Nº 41
MARZO-ABRIL 2007

ARTÍCULOS:


DE SUS PREJUICIOS Y NUESTRO SENTIR VOLVER

Nos reducen a palabras impracticables, porque no pueden comprenden que hablemos de sensibilidad vivenciando nuestras capacidades emotivas. Necesitan, por falta de criterio, ubicarnos en su colectivo general como un instrumento instituido en los parámetros convencionales, y nos alienan. Nos entienden como parte fundamental de sus causas y consecuencias, sin entender que esas consecuencias son a causa de las urgencias que priorizan nuestros corazones, orientadas por esa razón que nos supera. Pero somos nosotros los que estamos mal, los que vamos en contra de todo, los que siempre nos imponemos con el más profundo NO. “Antisociables”, “descomprometidos”… ¿Con qué?... Te llaman a morir por el valor constituido y consensuado, porque esa es la razón impersonal que condecoran; cualquier actitud descarriada es punible. No ven soluciones lógicas en la simpleza de la naturaleza que nos parió, necesitan administrarla, capitalizarla, economizarla, como con todo lo que hace a la persona en su carácter social, indivisible a su razón y necesidad de ser.

No entienden la alegría, las sonrisas, el llanto ni las lágrimas; nos entienden violentos, desenfrenados. Podremos ser el caos de su organización, pero ellos serán siempre los asesinos de nuestras vidas.

Ramiro


KRONSTADT: LA MUERTE DE LA REVOLUCIÓN RUSA VOLVER

En marzo de 1921 los marinos de la fortaleza naval de Kronstadt, se alzaron en una revuelta contra el gobierno bolchevique, al cual ellos habían ayudado a tomar el poder. Durante dos semanas establecieron una comuna de soviets libres con el objetivo de quitarse de encima la oprobiosa dictadura comunista, represiva y hambreadora, para iniciar una “tercera revolución”, continuación de la Revolución de Octubre.
Los incidentes comenzaron con las protestas de los obreros de Petrogrado. Alexander Berkman nos resume la situación: el proletariado “lanzó la acusación de que, entre otras causas, la centralización bolchevique, la burocracia y la actitud autocrática para con los campesinos y obreros eran directamente responsables, en gran parte, de la miseria y de los sufrimientos del pueblo. Gran número de talleres y fábricas de Petrogrado debieron cerrar sus puertas; los obreros se morían literalmente de hambre. Organizaron reuniones para considerar la situación, y fueron dispersados por el gobierno. El proletariado de Petrogrado, que soportó todo el peso de las luchas revolucionarias, y cuyos enormes sacrificios y heroísmo salvaron la ciudad contra Yudenich, se irritó ante los manejos del gobierno. La animosidad contra los métodos empleados por los bolcheviques continuaba creciendo. Los comunistas rehusaban las menores concesiones al proletariado, ofreciendo al mismo tiempo entenderse con los capitalistas de Europa y de América. Los obreros se indignaron.” Los obreros van a la huelga y el gobierno “de los obreros” desata la represión, dirigida por Zinoviev.
Los marineros de Kronstadt simpatizaban con el movimiento de Petrogrado y se unieron al movimiento el 1 de marzo, aunque ya en Petrogrado los bolcheviques habían tomado el control de la situación. En la asamblea del 1 de marzo resuelven:
“1) dado que los soviets actuales no expresan la voluntad de los obreros y de los campesinos, celebrar inmediatamente las nuevas elecciones por voto secreto, teniendo completa libertad de agitación entre los obreros y campesinos la campaña electoral;
2) establecer la libertad de palabra y de prensa para todos los obreros y campesinos, para los anarquistas y para los partidos socialistas de la izquierda;
3) asegurar la libertad de reunión para los sindicatos y para las organizaciones campesinas;
4) convocar una conferencia independiente de los obreros, soldados rojos y marinos de Petrogrado, antes del 10 de marzo de 1921;
5) liberación de todos los presos políticos socialistas y también de todos los obreros, campesinos, soldados y marinos encarcelados por el delito de participación en los movimientos obreros y campesinos;
6) elegir una comisión de examen de los casos de aquellos que se encuentran en las prisiones y en los campos de concentración;
7) abolir las oficinas políticas, porque ningún partido debe tener privilegios para la propaganda de sus ideas, ni recibir la ayuda financiera del gobierno para tales fines. En su lugar será necesario instituir comisiones de educación y de cultura social, elegidas localmente y sostenidas materialmente por el gobierno;
8) abolir inmediatamente los «destacamentos de portazgo»;
9) igualación de las raciones para todos aquellos que trabajan en oficios peligrosos para la salud;
10) abolición de los destacamentos comunistas de guerra en todas las secciones del ejército, lo mismo que de la guardia comunista apostada en los talleres y en las fábricas; en caso de necesidad, estos destacamentos o pelotones de guardia deberán ser designados en el ejército, desde las filas mismas, y en las fábricas según los deseos de los obreros;
11) dar a los campesinos plena libertad de acción en lo que concierne a sus tierras y también el derecho a poseer ganado, a condición de que se arreglen los campesinos mismos sin tener que recurrir a la explotación ajena;
12) pedir a todas las secciones del ejército y a nuestros camaradas los kursanty militares que acepten nuestras resoluciones;
13) pedir a la prensa que dé la mayor publicidad a nuestras resoluciones;
14) designar una comisión ambulante de control;
15) permitir la pequeña industria a domicilio.
La resolución es adoptada por unanimidad por la reunión de la brigada, absteniéndose de votar sólo dos personas.”
De inmediato los bolcheviques orquestan una campaña de desinformación, inventando comunicados en los que los rebeldes aparecían como contrarrevolucionarios al servicio de los exiliados blancos, y según Lenin y Trotski el movimiento era “obra de los intervencionistas de la Entente y de espías franceses”. Desde el primer momento se preparaba el ambiente para la represión. Mientras, en Petrogrado los cadetes y oficiales comunistas reprimían a las manifestaciones de trabajadores, fusilando sumariamente a cualquier rebelde.
Los revolucionarios de Kronstadt se indignaron, pero poco podían hacer contra la autocracia comunista y el poder del Estado, que estaba empeñado en acallarlos apelando a la calumnia y al aislamiento. “Nuestra causa es justa. Estamos por el poder de los Soviets y no de los partidos. Estamos por la elección libre de los representantes de las masas laboriosas. Los sucedáneos de los soviets, manipulados por el partido comunista, fueron siempre sordos a nuestras necesidades y a nuestras peticiones; la única respuesta que hemos recibido siempre fue la bala asesina. ¡Camaradas! No sólo os engañan; desnaturalizan deliberadamente la verdad y se rebajan hasta la difamación más vil.” El pedante Trotski respondía con su característico cinismo: “Petrogrado, la ciudad roja, se burla de las tristes pretensiones de un puñado de socialistas revolucionarios y guardias blancos. Estáis rodeados por completo. Unas horas más, y se verán obligados a rendirse, Kronstadt no tiene pan ni combustible. Si persisten, los acribillaremos como perdices.” Amenaza que cumplió, aunque no personalmente sino por medio de las órdenes que dio a sus esbirros, ya que como buen burócrata era incapaz hacer algo que pusiera en riesgo su oscura existencia. En palabras de los marineros indóciles: “Trotski fue a Petrogrado para traer más víctimas a la masacre, ¡porque la sangre de nuestros obreros y de nuestros campesinos le cuesta poco!...”
Así fue como el Ejército Rojo, comandado por el perro fusilador Trotski y su amo Lenin, avanzó y atacó a través de la superficie helada para acabar con los revolucionarios. Luego de entrar a sangre y fuego en Kronstadt, y no sin sufrir cuantiosas pérdidas, los vencedores rescribieron la historia presentando a los rebeldes como parte de una conspiración contrarrevolucionaria del capitalismo tramada por la Guardia Blanca y por emigrados rusos.
Kronstadt era un peligro tremendo para los bolcheviques, ya que representaba la posibilidad de llevar a la práctica otro camino hacia el socialismo, por fuera de la autoridad estatal y dictatorial. Según los doctrinarios del marxismo, para que la revolución triunfara debía primero pasar por la etapa de la dictadura del proletariado, es decir que la clase obrera se apoderara del Estado e impusiera el socialismo. Esto -decían- estaba determinado por las “leyes de la Historia” que sancionaba el “socialismo científico”: de lo contrario la revolución fracasaría. Los anarquistas y todo aquel que se opusiera a la dictadura del proletariado, harían el juego a la revolución burguesa y tendrían un papel contrarrevolucionario. Los comunistas -y especialmente los trotskistas- han justificado las atrocidades cometidas contra los marineros diciendo que en el momento el peligro de una intervención extranjera en Kronstadt era inminente. Suponiendo que esto fuera así –algo muy improbable- la propia existencia de las sublevaciones de Kronstadt y Petrogrado, así como los movimientos de resistencia de Ucrania, ambos dentro del propio campo de la revolución, eran un peligro para el poder bolchevique más allá de cualquier amenaza externa. La práctica revolucionaria desmentía la teoría marxista. Había que salvar a la teoría para salvar al poder bolchevique y viceversa. Había que salvar al Estado, matar la revolución. En 1991 cayó definitivamente el mito bolchevique, 70 años después de matar a la revolución. Los pragmáticos del socialismo real y científico, ahora en desventaja numérica, se baten en retirada pero no dejan de lado sus actividades contrarrevolucionarias. Lo hicieron en Rusia, en España y en cada lugar donde exista un movimiento revolucionario, montándose sobre sus espaldas y apropiándose del poder, en nombre de la revolución, para matarla.
Nuestro homenaje a los verdaderos héroes de Kronstadt y nuestro repudio a sus asesinos y a sus carceleros.

