Nº 40
ENERO-FEBRERO 2007

ARTÍCULOS:


LA RECONCILIACIÓN DEMOCRÁTICA VOLVER

La democracia imperante es el triunfo de la dictadura. Y habría que decir que democracia no necesita de comillas ni de adjetivaciones que remarquen una supuesta falsedad por burguesa, representativa o imperfecta. Ni está corrompido su edénico origen ateniense ni está traicionada su finalidad social. Esto es verdadera democracia porque, más allá de que mute en tiempo o espacio, su carácter es siempre el mismo: el consentimiento de la esclavitud, la participación de los oprimidos en la construcción de la propia cárcel. Por supuesto que no es perfecta, como algunos se lamentan; tiene errores, gracias a Dios...
La dictadura no es un error de la democracia. Aquella anida enfundada en el cinto de ésta hasta que los canales del diálogo entre la sociedad y el Estado -es decir, la política-, resultan insuficientes para el mantenimiento del orden. Es entonces cuando es desenvainada de los cuarteles para formatear a la democracia de los escollos de su normal proceso, el consentimiento de la esclavitud.
El pasado proceso de reorganización de la democracia, es decir, la dictadura, es decir, el exterminio sistemático de los opositores que amenazaron el normal exterminio sistemático realizado por la burguesía, cumplió sus objetivos. Objetivos que las fuerzas militares habían fijado en cumplir hasta en tiempos más o menos preestipulados. En Argentina el retorno a la democracia se vio precipitado porque las cúpulas militares se excedieron de su función del exterminio interno para aventurarse en una guerra no pautada: la de Malvinas. A diferencia, en Chile, la recanalización democrática no fue negociada con la oposición permitida sino que fue el resultado de los propios mecanismos institucionales que la propia cúpula militar había fijado.
El triunfo de la democracia -es decir, de la dictadura- consiste en su legitimización como orden social; afirmación que se sostiene tanto con la acepción de utopía perfectible como con la de mal menor preferible. Pero por sobre todo, la mentalidad que atraviesa las diferentes acepciones y que constituye el pilar de la legitimización de la democracia es el reclamo de enjuiciamiento a los operadores directos del exterminio.
La reconciliación nacional reclamada por los sectores reaccionarios, y repudiada por la izquierda, se está llevando a cabo, precisamente, al afirmar a la legalidad y al Estado, junto con la policía, la cárcel, los jueces y todas las instituciones represivas, como los garantes del respeto humano. La reconciliación del Estado con la sociedad es el principal resultado de los reclamos y la puesta en marcha de su autodepuración, según las exigencias actuales. Esto no se dio sin contradicciones. Las primeras tentativas, a finales de la década de los ´80, no habían logrado acumular la suficiente fuerza cívica y mediática y la depuración estatal apenas pudo dar unos pasos. La progresiva pérdida de la capacidad de resistencia de los sectores actuantes del Proceso gracias al creciente consenso democrático que, por un lado, los evidenciaba como ya obsoletos e innecesarios y, por el otro, por las denuncias de los movimientos de derechos humanos que lograron eco en las capas medias y altas de la sociedad, propició, en el marco de una corriente internacional que resignifica y potencia el carácter absoluto de la Ley por sobre las relatividades nacionales, la reubicación de esos elementos usados en los espacios físicos del residuo social -las cárceles-, y como estigma de irracionalidad o de exabrupto estatal dentro del imaginario colectivo.
Los muertos y desaparecidos significan lo visible y manifiesto del Proceso mientras que el miedo, calado más profunda e invisiblemente en la conciencia colectiva, ha empujado a toda una generación social a refugiarse bajo el manto de los mismos verdugos que ayer masacraron a 30 mil personas. Los centros de detención legales son esgrimidos en respuesta a los que no estuvieron sancionados por la Constitución. La cárcel, la misma tortura que siglos atrás era exhibida en forma de suplicio por las calles y hoy solapada con sombra y cemento, es legitimada como la dispensaria de lo humanamente justo, y el juez y el carcelero pasan a ser los fundamentales garantes de ello.
Hoy, los beneficiarios de la dictadura, la burguesía, -“los responsables intelectuales” ya “olvidados y perdonados”- son al mismo tiempo quienes reniegan de las tácticas pasadas empleadas y son los que se deshacen de los perros viejos. Estos andan sueltos, adiestrados y recelosos de sus amos, que no fueron tan leales como ellos mismos...
Las fuerzas del orden, cumplida ya su función de instaurar la democracia, son llamadas a ahora a reorganizarse acorde a las exigencias de la legalidad. Los elementos regresivos y reticentes son limpiados o encausados desde esa exigencia que es legitimada como legalidad protectora y garante de humanidad. Los elementos directamente afectados resisten remarcando la importancia de la función que cumplieron para el mantenimiento de la seguridad estatal. Desechados por el Estado que busca reemplazarlos por nuevas generaciones según la funcionalidad coyuntural, se mueven por los márgenes de la legitimidad que ahora aquél redelimita y redefine, apoyado en los movimientos que históricamente le reclamaron actualización.
En los casos de Julio López y Luis Gerez –éste último completamente oficializado y oficialista– el gobierno se ha puesto a la cabeza del reclamo de esos movimientos. Como ayer el Estado se apropió de la vida de miles, como ayer se apropió de los hijos de los desaparecidos, hoy, la apropiación de los desaparecidos por parte del Estado es reivindicarlos luego de torturarlos, alabarlos luego de arrojarlos desde aviones, rehabilitarlos luego de la picana, de la capucha... El Poder se erigió pisoteando los cuerpos y hoy se pretende revestir con la lucha y con lo que una generación de jóvenes brindó. Mudos, acallados en las fosas, bajo las aguas, entre el cemento de columnas; el asesino se erige como vocero de sus víctimas y se apropia del derecho de venganza, haciendo del sadismo su justicia.
Semejante apropiación es solo posible por esta reconciliación social, resultado de una progresiva entrega de “todo”.

A.G.


PINOCHO, COMPADRE... VOLVER

La mitad aproximadamente lo lloró y el resto –ingrato– festejó. Asesinó, torturó, traicionó, robó, violó, para reconstruir a Chile. Lo logró y demostró que tenía razón, que la senda del socialismo hubiera llevado a Chile a una posición como la de Cuba o Venezuela, que prefieren liderar entre los países pobres a subordinarse al mandato de las potencias y aspirar al desarrollo. El milagro chileno existe, el milagro socialista no. Todo gracias a Pinocho, que hizo lo que nadie se animaba y forjó un país en serio, de derecha, amigo de Occidente y con guarismos económicos que hacen babear a Mariano Grondona, a Domingo Cavallo, a Menem, a Neustadt, Hadad, el finadito Julio Ramos y toda esa muchachada argentina que quiere el progreso, el librecambio, y todas esas linduras para el pueblo inculto.
Como Judas traicionó al Cristo, hasta algunos de sus hijos políticos hoy flaquean frente a los hechos consumados: “La derecha, dividida. El senador Alberto Espina, de Renovación Nacional, reiteró que no asistiría a los funerales porque sería como respaldar las violaciones a los derechos humanos y los delitos financieros. A media tarde, y asumiendo desde ya que no habría funerales de Estado, Marcelo Forni, jefe de la bancada UDI, dijo que esperaba que cuando en Chile hubiera un gobierno “serio” se reconociera la obra de Pinochet. El diputado Iván Moreira sacó todas sus banderas de pinochetista acérrimo y poco después de que el gobierno anunciara que no habrá duelo oficial por la muerte de Pinochet, salió del Hospital Militar diciendo que "ha muerto el estadista, el libertador, el fundador del Chile moderno" y llamando a la gente, y a la UDI especialmente, a salir a las calles a respaldar a Pinochet. Puede parecer extemporáneo, pero es la verdadera cara de buena parte de la derecha que hoy se aleja de Pinochet por conveniencia política, pero que en privado no teme justificar los crímenes de la dictadura como un costo que había que pagar para “salvar a Chile del comunismo” o para imponer el modelo económico neoliberal” (Clarín, 11/12/06).
La izquierda democrática festeja. Los partidos de centro se despegan del fiambre aún caliente, “horrorizados por sus violaciones a los derechos humanos”. “Violó a la Democracia”, dicen con horror; “repetidas veces”, podríamos agregar, y hasta “seguro que a la zorra le gustó”. Pero no la mató, sino que a la larga la fortaleció tanto que hoy, muerto el tirano, la Democracia se atreve a negarle honores fúnebres.
La gran pregunta que se hace la derecha es ¿por qué lo odian tanto? ¡Qué desagradecido es el pueblo, que no reconoce a sus héroes! El propio Pinocho se preguntaba: ¿por qué quieren que pida perdón si son ellos los que deberían pedirlo? Por eliminar algunos opositores políticos, es decir, algunos miles. De todos modos eran rojos indeseables que traían toda clase de problemas al país. O indígenas que reclamaban por tierras que las perdieron legítimamente a manos de los conquistadores y el Estado chileno. O eran obreros –es decir, vagos que trabajan porque sino se morirían de hambre– que hacían huelgas para llevarse todo y dejar a los pobres patrones y a las ilusas multinacionales que LES DABAN TRABAJO, arriesgando todo su capital, todos sus ahorros de generaciones para que estos sinvergüenzas se beneficiaran. O estudiantes que lo único que querían era hacer política, en vez de estudiar.
Y la derecha, es decir, la mitad pinochetista de los chilenos –y un montón que no lo reconocen abiertamente– argumenta, no sin algo de lógica: “Pinochet gobernó durante 17 años, y les dio toda la seguridad que necesitaban los chilenos para enfrentarse al futuro. Dejó un país sin revolucionarios –bueno, quedaron algunos porque Pinochet no era perfecto– sin corruptos, sin explotados, con libertad absoluta –mientras no se convierta en libertinaje que afecte a la nación– todos con igualdad de oportunidades, un pueblo que piensa para adelante, que crece y se desarrolla, que es un ejemplo en derechos humanos, medicina social, justicia… Bueno, ya sé que hubo corrupción, pero es como un premio por los servicios prestados, en qué país no hay. Que robó para él. Sí, pero lo que pasa es que como siempre fue la máxima autoridad, quién lo iba a premiar, y se tenía que premiar solo, pobre. Explotación no hay, en un sentido estricto: esclavos ya no quedan. Ahora, si se considera a los asalariados, entonces sí, como en cualquier país. Si tienen sueldos bajos es porque se lo merecen, si no han estudiado. De todos modos siempre hay lugar en las fuerzas de seguridad si uno quiere progresar. Si hasta el pobre anciano murió un 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, para que nadie le cambiara la fecha para homenajear su obra. Y todavía un montón de inadaptados festejan con champán en las calles, sin preocuparse por la imagen chilena en el exterior”.

