterios de que la posición antielectoral correspondía más a una cuestión de táctica que de principios. La lectura de un texto enviado desde la Asociación Internacional de los Trabajadores, llamando a posicionarse categóricamente contra los oportunismos y los espejismos de las libertades constitucionales, revelaron la vacilación ideológica de la discusión. Como resolución se ratificó el principio apolítico de la C.N.T. y se proyectó un principio de pacto con la Unión General de Trabajadores, sindicato orientado por los socialistas. A pesar de la resolución casi no se realiza campaña antielectoral evidenciando el carácter de colaboración ante el sufragio. A este respecto cabe destacar que, de entre las figuras de la C.N.T. que se destacarán en lo sucesivo, Abad de Santillán junto con García Oliver acordaban no sabotear las elecciones al contrario de Buenaventura Durruti. Como consecuencia, los votos que antaño eran “perdidos” por la campaña antielectoral, inclinaron la balanza otorgando el triunfo al Frente Popular. Desde el día siguiente de las elecciones (16 de febrero), poderosas manifestaciones, sin esperar ningún decreto de amnistía, abrieron numerosas cárceles liberando a los obreros presos. En las que no pudieron ser abiertas se produjeron incendios y motines por la lentitud de la amnistía del nuevo gobierno. Ambos sucesos muestran la falsedad del argumento de confianza depositado previamente en el Frente Popular ante el problema de los detenidos. Como había insistido la A.I.T. ante los cenetistas días antes: “Es la revolución, y no un gobierno «republicano», quien libertará a los presos.”(1)
Dos días después de las elecciones comenzaron en todo el país huelgas por la reincorporación de los condenados y despedidos, por mejorías en las condiciones de trabajo, huelgas de solidaridad, nacionales, regionales, locales... En los meses siguientes se multiplicaron los asentamientos y tomas de tierras privadas por parte de campesinos, produciéndose sangrientos choques con la policía. En Madrid los obreros tranviarios decidieron apoderarse de la empresa. Los falangistas y otros grupos de derechas, formando escuadras y provistos de armas automáticas, sembraban el terror en los barrios obreros, atacaban locales y a vendedores de periódicos. Los pistoleros a sueldo cobraban víctimas día a día. Entre el día de las elecciones y mediados de julio el conflicto se acrecentó: 113 huelgas generales, 228 parciales, 160 iglesias quemadas, 138 atracos, 379 asaltos a centros particulares y políticos, 10 periódicos totalmente destruidos, 269 muertos, 1287 heridos en choques con las fuerzas del orden, 145 bombas, 213 atentados personales... según cifras oficiales. No cabía dudas de que el orden establecido y la propiedad estaban amenazados.
En medio del torbellino, el 1° de mayo, se reunió el IV Congreso nacional de la C.N.T. en Zaragoza. Se calcula que, para esa época, la CNT encuadraba cerca de un millón y medio de trabajadores, aunque los afiliados efectivos eran de medio millón. En el Congreso se destacó la discusión por una alianza revolucionaria con la U.G.T. y se establecieron las esperadas e importantes definiciones del Comunismo libertario, cuyo esbozo será llevado a la práctica en gran parte de la región antifascista, tras el 19 de julio, hasta que fue suprimido por el Estado republicano reconstituido.
Llegado el mes de julio el gobierno de Frente Popular se debilitaba cada día ante la conjura de la derecha y los militares y ante al activismo revolucionario de los anarquistas de la C.N.T. A comienzos de ese mes los obreros de la construcción, impulsados por los anarquistas, comenzaron una huelga que fue adquiriendo carácter insurreccional. Los huelguistas obligaban a comerciantes y a restaurantes a dar comida gratis, cuando el hambre empezó a surgir entre las familias obreras al endurecerse el conflicto. Ante los ataques de los falangistas los obreros se armaron, miembros de la C.N.T. ametrallaron un local de la Falange, muriendo tres fascistas. Debido a que la U.G.T. había llamado a terminar la huelga se produjeron enfrentamientos y muertos entre militantes de ésta y de la C.N.T. (un mes antes, en Málaga, se habían producido idénticos choques entre stalinistas y anarquistas). El gobierno aprovechó la situación y la policía cerró los locales de la C.N.T. y arrestó a los militantes albañiles. Desde otro comité de la C.N.T. se continuó la lucha en los lugares de trabajo, ante la U.G.T., la policía y los falangistas...