Lobisón


LECCIONES Y SIGNIFICACIÓN DE KRONSTADT VOLVER

Lejos están los acontecimientos de Kronstadt en el tiempo, pero sin embargo cercanos a nuestra experiencia como movimiento. Las lecciones de Kronstadt no fueron cultivadas lo suficiente. En España se repitió la historia, y peor aún, con un movimiento anarquista que era mayoría. No se liquidó al Estado de entrada en julio de 1936, por lo menos en las regiones en las que –como Cataluña- los anarquistas se habían adueñado de todo y se decidió dejar esa tarea para más tarde. Un año después (en julio de 1937) el Estado ya era dueño de la situación, lo impensable pronto se hizo realidad. El Estado es un monstruo como la hidra, al que hay que cortarle todas las cabezas de un solo golpe, para no correr el riesgo de que vuelva a resurgir. Alexander Berkman lo vivió en carne propia. Un pequeño atisbo del poder de reconstitución de las instituciones del Estado lo vivimos los argentinos cuando en diciembre del 2001 todo poder político parecía disolverse, y hoy se nos presenta como más sólido que nunca.

El Manguruyú

El movimiento de Kronstadt fue espontáneo, sin preparativos preliminares y pacífico. Si se transformó en un conflicto armado de fin trágico y sangriento, fue únicamente gracias al despotismo de la dictadura comunista.
Dándose bien cuenta del carácter general de los bolcheviques, Kronstadt, no obstante, creía en la posibilidad de una solución amistosa. Creía que el gobierno comunista entraría en razón; le prestaba un cierto espíritu de justicia y de libertad.
La experiencia de Kronstadt prueba una vez más que Gobierno o Estado -cualesquiera que sea su nombre y forma- es siempre el enemigo mortal de la libertad y de la independencia del pueblo.
El Estado no tiene ni alma ni principios. No tiene más que un objetivo: asegurarse el poder y conservarlo a todo precio. Esta es la lección política de Kronstadt.
Otra lección, una lección estratégica, nos ha sido dada por esta rebelión.
El éxito de una revuelta depende de su determinación, de su energía y de su fuerza agresiva. Los insurrectos tienen siempre la simpatía de las masas. Esta simpatía se acelera con la ola creciente de la insurrección. El apaciguamiento no debe permitirse jamás; no debe nunca debilitarse por una vuelta a la monotonía normal.
Por otro lado, toda revolución tiene en contra el aparato omnipotente del Estado. El gobierno puede concentrar fácilmente en sus manos las fuentes de aprovisionamiento y los medios de comunicación. No hay que permitir al gobierno que haga uso de sus poderes. La rebelión debe ser vigorosa, sus golpes deben ser dirigidos de improviso y resueltamente. No debe quedar localizada; ello significaría un estancamiento. Debe propagarse y desarrollarse. Una rebelión que queda localizada, que emplea la política de la espera o que se coloca a la defensiva, está inevitablemente condenada a la derrota.
Sobre todo, en esto Kronstadt repitió los errores estratégicos fatales de los comunistas de París. Estos últimos no quisieron seguir la opinión de los que proponían un ataque inmediato a Versalles, cuando el gobierno de Thiers estaba desorganizado. No extendieron la revolución a todo el país. Ni los obreros de París, en 1871, ni los marineros de Kronstadt, tenían por objeto la abolición del gobierno. Los comunalistas no querían, en suma, más que ciertas libertades republicanas, y cuando el gobierno intentó desarmarlos expulsaron a los ministros de Thiers de París, establecieron sus libertades se prepararon a defenderlas y nada más. Kronstadt exigió sólo elecciones libres a los Soviets. Habiendo arrestado a varios comunistas, los marineros se dispusieron a defenderse contra el ataque. Kronstadt rehusó seguir la opinión de los peritos militares de apoderarse inmediatamente de Oranienbaum. Este fuerte era de la mayor importancia militar y tenía además 50.000 puds de harina perteneciente a Kronstadt. La toma de Oranienbaum era fácil, dado que los bolcheviques, sorprendidos, no tenían tiempo de enviar refuerzos. Pero los marinos rehusaron tomar la ofensiva; así se perdió el momento psicológico. Algunos días después, cuando las declaraciones y los actos del gobierno bolchevique debieron convencer a Kronstadt de que era arrastrada a una lucha a vida o muerte, era demasiado tarde para corregir el error. Lo mismo pasó en 1871. Cuando la lógica de la lucha a que fueron llevados demostró a los comunalistas la necesidad de abolir el régimen de Thiers, no sólo en París sino en toda la extensión del país, era ya demasiado tarde. En París, como en Kronstadt, la tendencia hacia la táctica pasiva y defensiva fue fatal.
Kronstadt cayó. El movimiento de Kronstadt por los Soviets libres fue ahogado en sangre, en el mismo momento que el gobierno bolchevique hacía concesiones a los capitalistas europeos, firmaba la paz de Riga, gracias a la cual una población de doce millones fue arrojada a merced de Polonia y ayudaba al imperialismo turco a estrangular las repúblicas del Cáucaso.
Pero el «triunfo» de los bolcheviques en Kronstadt llevaba en sus entrañas la derrota del bolcheviquismo. Expuso el carácter verdadero de la dictadura comunista. Los comunistas mostraron que estaban dispuestos a sacrificar el comunismo, a sellar cualquier compromiso con el capitalismo internacional; y por tanto rehusaron las justas peticiones de su propio pueblo, peticiones que repetían las consignas de 1917, lanzadas por los bolcheviques mismos: Soviets elegidos por el voto directo y secreto, según la constitución de la R. S. F. S. R.; y la libertad de palabra y de prensa para los partidos revolucionarios.
El segundo congreso panruso del partido comunista se reunía en Moscú en el momento de la rebelión de Kronstadt. En ese congreso, toda la política económica bolchevique cambió de color debido a los acontecimientos de Kronstadt y a la actitud amenazante de las masas trabajadoras de las distintas partes de Rusia y de Siberia. Los bolcheviques han preferido liquidar su política fundamental, abolir la requisa obligatoria, introducir la libertad de comercio, hacer concesiones a los capitalistas y deshacerse del comunismo -del comunismo por el cual fue proclamada la revolución de noviembre, por el cual se derramaron mares de sangre y por el cual fue llevada Rusia a la ruina y a la desesperación- antes que permitir la elección de los Soviets libres.
¿Hay alguno, en la hora actual, que pueda dudar de las intenciones reales de los bolcheviques? ¿Han perseguido el ideal comunista o el ideal estatista?
Kronstadt es de una gran importancia histórica. Tocó la campana fúnebre del bolcheviquismo con su dictadura de partido, su centralización insensata, su terrorismo chequista y sus castas burocráticas. Desencantó al mismo tiempo a los espíritus inteligentes y honrados de Europa y de América, y los obligó a examinar las teorías y los hechos bolcheviques. Deshizo el mito bolchevique del Estado comunista «como gobierno de los obreros y campesinos». Demostró que la dictadura del partido comunista y la revolución rusa eran dos fenómenos opuestos, contradictorios, que se excluían recíprocamente. Demostró que el régimen bolchevique es una tiranía y una reacción implacables, y que el Estado comunista es la contrarrevolución más poderosa y peligrosa.
Kronstadt cayó. Pero cayó victorioso en su idealismo y su fuerza moral, en su generosidad y su humanidad superiores. Kronstadt estaba orgulloso. Estaba orgulloso con razón de no haber derramado la sangre de sus enemigos, los comunistas que se encontraban en su seno. Los marinos ineducados e incultos, toscos en sus modales y en su lenguaje, eran demasiado nobles para seguir el ejemplo bolchevique de la venganza: no fusilaron ni a los odiosos comisarios. Kronstadt encarna el espíritu generoso y clemente del alma eslava y del movimiento emancipador secular de Rusia.
Kronstadt fue la primera tentativa popular y enteramente independiente para libertarse del yugo del socialismo de Estado, una tentativa hecha directamente por el pueblo, por los obreros, soldados y marinos mismos. Era el primer paso hacia la tercera revolución, que es inevitable y que, así lo esperamos, llevará a la desdichada Rusia la libertad permanente y la paz.

