Nº 44
SEPTIEMBRE-OCTUBRE 2007

ARTÍCULOS:


ELECCIONES 2007: VOTANDO POR UN SUEÑO VOLVER
Un concurso de burgueses para competir por un puesto

Ni votos, ni botas gritaban los anarquistas en las manifestaciones, y cada tanto resurge el cantito. A los burgueses de izquierda y derecha les parecía simpático, o mejor, políticamente pintoresco. Incluso muchos se sumaban al entusiasmo de los anarquistas y marchaban acompañando; después se iban a sus casas a consultar con la almohada a quién sería mejor otorgar su voto. La polémica se instaló hace muchos años -más de un siglo ha pasado- sobre si los anarquistas debían participar en las elecciones aportando votos a los candidatos de la izquierda. El argumento aún tiene vigencia: es mejor tener un gobierno de izquierda que uno de derecha, de la misma forma que es mejor tener un marido gritón que uno golpeador, o que tener un trabajo mal remunerado que ser un desocupado. La dicotomía que siempre se nos plantea puede reducirse a: si votamos a la izquierda obtendremos un gobierno menos malo. Si no votamos favorecemos a los explotadores y opresores, que tienen vía libre para hacer lo que quieran. Finalmente, si debilitamos al sistema democrático promoviendo la abstención, el vacío de poder será aprovechado por las fuerzas más reaccionarias y sobrevendrá una nueva dictadura. Abstenerse es igual o peor que votar a la derecha. Ese es el argumento en líneas generales.
El inconveniente que tiene esta argumentación es que desde las premisas con las que se plantea la cuestión, es imposible alcanzar el comunismo anarquista, porque quedamos atrapados en un razonamiento circular: siempre deberé seguir votando la opción menos mala, e incluso aliarme con el gobierno, para evitar la embestida de la derecha (dictatorial o electoral). Verdaderamente, si esas son las opciones, no tienen sentido seguir siendo anarquista.
Pero claro, para quienes creen que la gestión política puede resolver los problemas y encauzar al pueblo hacia la revolución social, es un razonamiento válido. Para quienes creemos que la gestión política y la gestión de la economía al estar separadas del cuerpo social solo sirven para perpetuar los intereses de clase de los explotadores y gobernantes, todo el razonamiento está viciado de nulidad. No se puede alcanzar la libertad pidiendo cadenas y grilletes más livianos, ergodinámicos o anatómicos. La solución está en cortar la sujeción al poder.
Decía Malatesta en su polémica con Merlino: “Si no aspiramos al poder, ¿por qué ayudar a quienes aspiran a él?” La anarquía solo se alcanzará por medios anárquicos, ya que los medios prefiguran los fines. Aunque hay quienes consideran dogmáticas estas posturas y en nombre del “pragmatismo revolucionario” consideran que hay que utilizar todos los medios a nuestro alcance para conseguir los fines, aunque exista contradicción entre medios y fines (que son lo único que cuenta, según sostienen). Lo absurdo de esta actitud se manifiesta si planteamos las cosas desde el punto de vista de los opresores; a ningún partidario de la dictadura se le ocurriría fomentar la libertad con tal fin. De nuevo se demuestra que los medios prefiguran los fines.
Dicen: “no voy a desperdiciar mi voto, voy a hacer algo útil con él”. Y creen que así participan, cuando en realidad dejan de participar, y creen que deciden, cuando en realidad dejan de decidir. Los pragmáticos lo reducen todo a cuestiones tácticas y acusan a los anarquistas abstencionistas de caer en el dogmatismo, el sectarismo, el aislamiento y la inercia. Finalmente, terminan ellos mismos en la inacción anulándose en “programas de mínima”, obteniendo las migajas del banquete de la burguesía o sentándose a la mesa para compartirlo bochornosamente.
Izquierda, derecha, Néstor, Cristina, Macri, radicales con o sin K, marxistas-leninistas, populistas, socialistas, demócratas, policías como Patti, sindicalistas, piqueteros, milicos y curas: todos a competir, todos a colaborar con la democracia. Firmes junto al Estado, tomando de la gran teta gubernamental que desde hace siglos alimenta a los parásitos.

Lobisón

Estamos lejos de desconocer la importancia de las libertades políticas. Pero las libertades políticas no se obtienen sino cuando el pueblo se muestra decidido a conseguirlas; ni, una vez obtenidas, duran y tienen valor sino cuando los gobiernos sienten que el pueblo no soportaría la supresión de las mismas.
Acostumbrar al pueblo a delegar en otros la conquista y la defensa de sus derechos, es el modo más seguro de dejar vía libre al arbitrio de los gobernantes.
El parlamentarismo es mejor que el despotismo, es verdad; pero sólo cuando representa una concesión hecha por el déspota por miedo a lo peor.
Entre el parlamentarismo aceptado y elogiado y el despotismo sufrido por la fuerza, con el ánimo dispuesto a la rebelión, es mil veces mejor el despotismo.

Errico Malatesta


“LIBERTAD DE EXPRESIÓN” VOLVER

La “libertad de expresión” o “de prensa” es la reivindicación por la que históricamente abogó la burguesía en su puja por adquirir un espacio; espacio que le garantizó primero la supervivencia y luego la supremacía, ante los poderes monárquicos bajo los cuales se había gestado. Como cuña y como derecho cobró dimensión al tiempo que se acumulaban las riquezas sobre las que se erigían y elevaban los mercaderes de hombres y, en tanto, la aproximación para con la realeza y su séquito aumentaba, los modernos escalafones del privilegio reclamaron su derecho a voz, voto y veto. La solicitada debía ser avalada con la fuerza por lo que el derecho, y con éste su propio beneficio, fue expuesto por la burguesía como un atributo extensivo y natural que desbordaba sus propios intereses y que era inherente a la condición humana, inclusive para las masas reducidas a mercaderías. Lógicamente el cumplimiento del derecho debía ser garantizado por quienes poseían pleno interés en su cumplimiento y quienes, al mismo tiempo, poseían la instrucción necesaria para tal empresa. Donde este derecho se instauró políticamente hubo entendimiento y acuerdo diplomático entre las partes; donde el gerenciamiento social no admitía tronos compartidos se cortaron cabezas.
La “libertad de expresión” o “de prensa” es sancionada constitucionalmente por los Estados como espacio posibilitador. En tanto la dimensión y potencialidad expansiva de ese derecho -tomado desde el patrimonio individual- depende de las posibilidades materiales, es el mercado -el desigual acceso a las riquezas- el regulador de dicho espacio. Esa regulación administrada por la “libertad de mercado”, refrendada por el principio de autodeterminación concedido por el esfuerzo y el progreso individual, otorga, a su vez, la ficción de la libertad de acceder a la “libertad de expresión” o “de prensa”. Pero la administración primera y última de los derechos está regulada por la válvula de las leyes, cuyo caudal de permisividad es proporcional a la razón (necesidad) de Estado.
Es al Estado a quien se le dirige la solicitud de consentir el espacio de expresión, trámite reverencial que lo reconoce -acepta- como dispensador de gracia. Y es la oposición, planteada en términos políticos y en inferioridad de recursos, la que apela a la gracia concedida, que, por política y oficio, es otorgada desde el Estado benefactor.
Ver a los espacios del derecho a la expresión sancionados constitucionalmente como exclusiva conquista histórica de fuerzas en pugna contra la opresión, sería ocultarlos como concesiones realizadas por el Poder; concesiones que por tal lo retroalimentan, ya que la funcionalidad nutre la mentalidad democrática y, con ello, la legitimación que da consenso al Estado y al capitalismo.
Ahora que, como enemigos declarados que somos los anarquistas de la explotación del hombre por el hombre -más allá de la forma y más allá de la magnitud-, una situación de permisividad determinada -coyuntural o estructural- pueda ser aprovechada para expresar nuestras ideas de revolución social no quiere decir que necesitamos justificar y sumarnos ideológicamente a la gracia y al permiso que los poderosos conceden, porque sabemos, además, que dicha concesión tiene el límite de la magnitud de la amenaza que podamos presentar o representar. Al mismo tiempo el mecanismo del derecho de la “libertad de expresión” anula la expresión de contenido radicalizado.
Saber que el peso y la fuerza de la cultura dominante es una corriente que atraviesa y conforma todos los espacios sociales y que mantener una abstracción o independencia respecto a esa marea contaminante no es cualidad de mayorías. Saber que son las palabras -los discursos- las que manejan a la fuerza y no a la inversa. Saber que podemos, con nuestras actitudes y expresiones, colaborar -más allá de nuestra voluntad o intención- reproduciendo dicha cultura desde un lugar que se le plantea antagónico. Es decir, que desde una posición que supuestamente niega lo establecido estaríamos afirmándolo; afirmación doble porque proviene desde donde se refieren ideas de negación y revolución. Si lo anti-sistémico está influido y empapado de lo sistémico la oxigenación de éste último se potencia; la crítica es reciclada constructivamente y la oposición asimilada como disidencia interna.
Los conceptos -y por ende, las prácticas que se desarrollan al enarbolarlos- de “libertad de expresión” o “libertad de prensa” habilitan el hecho de que toda corriente tendría el derecho de expresar sus opiniones y pareceres, y, en tanto, ese otorgamiento, habilita una igualación de las opiniones en cuanto tales -independientemente de lo que expresen- por el hecho común de expresarlas y por el derecho de hacerlo. Esta igualación otorgada como derecho homologaría -por sólo ejemplificar- las opiniones de quienes están a favor de la tortura con las de quienes la niegan; las de los empresarios con las de quienes son víctimas de ellos; las del carcelero con las de los presos; etc. La relativización del contenido de lo expresado, presentada como esencia la expresión en sí, atribuye un equivalente grado de importancia a toda manifestación u opinión, en lo cual todas son valorables, que es lo mismo que afirmar que todas son depreciables. Esta igualación posee la trampa de anular los antagonismo inherentes de una sociedad que se basa el la injusticia ya que realiza abstracción de lo dicho al equiparar el solo hecho -y el derecho- de expresar.
Que el Vaticano, la CIA, el Opus Dei, la burguesía, los Estados -democráticos o dictatoriales-, los militares, los políticos -de izquierda a derecha-, el periodismo, etc, puedan expresar sus opiniones no es porque nosotros les otorguemos el derecho de hacerlo, sino porque tienen la fuerza y los medios para publicar y difundir sus mentiras e intereses. Que seamos anarquistas no quiere decir que seamos democráticos...
¿Hasta donde llega la “libertad de expresión”, por ejemplo, cuando en una huelga quieren expresar su rebeldía los huelguistas y los que quieren socavarla y neutralizarla? Si la “libertad de expresión” contempla y habilita a los partidarios de la policía, o a cualquier institución -y mentalidad- policial, para que puedan expresar los “beneficios” de tener agentes del orden: ¿estamos por su “libertad de expresión”? Si el Papa y los papistas llaman a la resignación y a poner la otra mejilla: ¿les damos el derecho -el espacio- para que opinen?. Si los partidarios de la Dictadura del proletariado, con su muy lógica práctica de exterminar anarquistas cuando están en el Estado, desean opinar al respecto: ¿nos callaremos gentilmente nosotros para cederles la palabra a ellos? En esta perspectiva y ante la gravedad de la realidad mundial: ¿toda opinión es aceptable?. Estamos convencidos, porque tenemos una convicción que nos posiciona enfrentados a todos los partidarios -directos o indirectos, manifiestos o disfrazados- del sometimiento, que los tiempos y los espacios no están como para contemplar y habilitar a los voceros e ideólogos de nuestros verdugos.
Nos preguntamos por qué existe la tan extendida creencia entre los afines a la ideología anarquista de que resultaría ser dogmático el hecho de ser coherente y consecuente con los principios, medios y fines que nos definen. Nos preguntamos si semejante prejuicio no redunda en ser la puerta de entrada para que se infiltren en nuestro “movimiento” posturas e ideas propias del Estado y su acólitos, a solo fin de diluir una tendencia revolucionaria en pura politiquería, tentáculo libertario del sistema.
Si resulta autoritario, como se dice, no publicar un texto cuya posición es afín a la autoridad, por proyección, la Revolución Social que pretendemos, al suprimir las posiciones sociales de los detentadores actuales de las riquezas, podría verse, también, como una indeseable falta de respeto contra la “libertad de expresión” de los detentadores. No es exagerado: las posturas y valores se establecen y proyectan más allá de la magnitud del campo de aplicación.
En relación a Chávez y chavistas ¿por qué deberíamos darle espacio a quienes reivindican -más allá del mote en el cual se refugien- a un régimen cuya esencia represiva se manifiesta cada día en asenso, cuando dicho régimen y sus agentes ya poseen y controlan los medios de información de más llegada? ¿Acaso se trata de una corriente perseguida que, sin coincidir, acude en nuestra ayuda para que le brindemos una página para expresar su situación de perseguidos? ¿O es porque utilizan la palabra «revolución» o «pueblo» que nos dejamos obnubilar y omitimos las botas y los carros antidisturbios bolivarianos? ¿No utilizaron recurrente y oportunamente las mismas palabras y tuvieron un gran apoyo popular la mayoría de las dictaduras, desde las bolcheviques hasta las fascistas? ¿La “libertad de expresión” implica darle el espacio a un simpatizante de algún partido obrero nacional socialista... alemán o venezolano?
No es una contradicción ser anarquista y publicar sólo artículos que reflejen posturas anarquistas: es coherencia. La pluralidad se termina cuando aparece la policía, o, para decirlo de otra forma, determinadas pluralidades llaman a por su aparición, o, decir también, que la policía es la garante de la pluralidad si eso le otorga un espacio.
Habría que decir que como no toda postura o idea que circula o se enarbola es de por sí anarquista, es necesario formarse de criterios que nos posibiliten discernir entre lo que es y lo que no es anarquista, por no dar espacio o expresión a nuestra propia anulación. Esta discriminación entre posiciones y actitudes puede y debe ser realizada desde la coherencia, desde la negación de todo principio policial.

A.G.


MUNDO BIPOLAR VOLVER

El mundo bipolar que concluyó con la disolución de la Unión Soviética fue el invento más eficaz que generó el sistema de dominación para arrinconar a la anarquía. Frente a un peligro mayúsculo se conmina a la población a aliarse con sus enemigos, en aras de resistir a las amenazas más perniciosas. La teoría de los dos demonios que justificaba el accionar criminal y genocida de los militares argentinos de la dictadura, fue una de sus expresiones más elaboradas. El mundo bipolar trasciende las épocas y las ideologías, porque se basa en la demonización del otro, del diferente, de lo desconocido (o extranjero); su máxima expresión es la caza de brujas. Aún vivimos en un mundo bipolar, porque los poderosos necesitan un mundo bipolar, aunque éste se afirme ya no en el muro de Berlín sino en otros, que se erigen en Israel y a lo largo de la frontera entre EEUU y México.
Chávez dice que una Unión Soviética que contrarreste el peso del imperialismo vuelve a ser necesaria, y le pide a la Rusia capitalista de Putin que cumpla con ese papel; Bush es el diablo.
Bush necesita enemigos que amenacen desde las sombras a “la democracia y a la libertad” y al estilo de vida “occidental y cristiano”, entonces pretende justificar la aplastante opresión invasora y la explotación de sus multinacionales, con el invento de Al Qaeda y su maquiavélico Bin Laden.
Los fundamentalistas necesitan a los odiados EEUU para corporizar en el imperialismo el espíritu de las cruzadas y potenciar el proyecto de expansión islámico (si es posible con armas nucleares).
El gobierno comunista cubano pide que se levante el bloqueo norteamericano, causa de todas sus miserias; el gobierno norteamericano reafirma el bloqueo para acelerar la caída del régimen. En realidad, si se levantara el bloqueo, las empresas norteamericanas negociarían directamente con Cuba, invertirían sus dólares e inundarían la isla de mercaderías: ambos son el demonio del otro, ambos se necesitan para proyectar el mal en el fantasma de la amenaza externa.
La izquierda pide apoyo electoral para que la derecha no triunfe, y viceversa. Frentes populares por la izquierda, alianzas nacionales por la derecha: se presentan como única salida frente al peligro del otro.
El Estado democrático (o no), en ausencia de subversión interna, genera la psicosis de la inseguridad para presentar los males generados por la miseria capitalista como una lucha de policías buenos -protectores de la libertad y la propiedad- contra la conspiración del crimen organizado y también del desorganizado, legitimando la represión.
La oposición democrática al oficialismo democrático dice que no se puede gobernar peor; el gobierno dice que la oposición es irresponsable y la causa de todos los males anteriores a su acceso al poder. Ambos saben que su verdadero enemigo está en otro lado, y abrazan al fascismo o la dictadura cuando los amenaza la revolución.
Los nacionalistas en el poder (es decir, casi todos los anteriores) advierten de los peligros externos e internos que apremian a la patria de parte de los enemigos que bregan por su disolución: exigen un gobierno fuerte y la pena de muerte para los traidores; los nacionalistas en la oposición hacen exactamente lo mismo pero se diferencian de los anteriores porque denominan a su movimiento como de liberación nacional.
Dicotomías, antagonismos, polarización de las conciencias: izquierda-derecha, occidente-oriente, norte-sur, nación-imperio, policías-delincuentes, patrias-antipatrias, polo positivo-polo negativo. El mito de la conspiración mundial y la demonización del otro (cultural y social) ocultan las verdaderas, insoslayables e irrenunciables contradicciones del sistema de dominación y explotación: explotadores-explotados, marginadores-marginales, ricos-pobres, represores-reprimidos, poder-revolución, capitalismo-comunismo, Estado-Anarquía, ellos-nosotros.

