Asedio de Maastricht, 1579

 

 

Al frente de un ejército de 15.000 infantes y 4.000 caballos, Alejandro decidió marchar sobre Maastricht tras haber considerado por un tiempo el ir sobre Amberes. Se ocupó primero de la toma de Kerpen y Erclens para segurarse el paso de los víveres para su campamento y cerrrarles el paso a los de Maastricht. En sólo cuatro días Mondragón tomó la villa de Kerpen y un castillo vecino por lo cual los de Erclens se rindieron antes incluso de que las tropas de Mondragón les encararan.


Toma de Kerpen. Grabado de Franz Hobemberg.

 

<<Pero nadie por aquellos días se portó con ánimo más pronto que Juan Bautista, marqués del Monte. Porque habiéndole mandado Alejandro que desde Lovaina [...] hasta Maastricht tuviese solícito al enemigo con abundantes correrías; había salido a caso a batir la campaña con cincuenta corazas y veinticinco carabineros. Cuando cerca de Levia se encontró con el enemigo, que debajo de cinco banderas traía como setecientos a caballo. Temióse al principio, con la repentina vista del enemigo, que se acercaba. Pero Monte, si bien áuno no estaba en puesto de donde opudiese desembarazarse, y excusarse de algún modo con la fuga del encuentro; teniendo ésto por más seguro que decente, mandó hacer alto a los suyos y como al veterano capitán ocurre el enemigo más de repente que de improviso, al punto se desenvolvió de esta dificultad como si lo trajera ya planeado. Los primeros caballos de Monte, que era los carabineros habían dado vista al enemigo desde lo alto de una colina, porque las corazas, que venía detrás, aún no habían subido al puesto. Haciendo pues alto los carabineros en el mismo paraje donde el enemigo los había descubierto, el marqués repartió las corazas en muchas hileras, cada una de a diez; y dejándolas separadas en muchos lugares, ordenó que, ooída la señal, subiesen a lo alto de la colina y en la frente se apareciesesn al enemigo formando una dilata perspectiva, con demostraciones de avanzar. Luego mandó que resonasen de tres puestos distintos los clarines y todos de un ímpetu arrancaron contra los enemigos. Éstos, preocupados de aquella apariencia de numerosas tropas [porque de ordinario en la guerra comienza el vencimiento por los ojos] y creyendo que no acometerían coon tal gentil denuedo si fueran pocos; a riendas sueltas volvieron las espaldas, siguiendo el alcance los de Monte, y descargando golpes sobre ellos, cuanto, habiendo arrojado de sí todo pavor al enemigo, pensaban ya menos de su seguridad que de hacerlos a ellos piezas y despojarlos. En hora y medio fueron desbaratados setecientos de a caballo, muertos los más y despojados, ganadas tres banderas, porque las otras dos las consumió el fuego, prisioneros casi cien soldados y más de doscientos caballos, no siendo ni ochenta los que los apresaron y llevaban delante de sí los cautivos>>.

Animado por estos sucesos, que le aseguraban las espaldas, Alejandro decidió pasar rápidamente a Brabante para ofrecer ocasión de batalla al enemigo. A la vista del ejército rebelde y en formación de combate se dispuso a cruzar al otro lado del río que les separaba. Tardó su ejército solo tres días en cruzar el Mosa sobre un puente de barcas; excepto el tercio de Mondragón que se mantendría del otro lado del río para asegurar la zona. Sorprendidos y asustados los rebeldes por la intrepidez de Alejandro, en lugar de presentar batalla, decidieron dividir su ejército para que fuese a reforzar las guarniciones de las principales ciudades de Brabante. Alejandro, por su parte, despidió a gran parte de los soldados alemanes de sus tropas, pagándoles a costa del sueldo que acababa de recibir como gobernador de Flandes, y mandó venir de la reicién tomada ciudad de Vuert a los españoles del tercio de Francisco Valdés, más disciplinados y fiables para la empresa que pretendía.