Alexander Berkman


FEDERACIÓN ANARQUISTA IBÉRICA: DEL ESPECIFISMO Y SU TENDENCIA POLÍTICA VOLVER

La búsqueda de formas organizativas que partan de la supresión de la “eterna” división entre dirigentes y dirigidos, para conducirnos a una organización de la sociedad donde desaparezcan los privilegios derivados de la explotación del hombre por el hombre, fue y seguirá siendo una problemática fundamental del anarquismo como propuesta para la sociedad. No siempre las organizaciones han actuado de acuerdo con estos principios, y muchas veces las intenciones originales cayeron arrastradas por la proyección de la función para la que dicha organización era concebida. El ejemplo de la trayectoria de la Federación Anarquista Ibérica es muy útil para la reflexión de los que hoy aspiran a avanzar en el desarrollo del anarquismo como movimiento posible. El especifismo es la organización de los anarquistas en grupos que se federan como anarquistas, consecuentemente toman acuerdos que luego son “bajados” a la organización social a dirigir. Esta concepción partidaria fue duramente rechazada por los anarquistas en la Argentina que formaron parte de la FORA y desde la cual lograron influir en el conjunto de la sociedad.
En España la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), fundada en 1910, se encuentra desorganizada por la represión gubernativa que desde el inicio de la década de 1920 la empuja a disolver sus estructuras orgánicas para enfrentarse, desde los grupos de defensa confederal, al terrorismo de los pistoleros del sindicato libre alentado por la iglesia y el gobierno. Luego llega la dictadura del General Primo de Rivera en 1923 y se suceden las detenciones y deportaciones. Ante el riego de desviación de la confederación anarcosindicalista, empieza a tomar forma la idea de una organización anarquista específica. En junio de 1927 nace en Valencia la FAI, representada por 3 federaciones regionales, 2 provinciales, 5 locales y 9 grupos. En la tercera sesión de este Pleno se toca el tema del movimiento obrero que es lo más significativo después del origen del nuevo organismo: “¿Debe tenderse a que la organización de sindicatos como medio también del anarquismo se trabe con la organización de grupos, conservando cada uno su autonomía y sus federaciones y consejos generales dentro del movimiento anarquista? Se entiende que no es posible la unidad de clase. Que el sindicalismo, dividiéndose, ha fracasado y que por ello hay que buscar la unidad anarquista. Que la organización obrera no sólo es para mejorar la clase que ha de labrar la emancipación, y ya que ésta es posible en Acracia, debe hacerse también medio del anarquismo. Que debe volver la organización obrera al anarquismo, tal como lo estuvo antes de disolverse la Federación Regional Española y crearse al margen la organización anarquista por grupos, procediendo a juntarse ambas organizaciones por el movimiento ácrata. Resuélvese propagarlo y que los grupos, sus federaciones y el CN inviten a la organización sindical y al comité de la C.N.T. a la celebración de plenos y asambleas locales, comarcales y regionales de ambas organizaciones, proponiendo la organización de grupos sin confundirse ni perder sus características, formando federaciones generales que sean la expresión de este amplio movimiento anarquista, con sus consejos generales, integrados por representantes de los sindicatos y de los grupos, cuyos consejos se dividen en Comisiones de Educación, Propaganda, Agitación y de los demás problemas que interesan a ambas organizaciones”(1). Los acuerdos de la naciente organización se tomaron por unanimidad, con una CNT prácticamente disuelta, se busca recomponerla a partir de lo que se conocería como “trabazón”, es decir: “la presencia de representantes oficiales de la FAI en los comités superiores de la CNT y en otros organismos mixtos de expresa creación”(2). El carácter ibérico es debido a la presencia de delegaciones portuguesas y de exiliados en Francia, pero la organización será fundamentalmente española. “La FAI de 1927 es una federación de grupos de afinidad, bastantes cercana en sus principios organizativos a los que inspiran la “síntesis” de Faure. No aspira a convertirse en una organización única del movimiento anarquista español. Pero sí manifiesta la voluntad de establecer vínculos institucionalizados con la CNT, y la historia de la FAI será la historia de sus relaciones con la CNT. La confusión de la sigla FAI con la tendencia revolucionaria de la CNT y la doble militancia iban a tener efectos considerables en la vida de la CNT durante ese período”(3). El temor a una evolución política de la organización anarcosindicalista era justificado, por un lado, debido a la acción de simpatizantes comunistas que por la represión accedieron a cargos representativos, los cuales votaron el envío a Rusia de una delegación -integrada por Andreu Nin, Joaquín Maurín, Jesús Ibañez, Arlandis y el anarquista francés Gastón Leval- que adhirió la CNT a la Internacional Sindical Roja, impulsada por los bolcheviques en el año 1921; por otro lado estaba la tendencia reformista confederal que mantenía la finalidad comunista libertaria proclamada en 1919, pero que concentraba sus críticas sobre el “aventurerismo” de la tendencia mayoritaria: la llamada gimnasia revolucionaria. En 1922 se pueden reunir nuevamente los militantes confederales que resuelven desafiliar a la CNT de la Tercera Internacional y proponen el ingreso, en principio, en la nueva AIT con sede en Berlín. Gómez Casas señala este echo como una lección: “a la CNT como tal le bastaron sus contenidos ideológicos para corregir errores y enderezar rumbos, así como para neutralizar o expulsar como inasimilables ciertos cuerpos extraños a la etiología de la organización. Aquí fue el contenido ácrata de la CNT quien cerró el paso a los partidarios de Moscú, sin que a la sazón existieran, al menos de manera eficientemente estructuradas, organizaciones específicas del anarquismo”(4). Otro problema a tener en cuenta es el de los contactos con elementos políticos para acabar con la dictadura, cómo señalaba Juan Peiró: “desde el año 1923 ni un sólo Comité Nacional, ni un sólo Comité Regional ha dejado de estar en contacto con los elementos políticos, no para implantar la República sino para acabar con el régimen de ignominia que nos ahogaba a todos”(5). Además ya se habían dado situaciones de negociación entre cúpulas sindicales contrariando los acuerdos de los congresos como por ejemplo el pacto con la UGT (socialista) firmado en 1920 por el Comité Nacional de Salvador Seguí, Evelio Boal y Salvador Quemades. El pacto“era circunstancial para luchar contra la reacción capitalista, preveía la fusión de ambas sindicales, mas este problema era por el momento soslayado en razón de su complejidad”. El Pleno Nacional de Barcelona realizado ese mismo año “condenó por unanimidad de las regionales la firma del pacto, y se consideró que el Comité Nacional se había excedido en sus funciones”(6).
La multiplicidad de problemas a enfrentar, lleva a muchos compañeros a agruparse específicamente, pero en la proyección de todo organismo de estas características está implícito el gobierno de las masas por una minoría esclarecida. Su ámbito de actuación es la política que se resuelve, tarde o temprano, como el arte de gobernar. De igual forma se podría haber luchado defendiendo a la CNT desde dentro de sus estructuras, sin necesidad de conformar un organismo paralelo, e intentar proyectar el anarquismo de la confederación más allá de los marcos sindicales. Como lo habían echo los anarquistas en España desde 1870.
Uno de los miembros fundadores de la FAI decía en una entrevista en 1977: “(...)Los compañeros comprendían que, en grupos o aislados, no darían el mismo resultado que asociados. Siempre partiendo del individuo, de los grupos de afinidad, sin comités, ejecutivos, ni nada de eso. Yo estaba en el grupo “Luz y vida”(...) ¿Los fines?...Luchar contra la dictadura hasta donde se pudiera. De cara al futuro, más o menos próximo, proyectar una propaganda para dar a conocer el anarquismo: periódicos, escuelas racionalistas... Sobre el sindicalismo se tomó una actitud: éramos partidarios del movimiento obrero de tendencia anarquista, lo que ahora se llama anarcosindicalismo; para nosotros, la unidad de clase había fracasado, y lo que había que buscar era la unidad anarquista(...)
La FAI ha tenido tres etapas: la primera fue la de su fundación, los compañeros tenían un mínimo de convicciones anarquistas, tanto en su forma de pensar como en su actuación. Fue una etapa de actividad muy limitada, en realidad no se llegó a poner en marcha ni siquiera una publicación anarquista.
Después de la proclamación de la República, empezó a articularse de una forma que a muchos anarquistas no nos convencía, se creó un Comité Peninsular que se tomaba atribuciones, lo que estaba en contra de nuestras ideas, al querer aglutinar a mucha gente la FAI tuvo una actuación que no respondía a la idea para la que fue fundada. Realmente se trabajaba más en los sindicatos que en la propia FAI, hasta el punto de que las detenciones y deportaciones fueron por el trabajo sindical.
Yo dejé de pertenecer a la FAI en 1934, cuando volví de la deportación, porque se veían ya tendencias autoritarias... Se marchó más gente. Pero continuamos siendo anarquistas porque es una actitud ante la vida.
La tercera época de la FAI ya la conocen todos. Dejó de ser una asociación anarquista para convertirse en un partido político
