informes
Me estaba comiendo el típico bocadillo de chorizo frito en un bar del centro, cuando vi a dos americanas la mar de monas que le preguntaban al camarero el precio de uno de los jamones que cuelgan del techo.
-¿Cuánto cuesta tu reloj?- respondió el cachondo mental.
-Pues no tengo ni idea- contestó la tía recordando el día en el que se lo regaló su ex novio.
-Pues el mío no vale un duro- le dijo señalando un reloj de esos de feria.
Con sus dotes literarias, el amigo quiso hacerle entender a la americana que el precio de los jamones depende de la calidad del que se escoja, y que no tienen un precio establecido. Claro, ¿qué va a saber un pobre americano de jamones? ¿Acaso oscila el precio de las hamburguesas?
Pues visto lo visto, decidí hacerme comercial y vender chorradas a la peña. Es evidente que si un pavo puede vender jamones haciéndose el gracioso, yo -que soy un capullo también- me puedo forrar vendiendo lo que sea. Por ello contesté a un e-mail que me llegó y que prometía un negocio completamente legal en Internet con el que me forraría a costa de vender informes.
No tenía ni idea de cómo funcionaría el tinglado ese de los informes, pero sólo había que mandar cinco euros por informe. Vaya que con 25 euros me haría de oro. Calculo que entre bocadillos y cañas los 25 se me van en nada, así que metí las pelas en un sobre y esperé a que llegaran los informes esos.
A las dos semanas me llegaron al e-mail cinco archivos completamente vacíos titulados Informe 1, informe 2 y así sucesivamente hasta el quinto. Las instrucciones me decían que debía mandar el e-mail que recibí a un millón de personas y que si contestaban 1000, pues ganaba 25000 euros.
Miré en mi lista de amigos y comprobé horrorizado que me faltaban 999.995 direcciones más de e-mail, así que entré en una web y compré, por 150 euros, unos CD que prometían tener un millón de direcciones de gente que manda e-mails asiduamente.
Entonces reenvié el e-mail al millón de personas que aparecían en mi CD.
Al día siguiente recibí 245.627 mensajes del servidor explicándome que 245.627 de los mensajes que envié ayer no habían llegado a su destino. Cogí inmediatamente el teléfono y llamé a los amigos del CD, los cuales me comentaron amablemente que el negocio había quebrado y que ahora se dedicaban a vender informes por 5 euros cada uno. La chica de voz dulce del otro lado de la línea me comentó que si le compraba los cinco informes, podría revenderlos a 5 euros cada uno y hacer un buen negocio -dependiendo, claro está, de la cantidadd de informes que pueda vender-. Colgué el teléfono con 25 euros menos y cinco informes más.
Hoy he vuelto al bar de los jamones y le he preguntado al camarero que cuanto cuesta un jamón.
-¿Cuánto valen los informes esos que llevas en la carpeta?- me ha respondido.
-Ni un duro-, contesto curado de espanto.
-Pues yo tengo unos informes que valen cien Euros cada uno. Con los jamones pasa lo mismo, dependiendo de la calidad del que escojas tienen precios distintos.