Lobisón


RENOVACIÓN Y CONTINUIDAD EN LA IDEOLOGÍA ANARQUISTA VOLVER

La historia de la evolución de la ideología anarquista podría dividirse en tres etapas bastante definidas, desde las primeras formulaciones de mediados del siglo XIX hasta la actualidad. En realidad no podemos hablar de etapas con un inicio y un cierre sino más bien de configuraciones paradigmáticas -aunque lejos de las significaciones ideadas por Kuhn para la historia de la ciencia-, modelos de pensamiento predominantes en determinada época y contexto histórico, geográfico, cultural y social. Estas configuraciones paradigmáticas se corresponderían a grosso modo con aquello que Daniel Barret denomina historicidad, como propiedad de los acontecimientos y los sujetos sociales. Sin considerarlas como definitivas elucubraciones inmodificables sino más bien con un fin didáctico, estas configuraciones que ha tomado la ideología anarquista responden a discusiones que se han dado sobre tres ejes -que son, la teoría, la práctica y la ética- dentro de un contexto social singular, específico e irrepetible (o mejor, irreversible). Nos referimos a una fase formativa, una fase de madurez y una de repliegue o regresión.

Fase formativa:

En sus inicios -si soslayamos a algunos antecesores de finales del siglo XVIII- el anarquismo surgió de las proposiciones de Proudhon y otros socialistas franceses que eran refractarios a las formas de gobierno, mediante tanteos teóricos radicalizados pero poco sistematizados y a veces incoherentes. Las ideas de federalismo, socialización de la propiedad privada y de mutualismo eran predominantes, y respondían a los tres principios básicos que estructurarán a toda la ideología anarquista en ciernes: libertad, igualdad y solidaridad, herencia revolucionaria de 1789. Luego del fracaso de la Primera Internacional, van a ser las ideas de Mijail Bakunin las que cincelarán esta primera etapa constitutiva. En Bakunin son claramente distinguibles las primeras formulaciones éticas entre los fines y los medios para conseguirlos, cuando proclama que no se puede concebir al comunismo manteniendo la forma estatal, ni tampoco utilizar formas autoritarias para alcanzar la libertad, enfrentándose abiertamente con el socialismo cientificista y autoritario de Karl Marx. Además, las reflexiones dialécticas de Bakunin sobre la libertad son de un nivel superlativo y superadoras del individualismo y el liberalismo, al considerar la libertad colectiva como la única forma posible de realización de la libertad de la persona individual. En lo económico y social afirma el colectivismo como teoría más evolucionada que el mutualismo, mientras el federalismo se consolida como forma organizativa. El anarquismo es una ideología con bases heterogéneas pero firmes, y con una identidad que se demarca y constituye en la lucha social.

Fase de madurez:

Luego del fracaso de la Primera Internacional y la masacre de la Comuna de París, hubo un repliegue del anarquismo a posiciones algo sectarias, cuya manifestación más profunda se conoció como propaganda por el hecho. La social democracia marxista estaba en auge, pero sus actitudes reformistas y colaboracionistas no inquietaban a los poderosos y comenzaban a asquear al proletariado. En este contexto, y con el resurgimiento masivo de la actividad sindical, el anarquismo vuelve a tomar brillo y se produce la etapa más prolífica en lo que respecta a la producción teórica con la elaboración del comunismo anárquico, a las formulaciones éticas más desarrolladas y a la consolidación de un modelo práctico organizativo -ajustado a una realidad de luchas sociales- basado en el sindicalismo. Los dos grandes pensadores del anarquismo de aquellos años fueron Kropotkin y Malatesta, con una caravana de pensadores no tan influyentes, aunque no menos brillantes: Luigi Fabbri, Pietro Gori, Emma Goldman, Alexander Berkman, Rudolf Rocker, Ricardo Mella, Abad de Santillán, Gustav Landauer, Max Nettlau, etc. Esta fue la era del anarcosindicalismo, con gremios y confederaciones sindicales anarquistas rebosantes de trabajadores, con presencia en todas las naciones del mundo. Lo más destacable era que el anarquismo producía la ideología socialmente, porque sus actores eran hombres y mujeres del pueblo. El anarquismo no era una ideología externa (o extraña) al cuerpo social -y por supuesto que no era la única- sino que ésta surgía de la propia sociedad, de los bajos estratos sociales, de los sectores trabajadores (artesanos, rurales, obreros, terciarios). La victoria bolchevique en Rusia, las transformaciones del capitalismo liberal al keynesianismo, el surgimiento del Estado Benefactor y el surgimiento del totalitarismo (Rusia, Italia y Alemania) fueron duros golpes y cambios que no fueron fáciles de asimilar y perjudicaron profundamente al movimiento internacional. La cúspide de este modelo se alcanzó durante la revolución española, donde dio lo mejor de sí demostrando la riqueza de su viabilidad hasta que fue desmontado primero por los propios agentes estalinistas y republicanos, y a la postre por las balas de los fascistas.

Fase de repliegue:

Finalmente, la última configuración ideológica del anarquismo se plantea como respuesta al retroceso que se experimenta en todo el movimiento anarquista internacional, que después de la Segunda Guerra Mundial fue una sombra de décadas anteriores, aunque con esporádicos resurgimientos. Este nuevo paradigma que surge no presenta casi innovaciones en el aspecto teórico, aunque sí en el plano organizativo basándose en la conformación de agrupaciones anarquistas específicas, organizadas como federaciones. La fragmentación del paradigma anarcosindicalista en federaciones específicas provocó serias discusiones al interior del movimiento, que no vienen al caso. Las federaciones anarquistas -posteriormente afiliadas en la IFA- se expandieron, aunque nunca lograron revitalizar al movimiento, salvo excepciones regionales.
El mundo bipolar, la revolución cubana, el Estado benefactor, el sindicalismo totalmente burocratizado e integrado, la sociedad de consumo, la preponderancia de los nuevos medios de comunicación y el surgimiento de las clases medias fueron cambios que el anarquismo no pudo digerir con rapidez y responder desde lo ideológico durante los ‘50 y ‘60. Al mismo tiempo, muchos jóvenes anarquistas eran seducidos por los modelos victoriosos de la izquierda revolucionaria que florecían bajo el influjo de la revolución cubana, la cual recibió apoyos críticos y apoyos explícitos de más de una agrupación anarquista. Fue quizás la Federación Anarquista Uruguaya la organización que más integró las preponderantes concepciones izquierdistas al anarquismo durante los vertiginosos años ’60 y 70, para no ver pasar la historia por un costado, lo que ulteriormente le provocó una escisión. La modalidad de organizaciones guerrilleras tan en boga por aquellos años llevó a la creación del OPR-33 en Uruguay y al cercenado experimento de Resistencia Libertaria en Argentina. Por aquel entonces, la masacre generalizada sobre las principales agrupaciones de la guerrilla aplastó también con su puño de hierro a estas organizaciones, que en realidad eran un objetivo secundario de los represores debido a su menor infraestructura.
Es a partir de los ’70 que dentro del especifismo anarquista toma breve auge lo que se conoce como plataformismo, una propuesta autocrítica de Néstor Machno y P. Archinov de 1926 para revitalizar al anarquismo luego de la derrota en Rusia y Ucrania. Esta propuesta, que había sido criticada seriamente por Malatesta y Berneri, nunca se llegó a traslucir en una organización efectiva y cayó prácticamente en el olvido tras la muerte de sus impulsores. Es a partir del Mayo Francés del ’68 -cuando da inicio otra primavera anarquista europea- que se mira nuevamente hacia el plataformismo, aunque quizás por influjo de la historia próxima con el agregado de un sensible tinte izquierdizante, que se manifiesta además en la admiración por los postulados organizativos e ideológicos de la actualmente alicaída FAU. La gran contradicción del plataformismo consiste en que critica la descontextualización de las ideas del movimiento anarquista y su falta de “inserción social”, pero a su vez, como sostiene Daniel Barret: lo que no parece acertado es desligar las soluciones al dilema del contexto histórico en el cual éste se inscribe actualmente y, en su lugar, vincularlas a algunos principios abstractos extraídos de la evaluación crítica de una derrota revolucionaria ocurrida en Rusia y en 1921. (...) Al mismo tiempo, no deja de ser ambiguo en su propio formato de presentación: el “plataformismo” se presenta en América Latina como una corriente renovadora y que apunta a resolver los problemas político-prácticos a los que se ha enfrentado el movimiento anarquista, pero, al mismo tiempo, lo hace sobre la base de un respaldo doctrinario que sólo puede encontrar su justificación y su sustento en un escenario histórico que, definitivamente, ya no es el nuestro. (en el folleto “Los sediciosos despertares de la anarquía”).

Renovación ideológica del anarquismo

La caída del muro de Berlín y la Unión Soviética, abrieron la era de la globalización, el postmodernismo, el calentamiento global y el universo cultural, social y político fragmentado -caleidoscópico- del presente. Lejos de aplastar al anarquismo bajo una pila de ladrillos -como ocurrió con buena parte del marxismo- estos acontecimientos históricos parecen anunciar una nueva realidad, o como diría Barret, una nueva historicidad concreta, singular, propia. La actual fragmentación del anarquismo es también reflejo de esa historicidad, de ese contexto donde los movimientos sociales se han atomizado, donde las distinciones entre las clases sociales (sin haber desaparecido) se tornan más anónimas, nebulosas y ambiguas, dificultando tanto el análisis teórico como la propia identificación clasista de los explotados y oprimidos.
Aunque no todo lo sólido se desvanece en el aire. Si bien las nuevas proposiciones teórico-prácticas que van surgiendo desde el anarquismo están lejos de cerrarse en un prototipo homogéneo, un paradigma ideológico renovado y vital parece estar tomando cuerpo. Muchas de las proposiciones aparentan ser de escaso vuelo y producto de la moda más que del medio en que se generaron, como es el caso del primitivismo de Zerzan, el animalismo y gran parte de lo que se conoce como post-anarquismo, que no es otra cosa que la incorporación de la crítica posmoderna al anarquismo. Las propuestas más novedosas y beligerantes -a pesar de sus limitaciones- han sido las que surgieron dentro de la corriente insurreccionalista, los movimientos anticarcelarios y los movimientos anarquistas contra la globalización, así como muchos proyectos que impulsan un anarquismo sin adjetivos, haciendo un rescate y una relectura de los clásicos desde el presente. Dentro de estos últimos proyectos podríamos incluir tanto las ideas de David Graeber como las de Daniel Barret, que procuran una renovación teórica sin auxiliarse en ideologías foráneas aunque sin privarse de incorporar nuevos criterios y conceptos provenientes de las ciencias sociales o de la reflexión filosófica de corte libertario. El caso del insurreccionalismo, en cambio, responde más a una reacción circunstancial crítica frente al anquilosamiento y burocratización de las tradicionales estructuras organizativas anarquistas europeas, que si bien motivó algunos replanteos interesantes, pareciera que su limitación principal consiste en cierta anemia teórica deliberada, supuestamente resuelta en beneficio de una práctica más activa y radicalizada.
Estamos frente a las puertas de un nuevo paradigma que se abre para los anarquistas, lo que conducirá a no pocas discusiones, debates y disputas hacia el seno del movimiento. Una nueva configuración que de cuenta de la diversidad del presente, sin diluirse en esa diversidad sino impregnándose de la realidad, imbricándose en la problemática social y formando parte de ella. Un anarquismo producido socialmente, mejor que planeado -como suelen hacerlo los plataformistas- desde la inserción social (siempre externa a los sujetos sociales).
Ha llegado el momento de poner fin al retroceso que desde hace dos generaciones venimos padeciendo. Cuando se trata de volver a empezar es saludable volver a las fuentes, a la heterogeneidad revolucionaria, al desorden creador, a la búsqueda de justicia como fuerza impulsora, a los principios de ayuda mutua y a la renovación que puede encontrarse en los clásicos del anarquismo. Muchos piensan que no se pueden encontrar soluciones para los problemas del presente en la lectura de Bakunin, Kropotkin, Proudhon, Landauer, Malatesta o Fabbri, y es una gran verdad. Lo que es un grave error es pretender que los clásicos han perdido vigencia porque hablan de generalidades, porque impulsan la lucha por la libertad, contra el Estado y el Capital renegando del carácter revolucionario de la gestión política. Los clásicos no sirven para resolver problemas o encontrar las respuestas a un presente siempre incierto, sino que más bien sirven para plantearnos preguntas y problemas; sirven como parámetro, como fermento o como guía para las ideas y las acciones presentes.
Es vital, entonces, no desechar el pasado sino resignificarlo, leerlo desde nuestra propia realidad singular, propia y en tiempo presente. No se trata de proscribir al anarcosindicalismo o a las organizaciones específicas, sino repensarlos sin sobredimensionarlos, atendiendo al contexto histórico, geográfico y social. No es lo mismo, por ejemplo, la realidad de la CNT y la FAI españolas que la de la FORA y la FLA argentinas, ambas últimas con un pasado notorio y un presente precario. Sin desechar para nada el sistema de organización federativo, se hace necesario su reacomodación y actualización a las necesidades del movimiento social.

