Nº 39
NOVIEMBRE-DICIEMBRE 2006

ARTÍCULOS:


PERÓN, LA RATA PRÓCER VOLVER

La historia la escriben los vencedores, es cierto. Pero más cierto aún es que toda historia está escrita para defender un interés determinado, y los marginados de ayer, pueden servir a los intereses de los domadores de turno. Para eso existen no sólo los historiadores, sin duda los menos responsables del caso, sino los medios de comunicación electrónica, los periódicos, las revistas y el Ministerio de Educación.
Perón, figura odiada y reverenciada como pocas, es un ejemplo. Entre los años 1945 y 1955 gobernó a la Argentina silenciando todo tipo de disidencia, instaurando una dictadura refrendada por el voto popular y apoyado por la mayoría proletaria y marginada. Eliminó a toda la oposición política y sindical, asesinó, torturó e instauró un sistema clientelista donde Papá Perón daba y el Pueblo, inocente y puro, recibía las dádivas y regalos. Regalos que eran el producto de la acumulación del trabajo de generaciones de trabajadores que el Estado y la burguesía se habían apropiado. “Los regalos, hacen esclavos”, decían los indios, con la sabiduría de aquellos que solían exterminar a sus caciques cuando se hacían demasiado poderosos.
El pueblo contento gritaba por las calles, La vida por Perón, Mañana es San Perón, Evita, jefa espiritual de la Nación, abanderada de los humildes o consignas igualmente reaccionarias. Sí, claro, seguramente jodió a la oligarquía en algo, algún aristócrata se habrá sentido ofendido y la Iglesia atacada por una ley de divorcio que casi no tuvo efecto. Los “yanquis y los marxistas”, temblaban frente a la patria peronista. Y todos los no peronistas eran gorilas, es decir, todo aquel que no agachaba su cabeza frente al poder de Perón y su venenosa Santa Evita era un gorila. En la categoría de gorila entraba un aristócrata que sentía asco por los obreros, como también un radical, un socialista o un gremialista anarquista de la FORA. Perón era Pueblo; todo lo demás estaba por fuera.
Perón copió el modelo corporativo fascista con el afán de desarrollar una Argentina industrializada con la intervención estatal; algo que ya habían experimentado Alemania, Japón, Unión Soviética y en alguna medida los propios EE.UU. Hay quienes desde la izquierda se horrorizan hoy con identificar fascismo con peronismo, porque suponen que eso es ser gorila (lo cual ha llevado a prácticamente toda la izquierda argentina a ser el furgón de cola de este movimiento abiertamente contrarrevolucionario). Ese modelo pretendía para la Argentina el rol de gendarme de América del Sur y freno a la expansión del comunismo, objetivo este último, que cumplió de forma destacada.
El pueblo hipotecó su futuro por una bicicleta para los chicos, por obras sociales (monumento al afano) y por la tranquilidad de ir “de la casa al trabajo y del trabajo a casa”. El sindicato se convirtió en un apéndice del control estatal, en la comisaría de los laburantes. Y la máxima aspiración del trabajador era alcanzar un “salario digno”, es decir, alcanzar un “instrumento de explotación económica” digno. Un mundo feliz: el rey y la princesa asomados al balcón de la Rosada; son un sentimiento. Son la continuación de los héroes argentinos, los padres de la patria; San Martín, Rosas y Perón.
El golpe de Estado del 55, a sangre y fuego, arrasó con las dádivas -que en la memoria popular se transmutaron en conquistas populares. Vinieron más dictadores, acordes a un país donde los oligarcas y la aristocracia con olor a bosta mandaron siempre. En el ’73 vuelve Perón y promete a unos la patria socialista y a otros a la patria peronista. En realidad lo único que afirmó fue la Patria homicida. Y finalmente, se murió dejando un nido de víboras en su lugar, digna herencia del prócer del neo fascismo criollo. Luego, el golpe y la tragedia del terrorismo de Estado con 30.000 desaparecidos y la ruina económico-social, convirtiendo a la etapa peronista en una comedia barata.
Con el regreso de la democracia, se empezó a renovar la imagen del dictadorzuelo democrático muerto. El viejo era sabio, bueno, leal, inteligente. Se podía no compartir su política, pero sus intenciones eran buenas, como las de Hipólito Irigoyen, de quien se dice que fue un gobernante popular y nacional, olvidando algún pequeño pormenor de su gobierno, como fueron los miles de obreros asesinados en las represiones de la Patagonia y la Semana Trágica (en la que el entonces joven Perón tuvo participación como milico represor). “Ayer el sabio dedo de Perón, hoy el sabio dedo del pueblo”, rezaba un cartel de propaganda política. Algo parecido se vende desde los programas de televisión. Nadie hace una revisión crítica del peronismo. Nadie dice lo que fue Perón, es decir, una rata fascista. Mucho menos se permiten siquiera mancillar a la venerable Eva, igual o peor que su colaborador. Programas televisivos cuyos animadores y periodistas se reputan progresistas hablan de un peronismo con principios éticos y populares -el viejo justicialismo de Juan Domingo- que los dirigentes de hoy habrían perdido. Como si la ética peronista se hubiera vaciado de contenido; más bien es todo lo contrario: es la ética de la policía, la represión, la transa con el puntero, el negociado de planes trabajar, el sindicato botón y amigo de la patronal, el tener siempre los pies dentro de la palangana. “Dentro de la ley, todo, fuera de la ley, nada”, decía el viejo. “Fuera de la ley, todo, dentro de la ley, nada”, retrucaba el Negro Amanecer, un compañero anarquista que se tuvo que bancar todas las versiones del fascismo peronista a lo largo de su vida. “Perón tenía cara de simpático, era cautivador”, argumentaban hace unos años atrás algunos libertarios de temporada para explicar la seducción de la fisonomía del enemigo. “Para mí siempre tuvo cara de cagador, de tipo turro”, les contestaba el Negro.
El 17 de octubre, Día de la Lealtad Peronista, se juntaron los dirigentes sindicales mafiosos peronistas y los corruptos dirigentes partidarios para homenajear a su líder, a su héroe. Se agarraron a pedradas y palazos -no faltaron tiros televisados en directo- para ver quien era más peronista o quién tenía más poder. Miles de militantes que habían concurrido no encontraban explicación a los sucesos: si “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”, decía el viejo roedor. Una frase que explica mucho más de lo que se cree, y que muestra a las claras la ausencia de identificación con los trabajadores y el carácter burgués antiobrero del peronismo.
Cafiero, Moyano y otros de esa calaña presidieron el acto. Faltaron Kirchner y Menem, otros exponentes del movimiento. Todos se reivindican peronistas de Perón, pero el peronismo de Perón incluye a Montoneros y a la Triple A, a Menem y a Duhalde, a Isabel y a Evita, A López Rega y Firmenich. Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista. Para un a rata no hay nada mejor que otra rata, con el perdón del pobre animalito.

