Me levanto por la mañana a la misma hora de siempre y me hago un café con leche mientras enciendo el primer cigarrillo del día preguntándome porqué me siento tan mal si realmente acabo de estar unas cuantas horas dormido y entonces llego a la conclusión de que es precisamente por eso por lo que estoy tan demacrado y que si no hubiese tenido sueños tan bonitos no estaría ahora vistiéndome deprisa con la cara hecha un pan de la mala leche que me está entrando y que me entrará cuando tenga que bajar al mismo metro de siempre a ver a las mismas caras de siempre y hacer el mismo viaje de siempre y tendré la sensación de que el mundo ha dejado de moverse porque lo que estoy haciendo hoy es lo mismo que hice ayer y lo mismo que haré mañana y así en una reiteración infinita que no me va a llevar a ningún otro sitio que no sea al bar de la esquina donde mientras yo me emborracho los colegas no paran de contarme lo bonita que es la vida y lo bien que se lo pasan en sus trabajos y las ganas que tienen ya de que llegue el día en el que les dan las vacaciones porque parece que no se han dado cuenta que cuando se acaban las vacaciones todo es lo mismo otra vez y que solamente te dan vacaciones porque en el mes de Agosto no queda ni el gato en Madrid y entonces sería absurdo pasar el día entero leyendo el periódico como haces el resto del año a expensas de que alguien llegue a destruir todo el trabajo que has estado haciendo por la mañana después de montarte en el mismo tren de todas las mañanas con el café con leche aún dando vueltas en la tripa y con la sensación de que si el vagón se mueve demasiado le vas a vomitar encima a la rubia que tienes enfrente y la vas a fastidiar el día tanto como la vida te lo ha fastidiado ya a ti.
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