La organización en redes y los mecanismos de toma de decisiones

El anarquista uruguayo Daniel Barret propone que los anarquistas adoptemos la modalidad de organizarnos en forma de redes para rellenar muchos de los huecos que presenta el movimiento en su imbricación social para así revitalizarlo.
Una red es una estructura social que relaciona elementos -llamados nodos en la jerga especializada- de iguales características y de forma no jerárquica. Si bien no compartimos el optimismo al estilo kropotkiniano de Daniel Barret ya que también existen redes autoorganizadas nada igualitarias y concentradas en unos pocos nodos(1), en cambio, sí compartimos su propuesta en general como un ideal al que se hace necesario tender puentes. Incluso las propias federaciones anarquistas y anarcosindicalistas pueden pensarse de otra forma, atenuando el centralismo y la despersonalización que muchas veces termina imponiéndose. Imaginemos a decenas o a cientos de organizaciones anarquistas vinculadas en red por sus afinidades ideológicas, territoriales, temáticas, identitarias o interrelacionadas de diversas y cambiantes formas, basadas en acuerdos libres y solidarios, prefigurando la sociedad anarquista. Se pueden construir redes de publicaciones ácratas, de intercambio de información, de sociedades de resistencia, de autodefensa y solidaridad, de individualidades cuando no existan agrupaciones suficientes como para organizar una red en base a una afinidad o necesidad determinada. Incluso las federaciones organizadas de abajo arriba de cuño clásico pueden estar atravesadas por estas redes.
Sin pasarnos al bando de los ortodoxos de la novedad -como solía decir Amanecer Fiorito- estas organizaciones reticulares no son algo tan novedoso como pueda suponerse. El propio Kropotkin definía la sociedad anarquista -en un artículo escrito para la Enciclopedia Británica- como un conjunto de asociaciones voluntarias que “representarían una red entretejida, compuesta de una infinita variedad de grupos y federaciones de todos los tamaños y grados, locales, regionales, nacionales e internacionales, temporales o más o menos permanentes, para todos los objetivos posibles: producción, consumo e intercambio, comunicaciones, servicios sanitarios, educación, protección mutua, defensa del territorio, etc.; y, por otra parte para la satisfacción de un número creciente de necesidades científicas, artísticas, literarias y de relación social” (cursivas nuestras).
Por otro lado, si hay una propiedad que tienen todas las redes en general es que cuando aumenta la interconectividad entre los nodos (ya sean individuos o colectivos), más fuertes e indestructibles se tornan y la información fluye ostensiblemente más rápido. Contradiciendo lo que presuponen los cultores del organizacionismo, que apelan a la unidad y a la disciplina haciendo de la organización un todo superador, las redes no son precisamente de baja operatividad, ni lentas de reflejos, sino más bien todo lo contrario(2). Superan con creces la pretensión de muchas organizaciones anarquistas de abarcarlo todo en una única organización mediante frentes o comisiones de trabajo, ya que las redes relacionan entre sí a individuos o grupos con afinidades comunes pero también se vinculan con otras redes, debido a que una persona o un grupo -un nodo- puede tener intereses y necesidades diversas. Una organización con perspectivas de proyección nacional -al estilo de las agrupaciones de izquierda o de muchas anarquistas- no puede conformarse como una red, por más que declame serlo. Las redes presentan otras propiedades singulares y conforman un modelo organizativo diferente, por derecho propio.
Dentro de este contexto complejo de exuberancia organizativa, también la discusión de las modalidades en la toma de decisiones necesita un replanteo. Dejando de lado toda forma representativa contradictoria con el anarquismo, y dentro de los parámetros de la acción directa (sin intermediarios) existen dos modalidades básicas: la toma de decisiones por consenso y la toma de decisiones por mayoría mediante el voto.
Digamos primeramente que “el consenso es a menudo malinterpretado. Se oyen muchas veces críticas que afirman que causaría una conformidad sofocante, pero casi nunca son críticas formuladas por alguien que haya observado realmente un proceso de consenso en acción (…) En lugar de eso, el objetivo del proceso de consenso es permitir a un grupo decidir un curso de acción común. En lugar de votar propuestas de arriba abajo, se trabajan las propuestas y se vuelven a revisar o reinventar, hay un proceso de compromiso y de síntesis, hasta que se llega a algo que todo el mundo puede aceptar”(3). Finalmente, cuando llega el momento de obtener el consenso existen dos clases de objeciones posibles de los integrantes del colectivo deliberante: a) apartarse y no participar, pero sin impedir que se lleve a cabo la actividad; b) bloquear la propuesta (vetarla) si siente que contradice los principios constituyentes del grupo o sus finalidades, poniéndose en contra de la voluntad del colectivo. Cuando un bloqueo es injustificado o responde a caprichos individuales, también existen métodos de neutralizarlos, consensuados previamente. Además, la búsqueda del consenso limita la presentación de propuestas ante grupos demasiado numerosos innecesariamente, resolviendo eficazmente conflictos internos de integración y de participación.
El método de voto a mano alzada para la toma de decisiones ha sido utilizado tradicionalmente en asambleas soberanas (generalmente haciendo énfasis en el derecho de las minorías) por muchas organizaciones anarquistas, en organizaciones al estilo de los soviet rusos o de las colectividades de la España revolucionaria. En circunstancias excepcionales o cuando las urgencias y las necesidades obliguen, puede ser más expeditivo o ágil este método tradicional que la búsqueda de consenso, pero también se cae en el peligro de la manipulación por parte de sujetos abusivos o de aparatos autoritarios durante una toma de decisiones apresurada.

Los límites de la renovación ideológica

Quizás las controversias mayores entre los anarquistas tengan lugar al momento de considerar qué y cuánto es lo que hay que modificar y en qué punto los cambios deberán detenerse antes de que la ideología anarquista pierda su propia esencia y su contenido radicalizado. Quizás, las claves para las respuestas residan en las finalidades que nos proponemos al plantearnos una renovación ideológica: la necesidad de impulsar una revolución social, radicalizar el enfrentamiento con el sistema, abarcar una mayor incidencia en las luchas, afinar nuestra crítica al capitalismo y elaborar propuestas de acción coherentes, etc. Lo más probable es que no haya que cambiar tanto, ni tan poco.
Es decir, los cambios no se darán al nivel de los principios, ni de las finalidades anárquicas o de nuestros anhelos de justicia. Las innovaciones tendrán que potenciar la ideología, no diluirla en anarco-pacifismo, anarco-ecologismo, anarco-individualismo u otras denominaciones propensas a disolver el contenido revolucionario de la idea en un progresismo de ocasión.
Vamos a intentar elaborar un ordenamiento provisorio de cómo estaría constituida la ideología anarquista -sin pretender otorgarle una validez universal, sino más bien con un propósito didáctico- basándonos en tres ejes integrados que son la teoría, la práctica y la ética libertarias.
Consideremos entonces a la ideología anarquista como un conjunto de ideas, tendientes a la destrucción del sistema de dominación y explotación (cualquiera sea éste) para establecer una sociedad libre, igualitaria, justa, solidaria, sin gobernantes, ni explotadores, ni estructuras de dominación. Todo este conjunto de ideas va a estar atravesado por las tres ideas-fuerza o principios fundamentales del anarquismo: libertad, igualdad y solidaridad. Estos principios llevados a su máxima expresión conforman la columna vertebral de la ideología anarquista. En rigor, estos principios no pueden ser tomados como ideas delimitadas y desvinculadas entre sí, sino como una matriz sobre la que se va a cimentar todo el edificio ideológico anarquista. La libertad no puede ser entendida sino como libertad solidaria o como libertad igualitaria (sin distinciones de rango, clase, género, etc.) Una Igualdad insolidaria se nos figura prácticamente inconcebible y una sociedad igualitaria sin libertad se traduce en la opresión del colectivo social -en verdad de una burocracia- sobre las personas. En este sentido, los principios anarquistas son inmodificables, irrenunciables e innegociables porque de ellos se nutren todas nuestras aspiraciones de justicia, la crítica radicalizada, la rebelión frente al opresor y el carácter socialista del movimiento. Toda la teoría, la práctica y la ética libertarias van a estar definidos por estas ideas-fuerza, sin las cuales el anarquismo se desdibujaría y perdería la radicalidad de su propuesta.
Veamos ahora a la ideología anarquista desde una perspectiva más sistemática, es decir, desde los tres ejes anteriormente mencionados: ética, teoría y práctica. Si bien lo más sensato quizás hubiera sido no considerar a la ética anarquista por separado de la práctica y la teoría, consideramos este aspecto tan importante y determinante para los anarquistas que creemos que -al menos en nuestro caso- merece una consideración especial.
Como bien señala David Graeber “el anarquismo ha tendido a ser un discurso ético sobre la práctica revolucionaria”, aunque nosotros también consideramos que los aspectos teóricos han sido formulados en base a esta ética, la cual funcionaría como la argamasa que une las teorías y las prácticas anarquistas. La ética discurre sobre los postulados sobre los que se basa la acción moral, entendiendo por moral un conjunto de valores y normas. El discurso ético procura adecuar los principios morales de un cierto grupo a un determinado proyecto de sociedad (el comunismo anarquista en nuestro caso). La ética se enfoca sobre las acciones humanas, elabora juicios y normas sobre aquellos aspectos de los actos humanos que se consideran como buenos, malos, correctos, incorrectos, etc.; nos indica sobre cómo debemos actuar. Un juicio ético inevitablemente conlleva una valoración.
En un sentido moral general, la aspiración básica de los anarquistas es la implantación de la justicia en la sociedad, entendida como la consecución de la anarquía. Aunque quizás el precepto ético que más caracteriza a los anarquistas sea el de que el fin no justifica los medios, proposición completamente antitética a la célebre sentencia maquiavélica. En absoluto responde a un cierto lirismo filosófico o utopismo carente de eficacia -como le reprochan algunos que subsumen los valores morales a los resultados- sino que presenta un consistente fundamentación: los medios deben prefigurar los fines porque el fin es inalcanzable fuera de estos métodos. De allí el rechazo anarquista de la política entendida como técnica de la gestión de la sociedad por especialistas (en verdad, tanto la política como la economía no tienen un carácter autónomo a la sociedad). La gestión política no transforma al capitalismo, como quieren los “anarquistas” que suelen conceder su apoyo crítico a los “gobiernos revolucionarios”, sino que lo renueva, lo recompone. Es por eso que todos los experimentos socialistas han fracasado -o van en camino a fracasar- y son reemplazados por un capitalismo voraz y febril que arrasa con poblaciones que están inermes frente a los nuevos explotadores: porque desde el Estado (el gestor político por excelencia) les han sido arrebatadas todas las formas de autogestión, autonomía, capacidad de decisión sobre sus propios asuntos, además del disciplinamiento y alienación a los que han sido sometidos por décadas. Con otras palabras que las expresadas por Malatesta, por fuera del método, aunque se triunfe momentáneamente, termina fortaleciéndose el sistema.
Otro precepto ético anarquista fundamental es el valor de la solidaridad y el apoyo mutuo como guía de la acción, temática que ha sido ampliamente desarrollada por Kropotkin en varias de sus obras. Aquello que es bueno (o no es dañino) para el conjunto social, es bueno para los individuos. Aquello que es bueno para el individuo y no perjudica al conjunto social, también es valorado éticamente de forma positiva.
Al igual que las ideas-fuerzas que atraviesan a todo el cuerpo ideológico, consideramos que es imposible modificar estos preceptos éticos sin alterar la esencia del anarquismo, despojándolo de su contenido revolucionario y su potencial transformador. No es posible adherir a posturas que hagan prevalecer la eficacia, la especulación, la eficiencia o el oportunismo maquiavélico por sobre el comportamiento ético libertario, sin caer a su vez en el colaboracionismo, la intriga política, el acceso a posiciones de poder y en último caso, el traspaso al bando reaccionario del enemigo.
Existen en cambio otras valoraciones éticas que se relacionan más con las costumbres o la cultura de una época, y están mucho más propensas a modificaciones, ya que no son esenciales a la consistencia del edificio ideológico. Valoraciones acerca de la violencia como indeseable (pero como también necesaria), el consumo de alcohol o drogas, el vegetarianismo, el animalismo o el respeto por la naturaleza, no modifican necesariamente la esencia revolucionaria del anarquismo. En cambio, sí son esenciales valoraciones éticas contra la discriminación sexual, la sexualidad, el maltrato infantil, el racismo; preceptos cuya violación implica, por lo menos, la negación de los principios de igualdad y de solidaridad integral humana del anarquismo. Estas valoraciones tampoco deberían ser modificadas.
Es sin duda en los aspectos teóricos donde habrá que impulsar las innovaciones más drásticas, y como consecuencia también habrá que hacerlo con las prácticas. Entendemos por teoría un sistema coherente e interrelacionado de ideas (observaciones, supuestos, razonamientos y explicaciones) que constituyen un modelo (o un mapa) de la realidad (social, para nuestro caso). No nos referimos aquí a teorías científicas (o con pretensión de serlo) sino a explicaciones coherentes que no desatiendan una base científica o, por lo menos, que no sean anticientíficas (o de tipo dogmático-religioso). Si la realidad evoluciona, es decir, si el capitalismo y el Estado han cambiado, sin duda las teorías que los explican deberán modificarse consecuentemente. El mundo no es una realidad estática, sino plena de dinamismo de la que no pueden dar cuenta los dogmatismos y los esquemas rígidos. Un análisis basado en clases del siglo XIX deberá ser sustancialmente diferente de uno del siglo XXI, porque la relación entre las clases sociales se ha modificado. Lo cual no quiere decir que una perspectiva desde la clase obrera haya perdido vigencia, sino que debería ser reformulada y enriquecida con otras perspectivas. El papel de la clase obrera como organizador epistémico se ha restringido severamente y los sujetos sociales revolucionarios de la actualidad son variados y muchas veces ni siquiera conforman una clase.
Nuevos análisis sobre el moderno rol del Estado, discusiones sobre concepciones como Poder -que el postmodernismo foucaultiano ha resignificado resbaladizamente-, replantear las contradicciones entre la Sociedad y el Estado, entre los explotados y los capitalistas, realizar análisis que den cuenta de las modificaciones estructurales y coyunturales del capital, entre otras propuestas, habrán de ser ineludibles. Por ejemplo, sabemos que el papel del Estado liberal de 1880 ha sido muy diferente de aquel de mitad del siglo XX, y éste lo es del actual; o que un mundo bipolar requiere teorizaciones diferentes a las de un mundo globalizado y unipolar. Por supuesto que cualquier hipótesis acerca del Estado deberá enfocarse hacia la explicación y la comprensión de su papel como instrumento de dominación (y explotación) para poder lograr su extirpación del cuerpo social. Porque el Estado no ha dejado de ser lo que siempre fue esencialmente: la negación de la humanidad. Es decir, aunque suene reiterativo, creemos que es necesario innovar en aspectos teóricos para potenciar al anarquismo; no para reducirlo a un ideal futuro residente en el remoto horizonte de las Utopías y entonces permitirnos colaborar obscenamente con los poderosos.
En los aspectos prácticos habrá también mucho que discutir y repensar, siempre dentro de un marco ético anarquista. Debatir sobre cuales son las posibilidades revolucionarias del anarcosindicalismo en el presente4 o de los diversos movimientos populares, son cuestiones que ameritan un análisis, aunque estas discusiones ya se están dando enhorabuena. Teniendo presente que los aspectos prácticos de la ideología se refieren principalmente a las formas de organización, a los métodos de acción directa y a los mecanismos en la toma de decisiones, temáticas como sobre las que reflexionan Daniel Barret y David Graeber habrán de ser consideradas con la seriedad que merecen.
Elaborar mecanismos de consenso, profundizar el carácter prefigurativo, autogestionario y autónomo de las organizaciones; proponer nuevas formas de enfrentamiento para radicalizar la lucha sindical; replantear la necesidad de constituir sociedades de resistencia con finalidad anarquista; diversificar las formas de organización (consejos, ateneos, asambleas populares, asociaciones comunales, gremios y sociedades de resistencia de oficios varios); enriquecer las vinculaciones entre las agrupaciones anarquistas mediante mutualidades, redes y federaciones, basadas en acuerdos voluntarios y revocables, reuniéndose no por compulsión o apelando a un desgastado llamamiento a la unidad, sino por inclinaciones y afinidades comunes. Estos son algunos de los temas que habremos de considerar el conjunto de los anarquistas.

*****
Quienes hayan llegado hasta aquí habrán notado que no hemos sugerido ninguna propuesta sino que hemos expresado la necesidad de considerar asuntos concretos como los propuestos por Barret y Graeber, que están lejos de ser considerados como cerrados. Muy por el contrario, si bien no concordamos completamente con las proposiciones de ambos, consideramos que es necesario ponerlas en la palestra, difundirlas y discutirlas por el surgente movimiento anarquista. La puesta en práctica de los proyectos y la realización de experiencias concretas, además del debate fraterno y el entendimiento colectivo serán, en definitiva, el tamiz que apartará la paja del trigo. Todo sea por dotar a la ideología anarquista de armas, para alcanzar la libertad.

