4 El maestro cantero Manuel González Perdiz
(1833-1905)





El maestro cantero Manuel González Perdiz desarrolló el grueso de su obra en la segunda mitad del siglo XIX. En esta época fue una auténtica celebridad en los ambientes populares, pues sus coetáneos lo consideraban uno de los maestros más importantes. En efecto, su nombre y su obra aún es evocada parcial y difusamente, sobre todo en su tierra natal, en la parroquia de Covelo o Coveliño de Antas, como también se conoce el lugar (A Lama, Pontevedra), e incluso sus descendientes más directos muestran con orgullo a tan importante ancestro.

Pero sobre todos estos datos posteriores a su vida, él mismo debía de estar muy convencido de la superioridad de su arte respecto a la inmensa mayoría de sus colegas canteros, pues no en vano, insistentemente, casi todas sus obras, cuenten o no con una inscripción conmemorativa, llevan su firma. En su época, raro era el cantero que rubricaba sus producciones, y sin embargo, Manuel González ofrece esta singular peculiaridad, propia de un maestro que se siente satisfecho de sus logros estéticos, y no desea que las generaciones posteriores, olviden quién era tan magnífico artista.

Esta visión es la sostenida por el pueblo. Desde un punto de vista más científico, la realidad de los hechos exige otro tipo de tratamiento, menos subjetivo. En primer lugar, la época de actividad de Manuel González coincide estrictamente con la de José Cerviño García(1842-1922) e Ignacio Cerviño Quinteiro (1839-post 1900), artistas de primera línea dentro del arte popular. Sobre ellos ya nos ocuparemos en sucesivos estudios. Por el momento dejar ya sentado que sobre todo el primero, es un cantero con estudios académicos de donde obtiene conocimientos muy superiores a los tradicionales, y los cuales aplica a sus encargos, y ésto, unido a su innata genialidad, hace que su obra brille sin comparación posible, tanto respecto a sus coetáneos, como en el seno de toda la historia de la cantería gallega, tanto la anterior, como la posterior : ni nunca había existido tan magno artista, ni tampoco con posterioridad se volverá a ver a nadie tan excelentemente dotado. El otro artista citado, Ignacio Cerviño, no alcanza en pericia a este último, pero sus conocimientos son también muy avanzados, y por lo tanto, en líneas generales de mayor entidad que los de Manuel González. De todos modos, estas apreciaciones no son exclusivamente nuestras: ni en los parientes actuales de Manuel González, ni en los ambientes populares, nadie pone en duda esta circunstancia. Sin embargo, tampoco nadie, ni siquiera él mismo en su vida, le restan méritos a su legado artístico.

Pero estas consideraciones afectan al aspecto plástico de las promociones artísticas. Si hemos de encuadrar a Manuel González en algún lugar de la cantería tradicional, tendremos que etiquetarlo como el último, o uno de los últimos, canteros de la tradición barroca heredada del siglo XVIII. De todos modos, como ya habrá ocasión de comprobarlo, su dimensión artística real demanda una matización más detallada.

En las siguientes líneas iremos desgranando los datos que hemos podido obtener con nuestras investigaciones de campo, llevadas a cabo hacia 1993,ofreciendo ahora una síntesis de los resultados obtenidos. Como quiera que de su vida apenas sabemos más que algunas anécdotas inconexas, el estudio se va a centrar fundamentalmente en sus producciónes artísticas, a fin de cuentas, su única aportación que nos interesa.

1. Semblanza biográfica.

Como acabamos de anunciar, los conocimientos que tenemos sobre la trayectoria vital de este cantero, prácticamente se reducen a algunas anécdotas sin una especial relevancia, ni para reconstruir su personalidad, ni siquiera para aclarar aspectos relacionados con su línea artística. Realmente, tampoco nos ha sido posible investigar a fondo en fuentes documentales, y a este respecto, ha sido de indudable importancia la reciente publicación de X. Martínez Tamuxe, realizada a partir de algunos hallazgos cronológicos obtenidos de libros parroquiales, si bien este escritor limita el conocimiento de su obra a tan solo tres monumentos. Las fuentes que vamos a manejar en este apartado, son fundamentalmente orales, conservadas en el seno de los descendientes, especialmente de su nieta Dª. Clarisa Carballal González, residente áun cuando la conocimos en la misma parroquia de Covelo. Guardaba esta señora una foto del maestro, ya en estado muy deficiente, que ahora publicamos más arriba.