(...) Se llegó a intervenir en los organismos estatales, desde los ayuntamientos hasta los ministerios, y eso de anarquismo no tiene nada. Eso era apartarse del pueblo, marginarlo, y entregarse en manos de los estamentos que precisamente dan la razón de ser al anarquismo, que intenta destruirlos.”(7)
La FAI adquirió una carga mítica rápidamente a partir de los enfrentamientos tendenciales en la CNT contra el sector moderado, que propiciaba las Federaciones Nacionales de Industria y que más tarde se conocería como “treintismo”, sector escindido de la CNT y vuelto a reincorporar en 1936 en el Congreso de Zaragoza. Cito a Felipe Orero quien considera el mito de la FAI como una creación de la CNT, “o mejor dicho, de la tendencia confederal que prevaleció entre 1931 y 1936. El “faísmo” era una actitud que compartían muchos miembros de la CNT que no pertenecerían nunca a la FAI. Se podía ser de la FAI sin pertenecer a la FAI, fenómeno de cuyo anarquismo no se puede dudar. Y ese “ faísmo” fue también impugnado con frecuencia por grupos de la FAI y a veces por el Comité peninsular de la FAI de 1927”.
Cuando la carga simbólica de la FAI se manifiesta con mayor intensidad y eficacia -polémica con el “treintismo”-, la FAI acaba de salir del incógnito, y empieza a vivir en la pública ilegalidad que sería su sino bajo la segunda República hasta 1936. En ese período los hombres que hablan con eficacia en nombre de la FAI no pertenecen a la FAI o empiezan a pertenecer a ella tardíamente. El grupo “Nosotros”, sucesor del grupo “Los Solidarios”, se afiliará a la FAI a fines de 1933, con el objetivo de oponerse en su seno, según afirma García Oliver, a las tendencias anarcoburguesas entonces hegemónicas en la FAI, inspiradas por Abad de Santillán, Miró, Montseny, Peirats y otros. Dice Peirats: “La FAI prestó su bandera contra los «treinta» (...) como organización teníamos muy poca fuerza (...) Fue una marea popular que tomó el nombre de la FAI porque necesitaba una bandera y había un concepto mítico de la FAI. Algunas personalidades que hablaban constantemente en nombre de la FAI tuvieron más influencia que nosotros mismos que la representábamos oficialmente. Me refiero a Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti y Juan García Oliver. Esos hombres tenían su pequeña FAI”(8). Para García Oliver ser “faísta” representaba ser partidario de realizar la revolución enseguida, sin esperar a mañana ni a después. Aquí podemos hallar lo más valioso del aporte de las personas que formaban parte de la FAI y del entorno que la miraba con simpatía como un referente social.
Pasado el ciclo insurreccional con varios intentos de implantar el comunismo libertario, se resuelve finalmente el problema del “treintismo”, ya que en 1934 Ángel Pestaña evidencia su defección con la creación del Partido Sindicalista para intentar acceder al parlamento. Los Sindicatos de Oposición, que habían formado con Pestaña la Federación Sindicalista Libertaria, se reintegran a la CNT.
Lo que provocó que el alzamiento fascista de 1936 no fuera sólo un golpe de estado más, fue el fruto de más de medio siglo de difusión de las ideas anarquistas por toda España, tarea llevada a cabo por innumerables sociedades obreras y grupos anarquistas. La preparación para plantársele al ejército tuvo en la CNT y la FAI a sus más fervientes impulsores. La huelga general ante la salida del ejercito desencadenó una revolución en la que lo primero en desmoronarse fueron las estructuras estatales. Pero todo esto no fue suficiente. “Precisamente fueron estas dos organizaciones descentralizadas y antiburocráticas, las que, al entrar en contacto con la realidad revolucionaria y con las importantes responsabilidades públicas (...) reprodujeron con una rapidez increíble el fenómeno burocrático: la casta de los dirigentes, en todos los aspectos, al “desenraizarse”, no sólo dio la espalda a los principios libertarios, sino –lo que es más grave- a la acción revolucionaria de las masas, buscando en todas partes y siempre el compromiso, cuando estuvieron representadas en los gobiernos (en el catalán y en el central), y buscando siempre volver a ellos cuando no lo estuvieron”(9). Las consecuencias de la colaboración antifascista generan nuevas necesidades y lo que estuvo desde el principio en germen se desarrolla. La FAI acuerda en el Pleno de Regionales de Valencia en 1937, a diez años de su fundación, ciertas modificaciones en sus estructuras y principios: “Como anarquistas somos enemigos de las dictaduras, ya sean de casta o de partido; somos enemigos de la forma totalitaria de gobierno(...)” Es decir, que no se consideran enemigos del gobierno en sí sino sólo de su forma “totalitaria”, es evidente que la intención de la FAI era la de jugar el papel de un partido político para ser reconocida por el Gobierno como uno de los partidos integrantes del “bloque antifascista”(10). Siguen los acuerdos: “(...)La FAI debe tener una línea uniforme que abarque todos los aspectos de la vida política y social, que le permita saber cómo actuará en todo momento y circunstancias (...) frente a nuestra posición inhibicionista del pasado, es deber de todos los anarquistas intervenir en cuantas instituciones públicas puedan servir para afianzar e impulsar el nuevo estado de cosas (...) con la nueva organización que se imprime a la FAI, la misión orgánica del grupo de afinidad queda anulada”. A partir de ahora se estructura en base a grupos geográficos, por distrito y barrio, desde donde se forman las federaciones locales, comarcales, provinciales y regionales, constituyendo las regionales la FAI. Se establece la afiliación dividida en íntegra (los que ya estaban vinculados al anarquismo antes de enero de 1936) y condicionada (no pueden ocupar cargos hasta seis meses después de su ingreso). La evolución de la organización específica está correctamente descrita por Felipe Orero: “El pleno legitima la división entre dirigentes y dirigidos, anula los grupos de afinidad, legitima el gubernamentalismo a todos los niveles, reduce la afiliación a una forma de cooptación administrativa, refuerza los comités orgánicos y deja en el vacío las instancias federales, especialmente el congreso. E instituye el carnet de anarquista. Acuerdo tan importante que cambia radicalmente la naturaleza de la FAI, es adoptado en un Pleno en el cual sólo cuatro verdaderas regionales -las firmantes del dictamen básico aprobado- están representadas. El acuerdo fue adoptado con un voto de reserva de la más importante de ellas: la catalana. Pero el Pleno evitó dar a sus acuerdos carácter de provisionalidad impuesto por la guerra civil. En buena práctica federalista, semejantes acuerdos sólo podían ser adoptados en un Congreso peninsular de grupos. Se puede objetar que las circunstancias creadas por la guerra civil lo hacían imposible. Pero la mutación la hacía posible la evolución que venía operándose en el seno de la federación. En realidad, la infracción notoria del federalismo que suponían los acuerdos del Pleno, era “impuesta” a los “dirigentes” por un objetivo inmediato de orden político: la necesidad de dotar a la federación de un estatuto legal y político y de una forma organizativa que la hiciera equiparable al resto de los partidos que integraban el Frente Popular para que se les abrieran las puertas de acceso a los cargos gubernativos.
La transformación de la FAI en partido político de talante clásico no detuvo la pérdida de influencia del movimiento anarquista español en el curso de los acontecimientos. La FAI se había convertido en un organismo estéril y parásito. Tampoco dio lugar a ninguna gran campaña política
”(11). Llevados los acuerdos a referendum encontraron una minoría opositora en Cataluña y también en la federación de grupos de Barcelona donde se retiraron varios delegados “al grito de “¡viva la anarquía!”, entre ellos el propio José Peirats. A partir de entonces el autor de La CNT en la revolución española dejaría de militar en la FAI”(12). Así las cosas, el más coherente en la proyección de lo que suponían los acuerdos del Pleno de Valencia fue Horacio Martínez Prieto quien proponía que la FAI se convirtiera en partido político de la CNT: “(...)Si la C.N.T. ostenta la representación política del Movimiento Libertario la FAI está de más. Si el Movimiento quiere distinguir entre lo político y la razón de clase, la F.A.I. es la que ha de llevar la dirección política...”(13).
Con la derrota en la guerra civil se va a estructurar ese mencionado movimiento libertario con mayúscula, como herencia para el futuro. El 25 de febrero de 1939, ya en el exilio, se reúne el Comité Nacional de la CNT, los Comités peninsulares de la FAI y de la FIJL (Federación Ibérica de Juventudes Libertarias) para formar el Consejo General del Movimiento Libertario Español (compuesto por 4 miembros de CNT, 4 de FAI y 2 de FIJL). En palabras de Felipe Orero: “Si el movimiento anarquista español no constituía una sola organización , por lo menos disponía de un órgano supremo que se había nombrado a sí mismo”(14). La política había llegado muy lejos, la revolución estaba en otra parte, colectivizando el campo y las fábricas, en las milicias voluntarias, en la entrega generosa de los miles y miles de militantes de la CNT y de la FAI en conjunto con el pueblo que se identificó con esa entrega y la hizo suya. Sin duda realizando la mayor experiencia autogestionaria conocida: sólo posible con la Revolución Social.