Patrick Rossineri

(1) Según la terminología de Paul Baran, podemos distinguir entre redes distribuidas, descentralizadas y centralizadas, clasificación casi coincidente con la de Albert Barabasi (redes aleatorias, clusterizadas y libres de escala). Cuando hablamos de organizarnos en redes es a las redes distribuidas y a las descentralizadas a las que nos estamos refiriendo. En las redes distribuidas predomina la reciprocidad entre los nodos (tienden a ser más simétricas), mientras que en las redes descentralizadas predomina la redistribución (tienden a ser asimétricas y constituirían una red compuesta de redes más pequeñas). Las redes centralizadas o scale free networks, descubiertas y estudiadas por Barabasi recientemente, no tendrían forma de implementación en un modelo organizativo anarquista, al menos es lo que nos dice el sentido común. La mejor bibliografía sobre el tema indudablemente es Linked de Barabasi.
(2) Sin sugerir tomarlos como ejemplos en absoluto, Al-Qaeda presenta una estructura de red, al igual que muchas organizaciones dedicadas al narcotráfico; y no se puede decir que son inoperantes, ineficientes o fáciles de desarticular, en rigor a la verdad.
(3) El anarquismo, o el movimiento revolucionario del siglo XXI; por David Graeber y Andrej Grubacic.
(4) Cuando hablamos de replanteos sobre el anarcosindicalismo descartamos de plano cualquier tipo de colaboracionismo, como el que abrazó la CGT española en nombre de un anarcosindicalismo espurio: subvenciones estatales, elecciones sindicales, dirigentes sindicales que dejan su puesto de trabajo y hacen política, reformismo, burocratismo, aceptación de personal de seguridad en los sindicatos y todos los vicios del sindicalismo burgués-estatista que se ha apropiado de esta herramienta de lucha del proletariado.


UNA EXPLORACIÓN DE NUEVOS MODELOS ORGANIZATIVOS VOLVER

(...) ¿qué cosas son esas redes de las que tanto se habla de un tiempo a esta parte? Digamos, en primera instancia, que constituyen un inédito modelo de relaciones que no sólo se ha encargado de romper con las estructuras jerárquicas y autoritarias sino que amenaza o promete también diluir al máximo los riesgos de burocratizaciones impremeditadas, de participaciones recortadas y de indeseables concentraciones informativas. De tal modo, puede concluirse rápidamente y sin devanarse demasiado los sesos que un partido político pensado y construido para ejercer el gobierno, ahora o en cualquier momento, difícilmente pueda constituirse alguna vez en tanto red; por lo menos mientras no renuncie expresamente a esa inmanencia fundamental que lo vincula, interna y externamente, al ejercicio real o intuido del poder. Tampoco puede ser una red una institución de enseñanza concebida sobre la base de distribuciones asimétricas y estratificadas del saber que se reputan como permanentes. Mucho menos aún podría serlo una unidad productiva donde el derecho de decisión se funda en la propiedad accionaria o se delega a una élite gerencial especializada ni tampoco un cuerpo armado cuya existencia reposa sobre los criterios de mando y obediencia, disciplina y verticalidad. Porque si algo instituyen las redes a punto de partida es la posibilidad efectiva y no mediatizada de realizar del modo que sea un cierto principio de igualdad comunicativa y de hacerlo en todas las direcciones que las fuentes emisoras de mensajes y de símbolos resuelvan explorar; sin que los mismos sean reputados a priori como verdades, como órdenes o tan siquiera como presiones morales frente a las cuales abdicar. Las redes se despliegan en el espacio y en el tiempo -tantos espacios y tantos tiempos como se desee-, son una trama de puntos y de líneas que se mueven en todos los sentidos concebibles, carecen de centros y apenas si admiten la formación de ciertos nodos episódicamente densos y constituídos alrededor de afinidades e intensidades perfectamente reversibles y modificables. Seguramente no hemos encontrado la piedra filosofal y no se trata, por cierto, de glorificar las redes ni de volverlas excluyentes ni de atribuirles propiedades mágicas que obviamente no poseen sino tan sólo de aprovecharlas como recursos privilegiados de participación y de evaporación o imposibilidad de toda autoridad central.
Pero hemos hablado antes de redes provisorias, superpuestas y de prioridades intercambiables. ¿Qué quiere decir exactamente esto? Las redes son proteiformes y pueden ser en algunas de sus densificaciones una asamblea, en otras una campaña, más acá una concentración urbana y en ciertas partes también una federación; simultánea y/o sucesivamente y luego de la aceptación indudable de que las transgresiones y las rupturas, al igual que la vida misma, renuncian al aliento de lo inmutable y de lo eterno. Las redes admiten y hacen posible que individuos y grupos puedan estar en más de un “lugar” a la vez, echar sólidas raíces en el terreno, engrosando el espesor de vínculos localizados, y al mismo tiempo conectarse, a través de sus identidades comunes o sus temáticas preferidas, con sus iguales del ancho mundo. Las redes son modulares y pueden adaptarse con mayor rapidez y flexibilidad que cualquier otra estructura a casi toda exigencia circunstancial. Dadas estas características, las redes tienden a carecer de controles internos, de vetos, de censuras, de selecciones normalizadoras y de interrupciones circulatorias al tiempo que sus mallas experimentan un rechazo alérgico por las coordinaciones que rápidamente se vuelven vitalicias, por los productores monopólicos de ideologías y consignas, por los administradores de bendiciones y anatemas, por los caudillos o por los centros de gravedad que prestamente se sirven de la concentración informativa de que hayan conseguido proveerse. Como ya lo hemos insinuado, las redes rompen también con las formas tradicionales de manejo del espacio y del tiempo y, así, ponen en cuestión y en estado de impugnación inmediata las estrategias de dominación que sólo saben operar luego de haber instituído una disposición convencional de los mismos. La conspiración de clarividentes auto-proclamados como tales ya lo sabe: las primeras manifestaciones de rechazo al nuevo “orden mundial”, las primeras repulsas y los primeros frenos no fueron mandatos emanados de ningún Comité Central sino una circulación de sentidos, de informaciones y de ideas -a la vez silenciosos y estridentes- a través de las anastomosis capilares de este nuevo tejido subversivo; un tejido sin personería jurídica, sin gerenciamiento técnico especializado y sin derechos de autor; un tejido que es vocacionalmente ilegal y clandestino y que, toda vez que consiga constituirse a sí mismo según estas pautas, habrá conseguido ganar su primera batalla de contra-poder.
Un nuevo modelo organizativo, entonces, asentado en redes provisorias, superpuestas y de prioridades intercambiables; en una proyección que se reclama a sí misma, simultáneamente, tanto en los planos locales como en los internacionales y en su imbricación con los movimientos sociales y sus luchas. Un modelo, además, que tanto por su forma como por sus menesteres se reclama como garantía -quizás la única garantía- de unidad del movimiento y no necesita de ni se enriquece con vanguardias internas ni centros iluminados ni columnas vertebrales. Si ésta es una de las condiciones que nos impone nuestra presente historicidad -como creemos que efectivamente lo es- habrá que decir, entonces, enfáticamente, que los modelos de organización y acción propios del anarquismo clásico y del anarquismo de transición ya no se ajustan enteramente a las demandas de nuestro tiempo y ya no pueden aspirar razonablemente a expresar esa exuberante fauna de movimientos sociales y de luchas ni cuentan con el grado de “globalización” requerida ni pueden funcionar estrictamente en tanto redes. Esto es así en la misma medida que uno y otro fueron elaboraciones y respuestas apropiadas a escenarios históricamente concretos y a problemáticas que ya no se presentan bajo la misma forma sino que han sido objeto de alguna que otra modificación sustancial. Por lo pronto, parece evidente que, a diferencia de lo que ocurrió en otros períodos, ninguna federación sindical y ninguna federación específica en los sentidos tradicionales de estos términos puede siquiera, al día de hoy, aproximarse con fuerza y virtualidades de incidencia a ese tropel de identidades y ebulliciones en movimiento; así como tampoco puede resumir y conjuntar en ningún país ni tan sólo a la mayoría de la militancia que expresamente se siente formando parte de una corriente cualquiera de pensamientos y prácticas anarquistas. La conclusión provisoria que es posible extraer ahora mismo cae por su propio peso y es que la fusión completa del movimiento anarquista con las luchas sociales de un lugar dado y en nuestro contexto específico de historicidad sólo es procesable a través de formas inéditas de organización y acción que se correspondan firmemente con tales cosas; formas que tal vez representen un cierto giro copernicano en nuestra trayectoria y que todavía no nos hemos sabido dar. Flagrante perogrullada quizás, pero también constatación removedora y quizás irritante, que choca contra costumbres bien asentadas a las que seguramente no es fácil desterrar con meros chispazos de inspiración y buena voluntad.
Que el anarco-sindicalismo ya no se corresponde con estas nuevas exigencias es una conclusión de por sí evidente, en tanto el mismo se concibe organizativamente como una respuesta centrada fundamental, si no exclusivamente, en torno a los problemas de explotación y dominación del trabajo. Las federaciones específicas, mientras tanto, presentan un grado de aproximación mayor con el modelo pero, aun así, no dan enteramente la nota. Por lo pronto, las mismas prevén modalidades de circulación que no son estrictamente reticulares sino que, según las expresiones clásicas, se dirigen de abajo hacia arriba o de la periferia al centro y no según un trazado multidimensional y “caótico”. A su vez, muchas de las identidades y temáticas que actúan como configuradoras de numerosos movimientos sociales no son incluidas como un momento teóricamente relevante y relativamente “autónomo” de elaboración sino que normalmente han sido reconocidas como “frentes” o como comisiones de trabajo. Ni qué hablar, además, de las dificultades que esas limitaciones presentan cuando se pretende trasladarlas sin soluciones locales de base al plano internacional; lo cual habitualmente no las resuelve sino que las amplifica.* Quizás todo esto no sea percibido más que como una intuición, una sospecha o una vaga sensación de malestar y de inconformismo con los logros reales de las organizaciones anarquistas clásicas; quizás, también, se intente contradecir o contrarrestar estas conclusiones con el inventario de siembras y cosechas parciales que sin duda habrá que acreditarles. Sin embargo, para nosotros, hace rato que ha llegado el momento de ir más allá todavía; hace rato que está planteada la apropiación plena de nuestro tiempo y la necesidad de explicar las crisis que hemos vivido en el pasado y de conjurar enérgicamente las que con toda probabilidad se nos presentarán en el futuro; hace rato que ha llegado el momento de un anarquismo post-clásico, que ahora mismo habrá que reconocer y fundar.

Daniel Barret

*Nos hemos concentrado aquí en las federaciones específicas de cuño clásico, malatestiano o, como también se las ha denominado, “de síntesis”. Si pasamos por alto la consideración de las federaciones de estilo “plataformista” es precisamente porque las dificultades de asimilación del modelo reticular son todavía mayores en este caso, donde la exigencia de “unidad táctica” actúa como límite casi natural a su adopción cabal. De todos modos, vale la pena insistir, por última vez, que nada de esto supone extender una partida de defunción a los modelos anarco-sindicalista y especificista -este último, en cualquiera de sus dos grandes variantes-, sino que los considera y subsume como territorios nodales y de mayor espesura en el contexto de las redes.

(extractado de Los Sediciosos despertares de la Anarquía)


ANAQUISMO Y TEORÍA SOCIAL VOLVER

¿Por qué hay tan pocos anarquistas en la academia?

Esta es una pregunta oportuna porque, como filosofía política, el anarquismo está creciendo rápidamente en la actualidad.
Los anarquistas o los movimientos de inspiración anarquista están surgiendo por todas partes; los principios tradicionales anarquistas -autonomía, asociación voluntaria, autoorganización, ayuda mutua, democracia directa- se encuentran desde las bases organizativas del movimiento contra la globalización, hasta en cualquiera de los movimientos radicales de cualquier lugar. Los revolucionarios de México, Argentina, India y otras partes cada vez más han ido abandonado el pronunciarse a favor de la toma del poder y han comenzado a formular ideas radicalmente diferentes acerca de lo que significa una revolución. Es cierto que en realidad la mayoría son reacios a adoptar la denominación de “anarquista”. Pero como Bárbara Epstein ha observado recientemente, el anarquismo ya ha ocupado largamente el lugar que el marxismo tenía en los movimientos sociales de los ’60: incluso aquellos que no se consideran anarquistas sienten que tienen que definirse en relación al mismo e inspirarse en sus ideas.
Casi nada de esto se ha visto reflejado en las universidades. La mayoría de los académicos pareciera que no tienen la más mínima idea acerca de lo que es el anarquismo o lo desechan apelando a groseros estereotipos: “¡organizaciones anarquistas! ¿Pero no es eso un contrasentido?” En los Estados Unidos existen algunos millares de académicos que se asumen como marxistas de una u otra especie, aunque existe apenas una docena de estudiosos dispuestos a denominarse abiertamente como anarquistas.
¿Encontraremos algunos académicos anarquistas si revolvemos un poco más? Es posible, y quizás en pocos años la academia esté atestada de anarquistas, aunque no guardo mi aliento. Parece ser que el marxismo tiene cierta afinidad con la academia que el anarquismo nunca tendrá. El marxismo fue, después de todo, el único gran movimiento social que fue inventado por un académico, aunque luego devino en un movimiento con el propósito de integrarse a la clase obrera.
La mayoría de los relatos sobre la historia del anarquismo presuponen una similitud con el marxismo: el anarquismo es presentado como la invención de ciertos pensadores decimonónicos -Proudhon, Bakunin, Kropotkin, etc.- que estaba dirigido a inspirar a las organizaciones de la clase obrera, se vio envuelto en luchas políticas, se dividió en corrientes… El anarquismo, según las versiones estandarizadas, habitualmente figura como el pariente pobre del marxismo, teóricamente un poco torpe pero compensado ideológicamente, quizás, con pasión y sinceridad. Aunque, de hecho, la analogía es forzada en el mejor de los casos. Las “figuras fundadoras” del siglo XIX no se imaginaban a sí mismos como inventores de algo particularmente nuevo. Los principios básicos del anarquismo -autoorganización, asociación voluntaria, ayuda mutua- se referían a formas de comportamiento humano que ellos suponían habían estado presentes a lo largo de la historia humana. Lo mismo corre para el rechazo del Estado y de todas las formas de violencia estructural, desigualdad o dominación -anarquismo literalmente significa “sin gobernantes”-, y para la hipótesis de que todas estas formas están relacionadas de alguna manera y se refuerzan entre sí. Nada de esto fue presentado como el comienzo de una nueva doctrina. Y efectivamente no lo fue: se puede encontrar constancia de personas proponiendo argumentos similares a través de la historia y -a pesar del hecho de que en la mayoría de las épocas y lugares había razones para creer en ello- que tales opiniones eran las menos probables de resultar escritas. Estamos refiriéndonos menos a un cuerpo de teoría, entonces, que a una determinada actitud o, quizás podríamos decir, una fe: el rechazo de ciertos tipos de relaciones sociales, la confianza de que otros tipos de relaciones serían mucho mejores para construir una sociedad digna, la creencia de que tal sociedad podría existir realmente.
Si además se comparan las escuelas históricas del marxismo y del anarquismo es posible observar que estamos tratando tipos de proyectos fundamentalmente diferentes. Las escuelas marxistas tienen autores. Así como el marxismo surgió de la mente de Marx, tenemos también leninistas, maoístas, trotskistas, gramscianos, althusserianos… (Es de remarcar como la lista comienza con jefes de estado y se diversifica en profesores franceses). Pierre Bourdieu alguna vez observó que, si el mundo académico fuese como un juego en el cual los eruditos se esfuerzan por convertirse en dominantes, entonces se podría saber quien ha sido el ganador cuando los otros estudiosos se las ingenian para componer un adjetivo a partir de su nombre. Es para preservar la posibilidad de ganar el juego, que los intelectuales insisten en continuar empleando en sus discusiones las teorías sobre de la Historia de una especie de Gran Hombre, de las que se mofarían en cualquier otro contexto. Las ideas de Foucault, como las de Trotsky, ante todo nunca son tratadas como los productos de cierto ambiente intelectual, como algo que emergió de interminables conversaciones y discusiones involucrando a cientos de personas, sino que siempre se las expone como si hubieran surgido del genio de un único hombre (o muy ocasionalmente, de una mujer).
Ahora bien, consideremos las diferentes escuelas del anarquismo. Tenemos anarcosindicalistas, anarco comunistas, insurreccionalistas, cooperativistas, individualistas, plataformistas. Ninguno es denominado en referencia aun Gran Pensador; en cambio, son denominados invariablemente por algún tipo de práctica, o la mayoría de las veces, por sus principios organizativos. (Es significativo que las tendencias marxistas que no son denominadas en referencia a un individuo, como las autonomistas o comunistas consejistas, son aquellas que se encuentran más cercanas al anarquismo). Los anarquistas prefieren distinguirse entre sí por lo que hacen y por cómo se organizan para hacer lo que hacen. Y efectivamente, esto ha sido siempre aquello a lo que los anarquistas le han dedicado a pensar y discutir la mayor parte de su tiempo. Los anarquistas nunca han estado demasiado interesados en el tipo de estrategia general a seguir o en las cuestiones filosóficas que históricamente han preocupado a los marxistas como: ¿son los campesinos una clase potencialmente revolucionaria? (los anarquistas consideran que esto es algo que corresponde decidir a los propios campesinos). ¿Cuál es la naturaleza de los bienes materiales? Los anarquistas tienden más bien a discutir sobre cuál es la forma verdaderamente democrática de organizar una asamblea, y en qué punto una organización deja de ser un instrumento de toda la gente y comienza a pisotear las libertades individuales. O también, sobre la ética de las formas de oponerse al poder: ¿qué es una acción directa?, ¿es necesario (o correcto) condenar públicamente a aquellos que atenten contra un jefe de Estado? ¿Puede el asesinato, especialmente cuando previene un desastre terrible como la guerra, ser un acto moral? ¿Cuándo está bien apedrear una ventana?
Entonces, para resumir:

1- El marxismo ha tendido a ser un discurso analítico o teórico acerca de la estrategia revolucionaria.
2- El anarquismo ha tendido a ser un discurso ético sobre la práctica revolucionaria.