Lobisón


“EL DORADO” VOLVER

En la localidad de Esquel, Provincia de Chubut, hace un tiempo se descubrió que por los alrededores abundaba el oro y la plata. Claro, que no estaban al alcance de la mano -seguramente ya lo habrían descubierto hace rato- sino que se encuentra entremezclado con los minerales que no tienen ningún valor para los humanos, aunque sin ninguna duda son bastante más útiles que el oro y la plata, de triste historia. Una multinacional de los EE.UU. se ofreció a extraer tan apreciado metal, y con la intención de agradecer a los habitantes de tan generosa tierra les propuso favorecerlos con la creación de 300 puestos de trabajo.
El tipo de explotación era una mina de cielo abierto que procesaría el mineral bruto extraído separando el oro mediante cianuro y la plata mediante arsénico, con el riesgo de contaminar por filtración las napas subterráneas y los ríos. Los vecinos comenzaron a preocuparse por semejante explotación y, agrupados en asamblea, se propusieron impedir la instalación de la mina. De tanto insistir lograron ir a un plebiscito donde se votaría por sí o por no a la instalación de la mina.
Por medio de sus infaltables colaboradores los de la multinacional ofrecieron, asaditos, zapatillas y toda clase de regalitos para los que votasen sí, al mejor estilo de los peronistas. La gente se morfó los asados, dijo buen provecho, y votó con una asistencia del 75% en un 81% a favor de la no instalación de la mina. ¿El chorizo se les atragantó a los yanquis? ¿Aceptaron la decisión de los sufragantes? ¿El gobierno, los sindicalistas y los políticos, apoyaron la decisión de la gente?
No, mi amigo. ¿Cree usted que un peso o un dólar vale lo mismo que un voto? Comenzaron las amenazas de muerte a los vecinos activistas, de mano de matones armados de la UOCRA (los mismos que armaron el bardo de San Vicente con el fiambre de Juan Domingo) y de los políticos, que defienden los únicos intereses que saben defender: el poder y el dinero.
La Asamblea de vecinos de Esquel denunció en un comunicado algunas de las aristas visibles del negociado del cual reproducimos algunos párrafos:
“La empresa ha presentado un plan de trabajos que pretende extraer de la mina el equivalente en oro a 2.500 millones de dólares en 10 años, sin contar lo extraído en plata. Sucede también que una ley sancionada por Carlos Menem y su corrupto Congreso Nacional que dice que el Estado Nacional no puede explotar las riquezas del subsuelo sino por intermedio de empresas privadas a las que cobrará un único canon equivalente a un máximo del 3% del valor del metal extraído en boca de mina (el cual es más bajo que el precio internacional del metal). Suponiendo que el valor del oro extraído en boca de mina fuera de 2000 millones en 10 años, le dejaría al Estado 60 millones de dólares. Pero como la ley nacional dice que se cobrará un canon del 3 como máximo, la ley del Chubut estableció un máximo del 2%, o sea que en vez de 60 millones esto se reduce a 40 millones. Pero hay otra ley nacional establecida por nuestros precarios y patrióticos representantes del pueblo. Esta ley dice que para favorecer las exportaciones realizadas desde puertos de la Patagonia, el Estado Nacional, o sea nosotros, retribuirá con un 5% del valor de tales exportaciones a las empresas que las realicen. O sea que la susodicha multinacional yanqui exportará en diez años, desde puertos patagónicos, 2.500 millones de dólares (estos sí a precio internacional) con lo cual el estado Nacional o sea nosotros, deberemos retribuirles con 125 millones de dólares que pagaremos de nuestros impuestos.”
Dejando el tono nacionalista -en el comunicado de la Asamblea se le da más espacio a la estafa que al envenenamiento con cianuro y arsénico- con que nos tienen hinchados todos los que protestan algo que tenga que ver con este tipo de explotaciones, como si los empresarios argentinos no fueran capaces de hacer lo mismo, el refinamiento del negociado y el silencio de la opinión pública son elocuentes. Lo cual nos permite tomar apunte de algunas cosas.
1- Los que creen que se puede cambiar el sistema “profundizando la democracia”, terminan haciéndole el juego al Poder. A lo sumo le hacen perder un poco de tiempo y guita, lo que se cobrarán por algún otro lado.
2- Los que piensan que el Estado somos todos los integrantes del pueblo, a la hora de pagar la deuda externa y los impuestos puede que sí lo seamos. Cuando hay que reprimir, asesinar, explotar y anular todo aquello que se le oponga, somos sus esclavos. Es decir, tendrían que revisar si su nacionalismo no es causante de la explotación, la opresión y la miseria en la que viven.
3- El oro y la plata, no valen un litro de agua contaminada. Por otro lado, si hace falta algún “metal precioso” para alguna actividad beneficiosa, hay de sobra en los bancos y las iglesias. Su extracción es absolutamente perjudicial al medio ambiente.
4- El problema no consiste en que los términos económicos de los capitalistas no sean favorables a los habitantes de Esquel o la Argentina. El asunto es que nunca lo serán en ninguna proporción. Si el capitalista se lleva un millón y deja dos en el país, se va menos en manos de los explotadores extranjeros y queda más en manos de los explotadores locales.
5- El oro, es menos útil que el petróleo, los alimentos, el agua o el aire. Sin embargo, la utilidad de la explotación no es lo que le interesa al capitalista, sino el obtener beneficio a costa de los trabajadores y los consumidores; en este sentido les da lo mismo producir medicamentos que excrementos.
Para finalizar, el oro es una superstición, tiene valor porque todos lo creemos así. Al igual que el dinero, su valor es una convención. Y es bien sabido que en situaciones de escasez, no sirve para nada: cuando no hay qué comer, el oro es un mal sustituto de un mendrugo de pan. El genial matemático y filósofo Bertrand Russell describía poco después de la crisis de Wall Street lo insensato de esta quimera: “De todas las ocupaciones que se suponen útiles, casi la más absurda es la minería del oro. El oro se extrae de la tierra en Sudáfrica y es transportado, con infinitas precauciones contra robos y accidentes, a Londres, París o Nueva Cork, donde nuevamente es colocado bajo tierra en las cámaras acorazadas de los bancos. Podría haber continuado bajo tierra en Sudáfrica... Sin embargo, todavía se supone que, por cierto misterioso artificio, la estabilidad financiera de todos depende de un montón de oro en el banco central del país. Durante la (primera) guerra mundial, cuando los submarinos hacían peligroso el transporte de oro, la ficción se llevó más lejos. Del oro que se extraía en Sudáfrica, una parte se consideraba en los EE.UU., otra parte en Inglaterra y otra en Francia, etc.; pero, de hecho, todo se quedaba en Sudáfrica. ¿Por qué no llevar la ficción un paso más allá y considerar que el oro ha sido extraído, dejándolo tranquilamente en la tierra?”
Una buena resolución para tomar con el oro de Esquel.

Lobisón


AUTOTOMÍA DE LA JERARQUÍA VOLVER
LA AUTOGESTIÓN COMO VÁLVULA DE ESCAPE

La vida es vida en relación, por lo que los planteos que hacen un principio del bastarse a sí mismo resultan un absurdo, aunque sí existen en términos de tendencia. La vida en relación niega y es negada por la pretensión, tanto en fines como en orígenes, de autonomía, de autodeterminación, de autogestión... Esta pretensión, llevada a la dimensión colectiva, traída desde la esfera del individualismo y siendo éste la adaptación moderna de la ficción del alma inmortal y autosuficiente inculcada por la teología, es sobre la que se basa todo un ideario al que presentan, sino ya como una sinonimia de anarquía, como un aspecto o parte consustancial de la ideología que ésta encarnaría desde sus orígenes. Esta vinculación es percibida por como es presentada desde una variedad de voces y ecos que omiten que dichos conceptos no sólo tienen un origen histórico de relativamente reciente introducción sino, por sobre todo, un origen en experiencias e ideologías que el anarquismo siempre negó. Negación, o en último caso ubicación, que desde el anarquismo se hace, en consecuencia con su carácter revolucionario, para con el planteo denominado autogestionario, por ser éste de naturaleza intrínsecamente conservadora y reaccionaria.
Más allá de la necesidad de subsistencia, el hecho de que una porción depreciada de la producción sea manejada por los propios oprimidos y esa situación sea no sólo tolerada sino propiciada por el sistema de explotación, muestra la capacidad de reciclaje que éste tiene como mecanismo de perpetuación y legitimación. La llamada autogestión, en tanto desarrollo paralelo al capitalismo, no puede ser ajena a las demandas que éste impone y sólo existe bajo su permiso y gracias a las concesiones que con éste hace. De allí que la tendencia que la autogestión necesariamente fije sea la de la propia perpetuación como forma administrativa de la porción que le atañe. La conservación de la propia estructura y, voluntaria o involuntariamente, de la que es parte funcional pasa a ser su constitución medular. Resulta reaccionaria en el sentido de que, para existir, debe accionar sobre sí misma ante las amenazas del medio; amenazas que provengan ya desde sectores del Poder o desde los sectores más empobrecidos de la sociedad. El sentido de la autogestión es el de la propiedad privada y, en tanto aquella es posibilitada en los espacios abandonados o desechados por baja productividad, cumple la tarea de reciclar los residuos de la burguesía. Repetimos que esto es así más allá de la imposibilidad de prescindir de un sustento; que la salida que el sistema nos deja y al cual nos obliga no puede ser elevado a una dimensión de dignidad.
El proyecto autogestivo, embanderado por el espectro político que se encadena desde la izquierda libertaria hasta el peronismo, colabora en la producción del imaginario democrático y canaliza descontentos porque habilita la permisividad de la legislación. Ésta es esgrimida como garantía de existencia y protección y los valores de productividad son flameados para ejemplificar y justificar su necesidad, lo mismo que la responsabilidad laboral y la eficiencia. Manifiestamente es presentada como dique de contención ante la desocupación y como baluarte de la capacidad de los trabajadores...
A finales del siglo XIX el Papa León XIII recomendaba en sus encíclicas una participación de los asalariados en la vida de las empresas con el fin de hacer desaparecer los conflictos de clases que atribuía a los excesos del capitalismo. Las experiencias en las que dicha participación, en grados diferentes, se sucedieron de manera más extendida durante el siglo XX en diferentes regiones coincide con los periodos críticos y necesidades de reestructuración de los poderíos regionales. En Alemania la reconstrucción de la posguerra amerita que en los primeros años de la década del ´50 sea dictada por ley la participación obrera en los consejos de vigilancia y en los comités directivos de las empresas. En Francia, antes de terminar la Segunda Guerra, a medida que el territorio es reconquistado de manos alemanes, los comités de empresa que surgen primero espontáneamente son luego institucionalizados legalmente insistiendo en la necesidad de lograr una cooperación leal entre el personal y la dirección empresaria. Con el paso del tiempo y ante los reclamos sindicales la participación obrera en las decisiones es ampliada. En el mismo país tras los sucesos de Mayo del ´68 ciertos reclamos autogestivos fueron legalizados como ser el del ámbito universitario. Anteriormente, durante la crisis del año 30 con epicentro en Estados Unidos, surge desde ese país, ante la oposición que los sectores del Poder ven entre el mantenimiento de jerarquías estrictas y la cooperación, la concepción derivada de las ciencias sociales, en particular de la psicología, de las relaciones humanas. Uno de sus fundadores principales es el sociólogo E. Mayo quien había sido director por más de diez años de una compañía eléctrica. Postulando la democratización industrial y la descentralización del poder empresarial, opuesto al teylorismo característico de la década anterior, constituyó un verdadero lubricante de la explotación. Desde 1960 la empresa Phillips en varios países europeos puso en práctica grupos autónomos de producción. La petrolera Shell impulsó en esa década y en la siguiente formas de autogestión a fin de optimizar los rendimientos de sus recursos humanos. En 1970 J. Vanek en su libro Teoría general de las economías de mercado autoadministradas dice. “Si los trabajadores controlan la empresa los propietarios de los capitales pueden ser individuos (exteriores a la empresa) o la sociedad: ellos reciben una compensación por la utilización de sus activos” y “La mayor ventaja es la capacidad del sistema de autogestión de producir óptimos sobre el nivel del esfuerzo y la calidad del trabajo de sus miembros”. Las experiencias autogestivas actuales de Argentina, surgidas en el marco de la crisis de representatividad política del 2001, son un caso conocido y reivindicado por los partidos de izquierda.
El concepto de autogestión comienza a ser utilizado a fines de la década del ´50 por influencia y como referencia de la experiencia yugoslava. Tras la ineficiencia de una administración centralizada de la economía y de la política por parte del Estado, que éste había impulsado calcando el sistema ruso desde finales de la guerra, el gobierno de Tito proclama la autogestión legal de las empresas enmarcadas en la planificación central estatal. Desde 1954 hasta 1964 la nueva forma de organización duplicó el producto bruto pasando luego a ser la calidad y la competitividad la prioridad sobre el volumen producido. Sin abandonar el “socialismo autogestionario” el sistema yugoslavo entra progresivamente en las dinámicas propias del capitalismo de mercado...
En el devenir del siglo XIX, cuando la ideología anarquista daba sus primeros pasos como tal, es decir, de pasar de subyacer exclusivamente como tendencia del individuo sometido a proyectarse como posición revolucionaria de la sociedad, se postuló dentro de esos primigenios alumbramientos la posibilidad de que los obreros se organizasen económica y horizontalmente y de forma paralela a la existencia del Estado y los capitalistas. No sólo como paliativo de la explotación sino como factor de reestructuración social, en tanto capacidad expansiva de valores y formas supuestamente antisistémicas. No pasó mucho tiempo hasta que los límites de la concepción cooperativista se manifestaran en tendencia conformista y como expresión elitista de la clase obrera. La pretensión de que semejante formación fuera capaz de sustituir progresivamente al sistema capitalista o, que al menos, resultara un ensayo de socialismo, fue ampliamente superada por los planteos de revolución social. Consecuentes con la ideología, el movimiento anarquista que se extendió en las primeras décadas del siglo XX, negó esa alternativa reformista. Reducido posteriormente por la represión y la preponderancia de las distintas corrientes estatistas, algunos elementos se adaptaron a las mutaciones del sistema e hicieron eco de las proposiciones de convivencia y comenzaron a utilizar la concepción de autogestión como si fuese un aspecto integrado de la ideología anarquista o, directamente, como su equivalente. Después de la experiencia yugoslava y de la influencia del Mayo francés la propuesta autogestionaria la hacen aparecer subyaciendo, retrospectivamente, en el anarquismo consustancialmente desde sus orígenes y en toda experiencia insurreccional más o menos conocida. De tal forma es pretendidamente naturalizada y de tal forma el carácter revolucionario es progresivamente abandonado.
«Tampoco se puede dejar de mencionar otro orgullo del “sentir popular” y de los comunicadores sociales, las fábricas recuperadas por los trabajadores, la prerrevolución para algunos, la sensatez para otros, para muchos, un “verdadero ejemplo de la capacidad del hombre”. Para nosotros, más allá de la necesidad, la más reaccionaria cogestión, un verdadero ejemplo de la capacidad del sistema para reciclarse, para sobrevivir, “trabajen, sean sus propios patrones, cuiden su autogestión que total el poder lo tenemos nosotros y el 80% de lo producido en el mundo también, les dejamos el resto y gracias por la comprensión”, parece decirnos el Poder. Cómo no entender la necesidad de sobrevivir y cómo no apoyar ese derecho humano, pero de allí a elevarlo como bandera de lucha hay un abismo, el mismo que hay entre la palabra reclamar y la palabra expropiación.»*

