| En el departamento de post-venta de mi empresa están todo el día de cachondeo. Su única labor es la de atender a los clientes que no estén satisfechos con el producto y darles alguna alternativa al clásico "ya has pagado, ahora te fastidias". Y no es que el producto sea tan bueno que nadie va a quejarse es, simplemente, que no trabajan nada. Algún día tengo pensado llamar y preguntarles por qué no funciona la mierda que acabo de comprar a ver que me responden. Seguro que dicen que el encargado está en algún otro lado y me instan a que llame más tarde. En definitiva, como no les pagan por estar allí... Hoy he bajado a ver el informe mensual de quejas y, por supuesto, no estaba hecho. Reunidos alrededor de una mesa, las trabajadoras comían pasteles y bebían sidra agobiadas porque un teléfono no dejaba de sonar. No tengo ni la más remota idea de lo que celebran hoy. Quizás que han pasado las primeras dos horas de mañana y que queda menos para irse a casa. En cuanto me han visto se han alegrado y me han ofrecido pasteles. Seguro que mi presencia les ha animado y celebrarán que he bajado durante los próximos treinta minutos. De ahí retomarán su fiesta particular. En cuanto he anunciado el motivo de mi bajada, una señora -a la que cariñosamente llamamos Vaca- me ha metido dos pasteles en la boca. Desgraciadamente eran de cabello de ángel -ignoro la suerte que corrió la persona a la que se le ocurrió utilizar la calabaza en pastelería-. Con la boca llena y un vaso de sidra en la mano finalmente decidí no luchar contra el sistema. En cuanto se acabaron los pasteles -o más bien la sidra-, la manifestación anti-trabajo se ha disuelto y sus huelguistas se han acomodado en sus sillas a leer tranquilamente el periódico. Algunos incluso han descolgado los teléfonos por si acaso a alguien se le ocurre llamar y romper la paz imperante. Visto lo visto subo de nuevo a mi mesa a hacer algo útil para la sociedad. En el preciso instante en el que encuentro los chicles que camuflarán el olor a alcohol que desprende mi aliento, me llama el jefe de sección para que vaya a verle a su despacho. Éste apesta a tabaco y a café frío -el despacho, no el jefe-, lo cual no es impedimento para ser uno de los ejes sobre los que gira nuestra vida. -Juanitomon- me dice mientras señala una de las sillas para que me siente, -como sabrás éste año no hemos tenido mucho trabajo y la empresa ha acumulado ciertas pérdidas, y es necesario tomar medidas y... Bueno, el resto de la conversación es más que evidente ¿no? Dos semanas, una caja de cartón para mis cosas y un "gracias por colaborar con nosotros, te llamaremos si la situación mejora". Como no tengo muchas cosas personales en la mesa, dejo la caja sobre la silla y bajo al departamento de post-venta a anunciarles la próxima fiesta. Como me descuide me voy a dejar lo poco que he ahorrado en pasteles. |
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