No es precisamente que el anarquismo no vaya a hacer ningún uso de la alta teoría. Mejor sería decir, que está principalmente interesado por las formas de práctica, insistiendo antes que nada que los fines deben ser acordes con los medios, que no se puede generar libertad por medios autoritarios, y de hecho uno mismo, en lo que fuere posible en sus relaciones con amigos y compañeros, debe encarnar la sociedad que aspira a crear. Todo esto no cuadra demasiado bien con trabajar dentro de una universidad, quizás la única institución de Occidente aparte de la Iglesia Católica y la monarquía británica que han sobrevivido casi sin variaciones desde la Edad Media, realizando sus contiendas intelectuales en conferencias de auditorios de hoteles lujosos y fingiendo de algún modo como si todo fuera por la revolución.

Esto no significa que la teoría anarquista sea imposible

Todo esto no quiere decir que el anarquismo tenga que estar contra la teoría. Después de todo, el anarquismo es en sí mismo una idea, y una muy antigua, además. También es un proyecto que propone comenzar creando las instituciones de la nueva sociedad “dentro del cascarón de la vieja”, para desenmascarar, subvertir y socavar las estructuras de dominación, aunque siempre -mientras esto se realiza- actuando de formas democráticas que demuestren por sí mismas que esas estructuras son innecesarias. Es claro que tal proyecto tiene la necesidad de herramientas de análisis intelectual y de comprensión. Podría no ser necesario un Gran Ideario, en el sentido que hoy nos es familiar. Por cierto, el anarquismo no utilizará una única teoría, la Gran Doctrina del Anarquismo, algo que sería completamente contrario a su espíritu. En cambio, pensamos más en el espíritu de los procesos anarquistas de toma de decisiones en general, desde pequeños grupos de afinidad hasta los enormes consejos asamblearios integrado por miles de personas. La mayoría de los colectivos anarquistas operan por un procedimiento de consenso que ha sido desarrollado de varias formas para ser el exacto opuesto del voto a mano alzada, un método divisionista y sectario muy común entre otros grupos revolucionarios. Aplicado a lo teórico, esto significaría aceptar la necesidad de una diversidad de amplias perspectivas teóricas, unidas solamente por ciertos compromisos y premisas compartidas. En un proceso de consenso cada uno acuerda de entrada sobre ciertos principios generales de unidad y que son asumidos como beneficiosos para la fortaleza del grupo.
Pero más allá de esto, la hipótesis operante es que nadie puede realmente convertir a otro completamente a su punto de vista, (y probablemente siquiera debiera intentarlo) y entonces los debates deberían enfocarse en cuestiones concretas de acción, para surgir finalmente con una propuesta con la que todos puedan convivir y nadie sienta que se viola alguno de los principios básicos del colectivo.
Aquí puede observarse un paralelo: una serie de perspectivas diversas, unidas por el deseo compartido de entender la condición humana, direccionadas hacia una mayor libertad. Más que basarse en la necesidad de probar que las suposiciones fundamentales de los demás están equivocadas, busca encontrar proyectos particulares sobre los cuales reforzarse unos a otros. Sólo porque las teorías sean inconmensurables en ciertos aspectos, no significa que no puedan existir o incluso reforzarse las unas a otras, de la misma manera que individuos que tienen únicas e inconmensurables opiniones sobre el mundo no quiere decir que no puedan ser amigos, amantes o trabajar en proyectos comunes.
Más que un Gran Ideario, lo que el anarquismo necesita es lo que podría llamarse una Base de Ideas: una forma de resolver las cuestiones inmediatas que surgen de un proyecto transformador. La mayor parte de la ciencia social no nos ayuda mucho realmente en esto, ya que normalmente en las corrientes principales de las ciencias sociales esta clase de cosas son generalmente clasificadas como “contenidos políticos” y ningún anarquista que se precie tendría nada que ver con esto.
La noción de “política” presupone un estado o un aparato de gobierno que impone su voluntad sobre los demás. La “gestión política” es la negación de los “ideales políticos”, la política es por definición algo creado por alguna forma de elite, la que supone que conoce mejor que los demás como deben conducirse los asuntos públicos. Participando en los debates de la gestión política lo máximo que puede alguien hacer es poner algún límite al perjuicio que ocasiona la política misma, desde el momento en que su principal premisa es contraria a la idea de que la gente administre sus propios asuntos.
Entonces, nos formulamos la pregunta: ¿qué clase de teoría social sería realmente de interés para aquellos que estamos tratando de alcanzar un mundo en el cual el pueblo sea libre para conducir sus propios intereses?
Para empezar, diría que esa teoría habría de comenzar con algunas hipótesis. Primero, habría que partir de la suposición de que, como dice una canción popular brasileña, “otro mundo es posible”. Que instituciones como el Estado, el capitalismo, el racismo y la supremacía masculina no son inevitables, que sería posible tener un mundo en el cual ninguna de esas cosas existiese y que como resultado estaríamos todos mucho mejor.
Claro que aquí tenemos que lidiar con la inevitable objeción: que los utopismos han llevado a inmitigados horrores como el estalinismo, el maoísmo y otros idealismos que tratan de cincelar la sociedad dentro de moldes imposibles, asesinando a millones durante el proceso.
Este argumento esconde una falaz concepción: que imaginar mundos mejores sea en sí mismo el problema. Los estalinistas y todos los de su calaña no asesinaban tratando de hacer realidad grandes sueños -en verdad los estalinistas eran famosos por su escasa imaginación- sino que lo hicieron porque confundieron sus sueños con certezas científicas. Esto los llevó también a creer que tenían el derecho de imponer sus visiones por medio de la maquinaria de la violencia. Los anarquistas no proponen nada por el estilo, sino que piensan que el curso de la historia no es inevitable y que nunca se podrá alcanzar la libertad creando nuevas formas de coerción.
La segunda proposición, diría, es que cualquier teoría social anarquista debería rechazar conscientemente cualquier traza de vanguardismo. El rol de los intelectuales definitivamente no es conformar una elite que pueda arribar a correctos análisis estratégicos y que entonces lleven a las masas a seguirlos. ¿Pero si no es eso, entonces, qué? Un rol obvio para los intelectuales revolucionarios es precisamente mirar hacia aquellos que están creando alternativas viables y tratar de explicar cual podría ser la importancia de las implicaciones de su accionar, y entonces aportar las ideas, ya no como prescripciones sino como contribuciones, posibilidades. Como una ofrenda personal.

David Graeber*

* Antropólogo anarquista, miembro de la IWW, profesor de la Universidad de Yale, con la cual tuvo un agrio conflicto laboral en 2005, por lo que se llevó a cabo una campaña de solidaridad internacional. Actualmente enseña en el Goldsmith Collage, Universidad de Londres.

Traducido por P.R. y extractado de “Fragments of an Anarchist Anthropology”, 2004, Chicago.


MANIFIESTO SOLIDARIO CON ANARQUISTAS Y MOVIMIENTOS SOCIALES DE VENEZUELA VOLVER

En el primer trimestre del 2007, 23 manifestaciones populares fueron reprimidas por el gobierno venezolano y 99 activistas resultaron detenidos. Este dato habla del creciente malestar así como de la criminalización de las reivindicaciones sociales en el país latinoamericano, realidad encubierta por la propaganda y mixtificación de un régimen que se publicita como vanguardia del “socialismo del siglo XXI”, con apoyo de diferentes agrupaciones y personajes ligados a la izquierda autoritaria del mundo entero.
Sin embargo, quienes se interesan por la situación real de los oprimidos y explotados en Venezuela conocen las inconsecuencias y contradicciones del gobierno populista liderado por el militar Hugo Chávez. Lejos de avanzar estructuralmente en la reducción de las desigualdades y el incremento de las posibilidades de desarrollo social, el gobierno reinante en Caracas continúa manteniendo una de las distribuciones de riqueza más injustas del Continente, profundizando además el papel asignado al país por la globalización económica como proveedor seguro y fiable de energía al mercado mundial, con las corporaciones transnacionales petroleras como socios mimados y beneficiarios principales de la acción del Estado venezolano. Tras 8 años y medio de gobierno contando por obra de los altos precios petroleros con el ingreso fiscal más alto de la historia nacional, los resultados sociales de las políticas del chavismo son mediocres, siendo lo más destacable la aparición de una nueva burguesía parasitaria del favor estatal, la “burguesía bolivariana”.
Según estadísticas e informes gubernamentales recientes, sobre 5 millones de trabajadores -46,5 por 100 de la fuerza laboral- se mantienen en el sector informal de la economía, el 43 por 100 de los trabajadores reciben una remuneración inferior al mínimo legalmente permitido -poco más de 200 dólares al mes-, 2 millones y medio de personas carecen de vivienda digna, el 18 por 100 de la población sufre de desnutrición, la red de hospitales públicos presenta carencias y limitaciones de todo tipo, el 90 por 100 de la población indígena vive en condiciones de pobreza, más de 400 personas mueren violentamente por año dentro de las cárceles y hay un promedio de 15 personas asesinadas al mes por los cuerpos represivos del Estado.
El gobierno venezolano ha mantenido en los últimos cinco años una disputa intra-clase con ciertos sectores tradicionales de la burguesía local, en medio de una fuerte polarización político-electoral que ha permitido dividir, inmovilizar y recuperar a los movimientos sociales del país. Cualquier crítica a la corrupta, ineficaz y frondosa burocracia oficial se califica de inmediato como “al servicio del imperialismo” y, bajo excusa de “enfrentar al golpismo y las provocaciones reaccionarias”, se han promulgado diversas leyes que penalizan con mayor rigor las acciones de calle y las huelgas en las empresas básicas del Estado. Estos son parte de los mecanismos legales que desde 2006 se han utilizado contra las movilizaciones populares que, intentando recuperar sus propias reivindicaciones, manifiestan todas las semanas por el derecho a la seguridad personal, vivienda digna, empleo y condiciones laborales decentes. La respuesta gubernamental ha sido con bombas lacrimógenas, perdigones y detenciones.
Ante la tramposa polarización vivida en el país, y en especial como réplica al mandato presidencial de disolver partidos y otras agrupaciones previamente existentes para afiliarse al partido único del chavismo, de siglas PSUV, diversas organizaciones de Venezuela procuran construir espacios de autonomía para los movimientos sociales. Entre éstas, destaca la actuación de compañeros y compañeras anarquistas, que desde diferentes iniciativas, como la publicación y difusión del periódico El Libertario (www.nodo50.org/ellibertario), construyen una alternativa ajena tanto a la oposición socialdemócrata y de derechas como al capitalismo de Estado bolivariano. Pero ese esfuerzo anarquista por construir opciones y vías consecuentemente autónomas implica riesgos: El Libertario, por ejemplo, debe enfrentarse a una sistemática campaña de recriminaciones y descrédito por parte de agrupaciones ficticias pagadas por el Estado, así como a un creciente hostigamiento contra el activismo antiautoritario.
Este manifiesto quiere recordar a compañeros y compañeras ácratas dentro de Venezuela, así como a las demás organizaciones sociales autónomas de base en ese país, que cuentan con nuestro aprecio, respaldo y solidaridad. Nuestras organizaciones e iniciativas anarquistas denunciarán, en la medida de sus posibilidades, la demagogia e incoherencia encubiertas bajo el alias de “revolución bolivariana”, activando los mecanismos de apoyo necesarios ante cada arremetida gubernamental contra las aspiraciones concretas de justicia social y libertad del pueblo venezolano.

Internacional de Federaciones Anarquistas (I.F.A.)
Tierra y Libertad Nº 227, junio 2007


PRESOS ANARQUISTAS VOLVER

Alemania: Gabriel Pombo da Silva, José Fernández Delgado, Thomas Meyer Falk.
Suiza: Marcos Camenisch
Bélgica: Jean Paul Depouhon
Italia: Federico Pais, David Santini, Daniele Benedetti, Juan Sorroche, Salvatore Signore, William Frediani, Francesco Gioia, Costantino Ragusa, Alessio Perondi, Benedetta Galante, Leonardo Landi, Silvia Guerini, Federico Bonamici, Giuseppe Bonamici, Francesco Portu, Gregorian Garagin, Orlando Campo.
Francia: René Riesel, Jean-Marc Rouillan.
República Checa: Augustin Kraus.
Rusia: Olga Aleksandrovna Nevskaya.
Holanda: Roberto Catrino López
Polonia: Tomasz Wilkoszewski
Dinamarca: 39 detenidos por el caso Ungdomshuset (Casa de la Juventud).
Portugal: Pedro José Veiga.
España: Núria Portulas, Laura Riera, Sergio L. D., Rodrigo Lanza Huidobro, Juan Pintos Garrido, Alex Cisternas Amestica, Carlos Gómez García, Juan José Grafía, Joaquín Gárces Villacampa, Igor Quevedo Aragay, Rafael Tomas i Gaspar, Amadeu Casella Ramón, Claudio Lavazza, Giorgio Rodríguez, Giovanni Barcia, Ibai Hederá, Gilbert Ghislain, Javier Calvo Morán.
Grecia: Yiannis Dimitraki.
Inglaterra: C. “Slick” Varkki.

