Tras diez días de búsqueda, en medio del cementerio de Broumov -una pequeña localidad checoslovaca en la frontera con Polonia-, apareció la pista definitiva. Aquí, una enorme iglesia completamente hecha en madera, hasta sus clavos, se alza como único testimonio de los antepasados de miles de chilenos. Las esculturas de dos santos flanquean la entrada principal de la iglesia, construida hacia 1200 y reedificada en numerosas ocasiones. Junto a las paredes exteriores, resguardadas de la lluvia por la saliente del techo, se hallan las tumbas de las familias más adineradas que creían que de esta forma sus parientes estarían más protegidos y cerca de Dios. En uno de los laterales de la iglesia, cubierto por el polvo y casi borrado por el viento y la lluvia, un enorme panel de madera, escrito en alemán gótico, recoge la historia de Broumov durante el siglo XIX. En él se lee textualmente: "1871-72-73-74: Gente del pueblo se va a América; cada año se marchan 150 personas de Barzdorf, Weckersdorf, Schönau y también de la ciudad."
En este cementerio conviven lápidas con nombres checos y germanos. Sintomáticamente, las tumbas más cuidadas son las de origen checo, pero las más numerosas, y abandonadas, son alemanas. Hay allí apellidos como Scholz, Riedel, Hitschfel... Nombres que para cualquier chileno nacido al sur de Temuco les resultan muy familiares. |