M.S.C.

( ) Juan Gómez Casas, Historia de la FAI, F.A.L.2002. pgs. 120-121.
(2) José Peirats, Los anarquistas en la crisis política española, Bs.As. Alfa.1964. p.278.
(3) Felipe Orero, CNT: Ser o no Ser, Suplemento cuadernos de ruedo ibérico.
(4) Historia de la FAI. p. 61.
(5) José Peirats. Op.cit. p.49.
(6) Juan Gómez Casas, Historia del Anarcosindicalismo Español, La Malatesta. Madrid. 2006. pgs.168-169.
(7) Entrevista a Progreso Fernández. Bicicleta, Revista de comunicaciones libertarias. Año 1. Núm.11.
(8) CNT: Ser o no Ser, Op.cit. pgs.108-109
(9) Carlos Semprún-Maura, Revolución y Contrarrevolución en Cataluña.
(10) Vernon Richards, Enseñanzas de la Revolución Española, Campo Abierto. Madrid. 1977. p.128-129.
(11) CNT: Ser o no Ser. p.112.
(12) Historia de la FAI.
(13) Los Anarquistas en la crisis política española. p.346-347.
(14) CNT: Ser o no Ser.p.54.


CALENTAMIENTO GLOBAL Y CATASTROFISMO: TAPANDO EL SOL CON UN DEDO VOLVER

Uno de los temas que se está poniendo de moda desde hace un par de años es el calentamiento global y sus consecuencias, al que ya le hemos dedicado algunas líneas desde esta publicación. Aunque en la gran mayoría de las menciones que se hacen en los medios de comunicación coinciden en que el calentamiento global y su consecuente cambio climático son una realidad a la que tenemos que irnos acostumbrando, fue para mí algo inesperado el enterarme que había opiniones libertarias que planteaban importantes discrepancias sobre el asunto. Más aún teniendo en cuenta que habían sido vertidas en un periódico tan prestigioso como “Tierra y Libertad” de España, una de las publicaciones anarquistas más perennes, tradicionales y prestigiosas de nuestro movimiento. El artículo se titulaba Del empleo del catastrofismo en la ideología dominante y estaba firmada por Philippe Pelletier, un compañero de origen galo. La argumentación intenta probar como el discurso del calentamiento global -de una retórica y una estética catastrofista- además de falso, es funcional al sistema, es decir, sirve como un instrumento para consolidar la dominación social. Si bien el autor de la nota opina indudablemente desde una postura anarquista, mi visión del calentamiento global es diametralmente opuesta a la de Pelletier. Por lo tanto no pretendo desde este lugar hacer una crítica ideológica del compañero sino debatir posturas con respecto a la específica temática del calentamiento global.
La mayoría de los estudios e informes sobre el calentamiento global han llegado a la conclusión de que, en mayor o menor medida, ha sido causado por la emisión de gases invernadero -en especial CO2- producto de la actividad humana. Lejos están los científicos del desacuerdo que Pelletier imagina sobre el asunto y más aún de existir una invención periodística del problema. Más bien existe un interés creciente de medios de prensa allegados a sectores industriales, petroleros y automotrices, cuando no al gobierno norteamericano en desinformar sobre el asunto y poner paños fríos a una situación que es injustificable éticamente e insostenible políticamente. Aunque pueda parecer vergonzoso, no deja de ser menos real que el huracán Katrina hizo perder más votos a Bush que toda la muerte y destrucción que llevó adelante en el Golfo Pérsico. Lo que está en juego no son teorías científicas acerca de si es la acción humana o es un patrón cíclico natural el generador del cambio climático, sino políticas industriales, modelos de desarrollo y de expansión de las grandes potencias, así como costos políticos frente a desastres naturales cada vez más frecuentes. Los propios EE.UU. están reconvirtiendo su industria automotriz no por causa del calentamiento global sino por la futura escasez de petróleo: la energía barata se terminó y las alternativas se revelan como de primitivo desarrollo y capacidad (energía eólica o solar) o de utilidad controversial (energía termonuclear e hidroeléctrica). Aún nos resulta inimaginable un mundo sin petróleo. Si los pocos años de “energía sucia” que nos quedan a los humanos los estigmatizamos como una amenaza a nuestra supervivencia, nos enfrentaremos a la crisis económica, las hambrunas y la destrucción de los estándares de vida actuales antes de haber hallado una solución al problema energético, argumentan desde los despachos de las multinacionales.
He aquí una de las razones para negar que sea la actividad humana la que produce el calentamiento global. En realidad nos referimos a la actividad industrial –mayormente de las grandes potencias- y al transporte, sin olvidar que los desmontes de las selvas y bosques, los incendios forestales, la agricultura, la ganadería y la espantosa sobrepoblación humana, que ha llevado a la raza humana prácticamente a la categoría de una plaga destructiva, son igualmente responsables de la amenaza. El recalentamiento tal vez no esté lo suficientemente probado -como sostiene el compañero Pelletier- pero eso no nos debe llevar a sostener que es una ficción. Las pruebas de que los cambios climáticos responden a un patrón cíclico, están menos probadas aún. O acaso hemos creído que esto se trata de la conspiración de la comunidad científica para dominar al mundo por el miedo al cambio climático.
Los políticos y los periodistas hablan del cambio climático y lo utilizan como panacea explicativa de todos los males, y tiene intereses para hacerlo, sostiene Pelletier. Es verdad, coincidimos; también dicen que los nazis asesinaron a millones, que hay que acabar con el hambre en África y que el cigarrillo es malo para la salud, es cierto y coincidimos también. Como igualmente coincidimos con los marxistas en que hay que acabar con el sistema capitalista de dominación: ¿eso nos convierte en sus aliados? Las informaciones y datos reales en boca de los mentirosos (sean políticos o no) no dejan de ser ciertos ni se convierten en certezas a medias. Pareciera que este no es el razonamiento de Pelletier.
Sostiene nuestro autor que “para imponerse en un mundo moderno en el que se mezclan a la vez racionalismo y religiosidad, ya sea antigua o nueva, escepticismo y fanatismo, revuelta y fatalismo, toda ideología de vocación hegemónica debe pegar fuerte. Recurre siempre al catastrofismo. Por eso, no duda en cultivar la más grande confusión”. A través de las imágenes televisivas de estética apocalíptica y de un discurso sentimental se construiría el fraude. Pelletier afirma que “son raros los reportajes sobre la contaminación efectiva y no fantasmal, incluyendo nuestro propio espacio, y no los dedicados a los bosques vírgenes o los casquetes polares que, desde luego, son mucho más exóticos, estéticos y glamorosos a la vista. No veréis a obreros en la miseria o casas de mierda”. La razón –según Pelletier- es que “vende menos”; el negocio está en la “estetización de la catástrofe”. Si el fenómeno del calentamiento global es un invento de los medios y los políticos para vendernos algo, sea lo que fuere eso, da lo mismo vender calentamiento global que pingüinos empetrolados, bosques que se desmontan o pandas en peligro. Deberíamos preguntarnos además por qué nos quieren vender algo que no deja bien parado al mundo industrializado, cuando ellos forman parte del stablishment.
No será, en cambio, que los políticos y los medios de comunicación intentan apropiarse de un discurso que ya no pueden ignorar, para encauzarlo en su favor. Ese parece ser el caso del documental An inconvenient truth (La verdad inconveniente), protagonizado y patrocinado por Al Gore, ex hombre de Clinton y candidato presidencial derrotado por Bush, en unas fraudulentas memorables elecciones. Como documental acerca del cambio climático es altamente pedagógico y nadie puede alegar que la argumentación no es coherente, consistente y convincente. Es verdad también, que mucho de lo que aparece en la película coincide con el análisis del compañero francés, especialmente con esa estética de la catástrofe omnipresente, con el panorama negro, desolador y prácticamente irreversible de la situación. Clima que Gore aprovecha para forjar su imagen de chico bueno de la película, de obvias perspectivas electorales: “si no me votan, vendrá el Apocalipsis”. El hombre surfea sobre la ola de un tsunami y le saca provecho; actitud contraria a la de Bush, que se empecina en negar la ola. Las dos son estrategias válidas para perpetuarse o para acceder al poder, así ambos sean tanto mentirosos como sinceros en sus argumentaciones.
De todos modos los discursos no pretenden que la gran mayoría tome conciencia real de las cosas y que se pierda el control y el cauce de la indignación popular. En el documental de Gore no se culpa a las grandes industrias, al consumismo, al capitalismo, a la explosión demográfica o al imperialismo militarista de las emisiones de dióxido de carbono: se culpa a la ignorancia de todos los ciudadanos, a la falta de conciencia ecológica de la población, a unos cuantos políticos -a Bush en especial- y unas industrias, pero del sistema capitalista mejor no hablar. Las soluciones para la catástrofe que se vislumbra dan risa: comprar aparatos eficientes de bajo consumo, cambiar los termostatos de heladeras y acondicionadores de aire, reciclar, utilizar el transporte público o ir en bicicleta y todo tipo de recomendaciones y máximas morales y sentimentales; la mejor de todas: “si los políticos no te hacen caso, postúlate al Congreso”. El resultado es un manual de la inacción, la acción aislada, individual e intrascendente.
Muy por el contrario a nuestra opinión, el compañero Pelletier afirma que “la evocación de las catástrofes medioambientales actuales (…) funciona como un espantapájaros destinado a asustar y culpabilizar a los individuos pasivos e indiferentes. Asusta a las masas del mundo pretendidamente post-industrial, estigmatizando a las masas del ex Tercer Mundo, que son juzgadas culpables de pretender incorporarse al mundo industrializado”. Creemos que las masas del mundo están muy lejos de aterrorizarse frente al cambio climático, que a nadie, ni en el Tercero ni en el Primer Mundo, se le ocurriría siquiera obstaculizar la instalación de una industria en nombre del calentamiento global (aunque, paradójicamente, sí lo han hecho para evitar la contaminación). Me resulta también imposible visualizar como lo hace Pelletier el papel de espantapájaros que atribuye al catastrofismo, cuando el sentido común también podría hacernos vislumbrar algún aspecto movilizador hacia la acción. Y creo que es por lo menos contradictorio afirmar, como lo hace Pelletier, que: “teóricamente, el catastrofismo pretende, sobre todo entre algunos militantes sinceros, hacer reaccionar a los individuos. Trata de imponerse como un imperativo moral que justifica la revuelta”. No nos queda claro entonces, como es que ahora el espantapájaros ahora incita a la revuelta.
El anticatastrofismo del camarada Pelletier termina desbordándose cuando sostiene que el catastrofismo “ha permitido carreras políticas”, “refuerza el egoísmo colectivo” (incoherencia semántica que se ahorró de explicarnos qué significa), fomenta el terrorismo ecológico y la creación de opciones ilusorias y escapatorias como son la contracultura alternativa y el “capitalismo ético” de Soros. En este revuelto incoherente e injustificado termina Pelletier, por deducir propiedades al catastrofismo ecológico que son de hecho contradictorias. El calentamiento global es presentado como el fraude del siglo, con argumentación científica harto sospechosa y proveniente de sectores más oscuros aún, directamente salidos del riñón del enemigo capitalista. Si bien es justa la indignación del compañero sobre la utilización del discurso ecologista por el sistema capitalista, y más aún del movimiento político que se apañó tras los numerosos partidos verdes y ONG surgidos después del mayo posmoderno del 68, con los cientos de desertores y vendidos como Cohn-Bendit, no podemos tapar el sol con un dedo. El calentamiento global es una amenaza tan real como la posibilidad de una guerra termonuclear entre las grandes potencias; argumentar que la destrucción del planeta con armas nucleares es un mito, debido que nunca se llevó a cabo dicha guerra, sería considerado absurdo, un razonamiento monstruoso. Creer que el calentamiento global y sus consecuentes desastres ecológicos son un mito pergeñado por el enemigo, es no solo una actitud irresponsable sino que favorece a aquellos a quienes pretende atacar.

