Era un lunes por la tarde, quizá el peor día para tener una cita a ciegas. Venía yo más quemado que una colilla de tanto trabajar, y aún me quedaba ir a aquel centro comercial -uno de los más grandes de Madrid- a ver si encontraba a la chica con la que había quedado y a la que no conocía de nada.
La había dicho como iba vestido, polo azul y pantalones vaqueros.
Cuando llegué parecía que íbamos todos uniformados. Por suerte tenía su número de móvil y la llamaría para decirla que ya había llegado. Me contestó muy amable la cinta de Telefónica, la chica con la que más hablo en mi vida (la que dice las estaciones en el metro nunca contesta).

Pues a esperar.

Y esperé.

Cuando llevaba cinco cigarros decidí dos cosas importantes:

-comprar más tabaco.
-largarme de allí si no cogía el teléfono.

Lo cogió. Al parecer el puñetero McDonald's, donde llevaba varios minutos comiéndome las uñas, tenía dos plantas, y como siempre pasa en estas situaciones, yo estaba en la que no era.
Mientras yo bajaba a la primera planta, ella subía a la segunda. Otra llamada más, esta vez implorando que se quedase quieta. Por fin nos vimos.

En las películas esta situación viene acompañada de musiquilla de fondo, pero quitando a una cajera que no paraba de gritar que iban a cerrar, allí ni música, ni luz tenue ni nada. Una pena. Pero no estaba mal la chica, no. Más alta que yo, pero no estaba mal.

Y, así de repente, se me quitaron las ganas de fumar, y me vinieron unas ganas horribles de beber algo. Algo no alcohólico, claro. No vaya a ser que la chica piense luego mal.
Y nos fuimos a un bar a tomar una Coca-Cola y a hablar de la vida y esas cosas que se suelen hacer cuando no sabes donde meterte y la tierra no tiene la gentileza de tragarte. Que bonito.

Lo que más me sorprendió, si acaso, es que parecía que nos conocíamos y que no estuvo tan mal como me lo había imaginado. Ella probablemente pensó diferente, ya que no nos hemos vuelto a ver; o quizá fue la manía que tengo de cargarme todo lo que parece que sale bien. Hay cosas que nunca cambian.




la cita
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