Resumiendo, éste es el país que legó Pinocho a los chilenos:
- Las operaciones de la DINA, aún más eficiente que la CIA o la GESTAPO, experta en la eliminación y tortura de opositores al Estado.
- El plan Cóndor, que eliminó a la subversión en diversos países latinoamericanos afirmando la hermandad de nuestros pueblos en la colaboración para asesinar y secuestrar a los arteros enemigos (Prats, Letelier, etc.). Pinochet recibió la inestimable ayuda de sus amigos milicos argentinos Videla y Massera.
- Eliminación de combativas organizaciones obreras, campesinas, estudiantiles y barriales que hacían de Chile un país ingobernable (tanto para la derecha como para la izquierda).
- Miles de personas fueron detenidas, llevadas a cuarteles militares, prisiones y campos de concentración improvisados como el Estadio Nacional de Fútbol de Santiago (unos 5.000), para ser torturados o asesinados. A Víctor Jara, el cantor popular más famoso de Chile, le quebraron las manos y lo ejecutaron.
- Miles fueron de personas fueron sujetas a torturas aberrantes, maltratados y encarcelados y en las primeras dos semanas miles de personas fueron asesinadas. Se aterrorizó a la población despedazando los cadáveres y arrojando sus restos al río Mapocho que atraviesa la Capital de Chile. Un recordatorio para el resto.
- Se bombardeó el centro de Chile y el Palacio de La Moneda, asesinando al presidente reformista Salvador Allende.
- Se aplicó una receta neoliberal y monetarista, se devolvió lo expropiado a los capitalistas y se abrió el país a la inversión extranjera. Los sindicalistas y gremialistas de base, fueron eliminados. Se redujeron los salarios a un patrón de vida mínimo para los trabajadores, desempleo permanente y estructurado, eliminación de servicios sociales, atmósfera de terror permanente.

Ahora que Chile es un país democrático, que el trabajo sucio, al menos lo más importante, ya está hecho, todos hacen leña del árbol caído. A Pinochet lo comparan con Videla, con Hitler, con Mussolini. No, muchachos, no entienden nada. Pinochet triunfó, y cuando se triunfa el fin justifica los medios. Cuando sobreviene la derrota entonces el pensamiento político democrático, liberal, marxista o facho apunta a los medios. Si vamos ganando está todo bien. Es la esencia de la “razón de Estado”. Pinocho fue como Franco.
Y no hay nada peor que el hecho de se pueda disfrutar de los beneficios del primer mundo -aunque sean las sobras- cuando eso poco que tenés te lo dio tu amo, el que te apaleó y se murió con una bolsita de alimento para perros en la mano, y que vos te la ibas a comer gustoso mientras lo criticabas. Ahora le mordés la mano, liberalmente, y te lamentás de que murió impune. La única vez que se intentó hacer justicia con Pinochet fue cuando un grupo subversivo intentó asesinarlo y la rata miserable logró escabullirse. ¡Claro que eso está mal, es autoritario, antidemocrático! Esto es la democracia, lo que logró Pinochet. Les dio lo mismo que en el fondo les hubieran dado los reformistas de la izquierda socialista que Pinochet se encargó de asesinar. Si te gusta la democracia, tené cuidado que el paquete viene completito, con Hitler, Mussolini, Franco y Perón. Con los partidos de izquierda y derecha, con Fidel y Chávez, los burócratas sindicales y la televisión estupidizante de la joda y la patria futbolera. Y si no te gusta, ya sabés por donde pasa la cosa.

Lobisón


EL GOLPE CONTRA ALLENDE Y LA IZQUIERDA VOLVER

Extractado del folleto “Chile 1972-1973: Revolución y contrarrevolución”, de Mike González. Si bien no estamos de acuerdo con muchas de las concepciones del autor, la cita sirve para desmitificar la novela rosa de la resistencia contra el fascismo imaginada por la izquierda.

En la ciudad de San Antonio, el Estado de Emergencia puso en evidencia a un hombre que se volvería infame como dirigente de seguridad estatal después del golpe, Manuel Contreras. Pero, en San Antonio, él encontró resistencia firme por parte de acciones de masas coordinadas. En el Teatro del Pueblo en Osorno, las organizaciones locales se reunieron bajo la dirección del Cordón local y publicaron un programa por el inmediato restablecimiento del control obrero de la ciudad. Ese programa incluía más expropiaciones de fábricas, apoyo a las luchas de los indios Mapuche por la tierra, el compromiso de reorganizar el servicio de salud bajo control de los trabajadores, y una invitación a los soldados rasos a desertar y sumarse a los trabajadores. Aquí la cuestión estaba puesta de forma explícita: era un desafío al Estado burgués.
El día 3 de agosto, Allende anunció un nuevo gabinete formado por ministros de la UP y por generales. Eso era totalmente consistente con sus acciones y declaraciones hechas recientemente. Allende se había entregado completamente a la idea de que la cuestión clave era defender y sustentar al Estado burgués. En esto, él y la burguesía estaban de acuerdo.
¿Quién era entonces el enemigo? El líder del Partido Comunista, Luis Corvalán, en un discurso trágicamente famoso hecho en Santiago el día 8 de agosto, dejó la cuestión clara y sin ninguna sombra de dudas. El alabó el firme patriotismo y lealtad de las fuerzas armadas y en el mismo discurso denunció a la ultraizquierda, a la cual él equiparaba con los grupos fascistas de Patria y Libertad, como responsables de la violencia. En los tres días anteriores el ejército había ocupado algunas fábricas en el Cordón de Cerrillos y la marina había entrado a la fuerza en el Hospital Van Buren en Valparaíso.
Cuando Corvalán y Allende atacaban a la ultraizquierda, estaban dirigiendo su veneno contra la única fuerza visible que desafiaba activamente al Estado: la propia clase trabajadora. Existen pocas ocasiones en que las organizaciones de izquierda se enfrentan con posibilidades tan dramáticas y creativas como las que les fueron ofrecidas por las organizaciones obreras —los comandos y los cordones— en Chile de julio y agosto de 1973. El largo y paciente trabajo preparativo de cualquier organización revolucionaria, está dirigido, justamente, hacia un momento determinado, pero una vez en que ese punto es alcanzado, existe poco margen para la vacilación o el debate. Es el momento para ser tomado, o ser perdido. La izquierda chilena no estaba a la altura de la tarea.
En realidad el golpe no fue una sorpresa para nadie. El Partido Comunista, por ejemplo, sacó un cartel dos días antes del golpe, con la frase: “No a la violencia de izquierda ni de derecha”. Cuando los militares asumieron el control del poder, militantes de varias organizaciones esperaron en vano las instrucciones de sus dirigentes. Con excepción de resistencias esporádicas y aisladas, no hubo una resistencia organizada al golpe. La lucha estaba perdida y el movimiento llevado a la derrota por sus dirigentes reformistas.