Le llegó la noticia a Alejandro de que una buena parte del dividido ejército rebelde se hallaba en Tournay, y partió contra ellos con parte de su caballería. Los de Tournay intentaron buscar mejor refugio en Bois-le-Duc, donde los de la ciudad les negaron la entrada. Siendo este numeroso grupo -cerca de 17.000 soldados- alemanes de los de Juan Casimiro a los que les faltaban las pagas desde hacía tiempo, se les ocurrió la idea genial de mandar como mensajero a un coronel para que le propusiera a Alejandro que si les pagaba lo que les debían a los rebeldes, se volverían a Alemania sin presentar batalla. <<Recibió con risa Alejandro la propuesta y clavando con los ojos al coronel enviado del de Sajonia, le dijo: Estáis locos los alemanes, pues ¿para que os partáis de la provincia me pedís a mí dinero? Antes yo pido que me lo deis para que os deje volver libres a la patria [...] Volved a vuestras tropas y decidlas en mi nombre que se aparejen para el último lance de guerra; porque ya está a punto el volante, esperando únicamente para llevar a España al rey la nueva de la victoria y el número de los muertos>>. Cambiaron de idea los alemanes y decidieron marcharse a cambio de un salvoconducto para que los españoles no les atacaran camino de su tierra.


Alejandro Farnesio, "azote de los rebeldes". El duque de Parma fue el último de los generales españoles que estuvo cerca de conseguir la reconquista total de Flandes. Las campañas contra Inglaterra y en defensa de los católicos franceses impideron que pudiera finalizar con éxito lo que su amigo y pariente, don Juan de Austria, había comenzado. Inconfundible grabado satírico (con evidente aire despectivo), del artista holandés.

En esa situación, tras el abandono de las tropas alemanas, no les quedaba más opción a los españoles que ir contra cerca de 3.000 hombres que se hallaban apostados en las proximidades de Amberes y a los que el de Orange llamaba "sus valientes" por ser lo más escogido de las tropas rebeldes, de otra manera quedaría en entredicho la reputación de nuestro ejército. Arreemetiron contra ellos arreándoles hasta el mismo foso de la ciudad. Tras el encuentro quedaron en las cercanía de Amberes entre 600 y 1.000 cadáveres rebeldes, resultando muertos ocho españoles.

Tras recoger a sus victoriosas tropas, se puso Alejandro camino de Maastricht, fijando su campamento en las cercanías de la ciudad el 8 de marzo de 1579. El de Orange había previsto la posibilidad del cerco y un mes antes había enviado a Sebastián Tapino para que mojrara las fortificaciones y se hiciera cargo de la dirección de los 14.000 hombres que habrían de defenderla.

La ciudad se encontraba dividida por el río Mosa en dos partes de desigual tamaño, unidas por un antiguo puente de piedra. Alejandro dividió sus tropas y se ocupó él de la de mayor tamaño, encargando a Mondragón del asedio de la zona de Maastricht que mira a Colonia. Para que esta división no supusiera un grave perjuicio mandó construir dos sólidos puentes de barcas, corriente arriba y abajo de la ciudad, por los que pudiera pasar no sólo la infantería y caballería sino también los carros del bagaje y la artillería. De esta forma aislaba también a la ciudad de los posibles socorros que le pudieran enviar por el río. Tomando él mismo la azada se puso manos a la obra para la construcción de cuatro fortines que dieran más solidez al cerco, siendo terminados en tan sóolo dos días; mientras, Mondragón levantaba dos más en la otra parte del Mosa.