Autodeterminación, autogobierno, autonomía, autogestión... La autoridad y su autotomía: la facultad de algunos animales de amputarse espontáneamente un miembro para escapar de sus enemigos.

A.G.

* "¿Autogestión o cogestión?", La Protesta N° 8221, abril-mayo 2003.


TÁBANOS VOLVER

El papel es el de hacer que el sistema ande, que marche, que no se detenga. En eso se termina si en eso se empieza, porque todo tiende a ser, porque las condiciones que la voluntad contribuye a crear condicionan a la voluntad. Si de la impotencia se hace cauce, de la molestia se hace conformación. El papel se asume: quichicientos ojitos brotan y se moscardonea.
No niega al sistema la molestia, lo hace andar; y cuando ésta asume la forma de denuncia, ampliándose desde su origen policial a pública, a periodística o a política, el sistema se legitima por su marcha, resultado de ese obrar ahora benéfico: la molestia es mejorativa. La denuncia señala, marca, corrige, castiga y encausa; lima asperezas, concilia enemistades, conforma oposiciones; acarrea y marca el rumbo de la bestialidad, no delante porque no es faro ni cencerro, sino detrás, aguijoneando; pincha a la parte para que el todo reaccione y marche, dicta el progreso para que éste trague humanos sin detenerse a rumiarlos.
El papel es el del tábano y la función es la tragedia: Ío era la amante del dios Zeus, éste, para protegerla de su consorte Hera, transformó a Ío en la figura de una hermosa vaca. Hera, sabedora del engaño, envía a Argos, el “guardián de los cien ojos vigilantes”, para que controle el pastar de la vaca. Siendo insuficiente, Hera envía a un tábano para que constantemente persiga y aguijonee a la vaca, obligándola a marchar indefinidamente...
El tábano, oficio ni parasitario ni mortal, sino de simbiótica molestia, a su “víctima”, el objeto de su punzar, por celo, la castiga, la encausa para que marche. No la mata porque es parte de él, porque aquella es amante de la divinidad y éste es su guardián, su periodista o su político: ambos vienen del mismo lugar y cada uno es parte funcional.
Y esto, que es trágico en el mito, en la tierra lo es doble, porque el tábano hace que la vaca no sea presa de cazadores ni de hambrientos. Su encaminar evita que se apesebre; lo que arranca de la tierra, a su paso y a su boca, la robustece.
A no quejarse, entonces, pastores y ganaderos de esta sociedad, que a los molestos tábanos, denunciantes públicos, periodísticos o políticos se los envío Dios. Que míticos no son. ¡Qué van a ser!, si los escuchamos zumbar, sin son ligeros, desmemoriados y dejan larvas entre nosotros.
¡“Moscas del mercado”! ¡Tábanos!.

A.G.


LIBERALISMO E INDIVIDUALISMO:
CONEXIONES Y CORTOCIRCUITOS CON EL ANARQUISMO VOLVER

Una vez escuché decir a un laureado profesor universitario de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, que el anarquismo era una ideología que derivaba del liberalismo, y citaba entre sus precursores a Max Stirner. Semejante afirmación era un reflejo de la ignorancia generalizada que reina en torno a las ideas anarquistas, de las cuales parece que cualquiera puede decir lo que se le ocurra, habiendo leído a un par de clásicos del anarquismo, alguna historia que haga esporádica mención a la ideología y seguramente varios libros de autores no anarquistas que se dedican a criticarlos, críticas generalmente tomadas por prestigiosas por el simple hecho de provenir del amplio espectro del marxismo.
Desde el marxismo se censura a los anarquistas de liberales, individualistas, pequeño burgueses, utópicos, reaccionarios e infantiles. Desde el liberalismo se acusa a los anarquistas de colectivistas, socialistas, extremistas, irreales, terroristas, caóticos, amorales y lindezas por el estilo. Desde el anarquismo siempre se contestó a todas estas acusaciones sin siquiera transpirar demasiado, porque cuando no respondían a un desconocimiento flagrante de el corpus teórico anarquista, expresaban la interesada falsedad de los acusadores. No ha habido mejores ni más radicalizados críticos a la ideología que los propios anarquistas. No digo autocrítica, una palabra que figura entre las más populares entre los partidos de la izquierda iluminada, sino crítica lisa y llana, que han terminado trágicamente en algunas oportunidades, cuando se entremezclaron las pasiones o alguna disputa por el honor en la discusión (diferencias que dentro de los partidos marxistas suelen terminar en una purga, en el más amplio sentido de la palabra).
El anarquismo tiene sus raíces tanto en pensadores liberales como socialistas, lo cual induce a confusión. La raigambre del anarquismo en el socialismo ha sido explicitada innumerables veces por los teóricos anarquistas desde los clásicos hasta la actualidad. Proudhon, Bakunin, Reclus, Dejacque, así como incontables militantes del siglo XIX asociaron fuertemente el anarquismo con el socialismo. Jamás se hubieran sentado a discutir los socialistas anarquistas con los socialistas estatistas y autoritarios en el seno de la Primera Internacional si las cosas hubieran sido de otro modo. Y es sabido cuanto admiraba el propio Marx en su juventud a Proudhon, de quien después renegó. No es necesario en esta oportunidad discutir el asunto.