CON LA DEMOCRACIA SE DESAPARECE, SE MATA, SE TORTURA… VOLVER

Luis Gerez, un albañil de 51 años, fue secuestrado y liberado a las 48 horas luego de un revuelo mayúsculo en los medios. El hombre había declarado contra el torturador y asesino Luis Patti, legendario represor de la zona norte de Buenos Aires, intendente y diputado elegido por el pueblo democrático y amigo de la paz de los cementerios que nos da seguridad. Cuando ya parecía que se repetiría el caso reciente de Jorge Julio López, testigo que desapareció luego de declarar contra el asesino comisario Etchecolatz, de repente liberaron a Gerez, con signos evidentes de haber sido torturado.
Esta vez el gobierno apretó las clavijas, dispuesto a no tolerar lo que consideró como un ataque a su política. Las líneas de investigación comenzaron con Patti, apretaron por sus amistades y contactos y pronto apareció el secuestrado. Patti hizo lo posible por desmarcarse del asunto: “Va a haber una sorpresa muy grande; le pido al presidente de la Nación que diga a qué línea política pertenecen los que secuestraron a Gerez, aunque sean del oficialismo. ¿Y si fue la izquierda y simpatizantes del Gobierno, qué va a decir el Presidente? Estoy molesto, las cosas sucias no sirven, el Gobierno ha hecho algo malo.” Patti salió a embarrar la cancha y tiró mierda para todos lados, se rasgó sus vestiduras indignado como si no conociera a sus seguidores que perpetraron el crimen, para no perder políticamente. Sin dudas, Patti no ordenó el secuestro de Gerez, pero siempre hay alguien más papista que el Papa, que por congraciarse o halagar a su jefe le hace un obsequio de Navidad.
Pero siempre accionó así Patti y toda la policía. Antes de la brutal y aterradora vivencia de lo que fue la dictadura de Videla, por 1972 en Escobar, ya Patti andaba encaminado en su vocación policial: “En ese tiempo en Escobar había un solo cine, íbamos todos, nos encontrábamos todos y nos conocíamos todos. Había pasos, cruzadas. Yo sabía que no sólo a mí me decía: ‘Negro, te tengo en la mira. Negro, ¿en qué andás vos? Te voy a voltear’. Nos cruzábamos muchas veces. Entonces, uno no lo tomaba en serio, era gracioso; al final terminaba siendo gracioso” declaraba Gerez en el juicio contra la rata torturadora. “En el año 1972 todavía no cumplía diecisiete años. Hubo un crimen en mi barrio: mataron y violaron a un chico que era conocido mío. Entonces fui detenido por dos o tres días. Una madrugada me llevaron a mí y a un primo mío a la comisaría de Escobar.” Como siempre, la práctica de la tortura fue algo habitual en las comisarías, y lo sigue siendo, por cualquier tipo de delito. A Gerez lo torturaron no por cuestiones políticas sino por una averiguación rutinaria. Otra actividad habitual del joven Patti y sus secuaces era amenazar en las canchas de fútbol, en los bares o donde se cruzara con sus próximas víctimas.
Para el gobierno fue fácil encontrar la pista: “Empezamos a seguir el rastro Patti. Supimos que todos los testigos de la causa Gonçalves habían sufrido amenazas porque debían declarar contra Patti. Entonces dedujimos que podía ser Patti o que se hubiera producido un fenómeno similar al de Gregorio Ríos, en relación al asesinato de José Luis Cabezas. Tal vez lo mandó a amenazar y lo terminaron secuestrando”, dijo un funcionario a Página/12. Lo largaron para no perjudicar a su caudillo torturador y que la cosa no pase a mayores. Kirchner y su gobierno intentan hacer pasar el caso por “mano de obra desocupada”. Falso; los tipos sin lugar a dudas son integrantes de fuerzas de seguridad privadas o del Estado, y no son nostalgiosos del Proceso militar, sino componentes bastante ordinarios y frecuentes del ramo. Profesionales de la muerte, con ocupación plena, en democracia. No son una aberración, son una necesidad del sistema, o mejor dicho, de cualquier sistema capitalista y/o estatal.
A diferencia de López, el gobierno actuó. ¿Por qué no pasó lo mismo con López? Es obvio que el gobierno tiene conocimiento que fue asesinado, pero probablemente la resolución del caso no lo beneficie directamente. Al contrario del caso de Escobar, Etchecolaz no es una figura con proyecto político como Patti sino un represor anciano, despreciado por la sociedad aunque amado por sus ex subordinados de la cana. Alguno, por despecho, secuestró a López, o al menos eso parece. El gobierno quiere alinearse como progresista enfrentándose a Patti y defendiendo el discurso de los DD.HH. ¿Hay que ver en esto cinismo gubernamental? No, es la archiconocida razón de Estado. En Venado Tuerto secuestraron a otra persona durante 11 días también por cuestiones políticas, en otro caso parecido, pero que no conmovió a los medios. Tampoco movilizó al gobierno ni a nadie (la prensa, organismos de DD.HH., partidos políticos). Es parte de la rutina, de la siesta represiva cotidiana que se sufre desde el Estado y todos sus cánceres adyacentes.
Una militante de izquierda de Escobar relataba a un diario que: “Vivimos en un municipio con componentes fachistas. Vivimos rodeados de gente que quiere al padrino, que es Patti. Es casi el síndrome de Estocolmo, porque este municipio es de los que más desaparecidos tuvo. Patti incluso inauguró como intendente una calle con el nombre de una chica que él mismo torturó”. Escobar, Pilar… Toda la zona norte del Gran Buenos Aires es territorio liberado para la mafia policial. Y tiene apoyo democrático y popular la cosa, porque los votantes eligen a Patti no porque no crean que es un torturador, sino porque están seguros de que lo es. Porque les da seguridad, plazas limpias y sin borrachos, porque los inspectores de tránsito trabajan las 24 horas, porque “acá nadie roba”. Para la mentalidad policíaca de los demócratas, que considera a la policía como algo necesario, tolerar la tortura y el asesinato es un precio bajo a cambio de la tranquilidad, el oren y la moderación.
La democracia no es incompatible ni con el terror, ni con la tortura o la muerte A veces se necesitan, a veces se dan juntos. La Triple A, la organización de derecha que asesinó a miles de opositores entre 1973 y 1976 actuó en democracia, con los mismos métodos. Violaban, mataban, torturaban. El promedio de su accionar anduvo en unos 3 asesinatos por día, varios miles de exiliados por temor, la desintegración de cientos de organizaciones populares que no podían accionar cuando sus militantes huían despavoridos para no terminar colgados de los árboles o en una zanja, luego de indecibles torturas y el cuerpo desintegrado a balazos. El terror funcionaba. Aún funciona.

Lobisón


DESAPARECIDOS VOLVER

Publicamos el siguiente artículo recibido por correo electrónico.

Hace unos días tuve una conversación con un compañero mendocino que me abrió una dura reflexión. Hoy, a raíz de la desaparición en Escobar de Luis Gerez me decidí a volcarla aquí en el blog* por dos motivos y dos propósitos.
Motivos:
1) me urge reaccionar contra las desapariciones porque las considero aberrantes y no creo en las segundas mejillas.
2) reflexionar en escritos me sirve para ir formando mis propias ideas.
Propósitos:
1) intento abrir las discusiones que considero importantes con quienes acepten la propuesta de confrontar ideas de forma creativa y solidaria para fortalecer las ideologías autónomas y libertarias, entendiendo siempre a las ideas como imágenes mentales (orgánicas) y no como abstracciones salidas o quitadas del mundo social. Las ideas componen acción y no se oponen a ella.
2) existe la necesidad de cuestionar lo incuestionable. En el mundo democrático los “Derechos Humanos” se han instituido como discurso progresista y poner en cuestión su determinación hegemónica pareciera ser una tácita prohibición.