Para el asalto seleccionaron el lugar que daba más seguridad, por su altura, para que los lodos del cerano río no estorbaran los movimientos de la artillería. <<La noche siguiente la gastó en fortificar con cestones la batería. Parte de ellos se tejían en la misma trinchera, clavando en la tierra unas estacas de altura casi de diez pies y retorciendo por ellos a la redonda ramas y vergas correosas; cargándolos después de tierra muy humedecida>>. Mientras descargaban las batería de los barcos, y para evitar que los sitiados estorbasen las obras, comenzaron a batir con cuatro culebrinas la zona elegida de la muralla, la cual reparaban con rapidez los rebeldes, <<siendo el sobreestante de las obras con que allí prevenían, Manzano -llámanle mal algunos Moncada- capitán de infantería español, traidor contra la paracialidad de España, enemigo tanto más pernicioso cuanto quien volvió aleve las espaldas a los suyos, tiene más necesidad de ratificarse en la maldad una vez cometida, para persuadir que es delincuente con constancia>>.

Comenzaron a batir contra los muros con 46 cañones. Mientras, los caballos ligeros se ocupaban de traer paja, ramas, lana y estopa para que, arrojadas junto a los restos de los muros cuando éstos cedieran, sirvieran para igualar en altura el foso y permitieran un asalta rápido. Al caer parte de los muros, sin embargo, pudieron los soldados de Alejandro observar que existían nuevos lienzos de fortificaciones tras los primeros. Sin dejar de batir esa zona, trasladaron parte de los cañones hacia otra puerta que, en principio, excepto por el problema de los lodos, les pareció más fácil para el asalto.

Cavaron los españoles un túnel que llegaba hasta la primera puerta, en parte derruida ya. No fue obra fácil por los problemas de medida, pues la abundancia de mineral de hierra de la zoña hacía inútil el uso de la brújula. Llegaron, sin embargo, al punto deseado y, continuando el túnel por debajo del foso, abrieron una bóveda que llenaron de pólvora. <<Avisado pues Alejandro de que estaba todo a oopunto, mandó ponerse al puesto del baluarte de la puerta de Tongheren a algunas compañías de españoles; y ejecutando esto se aplicó a la mina el fuego. Éste, cebándose por la continuada senda y metiéndose en el horno, lo hizo reventar con un formidable trueno, y levantó en alto la punta del baluarte [...] Entonces el capitán Antonio Trancoso, hombre de gentil aliento, y casi 80 españoles de su compañía, por la subida que, aunque con dificultad, les daba la ruina, se pusieron sobre el baluarte, y sin duda lo hubieran tomado si de improviso no los atajara un trincerón atravesado y escada, estando pronto a defenderlo el capitán Chuent con el cuerpo de guardia>>. Murieron los capitanes de ambos bandos en la refriega consiguiendo los sitiados mantener la ciudad y los nuestros, el recién tomado puesto.

El 8 de abril de 1579 se dispusieron para el asalto por la puerta de Bois-le-Duc. Batían 22 cañones. Los soldados e ingenieros se ocupaban en scar el agua que, con las últimas lluvias y la consiguiente crecida del río, había entrado en el foso. esperaban el momento los tercios de Lope de Figueroa, el de Francisco Valdés, las banderas borgoñonas, valonas y alemanas; mientras, por la puerta de Tongheren atacaría el tercio de don Fernando de Toledo. Cuando el foso estuvo suficientemente allanado con los restos de la muralla, Alejandro arentó a sus hombres y los envió al asalto.

Los primeros en acometer fueron derribados por la furiosa tempestad de balas y piedras que sobre ellos lanzaban los defensores. <<Detuvo un poco aquel furor primero de los tiros, que herían de cara y por los lados, a los tercios de Valdés y Figueroa; luego, renovado con las exhortaciones de los capitanes el ímopetu, treparon por las ruinas de las brechas>>. Los sitiados echaban todo tipo de ingenios ardiendo sobre los españoles, logrando junto con los disparos contenerlos hasta que <<Fabio Farnesio, rompiendo por donde el enemigo cargaba con más fuerza, pasando intrépido en medio de la borrasca de pelotas; y junto a él Conrado, marqués de Malaspina; Pedro de Zúñiga, paje en otro tiempo del austríaco, y Augustino Eschiafinatti, arrebatados de un mismo coraje, pasan adelante vencedores, combatidos del atroz torbellino de balazos y pedradas. Malaspina quedó allío luego muerto, los otros dos poco después murieron; Fabio, aunque herido de un mosquetazo en la cabeza, proseguía en la pelea, acometiendo al enemigo con el semblante lleno de sangre, pero más lleno de amenazas, hasta que, finalmente, quebrándole al talón siniestro una pelota de esmeril, dio consigo en tierra>>.