El liberalismo revolucionario

La relación entre liberalismo, individualismo y anarquismo es mucho más confusa y difícil de desentrañar. Quizás eso se deba a que ciertos pensadores de origen liberal llegaron a proposiciones tan radicalizadas y novedosas en su tiempo que sea lícito y correcto encuadrarlos como precursores del anarquismo, aunque muy difícilmente puedan ser catalogados también como socialistas. Este vínculo entre anarquismo y liberalismo radical se fundamenta en la temática de la libertad del individuo y la crítica a la acción del Estado como adversa al individuo y la libertad. El liberalismo radical tuvo muchos exponentes en Francia, Inglaterra y en las recientemente independizadas colonias norteamericanas, y fue profundamente influenciado por la Revolución francesa.
El rol del individuo en las ideas liberales es preponderante, es la medida de todas las cosas. Si bien autores como el utilitarista J. Bentham (1789) sostiene que el interés de la comunidad es el interés de los individuos y cuyo principio era “la mayor suma de felicidad para el mayor número posible de miembros de la sociedad”, no llegan a plantearse dentro de esta idea posturas estrictamente individualistas debido a que conllevan un sentimiento declarado de solidaridad, según sostiene Rudolf Rocker. No obstante es necesario señalar que la sociedad es vista como un agregado de individuos, como la sumatoria de sus componentes individuales, idea de la que el anarquismo se distanciará principalmente con los aportes de Proudhon y Bakunin, afirmando que la sociedad es más que la suma de sus partes.
Thomas Paine, en cambio, opone a la sociedad contra el Estado, aunque sin proponer la total extinción de éste. En la concepción de Paine -un verdadero radical político de su época- los hombres cuanto menos gobernados están pueden “atender a sus propios asuntos”. También decía por 1776, que “la sociedad es el resultado de nuestras necesidades; el gobierno el resultado de nuestra corrupción… La sociedad estimula el tráfico mutuo; el gobierno crea diferencias. La sociedad es un protector; el gobierno un carcelero.” Es indudable que esta idea de antagonismo entre sociedad y Estado será continuada por el anarquismo décadas después de Paine. Por otro lado, el componente liberal de Paine, no se basa tanto en la oposición entre el individuo y la sociedad o el individuo y el Estado, sino entre la sociedad conformada por un agregado de individuos y el Estado.
El radicalismo de Paine fue eufóricamente saludado por los revolucionarios en Francia, lo cual le valió no pocas dificultades en su vida. No obstante fue William Godwin quien desde el liberalismo llegó a una idea más próxima al anarquismo en su Estudio sobre la Justicia Política. Tanto es así que en muchas historias de la ideología anarquista se lo incluye dentro del panteón libertario. Godwin (1793) creía que el problema del Estado era su existencia, su esencia, no su forma externa. El Estado debía desaparecer de la sociedad para que los individuos pudieran desarrollar plenamente sus capacidades a través del libre acuerdo. El aporte novedoso de Godwin consiste en que reconoció que “un desenvolvimiento social en esa dirección no es posible sin una transformación básica de las condiciones económicas existentes, pues la dominación y la explotación salen del mismo tronco y están ligadas inseparablemente. La libertad del individuo está asegurada sólo cuando encuentra su punto de apoyo en el bienestar económico y social de todos” (Rocker, Nacionalismo y Cultura: 154). En Godwin la sociedad ya no es vista como un agregado de individuos sino como la matriz que conforma los individuos. En su obra son claramente perceptibles las ideas en germen del anarquismo: “¡Con qué deleite ha de mirar hacia delante todo amigo de la humanidad bien informado, para avizorar el glorioso momento que señala la disolución del gobierno político, el fin de ese bárbaro instrumento de depravación, cuyos infinitos males, incorporados a su propia esencia, solo pueden eliminarse mediante su completa destrucción!”
La obra de Godwin causó un impacto tremendo en su primera edición y marcó a toda una generación en Inglaterra, pero el clima represivo en una época de reacción contra todo atisbo revolucionario -que obligó a Paine a exiliarse en Francia- logró que en pocos años se dejaran de editar sus obras, condenando a su autor a una virtual indigencia y a un interesado olvido. Pero es necesario aclarar que no hay una relación directa entre las ideas de Godwin y los anarquistas ya que su obra permaneció marginada y prácticamente ignorada hasta que fue rescatada de la marginación cuando el anarquismo ya estaba firmemente constituido. Tan grande es el vacío entre Godwin y los anarquistas, que ni Proudhon ni Bakunin lo leyeron siquiera (García Moriyón: 48). Lo mismo se podría decir de Henry David Thoreau, un “inclasificable” de mediados del siglo XIX, defensor de la ecología, antibelicista, antiautoritario, antiimperialista y antiesclavista en una sociedad norteamericana que ya entonces se proyectaba hacia el triste papel de gendarme universal.
Si bien hemos recorrido algunos personajes del liberalismo radical, hemos excluido deliberadamente a la gran mayoría de los pensadores vinculados al liberalismo económico y a los vinculados al liberalismo reaccionario posterior a la Revolución francesa, porque sus ideas son más bien la negación del anarquismo. El propio Kropotkin en La Ayuda Mutua atacará la idea de laissez faire de los darwinistas sociales que propugnaban la ley del más fuerte, para justificar las desigualdades sociales y la insolidaridad social del capitalismo. El liberalismo sostiene que el Estado debe gobernar lo menos posible las actividades económicas, culturales y sociales, pero debe mantenerse con el fin de proveer un poder de policía, garantizar la ley y el derecho a propiedad y organizar la defensa externa de la nación. En semejante doctrina el Estado es necesario, aunque un mal necesario. La doctrina liberal presupone que la no-intervención estatal llevará a una autorregulación social y económica que propiciaría el pleno desarrollo individual, lo cual se demostró que era una falsedad cuando se intentó la aplicación práctica de tales ideas, resultando en una de las sociedades más salvajemente injustas, insolidarias, desiguales e hipócritas que jamás hayan existido, como lo fue el capitalismo occidental del siglo XIX. Contra este tipo de modelo económico y social fue que los hombres sintieron la necesidad de fundar una nueva sociedad, basada en los principios socialistas y libertarios.

Anarquismo e individualismo

A diferencia del liberalismo, el individualismo fue un pensamiento que no formó parte de la conformación ideológica del anarquismo, sino que se incorporó posteriormente. Pero comparte con el liberalismo la ausencia de una doctrina uniforme; tanto el liberalismo como el individualismo son bastante difusos y heterogéneos. Incluso es difícil a veces determinar donde empieza uno y donde termina el otro.
El Manifiesto de Anselme Bellegarrigue escrito en la década de 1850 en Francia es una condena del poder y la política de una lucidez sorprendente. El anarquismo de Anselme Bellegarrigue era, indudablemente, revolucionario y socialista, pero en vez de basarse en principios de solidaridad se fundamentaba en un ensalzamiento del egoísmo que nunca prosperaría en el anarquismo. Para éste autor, la razón colectiva del Estado y la sociedad tradicional es una ficción. En la base está el interés personal, y después deviene el interés colectivo. “No ha sido cierto nunca ni nunca será cierto, no puede ser cierto que haya sobre la tierra un interés superior al mío, un interés al cual yo deba el sacrificio, siquiera parcial, de mi interés.” El único interés a tenerse en cuenta es el interés personal, la prerrogativa individual. Para Bellegarrigue, “la sociedad es la consecuencia inevitable de la agregación de individuos; el interés colectivo es, a igual título, una consecuencia providencial y fatal de la agregación de los intereses personales. El interés colectivo sólo se realizará plenamente en la medida en que quede intacto el interés personal; porque, si se entiende por interés colectivo el interés de todos, basta que, en la sociedad, sea dañado el interés de un solo individuo para que inmediatamente el interés colectivo ya no sea más el interés de todos y, en consecuencia, haya dejado de existir.” En síntesis, el interés colectivo es una consecuencia natural del interés del individuo, por lo tanto la única verdad sobre la que debemos apoyarnos es el individuo.
Tan centrada en el individuo es la visión de Bellegarrigue que directamente niega la historia, haciendo imposible un análisis adecuado de las causas de la opresión y la explotación. “Para mí, la creación del mundo data del día de mi nacimiento... Yo soy el primer hombre, yo seré el último. Mi historia es el resumen de la historia de la humanidad.” ¿Cómo es posible cualquier entendimiento cuando la única medida de la vida social es la propia experiencia personal y el propio interés? ¿Qué clase de comunismo o socialismo se puede plantear desde una base moral que subordina el interés colectivo al interés personal? No difiere mucho de la moral del liberalismo capitalista, cuando se afirma que “yo me encierro en el ciclo de mi existencia y el único problema que tengo que resolver es el de mi bienestar. No tengo más que una doctrina, esta doctrina no tiene sino una fórmula, esta fórmula no tiene más que una palabra: GOZAR.”
Aquello que no me proporcione placer no es de mi interés, aquello que me dañe es mi enemigo. Sin embargo, el individualismo crudo de Bellegarrigue no le impide afirmar que el dogma individualista es el único dogma fraterno. Semejante incoherencia demuestra la inconsistencia del pensamiento individualista: si todos son egoístas y aceptan el egoísmo de los demás, nadie puede mandar ni obedecer. En primer lugar, es imposible que desde una base egoísta desaparezcan los conflictos de intereses, más bien se incrementarán. En éste caso, ¿quién es más egoísta, aquel que cede en nombre del egoísmo o el que triunfa en nombre del egoísmo?
En segundo término, como sostiene Kropotkin, la distinción entre el egoísmo y el altruismo es absurda, ya que “si esa oposición existiera en realidad, si el bien del individuo fuera verdaderamente opuesto al de la sociedad, la especie humana no existiría; ningún animal habría podido alcanzar su actual desarrollo… Y …que si los dos no hubieran sido siempre idénticos, no hubiera podido cumplirse la evolución misma del reino animal.” El error de Bellegarrigue consiste en confundir el interés colectivo con el interés de la clase dominante y gobernante. Que el Estado y la burguesía impongan su interés y le coloquen el traje de la voluntad general para hacerlo aceptable para las masas, no nos permite llegar a la conclusión de que el interés colectivo contiene a explotados y explotadores. El interés individual sólo podrá desarrollarse plenamente, cuando la sociedad sea libre; todo lo contrario a lo que se sostiene desde la exaltación del egoísmo, que supone que lo que es bueno para el individuo es bueno para la sociedad. El discurso neoliberal y posmoderno rescataría en este punto la postura del individualismo egoísta.
No obstante afirmar que la sociedad es un agregado de individuos y el interés colectivo es igual a la suma de intereses individuales Bellegarrigue sostiene que “el estado natural del hombre es en sí el estado de sociedad”, distanciándose del pensamiento contractualista de un Rousseau. Lo que torna inconsistente el pensamiento de Bellegarrigue son precisamente estas contradicciones que no permiten comprender desde qué lugar se parte para postular la anarquía como propuesta finalista. Bellegarrigue es crítico del sistema electoral, de la democracia, de las leyes, del gobierno y de la tiranía de las mayorías sobre las minorías: “Pero aún cuando el pueblo francés en pleno consintiera en ser gobernado en materia de educación, culto, finanzas, industria, arte, trabajo, afectos, gustos, hábitos, movimientos y hasta en su alimentación, yo declaro con todo derecho que su voluntaria esclavitud en nada empeña mi responsabilidad, así como su estupidez no compromete mi inteligencia. Y sin embargo, de hecho, su servidumbre se extiende sobre mí sin que me sea posible sustraerme a ella.” Nuestro personaje no se deja engañar, a pesar de su ingenuidad. Lo vemos más bien como un revolucionario agobiado por la situación opresiva que tiene que vivir, un espíritu atormentado que no desea rendirse a la máquina gubernamental. “Frente a los múltiples obstáculos que se levantan por todas partes, mi espíritu intimidado se hunde en el embrutecimiento: no sé hacia dónde volverme; no sé qué hacer; no sé en qué convertirme.”
Las masas dóciles e inocentes de las brutalidades que se cometen en su nombre y perjuicio, necesitan ser esclarecidas para terminar con la tiranía “sólo que, no distinguiendo bien las causa, no saben cómo actuar. Yo estoy intentando esclarecerlas sobre uno u otro punto.” Es en este pasaje donde la radicalidad de los pensamientos se disuelve en la ingenuidad de la propuesta. La acción de los individuos esclarecidos que llevan un nuevo evangelio a las masas embrutecidas, que una vez iluminadas volverán las espaldas a sus tiranos. Este tipo de propuestas se agotan en los actos de rebeldía individuales o en la desobediencia civil, sin inquietar al sistema, sin corroer sus bases y sin conformar un movimiento organizado para la lucha social. Si todos los gobiernos son “necesariamente una causa de antagonismo, de discordia, de asesinato y de ruina”, frente a semejante leviatán no se puede pretender derrotarlos desde una postura rayana con la candidez.
No ha sido el pensamiento de Bellegarrigue uno de los más prestigiosos e influyentes dentro del movimiento anarquista, sino que ha pasado fugazmente sin dejar grandes continuadores. Bellegarrigue fue un precursor, un iniciador del anarquismo, contemporáneo de Joseph Dejaqcue y Proudhon, en un momento de dispersión y retroceso de todas las tendencias socialistas después de la derrota de los obreros parisinos de 1848. Pero este tipo de posturas resurgen cada cierto tiempo dentro del movimiento anarquista, toman diferente forma pero conservan el contenido acomodándolo a los tiempos que les toca vivir.