Parto de la base de que eso que llamamos “derechos” implica una visión legalista de la libertad. Si se da una lectura a las declaraciones internacionales de derechos humanos se ve que constituyen descripciones de todo lo que una persona puede hacer mientras el Estado lo tolere. Los derechos humanos son, actualmente, una reivindicación de “las libertades” de los hombres respecto del Estado, y se autoriza (o se acepta autorizar) al Estado a quebrarlas cuando éste se encuentra amenazado.
Muchos de los que nos criamos en tiempos de dictadura fuimos muy influenciados por el pensamiento democrático como antagonismo maniqueo de la dictadura. En lo personal salirme de los discursos democráticos implicó una ruptura muy profunda y radical que no ha sido fácil. Y siempre quedan astillas.
Julio López fue llamado el 30.001. Yo mismo usé esa expresión en este mismo bolg. Sin embargo sabemos que hay permanentemente violaciones a esos “derechos humanos” que no se contabilizan porque forman parte de una negación colectiva. Para corroborarlo basta con revisar las publicaciones de la CORREPI(1) o sencillamente basta con salirse de la oficialidad informativa de los medios de comunicación o de los reclamos sectorizados de los “organismos”.
En Mendoza me contaban acerca del caso de este pibe de 14 años que fue asesinado mientras sacaba carbón de un tren carguero en Luján de Cuyo. El pibe se llamaba Mauro Morán. El mismo diario Clarín dice, en una nota(2) del 6 de mayo, lo siguiente:
La reacción violenta y trágica de ayer de la Policía mendocina, tiene numerosos antecedentes similares. Las denuncias de torturas, desapariciones y muertes en los últimos años llevaron a la ONG Human Right Watch, en 1998 a mencionar a la Policía de Mendoza como una de las más brutales.”
Uso este ejemplo porque es el que conversamos en Mendoza y no porque sea más o menos importante que todos los demás. El punto es el siguiente: ¿tiene sentido pedir el desmantelamiento de las fuerzas represivas y a la vez pedir juicio y castigo? ¿Tiene valor el discurso en defensa de los derechos humanos cuando es perfectamente asimilada por el mismo sistema que reprime?
La Nación dice: “Una fuente que suele transmitir las palabras del Presidente dijo casi a medianoche que la desaparición de Gerez “es un mensaje mafioso” con “connotaciones políticas” en contra del presidente Kirchner. “Esto está dirigido contra la política de derechos humanos del Presidente y para parar los juicios que se vienen por la represión”, añadió la fuente.
Y luego dice: “Gerez había acusado a Patti de haberlo torturado”. “Consultado por La Nación, Patti dijo: “Me parece que este palo no es para mí solamente. Es también contra el gobierno nacional y contra el provincial. Hay temas que van contra las instituciones más que contra un dirigente.”
La demanda democrática de imponer la legalidad regente y reivindicar la institucionalidad política estatal es en sí misma una demanda de reestructuración del aparato represivo según las nuevas condiciones políticas.
Con palabras de la CORREPI: “Se confirma así, con los números, que una vez finalizado el trabajo encomendado a los militares de la última dictadura, en la Argentina “democrática” la represión cambió de forma para adaptarse a las necesidades del nuevo sistema político. A partir de 1983 ya no se reprimiría en forma abierta y sistemática, sino silenciosamente, con masividad pero sin repercusión pública. Cumplida por la dictadura la tarea iniciada años antes de aniquilar la resistencia de trabajadores organizados altamente combativos y grupos políticos radicalizados, el objetivo de esta “represión preventiva” es disciplinar a la clase de cuyo seno surgen la resistencia y la confrontación, para garantizar que “Nunca Más” el sistema de explotación capitalista fuera cuestionado seriamente en el país. Qué mejor para lograr ese objetivo que la atemorización del pueblo por medio de castigos ejemplares aplicados cotidianamente, y potenciados por el grado de “naturalización” que los invisibiliza.
“[...] El análisis del componente etario permite ratificar que los jóvenes son el blanco favorito de esa política preventiva, precisamente por ser el sector con mayor potencialidad de rebeldía y por ende quienes primero y más profundamente deben ser disciplinados. Más de dos tercios de los casos corresponden a la franja de varones pobres de 15 a 25 años.
“[...] “no hay purga que pare el gatillo fácil”, ni se puede atribuir superficialmente la continuidad y profundización represiva a “resabios de la dictadura”, a “desbordes individuales” o a “planes de estudio inadecuados con poca formación en DDHH”. Es significativa la cantidad de hechos protagonizados por “nuevos cuadros” de las estructuras que una y otra vez han sido reformadas, purgadas, descabezadas, capacitadas y sometidas a cursos y talleres de DDHH, muchas veces dictados por dirigentes de ONGs que apuestan a la posibilidad de la “democratización” del aparato represivo del Estado.
El reclamo de aparición con vida de Julio López y ahora de Luis Gerez, las denuncias de Carlos Losada(3) así como las distintas denuncias de amenazas e intimidaciones a militantes o testigos, son imprescindibles. No se trata de negar este fenómeno de avance de sectores duramente represivos sino de señalar que es mentira que la numeración 30.002 sea más que una bandera sectaria. El “gobierno de los Derechos Humanos” es un gobierno represor y particularmente violador de esos mismos derechos que invoca.
Pero todo esto no es un asunto de derechos. No debe ser posible torturar, asesinar, desaparecer, secuestrar, y dar uso de las demás prácticas del sometimiento más violento y explícito. Estas prácticas son prácticas de Estado. Históricamente el discurso de los organismos gravitó en torno al hecho de que haber sido aquellos crímenes perpetrados por el Estado era un agravante del caso. Actualmente se le da más importancia a los crímenes de organizaciones mafiosas paraestatales (o al menos así se intenta administrar las culpas) que a las flagrantes violencias represivas del Estado. Madres y Abuelas de Plaza de Mayo han exigido siempre, al Estado, la aparición con vida porque, decían, ellos se los habían llevado. El Estado fue responsable de los crímenes hasta que asumió Kirchner. Luego del festejo compartido en Plaza de Mayo con el presidente bonachón, Madres y Abuelas cambiaron el rumbo. Ya no era el Estado, sino los otros gobiernos. No son las madres y abuelas del pibe que tortura y asesina el Estado en manos del Kirchnerismo día por medio actualmente. Son las Madres de los militantes torturados y asesinados entre 1976 y 1983. Son las madres de sus propios hijos, lo cual no es para nada cuestionable. Pero no son madres ni abuelas de ninguna dignidad.

Las cifras K son impactantes(4):

CANTIDAD DE CASOS DURANTE LA ACTUAL GESTIÓN PRESIDENCIAL (sobre casos 25/5/2003- 6/12/2006)
• 2003: 103 desde el 25/05/03
• 2004: 178
• 2005: 195
• 2006: 159 hasta el 6/12/06
El promedio de casos en los 42 meses de gestión K es de un muerto día por medio.

CIRCUNSTANCIAS DEL ASESINATO (sobre casos 2003-2006)
• Muerte en cárcel o comisaría: 42,04 %
• Gatillo fácil: 42,04 %
• Fusilamiento por discusión: 8,11 %
• Asesinato de Terceros: 1,62 %
• Causas Fraguadas: 0,44 %
• En protesta social: 0,15 %
• Otras modalidades: 5,60 %

RANGO DE EDAD DE LA VÍCTIMA (sobre total de casos con datos)
• Hasta 14 años: 0,90 %
• De 15 a 25 años: 67,78 %
• De 26 a 35 años: 18,56 %
• De 36 a 45 años: 6,64 %
• Más de 45 años: 6,1 %
En el Gráfico nº 5 se aprecia que casi el 40 % de las víctimas era menor de 21 años, lo que correlacionado con el anterior confirma el perfil del blanco del gatillo fácil y la tortura: adolescentes y adultos jóvenes.

Por todo esto creo que es importante dar la discusión acerca del sentido que puedan tener los reclamos de “Juicio y Castigo”. En este momento en que escribo escucho en el noticiero de Canal 13 que la desaparición de Luis Gerez es de una “enorme gravedad institucional”. Y entonces la pregunta es si ese es el problema. ¿El problema es verdaderamente la gravedad institucional? ¿Son las instituciones en peligro lo que nos alarma? ¿O la desaparición de Luis Gerez y el asesinato de Mauro Morán, la desaparición de Julio López y el asesinato día por medio?
La institucionalidad cuya integridad es reclamada a gritos en virtud de la democracia es aquella que asesina y que tortura y que desaparece. La institución que juzga y castiga tiene la virtud de saber seleccionar entre los miembros de una clase y los de otra. Es la institucionalidad que admite que en Luján de Cuyo (por seguir con el ejemplo) se vive en tales condiciones que se hace urgente robar carbón.
¿Y entonces qué hacemos? se me dirá inmediatamente, ¿dejamos a todos los milicos sueltos?. Es necesario romper este perverso maniqueísmo que opone lo malo a lo peor con tal determinación que la bestialidad de un modelo dictatorial se constituye en el justificador, legitimador y soporte argumental de esta otra dictadura, la democrática, que lo que hace, más que transformar un sistema de violenta represión, es desplazarlo hacia otro destinatario. El juicio y castigo no es respuesta. Yo prefiero, indudablemente, la democracia a la dictadura. Yo prefiero, indudablemente, que Etchecolatz esté preso y no tranquilo en su casa. Pero ninguna de estas opciones es válida ni merece ser proclamada. Elegir y decidir son dos cosas bien diferentes. Si la decisión no está en manos de la población autónoma independiente de toda estructura represiva, si se admite y reivindica el Estado con toda su institucionalidad, no hay salida ética, política ni socialmente válida, y estaremos demasiado cerca de reprimir con las mismas herramientas con las que somos o fuimos reprimidos.

Hernún

* http://hernun.com.ar
(1) Las citas a CORREPI de este artículo son tomadas de su página de internet, más concretamente del siguiente enlace: http://www.correpi.lahaine.org/articulo.php?p=755&more=1&c=1
propongo que se lea ese artículo que describe y analiza la situación actual del aparato represivo en Argentina.
(2) http://www.carin.com/diario/2006/05/06/policiales/g-01190633.htm
(3) http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-77837.html
(4) Detalla la CORREPI: Las pautas que utilizamos para la construcción del Archivo son las siguientes:
1) Sólo incluimos los casos que culminaron con la muerte de la víctima.
2) Sólo incluimos aquellos casos en los que el o los homicidas eran miembros de las agencias represivas del Estado: policía federal, policías provinciales, gendarmería, prefectura, servicio penitenciario, seguridad “privada” o fuerzas armadas.
3) Sólo incluimos aquellos casos en los que la muerte se produjo en circunstancias en que la víctima no revestía peligrosidad alguna respecto de terceros o del homicida.
4) Incluimos casos de gatillo fácil propiamente dicho (fusilamientos enmascarados como pseudoenfrentamientos), gatillo fácil “culposo” (muertes de terceros causadas por la policía en enfrentamientos reales), muertes en cárceles y comisarías, tortura seguida de muerte y desapariciones.
5) El mes de diciembre se incluye en el Archivo del año siguiente, ya que la publicación es a finales de noviembre.


