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CAPITULO IV

La operación Foxtrot

El ambicioso plan de Pinochet para trasnferir 16 aviones F-5 a Irán



En 1987, el Gobierno chileno tomó una decisión desesperada para no perder el mercado de armas iraní. Ofreció vender a Teherán quince aviones F-5, de origen norteamericano. El Pentágono detectó la operación y, ante un Congreso sensibilizado por el escándalo "Irangate", ejerció todo tipo de presiones para frustrarla. La operación "Foxtrot", como la bautizaron los chilenos, falló de una manera misteriosa: el día que el militar responsable del trato debía llegar a Irán el Gobierno chileno informó de que había sido secuestrado por un grupo de ultraizquierda.

JOHN MÜLLER

Martes 30 de junio de 1987. Un avión de la compañía uruguaya Pluna aterriza en medio de un frío anochecer en el pequeño aeropuerto de Pudahuel, en Santiago de Chüe. No bien el aparato se detiene sobre la losa, un minibús oficial sale del edificio de dos pisos que sirve de instalación principal al aeropuerto y se acerca a la escalinata. Dos hombres ocultos por las sombras, suben al vehículo que arranca a gran velocidad hacia el otro extremo de la pista.

Por una salida secreta del aeropuerto, el minibús torna la carretera que conduce a Santiago y lleva a los dos misteriosos visitantes a una lujosa residencia destinada exclusivamente para militares.

Stroiazzo, el ingeniero francés que ha actuado de intermediario entre los chilenos y los iraníes, y Hosseini, el responsable de defensa de la National Iranian Oil Company (NIOC), no saben si la ausencia de visados y el insólito alojamiento es un gesto de hospitalidad o un sutil encarcelamiento. En la residencia militar están vigilados día y noche, y las visitas que reciben están perfectamente controladas por los militares.

Sin embargo, pese a que los visitantes expresan su deseo de quedarse en un hotel normal, los oficiales que les reciben argumentan que el Gobierno del general Augusto Pinochet podría verse en un aprieto si la prensa se enterase que un representante de la República lslámica de Irán se encuentra en el país.

NUEVAMENTE VAN DE MEER.- Al día siguiente, Hosseini y Stroiazzo se reúnen con el. comandante Carlos Carreño, gerente comercial de FAMAE, Aldo Pesce, director general de Ferrimar, y Fernando Pérez, el agente chileno que había contactado al  francés en Madrid.

Los tres se sorprenden por la presencia de Stroiazzo, a quien creían que  los iraníes mantenían como  rehén en Teherán.

Desde que en diciembre de 1986 FAMAE y Ferrimar han aceptado que el F-4 iraní se estrelló debido al mal funcionamiento de las bombas "cluster" y Carreño ha ofrecido un avión F-5 en compensación, el militar chileno ha enviado por télex en dos ocasiones el número de serie de la aeronave bajo el máximo secreto. El propio Carreño bautiza la operación de transferencia del aparato con el nombre en clave de "Foxtrot".

Pero ahora que Hosseini está en Chile, Carreño ofrece al iraní, aparte del F-5 unas minas submarinas acústicas del tamaño de una habitación, fabricadas en Chile y que según el militar sudamericano "pueden servir para la Guerra del Golfo".

Carreño y Pesce también intentan convencerle de que el intermediario "aprobado" por los chilenos es Bemard Van de Meer y no Stroiazzo. Pesce dice al iraní que Van de Meer está preparado para recibirlo, en un despacho vecino al lugar donde están reunidos.

LA OFERTA FINAL.- Pero el iraní rechaza  la oferta y se niega a tratar con Van de Meer. Su único deseo es que Chile le entregue el avión de compensación.

En un último intento por acercarse al iraní y ganar su confianza, Carreño amplía la envergadura de "Foxtrot" y le ofrece no sólo un F-5, sino la venta de los otros quince aviones similares que posee Chile desde 1976.

Incluso, en el propio cuartel general de Fuerza Aérea de Chile,  Hosseini recibe las especificaciones de las naves, los números de serie de sus sistemas de armas y el historial de cada uno de los dieciséis aparatos.

- ¿Y cómo nos transferirán esas armas?- pregunta Hosseini.

- Tenemos contactos con Paraguay, Ecuador, Colombia y Honduras para sacar el material- responde Carreño.

LUCHA INTERNA.- Hosseini sabe que la operación no es tan simple. Chile no puede vender sus F-5 sin la autorización del Gobierno norteamericano que exigirá la identificación del destinatario final. Apenas la Casa Blanca se entere de que las armas terminarán en Irán, el veto será inmediato.

Además, aunque Hosseini no lo sabe, la transferencia de los aviones ha abierto una lucha interna en las Fuerzas Armadas chilenas. Mientras algunos oficiales del Ejército cercanos a Pinochet están dispuestos a llevar adelante la operación, aunque Estados Unidos proteste o tome represalias contra Chile, el alto mando de la Fuerza Aérea se opone a la venta de una escuadrilla que representa casi el 40% de todo el poderío aéreo chileno y rompería absolutamente sus relaciones con el Pentágono.