Al momento relevan a los caídos Carlos Caravantes, Francisco de Aguilar Alvarado, Juan de Quiñones y otros a su vez cayendo mientras, a gritos, Alejandro les pide que esanchen la formación para dar entrada a más gente. El ataque es desordenado y los sitiados no ceden. La situación era peor si cabe en la otra puerta, donde el traidor Manzano había preparado baterías con metralla que recibieron a los primeros atacantes. Aparecieron entonces mensajeros clamando victoria y diciendo que el tercio de Valdés había logrado entrar por la otra puerta. Al mismo tiempo, en la puerta opuesta, se decía que los valones habían conseguido penetrar con la de Tongheren. Los falsos mensajes se repetían en ambos brazos del asalto causando el efecto de renovar la moral y el ímpetu del ataque Al poco se suopo la añagaza y eran los defensores de la ciudad los que redoblaban esfuerzos. Para colmo de males reventaba una mina antes de tiempo llevándose consigo a parte de las tropas atacantes. El torbellino de sangre continuaba e iba recreciendo la carnicería cuando llevaron a Alejandro el cuerpo de su pariente Fabio medio muerto. Junto con él venían las noticias de la muerte de los más valerosos capitanes en una y otra puera, la ausencia de progresos en ambas y la petición de los maestres de campo de ordenar retirada antes de que cayeran más hombres insustituibles.

<<Enfurecido entonces con el dolor y la ira; vete al punto, dice al mensajero, y di en mi nombre a los maestres de campo que no traten de retirar la gente. Yo voy allá. Yo mudaré como general la fortuna del asalto, mudando el orden de asaltar; o como soldado, moviendo a mis comilitantes más con mi sangre que con el mando los guiaré el primero contra la ciudad>>. Salió hacia la refierga con rapidez, pero no tanta como para evitar que los hombres que con él se hallaban se le echaran encima oimpidiéndole proseguir. Este intento le costaría la reprensión del mismo Felipe II, que le encarecía para que se diera cuenta de su responsabilidad en el mando y que no expusiera su vida con tanta ligereza.


Doble asalto a Maastricht el 1 de Abril de 1579. Las dos columnas de españoles atacando son visibles a ambos lados de la parte mayor de la ciudad. En primer térmiono aparece Alejandro Farnesio a caballo.

Finalmente se retiraron las tropas con un balance de 300 muertos y otros tantos heridos que pasaban a engrosar la lista de los caídos desde que dio comienzo el asedio. Alejandro mudó su opinión a partir de entonces en dos asuntos: usaría más de los gastadores, de las obras y de las construcciones que de los soldados, y no emprendería en el futuro nada que no hubiese revisado antes con sus propios ojos. Decidió con su junta de generales continuar el asedio y mandó traer a unos 3.000 hombres de Lieja para la construcción de túneles para las minas.

Ordenó la construcción de 16 fortines para el cerco que debían estar unidos entre sí por una muralla continua. Esta muralla exterior permitiría, en caso necesario, rechazar con la mayor parte del ejército los intentos de socorro desde el exterior, mientras sólo 3.000 hombres poodríand ar cuenta de los intentos de salida desde la ciudad. La obra se terminó justo a tiempo pues el de Orange se acercaba con cerca de 20.000 hombrres y se vio forzado a retirarse cuando le informaron de la imposibilidad de introducir el socorro en Maastricht.

