| El diálogo aparece en una cinta recientemente desclasificada por el gobierno de EEUU. Ya en 1985, Nixon reconoció que consideró la posibilidad de utilizar armas nucleares en Vietnam. De acuerdo con la textualidad de la conversación conocida ahora, Nixon no parece estar considerando en serio el uso de "la bomba". Da la impresión de que está provocando a Kissinger para que le ofrezca más alternativas. Nixon dice: "En ese caso, me gustaría utilizar una bomba nuclear". —La bomba atómica sería demasiado—, replica Kissinger. —¿Demasiado? Si perdemos la guerra no podremos ganar las elecciones —apunta el presidente—. La bomba nuclear ¿te molesta?. Sólo quiero que pienses a lo grande. Oriana Fallaci los llamaba "Nixinger", mezclando los nombres de ambos para señalar la aparente unidad de sus propósitos. Nixon y Kissinger son una de las grandes parejas de la historia, aunque muchas veces uno no sepa si situarlos entre John y Bob Kennedy o entre Laurel y Hardy. Dicho afán desaparece nada más considerar el enorme poder que reunieron estos dos hombres y la forma inescrupulosa en que modelaron la política mundial. Kissinger, que escribió un libro que fue elevado a los altares de la diplomacia como manual de la "realpolitik", fue después hombre del tiempo en una cadena de televisión norteamericana y hoy se dedica a actividades privadas. Nixon murió en el descrédito provocado por su dimisión tras descubrirse los desmanes que se producían en la Casa Blanca debido a su pérdida progresiva del sentido de la realidad, la falta de escrúpulos y principios, y a una enfermedad que le convirtió en un mentiroso compulsivo. Nunca logró rehabilitarse ante los norteamericanos, pese a que no han faltado intentos de hacerlo. Recientemente se han conocido detalles de la relación personal que tenían. Kissinger, por ejemplo, ha revelado que cuando debía presentarle soluciones al presidente, escondía su opción favorita entre varias y las presentaba todas por igual, pero añadiendo algún pequeño énfasis en la que él prefería. Asegura que siempre Nixon se inclinaba por la que a él le gustaba. Así Kissinger era el Fouché detrás del trono de Nixon, aunque él se empeñe en presentarse como una fuerza moderadora del presidente. Para entender el tipo de político que era Nixon hay que tener presente que era contemporáneo de Kennedy. Nixon es vicepresidente de Eisenhower cuando se enfrenta en la elección presidencial de 1960 con el senador John Kennedy. Cuenta ya con una importante experiencia en el manejo de los asuntos del gobierno. Conoce, además, que el gobierno del país lo comparten el presidente y el complejo militar industrial, un entramado de intereses del mundo militar, político y empresarial. El complejo militar industrial no es un concepto inventado por un filósofo marxista, sino por el presidente Eisenhower, general de cinco estrellas que llegó a la Casa Blanca por su relevante papel en la victoria aliada contra la Alemania nazi. Eisenhower denunció la existencia de este entramado en su discurso de despedida a la nación después de haber contribuido a crearlo durante muchos años. Nixon perdió contra Kennedy por culpa del famoso debate televisado en el que estaba mal maquillado (el 15 de febrero ha fallecido Howard K. Smiths el hombre que condujo ese debate en televisión) y los Kennedy se dieron de bruces contra el complejo militar industrial. Así de claro queda, por ejemplo, en la película Trece Días, referida a la crisis de los misiles cubanos de 1962. El filme es una mirada apasionante al proceso de toma de decisiones en el gobierno norteamericano. El pulso entre el presidente y el general Curtis LeMay, jefe de la Fuerza Aérea, ilustra a la perfección las tensiones que el complejo era capaz de introducir en la Casa Blanca y, por extensión, en todo el globo. (Es pública y notoria la admiración que Kevin Costner, protagonista de la película, siente por la administración Kennedy. El filme hay que verlo como una continuación de su JFK en el que interpreta al fiscal Jim Garrison). Kennedy zanja la crisis de los misiles evitando una guerra nuclear porque es capaz de resistir a las presiones de los militares y sus socios. Sabe que "la bomba" no es un arma ni política ni militar. Simplemente es el fin de la Humanidad. Quizás sea eso lo que más tarde le costaría la vida. Nixon, en cambio, le hizo el juego al complejo militar industrial, los acogió en el seno de su gobierno y era capaz de considerar el lanzamiento de armas nucleares como una hipótesis "a lo grande". Y esa inmoralidad es la que después le significó salir por la puerta trasera de la Casa Blanca y de la Historia |
| Nixon y la bomba |