Para mediados de mes era ya sabido por todos que se estaba preparando un alzamiento por parte de los militares y la derecha, a producirse en cualquier momento. El gobierno central vacila y confía en que la mayoría de las fuerzas militares y policiales le serán leales. El día 16 el gobierno de Cataluña entra en diálogo con los representantes de la C.N.T. de esa región para estudiar en común los medios de oponerse a la amenaza golpista. Esta primer instancia de colaboración con el gobierno fue el puntapié de lo que en adelante se enarbolaría como unidad antifascista, ardid bajo el cual se sumiría todo el accionar y justificaciones siguientes de las cúpulas de la C.N.T., negando y socavando sucesivamente toda actitud revolucionaria que obstaculizase dicha unidad. Como resultado del encuentro, la C.N.T. y la Federación Anarquista Ibérica, “olvidando todas las ofensas y todos los ajustes de cuentas pendientes, mantienen la postura de que es indispensable, o por lo menos deseable, que se establezca una estrecha colaboración entre todas la fuerzas liberales, progresistas y proletarias que estén decididas a enfrentarse con el enemigo”(2). Se formó para este fin un Comité de Enlace de la CNT-FAI con el gobierno catalán cuya primera tratativa fue la de pedirle a éste que repartiera armas entre los obreros y las organizaciones. El gobierno, temeroso de armar a los sectores revolucionarios, no sólo no entregó los solamente mil fusiles pedidos, sino que militantes de la C.N.T. que estaban armados observando el movimiento de los cuarteles -desde hacía días- eran detenidos y desarmados.
El día 17 en Marruecos se inicia el levantamiento de los militares bajo el mando de Mola y Franco, los cuales confiaban en que no iban a encontrar mucha resistencia al golpe. Se equivocaban...
En algunas regiones los obreros comenzaron a armarse por sus propios medios, muchos desenterrando las armas que ocultaban desde las revueltas de 1934. El mismo día17 un grupo de anarquistas decide asaltar los cuartos de armas de varios buques anclados en el puerto de Barcelona, transportando el botín al local del Sindicato del Transporte. Alertado el gobierno envía a la Guardia de Asalto (fuerza policial republicana) que rodea el local. El incidente hubiese terminado en una batalla de no ser por la llegada de Durruti y García Oliver quienes arreglaron la entrega de una pequeña cantidad de las armas adquiridas como representación simbólica. Durruti le dijo al oficial al mando: “Los uniformes apenas representan nada en estos momentos, ya que no existe más autoridad que el orden revolucionario, que es el que exige que estos fusiles sigan en manos de los trabajadores”(3).
La C.N.T. hacía llamamientos a no perder el contacto entre los militantes, estos se organizaron en Comités Revolucionarios de barrios, los cuales cumplirían papel esencial en el proceso revolucionario a punto de desatarse y en los preparativos de los combates. El día siguiente fue de espera y organización. Por la noche el Comité Nacional de la C.N.T. lanzó por radio la consigna de la huelga general revolucionaria, llamando a estar alertas y con las armas en la mano.
En Cataluña se realiza una nueva entrevista del Comité de Enlace entre la cúpula de la CNT-FAI y el gobierno de la región, resultando una nueva negativa a entregar armas. Cuando los militantes conocieron la noticia desvalijaron las armerías, robaron dinamita de las canteras, se apoderaron de algunos depósitos de fusiles del Gobierno, requisaron autos particulares y empezaron a recorrer las calles con las iniciales “CNT-FAI” pintadas en las carrocerías. Terminaba la noche del 18 de julio.
