LAS PELICULAS DE CONAN

LAS PELICULAS DE CONAN

Extraido del informe de Carlos Díaz Maroto publicado en:

http://www.pasadizo.com

La saga de Conan cuenta en películas con 2 exponentes siempre protagonizadas por Arnold Schwarzenegger. Estos 2 films fueron Conan el bárbaro y Conan el destructor.

Además de Arnold actuaban en Conan el barbaro: James Earl Jones (Thulsa Doom), Max Von Sydow (Rey Osric), Sandahl Bergman (Valeria), Ben Davidson (Rexor), Mako (Akiro/narrador), Cassandra Gaviola (la bruja), Gerry López (Subotai). Fue dirigida por John Milius y se filmo en 1981 y producida por Productores: Buzz Feithshans, Edward R. Pressman, Ed Summer y Rafaella De Laurentiis para Dino De Laurentiis.

Conan el destructor estuvo protagonizada por: Grace Jones (Zula), Wilt Chamberlain (Bombaata), Mako (Akiro), Tracey Walter (Malak), Sarah Douglas (Reina Taramis), Olivia d'Abo (Princesa Jehnna). Fue realizada en 1984 y dirigida por Richard Fleischer y producida por Raffaella De Laurentiis y Edward R. Pressman para Universal.

En Conan el Bárbaro, la aldea de Conan es atacada sus padres muertos y el vendido como esclavo, entrenado como gladiador finalmente escapa y se convierte en ladrón enfrentándose a muchos peligros logra finalmente la venganza contra Thulsa Doom y su culto de serpientes.

Desde hacía años se arrastraba el proyecto de llevar a Conan de Cimeria a la pantalla, y en concreto se especulaba con una adaptación del relato "El Coloso Negro".

El director de inequívoca ideología pro-fasista por entonces prestigioso guionista John Milius fue elegido para la realización. El guión fue escrito por el propio Milius -lógico, dadas sus innegables aptitudes en este sentido- y Oliver Stone.

En definitiva, se prescindió de "El Coloso Negro" y se optó por un popurrí de aventuras de Conan (reconociéndose, por ejemplo, "La cosa de la cripta" de Carter y De Camp, prosaicamente limada de sus elementos fantásticos, y "Nacerá una bruja", del propio Howard).

Cuentan los rumores que Milius se hallaba frustrado por no haber podido dirigir Apocalypse Now (Apocalypse Now, 1979), la obra maestra de Francis Ford Coppola, y en cuyo guión colaboró; así pues transformó Conan el bárbaro en su Apocalypse particular, conduciéndolo hacia sus propias inquietudes ideológicas.

Pese a la incorporación de Lyon Sprague de Camp como asesor, el film desvirtúa no pocos conceptos howardianos, así incluye al brujo Thulsa Doom, perteneciente a la saga de Kull de Valusia, sitúa a Crom, dios cimerio, en el Walhalla, cielo de los dioses nórdicos... Pese a todo, Conan el bárbaro es un sólido film, con un prodigioso diseño visual -colaboró en él William Stout, el excelente ilustrador-, y con una pausada y mayestática narrativa, acaso inspirada por el cine ario, Los Nibelungos (Die Nibelunger, 1924) de Fritz Lang a la cabeza. Y es que Conan el bárbaro es casi un film wagneriano -escúchese la soberbia banda sonora de Basil Poledouris, también dotada de ecos del Carmina Burana de Carl Orff-, donde la mística aria impregna el conjunto, no en vano Howard remitía a esa ideología, así como el propio Milius.

En Conan el destructor: Una princesa llamada Jehnna ha sido secuestrada por un malvado brujo, por lo cual la reina Taramis convence a Conan que la rescate, pero la reina tiene sus propios planes para con la princesa, no precisamente halagüeños para con la virginal muchacha...

En Conan el destructor Milius fue sustituido por Richard Fleischer. Si el primer film tergiversaba la mítica howardiana, aquí ya se trastoca del todo, comenzando con un Conan temeroso y suplicante de Crom. El nivel tan negativo del conjunto cabe achacarlo, por un lado, a su pésimo guión, mero refrito de los más contumaces tópicos de comic para adolescentes, con unos diálogos vergonzantes en su simplicidad, en nada semejantes a las admirables líneas que escribieran Milius y Stone para el primer film; súmese a ello la sempiterna incorporación del graciosito de turno, cuya muerte anhela todo espectador sensible nada más iniciarse el metraje, o la afiliación de personajes-títere que sobran en la trama hasta el momento que es preciso hacer uso de ellos. Fleischer, por su parte, se manifesta ya en horas bajas, lejos de sus años de esplendor narrativo, y conduce la historia con correcta funcionalidad pero carente de la chispa necesaria. El resultado es una típica película de acción, rodada al modo de tantas otras, tenga lugar en la Era Hibórea o en el Nueva York actual. La banda sonora del propio Poledouris es un refrito de la previa, y se muestra incapaz de otorgar los tonos épicos que poseía su anterior composición.

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