P. Rossineri


LOS NARANJOS VOLVER

Uno se va cuestionando las diferencias y va buscando, entre tantas limitaciones, una manera de subsistir, de sobrevivir en esta sociedad. Es lo que hay... hasta que la arrastremos a su estrepitosa caída. No se trata de manosear victimismos sensacionalistas como lo hace la burguesía. Solo expondré un piedrazo más que impacta en nuestro rostro, arrojado por los responsables de este sistema, en la lapidación diaria con la que castigan los Estados.
Pongo como ejemplo: vender naranjas. Un grupo de niños y adolescentes ven pasar frente a ellos 34.800 toneladas de este cítrico cotidianamente, exportado por un ingenio ubicado en Oran, Salta. Estos chicos, lejos de jugar a los video-juegos o quemar horas de ocio, deciden entrar en esta “propiedad privada”. Una vez dentro se dividen en dos; uno se queda en los límites del ingenio y el otro encara al chofer en movimiento para darle cigarritos y hojas de coca para que disminuya la velocidad y no los botonee con los guardias de la salida; dos se suben en la parte trasera para llenar un par de bolsas y así venderlas en las calles del pueblo al día siguiente. Todo iba bien hasta que la rutina se rompió intencionalmente. Una tarde llega una camioneta y un camión con las luces altas. Sobre estos, peones al grito de “vamos a matarlos” y pidiendo a los guardias que les tiren escopetazos. Los chicos de adentro lógicamente corrieron desesperados y asustados, mientras que el grupo de afuera tiraba hondazos y piedras de todo tipo para ayudar a sus amigos en la fuga. Dos camionetas y tres motos más serraron la huida a tiros. No hubo heridos, pero la fuente de ingresos se había quemado.
Los árboles flamean con la brisa del viento, observando como mudos testigos correr la Vida, la adrenalina y la sobre vivencia de estos pequeños humanos desesperados...
Dejaron pasar unos días hasta que se calmaran las cosas, pero como el hambre aprieta y ahorca, volvieron, esta vez con un grupo más pequeño. El temor siempre presente y la inferioridad numérica no los detuvo. A las necesidades no le importan las edades, no se detienen ni se adaptan, simplemente se acresientan vertiginosamente. Sin apoyo desde afuera esperaron el camión y todos treparon al ultimo acoplado, para llenar las bolsas.
Pero como mueca premeditada de su destino la traición deja su estela despreciable en el camino de estos chicos. El camionero -cómplice por beneficio propio en varias ocasiones- esta vez decide cambiar de manos su complicidad; lejos de disminuir la velocidad, acelera a fondo y sé desvía hacia un lugar más oscuro. Al detener la marcha aparecen guardias con palos, cadenas, armas de fuego y cañas de bambú. “Nos golpearon con palos y cañas, nos torturaron, nos amenazaron de muerte si contábamos lo que paso y nos quisieron meter palos en el culo” dijo Michel, uno de los chicos torturados. Después de varias verdegueadas e interminables golpes, finalmente pudieron escapar en distintas direcciones. Pero al reunirse en la salida del ingenio descubrieron que faltaba uno: Néstor Pereyra, “El corto “ lo llamaban. Rápidamente comenzó una búsqueda desesperada de familiares y amigos. El cuerpo sin vida apareció dos días más tarde en el canal del ingenio, con una bolsa en la cabeza, atado de pies y manos, y con el rostro brutalmente destrozado...
Los árboles flamean con la brisa del viento observando como mudos testigos la agonía, la muerte y como se va mezclando lentamente el agua de su riego, con la sangre derramada del pequeño desconocido...
Agonizo doce horas hasta que decidieron darle “el golpe de gracia” en la cabeza y arrojarlo al canal para simular un ahogamiento, apostando así a la impunidad de su pobreza.
En el ajedrez el peón cumple un papel esencial: atacar y sacrificarse por su Rey. En esta sociedad ocurre lo mismo con el clásico “chupa culo del patrón”. Los peones, el chofer, la seguridad privada, la sociedad entera, se basan en la excusa de la perdida de su “trabajo” justificando así el matar o morir por mantenerlo.
Hoy, su familia, amigos y vecinos marchan hacia la nada, sumergidos en la “justicia” divina y legal, con una pancarta que dice: “¿Una bolsa de Naranjas vale mas que una vida?”, como esperando una respuesta del Estado, de ese Estado que es sólo otro empleado más del ingenio (Seabord Corporation). La cadena se sigue saliendo y sin querer ver ni arreglar el verdadero problema, se les pasa la vida; solo se acuerdan de él cuando se vuelve a salir, y ahí putean. Se adaptan dejando la justicia en manos del problema (Dios y el Estado) y hasta que estos les respondan. Pero uno es una inexistente fantasía, creada por el fanatismo histórico, y el otro; cómplice nato de todo crimen social. Hasta que no se eliminen de raíz a los responsables del problema se seguirá saliendo la cadena y la vida seguirá valiendo mucho menos que una bolsa de naranjas...
En sus últimos días el problema vibrará del pico a la raíz, con un Motín Universal nunca antes visto ni vivido por la burguesía y sus defensores. Temblará con tal magnitud que la tierra se rajará desde lo más alto de las garitas hasta los cimientos de las cárceles; de las construcciones más imponentes, levantadas con el sudor explotado de la humanidad, hasta la profundidad de las minas; desde la cima de las montañas que se pierden en las nubes hasta el centro mismo de la tierra...
...Y los árboles ya quemados por fuera y verdes por dentro observarán como mudos testigos a la vida trenzarse en duelo con la muerte, y la destrucción y construcción del planeta. Allí estarán también como pocos supervivientes, en el nuevo mundo, en ese mundo destruido pero libre que ya veremos en su momento como continúa. Mientras tanto ellos esperaran la lluvia, que todo lo cubre y lo riega, rematando con el cálido sol, fuente de su energía vital. Volverán los frutos -suyos y nuestros- flameando con la brisa del viento, observando como mudos testigos la nueva historia, escrita esta vez con otras manos, manos sin sudor explotador... Y ellos seguirán observando, si, siempre ellos: Los Naranjos.

