Mejora continua en el Área Ventas

Por Horacio Anguita

 

La implementación de planes de capacitación en el Área Ventas, en las empresas que no tienen una “cultura” en este sentido, es una cuestión paradojal. Por un lado revela la voluntad, de parte de sus directivos, de proveer a sus vendedores de capacidades y recursos para mejorar su desempeño, para provecho de ellos y de la Compañía. Ambos podrían beneficiarse. Pero por otro lado esa posible iniciativa presupone asumir que la performance de Ventas tendría que ser mejorada, o sea que no es del todo buena. Y como ellos, los vendedores, demuestran en general sobradamente que se esfuerzan, que están involucrados, que los límites de sus logros están impuestos por dificultades que no pueden manejar, como la recesión, la infidelidad de clientes que se demuestran como nunca con preferencias excluyentes por los precios más bajos, por mencionar sólo dos posibles razones por las cuales se pierden ventas, preguntamos: ¿cómo y desde dónde se asume que sin embargo, o mejor dicho sobre todo, para compensar esas adversidades, un programa de entrenamiento de vendedores podría ser oportuno y recomendable?. Insistimos, ¿cómo proponer desde la Gerencia, no a un vendedor “junior” sino a un “senior”, de cuyas dotes y solvencia no cabrían dudas, que la Dirección ha pensado incluir a un coach en la implementación de un programa de mejora?. En efecto, es una cuestión casi generalizada que el vendedor cultiva el status arrogante de quien sólo tiene obstáculos y adversidades externas. La soberbia, si no es alarde, es a menudo, en términos de imagen, favorecedora. El buen vendedor se muestra seguro de sí, solvente, confiable. Y si su desempeño es susceptible de ser mejorado porque precisamente las cosas que hace bien, de algún modo y por perfeccionar o desarrollar ese modo, las podría hacer mejor, la apuesta consiste en instalar una confianza preliminar que aleje la sospecha de que este programa de mejora tiene como razón de ser una visión de “la botella medio vacía”. Lejos de ello, y aludiendo al vendedor “senior” en particular, el punto de partida a asumir colectivamente, es el de “la botella tres cuartas partes llena”. El prejuicio que puede aparecer frente a la oferta de un coach suele ser “-¿quién podría enseñarme, y qué cosa?”. Dado que resulta clásico que la supervisión de quien cuenta con mucha autonomía, como es el caso de muchos vendedores, sea percibida como una auditoría (“están tratando de ver dónde me falta un botón”), un programa de mejora continua en Ventas, que se proponga contar con la confianza preliminar de la que hablábamos, debería presentarse de inicio instalando dos preguntas que sirven de guía al coach: 1) ¿qué te parece que hacés bien en tu trabajo? Y 2) ¿cómo podría esto mejorarse?. El único saber que puede alumbrar respuestas a ambas preguntas anida en el vendedor. La confianza que se deposita en él desde esta actitud produce un cambio de alcances insospechados. El coach habrá de recibir una retribución a esa confianza, tanto más plena, cuanto más desarrollada sea su percepción de las potencialidades de mejora del desempeño del equipo de Ventas que le han confiado. ¿Cómo descubrir esos puntos fuertes, sobre todo los que tienen que ver con la capacidad creativa del vendedor, si no se habilita un espacio de análisis sereno de las rutinas que cotidianamente se ponen en juego?. Allí tenemos una tercera pregunta: ¿podría hacerse esto mismo de otro modo?. Es en el ámbito deportivo donde el papel del coach es muy conocido. En el tenis, por citar uno, el particular modo en que alguien puede llegar a mejorar su revés o su saque, depende del grado de autoconfianza que desarrolle y de la práctica continua de maneras innovadoras y al mismo tiempo muy propias.

La crisis que vivimos es amenaza pero también oportunidad. El adversario es poderoso, la raqueta con la que cuenta nuestro representante no es del mejor grafito, pero qué importante resulta la fuerza impecable del jugador que entrega de sí lo mejor porque se preparó al máximo, porque encontró en su coach todo el estímulo y el reconocimiento que tanta falta hacen en los momentos de mayor adversidad.

Un coach habilitado por una sólida carrera como vendedor y que sabe administrar los recursos para que los vendedores logren hacer mejor lo que sí saben hacer, contribuye a agregar valor a la fuerza de ventas. Nada más. Y nada menos.

 

El Licenciado Horacio Anguita se viene desempeñando como vendedor de Insumos y Especialidades Químicas durante los últimos 25 años. Se graduó con Diploma de Honor en Psicología en la Universidad de Buenos Aires. Ha hecho seminarios de Ventas y Marketing con personalidades del tema como Heinz Goldman, y adquirió expertise como Coach con el Dr. Atilio A. Penna, graduado en la Universidad de París V (La Sorbona). Actualmente realiza tareas de Coaching en Ceitech S.A. empresa del área Informática y en Bedson S.A., del área Especialidades Farmacéuticas para Avicultura.