PINOCHET, LA CÁRCEL Y LOS CARCELARIOS VOLVER

Detrás de una mentalidad carcelaria existe un potencial torturador, como dice un compañero.
La idea de supresión y hasta la de venganza no implica necesariamente la de castigo. Ésta, el castigo, es la idea judeocristiana por excelencia, la consagrada por la religión y por los códigos de todos los Estados; la más cruel, la aplicación de una pena, de un sufrimiento, para corregir una conducta, para ejemplificación propia o ajena, como amenaza o como concreción, y todo un aparato edificado para su posibilidad; cárceles, comisarías, jueces, legisladores, policías, carceleros, patrullas, esposas y grilletes, volúmenes redactados y sancionados y toda una ciencia y tecnologías levantadas en torno al castigo. Monopolio del verdugo y reclamo de quienes bajo él se resguardan.
Pinochet, el verdugo de Chile, murió de viejo. Cumplió su ciclo vital y estatal llevándose consigo miles de muertos y torturados. Entre quienes reclamaron desde siempre su encarcelamiento habrá quién habrá creído en la función reeducadora de la prisión y en la posibilidad de que semejante asesino pueda rehabilitarse de algún modo; autocriticarse, pedir perdón, llorar... poder en algún momento hasta mantener un diálogo cordial y sincero –sin los lentes negros “para ocultar la mentira que reflejan los ojos”, como el mismo Pinochet explicaba–, poder convivir en sociedad... Habrá pensado que un ser así puede cambiar, que un correctivo lo podría haber hecho pensar... Habrá otros, como el juez español Baltasar Garzón, que luchó –porque arriba también luchan– por su enjuiciamiento porque Pinochet no respetó la ley, y como juez, acostumbrado a perseguir a etarras y anarquistas por ilegales, es consecuente con su misión suprema: procesar y encarcelar a quienes cometen ilegalidades. Pero los otros, quienes se sienten en solidaridad con las víctimas de Pinochet, quienes dicen apuntar a una sociedad donde estos sufrimientos no tengan lugar, resultan los más vehementes defensores de la cárcel y de todo lo que ello implica, y pretenden justificar ese reclamo de sadismo con oropeles éticos y como una conquista ganada por la lucha social.
A la víctima ¿cómo no entenderla?. Quien sufrió en la carne las atrocidades suele ver las cosas del color de la sangre y pretende una respuesta del mismo tono en que recibió. Es entendible. Pero las justificaciones son otra cosa, tomar como punto de partida y hacer ideología a partir de eso es abalar el martirio y tornarlo en técnica razonada y aceptable.
Algunos prefieren la cárcel para el genocida antes que desearle la muerte porque conciben que pasar la vida bajo la sombra y el cemento es algo más humano*. Otros para que el sufrimiento se extienda en el tiempo... Torturadores en potencia; torturadores por impotencia...

La impotencia es una realidad forzada y difícil de sobrellevar, pero de nuestras limitaciones y temores no podemos hacer nunca caudal, a no ser al precio de legitimar a los asesinos y entrar en tratativas con los carceleros de turno para sumirnos aún más en nuestra condena. Lo que prevalece en la cultura de la delación es toda una serie sofismas, agachadas y renuncias fundamentadas y sostenidas en la concepción del mal menor; es decir, en hacer ideología de la impotencia. Y, como hace de la resignación su máxima, esta concepción es el principal soporte de todos los sufrimientos que produce la sociedad de clases. Ante Pinochet, como con otros, ese caudal hecho de las impotencias y miedos, ha llevado a la casi totalidad de militantes y de gente sensible ante la cosa a ampararse en el reclamo carcelario. Y la adhesión a esa mentalidad e institución, además de reflejar esos miedos e impotencias, no hizo más que solidificar todas las fuerzas que mantienen la propiedad privada de las riquezas. Y cuando la justicia estatal no se aplica queda la justicia divina, el último consuelo de los adoradores del castigo.
Cuando la reivindicación conlleva el mismo carácter policial de los elementos a los cuales se opone, lo que queda erigido y fortalecido, por semejante crítica constructiva, es la institución. Los “malos” elementos son señalados para que los “buenos” elementos cumplan con su deber. Que un Estado juzgue el accionar de un sector interno, por significar éste una disfuncionalidad coyuntural, no tiene nada que ver con una “conquista popular progresiva”. El equiparar la reivindicación carcelaria para los militares que actuaron ilegalmente con una conquista planteada ascendente, como ser las horas de trabajo u otra cosa que los oprimidos puedan manotear, es completamente falso y peligroso. Lo que conquista progresivamente mediante la reivindicación carcelaria es le Ley y todo lo que ella implica. Ésta avanza sobre terrenos antes marginales a su dominio y los que le prepararon ese terreno y la llamaron a actuar presentan esta conquista de los poderosos como si fuese un progreso contra estos mismos. La extensión de las funciones y atributos de la policía pasa a ser “un triunfo de la lucha popular”.
Y aquí dos concepciones que convergen: el reclamo por seguridad y el reclamo contra la impunidad. La una, vociferada desde lo más reaccionario de la sociedad para reprimir a quienes son empujados a atentar contra la propiedad; la otra, solicitada por los sectores progresistas para reprimir a quienes defienden la propiedad sin respetar los “derechos humanos”. Ambas convergen en ampliar y reforzar el accionar de las instituciones represivas, justificando, legitimando y exigiendo la existencia y efectividad de la Ley desde estos dos flancos que constituyen al Estado.
En una oportunidad discutíamos con un integrante de O.S.L. (Organización Socialista Libertaria) editores del periódico En la calle, sobre su redundante reclamo carcelario. En un momento de la discusión, aceptando que la cárcel no tenía nada que ver con lo que los anarquistas proponemos, no le quedó más que decir que como cárcel y militares golpistas son la misma cosa debían estar juntos. Un argumento que bien podría aplicarse a policías y comisarías, jueces y juzgados, dinero y bancos... un lugar para cada cosa y una cosa para cada lugar, todo aristotélicamente en su sitio. En otra discusión con otro integrante del “anarquismo organizado”, ahora en otro grupo reciclado, cuando éste reivindicaba el encarcelamiento de Pinochet en Inglaterra, se le planteó la opción de ofrecerse a cuidarlo para que no se escape... porque los anarquistas no queremos representantes.

“¿Pero qué hacemos entonces hoy con los genocidas?”, preguntan insinuando ya a la policía como única y fatal alternativa. “¿Los dejamos sueltos por la calle...?”.
Y en la calle hay de todo, como en “las viñas del Señor”; hasta habrá alguno más atrevido que todos nosotros.

A.G.

* Saddam Hussein fue condenado y ahorcado por un tribunal. Los periodistas, abiertamente de izquierda, del noticiero internacional Visión 7, de “La televisión pública”, decían estar en contra de la muerte y en cambio a favor de que pase el resto de su vida en la sombras porque eso es mucho más humano. Esto no tiene nada que ver con tomar partido por el caso concreto de Hussein ahorcado, -alguien que ordenó la muerte de un millón de iraníes y quién masacró a la población kurda con armas químicas, alguien que mereció simpatía por una parte de la izquierda por estar enfrentado a los EE.UU.-; el ahorcamiento de Hussein es parte de una interna entre Estados. La cuestión es la definición de lo qué es humano y justo que propagandiazan todos estos generadores de opinión y la sistemática invitación a renunciar a la violencia que pudiera ser practicada por fuera de la prescripta por el Estado, y el ulular llamado de sus aparatos a enrolarse bajo la mentalidad del carcelero.


RADOWISKY VOLVER

¡Cuatro años!... el 14 de noviembre de 1909 cayó Falcón, el autor execrado de la masacre de obreros del 1° de Mayo del mismo año. ¡Breve y corta fue la espera; sonante y no imaginado el escarmiento! El instrumento de esa justicia popular, el brazo ejecutor y también la voluntad que dirigió el brazo -¡Radowisky, Simón Radowisky!- está actualmente en Ushuaia, en la helada Ushuaia, donde no se manda únicamente a los que obraron con el hecho -a los que esto lo descontaron, pues ellos “se dieron a perder como otros a ganar”, según la frase manriquina de Machado- sino a los que obraron con la palabra por la libertad de los oprimidos: testigos nosotros que allí hemos estado.
El instrumento de la voluntad falconiana, de la voluntad que abrió sobre la muchedumbre rota, flaca y descolorida el fuego de fusilería que en aquel día segó y tendió tantas vidas en el empedrado de la calle -¡Jolly Medrano, el jefe Jolly Medrano!- está hoy en el mismo puesto, manda los mismos hombres y responde más o menos a la misma voluntad, pues Falcón fue sustituido y la condena a la muchedumbre rota, flaca y descalza pesa con la misma fuerza, porque no es condena por delito sino defensa con bayonetas para no dejarla llegar a aquello que le han despojado: aquello que le ha dejado rota, flaca y descolorida y ha enriquecido, adornado y vestido con una dignidad nueva a sus parásitos y explotadores. ¡No! No es condena por delito y posiblemente con éste no se use tanta barbarie; ¡es simple defensa de la propiedad, del derecho de propiedad! La ley es así; el mundo está constituido de esta forma.
Contra el que rompe un vidrio y más si es de un patrón poderoso, la policía no tiene más que hacer fuego. Tanto peor si por un vidrio deben caer diez vidas. ¿De quién es la culpa? -se preguntará el diario socialista. Forzosamente del que toma el vidrio, aunque sea a pedradas. Por eso la voluntad falconiana que abrió en aquel día el fuego de fusilería, segando y tendiendo tantas víctimas en el empedrado, sigue inspirando el mismo instrumento, colocado en el mismo puesto, mandando a los mismos hombres de los mismos o más perfeccionados fusiles, para contener a las muchedumbres rotas, flacas y descalzas que intentan acercarse a los dominios del propietario. Esto también lo hemos visto después de ser sacado Falcón, y aún si fuera sacado Jolly Medrano lo seguiríamos viendo...
Sólo un breve punto, el instante del fogonazo de la bomba toda llena de muerte, lo mismo para el inocente que para el culpable, nos iluminó el resplandor de la justicia popular, que alumbró los espacios y los fuegos con fulgor desconocido. Después volvimos a caer cual antes, peor que antes. En mis recuerdos destácase el “Guardia Nacional”; las corridas por sentinas y cubiertas con los soldados que nos golpeaban despiadadamente con las culatas herradas de los máusares; los cuarenta días sin poder hablar, ni moverse, ni fumar, ni leer, ni recibir nada, las cabezas rapadas, blancas, ridículamente desguarnecidas de los compañeros; los trabajos de aseo y limpieza del buque cantando tristemente, entre dientes, los cantos y los himnos nuestros, de amor y de esperanza; las requisas de todos los días, a pesar de que no se acercaba nadie, las palizas colectivas un día, a la caída de la tarde, seguidas de imbéciles ejercicios militares; los nuevos compañeros que iban llegando, precipitándose despavoridos por la estrecha escalerita vertical a las bodegas, al ruido de los gritos y de los machetazos que sacaban sangre; el tropiezo y la caída del pobre viejito Ferrer, de sesenta años, y la turba militaresca que se le fue encima a levantarlo a culatazos; la barra y los grillos; la separación de los argentinos y los extranjeros; las deportaciones acompañadas de palizas, ayes, gritos, de los cuales nos llegaba el eco en las bodegas... después la libertad... y después “La Batalla” y el centenario. Y después Ushuaia, donde está ahora Radowisky... y después, todavía, las condenas por la ley social de Albino Dardo López y todos los que han caído por esta causa...¡Oh! sólo un breve punto nos iluminó el acto de la justicia popular. Esto no fue más que una piedra que se tragó el agua inmensa.
¡Compañeros! Nos toca lo mismo hacerlo todo. Fuera de estos incidentes que devoran tantas vidas -fuera de las masacres, como la de 1909, y de las vindicaciones, como la de Radowisky, que son meras incidencias, accidentes de la lucha- la idea anarquista sigue su curso y debemos permanecer en la batalla. Ni triunfó con Radowisky ni la mataron con las masacres, prisiones, deportaciones, etc. Aceptemos, no obstante, las consecuencias de la lucha, como por fuerza deben aceptarlas también los burgueses; no nos hagamos aspavientos; ¡ni nos desolemos ni nos queramos echar atrás! El porvenir es nuestro. La violencia es sólo de este momento.