El maestro Manuel González naciera en el lugar de Laxedo, de la misma feligresía de Covelo en 1833, y fallecería en su lugar natal en 1905. Estuvo casado con Dª. Francisca Suárez, y tuvo 7 u 8 hijos (esta última cifra es la aportada por Dª. Clarisa), la mitad de cada sexo. Según parece, todos los hijos varones emigraron al Brasil, de donde ya no retornaron, y se dice que uno de ellos llegó a ser ingeniero, mientras los otros se dedicaron al comercio. Residía en una casa del barrio de O Cruceiro, en la misma parroquia. Un yerno suyo fue Manuel Carballal Sobrado, casado con su hija Soledad (los padres de Dª. Clarisa), el cual era un cantero de su confianza (se cuenta que lo eligiera como yerno de entre varios candidatos), llegando a colaborar con el maestro en varias de sus obras. Según parece, las imágenes de las construcciones las desbastaba éste, y Manuel González las perfeccionaba. Con posterioridad, este Manuel Carballal se encargó hacia 1813 de la erección del campanario de la iglesia de Seixido (A Lama). Asimismo, afirma Dª. Clarisa, que su abuelo había colaborado en varias obras bajo las órdenes del célebre José Cerviño García, amigo personal, e incluso compadres recíprocos, pues ambos matrimonios eran padrinos de respectivas hijas. No sabemos si este dato es fiable, pero al menos apreciamos que Dª. Clarisa conocía muy bien íntimas viscisitudes de la familia Cerviño. La imagen física que quedó de Manuel González fue la de ser un individuo de desarrollada estatura, y delgado. Acerca de su personalidad se vislumbra de ciertos relatos una especie de tranquilidad de espíritu.

Las primeras obras pertenecientes a su producción, debidamente identificadas datan de 1860, cuando había ya cumplido los 27 años. Hasta esta fecha nada de él en el terreno profesional se sabe con certeza. Según varios relatos, su padre había sido cantero, y siendo adolescente, con éste se había trasladado a cumplir encargos en el norte de Portugal. Esta etapa formativa en tierras lusas parece que fue bastante común en muchos canteros, pero en Manuel González, prácticamente se puede dar por segura, pues en algunas obras tendremos la oportunidad de comprobar influencias del arte portugués. También se recuerda, que cuando contaba con catorce o quince años se encontraba trabajando con su padre en la fábrica de la iglesia de Oitavén (Fornelos de Montes), sobreviniéndole inesperadamente la muerte a su progenitor. Entonces, hecho que se recordaba con el asombro dispensado a los héroes populares, a pesar de su corta edad, tanto era su talento y su energía, que sustituyó a su padre en la dirección de las obras. De todos modos, ignoramos a que parte de la iglesia se refiere pues a simple vista, la única parcela asimilable al siglo XIX es la sacristía, perteneciendo aparentemente el resto a la anterior centuria.

De su vida, por el momento no mucho más podemos decir, a no ser algunas rememoraciones intrascendentales o de corte legendario. De la impresionante dispersión geográfica de su obra, por lo demás común para los canteros de aquella época, se desprende la movilidad que implicaba la práctica de su oficio.Sin embargo, se comprueba una cierta acumulación de monumentos en el área de A Lama y comarca circundante. La anécdota personal que más se recuerda se refiere al suceso acaecido en la construcción de la fachada de la iglesia de Xende (A Lama) o de su Calvario (hay dudas). Según se cuenta, estando el maestro trabajando sobre los andamiajes, un día por la mañana, las campanas de la iglesia comenzaron a tocar como por arte de magia. Tan extraño fue el hecho que las vecinos del lugar se aproximaron para ver que ocurría, dejando incluso las faenas que estaban realizando en los campos. El maestro bajó del andamio, y ante las preguntas de las gentes sobre que había pasado, como previendo un mal agüero, negó que acaeciese nada, pero mentras tanto vou fumar un pito [pero mientras tanto voy a fumar un cigarrillo], añadió. Tres días después el débil andamiaje con él subido sobre las tablas se vino abajo, y Manuel González quedó colgado por los pies en una cuerda que se le había enrrollado. A continuación fue llevado a su Covelo natal para que se repusiese de las heridas sufridas. Este accidente le provocó un dislocamiento de las articulaciones de los tobillos, y como secuela le quedó un hueso saliente en un pie que le estropeaba el calzado.