Vilchesz


DE LAS CENIZAS Y ESCOMBROS… VOLVER

De las cenizas y escombros brotarán las más bellas flores, de ahí nuestra labor de dar vuelta la tierra para que se produzca el cambio, y renueve esta Tierra…

Siempre que algo se destruye, otra cosa distinta se construye; a la par de aquella o simplemente tiempo después. Cuando algo muere algo nace, crece se desarrolla y consolida. Si ésta permanece fuerte seguirá viva, sino detrás de ella aparecerá otra que la destruirá. El tiempo de desarrollo y consolidación lo dictamina el entorno, y en ese tiempo se pueden sufrir cambios, modificaciones para bien o para mal.
En la sociedad podemos ver lo mismo, y como individuos no estamos ajenos, por lo tanto, o buscamos el cambio o nos conformamos con la situación. Así mismo, los que “todo” lo controlan, son los que más fuertes y prevenidos parecen estar.

Nuestros primeros pasos

Es así que desde nuestro nacimiento nos insertan en “su” sociedad y forma de vida, ya acostumbrados nuestros antecesores en la generalidad del “buen ciudadano”. Nos envían al jardín de infantes donde el que mejor se comporta se lleva el beso de la señorita y obtiene de premio sostener la bandera patria. Siguiendo, encontramos relacionarnos entre pares dentro de la escuela primaria, desarrollando nuestra sociabilidad mucho más que antes, aprendiendo a compartir, a quitar, a sonreír y llorar; cuando rebelarte te hace doler el estomago por temor a que el mayor se enoje. Nos atemorizan de pequeños con el castigo; si te rebelás y portas mal te envían: a la dirección, al rincón, y en el peor de los casos llaman a tus padres. Ese dolor de estomago es el miedo al castigo y éste, la destrucción de esa rebeldía.
Adoctrinan a los pequeños destruyendo esa “animalidad”. Hacer las cosas bien para que los mayores no nos reprendan .Su construcción, hablando de los controladores, es destruir ese instinto de desobediencia para formar al ser obediente y sumiso que adoptará los valores culturalmente establecidos.
Pero el mayor grado de descontento se da en la adolescencia, cuando no solo nuestro cuerpo empieza a cambiar, también nuestros pensamientos comienzan a tomar una dirección o, tan solo, a tener un esbozo de criterio del alrededor. Vamos dejando atrás la protección de los más grandes para experimentar nuevos caminos y tratar de explicarnos los porqués de las cosas. Y como hay un control para cada etapa, empiezan a presentarse varias opciones de las cuales la mayoría servirán como métodos de control y venda para los ojos, así sean las drogas, la televisión, la música o el perfilamiento para poder llegan a ser más de lo que uno es y no permanecer en la mediocridad, hablando en sus términos de planteamiento del progreso. Todos estos métodos van destruyéndonos y así afianzándonos en la sociedad del consumo, terminando ellos de ganar otra vez y domesticando nuestras mentes.

Y los Panteístas de la cosa

Dentro de la gama del blanco y negro, del que está y no lo está, aparecen los grises, el que se rebela pero no tanto -por supuesto salvando las condiciones en las que uno se encuentre-; aquel que sufre un malestar pero prefiere hacer oídos sordos al problema real para atacar solamente lo más próximo. Los poderosos al saber que están acabando con el planeta, aceptan y crean organismos (y hasta partidos políticos) en defensa de la ecología, los animales, las adicciones y otros tantos problemas que aquejan a la humanidad como consecuencia de sus propias falencias, resguardándose en sus leyes. Promoviendo todas estas cosas a la vez, otras personas se conforman como panteístas de la cosa, permitiendo entrever esa cuestión de no aceptar al anarquismo como tal sino adosándole el prefijo de anarco a movimientos que sólo se centran en la destrucción de una causa en particular, dejando paso al mal menor. Los punks por la música, los vegetarianos por los animales, las feministas por las mujeres, los primitivistas contra la tecnología, los ecologistas por el medio ambiente y así sucesivamente haciendo un ismo de una causa en particular, hasta que lo incorpora el sistema. No sabiendo (o sabiéndolo muy bien) que los anarquistas vamos por la emancipación del Todo teniendo en claro que la libertad no se encuentra al principio de la historia sino al final.
Un ejemplo claro en estos tiempos puede ser la lucha por la liberación animal, reducir la cosa a un particular problema, de sus bocas no se escucha decir “Contra la explotación del hombre por el hombre”, sino que se escucha “Contra la explotación del animal por el hombre”. Por supuesto que en la sociedad que planteamos no pretendemos la explotación pero se hace más cómodo salvar la causa animal o hacerse vegetariano antes que creer en la abolición de las cárceles y el Estado que las sostiene; sometiendo éste a la sociedad entera, a la esclavitud de los gobiernos, aceptando que la gente siga muriendo de hambre, abalado por su sagrada democracia.
Cada uno puede optar por su camino, pero sabemos que la única forma de romper con todo lo que le quitó las ganas de sonreír a los días es apuntar de lleno a la abolición total del Estado. Estado físico, por sus cárceles, iglesias, juzgados, congresos y demás; y mental, por su pensamiento legal que castiga a quien atente contra “las buenas costumbres y deseos del buen prójimo”.

Por aquellos nuevos mundos

Dejando de lado a conformados y medias tintas, estamos dentro de la misma sociedad los que tratamos de cortar ese cordón umbilical que nos une a la cultura imperante, buscando otra cosa. Intentando desprenderse de todo lo que uno acarrea. Eso buscamos. Los rebeldes, revolucionarios o, simplemente anarquistas, creemos al decir de Mijail A. Bakunin que “la revolución es imposible sin una destrucción avasalladora y apasionada, una destrucción saludable y fructífera, pues mediante tal destrucción nacen y llegan a la existencia nuevos mundos”.
Siempre está quien se acerca a preguntar cómo será nuestra sociedad futura, a pedir “el programa” y las soluciones a las diferentes imaginaciones y problemas individuales. Cada uno de nosotros, más o menos, pensamos o visualizamos aquello que queremos, pero antes que nada sabemos lo que no queremos, y por eso es nuestra labor la de generar una conciencia. Pero también es nuestra labor la de generar un pensamiento de destrucción a lo establecido, es nuestra tarea destruir y enfatizar en el cambio para poder llegar a sentir que de las cenizas y escombros de todo esto llegarán a la vida esos nuevos mundos.

No buscamos destituir, sino destruir

A modo de post data: Se nos hace imposible pensar en el pacifismo, en no tomar las armas para comenzar esa revolución que nos llevará a la libertad. Confío en que las relaciones entre humanos, y de éstos para con el medio, se van a dar dentro de la mayor armonía posible; pero para poder llegar a ese estado de las cosas no tendremos que dejar en pie ni el más mínimo monumento de la autoridad.