No estaban ociosos los sitiados, que ponían sus empeños en refozar la seguridad de la ciudad. A este efecto construyeron ante la puerte de Bruselas una impresionante máquina en punta, que llamaron broquel, con trincheras y parapetos para disparar desde mejor posición a los del ejército de Alejandro. La máquina contaba en su interior con un puente móvil que permitía la retirada a un estrecho pasadizo protegido por cuatro torres. Contaba además con una estructura triple de parapetos y trincheras para frenar los asaltos. Aquél constituía, sin duda, el puente más fuerte de la ciudad, y por ello centró en él sus esfuerzos. Comenzó a talar árboles de los bosques vecinos para construir recios cestones que, una noche, por medios de fuertes estacas, comenzaron a plantar frente a construcción enemiga. Una fila sucedía a otra encima, hasta que la obra superó en altura a las cuastro torres del broquel. Las tropas más escogidas fueron encargadas de subir a lo alto de la platagorma tres cañones de bronce con los que hostigar continuoamente el broquel vecino. Mientras, los gastadores, protegidos por el fuego de los cañones, minaron la estructuora del broquel hasta que parte de él se desplomó. Entonces los atacantes tomaron lo que aún quedaba en pie, viéndose obligados a pelear con fiereza en cada parte del ingenio. Los sitiados procuraban demoler lo que abandonaban para que la estructura no sirviera a los españoles en el asalto. <<De esta suerte, aquella triplicada fortificación, tan grande y que, como hidra, renacía tantas veces, socabada ya de los unos, ya de los otros, con minas y con hornillos, despedazada en trozos y deshecha, últimamente quedó arrasada por el suelo; desvaneciéndose en poco tiempo aquoel complejo de terrores complicados>>.

Tomada la puerta de Bruselas y fortificados lose spañoles en ese lugar, comenzaron los gastadores a abrir túneles para minar los muoros a los largo de una amplia zona a ambos lados de la precaria posición. Así, tras reventar tres minas, lograron tomar la torre de San Hervás, próxima a la puerta de Bruselas. Tras la puerta en nuestro poder, los rebeldes habían construido un foso al que rodeaba una media luna de muralla cono numerosos cañones. Alejandro decidió coonstruir un recioo puente sobre el foso por el que suobir los pesados cañones a los muros de la puerta. Sus capitanes criticaron la idea, pues pensaban que sería imposible concluirlo bajo el fuego enemigo. Puso el mismo Alejandro manos a la obra sin importarle el ver que continuamente caían hombres en su cercanía. Finalmente se lograron subir dos gruesos cañones con los que batir la media luna de los enemigos.

<<Alejandro, rogando a Dios como solía antes de las batallas, y encomendando aquel día el precursor del Señor, cuyo nacimiento en él se celebraba, mandó dar la señal. Y a un mismo tiempo comenzaron los tiros a batir y los gastadores a cabar por el pie el cuerno izquierda de la media luna, que miraba a la torre de San Hervás. Estaba igualado en parte y hecho el camino por las ruinas, cuando cerrando unos con las banderas, rechazando otros con esfuerzo, se trabó desde cerca la batalla, viéndose en trace de dar muerte o recibirla. Cuada cual escoge a su enemigo y apounta a los pechos con la picha y al rostro con la espada. Luego, cioegos de coraje y sinn sentir el peligro por el deseo de venganza, se entran por las puntas de los contrarios con más ansiar de herirlos a ellos que cuidado de defenderse a sí mismos>>. Se combatió deesta forma por espacio de dos horas, hasta que finalmente se tomó la media luna enemiga, forzando a los rebeldes a retirarse hasta su siguien línea de defensa; su última línea de defensa.

Alejandro cayó enfermo de violentas fiebres tras la batalla. Al recuperar totalmente el sentido llamó a sus generales, les reprendió por los días de aliento que habían concedido al enemigo y les ordenó tomar la ciudad. Para ello aprovecharían una grieta en la troinchera enemiga, que daba paso al interior de las murallas, descubiera de noche por un soldado español. Les exhortó a la victoria recordándoles quoe era el día San Pedro y San pablo y anunciando que el primero les abriróia las puertas y el segundoo les prestaría su vengadora espada.