“Cabria preguntarse por qué las organizaciones obreras, sobre todo la CNT, que era, con mucho, la más importante de todas en Cataluña, no atacaron primero para aprovechar la ventaja de la sorpresa. La única explicación que encontramos es la insuficiencia de armamento unida a la esperanza de un cambio de actitud de la Generalitat [gobierno catalán]. Pero, sin duda, el temor de romper el frente antifascista con una acción que la Generalitat ni hubiera podido ni querido apoyar, tuvo también su importancia. De cualquier manera, esa «política de espera», que fue general por parte de las organizaciones obreras en toda la Península, facilitó, en muchos casos, la victoria inicial de los militares.”(4)
En la madrugada del día 19, en Barcelona, las tropas salieron de los cuarteles gritando vivas a la República. Pero el ardid ideado por los militares fracasó y los grupos de obreros armados, que desde hacía días estaban apostados cerca de los cuarteles, abrieron fuego inmediatamente. Militantes hicieron sonar las sirenas de las fábricas llamando a los obreros al combate. Las tropas, siguiendo un plan preelaborado, intentaron apoderarse de los lugares estratégicos de la ciudad pero se toparon con una lucha decidida. Las multitudes se agolpaban en las calles a cada minuto, los que no tenían armas ayudaron en la construcción de barricadas en toda la ciudad. En una de ellas, cerca del Sindicato Único de la Madera, una importante barricada tuvo por horas en jaque a los militares, los cuales pudieron imponerse tras hacer marchar delate de la tropa a mujeres y niños del barrio. Pero al mediodía un contraataque de militantes de la C.N.T. recuperó el terreno perdido.
En algunos lugares a los combatientes obreros se les sumaron integrantes de las fuerzas del orden que desertaban. En otras ocasiones los soldados se negaron a sumarse al golpe, dispararon contra los oficiales y distribuyeron las armas entre los obreros. Pero el peso decisivo estaba en mano de los trabajadores: “para los obreros barceloneses, que eran muchísimos, había llegado el momento -largo tiempo temido, finalmente deseado y esperado- del arreglo de cuentas. Desde la Barceloneta, desde los barrios del puerto acudieron para cerrar el camino a los insurgentes. Mal armados, cuando no iban con las manos desnudas, sin dirección centralizada, no conocían más que una táctica que consistía en echarse para adelante, y sufrieron graves pérdidas. Pero los muertos y los heridos fueron inmediatamente remplazados y la multitud sumergió a los soldaos. Los militantes obreros estaban en primera fila y cayeron por docenas.”(5). Los cuarteles fueron rindiéndose uno tras otro, caída la noche, los militares ya casi no dominaban en Barcelona. En la mayoría de los lugares conquistados los oficiales eran fusilados en el acto por los militantes. En las primeras horas del día 20 el reducto donde se atrincheraba el general Goded -cabecilla de los golpistas de Barcelona- fue conquistado por los obreros. El general Goded, a punto de ser linchado por la multitud, fue rescatado, según los dichos, por Caridad Mercader, la stalinista madre de Ramón Mercader, quien mataría a Trotsky en México.
Por la tarde la fortaleza donde permanecía el último foco militar fue atacado y asaltado por los obreros, embestida en la que pierde la vida, entre muchos otros, el anarquista Francisco Ascaso. El levantamiento militar en Barcelona había sido derrotado. Los militantes de las organizaciones obreras se apropiaron de todas las armas encontradas y los grupos partieron en autos y camiones hacia las ciudades y pueblos vecinos y aplastaron a los militares.