Titi


DIÁLOGOS EN EL BAR: EL REALISMO DE “COYUNTU” VOLVER

Un bar psico-bolche del centro de Buenos Aires. Llega el Manguruyú a la mesa y saluda. Se sienta.
Coyuntu: ¿Cómo andás Mangu?, anduve leyendo lo que me diste. Está bueno, pero como te digo siempre, a ustedes les falta poner los pies sobre la tierra, una bajada a la realidad.
Manguruyú: Creo que vivimos en la realidad y las posturas del periódico Libertad son formuladas desde la realidad. Hablamos de la destrucción ecológica y del cambio climático, de la problemática del aborto, de la delincuencia relacionada con la miseria social, del hambre, del infierno que son las cárceles y tomamos posición frente a un montón de problemas de la realidad.
Ególatra: Claro, pero tenés que reconocer que hay temas de actualidad que no se tocan. La represión en Oaxaca, el caso Mercadona en España, la problemática de los presos en Europa o el animalismo.
Coyuntu: Tampoco se habla de la coyuntura en economía o de la política del gobierno, ni se hacen análisis como en la prensa de izquierda. Es más, atacan a la izquierda como si nosotros fuéramos de derecha.
Opus: Y no hablan del machismo, de la homofobia, de la discriminación a los homosexuales ni escriben con arrobas, para eliminar esos resabios machistas del lenguaje.
Manguruyú: Bueno, aflojen un poco. Vamos por partes. Si quieren actualidad, es decir, noticias de actualidad, con apretar una tecla en internet te aparecen miles de noticias, tenés decenas de noticieros por radio y televisión, además de los diarios. Y a vos, que te gusta tanto la prensa zurda, se consigue en cualquier parada de diarios. Y si querés noticias de anarquismo o relacionadas al movimiento tenés Ainfos, por internet o por correo electrónico. Y si querés un periódico anarquista con un fuerte anclaje en la realidad cotidiana que nos amarga, leé La Protesta que no deja pasar una. Por otro lado, con todo el respeto que me merecen todos los movimientos anarquistas del mundo, a los que consideramos nuestros compañeros, no podemos dedicarles muchas veces un espacio que, aunque quisiéramos, tenemos destinado a otros propósitos. El espacio es limitado y mal que mal, está relativamente cubierto. Cuando podemos, les damos lugar a las noticias que vienen del exterior, en especial a denunciar represiones y pedir por la liberación de los compañeros presos. Pero la realidad es que con difundir los casos (algo que hacen otras publicaciones y agrupaciones anarquistas) no alcanza, pero no deja de ser necesario. Priorizamos la toma de posición sobre problemáticas generales y analizar desde un punto de vista anarquista. No queremos informar; queremos difundir nuestra percepción de la realidad desde una óptica anarca, basada en nuestros principios revolucionarios.
Coyuntu: Pero haciendo propaganda solamente no vamos allegar a ningún lado. Tenemos que meternos en los movimientos piqueteros, en los sindicatos, en los barrios. Lo hace la izquierda y nosotros estamos por fuera de todo.
Manguruyú: Primero, el anarquismo no es de izquierda ni de derecha. En un inicio éramos parte del movimiento socialista internacional, pero por razones de público conocimiento, es decir, unos cuantos miles de anarquistas asesinados por los socialistas estatistas y unas cuantas traiciones, quedó claro que la izquierda en el poder se encargó siempre de actuar como la derecha. A los anarquistas en cualquier país capitalista siempre se los enmarcó dentro de la izquierda, pero en los países con gobiernos de izquierda marxista-leninista, desde el gobierno se los acusó de ser de derecha o de trabajar inconscientemente para la reacción, como en Cuba, China, Rusia o donde quieras. La izquierda y la derecha son posiciones dentro del sistema. Nosotros estamos por fuera del sistema, por fuera de la ley y por fuera del Estado. Segundo, nosotros nunca creímos que priorizar tareas de propaganda implicase abandonar cualquier tipo de lucha contra el sistema. Más bien, creemos que la propaganda y la conformación de un movimiento anarquista fuerte -no solo numéricamente sino también ideológicamente- reactivarán la lucha social, aunque seguro por caminos apartados de los que camina la izquierda, o por o menos con otro contenido. Y no me gusta como hablás de participar, Coyuntu. Todos sabemos que en la gran mayoría de estos movimientos y asociaciones lo que menos se busca es luchar contra el capitalismo y el Estado. Más bien lo que se busca es acceder a una parte de poder y desde la izquierda se lo justifica ideológicamente. Ya se vio que cuando las papas queman, la gente queda sola. Los partidos se borran.
Coyuntu: Entonces, ¿qué proponen ustedes? ¿Escribir periódicos y tirar volantes? Así estamos listos.
Manguruyú: No. Cada individuo y cada grupo u organización hará lo que considere necesario o lo que pueda. Unos harán propaganda, otros editarán libros, otros harán tareas gremiales, lucharán por la ecología o contra la discriminación. El anarquismo debe ser un movimiento, es decir un combinado de individuos y agrupaciones que no responda a una dirección central. Debe ser una red, una federación, un combinado de individuos vinculados por relaciones sociales libres, iguales y solidarias. El movimiento anarquista tiene que conformarse todavía. No estoy hablando de tendencias, sean estas especifistas, insurrecionalistas, plataformistas, anarcosindicalistas o consejistas, o como fue la FORA. Las diferencias siempre van a existir. Lo importante es organizarse autónomamente del Estado, no incorporarnos a la legalidad, mantener la independencia de los individuos integrantes de las organizaciones, relacionarnos igualitariamente a través de mecanismos federativos, conformar redes solidarias de apoyo mutuo. Todo lo contrario a conformar unidades corporativas, verticales y con pretensión de unitarismo como lo son los partidos de izquierda marxista, que se consideran a sí mismos como “El Partido” de la revolución. La cosa no pasa por escribir con arrobas, como propone tu amigo, o enviar una adhesión a la fiesta del “orgullo gay”. El que quiere ir individualmente, que vaya. El capitalismo puede evolucionar a formas de explotación y dominio que no incluyan actitudes machistas, discriminadoras sexuales o raciales. Hace unas cuantas décadas en EE.UU. nadie se hubiera imaginado negros y homosexuales declarados en el Senado, ganando Oscares o como generales en jefe comandando tropas en el Golfo. No se puede ser anarquista y discriminador o machista, de todos modos.
Ególatra: Yo, como individualista, propongo que cada cual vaya pagando lo suyo.
Coyuntu: Mejor, porque si hacemos una vaquita, con todo lo que el Opus se morfó de calladito, nos va a salir el doble.

El Manguruyú


CUESTIONES VOLVER

Aquí yacen los muertos por una sociedad “fracasada”, sin rumbo alguno más que ir a buscar al botón, que no sé si es el vecino o el gerente de la empresa o el de la esquina... por aquí yacen los muertos. Sin duda alguna yacen inertes.
El hombre “vaga” “muerto de cansancio”... cansancios ajenos, por cargar las cajas que llenan sus depósitos, por hacer rápidas sus rutas de comercio y sin pausas (por el horario), cansancios... por sus centros comerciales, por ensanchar sus campos, sembrar en primavera y cosechar en verano, por la explotación del Dios o del amo.
El hombre tiende, aunque costoso es el esfuerzo, a vivir un poco más... No hablo, claro, de esos que tienden a “vivir del hombre”, sino de los que por sólo un instante, ante lo “cotidiano”, se desprenden de la normalidad y del intento de distraerse, para abstraerse de esta sociedad, y de dar siquiera charla al botón. La imposición de un momento. De eso y de nosotros se trata.
Alguna chispa que se junta con otra chispa y así, porque se juntan, son cómplices de la combustión, del calor, de la iluminación, y, a su brevedad, el ardor como sentimiento... Esa es la posibilidad, un instante a perpetuar.
No está en aquellos “preocupados” por seis, ocho, nueve o una hora para comer, ni en los “activos” divulgadores del pensamiento consensual del “pueblo”... liberales de buenos hábitos.
Ante una Sociedad oscura como la de la Religión y todos sus personajes por haber, desde el de la capilla del barrio hasta el de la de Roma. Ante una Sociedad de depredadores como la de los burgueses que están al acecho de “alguna” cosa que explotar. Ante una Sociedad politiquera que no hace más que Leyes e intenta seducirnos con sus simpáticos discursos... y por detrás las listas negras de la democracia. Leyes y más leyes, todo lo que esté fuera de la ley será engrillado y a las tumbas, sin aire que respirar ni sol que sentir.
La moderada, la de los “malentendidos”... la tibia como a modo de posición o de presentación, la quebrada, la de la tortura y su labia como principio. Charlatanes que usan el mismo lenguaje del poder y de la religión. Moderados.
Aquí yace esta sociedad; la rencorosa, la delatora...
Las riquezas pasan “cotidianamente” por nuestros ojos. Nadie nos puede refutar esto. Y la posibilidad, que no tuerce ni coquetea, se impone.
Somos sociables... pero no incondicionales...

P. D.


COPENHAGUE VOLVER

Un “centro cultural y social” -donde conviven diferentes tendencias, entre ellas, anarquistas- fue, desde 1982, adjudicado por las autoridades a los ocupantes. Desde hace un tiempo las autoridades han readjudicado el edificio a una institución religiosa. Ante la resistencia de los ocupantes de abandonar el espacio, un escuadrón antiterrorista de la policía danesa desalojó el centro cultural. Las calles desbordaron de manifestaciones y de violentos enfrentamientos contra la policía. La represión ya cobró más de 500 detenidos, entre ellos militantes de la Cruz Negra Anarquista cuyo local también fue allanado.

Ni abuso policial, ni exceso de las autoridades; esto es el Estado, ésta es su naturaleza.

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