Circos aéreos ha habido muchos. Sin afán de ofender, yo recuerdo a vuelapluma el  Circo Volador del Barón Von Richthofen, el máximo as de la Primera Guerra Mundial, pero el circo que encabezó el subdirector nacional de Aeropuertos, don Pedro Araya Márquez, el jueves pasado, en la ceremonia de entrega de los trabajos del aeródromo de Cañal Bajo, ha sido digno de la más loca de las historias de la Aviación.

Me hace gracia que en el elenco reunido por el señor Araya figurara el senador Marcos Cariola, quien siempre ha estado interesado por si los aviones Airbus 320 podían aterrizar en Osorno. Baste como prueba de su interés el hecho de que el 8 de junio de 1999, el senador Cariola pidió, mediante el oficio 14.357 dirigido al  ministro de Obras Públicas, que se le informara si esa repartición tenía considerado “algún programa de reparación de la pista de aterrizaje del aeropuerto Cañal Bajo de Osorno, con el objeto de adecuarla para el aterrizaje de los aviones Airbus 320”.

No sé que le habrán contestado al senador, pero seguro que el jueves, durante la inauguración de los nuevos hoyos tapados del aeródromo, Cariola  pensaba que pronto vería en la losa del “Carlos Hott Siebert” alguno de estos modernos aviones europeos que forman parte de la flota de Lan Chile por citar a una compañía que nos presta este servicio.

Como tuvo que reconocer Araya a este diario después de su brillante discurso inaugural, los Airbus 320 sólo podrán aterrizar en Osorno si vienen semivacíos, ya que la pista de Cañal Bajo mide 1.700 metros y el dichoso avión –que es apenas 5 metros más largo que un Boeing 737 de los que operan allí habitualmente- necesita 2.100 metros de cinta asfáltica para tomar tierra dentro de los márgenes de seguridad estándar.

Además, al no estar en funcionamiento el sistema de iluminación, el aeropuerto apenas es operativo durante ocho horas al día, por lo que esta infraestructura permanece como un monumento perfectamente inútil durante dos terceras partes de cada jornada.

Al igual que miles de osorninos y forasteros que aterrizan en el “Carlos Hott Siebert” yo he sufrido la angustiosa frenada de los aviones de línea que aterrizan allí. Amigos pilotos me han comentado que es un aeródromo difícil, pese a que no tendría por qué serlo. Para llegar allí, no hay que bajar nunca de los 57 metros de altitud si se vuela por instrumentos (porque la pista está a esa cota y más abajo se volaría bajo tierra con las consecuencias obvias), hay que esquivar los álamos que están cerca del club de campo, picar un poco y meterse en la pista que desde lo alto es una franja increíblemente pequeña.

Los muchachos del Club Aéreo de Osorno lo hacen todos los días con gran facilidad porque para las dimensiones de sus avionetas, la pista hasta es divertida. Pero con un avión grande la cosa se complica y por eso cuando el piloto toca tierra, mete los frenos a tope y a uno se le clava el cinturón de seguridad en la barriga y se pone a rezar rogando que la pista no se acabe.

Ya lo sabe, si usted vuela a Osorno y siente dolor intestinal cuando aterriza, no es por miedo a volar, sino porque le han escamoteado 400 metros de pista que le darían al piloto un margen de seguridad para dejar correr el aparato y frenar más suavemente.

O sea que los Airbus 320 podrán venir sólo si vienen a media carga, lo cual implica que si el vuelo viene completo, los pasajeros que provoquen el exceso de peso deberán saltar en paracaídas sobre la sede de la Universidad de los Lagos, correr unos cuantos metros campo a través y recoger sus maletas en la terminal. Sin duda un excitante panorama para el turismo aventura que muchos extranjeros podrían valorar como un atractivo añadido de la ciudad de Osorno.

Pero si no decir toda la verdad es una forma de mentir, lo de la página web del Ministerio de Obras Públicas ya es recochineo. Resulta que en su página en Internet informan sobre la inauguración de las obras de Cañal Bajo (la verdad es que las obras sólo se “inauguran” cuando comienzan, cuando se terminan se “entregan”) y afirman de manera temeraria que “la ceremonia correspondiente fue presidida por el Intendente de la Décima Región, Patricio Vallespín”. Hasta donde yo sé, al intendente Vallespín no se le vio en la inauguración (quizás porque no pudo venir en Airbus 320), pero según la información oficial sí estuvo. Si un ministerio es capaz de intoxicar a los ciudadanos con errores de bulto como éste no quisiera pensar cómo gastan la plata que es cuestión más delicada.

Los osorninos debemos tener fama de ser huasos muy brutos para tragarnos tantas tonterías, embustes y medias verdades. Al aeródromo le han tapado los hoyos y lo han limpiado de las toneladas de goma que se dejan los neumáticos de los aviones de tanto frenar en la pista. Bien hecho. Pero que nadie se crea que se han gastado 700 millones de pesos en ampliarlo, mejorarlo o adaptarlo a las condiciones de operación de los aviones más modernos que vuelan en Chile.
No sé si esta obra satisface la pregunta que hizo el senador Cariola en 1999, pero si le duele la guata la próxima vez que aterrice en Osorno, acuérdese del señor Araya y de su torpe equipo de relaciones públicas.
Circo aéreo en Cañal Bajo