Una reflexión muy interesante que conviene leer y meditar, incluso para
los "no católicos", pues habla de los verdaderos valores atacados por el
terrorismo,  y que de verdad es útil, en vez de tantos "minutos de
silencio"


Una prez por España

Es sabido que el cardenal arzobispo de Madrid, D. Antonio María Rouco,
ha establecido públicas rogativas en su diócesis para que Dios nos
abrevie la prueba del terrorismo etarra que padecemos.

Este es el texto de la prez que se leyó en la vigilia de entrada en el
siglo XXI, celebrada en la Catedral de la Almudena bajo su presidencia
el pasado día 31:

"Por España, para que cese y desaparezca el terrorismo y todo germen de
violencia, los terroristas y sus inductores se conviertan, los
amenazados encuentren ayuda cristiana, las víctimas alcancen el descanso
eterno, sus familiares  el consuelo y el amor fraterno, y todos la paz
de Dios. Roguemos al Señor"

Está visto que cuando nuestros obispos toman cartas en un asunto e
intervienen decididamente los asuntos encarrilan. Parecía imposible que
en tan pocas líneas pudiera caber tanto contenido, oportuno y cristiano,
y tan bien dicho. Merecen una  exégesis detallada.

Por España. La rogativa se incia con un palabra fuerte pero exacta.
España es el objeto contra el que se dirige el terrorismo. Y España es
el nombre que abarca a todas las víctimas de ETA, en Andalucía,
Barcelona, Madrid y Vascongadas. Porque España es la integración
superior de todas sus regiones, igual que la noción de País Vasco no se
opone a la de Vizcaya o Guipúzcoa, sono que las comprende.
Para que cese y desaparezca el terrorismo y todo germen de violencia.
Observemos la amplitud de la petición que no descuida ningún aspecto del
problema. Algunos querrían que ETA cesara de matar en una de sus
"treguas" pero no que desapareciera, ni por disolución ni por obra de
las Fuerzas del Orden, para poseer  ese elemento de presión y poder
recoger más "nueces". Y no sólo se pide la erradicación del terrorismo,
sino de los gérmenes de violencia: la baja intensidad callejera del
incendio cotidiano, las amenazas y la inculcación del odio.

Los terroristas y sus inductores se conviertan. No se pide para ellos el
mal de que se han hecho acreedores. Pero la conversión implica el
abandono de su actual postura, todo lo contrario de los que querrían que
dialogáramos con ellos para la obtención de sus objetivos sin que
abandonaran las armas. La mención de los inductores es un recordatorio
de que detrás de las violencia hay un problema político: el de los
políticos que inducen al crimen o se benefician de él. También ellos
están necesitados de conversión, de abandonar su orgullo y su
maquiavelismo.

Los amenazados encuentren ayuda cristiana. Esto es ya preventivo: hay
amenazados de ser los próximos  objetos de atentados. Y hay ya muchos
fugitivos. Requieren la ayuda cristiana en esas provincias, en primer
lugar de la misma Iglesia

Las víctimas alcancen el descanso eterno. Esto es lo más importante de
todo. Y lo que se omite mediante tantos minutos de silencia
intrascendentes (que no reparan en la trascendencia de esta vida)

Sus familiares  el consuelo y el amor fraterno. Otra tarea pastoral
auténtica de orden espiritual y material, y hasta ahora tan deviada
preocupándose en revindicar para los verdugos el aligeramiento de sus
justas penas

Y todos la paz de Dios. Con este precedente, y explicando que se trata
de la que tiene su origen en Dios, la palabra "paz" alcanza la plenitud
de su significado y deja de ser una palabra vacía: "diciendo ¡paz, paz!
cuando no había paz" (Jeremías" 6,14). Esto sí es lo que rogamos con
todo nuestro corazón que Dios nos otrorgue cuanto antes ¡Te rogamos,
óyenos!

Y lo dicho, cuando nuestros obispos intervienen, por fin saben hacerlo.
Rogaremos también para que se produzcan cuanto antes otras
intervenciones como las de Mons. Rouco en los asuntos que también las
necesitan

Correo enviado por:Enrique J. Olagüe  (Siempre p´adelante)


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