Los españoles se encargaron de hacer la primera entrada. Recordando el fallido asalto, en el que todos habían perdido algún pariente o amigo, no dieron cuartel y, una vez dentro de la ciudad, se entregaron a una gran carnicería. Lo peor de la matanza tuvo lugar en el puente de piedra que unía las dos partes de la villa. Pensando que podría defender la otra parte de la ciuodad, Sebastián Tapino mandó pasar por allí primero las riquezas de la ciudad, después los hombres de armas y, por último, las mujeres y los niños. En su huida, unos se atropellaban a otros, caían algunos al río por los laterales del puente y pisoteaban todos a los que caían al suelo; pero lo peor de todo ocurría al final del puoente de piedra, pues Sebastián Tapino mandó levantar el puente levadizo que daba paso a la ciudad para mejor protegerse. Así, los que iban llegando veían con horror que los de atrás, en su pánico, los lanzaban al río. El número total de muertos, entre ahogados y muertos a hierro, fue estimado en unos 4.000.


Cuando por fin lograron entrar las tropas españolas en la ciudad el 29 de junio de 1579, los soldados rebeldes, con las riquezas que pudieron acumular, cruzaron el puente sobre el Mosa y pasaron al otro extremo de la ciudad. Cuando los civiles a tropel intentaron refugiarse en esa parte de la ciudad, los rebeldes levantaron el puente levadizo, viéndose la ingente masa humana abocada a caer en las aguas del río.

 

En cuanto al capitán Manzano, que había ayudado a los rebeldes a la defensa de la ciudad, <<al cual, como afrentoso baldón a la nación española -pues cinco años había deshonrado el valor, empleándolo contra su rey a la conducta del de Orange- al mismo entrar ede la ciudad le buscaron ansiosos los españoles para lavar por sus propias manos la mancha que a su nombre había echado el traidor. Finalmente, habiéndole hallado Alonso de Solís, que era de su mismo lugar, escondido en un zaquimazi, y no tan feroz como en otro tiempo, le hicieron correr por entre las picas, hasta que murió traspasado de sus puntas>>.

Sebastián Tapino, que no había tenido reparos en levantar el puente levadizo cuando los habitantes de la ciudad de la ciudad pretendían refugiarse, no perdió el tiempo y entabló enseguida conversaciones para rendirse. Los soldados atacantes no gustaron de esa idea, pues las reglas de la guerra admitían el saqueo sólo cuando la ciudad era tomada por las armas, y ellos, faltos de pagas desde hacía tiempo, habían dado suficientes muestras de valor y capacidad de sufrimiento como para aspirar a las riquezas que los hombres de Tapino habían llevado consigo. Por otro lado, tampoco les era agradable la idea de pensar que los soldados de Mondragón, siempre en la parte en calma de la ciudad durante los asaltos, pudieran cobrar el fruto de sus esfuerzos. Con este estado de ánimo es comprensible que se extendiera como un reguero de pólvora el rumor de que los de Mondragón daban comienzo a su asalto, provocando el atque desordenado desde la la otra parte que, a su vez, provó el asalto -éste verdadero- de los soldados de Mondragón.

Unos por otros, el hecho es que el resto de Maastricht cayó en manos de las desordenadas tropas y fue fruto de squeo durante varios días hasta que un edicto de Aleejandro ordenó de forma tajante el cese del mismo. De esta forma terminaba el asedio, toma y saco de la ciudad de Maastricht, en el que murieron cerca de 8.000 defensores a costa de las vidas de 2.500 atacantes.

 

 

 


Juan Giménez Martín. Los Tercios de Flandes. Ediciones Falcata Ibérica.

 

Enrique de la Vega. Sucesos militares durante los reinados de los Reyes Católicos hasta Isabel II

 

 

  

 Volver al índice