El individualismo de Max Stirner

El individualismo de Stirner (1806-1856) ha sido muchas veces confundido con el anarquismo. Su verdadero nombre era Johann Kaspar Schmidt y fue autor del libro El Único y su propiedad, que gozó de un breve momento de fama en 1844, y fue finalmente recuperada del olvido medio siglo después por el poeta John Henry Mackay. Para Stirner el individuo, la personalidad humana, está enfrentada a la sociedad y al Estado. La misión de una persona consiste en ser ella misma y reconocer lo que le es propio. Para Stirner se trata de la búsqueda de la autonomía personal. La única propiedad del individuo es la propiedad de sí mismo, y es necesario que cada uno se apodere de su propia persona, para poder asociarse libremente. Para Stirner el Estado se opone al individuo, es su antagonista, porque toda institución jerárquica se opone a la voluntad personal. Stirner nunca habló de anarquismo, y mucho menos de socialismo. Exaltaba el “yo único”, postulando, en oposición a la sociedad, una Asociación de Egoístas cuyo principio era “la utilización de todos por todos.” Como es característico de toda apología del egoísmo, Stirner todo lo valora en referencia al Yo: “Yo sólo tengo un cuerpo y soy alguien. No veo ya en el mundo más de lo que él es para mí; es mío, es mi propiedad. Yo lo refiero todo a mí.” La liberación humana, en última instancia, termina siendo una tarea individual, no social.
En su artículo Anarquismo y Organización, Rudolf Rocker consideraba prácticamente inexistente la influencia de Stirner y su obra en la conformación de las ideas anarquistas: “El noventa y nueve por ciento de los anarquistas no han tenido la menor idea de ese filósofo alemán y de su obra, hasta que alrededor de 1890 el libro fue desenterrado en Alemania y desde entonces fue vertido en diversas lenguas. Y aún desde entonces la influencia de las ideas de Stirner sobre el movimiento anarquista en los países latinos, donde las teorías de Proudhon, Bakunin y Kropotkin durante decenas de años han tenido ya su influencia decisiva en los extensos círculos de la clase obrera, fue bastante ínfima y nunca aumentó. En ciertas esferas de intelectuales franceses, que por aquel entonces coqueteaban con el anarquismo, y de los cuales la mayoría hace tiempo ya, que se han retirado al otro lado de las barricadas, la obra de Stirner hizo un efecto fascinador, pero la inmensa mayoría de los anarquistas de allá nunca ha tenido contacto con ella. A ninguno de los primeros teorizadores del anarquismo se les hubiese ocurrido siquiera, que llegaría un día en que tildarían a las ideas como no-socialistas. Todos ellos se sentían socialistas, porque estaban hondamente compenetrados del carácter social de su teoría.”
Kropotkin también criticaba a aquellos que incluían a las concepciones de Stirner como pertenecientes al tronco anarquista. El individualismo que exaltaba al yo hasta liberarlo de sus relaciones sociales o morales hacía imposible la práctica de la solidaridad, concepto fundamental del comunismo anarquista. Esta teoría derivaría en una negación de su punto de partida, estimulando la formación de grupos minoritarios superiores que oprimirían a los demás en nombre de la consecución de su propio desarrollo pleno. Además, sostiene Kropotkin, que la moral anarquista se orienta hacia la consecución de la felicidad de la comunidad, en primer lugar y luego la de sus integrantes individualmente, diferenciándose del proyecto individualista que se satisface con la exaltación del egoísmo. El elemento socialista está completamente ausente en el pensamiento stirneriano, así como toda crítica a la explotación económica y la opresión social; es innegable el carácter burgués de una teoría que en ningún momento se propone una revolución social.

Individuo versus sociedad: la falsa dicotomía

En el radicalismo de fines del siglo XIX abundaron los experimentos que vinculaban ideas individualistas, liberales, anarquistas y socialistas en una macedonia libertaria que se distanciaba o se acercaba al anarco comunismo o colectivismo según la coyuntura. Uno de éstos fue la propuesta del norteamericano Benjamín Tucker, cuyo sistema era un híbrido entre Proudhon y el antisocialista Herbert Spencer. Si bien la defensa de los derechos individuales de este tipo de proposiciones era radicalizada, no se puede decir lo mismo de la sociedad que pretendían, idealizando una sociedad de egoístas libres e iguales regida por las leyes del darwinismo social, es decir por la ley del más fuerte. Todas estas teorías intentan compatibilizar una conducta egoísta con la libertad y la igualdad, suponiendo que la defensa a ultranza de los derechos de cada uno llevará a una autorregulación e impidiendo el surgimiento de nuevas estructuras de dominación; demás está decir que este tipo de incoherencias de intelectuales obsesionados con el egoísmo nunca logró conformar un cuerpo de ideas uniforme o que tuvieran una aceptación generalizada dentro de las masas obreras.
Entre los anarquistas el individualismo puro nunca llegó a hacer pié y llegó a ser identificado directamente con las ideas del enemigo de clase; como sostenía Emma Goldman en Habla Emma la Roja (p. 89), el individualismo “no es más que un solapado atentado a reprimir y a derrotar al individuo y a su individualidad ... ha resultado invariablemente en la más burda de las distinciones de clase ...[y] ha supuesto todo el individualismo para los amos, mientras que el pueblo es regimentado en una casta de esclavos al servicio de un puñado de superhombres egoístas”.
La sociedad que pregonan los individualistas aparece como un agregado de átomos aislados, separados, que “libremente” se relacionan entre sí, hacen “contratos individuales” en los que se supone que no hay desigualdad entre los contratantes, si no existe una autoridad sobre ellos. Esta ficción sobre la sociedad no difiere mucho de la fábula sociológica para explicar y justificar la necesidad del Estado que pergeñaron los contractualistas próximos al siglo XVIII, entre los que se destacaron Hobbes, Locke y Rousseau. La sociedad era formada por los individuos voluntariamente y por la necesidad de establecer una autoridad política que garantice el orden y la felicidad general. La sociedad no preexistía a los individuos, sino que era constituida por un contrato entre los súbditos y el soberano. Para los individualistas el contrato persiste, aunque la autoridad desaparezca.
Esta postura es absolutamente ilusoria y se fundamenta en la suposición de que la sociedad es abstracta mientras el individuo es algo concreto. La realidad es al revés: el individuo es un concepto, una abstracción, mientras que la sociedad es una realidad concreta. Por individuo suponemos a un ser, una entidad con la posibilidad de existir fuera de la sociedad, con capacidad para sobrevivir aislado de otras entidades semejantes. Esta clase de relaciones sociales no existen ni siquiera en el mundo animal, en el cual abundan las asociaciones y las relaciones de reciprocidad. No existen individuos aislados, como pretenden los individualistas, por lo menos en el mundo macroscópico. Por otro lado, es una incongruencia pensar en asociaciones de egoístas donde cada uno procure el bien individual y como consecuencia se obtenga el bienestar general. Una sociedad de esas características -si se la puede llamar así- resultará en una sociedad desigual, donde se tolerará la servidumbre voluntaria y en la imposición del más fuerte. Y por otro lado, nada impedirá que la suma de contratos individuales genere la constitución de un nuevo Estado, llegando a la negación de la libertad individual.
Por el contrario, el ser humano es un animal social, hecho reconocido por todos los teóricos fundadores del anarquismo y toda la moderna teoría sociológica. A nadie se le ocurriría negar el origen social del hombre desde ninguna de las ciencias sociales, ni tampoco desde las ciencias naturales o biológicas. La posibilidad de creación de una cultura, de la existencia misma del lenguaje o la supervivencia fuera de un grupo humano para los niños serían considerablemente limitadas o directamente imposibles. El mundo egoísta de Stirner se derrumba frente a una madre que da pecho a su hijo recién nacido, el cual es el ser más parecido que se puede encontrar a la quimera individualista, pero que también es el ser viviente más dependiente e indefenso. La sociedad hace al hombre, y viceversa. No son términos opuestos sino complementarios: la confusión individualista parte de considerarlos antagónicos e identificar fuertemente la sociedad con el Estado, que en realidad es una estructura de dominación social. Los Estados no han sido constituidos para dominar a los seres individuales -con un simple jefe o caudillo sería suficiente- sino para dominar a las sociedades, lo cual los hace esencialmente diferentes. Dominando a la sociedad se puede entonces dominar a sus integrantes. El Estado es más que la negación de los individuos, la negación de los valores sociales y comunitarios. El Estado desplaza a la sociedad de su lugar original para erigirse sobre las personas.
Bakunin comprendía profundamente estas distinciones conceptuales. Si no fuera así, Bakunin nunca hubiera definido la libertad individual como precedida por la libertad social, en la conocida frase “la libertad de mis semejantes prolonga la mía hacia el infinito”. Ya desde sus primeros pasos de la mano de Proudhon, el anarquismo partía de un punto de vista completamente diferente al de los liberales y los individualistas. Mirko Roberti lo explica de forma brillante: “Proudhon parte del concepto sociológico de que la sociedad, ya sea a nivel económico, ya sea a nivel político, expresa una idéntica «fuerza colectiva» que no es el simple resultado de las fuerzas individuales asociadas: a partir del momento en que éstas se asocian, se desarrolla un excedente de energía que no es obra de ninguna de éstas en particular, sino de su «asociación».” Desde aquí parte Proudhon y coloca uno de los pilares fundamentales sobre los que se edificarán todas las teorías posteriores acerca de los mecanismos de explotación: “El capitalista, dicen, ha pagado las jornadas de los obreros; para ser más exactos, debe decirse que el capitalista ha pagado, cada día, una jornada a todos los obreros que ha empleado, lo cual no es en absoluto lo mismo. Porque esta inmensa fuerza que resulta de la unión y de la armonía de los trabajadores, de la convergencia y de la simultaneidad de sus esfuerzos, el capitalista no la ha pagado. Doscientos hombres levantaron sobre su base en pocas horas el obelisco de Luxor; ¿acaso un solo hombre, en doscientos días, habría podido hacerlo? Sin embargo, según el capitalista, la suma de los salarios habría sido la misma.”
El concepto federalista de Proudhon es una defensa mucho más eficaz de la libertad que toda la charlatanería individualista que llora y protesta todo intento organizativo dentro del movimiento anarquista, agitando el fetiche de la restricción de las libertades individuales. El federalismo es un método organizativo pluralista que permite igual posibilidad de expresión a cada grupo social, que tiende al equilibrio entre las partes involucradas; es la forma organizativa de la autogestión. Si el socialismo se organiza horizontalmente y federalmente, en contraste con el verticalismo y el autoritarismo marxista, las objeciones de los individualistas anti-organizacionistas carecen de sentido. Lamentablemente, los coletazos de las viejas discusiones aún siguen azotando en el presente.
Según afirman Chantal López y Omar Cortés, el renovado auge de las ideas de Stirner -al que podríamos agregar Nietzche- dentro de los anarquistas que se denominan individualistas o aquellos que optaron por un camino intermedio, como la tendencia del anarquismo insurreccionalista, puede deberse a: “1. Centros urbanos de desmedida proporción que forman un auténtico dique para la comunicación inter-individual; 2. Hacinamientos humanos de tan inhumanas proporciones que minimicen o destruyen el valor de cada individuo, reduciéndole prácticamente a cero; 3. Contornos arquitectónicos urbanísticos diseñados tan irracionalmente que son un cotidiano reto a la integridad individual.” Y agregan: “Mientras la atomización individual sea la constante, mientras gigantescos edificios pueblen las ciudades, mientras las avenidas sean diseñadas para máquinas contaminantes, mientras los medios de transporte colectivo sean diseñados para llevar carga y no seres humanos, las acciones anti-sociales, anti-comunitarias expresadas, con una amargura angustiante, por cierto, a lo largo de la obra de Stirner, continuarán presentes.” Sin dejar de coincidir con estos autores, creemos que una hipótesis de tipo ambiental no alcanza para explicar un fenómeno tan recurrente en la historia del movimiento. El resurgimiento de posiciones individualistas de corte stirneriano dentro del movimiento anarquista es harto notorio. Estimulado por un neoliberalismo salvaje y una cultura desarticulada por el posmodernismo, el individualismo se erige como una alternativa frente al anarquismo burocratizado e inerte, frente a las grandes verdades de otrora actualmente en crisis: el movimiento obrero, el sindicalismo revolucionario, la organización revolucionaria y carácter comunista del anarquismo. La posibilidad de revitalizar el movimiento no pasa ni por resucitar viejas estructuras vacías de contenido ni por incorporar elementos e ideas que -a pesar de la seducción que puedan suscitar- son la negación del anarquismo.
El anti-organizacionismo individualista y la exaltación del egoísmo, desde siempre, se han manifestado perfectamente incapaces de conmover al sistema capitalista y al Estado. Más allá de las diferencias dentro del movimiento, más allá de las tendencias, la identificación anarquista sigue pasando por los mismos principios: libertad, igualdad, solidaridad y revolución social. Dentro de éstos no hay lugar para el egoísmo individualista, a veces disfrazado de posmoderno, otras veces a tono con la new age, donde la liberación social termina reduciéndose a alguna expresión estética o a la proliferación de fórmulas macrobióticas.