Fuente: Cruz Negra Anarquista de Venezuela
cna_venezuela@hotmail.com


TENDENCIAS VOLVER

Consideramos la afinidad de forma integral, no reducida a intereses prácticos.
La F.O.R.A. del V Congreso, símbolo y expresión del movimiento obrero de finalidad anarquista, mantenía, por esa concepción finalista, un enfrentamiento crítico ante otras definiciones y movimientos sostenidos por anarquistas que, en las primeras décadas del s.XX, eran mayoritarios en Europa y que en Argentina eran minoritarios, hasta que fueron creciendo, ente otros motivos, por la influencia de la revolución rusa.
Parte de la crítica de los anarquistas de la FORA era hacia el llamado especifismo y al sindicalismo puro, corrientes éstas estrechamente vinculadas. Estas dos posturas convergían en la pretensión de vaciar al movimiento obrero de cualquier definición ideológica que, según su decir, era un atentado a la unidad obrera, unidad determinada por la comunión de intereses en tanto clase. Ante esto decía la FORA: «Hemos dicho y repetido que no vemos en el proletariado una clase social subordinada enteramente a sus necesidades económicas y, en consecuencia, consciente de su inferioridad como clase y dispuesta a reivindicar sus derechos. Aún existiendo en una parte del proletariado esa ‘conciencia de clase’, únicamente sirve como elemento de juicio para combatir a la burguesía, para inmediatas reivindicaciones económicas, quedando todo el problema social subordinado a las diversas interpretaciones ideológicas. El odio común al burgués y las comunes necesidades del asalariado pueden determinar en un momento dado esa ‘unidad de clase’. Pero en cuanto se pone en el tapete el problema social, surgen los antagonismos y sobreviene la división. ¿Cómo armonizar, en una huelga, a los que sostienen la necesidad de someter sus exigencias a un tribunal arbitral y los que se oponen a toda medida de conciliación basando su triunfo en una acción directa y revolucionaria? Y en el supuesto de que los trabajadores se encuentren frente a la realidad de una revolución triunfante, ¿acaso conservan por ello ‘su unidad de clase’? ¿No surge de inmediato el problema ideológico, determinando el choque entre los partidarios de las diferentes teorías de reconstrucción social?» (La Organización Obrera; 1924).
La unidad práctica ubicada por sobre las diferencias ideológicas redundaba en anular la posición de los anarquistas. Fue por esta misma razón que Bakunin y otros compañeros priorizaron la posición antiestatista y antipolítica en la primera Internacional dividiendo al movimiento obrero entre los partidarios de tomar el Estado y quienes apuntaban a su supresión. Es en la división y no en la unidad orgánica donde el anarquismo como movimiento encuentra su origen y constitución. La unidad de la Internacional no tenía validez si ello implicaba la convivencia forzada de tendencias antagónicas. Eran las ideas, las cuales le daban la finalidad revolucionaria a la lucha, más importantes que la unidad y la organización misma. Por ello, una vez fragmentada, las secciones de tendencia anarquista afirmaban sin transigencias: «que toda organización política no puede ser más que la organización del poder en provecho de una clase y en detrimento de las masas, y que si el proletariado quisiera apoderarse del poder se convertiría en una clase dominante y explotadora,
el Congreso reunido en Saint-Imier: declara:
1° Que la destrucción de todo poder político es el primer deber del proletariado;
2° Que toda organización de poder político -aunque se suponga que es provisional y revolucionaria- destinada a efectuar esa destrucción, no puede ser más que un engaño y sería tan peligrosa para el proletariado como todos los gobiernos existentes hoy en día...
»
Se sentaron las bases de lo que desde la FORA se identificó posteriormente como escuela de divisionismo, es decir, que las antagónicas tendencias manifiestas entre los oprimidos se conformen en respectivas organizaciones.
Contrariamente a lo que significaba la FORA, en pos de la unidad que disolvía el criterio ideológico la corriente que propugnaba el aglutinamiento específico de los anarquistas, por fuera del movimiento obrero, de forma directriz -como es característica de los partidos políticos-, argüía que las discusiones referentes al anarquismo debían tener su coto de ubicación en las agrupaciones específicas, mientras que en el sindicato se debía reducir la cosa a lo que determinaba el interés económico común de los obreros. Argüían, para ello, un desdoblamiento entre lo que llamaban hombre económico y hombre político; es decir, se debía ser anarquista en un lado y ser sindicalista en el otro. Semejante concepción y accionar devenía en ocultar las ideas que eran presentadas como obstaculizadoras de la unidad y, con eso, el consecuente fomento de actitudes acorde a aquello. Este solapamiento -insistentemente presentado como estratégico- colaboró activamente en producir la progresiva renuncia de la finalidad revolucionaria del movimiento obrero, convirtiéndolo en institución reformista a merced de los dirigentes de turno.
La reducción de las relaciones a cuestiones de afinidades mínimas eran suscriptas por la supuesta necesidad de conveniencias prácticas y, lo opuesto, rechazado como propio de disquisiciones teóricas, relegadas a un ostracismo tangencial.
Las afinidades mínimas -en términos políticos, programa mínimo-, eventuales y circunstanciales, independientemente de que adquieran carácter formal o informal, argüidas en pos de necesidades prácticas o actividades concretas, implican el mismo desdoblamiento ideológico, con el consecuente manejo utilitarista, cuando se hace de la reducción la condición. La relación establecida en base a alianzas temporales y efímeras, donde las cuestiones ideológicas son confinadas a planos secundarios como intrascendentes para la ocasión, induce a la omisión de las divergencias que, de otra forma, menguarían asa afinidad eventual, y predispone al pragmatismo como valor.
La afinidad integral es presentada como quimérica, definiéndola peyorativamente como absoluta, con lo cual se la anula como tendencia perseguible. Es decir que una cosa son las diferencias mínimas o afinidades máximas con las cuales la convivencia o conexión no se niega como posibilidad, sino todo lo contrario, y otra es plantear el nucleamiento, el vínculo o la coordinación determinada por afinidades mínimas y diferencias máximas. Decíamos en el 1° de Mayo: “los ecos que rezumban dicen de aunarse según acuerdos mínimos, dejando de lado supuestos detalles, puntos quisquillosos que, por exagerados, sobredimensionaríamos. Y decimos que no es cosa de mala voluntad, que tenemos fundamentos y razones, y no caprichos. Que la ideología anarquista no se subdivide en cuestiones principales y secundarias, porque no nos subdividimos quienes la sostenemos. Aquello es pretender que en la pluralidad el criterio no se disuelve, que las relaciones creadas mantienen independencia con respecto al ser, que la concesión no es el comienzo de un arrastre que busca anularnos como posición revolucionaria.”

En el devenir todo es tender. La finalidad está en lo “imposible”, para que lo posible tienda y tenga sentido.

A.G.


DIÁLOGOS EN EL BAR: LOGROS Y EVOLUCIONES DEL OPUS VOLVER

Opus: viste cómo aumentó la recaudación del gobierno. Cada vez se recauda más. No soy kirchnerista pero me parece que es una buena forma de que se reparta mejor la cosa a través del Estado. Más aun con este gobierno, que a diferencia de los de Menem y de la Rúa no responde a las recetas neoliberales del FMI. Los números macroeconómicos le dan la razón.
Marsienguels: No me vengas con eso, si este gobierno lo que hace es aplicar recetas asistencialistas peronistas, más viejas que el hilo negro. Mantiene todo como estaba, paga la deuda al imperialismo, se hace el rebelde, pero de socialismo ni hablar. El Estado no avanza sobre la propiedad privada y los capitalistas siguen haciendo lo que quieren. Estamos lejos de un sistema educativo y de salud como el cubano y ni siquiera nos acercamos a lo de Venezuela. Esto es capitalismo salvaje, con buenos modales.
Opus: No me defiendas a Cuba por la salud y la educación que en Suecia son bastante mejores, también son gratuitas y vivís en libertad, no total, es claro, pero es un social capitalismo democrático bastante pasable.
Manguruyú: Son todos iguales. En Cuba todo es del Estado, no de los trabajadores. Es un capitalismo de Estado. Y como el gordito dueño de la pelota es Fidel, si él no quiere vos no jugás: o te reprimen o te callás o te vas. Y en Suecia sigue habiendo explotación, eso sí, con sueldos de nivel alto -gracias al excedente que se llevan de los países pobres- y la libertad es limitada. ¿O te creés que se van a bancar actividades que atenten contra el sistema o la propiedad privada? De todos modos la educación también es una manera de formar adeptos al sistema y esclavos ideológicos. Los programas educativos están orientados a eso, acá y en la China; en todos lados hay una cartera de educación que se encarga de hacerlo.
Marsienguels: Es importante avanzar de a poco. Vos querés todo –la anarquía ahora– y no se puede. La clase obrera no está preparada para el comunismo libertario. Hay que ir de a poco: primero el capitalismo tiene que estar maduro para la revolución, después hay que llegar al socialismo con la dictadura del proletariado y cuando el Estado no sea necesario va a desaparecer naturalmente. Marxismo básico, papá.
Manguruyú: No te digo que es lo mismo una dictadura que la democracia o el fascismo que el socialismo. Tienen diferencias ideológicas y responden a diferentes intereses de clase. Pero estructuralmente son todos iguales. El socialismo estatal no termina con las clases sino que reemplaza la posesión de capitales por el escalafón del Partido Comunista. Y no me digas que no hay privilegios, porque los dirigentes del partido y del gobierno no van en transporte público ni comen frijoles o arroz todo el año, como el pueblo cubano. Y la democracia tiene la ventaja por sobre la dictadura de que te permite un mayor margen de acción para la propaganda y la lucha. Y nuestro gobierno lo sabe bien, por eso te amaga con la izquierda y te pega con la derecha. Se presentan como triunfos gubernamentales el que haya bajado la pobreza estructural, que la recaudación fiscal sea mayor (como si la guita no fuera de nuestro bolsillo), que bajó la desnutrición infantil, que bajó la desocupación y que le pagamos al FMI. A mí me parece bárbaro que haya menos hambre y que la desnutrición infantil haya disminuido. El hambre es mala en cualquier situación y más aún cuando las secuelas irreversibles de la desnutrición condenan a los chiquitos a un futuro de enfermedades físicas y una inteligencia disminuida. Para ellos ya no habrá revolución alguna, ni comunismo libertario, ni dictadura del proletariado. A mí no me cabe la política de “cuando peor está el pueblo es mejor, porque se aceleran las contradicciones”. El hambre no ayuda a hacer la revolución. Y no me importa si el rédito de acabar con el hambre se lo lleva el Estado o la Iglesia o el capitalismo, porque siempre se llevan los réditos de todo aquello que no lo destruya. Se llevan tanto los réditos del hambre, como se llevan los réditos de las panzas llenas, se benefician con el analfabetismo, de la misma forma que se nutren de universitarios para mantener el statu quo.
Marsienguels: Eso es lo que te digo que pasa en Cuba, y esperemos pase en Venezuela. Una vez asegurados los recursos básicos para el pueblo y eliminadas la burguesía y el imperialismo, el pueblo avanzará sobre el Estado y se apoderará de todo.
Opus: O como en Suecia, podemos ir llegando a una sociedad cada vez menos violenta (la violencia es siempre mala), más libre, eliminando lentamente las funciones del Estado y cooperativizando las empresas, estimulando la cogestión para alcanzar finalmente la autogestión.
Manguruyú: Por lo que veo, la anarquía está a la vuelta de la esquina. Desde ya les digo que ustedes son más utópicos que cualquier anarquista. Para ustedes el sistema tiende a evolucionar hacia algo mejor. Para mí tiende siempre hacia lo peor, incluso cuando afloja la mano. Por eso la violencia no siempre es mala, Opus, sino que depende de las circunstancias. La resistencia al opresor puede ser tan violenta, como son violentos los crímenes del Estado sobre un pueblo que soporta pasivamente las vejaciones. ¿Cuál violencia es peor, entonces? El sistema nunca tiende a la autodestrucción consciente. Cuando sobrevienen revoluciones es porque la cosa no da para más y se agotó por lo menos una versión del modelo, que si no te apurás a destruir las bases del capitalismo y el Estado, pronto se reconstruye y te venden una nueva versión del mismo producto. Sino, fijate como pasamos del “que se vayan todos” a los guarismos de las próximas encuestas electorales. Los supuestos avances sociales son muchas veces la pata izquierda del sistema.
Opus: Pero convengamos que a los milicos genocidas del Proceso ningún gobierno los persiguió como éste. Si hasta Hebe apoya al presidente por su política de derechos humanos.
Manguruyú: Claro, ahora que ya no le interesan a nadie, ni siquiera a sus camaradas de armas que los han sucedido. Eso demuestra lo fuerte que está el sistema. Todos se han convertido a la fe democrática, incluso los fascistas. Chile es el mejor ejemplo. La opción se planteó siempre en términos de democracia o dictadura. Pero la socialista Bachelet reprime igual de eficientemente que Pinochet, aunque sin necesidad de llenar estadios de detenidos, sin desaparecer ni fusilar clandestinamente. Acá Hebe aplaude a Kirchner por “hacer justicia” mientras miles mueren de hambre, se pudren en las cárceles o se reprime la disidencia sin tapujos, como a los docentes baleados de Salta y Neuquén, por poner un ejemplo reciente. Recordemos que desde la restauración democrática de 1983 murieron más de 50 personas en las protestas callejeras a causa de la represión policial. Los derechos humanos son auspiciados por el sistema cuando fortalecen al poder. El cuento del policía bueno y el policía malo también es más viejo que el hilo negro.
Marsienguels: Bueno, me parece que la conversación se desvió un poco. Estábamos hablando del aumento de la recaudación fiscal… y sería bueno que vayamos recaudando para pagar la cuenta, porque al Opus le veo cara de evolucionar pacíficamente hacia la salida…

El Manguruyú


SACCO Y VANZETTI, A 80 AÑOS DEL CRIMEN

REPRESIÓN Y SOLIDARIDAD VOLVER

El 23 de agosto de 1977 el gobernador del Estado de Massachussets Michael Dukakis reconoce, de alguna manera, la inocencia de los dos ejecutados en la silla eléctrica en Boston cincuenta años atrás proclamándolo «Día en Memoria de Sacco y Vanzetti» y declarando para el futuro que «todo estigma y desgracia debe ser removido para siempre de los nombres de Sacco y Vanzetti, del nombre de su familia y descendientes, y también del nombre del Estado de Massachussets…». Un tardío reconocimiento a las víctimas y un intento de lavarle la cara a quien se los había engullido, con la imparcialidad de un gobernante que actúa sobre hechos del pasado mientras forma en la primera línea del crimen cotidiano que le toca ejecutar. Los nombres de estos dos italianos, de estos dos anarquistas, sellados definitivamente por el destino que les fue impuesto trascendieron todas las fronteras y la lucha por lograr su libertad no tiene equivalente.

Antecedentes democráticos en el gran país del Norte


Desde las primeras luchas por la obtención de la jornada de 8 horas de trabajo, el movimiento obrero en los Estados Unidos adquiere características antipolíticas, ya en 1884 un congreso de sindicatos y sociedades obreras federados de EEUU y Canadá fijan el 1º de mayo como el día en que se pondrán en práctica las 8 horas, donde hubiera resistencia de los capitalistas se paralizaría el trabajo a través de la huelga. Impulsados por la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT); La Liga de las 8 horas de Boston; Los Knights of Labour (Caballeros del Trabajo); la Central Labour Union fuertemente influenciada por los anarquistas y su más fuerte organización de Chicago: la Asociación de los Trabajadores y Artesanos. Esta lucha llevada a cabo en 1886 encuentra resistencia por parte de los capitalistas motivo por el cual se desencadena una feroz represión por parte de la policía y los Pinkerton (una agencia de detectives proveedora de matones armados y espías reclutados para reprimir al movimiento obrero y revolucionario). Los anarquistas en general veían con desconfianza la lucha por la reducción de la jornada laboral ya que no apuntaba directamente a la revolución social y esto podría generar conformismo entre los obreros, sin embargo se sumaron a la agitación y organizaron mítines contra el clima represivo en que se vivía. Tras el acto anarquista en la plaza Haymarket, se sucede el ataque de caballería de la policía y la respuesta arrojando una bomba que matará finalmente a ocho y dejará alrededor de sesenta policías heridos. La justicia democrática condena a la horca a cinco anarquistas y a otros tres les dan penas más leves. El 1º de mayo será recordado por los obreros conscientes como un día de lucha contra la explotación del hombre por el hombre, mientras otros festejan.
Años más tarde se buscará criminalizar al movimiento sindicalista fundado por socialistas, sindicalistas y anarquistas en 1905, la Industrial Workers of the World que pretendía unir a los trabajadores por industrias y derrocar a la burguesía mediante la huelga, el boicot y el sabotaje, e implantar un régimen basado en los sindicatos industriales. Su influencia se extendió hasta los años veinte en que comienza su eclipse producido por la acción de los políticos en su seno y las incompatibilidades ideológicas de las tendencias en pugna. Si bien nunca fue un movimiento mayoritario su actividad fue muy intensa por conseguir mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores y contra la opresión. Contrariamente a lo que parece sugerir su nombre la IWW realizó una labor extraordinaria en la organización de los aparentemente inorganizables trabajadores ambulantes del Oeste, también conocidos como Hobos, los negros de los campos forestales y petrolíferos del Sur y Suroeste, los analfabetos y sin formación. «Estos vagabundos con hatillos, llevando sus mantas o bultos de campamento en campamento, era una visión familiar en California y Washington. La mayoría no permanecía durante mucho tiempo en un trabajo, y cuando se acababa la labor, miles de trabajadores eran despedidos. Existía, así, siempre un amplio ejército de hombres desempleados, desplazándose de trabajo en trabajo o buscando un empleo. No tenían ninguna familia. La mayoría no pertenecía a ninguna iglesia. No permanecían el suficiente tiempo en un pueblo como para ser registrados y poder votar. Constantemente en movimiento y trabajando en condiciones miserables, estos sin votos y obreros débiles económicamente vieron en la acción directa, como era defendida por la IWW, su única arma contra el sistema que les oprimía. Según el informe de la Comisión Federal sobre las condiciones de la industria maderera de esa época, un operador maderero reconoció a la IWW como “el lamento de los oprimidos… es la miseria articulada”.» (Patrick Renshaw. Wobblies, Historia de la Industrial Workers of the World).
«(...)la IWW fue acosada y perseguida con saña durante la guerra, por las magistraturas de la mayoría de los estados y a nivel federal, y por grupos de autodefensa surgidos con la ola de xenofobia e histeria bélica que barría el país tras la entrada de Norteamérica en el conflicto bélico en 1917.
La IWW, con sus doctrinas radicales y su oposición natural a la guerra, la cual consideraba un instrumento capitalista para acaparar los mercados internacionales, era especialmente vulnerable a este tipo de ataque. Es más, los inmigrantes recién llegados actuaban como súper-patriotas. Esta ola de persecución culminó con el encarcelamiento de más de más de cien líderes de la IWW en 1918 bajo la acusación de conspiración. El juicio y condena de Joe Hill, el poeta popular de la IWW, y el linchamiento de otros dos Wooblies, Wesley Everest y Frank Little, ejemplifica lo que la IWW sufrió durante estos años tormentosos
». Joe Hill fue fusilado acusado de robo y asesinato, se había afiliado en 1910 al sindicato de San Pedro, en California. Militó cuatro años activamente, parte de los cuales los pasó luchando en el ejército rebelde durante la Revolución Mejicana en 1911. El autor de “El predicador y el esclavo” dejó su poema final: «Mi testamento es fácil de decidir
Por él nada se dividirá.
Mi pariente no necesita preocuparse y pelear por pequeñeces
“El musgo no se aferra a las piedras del camino”.
¿Mi cuerpo? ¡Oh! si yo pudiera escoger,
Lo haría reducir a cenizas
Y permitiría que un alegre soplo de viento
Lleve mi polvo donde algunas flores crecen.
Tal vez alguna flor que se marchite
Podría renacer de nuevo.
Esta es mi última y final voluntad
Buena suerte para todos.
»

