La estrategia de los productores lecheros ha experimentado un cambio cualitativo tras la decisión de Aproleche de adquirir un pequeño porcentaje de acciones de Soprole y forzar su conversión en sociedad abierta. Los objetivos de esta acción están claros y han sido explicados por Javier Pardo, presidente de la asociación. La legitimidad de los productores para proceder así está fuera de toda duda puesto que simplemente han ejercido el derecho de cualquier ciudadano a intervenir en los negocios que les interesen.

Pero son tan pocas las ocasiones en que vemos a un gremio actuar de esta manera astuta, sagaz e inteligente que no puede dejar de glosarse lo ocurrido y de felicitar a dicha asociación por haber alumbrado esta nueva política para encarar los muchos y gravísimos problemas que aquejan al sector. Esta es, sin duda, la manera correcta de "tomarse" una empresa y no la que vimos hace casi un año. De la misma manera que critiqué ésa, ahora no puedo dejar de rendirme ante la evidencia de que las cosas se están haciendo con gran criterio.

Javier Pardo está proporcionando a los productores osorninos un liderazgo tranquilo, sin aspavientos ni exageraciones, sin caudillismos, que nos sorprende de vez en cuando con iniciativas de gran calado. Primero fue la idea de establecer una gran planta lechera propia, para lo cual ya se han hecho contactos con industriales europeos. Y ahora, la operación Soprole, que pese a su pequeña dimensión económica es tremendamente funcional de cara a conseguir mayor transparencia en el mercado, a obtener el "know how" necesario para la planta lechera propia y, quizás, hasta para plantearse importantes operaciones a futuro puesto que la Fundación Aninat que dirige monseñor Sergio Valech y que posee el 44% de Soprole, está obligada por sus estatutos a no perjudicar los intereses de los productores.

Estamos tan acostumbrados a ver que diferentes sectores recurren al chantaje de tomarse la vía pública o emprender acciones de fuerza que la nueva estrategia de Aproleche sorprende porque encarna con exactitud la manera de actuar del asociacionismo moderno, no muy conocida en Chile donde los gremios siguen actuando con el patrón de los sindicatos de la Revolución Industrial.

No sirve de nada darse de cabezazos contra la realidad e intentar forzar a gritos que otros cambien de actitud o depongan sus intereses. La única acción eficiente es la que se puede emprender con las armas propias. El denostado Maquiavelo hablaba de las armas propias y las ajenas y las distinguía perfectamente para forzar a un ejercicio de realismo político al príncipe de sus escritos. La idea es disponer las armas propias de tal manera que las armas ajenas también sean útiles.

En este caso,  Pardo y los suyos han conseguido entrar en la Troya de Soprole amparados no en un caballo de madera como hizo Aquiles sino en la fuerza de la misma ley de sociedades que durante años ha estado allí y nadie había utilizado de manera ocurrente.

Y esta es sin duda la manera correcta de luchar y defender los intereses de un gremio. Y es una fórmula tan creativa que no sólo concita admiración sino que despierta adhesiones, lo cual redunda sin duda en reforzar la estrategia y mejorar el crédito de todo el sector ante la opinión pública. Aproleche está señalando un camino no sólo a sus afiliados sino también a otros gremios en problemas y está siendo pionero en Chile en la introducción de los estilos y estrategias del asociacionismo moderno. El propio Pardo citó como ejemplo a los productores neozelandeses que son propietarios de Fonterra y ahora "socios" de los chilenos en Soprole.

Nadie piensa que las cosas van a mejorar para los productores por arte de magia a raíz de esta acción. Pero por primera vez se están echando las bases de una política realista y consistente que tarde o temprano dará sus frutos y que puede modificar sustancialmente el rostro del sector en los años venideros.

La entrada de Aproleche en Soprole viene a poner de manifiesto también cuán craso fue el error de haber dejado que la vieja Cooperativa Agrícola y Lechera de Osorno (CALO) saliera de las manos de sus creadores. Ahora, ese error histórico está siendo reparado a marchas forzadas.
Una estrategia audaz y acertada