P. Rossineri


CAUSALIDADES VOLVER

Como sabemos, la naturaleza es la transformación de lo existente y la reproducción incesante dentro de su seno. Es la creadora de cada cosa con vida, movimiento y muerte...
La causalidad Universal, la Naturaleza, crea los mundos. Es esta causalidad lo que ha determinado la estructura mecánica, física, geológica y geográfica de nuestra tierra, y tras cubrir su superficie con los esplendores de la vida vegetal y animal, sigue aún creando en el mundo humano la sociedad, con todos sus desarrollos pasados, presentes y futuros.”(1)
Las ideas, incluyendo la de Dios, sólo existen sobre la tierra en cuanto son producidas por la mente. Está claro que surgieron mucho después de las “leyes” que gobiernan tales hechos, por lo tanto, la existencia de un Dios “creador y supremo” sólo tendría sentido en cuanto implique la negación de las leyes naturales. En otras palabras, Dios no existe más que en la mente humana, que está situada dentro de la sociedad natural y la causalidad universal. Ésta se ubica erguida sobre todas las cosas, creadas y por crear, donde cada parte está vinculada lógicamente a todas las demás.
La misma mente deforme -también por conveniencia- parió al Estado. Este hijo verdugo y cobarde que mata a su propia madre, llora sádicamente y se la come por no morir él de hambre. El sadismo produce muchas variantes, el Estado y su trayectoria lo demuestran, como este hecho elegido al azar de entre tantos otros y que aclarará aún más lo innecesario de su existencia:
En la madrugada una bala calibre 9mm. destroza por completo la columna vertebral de la niña-madre... Con 14 años de edad y 4 meses de una vida latiendo en su vientre, Camila y Leandro, su compañero, se encuentran en la casa de éste cuando oyen tiros y salen en busca del hermano de Camila. En tanto Bustos, Cisneros y Almirón -tres agentes de la P.F.A.- obligan a un grupo de chicos a que les compren drogas, estos se niegan y salen corriendo. Los policías comienzan a dispararles por la espalda, en el tumulto uno cae tendido boca abajo, estos criminales corren hacia la víctima herida y uno le patea la cabeza en el piso y le grita: ¡dale levantate!. La herida de muerte era Camila Arjona y su pequeña vida en gestación.
El Estado es la causa directa que educa e influencia con violencia mental y física a los individuos de sus instituciones, criadas y dirigidas por él mismo. La maquinaria continúa alimentando las instituciones al servicio de la burguesía y su desprecio por la vida...
Lombroso -criminólogo italiano- tiene una idea sobre “el delincuente nato”. Afirma que “tal conducta criminal es un factor biológico”. La delincuencia creada no es casualmente propagada por niños “diabólicos” que nacieron con ganas de salir a robar y matar en la primera oportunidad que tengan; pensar eso es tan fantasioso y perverso como creer en Dios. Por el contrario, es creada, agitada y mantenida causalmente como respuesta necesaria hacia este sistema, para que siga imponiendo su careta de justiciero y legal defensor de la burguesía y su capital.
Anónimos individuos que se sacrifican por sus valores o indignación moral y ética, tratando de sobrevivir en la constante marginación que genera esta sociedad, y se les plantea el morir y hasta matar en defensa de estos principios. El Estado por su parte, como creador incesante de injusticia, finge su mejor papel de sorprendido por tales actos y vuelca tierra sobre estos, cubriéndolos así como a tumbas de N.N.
Aislándolos como únicos responsables de tanta violencia, terror y disconformismo social, la maquinaria continúa su camino siniestro enterrando víctimas...
Otra de las piezas fuertes y “esenciales” del engranaje son las cárceles, con todos sus bulones y tuercas bien ajustadas y lubricadas por las instituciones, para proveer un “muy buen trabajo” en conjunto: policías, comisarías, juzgados, jueces, abogados, carceleros, empresas, bancos, políticos, presidentes, iglesias, países... Esta gran maquinaria blindada y programada con la autoridad continúa alimentándose de vegetación y de carne, pero no de su esencia o de su mente...
Patadas en la cabeza de una niña muerta tirada en un charco de sangre; no es alucinación mía, es la realidad pasada, actual y, si no la cambiamos, será futura. No existe diferencia si esto le ocurre a esta niña o al “peor de los delincuentes”; es un crimen desde el instante en que estos sicarios atentan contra la vida, sea cual fuese la culpabilidad de sus víctimas. La autoridad en la mente humana es la causal de la satisfacción morbosa y placentera que se genera al matar. ¿Placer por la muerte? La muerte nos puede generar varias cosas pero placer ¡jamás!. Esta es la gran diferencia entre ellos y nosotros.
El vulgo es aceite lubricante, son quienes mantienen la maquina funcionando, sólo en sus manos y en su mente está el boicot para su destrucción total. Cambiando a la denuncia por la “complicidad”, la indiferencia por la solidaridad, la ley por la ilegalidad, la autoridad por la libertad; destruyendo la mentalidad inútil que profesa la autoridad, propagando la fe y la creencia en sí mismos y en la humanidad como dueños absolutos de su destino y de su libertad...
Si la fuerza no logra obtener justicia para el Pueblo, ¿por medio de qué la obtendrá? La fuerza, la necesidad de la justicia violentamente impuesta, es el único argumento capaz de llegar al corazón de los burgueses.”(2)
...La maquinaria continúa su camino siniestro, la cual se alimenta de vegetación y de carne; pero no de su esencia o de su mente... y allí está su verdadero problema.