Teodoro Antillí
Extraído de “¡Salud a la Anarquía!”, 1924

Publicado el 14 de noviembre de 1913 en La Protesta. A raíz de éste artículo Antilli fue condenado por apología del delito y pasó tres años en la cárcel.


LA UNIVERSIDAD VOLVER

Los políticos -esos profesionales de la mentira y del engaño- no caen del cielo ni brotan de los basurales por generación espontánea. Cualquiera sea el lateral por el que suba el político hubo un taller en donde se doctoró en esa disciplina suya. ¿Cuál es la incubadora donde se embuchó de las ciencias necesarias par ser tan culto en lo artero? ¿En qué gimnasio se adiestró para vanguardia y guardián de su sofisticada misión social? No fue de entre el enjambre simple que transpira sufrimientos e ignorancia que se nutrió; de éste puede salir, a lo sumo y promovida, la ambición y la escalada; pero el ducho, el técnico, el profesional administrador de la vida de los demás fue amasado entre expertos. Es en las universidades, en las cátedras y catedrales del saber, donde se hace carrera y donde perfeccionó su entrenamiento teórico-práctico.
Si la educación básica es la instrucción para el trabajo y para incorporar, básicamente, la normatividad; “la casa de altos estudios” es la fábrica de capataces. Y no sólo de los políticos sino, también, de todos los especialistas que los burgueses necesitan y en los que invierten. Arquitectos que diseñen palacios, monoblocks y cárceles; juristas que perfeccionen la represión; médicos que los curen y que mantengan una población útil; decoradores que embellezcan sus oficinas; historiadores que escriban la historia, incluida la historia crítica: filósofos, literatos, artistas y periodistas deportivos que los entretengan; psicólogos confesores que los consuelen y absuelvan; sociólogos, antropólogos, trabajadores sociales y comunicadores que controlen a la masa; astrónomos que los lleven a Marte; genetistas que combatan al delito a partir de un pelo; físicos, químicos y matemáticos que desarrollen maravillas y armamentos...; en fin, toda una casta de sabios y técnicos moldeada para optimizar la explotación del hombre.
No es en sí el problema el conocimiento y la tecnología, una facultad humana cuyo producto se han apropiado como han hecho y hacen con “todo”. No somos primitivistas adoradores de las cuatro patas. El problema es la apropiación por parte de una minoría y las instituciones y mentalidades que promueven para ello. No es oponerse, tampoco, a quién busque profundizar la cuestión social a partir de los saberes y que, con ello, arroje armas a la arena en donde se bate la lucha revolucionaria; la cosa pasa por reconocer el papel de una institución -como es la universitaria- y que los conflictos en su seno, si bien pueden reflejar muchas cosas, redundan en problemas institucionales.
Internado en esos conflictos está el “estudiantado”, ese “sujeto” que han inventado los aprendices de rectores del proletariado. Los estudiantes tuvieron y tienen sus momentos de rebelión, pero ésta no adquiere mayor plenitud sino cuando se manifiesta fuera de la problemática universitaria, es decir, cuando no son estudiantes sino rebeldes. Pero como “estudiantado”, como casta, está premiado de cátedra e institucionalidad desde su cuna.
Su cuna se meció en 1918, en Córdoba. Julio V. González fue “uno de los más importantes líderes de la Reforma Universitaria... Ese año, González, en su carácter de representante de la Federación Universitaria de La Plata, se trasladó a Córdoba y luego actuó como secretario del Primer Congreso Nacional de Estudiantes, durante el cual se establecieron las bases del gran movimiento universitario, de vasta repercusión en América Latina.”(1). (¿Y quién era el padre de “uno de los más importantes líderes de la Reforma Universitaria”? No era sólo el rector de la Universidad de La Plata en ese entonces, tampoco únicamente su fundador: era el diputado Joaquín V. González, el Ministro del Interior de Roca que impulsó en 1902 la conocida Ley de Residencia, es decir, la represión, específicamente, contra los anarquistas(2) ). El líder universitario decía: “no debe olvidarse que la Reforma ha sido un movimiento de adiestramiento y la Universidad un campo de gimnasia política. El triunfo de la Reforma no era el fin de una empresa, sino el principio de la gran cruzada continental de la nueva generación”. “Un campo de gimnasia política y adiestramiento”; pareciera que una autoridad en la materia “aprueba” nuestra “tesis”...
Otra generación estudiantil que realizó su cruzada fue la que es considerada el ícono por excelencia de la lucha universitaria: la del Mayo del ´68 en Francia. Lejos está de ser “la más grande huelga general salvaje de la historia”(3), donde el único muerto que hubo fue un ahogado en el río Sena. Y no es que contabilicemos muertos para acreditar o desacreditar; no somos precisamente nosotros los historiadores ni los periodistas. Lo que decimos es que la protesta universitaria no resultó ninguna amenaza de magnitud al status quo más allá de lo vociferado. “La politización parte de allí: cuestionar al sistema capitalista por la función social que asigna a la Universidad; rechazo por parte de los estudiantes de llegar a formar parte de los futuros cuadros capacitados para explotar a la clase obrera”, esto decía el principal vocero Daniel Cohn-Bendit a un periodista(4). Una intención respetable pero completamente invalidada por estar circunscripta dentro del mismo marco institucional que pretende negar(5).
Hoy, localmente, los partidos de izquierda ven en juego su parcela de poder que se afinca en la universidad ante la promoción de un rector opuesto a sus intereses políticos. El campo de entrenamiento de los cuadros se ve reducido y sin posibilidades de ampliación. Las acciones de boicot contra la asamblea encargada de elegir directivos, como así también los enfrentamientos con la policía -cuando la asamblea refugiada en el Congreso-, no son más que tácticas desesperadas cuando los canales políticos les resultan insuficientes. Esta es la lógica de lucha de los partidos políticos, una cuestión de principios...(6)

Táctica y estrategia, la mentira y el engaño, la política: el arte de la traición... dan cátedra.
La fábrica de capataces, con eruditas facultades.

A.G.

(1) Oscar Troncoso, La rebelión estudiantil, Centro Editor de América Latina
(2) Ante la huelga general más grandiosa vista hasta entonces en éste país, el 22 de noviembre de 1902, el Congreso sanciona la Ley de Residencia. El Ministro J. V. González argumentó: “...delincuentes, perturbadores de vivir a expensas del desgraciado obrero que en la mayor parte de los casos no sabe lo que hace (...) agitadores profesionales extraños a la vida pacífica y ordenada del trabajo, que vienen al país a traer todos sus vicios y defectos y a contaminar la sociedad con sus malas costumbres”. El mismo día por la noche la policía irrumpe en los domicilios de numerosos militantes obreros, dando inicio a la cacería, el encierro y la deportación.
(3) Según el folleto italiano Ai ferri corti.
(4) Se ha identificado generalmente a Cohn-Bendit con el anarquismo. La culminación de su carrera política como diputado al Parlamento Europeo por el Partido Verde alemán confirma que cualquier semejanza con la realidad es pura diferencia.
(5) La revuelta estudiantil se apagó cuando las centrales sindicales que en un momento se había sumado, no sin reticencias, se recluyeron tras conseguir algunas mejoras laborales. La unidad tan proclama, ayer y hoy, de obreros-estudiantes terminó, como con la FUBA de hoy día y los trabajadores no-docentes, con el “estudiantado” “abandonado a su suerte” una vez satisfecho el reclamo. El “deber de los estudiantes” de apoyar los conflictos de los no-docentes, por la calidad de “obreros” de estos y la de “vanguardia” de aquellos, es lo “políticamente correcto”: la táctica del uso mutuo con las consecuentes traiciones...
El Mayo del ´68 significó el surgimiento de la llamada Nueva izquierda, la cual era crítica al estalinismo y sus órbitas al tiempo que reivindicaba las experiencias cubana, china y vietnamita entre otras. Las figuras más levantadas fueron el Che Guevara, Mao Tsé-Tung y E. Marcuse, entre otros. El situacionismo y otras tendencias posmodernas también surgieron de esa experiencia estudiantil. También “nos legó” una A rodeada por una O...
(6) En la Facultad de Filosofía y Letras una coalición de diferentes agrupaciones de izquierda ganó electivamente el Centro de Estudiantes. Entre los coaliados habían pactado la rotación de la presidencia por cierto periodo de tiempo. Cuando le tocó el turno de ocupar el puesto a la segunda agrupación que se sucedía ésta no largó más la banca... cosas de “la facu”...


