| Como se ve que la primera no tiene arreglo, el presidente Duhalde ha decidido abrir el debate para fundar la "segunda república" Argentina. Si Buenos Aires tenía cierto parecido con París y los franceses ya llevan cinco repúblicas, ¿por qué Duhalde no puede aspirar a que Argentina tenga dos sin que los muertos de hambre, los pobres de solemnidad, los psiquiatras del arrabal, los cafiches, los notarios, los gardelianos, las putas cansadas y las sacrificadas madres que perdieron sus ahorros en el "corralito" caceroleen a gusto? Duhalde es un incomprendido y no se merecía que la segunda república —una idea fantástica para marear la perdiz de los estómagos que rugen— naciera en medio del sonido de latas de las cacerolas vacías. Entonces, ahora, como estamos jodidos y no hay nadie que banque (pague) la farra, nos vemos en Corrientes 348 (segundo piso, ascensor, no hay portero ni vecinos...) para discutir si la nueva Argentina debe ser presidencialista o parlamentaria, si debe ser más o menos federal y si los cabreados ciudadanos deben votar cada dos o cuatro años por sus representantes. Es verdad, Duhalde también ha prometido que los futuros parlamentarios deben ser auténticos representantes populares y para ello quiere terminar con la lista sábana (lista electoral cerrada) donde los que figuran son los que designa la dirección del partido y no los ciudadanos. Es una hermosa expresión de buenos deseos desde la altura del sillón presidencial, pero dudo mucho que la Argentina bis sea capaz de terminar con las causas de sus males y que Duhalde identificó el viernes: "Debemos dejar atrás esa Argentina especulativa, financiera, rentista, donde los únicos que ganaban eran los financistas y los banqueros argentinos y del exterior". No veo cómo pasar de un presidencialismo a un parlamentarismo permitirá dejar atrás la "Argentina especulativa, financiera, rentista...". Me imagino que Duhalde lo debe saber. Pero son inconcreciones como éstas las que permiten que el pueblo cabreado cacerolee a gusto. Cuando la distancia entre los problemas cotidianos de los ciudadanos (sobre todo cuando estos son de primera necesidad) y el pensamiento preclaro del líder, jefe, cacique o presidente presenta estas distancias (varios años luz por lo que se ve) es cuando se acrecienta el cacerolazo. La república a la cacerola es un invento chileno. Las cacerolas doblaron por Allende porque no había porotos para echar adentro. Pinochet también se llevó sus buenos cacerolazos cuando desarmó su "corralito" (¿se acuerdan del dólar a 40 pesos?). Ahora la cacerola ha ido adquiriendo nuevas características. No tiene fidelidad ideológica alguna y se cacerolea a izquierda y a derechas sin parar. Le suenan cacerolas a Duhalde en Argentina y a Chávez en Venezuela. Se han oído cacerolazos (solidarios) en Madrid y en Francfort. En fin, la cacerola hoy es más representativa de los sistemas políticos latinoamericanos que las elecciones o los parlamentos. La cacerola argentina es la respuesta de la impotencia. Faltaría un mago que viniera a arreglar su crisis, porque todas las medidas están siempre teñidas de demagogia (eso de "especulativa, financiera y rentista" demuestra que Duhalde, de economía, poco sabe, ya que ni se imagina que las viudas, las pensionistas y los jubilados son rentistas). El otro día, en una recepción en la casa de Mariano Fernández, el embajador de Chile en Madrid, se comentaba con rostro severo la grave crisis de Argentina. No faltaba el chileno que esbozaba una mueca de superioridad al sentir que por primera vez los argentinos han tenido dos crisis (una económica y otra institucional) mientras nosotros sólo tenemos una económica que no ha sido ni la décima parte de la que padecen ellos. Contó entonces Fernández una anécdota que se produjo en una cena de homenaje que le dio el embajador argentino en Chile, cuando él era subsecretario de nosequé, hace ya varios años. El argentino hizo un discurso lleno de alabanzas glorificando la transición chilena. Cuando a Fernández le tocó responder, vino a decir algo como lo que sigue: "Es verdad que Chile está bien y es verdad que Argentina tiene innumerables problemas. En el año 2050, probablemente Argentina seguirá teniendo los mismos problemas políticos, económicos y sociales que tiene hoy, si es que estos no se han profundizado... En cambio Chile, ¡ah!, Chile será otra cosa... en el año 2050, y si el país sigue con estabilidad política y crecimiento económico, Chile será la provincia más desarrollada de Brasil". |
| República a la cacerola |