Hoy, como todos los días, el metro venía plagado de gente con libros en las manos. Algunos incluso los habían forrado con papel de periódico y demás engendros.

Lo bueno de la literatura, en general, es que te permite evadirte de la realidad durante los periodos en los que puedes coger un libro y sentarte a leer. Claro, que cualquier actividad que se considere ocio puede llevar a lo mismo. Tal es el caso del cine, la televisión, los deportes, la escritura...
La diferencia que le veo yo a la lectura con respecto a los otros es la siguiente (dividida por categorías):

1. Cine-lectura. El cine está bien, para qué engañarnos, pero sentarte al lado del típico adicto a las palomitas y al ruido es, cuanto menos, molesto. Para esos menesteres ya tenemos las calles, el metro, los restaurantes y la oficina. Al cine hay que ir con la novia (por si la película es un tostón), y sentarse lo más lejos posible de la civilización. Recuerdo el caso del estreno de la película de la guerra de las galaxias (la cuarta entrega, no penséis que soy tan viejo).¡La gente aplaudió cuando salió la palabra Lucasfilms en la pantalla!  Grotesco. Entre eso, los comentarios, la gente riéndose del personaje gay, y que la película no es muy buena, estuve a punto de volverme a casa.

2. Televisión-lectura. Tampoco está mal, si quitamos la media hora de anuncios cada veinte de programa. Además tienen la manía de subirle el volumen a los anuncios para que despertemos del rollo que nos estamos tragando. Que tradición más cargante. Con respecto a lo poco intelectual que es la televisión, pues dependerá del programa que estemos viendo. Cuando nos pregunten sobre lo que vimos ayer, contestaremos "los documentales de la 2" y tan anchos.

3. Deportes-lectura. Casi no hace falta explicarlo. El mero hecho de ponerme el chándal y largarme al polideportivo me da agujetas para los siguientes dos días. Luego no se van ni con agua y azúcar. Y los gimnasios, ¿para qué hablar? Soy una persona bastante normalita. Pago mi cuota mensual, voy un día a recibir la tabla de ejercicios y a ducharme y no vuelvo jamás por ahí. Eso sí, me compro todo el equipamiento, las bebidas isotónicas y las galletitas para cachas. De hecho una vez tuve la fantástica idea de gastarme la mensualidad en hacerme un gimnasio en mi propia habitación. Compré unas pesas y un banco de abdominales. El único ejercicio que he hecho desde entonces ha sido desempaquetarlos.
  
4. Escribir-lectura. Escribir es una de esas cosas que todo el mundo dice hacer para sí mismo. De un tiempo a esta parte no hago más que escuchar a gente que dice que su máxima aspiración es escribir un libro. ¿Por qué no lo hacen? Parece como si se hubiese puesto de moda escribir -la típica corriente intelectualilla-, y la gente -como en todo- asegura hacerlo. Pues bien, quien quiera hacerlo que lo haga, y quien no que se dedique a la lectura.

De todas formas, esto de leer requiere una explicación. Leer es algo que me tranquiliza siempre y cuando lo haga tumbado en mi cama o en el sofá sin el más mínimo ruido. Eso de leer en el metro con un ojo en el libro y otro vigilando que la señora que acaba de entrar no se me siente encima, es demasiado. O se hace bien, o no se hace.
Cuando llevo un libro en el metro, me paso media hora leyendo para darme cuenta, más tarde, que no me he enterado de nada de lo que he leído. Entonces me veo obligado a leer en condiciones más favorables (tumbado) lo mismo que he leído por la mañana. Pero recuerdo partes de lo que leí en el metro, y las paso rápido. Y entre pitos y flautas dejo el libro por la mitad.






libros y literatura
juanitomon@hotmail.com