En Madrid se levantaron barricadas y grupos de obreros armados recorrían las calles antes de que se iniciara el movimiento en los cuarteles. El día 20 fue cuando comenzaron los combates decisivos. Los altoparlantes de la ciudad difundían las noticias del triunfo de los trabajadores en Barcelona. Los golpistas se redujeron a posiciones defensivas. En un cuartel sitiado por las masas los militares izan la bandera blanca indicando rendición, cuando la multitud se acercó fue segada traicioneramente por ráfagas de ametralladora. La gente enardecida atacó en masa y se apoderó del cuartel, perdiéndose numerosas vidas. Los militares fueron ejecutados en el lugar y las armas repartidas. Al día siguiente, al tiempo que grupos de obreros limpiaban las calles de Madrid, persiguiendo a los pocos tiradores que disparaban desde iglesias y terrazas, columnas improvisadas de obreros marcharon a los alrededores de la ciudad contra los militares. Las columnas de humo de las iglesias y conventos incendiados se elevaban en el cielo. La fiebre revolucionaria, completamente desatada entre la gente, tornó a la jornada en uno de los momentos de la historia donde la dignidad humana y la rebelión afloraron como contadas veces ha sucedido.
Los combates se sucedían y los golpistas era derrotados, en Valencia, en el País Vasco. En Málaga los militantes prendieron fuego las casas que rodeaban al cuartel militar y lo regaron de dinamita. Los golpistas se rindieron y el capitán fue linchado. En casi toda la flota marina, de la cual los militares dependían para su éxito, núcleos clandestinos de marinos socialistas o anarquistas se apoderaron de los barcos y ejecutaron a los oficiales.
En Andalucía triunfaron los militares. En Granada los militares aplastaron la resistencia de los barrios. En Huelva los mineros que marchaban para ayudar a Sevilla fueron emboscados y asesinados por los guardias civiles que los acompañaban. En Sevilla fue una matanza, más de nueve mil obreros fueron asesinados. Las tropas marroquíes -que utilizaron los militares durante todo el desarrollo del conflicto español- eran conocidas por su crueldad y temeridad. Abundaban las violaciones a mujeres y las castraciones a los hombres. Zaragoza, bastión tradicional del anarquismo, cayó ante los militares. La poca información y la confianza de los dirigentes obreros hacia el gobernador, sumado a las pocas armas entre los trabajadores, posibilitó el copamiento del ejército, cuyo disfraz republicano inicial había sembrado la confusión. Evidenciada ya la situación, la C.N.T. y la U.G.T. llamaron a la huelga general y trataron de organizar la resistencia en los barrios obreros, donde los militares no se habían animado a entrar. Los golpistas necesitaron más de una semana para terminar con la huelga, torturando a numerosos referentes sindicales. Casi todo Aragón cayó en manos fascistas. En Oviedo, otra región de peso de las organizaciones obreras, el jefe de la guarnición militar había jurado su lealtad a la República insistentemente. Cuando se supo la noticia de las luchas de otras ciudades, numerosas columnas de trabajadores armados partieron de la ciudad a ayudar a sus compañeros. El engaño militar había triunfado y Oviedo había quedado vacía de los mineros armados y el centro de la ciudad fue tomado por los militares. En todas estas localidades la represión hacia los obreros y militantes fue sanguinaria. Las mujeres obreras eran víctimas predilectas del sadismo de los militares, éstas eran violadas, sistemáticamente humilladas, rapadas o pintadas. El general Queipo de Llano declaró por radio el 23 de julio: “las mujeres de los rojos han aprendido, también, que nuestros soldados son hombres verdaderos y no milicianos castrados; dar patadas y rebuznar no llegará a salvarlas”. Franco le dijo a un periodista que estaba dispuesto a “fusilar a la mitad de España”. El mismo general anterior dijo en agosto: “el 80 % de las familias andaluzas están de duelo y no vacilaremos en recurrir a medidas más rigurosas”. Ante el terror que producían las tropas nacionalistas inmensos éxodos de campesinos huían con mujeres y niños desesperados. Una de estas columnas de fugitivos fue rechazada en la frontera portuguesa, devuelta a la ciudad y asesinada en el lugar. Sin embargo, muchos hombres de esas multitudes aterradas reclamaban inmediatamente el fusil y volvían, sin importar cómo, a luchar.
