Ayer me dio por andar durante más de una hora y hoy tengo agujetas en el culo -trasero para los traductores de películas-. No tengo la más mínima idea de porqué salen agujetas en el culo por andar, lo normal es te diesen en las piernas ¿no? Un misterio de la ciencia.

Sea como fuere, he decidido hacer un poco de deporte, y dos días después de empezar tengo agujetas en todas partes del cuerpo y no puedo estirar el brazo izquierdo. Además estoy comiendo chicles sin azucar, café con sacarina, Coca-Cola light, sandwiches vegetales y zanahorias. Además me he prohibido el pan -bueno, salvo el poquitín que le ponen al sandwich-. Dentro de poco hablaré de lo perjudicial que resulta comer langostinos por su alto nivel de colesterol y comenzaré a gastarme el dinero en revistas de salud. Lástima no encontrarme con uno de esos personajes que llevan una pegatina en la solapa del traje prometiendo que si les diriges la palabra adelgazarás...

Quizá debería visitar al médico para que me pusiese a dieta, pero ya lo hice cuando era niño. El cachondo le dijo a mi madre que era normal que tuviese un poco de sobrepeso mientras pasaba la pubertad, y que perdería esos kilos de más cuando fuese adulto. Siendo adulto los kilos no se han ido todavía. Bueno, se han ido mis ganas de creer en los médicos -algo es algo-.

Y todo este follón ¿a qué se debe? Aburrimiento, supongo. Cuando el ser humano se cansa de algo, inmediatamente se busca una tontería más en la que gastar las pocas neuronas que nos permiten tener en esta época en la que vivimos. No tengo la más mínima duda que cuando empiece el calor de nuevo va a caminar bajo el sol Rita. Además, cada vez que pienso en esto de la delgadez o la gordura, me da la sensación que es una especie de complot contra nosotros. No se basa en la salud ni en nada similar. Es, simplemente, que los flacos se han puesto de acuerdo para fastidiar a los gordos. Si, en definitiva, ambas cosas se basan en lo mismo: quitando a un grupúsculo de gente que come más de lo normal –o menos de lo normal-, todo se basa en la constitución de cada uno, en sus genes. Si mis genes dicen que tengo sobrepeso, por mil productos light que coma no lo voy a cambiar. De hecho, ¿a quien le importa que cambie?

Imagínese el lector que pierdo 15 kilos y me quedo en los huesos. Seguro que me llaman flaco y me dicen que a nadie le gustan los flacos. O peor. Igual cambian las modas y el sobrepeso vuelve a ser sinónimo de riqueza. Entonces me debería inflar de nuevo de fabadas y demás manjares. Pero entonces dirían que los rubios son los mejores, y tendría que comprar un bote y teñirme de rubio, pero no valdría porque sería un gay, porque si te tiñes eres gay. Pero los gays están de moda, y seguro que si fuese gay dejarían de estar de moda y volvería la Inquisición a España. Y entonces me dirían que los ojos marrones son una vulgaridad y entonces les diría la opinión que tengo de ellos y mi opinión sería criticada sin piedad. Y si tuviese una opinión más normal sería vulgar también.

Vaya, que hoy como de menú en el restaurante de Paco, famoso porque no pagas si te quedas con hambre. Si, hombre, si, aquél en el que llevo tres años comiendo y en el que he pagado religiosamente día tras día. Y dejando buena propina, eh!

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