El
Taxista y la Monja
Una
monja se sube a un taxi y
el taxista no para de
mirarla. Entonces ella le
pregunta por qué la mira
tanto.
Taxista: "Tengo una
confesión que hacerle,
pero no quiero
ofenderla."
Monja: "Querido hijo,
no puedes ofenderme.
Cuando se llega a mi edad,
siendo monja ves y oyes de
todo. Estoy segura que no
hay nada que tu puedas
decir que me ofenda."
Taxista: "Bueno,
Siempre he tenido ganas de
que una monja realice una
fantasía sexual
conmigo."
Monja: "Bueno veamos
que podemos hacer con
respecto a eso: 1) tienes
que ser soltero y 2) debes
ser Católico."
Taxista: "¡¡¡Si,
soy soltero y también Católico!!!"
Monja: "Bueno, doble
en la próxima esquina a
la derecha, hacia el
callejón."
El taxista dobla y la
monja le concede el deseo
de su fantasía. Pero
cuando se vuelven a subir
al taxi el taxista
comienza a llorar.
Monja: "Hijo querido,
¿por qué lloras?"
Taxista: "Perdóneme
hermana pero he pecado.
Mentí, debo confesar, soy
casado y Judío."
Monja: "Bueno no te
preocupes, Yo soy Mario y
estoy yendo a una fiesta
de disfraces".