En todas las regiones donde los militares fracasaron fue gracias al accionar de los obreros en armas, principalmente los de la C.N.T., ya que las fuerzas del orden estaban casi por completo del lado de los golpistas. En las regiones donde los referentes de las organizaciones obreras se inclinaron a respetar la legalidad republicana y a confiar en la lealtad de las tropas, los militares vencieron.
La tercera parte de España estaba en manos de los militares, lo cual significaba una rotunda derrota en tanto que esperaban un triunfo rápido y sin mayores complicaciones. El resto de la región permaneció en manos antifascistas. Esta situación cambiaría progresivamente en el desarrollo de los acontecimientos, hasta la conquista total del ejército nacionalista en 1939.
“Mientras que para los grandes capitalistas y propietarios terratenientes -y para toda la cohorte de militares, clero, monárquicos, falangistas y otros partidarios de la fe, del orden y de la patria- el golpe de Estado había de ser una medida preventiva contra la revolución social que se avecinaba, en realidad, no hizo sino precipitar en todas partes su explosión. Durante los primeros meses de la guerra civil iba a desarrollarse en España una crisis revolucionaria sin precedentes. El fascismo había sido contenido, la República burguesa, tomada en la marea revolucionaria, quedó hecha añicos. Una vez más, en la historia contemporánea, las masas explotadas parecían haberse hecho dueñas de su destino.”(6). En casi toda la España donde los golpistas habían sido derrotados se desarrolló esta marea revolucionaria, pero fue en Cataluña donde ésta cobró mayor profundidad y radicalidad por ser la de mayor densidad de anarquistas. Las fuerzas del Estado no existían, los obreros en armas eran los dueños de la ciudad, las iglesias y conventos fueron incendiadas y, las que no, fueron transformadas en escuelas y centros útiles. Los Comités barriales se encargaron de organizar todo lo implicado en abastecimiento, educación, defensa, producción, etc. Los archivos judiciales fueron quemados y las puertas de las cárceles abiertas para todos: presos políticos y comunes. Curas, reaccionarios, burgueses, soplones, jueces, policías, etc. que no pudieron escapar, esconderse o refugiarse en algún partido de izquierda fueron eliminados. Las empresas fueron tomadas por los trabajadores: el % 70 de ellas fue colectivizada o socializada. Durante varios meses nadie pagó los alquileres de las viviendas y se devolvieron todos los objetos empeñados. En algunas localidades se llegó a suprimir el dinero como forma de intercambio. Una de las medidas trascendentales fue la conformación de columnas de milicianos que marcharon a pelear hacia los frentes donde se establecieron los militares. La transformación revolucionaria fue tal y de tal envergadura que es imposible de sintetizar. La dimensión del carácter adquirido, por quienes durante generaciones vivieron esclavos de los poderosos, es irreductible a cualquier texto o relato. Hay que señalar que todas estas acciones, y muchas más, fueron realizadas por los obreros sin esperar órdenes ni consignas de ninguna organización política o sindical, incluida la C.N.T.
En adelante dos tendencias van a enfrentarse en el campo “antifascista” a lo largo del conflicto; una, la de los revolucionarios, obreros y militantes buscando profundizar y radicalizar las conquistas sociales y, la otra; la de las cúpulas políticas y sindicales decididas a conservar la legalidad republicana y a priorizar la guerra contra el fascismo, socavando y suprimiendo las experiencias revolucionarias.
En Cataluña el día 20 de julio, al tiempo que los militares terminaban de ser aplastados en esa región, el gobierno local, es decir, lo que permanecía nominalmente como tal -porque su fuerza había sido barrida- convoca a una reunión a los referentes anarquistas de la CNT-FAI. Con un discurso lleno de halagos, humildad y demagogia -propio de un político sin fuerza-, el presidente Luis Companys propuso a los anarquistas conformar un Comité Central de Milicias, donde todas las tendencias antifascistas tuvieran representantes, con el objetivo de organizar la lucha contra el fascismo y las necesidades de la población. En otras palabras: un gobierno interino.