2. Obra consevada

Hasta la fecha hemos identificado con seguridad un total de 13 monumentos salidos de sus cinzeles. Ciertamente, a diferencia de lo que sucede con otros artistas contemporáneos, no es ésta una tarea especialmente complicada, puesto que Manuel González acostumbraba a firmar sus producciones. De todos modos, dado su peculiar e inconfundible estilo, algunas obras se las hemos atribuído por deducción. A continuación vamos a presentar la lista completa de sus producciones tal como la conocemos. Próximamente se dedicarán estudios monográficos a cada una de estas obras a medida que vayamos disponiendo de estudios más pormenorizados y documentación gráfica adecuada.

Otras obras suyas pero de cronología indeterminada son las siguientes:

3. Valoración artística de la obra de Manuel González.

Según las informaciones orales recopilads, el maestro Manuel González más que un escultor era un maestro de obras. Ciertamente, si exceptuamos las iglesias de Xende y Fornelos de Montes, así como el calvario de Xende, de él no conocemos otras producciones arquitectónicas. Por ejemplo, sabemos que estuvo trabajando durante mucho tiempo en Xeve (Pontevedra), pero en esta parroquia no hemos conseguido identificar ningún monumento concreto atribuible al maestro, de donde deducimos una posible ocupación en algún tipo de edificación. De todos modos, aún siendo ésta una faceta sumamente importante para disponer de una visión íntegra de su trayectoria profesional, desde un punto de vista artístico, es más interesante su contribución al acervo cultural del arte popular gallego.

Una vez examinadas detenidamente sus obras, sin muchas dificultades podemos catalogar al maestro como un cantero de corte tradicional. Si los cruceiros suponen una de las más genuinas aportaciones artísticas populares al arte del barroco, Manuel González debe ser considerado como el último de los canteros barrocos, aún a pesar de la distancia cronológica respecto a la época barroca.

En honor a la verdad, al maestro le tocó trabajar en un momento en que los canteros comenzaban a formarse en instituciones académicas. El ejemplo de José Cerviño García es el más representativo de esta nueva tendencia. Pero incluso, también paralelamente a ellos desarrolló su profesión otro de los grandes artistas populares gallegos como era Ignacio Cerviño Quinteiro. Respecto a éstos y a otros más secundarios, Manuel González no muestra en sus producciones escultóricas ninguna influencia académica, sino más bien un aprendizaje empírico. Pero incluso, durante los siglos XVII y XVIII, hubo canteros que nos legaron una imaginería de mayor calidad expresiva que la desplegada por el maestro.

En efecto, las imágenes aplicadas a cruceiros, petos de ánimas, etc., se caracterizan por una proporcionalidad coroporal y un estatismo expresivo, y un frontalismo, que nos recuerda, salvando las diferencias, la imaginería gótica. Sea como fuere, hasta cierto punto, sí están dotadas de cierta carga de espiritualidad y contenido religioso trascendental.

En otro sentido, una peculiaridad del estilo de Manuel González es la continua repetición de esquemas simbólicos y plásticos. Por ejemplo, entre el peto de ánimas de A Vendanova (Salceda de Caselas) y el panteón de Covelo (A Lama), no hay diferencias si atendemos a la estructura arquitectónica; lo único que varía ente ambos monumentos son las aplicaciones plásticas. Pero más curioso es el caso de sus cruceiros, casi todos iguales, o al menos, con escasas diferencias entre todos. Lo divertido del tema es que el cruceiro existente frente a su domicilio natal, idéntico temáticamente a todos ellos, parece haber sido su fuente de imitación, más que de inspiración. Pero incluso el estilo reiterativo del maestro podríamos llevarlo a la conformación morfológica de sus imágenes: parecen todas salidas de un mismo molde.



Bibliografía consultada



Vigo, a 5 de Julio del 2002





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© Julio Fernández Pintos, 2002
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