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Tras diez días de búsqueda, en medio del cementerio de Broumov -una pequeña localidad checoslovaca en la frontera con Polonia-, apareció la pista definitiva. Aquí, una enorme iglesia completamente hecha en madera, hasta sus clavos, se alza como único testimonio de los antepasados de miles de chilenos. Las esculturas de dos santos flanquean la entrada principal de la iglesia, construida hacia 1200 y reedificada en numerosas ocasiones. Junto a las paredes exteriores, resguardadas de la lluvia por la saliente del techo, se hallan las tumbas de las familias más adineradas que creían que de esta forma sus parientes estarían más protegidos y cerca de Dios. En uno de los laterales de la iglesia, cubierto por el polvo y casi borrado por el viento y la lluvia, un enorme panel de madera, escrito en alemán gótico, recoge la historia de Broumov durante el siglo XIX. En él se lee textualmente: "1871-72-73-74: Gente del pueblo se va a América; cada año se marchan 150 personas de Barzdorf, Weckersdorf, Schönau y también de la ciudad."

En este cementerio conviven lápidas con nombres checos y germanos. Sintomáticamente, las tumbas más cuidadas son las de origen checo, pero las más numerosas, y abandonadas, son alemanas. Hay allí apellidos como Scholz, Riedel, Hitschfel... Nombres que para cualquier chileno nacido al sur de Temuco les resultan muy familiares.
Precisamente, uno de estos alemanes, Josef Hitschfel, nos ha traído hasta aquí. Con la copia del pasaporte que en 1871 le extendió el Emperador Francisco José I de Austria-Hungría para viajar a Chile y su fe de bautismo, dada en Braunau-am-Oder en 1833, hemos venido a interrumpir la plácida vida de Broumov en un verdadero viaje al pasado por países que están sufriendo enormes cambios políticos y sociales, y donde aún no cicatrizan las heridas abiertas por la historia reciente de Europa.

La primera pista concreta y documentada de la investigación (más tarde descubriríamos que era falsa) era un pueblo austríaco llamado Braunau. Pero en los mapas modernos, la única Braunau que figura es Braunau-am-Inn (Braunau sobre el río Inn), en Austria. Eso tal vez hizo que, hace algunos años, un periodista chileno vinculara Braunau-am-Inn con la ciudad de Nueva Braunau que existe en la X Región de Chile. Lo cierto es que la única razón por la que Braunau-am-Inn en Austria es conocida es porque allí, en 1889, nació Adolfo Hitler. Y no debe extrañar que el padre de Hitler fuera un "ejemplar funcionario de aduanas". De hecho, si uno camina a lo largo de la calle principal de Braunau, cruza el río Inn que está al final del pueblo y avanza otros cien metros ya se encuentra en la República Federal de Alemania (RFA).