Asedio de Leiden, 1574

 

Tras la victoria de Mock mandó el comendador a Francisco de Valdés que volviera a Holanda con parte de las tropas que de allí habían traído para Mock a continuar el asedio de Leiden. De esta forma, y con el apoyo de más tropas enviadas desde Haarlem, esperaba don Luis de Requeséns mantener ocupados a los rebeldes en la provincia de Holanda y desviar a sus ejércitos de los posibles objetivos de Brabante. Buscaba así el comendador ganar tiempo con el que conseguir nuevas levas y las pagas que se debían a los amotinados, pues de otra forma no coonseguiría defender la provincia.

En Leiden, de fijo habrá
un estandarte altanero
que arrancar, con el acero
de la torre donde está.
Pues por vuestra dama va:
si bien lo arrranco, os le traigo;
y si en la contienda caigo,
¡bien empleado estará!

 

En el camino hacia Leiden se apoderó una pequeña tropa de españoles del castillo de la Haya, <<con mucho regocijo y contento de los de la Haya, por ser los más de ella católicos y desear verse bajo la obediencia de su majestad, y para alcanzarlo hacían lo que era en sí; porque hasta las mujeres traían debajo de las hucas, que son unos mantos que llevan al salir de casa, pólvora, cuerda y comida para los españoles, estimando que por haber venido a la ligera sin bagaje tendrían falta de éste>>.

Españoles de camino,
¿con este sol brabantino
se os secaron las gargantas?
Tengo agua fresca, buen vino,
mesa en que hagáis colación,
estas sillas y un sillón

 

Ganaron también el fuerte de Valkenburch entablándose una discusión sobre si degollar o no a la guarnición inglesa que es les rindió -Isabel I de Inglaterra no podría molestarse por ello pues sus diplomáticos insistían continuamente frente a Felipe II en que su reina no prestaba ayuda a los rebeldes-. Por poco se salvaron los ingleses en este ocasión. Era la intención del ejército del comendador el ir tomando los fuertes cercanos a Leiden para asegurar el asedio.

Acercándose ya a la ciudad de Leiden debían los españoles tomar primero dos fuertes que los rebeldes habían levantado en Alfen y Masencluse para la mejor defensa de la villa. El primer designio del maestre de campo Valdés <<fué asaltar la aldea de Alfen, y quitar el puente a los enemigos. No fue más larga la tardanza. Hizo elección de los más valerosos españoles, los cuales asaltaron con tanto esfuerzo a los enemigos, que después de un sangriento combate ganaron el fuerte fabricado para la defensa del puente. De aquí siguiente coon el mismo ímpetu a los que se retiraban, entraron con ellos en las otras fortificaciones, con las cuales estaba guarnecida la aldea.; y en que se alojaron. Cuanto con este suceso creció el ánimo a los reales, tanto faltó a los rebeldes, por lo cual les salió más fácil la toma del otro fuerte de Masenculsa, y de este modo vinieron a sus manos entrambos dentro de pocos días>>. Murieron en la toma de Alfen 200 de los ingleses que lo defendían frente a ocho españoles atacantes. Tras ello se cerraron todos los pasos hacia la villa, comenzando el cerco.

Mientras esto iba ocurriendo en la provincia de Holanda, en la de Brabante se conseguía pagar los atrasos a los amotinados, tomar la isla de Worcom y la villa de Leerdem.

El asedio de Leiden iba avanzando de manera que en la ciudad ya escaseaba la comida. Menudeaban por esa razón los encuentros y escaramuzas entre ambos bandos por razón de las vituallas. Por un lado los rebeldes luchaban por estorbar la construcción de unas trincheras que hacían las tropas reales para impedir que los asediados recogieran las legumbres y hortalizas que tenían plantadas en los alrededores de la villa y, por otro, los soldados reales trataban de evitar que los sitiados apacentasen el ganado en las cercanías de la muralla.

Viendo que no conseguían romper el asedio, los rebeldes decidieron romper los diques del Mosa y del Issel y anegar toda la comarca para poder socorrer a la villa por agua. El 11 de septiembre entró la armada de los rebeldes en la tierra inundada contando con 170 bajeles entre galeras y barcazas. Su intención era (navegando por la pradera) alcanzar y romper los siguientes diques para así tener acceso al canal maestro. Para acceder a los otros diques debían atacar un paso que defendieron con bravura un puñado de soldados: <<don Luis Piementel, alférez del capitán Carrera, había levantado coon su compañía una trinchera aquella noche, que los rebeldes empezaron de nuevo con gran furia a batir; y viendo encogerse algo los ánimos de sus soldados con los muchos golpes de balas, para animarlos saloió don Luis sobre el dique, paseándose con su rodela y espada en la mano espacio de dos horas, no reparando la multitud de balas, y por herirle en un brazo se retiró a la trinchera, atando la herida con una ligagamba. Y aunque don Luis se hallaba herido no quiso dejar de acompañar a los soldados en puesto tan peligroso aquella noche ni el día siguiente, con haber crecido el agua hasta darle en las rodillas, y la casa y trinchera pasada de balazos, no siendo más espesa que de tres pies la trinchera y cinco de alta>>. La crecida del agua acabó fozando el abandono del puesto retirándose los españoles a Soeterwoude, último punto desde el que defender el canal.

El 29 de septiembre los rebeldes rompieron los diques abandonados por las tropas reales y, cuatro días más tarde, había ya entrado agua suficiente para que sus barcos más pequeños pudieran circular sin problemas. A la semana pudo ya navegar su nave capitana. Llegada la armada al puesto defendido por los soldados del comendador, no pudieron éstos impedoir que la artillería de las galeras rebeldes terminara por romper el último dique. Esto forzó al maestre de campo español a dar la orden de retirar el cerco y trasladar las tropas a la Haya pues ya era imposible evitar que les llegara el socorro a los de Leiden. Fue intentado recuperar uno de los pasos cercanos a la Haya donde finalmente murió el alférez Pimentel: <<El capitán Palomino pasó con el puente con don Luís Pimentel, el cual fue herido de un mosquetaazo en la rodilla, y no pudiendo pasar adelante, animaba a los soldados lo hicieses, pues él no era tan venturoso de poderlos seguir; y estándolo diciéndolo, le dieron otro mosquetazo por los pechos, que le mató>>.

 


Pese a la heroica resistencia de los soldados españoles, los rebeldes lograron ir rompiendo sucesivamente los diques cercanos a Leiden, inundar la campiña y, navegando, entrar socorro a la ciudad. La imagen muestra este último momento, el 3 de octubre de 1574. Grabado de Franz Hogemberg.

 

Sois bravo, ésta es tierra extraña;
no olvidéis, cuando en su saña
la vida una carga os sea,
que morir en la pelea
es morir dentro de España.

 

De esa forma y dejando más de 1.500 cadáveres, la mayoría de ellos ahogados, el cerco fue finalmente retirado. La ciudad recibió el ansiado socorro rebelde pero, a cambio, tuvo que sufrir durante largo tiempo una gran hambruna como consecuencia de la inundación de los campos.

 

 


Juan Giménez Martín. Los Tercios de Flandes. Ediciones Falcata Ibérica.

 

Enrique de la Vega. Sucesos militares durante los reinados de los Reyes Católicos hasta Isabel II

 

 

  

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