Joe Hill

Hacia fines de 1919 el Trust de la Madera en Centralia se propuso expulsar a la IWW de la ciudad, encomendaron al presidente de la Southwest Washington Lumbermen´s Association crear un comité secreto para ese fin, el instrumento fue la American Legion. «El enfrentamiento comenzó el Día del armisticio, el 11 de noviembre de 1919. La Legión desfiló a través del pueblo en formación, algunos armados con mangueras de caucho y cañerías de gas. Cuando pasó por delante del local de los Wobblies, comenzó el tiroteo (…) en la reyerta tres de ellos murieron». Wesley Everest era un leñador que había servido como soldado en Francia durante la guerra mientras la IWW era acusada ante los juzgados federales de conspiración contra la misma. Everest que se encontraba en ese momento en el local con el uniforme del ejército, le dijo a un camarada: «Yo luché por la democracia en Francia y voy a luchar para ella aquí. El primer hombre que entre en este local, lo comprobará».
«Everest era un buen tirador. Vació la recámara de su rifle sobre la muchedumbre que le rodeaba, lo dejó caer y corrió hacia el bosque con su pistola. La chusma lo siguió. Everest corrió hacia el Río Skokumchuck, comenzando a vadearlo y entonces encontró la corriente muy fuerte. Cuando el agua le llegaba hasta la cintura, se detuvo y giró, diciendo que se entregaría a la policía. Sin embargo, la chusma llegó a el en un instante.
Everest disparó sin apuntar cuatro veces antes de que su arma se bloqueara, amartilló de nuevo el gatillo, eligiendo cuidadosamente un objetivo y disparó matando al líder principal. Su víctima era otro ex-soldado, Dale Hubbard, el sobrino del jefe del Trust de la Madera de Centralia, quien había planeado esta correría.
En esos momentos, Everest tiró el arma en el río y luchó con sus puños con la chusma. Superado gritó desafiante. “Ustedes no tienen entrañas para colgar a un hombre por el día”. Tenía razón, pero la chusma lo arrastró hacia el pueblo atado a un automóvil y lo suspendió de un poste de telégrafo antes de encerrarlo con llave en la cárcel. Esa noche, las luces de la ciudad se apagaron, y la chusma echó abajo la puerta de la cárcel. “Díganles a los muchachos que yo morí por mi clase”, dijo Everest a sus compañeros de celda cuando fue arrastrado fuera. Everest fue tirado en el suelo de un coche, castrado, y llevado al puente de Chehalis River donde fue colgado y acribillado a balazos. Su cuerpo fue enterrado en una fosa sin nombre
». Luego de lo ocurrido con Everest se instaura el terror en todo el estado de Washington, un centenar de Wobblies son detenidos por los vigilantes, once de ellos son acusados de asesinar al hombre que estaba al frente de la American Legion Parade, y juzgados por John M. Wilson quien había realizado un discurso fúnebre en el entierro de los miembros de la Legion.
Con la vida de Frank Little terminaron el 1 de agosto de 1917 un grupo de vigilantes enmascarados de una compañía minera, secuestrándolo de su habitación en un hotel. «(...) lo ataron con una soga al guardabarros trasero y lo arrastraron a lo largo de las sucias vías del Ferrocarril de Milwaukee durante varias millas a las afueras de la ciudad. Allí, bajo la cegadora luz de los faros delanteros del automóvil, lo colgaron, colocándole un cartel a su inanimado cuerpo con el siguiente texto: “Primera y última advertencia”. Poco tiempo atrás se había ganado algunos enemigos tanto dentro como fuera del sindicato por su oposición a la guerra cuando dijo que “la IWW se oponía a todas las guerras, y debemos usar todo nuestro poder para evitar que los trabajadores se incorporen al ejército”».
El gran juicio federal contra los 101 Wobblies encuentra a todos culpables, 15 son condenados a 20 años de prisión y 30.000 dólares de multa; 33 recibieron 10 años; 35 fueron condenados a 5 años y para el resto se repartieron sentencias menores. El total de las multas superaba los 2.500.000 de dólares. Ya como prisioneros fueron conducidos con grilletes hasta el tren, en el que partieron desde Chicago hasta la Penitenciaría de Leavenworth, ubicada en Kansas. A la acción judicial de la democracia representativa la secundó la democracia directa que, en menos de un año, en lugares como Red Lodge, Montana, y Tulsa, Oklahoma logró que fueran linchados, alquitranados y emplumados, y expulsados de los pueblos varias decenas de Wobblies. La judicialización se propaga por todos los estados donde hay presencia Wobblie y todo lo que huela a radical. Emma Goldman y Alexander Berkman, dos notorios anarquistas, fueron encarcelados durante la guerra; el Socialist Party of America en Nueva York es allanado y Eugene Debs fue sentenciado a diez años de prisión por oponerse al hecho bélico.
«La mayoría de los norteamericanos defendía los esfuerzos de sus líderes para acabar con el radicalismo. El cazador de rojos más determinado era, indudablemente, el Fiscal General del presidente Wilson, A. Mitchell Palmer, quien había encontrado una bomba colocada en su propia casa. Percatándose del sentir popular, y con un ojo en la Casa Blanca, Palmer empleó los poderes que le concedió el Acta de Deportación de 1918 para lanzar una improcedente y totalmente inconstitucional serie de ataques a lo largo de toda la nación contra los grupos radicales y socialistas.
La primera de las notorias “correrías de Palmer” se produjo el 7 de noviembre de 1919, el segundo aniversario de la Revolución bolchevique, cuando las organizaciones radicales en dieciocho ciudades fueron allanadas con extrema violencia, reteniendo sus documentos. Fueron deportadas sumariamente casi 250 personas, entre ellas Emma Goldman y Alexander Berkman. En enero de 1920 se produjeron una serie mayor de incursiones. Aproximadamente 10.000 personas fueron arrestadas en 70 ciudades. Los miembros de los Amalgamated Clothing Workers, la Internacional Ladies´ Garment Workers, y la IWW se colocaron en el punto de mira
». (Patrick Renshaw)
Con estos antecedentes llegamos a 1920 donde se produce la detención y el armado del proceso contra Nicola Sacco y Bartolomé Vanzetti que se prolongará hasta el 23 de agosto de 1927.

Castigos ejemplares: ni errores ni excesos

Los medios anarquistas estaban preocupados por la detención y desaparición de dos militantes italianos el 20 de febrero de 1920: Roberto Elía y Andrés Salcedo, de profesión tipógrafos. Vanzetti viaja a Boston con el encargo de iniciar gestiones por los desaparecidos ante un abogado. El 4 de mayo el cuerpo de Salcedo aparece destrozado en la vereda del edificio de Park Row ubicado en Nueva York. Había estado detenido en las oficinas del piso 14 del Departamento de Justicia de esa ciudad. No estaba claro si Salcedo fue asesinado o si se arrojó al vacío para liberarse de las torturas. Esto generó mucha preocupación entre los anarquistas que comenzaron a contactarse para estar prevenidos, Vanzetti visitaba a los compañeros para mantenerlos informados, mientras las deportaciones se seguían aplicando. Junto con Sacco, Orciani y Boda acuerdan realizar un mitin de protesta el 9 de mayo en Brockton, luego redactan un volante que dice así: «Habéis luchado en todas las guerras. Habéis errado por todos los países. ¿Habéis cosechado los frutos de vuestro trabajo, el precio de vuestras victorias? ¿Os conforta el pasado? ¿Os sonríe el presente? ¿Os promete algo el futuro? ¿Habéis encontrado una parcela de tierra donde poder vivir y morir como seres humanos? Sobre esos problemas, sobre ese argumento y ese tema, lucha por la existencia, hablará Bartolomé Vanzetti. Discusión libre para todos. Traed las mujeres.» Los cuatro anarquistas fueron a buscar el auto de Boda -que se encontraba en un taller mecánico- para trasladar alguna literatura a un lugar seguro. La policía busca a unos ladrones de origen italiano que se escaparon en un auto y les tiende una trampa en un taller mecánico: quienes se presentasen a retirar el automóvil serían los autores de una serie de asaltos sin resolver. La mujer del dueño del taller avisa a la policía, Vanzetti y Sacco son detenidos acusados de agitadores y de portar armas, Orciani es detenido el día siguiente acusado de violar reglas de tránsito y Boda logra escapar apareciendo años más tarde en Italia. La acusación se modifica al día siguiente en que aparecen como autores de un delito de Randolph, del atentado frustrado en Bridgewater y del doble crimen de South Braintree. Sacco será retenido, Orciani y Vanzetti serán absueltos. Cuando Vanzetti sale en libertad lo espera la policía de Bridgewater y lo detiene en la puerta del juzgado. El tribunal de Plymouth lo encuentra culpable del asalto con dos muertes de South Braintree. Sacco y Vanzetti ya no recobrarán jamás la libertad, a partir de ese momento las vidas de estas personas quedan en manos del Gobernador Elvan Fuller y del juez Webster Thayer.
Sacco y Vanzetti escriben, incansablemente, durante lo que les queda de vida. Defienden con dignidad sus ideas y su entereza los proyecta en el tiempo. Este es su primer mensaje escrito en la cárcel de Dedhan, Massachussets, el 18 de octubre de 1921: «Hemos sido condenados por un atroz asesinato cometido por otras personas. El delito fue completamente extraño a la lucha de los trabajadores por mejorar su situación.
No tenemos miedo de morir.
Cada trabajador, cada siervo del capital afronta millares de veces la muerte, mientras cumple con su deber. Nosotros no tememos a la muerte. Nos rebelamos angustiados al pensamiento de deber morir por un delito que no hemos cometido; esto es, por un hecho que no tiene ningún significado social.
Desde los primeros años de nuestra juventud hasta el momento de nuestro arresto, hemos dado tiempo, trabajo y dinero, por nosotros ganado con arduo esfuerzo para la educación de los trabajadores, preparándolos para el día en el cual el proletariado sabrá emanciparse.
No somos vulgares malhechores que roban y matan. Ningún hombre en condiciones normales de mente comete un asesinato. Los hechos de violencia son la demostración irrefutable de que la actual sociedad está en condiciones anormales tales que determinan formas especiales de delincuentes. No es necesario repetir aquí la historia de nuestro proceso y de nuestra condena. Una red diabólica de mentiras fue construida en nuestro daño, y algunos de nuestros actos más inocentes fueron falseados con arte por la mentalidad insidiosa de aquellos que, en los exponentes del trabajo, ven solamente enemigos del pueblo.
El capitalismo norteamericano no llega a comprender que un trabajador puede ser un intrépido luchador contra la explotación, y al mismo tiempo tener una mente y un corazón a los cuales repugnan los actos de violencia. El complot recibió el último toque, cuando fue puesta en evidencia nuestra creencia de que a los trabajadores pertenece el producto de su trabajo. Esta fue una razón suficiente para hacernos condenar. Si vamos a la silla eléctrica, vamos no porque hayamos sido “probados” culpables del delito, sino por nuestros ideales. E iremos continuando fieles a nuestros principios, los cuales si hoy son adversos y combatidos, mañana dominarán la vida. Si hemos de morir, pedimos solamente que nuestra muerte no sea inútil, y que vosotros ¡oh, trabajadores!, que hacéis posible la vida de la sociedad moderna, hagáis que nuestro sacrificio sea más elocuente que lo que hubiera sido nuestra vida.
Nosotros no queremos morir inútilmente. Haced que nuestra muerte, -si debemos morir- anuncie un mundo sin clases dominantes que sofoquen las aspiraciones de libertad.
» (Fernando Quesada, Sacco y Vanzetti: dos nombres para la protesta. Todo es Historia nº 25).