Las negociaciones quedan en un iunto muerto y el dia 3 de julio, Stroiazzo y Hosseini regresan a Teherán. Sin embargo, Carreño insistirá en buscar un acuerdo con los iraníes.y dirigirá una serie de télex a la NIOC durante el resto del mes de julio y agosto.

El 19 de agosto de 1986, Stroiazzo vuelve a Teherán para permitir que su hijo David -que le ha sustituido durante su última salida del país- pueda volver a Europa.

Mientras está allí se entera de que Carreño ha enviado un télex desde Chile accediendo a todos los requerimientos de los iraníes.

Los términos del acuerdo incluyen la compensación, con un F-5, del avión destruido en las pruebas, la transferencia de los otros quince F-5 y una serie de otras armas fabricadas en Chile a cambio de un pago de 204,68 millones de dólares.

Los iraníes continúan escépticos ante la oferta de Carreño que, el 24 de agosto, envía un nuevo télex desde FAMAE comprometiéndose a viajar personalmente a Teberán para cerrar el trato.

EL DESENLACE.- Tras la última oferta de Carreño, la lucha soterrada que mantenían en Chile el Ejército y la Fuerza Aérea comienza a dlscurrir por otros canales.

El Pentágono, que ya conoce la información por boca de sus agentes locales, ejerce toda su presión sobre el Gobierno chileno. En Washington, las declaraciones de funcionarios norteamericanas sobre la posible venta de los F-5 sorprenden a los propios funcionarios del Gobierno chileno que no están en el secreto.

En seis días las distintas fuerzas en conflicto despliegan todas sus influencias y, finalmente, la operación se frustra. Carreño no aparece en Teherán el día convenido.

La única noticia que tienen de él los iraníes es que, según el Gobierno chileno, el comandante Carlos Carreño Barrera ha sido secuestrado el 1 de de septiembre de 1987, a la salida de sus oficinas en FAMAE, por un comando de la organización armada de ultraizquierda Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR).

Carreño sólo sería liberado el día 3 de diciembre de 1987, después de 91 días de "cautiverio", en la redacción del diario O Estado do Sao Paulo en Brasil, a más de 5.000 kilómetros de distancia del punto donde supuestamente fue secuestrado.

El militar fue llevado por uno de los aviones de uso personal de Pinochet de vuelta a Santiago y recluido inmediamente en el Hospital Militar de Santiago donde al día siguiente, el general Pinochet, posó sonriente junto a Carreño, con barba crecida y rostro macilento,  y después lanzó una encendida proclama contra los "terroristas" que habían secuestrado al comandante.

FUGA DE TEHERAN.- Stroiazzo, que desconfiaba de los chilenos, presumía que la última oferta de Carreño nunca se cumpliría. Y si llegaba a ponerse en marcha la operación "Foxtrot", resultaba muy difícil que los aviones nortamericanos llegaran a Irán. No en vano, el escándalo "Irangate", que estalló en diciembre de 1986, había sensibilizado al  Congreso norteamericano que estaba muy alerta ante cualquier posible transferencia de armas norteamericanas a Irán.

Los últimos días de agosto estabaparticularmente nervioso y preocupado. Las  presiones sicológicas, los chantajes, y las continuas amenazas que sufría su familia cada vez que uno de sus hijos tenía que sustituirlo en Teherán para que él pudiera salir del país habían llegado a un límite.

En varias ocasiones, sus hijos habían probado la posibilidad de escapar  de Teherán en el famoso avión de las seis de la tarde, en el que frecuentemente se marchaban los extranjeros aprovechando el revuelo que se producía en el aeropuerto.

Sin embargo, todos los intentos fallaban ya que a la hora de presentar sus pasaportes, un sello especial de las autoridades islámicas delataba su condición de rehenes.

Pero la tarde de 26 de agosto de 1987, cuando Stroiazzo fue a dejar a su jijo David que tenía que regresar a Europa, el guardia que revisaba los pasaportes estaba demasiado ocupado.

Cuando vio que su hijo pasaba la aduana, Stroiazzo, sin pensarlo un segundo, se metió en la fila de pasajeros y mostró su pasaporte.

El guardia miró el pasaporte, pero estaba distraído y no vio sello. Enseguida, estampó su firma en él. Stroiazzo avanzó un par de metros, convencido de que los detendrían, pero cuando ya estaba en la sala de embarque respiró aliviado.

EL ULTIMO PROBLEMA.- Sólo había un problema: no tenía billete para el avión. Como nunca pensó que podría pasar por la aduana, no había reservado un billete para ese vuelo.  Pero la buena fortuna le asistió. Aunque "el avión de las seis» salía habitualmente lleno, ese día uno los pasajeros no se presentó.

Cuando los auxiliares de vuelo contaron a los pasajeros no notaron nada extraño y le permitieron subir a la cabina sin examinar su tarjeta de embarque. Al amanecer del día siguiente, Stroiazzo descendió del avión en Francfort.

Un equipo de la cadena francesa Antenne 2, que regresaba de Teherán en el mismo avión, se dio cuenta de que un par de ciudadanos franceses volvían en el aparato. Les extrañó que unos civiles volvieran de un sitio tan poco acogedor. Cuando descendieron del aparato intentaron acercarse y hablar con ellos, pero no pudieron darles alcance. Los dos franceses se perdieron rápidamente en los pasillos del aeropuerto.


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