| Hoy es lunes, y a diferencia del resto de la Humanidad, no me siento mal. Bueno, supongo que esto requiere una explicación previa. No es que me haya vuelto loco de atar, es simplemente, que no he hecho nada importante durante el fin de semana. He leído, he dormido, me he ido con los amigos a los mismos bares de siempre, y he vuelto a dormir. De hecho creo que he debido dormir casi la mitad del fin de semana. ¿Cómo es posible despertarse a la una de la tarde y luego dormir la siesta a eso de las tres? Pues con este panorama de fin de semana, lo más normal es que quiera volver a trabajar. Sentarme en mi pedazo mesa y hacer algo útil para la sociedad. Bueno, hacer algo útil. Eso es, a grandes rasgos, lo que nos pasa a muchas personas los fines de semana. Esperamos toda la semana a los dos días con los que los gentiles jefes nos obsequian, y cuando llegan no hacemos nada con ellos. Por un lado tenemos que comprar las cosas que necesitamos y no hemos comprado durante la semana porque trabajamos de sol a sol. Es entonces cuando pasamos nuestro glorioso y esperado sábado metidos en el Alcampo mirando sillas de plástico y plantas para interiores. Por otro lado -mi caso este fin de semana- nos quedamos en casa leyendo o viendo la televisión porque no nos apetece ir al supermercado. Ya arreglaremos la carestía de comida como sea. Claro, que luego están los típicos místicos que usan sus fines de semana para irse de viaje a zonas exóticas (la sierra o la playa más cercana). Estos son los mejores. Con el pretexto de respirar aire puro y limpio se pasan tres horas en embotellamientos haciendo eses entre los coches para llegar diez minutos antes a una playa atestada de gente. Estos personajes contrarios a la comodidad de la ciudad se llevan al campo la barbacoa, la neverita de plástico, las mesas y sillas de camping, los cubiertos, los vasos, la bombona de butano, las mantas y la tele de cinco pulgadas. El sofá no cabía en el ascensor. La suegra quedó en casa olvidada. Después del follón es más que normal que luego el lunes vuelvan a sus puestos de trabajo radiantes de felicidad y con ganas de levantar el país. Para mí esta semana va a ser diferente. Voy a pasar los cinco días laborables pensando en algo útil que hacer con mi fin de semana y lo voy a aprovechar como mandan los cánones. Igual me hago visitador serril (o playil), o me voy a los bares a gritar "vamos que nos vamos", o me meto en un equipo de fútbol amateur donde importe más beber cerveza que saber regatear, o me compro un juego nuevo de civilizaciones y me engancho hasta tener los ojos como platos. ¡Que fácil se me hace vivir los lunes por la mañana! |
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