El lejano Sur de Sacco y Vanzetti

El mundo se conmovió por la injusticia que se cometía con los dos anarquistas condenados a muerte en los Estados Unidos y por todas partes surgieron comités de agitación para obtener la libertad de Sacco y Vanzetti. En Argentina la defensa de los dos italianos tendrá lugar a través del diario La Protesta, al que se suma ahora el suplemento quincenal; también en 1921 surge La Antorcha una nueva publicación que seguirá hasta el final todo lo relacionado con el crimen de Boston. La Argentina aún tiene un fuerte movimiento obrero de tendencia anarquista representado por la FORA y los gremios autónomos, pero que sufre un clima represivo de grandes proporciones, ya que en el año 1921 se produce la masacre de la Forestal en Santa Fé y al año siguiente la otra gran matanza de peones rurales en Santa Cruz. La agitación tras el asesinato de Kurt Wilkens en la cárcel da paso a violentas huelgas que son duramente reprimidas por la policía. Por otro lado están los sindicalistas y comunistas en la decaída USA (Unión Sindical Argentina) y los socialistas que la abandonan para crear la COA (Confederación Obrera Argentina) en 1926. En ese tiempo surgen muchos comités de agitación Pro Sacco y Vanzetti y se realizan mitines de protesta que además de abarcar a todo el anarquismo se hacen extensivos a otras ideologías. Los diarios burgueses comienzan a hacerse eco del proceso contra los dos anarquistas. En mayo de 1926 en la ciudad de Buenos Aires La Antorcha realiza un acto por los condenados en un teatro al que asiste una gran cantidad de personas, por la noche de ese domingo una poderosa bomba explota frente a la embajada de los Estados Unidos. El Comité Pro Sacco y Vanzetti es allanado y la policía efectúa varias detenciones. La Antorcha es secuestrada y en otro local se realizan setenta detenciones.
El 7 de abril de 1927 llega la confirmación de la sentencia del juez Tahyer, la FORA convoca a una huelga general para el día siguiente. En el manifiesto de la Federación Obrera Local Bonaerense escriben: «(…) Los gremios adheridos y la clase trabajadora de la capital, respondiendo a esta declaración deben plegarse al paro, paralizando el trabajo en las fábricas y talleres como recurso extremo para impedir que los mártires de Dedham, Mass., sean carbonizados en la silla eléctrica. El juez Tahyer, que entiende en la causa contra los dos anarquistas, denegó la revisión del proceso y confirmó la sentencia de muerte. Legalmente todo está perdido. Sólo cabe la acción revolucionaria de la clase trabajadora para evitar que Sacco y Vanzetti sean sentados en el sillón eléctrico.
Las declamaciones están demás en estos momentos de terrible angustia. Toca, pues, emplear la acción decidida para salvar a los condenados. La clase trabajadora, sin dilación, sin titubeos, que no caben en estos momentos, está en el deber de prestar su espontánea y urgente solidaridad. El único medio digno, el recurso más expeditivo para detener la mano del verdugo y abrir las puertas del presidio a Sacco y Vanzetti es la huelga general, la paralización total de la producción, lanzarnos a la calle protestando contra los verdugos yanquis, exigiendo la libertad y la vida de nuestros camaradas (…).
» (¡Libertad! mayo de 1927, órgano de la FOLB, año 2, nº 2). El paro dura 48 horas y se levanta ante el anuncio de la postergación de la pena de muerte que pesa sobre Sacco y Vanzetti. La USA llama a un paro de 24 horas el 15 de junio, al que adhiere la FORA a pesar de las críticas que esta última tiene sobre los sindicalistas “camaleones”. La acción individual también se manifiesta el 22 de julio cuando vuela el monumento a Washington y otro artefacto explota en la Ford Motor Company. Entre el 5 y el 7 de agosto la FORA realiza un paro, que es retomado el día 10, pero se suspende ante una nueva postergación de la ejecución. Algunos gremios de la COA van a la huelga a pesar de la negativa oficial de la central socialista. Sacco y Vanzetti escriben desde la cárcel: «Nosotros deseamos decir a los compañeros, a los amigos, al pueblo argentino, que sabemos cuan grande, sublime y heroica es su solidaridad hacia nosotros (…)
La vía de la libertad, que es la vía del progreso y de la justicia, está empañada de sangre, sembrada de fosas. Sólo los fuertes la pueden recorrer. Vosotros sois fuertes. Dos caídos más. ¿Y qué? Otros ocuparán nuestros puestos, más resueltos y numerosos que nunca. En alto los corazones: ¡viva la anarquía y la revolución social!
» (Eduardo Colombo: Los desconocidos y los olvidados). El 10 de agosto las tres centrales obreras y los gremios autónomos realizan un paro general, ese día se producen explosiones en los tribunales y en dos estaciones de trenes en las que no hay víctimas. Los gremios autónomos anarquistas y la Comisión de Agitación Pro Sacco y Vanzetti realizan una manifestación en Plaza Once; la FORA marcha a Constitución y la COA está en Plaza Congreso. Algunos anarquistas son detenidos, poco tiempo después una bomba destruye la casa del Jefe de investigaciones de la policía.
La protesta se extiende por todas partes, en Paraguay se realiza un paro indefinido convocado por el Centro Obrero Regional Paraguayo que es secundado por varios gremios autónomos. Otras dos centrales paran medio día. Para la fecha de la ejecución vuelven a parar el CORP y los autónomos. De Santiago de Chile escriben que «El asunto de Sacco y Vanzetti ha tenido aquí una significativa resonancia. Las publicaciones burguesas –que son las únicas- han sacudido un poco el sentimiento solidario en los conglomerados y han despertado en el pueblo una terrible aversión hacia el imperialismo yanqui.
Los elementos anarquistas, reunidos clandestinamente, han formulado su más enérgica protesta por el crimen del capitalismo internacional, procurando influenciar a la masa en el sentido de provocar actos públicos a favor de Sacco y Vanzetti, los que debido a la actual situación, no se han evidenciado con nitidez. La propaganda argentina ha circulado profusamente en todos los sectores, como no es muy abundante, un ejemplar pasa de mano en mano, continuando después su viaje a provincias.
El jueves 11 de agosto, 600 obreros de la Unión de Resistencia de Estucadores, hicieron un paro de protesta por Sacco y Vanzetti, de medio día de duración. Realizaron una buena asamblea de protesta, a la que asistieron numerosos trabajadores de otras industrias.
La sección Santiago de la Federación Obrera de Imprenta de Chile en su asamblea del 9 de agosto, aprobó un voto de protesta contra el capitalismo yanqui.
Los tipógrafos de Yenusco, de la misma federación, enviaron un cable de protesta a Norteamérica.
En algunos teatros, durante la noche del 10 y 11 de agosto se produjeron espontáneos gritos de ¡Viva Sacco y Vanzetti!, que fueron coreados por el público, con “mueran los yanquis”.
A la isla de Más Afuera han llevado a treinta rateros y criminales; también entre ellos, a tres camaradas idealistas. XX
». (La Protesta, nº 5738, sábado 3 de septiembre de 1927)
En Mendoza el paro comienza el día 6 anunciado por la Federación Local y Provincial Mendocina, al que se suman varios gremios autónomos a partir del día 8. «A las 16:30 empezó el mitín; todos los oradores que desfilaron por la tribuna, con palabras vibrantes condenaron la actitud de Norte América al querer llevar a la silla eléctrica a dos hombres por el único delito de soñar en una sociedad más justa y equitativa.
Obscurecía y aún desfilaban oradores por la tribuna; hombres que jamás hablaron en tribuna la ocuparon, porque su indignación era tal que no podían permanecer en silencio; lanzaron por los cuatro vientos raudales de indignación y de protesta.
Había momentos en que el mitín parecía terminar con una tragedia; al pasar los tranvías se quería asaltarlos, prestas multitudes estaban en un exceso de ánimo que era imposible contener. Al finalizar el acto se retiraban los obreros con vivas a Sacco y Vanzetti y a la anarquía» (La Protesta, nº 5739, domingo 4 de septiembre de 1927).
Para el 22 de agosto la FORA declara nuevamente la huelga general, se producen estallidos de petardos, destrozos de vidrieras, se incendian tranvías, pero nada puede hacerse para evitar la ejecución. Las manifestaciones multitudinarias se dan por todo el mundo. Se producen atentados y explosiones en varios países. Sacco y Vanzetti finalmente son asesinados en la silla eléctrica ese fatal 23 de agosto de 1927. El verdugo democrático se cargó las vidas de dos compañeros que jamás deben ser olvidados.

M.S.C.

Fuentes Consultadas:

-Fernando Quesada: Sacco y Vanzzetti dos nombres para la protesta. Todo es Historia Nº 25, 1974. También la reedición de Editorial Reconstruir-Dissur Ediciones, 1997.
-Daniel “Visceral”: 1º de Mayo: De jornada de lucha a “fiesta del trabajo”. (1886-2007). Guión e investigación para el programa radial “La hidra de mil cabezas”.
-Patrick Renshaw: Wobblies. Historia de la Industrial Workers of the World. Confederación Regional del Trabajo de Canarias. CNT-AIT, 2004.
-Diario “La Protesta”.
-Revista “¡Libertad!”, órgano de la Federación Obrera Local Bonaerense, mayo de 1927. Año 2, nº 2.


LAS CENIZAS DE VANZETTI VOLVER
Persecución clerical

El corresponsal de la Associated Press en Turín informa que monseñor Travaglini, obispo de Cúneo, se negó a acceder al pedido que le hizo Luigia Vanzetti, quien deseaba se oficiara una ceremonia religiosa ante las cenizas de su hermano, antes de ser colocados en Villa Failletto.
El prelado funda su actitud diciendo que Vanzetti era ateo y que no pidió los consuelos de la religión antes de ser electrocutado, y que además murió pronunciando las palabras “¡Viva la anarquía!”
Sin embargo, el obispo declaró que la familia Vanzetti podía mandar decir misas en sufragio del muerto, ya que puede haber la probabilidad de que a último momento Vanzetti hubiera cambiado de opinión, mereciendo así el perdón divino.
Nos duele que las cenizas de Vanzetti sirvan de escarnio y de befa porque así le parezca bueno a la hermana del muerto. Luigia Vanzetti es una campesina creyente, llena de prejuicios, que cree salvar el alma del ajusticiado de Massachussetts con oficios religiosos. Pero el clero católico se niega a recibir en el seno de la Iglesia al hereje que no se reconcilió con Dios… y que murió gritando: “¡Viva la anarquía!”
Un derecho de familia, contrario a los sentimientos del compañero asesinado por la justicia yanqui, favorece ese peregrinaje de las cenizas de Vanzetti por las iglesias de Italia. La hermana del muerto mendiga del clero un favor que en vida no reclamó Bartolomé Vanzetti porque no lo necesitaba para morir con la conciencia tranquila y consciente de lo que significaba para el mundo su bárbara inmolación en el altar del dios capitalista.


(La Protesta, nº 5774, sábado 15 de octubre de 1927)


DESPEDIDA DE SACCO VOLVER

Querida Rosina mía, mis queridos hijos, queridos compañeros:

¡No hay justicia para los pobres! Después de haber crucificado a los míos queridos, durante siete largos años, se preparan ahora a asesinarme a mi. ¡oh, compañeros míos, continuad vuestra gran batalla! Luchad por la gran causa de la libertad y la justicia para todos! Todo este horror debe acabar! Mi muerte ayudará a la gran causa de la humanidad. Muero como todos los anarquistas mueren, altivamente, protestando hasta último momento contra la injusticia. Será duro, lo sé; pero la vida de los pobres es siempre dura. ¡Por eso es tan importante nuestra causa, tan sublime!
Mi querida Rosina: esta tortura terrible ha destrozado tu vida, ha cavado indelebles surcos de dolor sobre tu amado rostro ¡pero tu eres fuerte y valerosa!¡tu también eres un soldado de la clase trabajadora!¡yo he sido arrancado de las filas pero tu has ocupado mi puesto!
Sé fuerte de corazón. Sé para nuestros Inés y Dante, madre y padre a un mismo tiempo. Será duro, lo sé; pero la vida de los pobres es siempre dura. ¡Por eso es tan importante nuestra causa, tan sublime!
No llores querido hijo; demasiadas lágrimas han sido derramadas, sin conjurar, empero, la extrema tragedia. Sé fuerte y asi podrás confortar a tu querida madre. Haz como yo hice en lejanos días, cuando ella era feliz. Condúcela al campo tranquilo, todo florecido, y reposad bajo la agradable sombra de los árboles. Procura cuanta paz y cuanto reposo puedas ofrecer a su alma torturada.
Pero recuerda siempre, mi querido Dante, la causa por la que muero. ¡Consagra tu vida a la causa de la Justicia! Cuento contigo para reemplazarme y hacer cuanto me ha sido imposible a mi mismo.
Ayuda a los perseguidos y a las victimas de la injusticia, porque ellos son tus verdaderos amigos. Ellos son compañeros que luchan y caen como luchó y cayó tu padre, para alegría de la libertad y por la salvación de todos los trabajadores. En esta lucha encontrarás más amor y felicidad, y serás amado.
Sobre todo, recuerda siempre cuánto han hecho por nosotros nuestros amigos, en estos siete años. Han trabajado sin tregua y si no han triunfado en su noble intento, no es por su culpa. La máquina contra la que luchaban era demasiado potente. Ten hacia ellos, Dante mío, admiración y reconocimiento.
Inés, pequeña mía: ha pasado mucho tiempo, desde la última vez que te vi, desde que contemplé tu rostro radiante, lleno de alegría e inocencia. Tú eres demasiado pequeña para comprender lo que hay en mi corazón. ¡0h, los sueños que yo he construido en mi corazón a ti próximo, lejos de la crueldad que se ha abatido sobre nosotros!
Pero algún día comprenderás .Y tú también tomarás un puesto en esta lucha. Entonces sabrás por qué muero y comprenderás que es por algo que está más allá de nuestros afectos, de los cielos, del espacio y del universo.
Por eso muero y estoy orgulloso de ello. Yo no palidezco a despecho de todo¡ mi espíritu es aún fuerte! ¡Voy hacia la muerte con una canción en los labios y una esperanza en mi corazón, que no será destruida! ¡Yo afronto mi destino sin temor! Vuestro.

Nicolás Sacco

Extractado de “Todo es historia” N° 25


UNA VIDA PROLETARIA VOLVER

(...) Mi instrucción de fondo fue demasiado incompleta, y mi mentalidad no me permite disfrutar y asimilar por completo material tan vasto. Además, debe tenerse en cuenta que estudié mientras trabajaba duramente, sin disponer de comodidad alguna. Eso sí: sumé al estudio la observación despiadada, continua e inexorable de los hombres, los animales, las plantas; en una palabra, del hombre y todo lo que lo rodea. El libro de la vida: ¡he ahí el libro de los libros! Todos los demás no tienen otro objeto que el de enseñarnos a leer este. Me refiero, claro está, a los libros honestos; los que no lo son, tienen el fin opuesto.
La meditación sobre este gran libro determinó todas mis acciones y todos mis principios; desprecié el concepto según el cual “cada uno para sí, y Dios para todos”; me puse de parte de los débiles, de los pobres, de los oprimidos, de los simples y de los perseguidos; comprendí que en nombre de Dios, de la Ley, de la Patria, de la Libertad, de las abstracciones más puras de la mente, de los ideales humanos más elevados, se perpetran los delitos más feroces, y se los seguirá perpetrando hasta el día en que, alcanzada la luz, ya no será posible que los pocos hagan que los muchos cometan el mal en nombre del bien.
Comprendí que el hombre no puede, impunemente, pisotear las leyes no escritas, ni violar los vínculos que lo ligan al universo. Comprendí también que las montañas, los mares, los ríos, y todos los demás accidentes llamados límites naturales, se formaron antes que el hombre, por un complejo de procesos físicos y químicos, y no para dividir a los pueblos.
Tuve fe en la hermandad, en el amor universal. Comencé a creer que quien beneficia o perjudica a un hombre, beneficia o perjudica a la especie. Busqué mi libertad en la libertad de todos, mi felicidad en la felicidad de todos...

Bartolomeo Vanzetti

Extractado de “Las cartas de Vanzetti


JUECES VOLVER

Con el pie sobre el cuello de la víctima, el juez ya no ve sino sangre ni siente otra cosa que odio. Es una bestia confiada en su impunidad, y convencida, también, que eso la honra y la talla, la saca por arriba de los hombres como a algo grande, sereno y respetable... Sería curioso saber en qué abismante locura funda su creencia de ser superior al criminal que condena; con qué se lava las manos para ,no manchar a sus hijos después que mata; dónde pone la conciencia para dormir; cómo resiste, en fin, la tentación de ahorcarse.
En el fondo, todos los tribunales son lo mismo; todos los jueces. Y no variarán de esencias si, en vez de la burguesía, salen del pueblo. Sea de hierro o de cristal el frasco, el líquido autoridad hiede y envenena igual, si se le destapa y se le esparce. El poder de sentenciar: ¡ése es el crimen!
No hay derecho a matar nunca. Aunque hay, sí, el deber, a veces, de llenarse de dolor, cegar de luz y estallar de justicia. Pero esto es una defensa, no un crimen. Acto de héroe, no de bestias.
Entre los jueces del mundo, ningunos tan bárbaramente cínicos como los de Norte América. Éstos unen el fondo a la forma: su odio se abraza con su fiereza; su ceguera con su locura. Y así dan esas sentencias que quedan luego en la historia como obras maestras de infamia, como espectáculos que se recuerdan siempre con angustia y asco. El ahorcamiento de nuestros compañeros en Chicago, por ejemplo.
No menos bestial que aquél es el fallo recaído ahora contra Vanzetti y Sacco. Y con no menos cinismo seguirán sus .juzgadores viviendo, aunque, después de cumplida la sentencia, la revisión del proceso pruebe que eran inocentes. Ni tuvieron piedad ni tendrán remordimiento.
Compañeros: Contra el derecho a matar de todos los jueces, alcemos nuestro deber de llenarnos de dolor, cegar de luz y estallar de justicia. ¡Contra la ley, la bomba!

Rodolfo González Pacheco
Extraído de Carteles I

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