ESTRELLAS Y ESTRELLADOS VOLVER

Ser o no ser, he aquí la cuestión,
¿qué honra más al espíritu, sufrir las consecuencias de la injusta fortuna
o tomar las armas contra la adversidad, combatirla y aniquilarla?
Morir, es dormir, no más...

W. Shakespeare, Hamlet

Solía mi madre recurrir a una categórica frase para intentar explicarnos –y explicarse– la cadena empecinada de desgracias, yugos, injusticias e inequidades que padecíamos personal, familiar y socialmente. Ante cada suceso desdichado, con el mismo tono envejecido y resignado, expiraba un idéntico diagnóstico: “y, es así; unos nacen estrellas y otros estrellados”
En su severo dictamen, no se indagan causas. La suerte estaba echada de antemano por designio antojadizo o caprichoso del destino; el azar o vaya a saber qué poder divino de turno que no daba lugar a la voluntad, la protesta, la rebelión o el reparo. Este pensamiento arraigado y establecido anestesia las conciencias e invalida el poder de respuesta y sublevación.
Estrellas y estrellados, explotadores y explotados. Hay una ecuación que no cierra y un veredicto que no convence... los pobres no son tan felices y sumisos como pretende el evangelio. Humillados, desposeídos y castigados, ya no compran ni en cuotas una vida compensatoria en el cielo, y las migajas y dádivas ya no consuelan ni alcanzan, pese a los artilugios innovadores que ofrenda el sistema en toda su gama de variedades y posibilidades: planes limosna, distracciones banales y gratuitas, placebos y engañapichangas de todo tipo.
Porque Dios no los cría, pero los hombres se juntan, se yerguen, se potencian, no se conforman y se levantan y van, ¡por todo y por mucho más!
Porque los estrellados, tenues o fugaces, fulguran, chispean, resplandecen y estallan...

Karina


REBATIENDO A LA O.R.A. DE ARGENTINA VOLVER
Falsos anarquistas desenmascarados por compañeros de Venezuela

Un panfleto de la “Organización Revolucionaria Anarquista”, un grupúsculo porteño que se autodelata como marxista con su irreproducible jerga de partido trotskista, logró exasperar a algunos anarquistas de Venezuela. Como era de esperar, la O.R.A. apoya a Chavez, a Fidel y a cualquier “cerebro revolucionario” que se les presente adelante, haciendo un trabajo de infiltración y desinformación dentro del anarquismo, proponiendo hasta la sindicalización de la policía... Si bien son tan inocuos como inicuos -y por eso es que casi nunca nos molestamos en responderles- reproducimos la contestación de los compañeros venezolanos porque creemos que no son a los únicos que les cabe el sayo, por no hablar de los partidos de izquierda. El nacionalismo, el populismo y el marxismo son lacras que también abundan en algunos grupos que se declaman anarquistas y que en realidad prestan servicios a las banderas contrarrevolucionarias del enemigo. Las barbaridades y burradas que proponen son tan enormes que las perciben compañeros desde el caribe. He aquí algunos extractos de la respuesta.

Lobisón

En el website de la Organización Revolucionaria Anarquista de Argentina se ha colocado recientemente el texto “La cuestión de Chávez: saltar del populismo al enfrentamiento abierto de clases”, cuya autoría es de la Comisión de Enlace Internacional de la O.R.A. Me he sentido obligado a hacer saber algunos comentarios al respecto pues en dicho texto, que según entiendo analiza la situación venezolana partiendo de un marco conceptual más afín con el marxismo que con el anarquismo, se hacen afirmaciones que estimo desacertadas sobre la coyuntura que vivimos aquí. Al leer el documento (lo que no deja de tener sus dificultades, debido a deficiencias de sintaxis, redacción y ortografía), resalta el uso de términos y referencias conceptuales propios de la izquierda marxista latinoamericana; precisamente ese mismo lenguaje y modo de entender las cosas que ha tenido un papel tan significativo en la larga historia de fracasos, errores y traiciones que han marcado el devenir de esa corriente política dentro y fuera de nuestro continente. Ya resulta poco común que una agrupación anarquista titule un documento con referencias al “enfrentamiento abierto de clases”, pero la cosa no queda allí, pues más adelante el lector se encuentra con expresiones de ortodoxia marxista y hasta leninista. Así se dice que el texto es el resultado de un “análisis materialista de la historia”; se califica a Bush como alguien que “explota el sano nacionalismo proletario”; se propone que los cursos de acción que deben seguir los revolucionarios venezolanos pasan por “acentuar el desarrollo de las contradicciones de clase”, y por constituirse en “dirección proletaria y revolucionaria del cambio”; o se recomienda “nacionalizar y expropiar” los haberes de la burguesía venezolana, de un modo que sugiere que esto sería tarea de algún autodenominado Estado revolucionario.

(…)Además de lo anterior, hay elementos de detalle al caracterizar la situación venezolana que, a mi juicio, implican apreciaciones confusas o erróneas. Englobar a la oposición a Chávez bajo el remoquete cacofónico de “Frente pro-golpista imperialista con discurso fascista” es, por decir lo menos, una simplificación que lleva a equívocos fundamentales a la hora de definir la actitud ante esa oposición y ante el gobierno; igualmente simplificadora es la apreciación de que esa oposición actúa bajo “el amparo yanki”, lo que se contradice con las quejas de la Coordinadora Democrática sobre lo poco que se le hace caso en Washington y sobre el “pro-chavismo” de los últimos tres embajadores gringos. Cuando el texto habla del “plan entreguista” de las riquezas del país que estaría dispuesto a ser cumplido por la oposición y el cual exige deshacerse del gobierno actual, ignora que ya la administración de Chávez ha dado pasos tan importantes en esa vía como la concesión de la Plataforma Deltana (en la costa oriental del país), principal reserva gasífera venezolana que fue cedida por 30 años en las condiciones más favorables a 6 transnacionales petroleras de Europa y Norteamérica.

Para quien como yo ve de cerca el circo sin pan del chavismo, es sorprendente que se le califique como un movimiento “solidamente constituido en los estratos pobres del pueblo trabajador venezolano”, cuando es perfectamente visible que se trata de una fuerza política que carece tanto de estructura organizativa sólida como de proyecto político digno de tal nombre, pues sus soportes reales son el carisma demagógico aún fuerte de Chávez, el manejo de los recursos del Estado y el respaldo de la Fuerza Armada. Sobre esta última, el texto afirma que hay una distinción entre la alta oficialidad favorable a la oposición y la tropa proclive al chavismo, otra simplificación más que ignora el éxito del chavismo al desembarazarse o neutralizar cualquier disidencia entre los uniformados, a los que se convertido en una suerte de “partido de gobierno” que ocupa áreas básicas de gestión y posiciones claves de mando en todo el aparato gubernamental, con evidentes ventajas políticas y económicas para la oficialidad cuya complicidad en la conservación del actual régimen se ha reforzado. Finalmente, otro signo de desconocimiento de la realidad del país es cuando se llama a “recuperar la C.T.V. (Confederación de Trabajadores de Venezuela) y las organizaciones sindicales y populares”, cuando lo cierto es que en el proceso histórico venezolano los partidos políticos fueron los precursores y constructores de la organización social, de modo que la C.T.V. y casi todas las demás agrupaciones de masas siempre han estado bajo su control, siendo inútil para el pueblo la exhortación a recuperar lo que nunca ha tenido, pues de lo que se trata es de construir nuevas estructuras para la autogestión y la acción directa. Concluyo invitando a los redactores de ese documento a debatir lo que allí exponen en contraste con todo lo que sobre este tema se localiza en las webs de El Libertario (www.nodo50.org/ellibertario) y Samizdata (samizdata.host.sk).

N. M.
de Venezuela


DESPOLARIZACIÓN Y AUTONOMÍA: RETOS DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES VOLVER
Venezuela tras el 3 de Diciembre

Desde la Comisión de Relaciones Anarquistas de Venezuela y su vocero El Libertario, difundimos este texto en el que se expresa públicamente nuestra perspectiva sobre los comicios presidenciales venezolanos del 3 de diciembre de 2006.