Vilchesz

(1) Mijail Bakunin, Escritos de filosofía política, tomo I
(2) Mijail Bakunin, Escritos de filosofía política, tomo II


DIALOGANDO EN EL BAR:
EL CHINO CHINCHULÍN Y LA BOMBA NORCOREANA
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Chinchulín: Uy, ahí viene el Opus Nigrum, ese reaccionario. Es un pequeño burgués asustado.
Mangu: Bueno, viejo, es amigo tuyo, un típico psicobolche.
Opus: Hola, chicos, todo bien por aquí.
Mangu: Y… hasta ahora venía bien. Estábamos hablando un poco de política con tu amiguito el Chinchulín, aunque nunca nos ponemos de acuerdo, para variar. El tipo anda defendiendo la política nuclear de Corea del Norte.
Opus: Bueno, sin ser marxista leninista creo que todo lo que se oponga a los yanquis siempre tiene algo de positivo. Aunque no me guste, ¡aguanten Bin Laden, Saddam, Chávez y los coreanos!
Chinchulín: Siendo marxista leninista, siempre voy a apoyar un Estado Obrero, aunque se haya burocratizado, contra el imperialismo. Las pruebas armamentistas de Corea son en legítima defensa frente a las amenazas de los Estados Unidos. Y lo mismo vale para el caso de Irán, que no tiene nada de revolucionario, pero es un régimen que sabe que la única posibilidad que tiene para sobrevivir frente a los yanquis es la disuasión nuclear.
Mangu: Sí, noté que era un Estado obrero. Es un Estado policíaco y represor como cualquier otro, y los obreros que viven ahí son tan explotados como los de cualquier país: los roban, los hambrean y cuando se salen del molde, los reprimen. Esa es la esencia de todo Estado, aunque le adosen el calificativo de obrero, revolucionario o democrático.
Opus: A mí me parece que el problema es que no pueden decidir por sí mismos en elecciones democráticas si realmente quieren la bomba. Si pudieran decidir el comunismo sería perfecto.
Chinchulín: El comunismo tiende a la perfección, pero el camino es largo y hay que bancarse las etapas que la dirigencia revolucionaria irá sorteando. El problema es que hay algunos que no soportan que haya gobiernos que no se rindan frente al imperialismo. Nunca un país se debe desarmar frente a los yanquis, sino miren lo que le pasó a Saddam. A los yanquis lo único que les interesa es apropiarse de nuestros recursos y abusarse con sus multinacionales de la política entreguista de nuestros gobiernos. Es una legítima defensa lo que hace Corea.
Mangu: Vos Opus, seguí poniendo la urna que te la van a llenar de votos. ¿Por qué no hacés un plebiscito para ver si los norcoreanos están de acuerdo con los campos de concentración? Capaz que les gusta. Y vos, Chinchulín, te considerarás muy revolucionario, internacionalista, trosco, maoísta, estalinista o guevarista, pero lo que se te olvidó es que sos un nacionalista que reemplazó la visión revolucionaria de la cuestión social por el estudio de la geopolítica internacional. Los que pensaban como vos en 1940, apoyaron a Hitler porque había pactado con Stalin y estaba en guerra con el “imperialismo inglés”, como si las ambiciones de los rusos y los alemanes no anduvieran por carriles parecidos. La razón de Estado se impone siempre. Si para enfrentarse al enemigo hay que convertirse en su reflejo, para ustedes está todo bien. A la izquierda hace rato que ya no le funciona la brújula, y cuando creen que van en una dirección, van en el sentido contrario.
Opus: No es que crea que las elecciones sean la panacea. Pero creo en la libertad de expresión y que alguien tiene que llevar las riendas en la sociedad. Mi modelo es Suiza, sin capitalismo. La voluntad general debe mandar, y si decide tener armas nucleares y hacer un uso racional para defender los intereses del país, me parece correcto. Si quieren tener armas nucleares, por lo menos que haya democracia y el pueblo pueda expresarse, para declararse en contra o para controlar lo que se hace con ellas.
Chichulín: La revolución es la única salida y los gradualismo pacifistas como los tuyos terminan con un Pinochet en el poder. ¡Nada de democracia: Dictadura proletaria! El poder a los obreros y al Partido de la Revolución, obviamente marxista y leninista. Lo demás son utopías y divagues anarquistas o pequeño burgueses. No solo tienen derecho a defenderse, sino que están obligados a proteger los logros socialistas y preservar la paz en la península coreana. Han optado por el único camino que entiende el imperialismo: la disuasión nuclear. Viva la república Popular de Corea y abajo el imperialismo.
Mangu: Aflojá con las consignas. Apoyan a Chávez como si fuera verdad lo de la revolución bolivariana, que se sostiene con el petróleo que les vende a los yanquis. Apoyaron a Saddam, que se encargó de eliminar a todos los revolucionarios posibles, incluso marxistas. Apoyan a Irán, que siempre fue enemigo de Irak, pero que es enemigo de los yanquis, lo cual los santifica frente a sus materialistas ojos ateos. Apoyan a Fidel y a su socialismo playero, al cocalero Evo Morales y a Mongo Aurelio mientras que no les guste a los yanquis caretas. Pero siempre terminan anteponiendo intereses estratégicos de Estado frente a la supervivencia de la especie. No importa que se arme un holocausto nuclear con tal de que se mueran todos los imperialistas. No importa que en el socialismo haya una clase que vive a todo lujo mientras el resto se muere de hambre y tenga un poder de decisión sobre su futuro igual al de un condenado a muerte. Claro, me olvidaba que para Lenin la libertad es un prejuicio pequeño burgués.
Opus: Es muy difícil saber que hay de cierto en uno de los países donde más cuesta entrar y la prensa responde al gobierno, pero no creo en las historias que cuentan del líder norcoreano en los medios; parecen más propias de un personaje de una película clase B que de un dirigente verdadero: que come langosta con palillos de plata, que se abochorna de su escasa altura y lleva plataformas en los zapatos, que le encanta ver cine de Hollywood en inglés pero no entiende una goma del idioma, que se quiere voltear a todas las minas, qué se yo. La cuestión es que me parece que los yanquis le tienen un poco de miedo.
Mangu: ¿Importa lo que le gusta o haga? Si todos los comunistas en el poder hicieron siempre lo mismo. Te creés que Lenin comía pan duro enmohecido o que Mao comía arroz integral con sal. Lo que importa es la ausencia total de libertad y la anulación de los individuos. Vos ves en la televisión las imágenes de los coreanos marchando todos al mismo paso, desfilando todos al mismo ritmo, todos igualitos, vestiditos de gris, sin una sonrisa, sin una queja, todo en orden, ni un papel en el piso, todo detenido en el tiempo, estático, robótico, inhumano. El error está excluido, la duda desterrada. Esto es para los norcoreanos, estalinistas y maoístas la verdadera cultura proletaria. Me parece que en vez de proletaria es la cultura del cuartel o la comisaría. Y me importa un cuerno cómo vivan los dirigentes comunistas: sí me importa que son parte de una clase que a través del Estado reprime al pueblo y defiende sus privilegios, no tan diferentes a los de los capitalistas. Y que no piensan en términos de opresores contra oprimidos, o de explotadores contra explotados, sino de Estados contra Estados o de Policía Revolucionaria contra súbditos del Partido.
Chinchulín: No entendés, la estrategia de los norcoreanos es sentarse a dialogar con las armas sobre la mesa. Si tienen armas nucleares, los yanquis se tienen que sentar a negociar, porque es mucho lo que se puede perder. Te imaginás si le tiran una bombita a Japón o a Corea del Sur. O se arriesgan a que los norcoreanos revendan alguna para el terrorismo árabe. No, loco, los norteamericanos van a negociar; un poco van a tener que perder. La guerra no les importa mientras no les toque a ellos, sino mirá como les afectó lo de las torres gemelas. Y una vez que el imperialismo retroceda, las posibilidades de instaurar gobiernos revolucionarios se va a hacer más viable, ahora que ya no está la Unión Soviética. Y decí que está China, sino andaríamos todos hablando en inglés.
Mangu: Sí, en el fondo el problema es que se quedaron sin el faro derecho de la revolución y el faro izquierdo, más que iluminar oscurece. China es tan capitalista como puede. Si no lo es más es porque la clase dirigente no quiere perder su status. Rusia es un recuerdo, Cuba un fantoche. A lo único que aspiran es a que el imperialismo pierda fuerza para -si tienen la suerte de acceder al poder por elecciones- que se les permita terminar su período de gobierno. Pero, una vez que le sientan el gustito a la democracia, sabés como van a transar.
Opus: Bueno, por lo menos no me vas a decir que los yanquis son iguales o preferibles a los coreanos, los chinos o los cubanos. Yo siempre simpatizo con el más débil.
Chinchulín: En eso estoy de acuerdo. Vos, Mangu, le terminás haciendo el juego a los poderosos. Por eso siempre los anarquistas le hacen el juego a la derecha y al imperialismo.
Mangu: Izquierda y derecha son dos expresiones que asume la política represora del Estado. Y como el Estado es el enemigo de la libertad, la igualdad y la solidaridad entre los pueblos, no soy ni de derecha ni de izquierda. Ustedes dicen simpatizar con los menos poderosos: Saddam, Castro o el Rey Mongo III que quiere la bomba nuclear. En realidad siempre simpatizan con el poder del Estado, la diferencia es que les gustan más los Estados insuficientes de recursos para dominar al resto del planeta. Como decía Bakunin, el fin de todo Estado es la conquista, aunque sea la república de San Marino o el Principado de Mónaco. Ustedes quieren hacer la revolución social con armas nucleares o biológicas, o negociar con el imperialismo con su mismo lenguaje. Para ustedes, a eso se reduce una revolución. De tirar gobiernos abajo, mejor no hablar: es mejor negociar, la estrategia y la táctica, la verdad iluminada del Partido. Bueno, mejor me voy, que en cualquier momento me hacen un “tribunal revolucionario” y me mandan a trabajos forzados a un campo de concentración bajo la acusación de “infantilismo revolucionario”.