“Un «pleno del Comité Regional» tuvo lugar aquella misma noche en la «Casa de Cambó» que había sido ocupada por los militantes del Sindicato de la Construcción. García Oliver fue quien expuso la propuesta de Companys sobre el Comité Central de Milicias. Para él la situación les planteaba el dilema siguiente: había que escoger «entre el comunismo libertario, que significaba la dictadura anarquista y la democracia, que significaba la colaboración». Extraña pero significativa manera de plantear el problema: contrariamente a todas las ideas expresadas en toneladas de artículos y de discursos, el comunismo libertario, a la hora de la verdad, se convierte en una dictadura «anarquista», ¡y la CNT-FAI en unas organizaciones políticas que, según esta hipótesis, habían ejercido completamente solas el poder! Como perfecto revés de la medalla, la colaboración con las demás tendencias políticas, las autoridades republicanas burguesas de Cataluña, etc., era... la democracia. El Comité Regional CNT-FAI secundó los rebuscados argumentos de García Oliver y proclamó: «Nada de comunismo libertario. Primero hay que aplastar al enemigo dondequiera que esté» (Solidaridad Obrera).”(7). Tres días después el Comité de Milicias se conformó con representantes de todas las tendencias antifascistas: CNT-FAI, Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC: stalinitas), Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM: marxistas-leninistas), U.G.T. (sindicato socialista) y partidos republicanos y nacionalistas catalanes.
La existencia del Comité Central de Milicias y la permanencia del Gobierno catalán posibilitó que éste último fuera progresivamente ampliando su poder hasta reconstituirse. Una seguidilla de decretos, primero sutilmente y luego sin eufemismos, legalizó, delimitó y controló las colectividades; reconstruyó la policía y volvieron a llenarse las cárceles de opositores a la República. Se prohibió el uso de armas a la población en las ciudades. Las milicias fueron militarizadas y reemplazadas por un ejército profesional y disciplinado. Muchas empresas fueron restituidas a sus propietarios anteriores. La censura a los periódicos revolucionarios se transformó en moneda corriente. Los comités barriales fueron disueltos. Con el pasar de los meses la autoridad gubernamental fue recuperando el terreno que la marea revolucionaria le había arrebatado y ésta se vio reducida cada vez más. A medida que el poder del gobierno catalán crecía el Comité Central de Milicias constituía un estorbo. En octubre las cúpulas de partidos y sindicatos deciden su disolución y todas las fuerzas, incluida la CNT-FAI, pasan conformar el gobierno republicano catalán, días después conformarán también el Gobierno Central.
Con el argumento de la necesidad de que las potencias extranjeras democráticas -Inglaterra y Francia- brindaran apoyo al campo antifascista, los referentes cenetistas justificaron la colaboración y el respeto del orden legal que, de otra forma, impediría dicha ayuda. Ayuda que, por otro lado, de todas formas no existió. La “unidad antifascista”, la “alianza de izquierda”, las “necesidades del momento”, la “realidad política”, la “coyuntura” y el “mal menor” fueron esgrimidos y se socavó la experiencia revolucionaria y el espíritu de lucha de los militantes. Los que resistieron fueron pasados por las armas del nuevo ejército -principalmente manejado por los estalinistas- o encarcelados, como se verá en los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona. La contrarrevolución se abrió paso, lógicamente, como resultado de esas colaboraciones y alianzas, hasta convertir el conflicto en una cuestión de enfrentamiento entre fascismo y democracia: en una guerra civil y militar, con el desenlace conocido.

A.G.

(1) A.I.T., trascripto por José Peirats, La CNT en la revolución española, Ediciones Madre Tierra.
(2) Diego Abad de Santillán, citado por Carlos Semprún-Maura, Revolución y contrarrevolución en Cataluña, Tusquets Editor.
(3) Citado por Julio Acerete, Durruti, Editorial Bruguera
(4) Carlos Semprún-Maura, Revolución y contrarrevolución en Cataluña.
(5) P. Broué y E. Témime, La Revolución y la guerra de España, Fondo de Cultura Económica.
(6) Carlos Semprún-Maura
(7) Carlos Semprún-Maura

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