Visualizar lo que sucederá con los movimientos sociales en Venezuela tras la cita electoral del 3 de diciembre* –en donde todo apunta a la re-elección del presidente Chávez–, no puede realizarse sin entender, aunque sea a grandes rasgos, su propio devenir histórico. En la segunda mitad de los 80´s, y catalizado por la crisis económica posterior al “viernes negro”, nuevas formas de organización y reivindicación comenzaron a desarrollarse en el país caribeño: el movimiento estudiantil y de vecinos, de mujeres, contraculturas, ecologistas y de derechos humanos.
Subjetividades que si bien tenían a la izquierda como referencia, no respondían mecánicamente a los esquemas organizativos guevaristas-leninistas que reivindicaban la herencia de la insurrección armada de los 60´s. El “Carachazo” (febrero de 1989), como expresión del creciente malestar, configura entonces el inicio de una sociedad civil tanto ajena a los partidos políticos tradicionales, redes clientelares del Estado, como a los programas de los partidos políticos de izquierda. La efervescencia posterior reedifica un tejido social compuesto por infinitas iniciativas sociopolíticas, con diferentes y crecientes niveles de articulación entre sí, la cual protagonizó las movilizaciones contra el gran objetivo de la época: la salida de Carlos Andrés Pérez del poder.
El movimiento originario de Chávez logra superponerse a esta dinámica y darle un rostro al descontento, legitimándose en las urnas en 1999 al capitalizar la extendida voluntad de cambio que cruzaba el país, pero también revitalizando la matriz populista, caudillesca y estatista que forma parte del acervo histórico venezolano. La imposición de un modelo personalista de dominación tenía como precondición la desarticulación de las dinámicas ciudadanas que permitieron su llegada al poder. Esto fue facilitado, entre múltiples razones, por la polarización impuesta por las élites en pugna: aquellas proscritas del poder, que representaban los sectores productivos tradicionales, y la nueva burocracia “de izquierda”, legitimando los intereses de los sectores álgidos de la globalización económica en el país.
De esta manera tenemos que el tejido social tras 1999 es fragmentado (movimiento vecinal, estudiantil y ecologista), neutralizado (derechos humanos) y cooptado (indígenas, mujeres, contraculturas) por las expectativas creadas por un gobierno retóricamente de izquierda. Este ha promovido, en su lugar, expresiones de organización popular sin autonomía dentro de una renovada red clientelar, en medio de una de las mayores bonanzas económicas vividas por los altos precios petroleros. Estas iniciativas populares, tuteladas desde arriba, poseen varios elementos que las caracterizan de otros movimientos sociales:
1) La solidaridad vertical suplanta a la solidaridad intra-clase: Las movilizaciones responden a una agenda política impuesta por la cúpula, siendo casi inexistentes sus propias convocatorias o actos de solidaridad cuando otras partes del movimiento son reprimidas por las instituciones.
2) Una identidad permeada por el culto a la personalidad y la ausencia de una historicidad y argumentación diferente de la originada por la figura de poder, lo cual impide cualquier hipotética “profundización de la revolución”.
3) El objetivo de su práctica es legitimar los proyectos gubernamentales, sin ningún proceso de construcción paralelo o diferente
4) Un desgaste progresivo por su incorporación a la lógica acumulativa político-electoral
El incumplimiento de las expectativas generadas por el chavismo ha aumentado exponencialmente las protestas populares durante el 2006, lo cual continuará incrementándose el año que viene. Pero es precisamente el chantaje de la polarización –“darle armas a la derecha”, “manipuladas por el imperialismo”– la cual contiene el creciente descontento frente a un Estado que ni se transformó en el momento en que pudo hacerlo, ni cuya nueva burocracia realiza políticas diferentes al asistencialismo populista latinoamericano.
Los retos para los movimientos sociales, tras la hipotética re-elección presidencial, no son sólo de orden práctico, como puede ser su configuración autónoma o la experimentación de prácticas y espacios diversos de aprendizaje y contra-hegemonía. También son de orden teórico. La superación del maniqueísmo imperialista, centrado exclusivamente en la figura de George Bush, supondría la comprensión de las dinámicas múltiples del flujo de dinero y poder de la mundialización del dinero. Y han sido precisamente los movimientos sociales, de ambos polos, quienes han internalizado la disciplina de ser un país exportador de energía barata, a despecho de cualquier consideración ambientalista, profundizando el papel asignado a Venezuela por la globalización económica. Pero si nos atenemos a los eventos de los últimos meses –acciones contra el carbón en el Zulia, protestas de los vendedores informales en Caracas y de los pescadores artesanales de Güiria– y cómo han sido enfrentados y criminalizados por las propias bases chavistas, el horizonte parece avizorar un largo período de conflictividad entre oprimidos: unos tratando de protestar por algunas mejoras estructurales, y otros enfrentándolos para escalar posiciones dentro de la jerarquía de afectos del personalismo de Estado.

Rafael Uzcátegui (El Libertario de Venezuela)
uzcategui.rafael@gmail.com

* Las elecciones del 3 de diciembre de 2006 fueron ganadas finalmente por Chavez por amplio margen.


ACERCA DE LA VIOLENCIA VOLVER

Me interesa poco y nada el fútbol, pero no voy a referirme aquí a este deporte sino a algo que ocurre dentro de él, y no exclusivamente, sino también en todo ámbito de la cotidianidad: me estoy refiriendo a la violencia. Antes de analizar esto es necesario aclarar que cuando se analiza un acontecimiento sin estudiar el contexto no se puede llegar nunca a una conclusión acertada; es como el caballo que tira de un carro y por tener colocada la anteojera solo puede ver lo que tiene frente a sus ojos no puede observar hacia sus costados, perdiendo así considerablemente su percepción visual.
Hoy por hoy se habla demasiado de la violencia, es un tema de conversación muy habitual en los diarios, la televisión, la radio, las paginas de Internet, etc., en todos lados se inunda de este tema y de mediocres análisis de la realidad. Se habla hasta el hartazgo de la violencia y de como detenerla y reprimirla; pero poco se habla de cuál es el disparador de la misma (en realidad muchos saben cuál es la respuesta acertada pero se niegan a reconocerla porque eso implicaría perder algo de lo mucho que poseen). Para saber esto primero hay que definir qué es la violencia. Se podría decir que es una respuesta natural ante determinados impulsos; para ilustrarlo, es como un tigre que mata despiadadamente a una presa. El impulso es el hambre que siente y la violencia es necesaria para satisfacer ese impuso. Entendido esto ¿como no se van a generar actos cruentos si hay personas condenadas a nacer-crecer (hasta cierto punto)-reproducir y morir en la calle soportando el sol abrasador en verano, el viento frió y esa sensación de desgastamiento de los huesos, esas gotas de lluvia que caen como proyectiles sobre la piel en invierno? Mientras que, por el otro lado, 200 familias se reparten el mundo en fastuosos palacios; ¿cómo no generara violencia el hecho de que los hipermercados estén abarrotados de alimentos que solo unos pocos pueden comprar y el que se arriesga a tomar algo sin pagar se vera enfrentado con la muerte o, con lo que es lo mismo, la cárcel, esos monumentos de la hipocresía?. Esto es más que suficiente para generar violencia y aquí volvemos a lo que los anarquistas consideramos una cuestión central: la explotación del hombre por el hombre y la existencia de su garante, el Estado.
El fin de estos es el fin de la violencia, al menos la institucionalizada, la que es producto de la explotación y la marginación de un sistema asesino, ya que la violencia, por ser natural, hasta en una sociedad anarquista seguirá existiendo, pero al vivir en una sociedad libre e igualitaria no hay porqué temer actos “antisociales”, reduciéndose así considerablemente la expresión de la misma.

Seba


LOS REYES MAGOS VOLVER

Hay una serie de farsas que lo barajan al hombre no bien nacido, y que no lo sueltan más, hasta que muere. Crecen con él, se lo pasan de la mano, y no lo dejan sino en la boca del hoyo. Y ahí todavía, y en honor de sus “sagrados despojos”, le hacen la última, letanía o discurso; la fantochada póstuma.
“Los reyes magos” es una de éstas, pero no la primera ni la segunda. Antes están la cigüeña, el coco, Dios. Después, la patria, la ley, las jerarquías sociales... Con un solo embuste de éstos, bien remachado, tenemos un embustero, tan malo de la cabeza, como bueno de la voz o de la pluma; un disco o un loro.
Asusta oír cierta gente, cuando se larga, sin control ni prevenciones, a decir lo que es para ella la noble verdad desnuda. Es un descarte que tira de espaldas. ¡Cuánta inocencia! Pero no de esa inefable y porosa de los niños, como un terrón que todo lo germina; no. De la otra, torpe y grotesca; de zanguangos que no han podido pasar de los primeros palotes.
Como al alcohol y al veneno, igual se acostumbra el hombre a asimilar la mentira. Y una vez hecho su estómago, traga ya, sin morir de asco, hasta un escuerzo. Y lo digiere y deyecta para que lo traguen otros.
De estas deyecciones suyas son también “los reyes magos”. Y hoy es el día que los chicos, después de soñar con ellos, se despiertan como flores que esperaran un cortejo de mariposas. Esperan esos juguetes que sus calzonudos padres les han mentido que les trajeron aquéllos... Y, si lo creen, ya son tontos; y si no lo creen, y se hacen, ya son unos mentirosos.
¿Decís que luego, o mañana, no se acordarán más de esto?... No sé. Pero sé otra cosa: que ahí comienza la mentira, el escamoteo alevoso de la verdad que, sea sapo o estrella, es más poética que cualquier leyenda de dioses o hadas. Sobre esa primera farsa se amontonarán las otras, como en una corola las orugas puercas: la patria, el amo, la ley; toda la serie, y a cual más idiota. Y así hasta el hoyo.

Rodolfo González Pacheco, de Carteles I

1