El Manguruyú


PROCESANDO EL PROCESO VOLVER

Sobre Julio López ha caído el Poder. Desde alguno de sus estratos ha saltado sobre él y ahora yace bajo las aguas o entre la tierra. No es el primero ni será el último.
Las fuerza del orden, cumplida ya su función de instaurar la democracia, son llamadas a ahora a reorganizarse acorde a las exigencias de la legalidad. Los elementos regresivos y reticentes son limpiados o encausados desde esa exigencia que es legitimada como legalidad protectora y garante de humanidad. Los elementos directamente afectados resisten remarcando la importancia de la función que cumplieron para el mantenimiento de la seguridad estatal. Desechados por el Estado que busca reemplazarlos por nuevas generaciones según la funcionalidad coyuntural, se mueven por los márgenes de la legitimidad que ahora aquél redelimita, apoyado en los movimientos que históricamente le reclamaron actualización. Las primeras tentativas, a finales de la década de los ´80, no habían logrado acumular la suficiente fuerza cívica y mediática y la depuración estatal apenas pudo dar unos pasos. La progresiva pérdida de la capacidad de resistencia de los sectores actuantes del Proceso gracias al creciente consenso democrático que, por un lado, los evidenciaba como ya obsoletos e innecesarios y, por el otro, por las denuncias de los movimientos de derechos humanos que lograron eco en las capas medias y altas de la sociedad, posibilita, en el marco de la corriente internacional que resignifica y potencia el carácter absoluto de la Ley por sobre las relatividades nacionales, la reubicación de esos elementos en los espacios físicos del residuo social -las cárceles-, y como estigma de irracionalidad o de exabrupto estatal dentro del imaginario colectivo. Estigma que es necesario remarcar constantemente desde discursos políticos y mediáticos para que sea valorada la reorganización nacional del presente. De allí que los actuales administradores de la explotación sean también y lógicamente los principales interesados en la depuración, encabezando los reclamos y tratando de compañero al hombre desaparecido.
No es por este caso, como dice el espectro político de izquierda, lo que demuestra que “el aparato represivo sigue intacto”, como deja este espectro entrever la posibilidad de que el Estado pueda desprenderse de su condición de represivo mediante la voluntad de sus integrantes, sino la división de la sociedad en clases y un policía en una esquina. También hay que mencionar la reivindicación que hacen de que la Justicia denomine como genocidio de Estado al período del Proceso y la dimensión de conquista popular que de esa sanción hacen. No hay más recordar los juicios que los Estados vencedores de la Segunda guerra mundial impusieron al vencido nazismo y la función y ganancia que tuvo para legitimar el devenido orden mundial. En el mismo orden de obsecuencia sistémica están quienes reclaman “tácticas útiles” al gobierno y proponen “abrir los archivos de la SIDE al escrutinio público y anónimo para que salga a la luz su nefasto accionar”*; algo consecuente y acorde con el proceso de democratización de las fuerzas del orden para que su accionar se legitime socialmente.

A.G.

* de Hijos del pueblo, n° 4, de Red Libertaria Argetina


ANIMALISMOS VOLVER

Un cuento de Philip K. Dick: “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” se titula. Como relato de ciencia ficción y futurista tiene, como suele suceder, parte de presente realidad. Cuenta que el planeta fue azotado por plagas, contaminación y radiactividad y que casi todas las especies animales han desaparecido. Los ejemplares que se conservan constituyen un lujo y un símbolo de estatus social, objetos suntuarios a los que no todos pueden acceder. Comprar uno, mantenerlo domésticamente y ostentarlo es la obsesión de las personas. La matanza de un animal es un crimen incomparablemente mayor que el asesinato de un humano. Ese es el escenario, la historia es contingente.
La presente realidad, como suele suceder, parece de ciencia ficción...
Semanas atrás, en el barrio de Almagro, de Capital Federal, en plena calle una yegua se empaca y se niega a seguir. Por el alboroto primero se acercan los vecinos, después los periodistas y luego la policía. La yegua, visiblemente maltrecha, comienza a parir y, ante los ojos y las cámaras, un potrillo pisa el mundo. Los vecinos se muestran alegres y solidarios, acercan agua y fruta para los animales. Dos policías sostienen una lona para darle sombra al potrillo. Un veterinario policial llega para asistirlo y después un transporte lleva a la madre y a la cría a una dependencia del gobierno para que sean cuidados y alimentados. Algunos periodistas informaron más tarde, desde el nuevo hogar, las mejoras.
El pobre y flaco animal no había llegado sólo, venía tirando del carro de un hombre. Éste, sin nombre, un anónimo, un cartonero según lo medios, que comentaban burlonamente como tuvo que arrastrar él mismo el carro, aprendiendo lo que sufría la yegua, decían, hasta la comisaría donde fue detenido. Para él la policía tiene una sombra, y su mujer y sus hijitos no tendrán la atención ni la mirada sensible que recibió la yegua y el potrillo.
Los animales cotizan más...
Un mes atrás, en el barrio de Recoleta, la Plaza Francia, ese cuidado espacio para que la burguesía y sirvientes disfruten del aire libre, de restoranes, música, museos y cementerios, también fue noticia. Los vecinos del lugar sacan habitualmente a pasear a sus perros a la plaza, que es también privilegio de mascota. Ellos hacen sus necesidades, confraternizan, dan unas vueltas y vuelven a la cucha, y aprovechan para sacar a sus perros. Pero un día parece que había esparcido por el césped un veneno, un veneno propio de basural, de riacho, de villa miseria pero nunca de la Plaza Francia. Una docena de perros murieron. Los vecinos se manifestaron ante las cámaras de televisión a denunciar el crimen, dolidos por la pérdida de sus seres queridos, aquellos de raza que habitualmente lucían, a quienes mimaban especialmente. Si encontraran al culpable a qué jaurías lo echarían...
El gobierno de la Capital Federal ha prohibido la utilización de animales en los circos, también viene limitando y tratando de impedir la entrada a la Capital a las miríadas que todos los días llegan para juntar cartones y comer de la basura. Los camiones cargados, amontonados, con frío, lluvia o sol; chiquitos desnutridos, hombres y mujeres tempranamente envejecidos, viejitos sudando los últimos esfuerzos, rostros de resignación y de dureza... Camiones cargados hacia el matadero o trenes del nazismo hacia la solución final...
De ciencia ficción es lo que se escucha...
El gobierno español impulsa el proyecto de adjudicar a los simios los mismo derechos legales que “gozan” los seres humanos. Están las ONG´s, las Sociedades de Protección Animal, los Greenpeaces, la policía ecológica, los verdes, las “vacas sagradas”, los Liberación Animal...
Están los animalismos y las animalidades.

A. G.


SINDICALISMO PURO VOLVER

En los orígenes, quienes reconocieron el límite intrínseco del movimiento obrero animaban para que éste saltara por sobre su propio vallado, que no era otro que el que la burguesía le forjó. Aquel, el obrero, existía por y para ésta; ésta mutiló y encadenó al hombre para transformarlo en aquel. Esto lo sabían y lo sufrían los anarquistas que buscaban elevar al hombre para que éste viera y se viera por sobre el horizonte obrero, su vallado. Después de observar e imprimirse en la conciencia semejante panorama toda otra oferta que no fuera la Revolución social se evidenciaba como lo que era: poco y nada. Y la conquista que desde la lucha obrera se lograba arrancar, que a algunos satisfacería y que a otros, por efímera, alimentaría su sed, significaba, más que el material conquistado, el espíritu que comenzaba a grabarse en cada uno por la lucha; el hombre que se disponía a saltar desde el obrero. En ello se encarnaba la dignidad y no en lo mucho o poco que se manoteaba.
Los anarquistas perseguían abrir los cauces de la limitación práctica hacia la finalidad dimensionada por el ideal, pero otros, por interés o por chicata perspectiva, obnubilados por el propio vallado o por ser forjadores de éste, hicieron de la limitación el cauce mismo; de la condición subyugada hicieron ideología: hicieron obrerismo. Redujeron al hombre al ser asalariado, le recomendaron el refugio y el orgullo de ser tal; cuanto mucho había que fortalecerse dentro del vallado antes de pensar en franquearlo, y allí se quedaron. Y cuando el movimiento obrero se organizó, federó y adquirió un nombre propio, también de la forma -de esa forma que en su momento expresó lo mejor posible los límites de los cauces que se buscaba desbordar- hicieron ideología. Y más se hizo y se hace cuando los espacios de esa expresión se redujeron hasta una existencia poco más que nominal. Cuando los espacios se achican son las miserias las que prevalecen...
La pretensión de identificar un pasado con un presente, que no es tal, o la de filiar una continuidad en el tiempo, que tampoco es tal, para justificar lo injustificable, resulta de la astucia o del desvalor; como también se busca existir refugiándose en el amparo de siglas. De la misma resultante es la mentira de decirse contrario al “unicato” y abogar por la “libertad de agremiación” -legalizada, por otro lado-, cuando el sindicato único es el otro y el uno es el impedido, al tiempo que lo que se busca, en realidad, no es la “libre competencia” sino ocupar el lugar de influencia exclusiva. Es lo que hacen los partidos políticos con la democracia: la alientan hasta que consiguen todo el poder. Mentirosos como políticos...
Y es político también, es decir tramposo, insistir en que la forma de lucha es la acción directa y que la Ley y el Estado son el enemigo de los trabajadores, al mismo tiempo que se aprueba la mediación estatal en los conflictos y se destaca un eventual carácter “benéfico” de la Ley. Esto es el producto o el productor de confusiones, pero por sobre todo es político...
En los orígenes, los anarquistas que reconocieron el límite intrínseco del movimiento obrero y que pujaban por desbordarlo, no sostenían la lucha por las conquistas inmediatas arguyendo la defensa del “salario digno”, ni la de “abrir fuentes de trabajo”, ni la de “legalizar el trabajo en negro”... Los anarquistas no buscaban medirse con los parámetros burgueses; la finalidad que tan trascendentalmente habían logrado recomendar a la lucha obrera no habilitaba los sofismas ni los desdibujes. Esta es la distancia entre lo que se denominó finalismo y lo que es hoy el puro sindicalismo.
No se abren ciclos históricos con ideales más pequeños que aquellos que les son contemporáneos”: una frase de González Pacheco que habría que tomar como aforismo.

A.G.

 

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