CAPÍTULO III:

"LA SITUACIÓN EN EUROPA CENTRAL-ORIENTAL HACIA FINES DE 1994"

 

1. CARACTERISTICAS GENERALES

 

El año 1994 constituyó el quinto aniversario del inicio de un proceso irreversible de reformas políticas y económicas que tuvieron lugar en Europa Central-Oriental, y que significaron el abandono de lo que ya se ha descripto anteriormente como "antiguo régimen" y que es mencionado corrientemente como comunismo.

Haciendo una rápida síntesis de los acontecimientos de ese año (1989), podemos recordar que en el mes de enero se realizaron grandes manifestaciones espontáneas por mayores libertades políticas en la plaza Wenceslao de Praga y en Leipzig; en febrero, el Partido Comunista Húngaro aprobó la implementación de un sistema pluripartidario, en tanto el encarcelamiento del intelectual Vaclav Havel redundaba en nuevas manifestaciones antigubernamentales en Checoslovaquia; en marzo se aprobó en Polonia la realización de elecciones libres para cubrir el 35 % de los escaños parlamentarios, en tanto en Hungría el flamante Partido Independiente de Pequeños Propietarios celebraba su primer congreso nacional.

Continuando con esta secuencia, en mayo el Partido Comunista Búlgaro anunció medidas para desregular la agricultura, mientras el Partido Comunista Húngaro expulsaba de sus filas a su máxima autoridad Janos Kadar; un mes después, las fuerzas polacas de oposición obtenían el 99 % de los sufragios emitidos para las elecciones parlamentarias, en tanto se reivindicaba públicamente en Hungría la figura de Imre Nagy, el gobernante que promovió los levantamientos de 1956; durante el bimestre julio-agosto, miles de ciudadanos de Alemania Oriental solicitaron asilo en las embajadas del gobierno de Bonn en Checoslovaquia y Hungría, los que luego fueron autorizados a trasladarse a Occidente por el gobierno de Budapest, que abrió su frontera con Austria.

Noviembre y diciembre fueron, indudablemente, los meses clave. Durante el primero, las innumerables protestas masivas efectuadas en Alemania Oriental contra el gobierno, en reclamo de mayores libertades de expresión y elecciones libres, motivaron que el Consejo de Ministros y el Politburó renunciaran en pleno, abriéndose la frontera interalemana; ese momento fue el de la famosa caída del Muro de Berlín. Al mes siguiente y tras innumerables manifestaciones de la ciudadanía, renunció en Checoslovaquia el Primer Ministro Ladislav Adamec, convocándose a comicios libres donde triunfó Vaclav Havel (01).

Lamentablemente, la información cuantitativa y cualitativa disponible sobre la situación de Europa Central-Oriental a principios del año 1995 permite suponer que tras un lustro de la caída del Muro de Berlín, los acontecimientos no evolucionaron conforme lo deseaban sus ciudadanos.

Numerosos indicadores económicos y sociales así lo confirman: en el primer caso, y considerando a la región en su conjuntpo sin establecer diferencias entre países, entre 1989 y 1994 se habrían registrado caídas de la riqueza del 30 % al 40 %, inflaciones descontroladas y tasas de desempleo que fluctúan del 10 % al 15 % de la Población Económicamente Activa (PEA) (02); respecto a lo social, diversas fuentes aluden a un deterioro de los índices sanitarios, junto a un alza de la criminalidad y la prostitución.

Esta situación ha generado un doble efecto, por un lado el aumento de los niveles de incertidumbre con que los europeos centrales-orientales miran el futuro, y por otro la instalación de una profunda sensación de estancamiento del proceso iniciado hace cinco años. Respecto a la incertidumbre, según el The New York Times sólo el 12 % de los húngaros dice estar mejor que en 1989, frente al 18 % de los polacos y al 32 % de los checos; para el Instituto de Sociología Paul Lazarsfeld de Viena las tasas de satisfacción son mayores a las recogidas por el periódico estadounidense, aunque igualmente inferiores a las optimistas proyecciones que se hacían hace algunos años: 27 % para los húngaros, 30 % para los eslovacos y un porcentaje levemente superior al 50 % para checos y polacos (03).

La sensación de estancamiento, en tanto, parece plasmarse en la reaparición de la figura del "muro" para patentizar las diferencias entre la realidad a emular, o sea la de Europa Occidental, y la realidad con que se cuenta. Las siguientes frases ejemplifican este sentimiento (04):

"Una barrera separa el Este de los países de Europa Occidental. Un muro económico (...) los países del Este sólo desean una cosa: dejar de ser los parientes pobres de Europa y empezar a vivir en la realidad las ilusiones y panaceas incumplidas que les prometió Occidente si accedían a la democracia".

"Se abre una brecha cada vez mayor entre el Este y el Oeste. Un nuevo muro que podría resultar más difícil de derribar que el de cemento".

 

Esta manera de ver las cosas ha redundado en la multiplicación de las críticas a la Comunidad Europea (CE) por no haber plasmado su declamado apoyo al proceso de democratización con apoyos económicos o aperturas comerciales de importancia. Pese a que la cuestión del apoyo de la CE a Europa Central-Oriental escapa a esta investigación, se ha sugerido que acceder a las demandas de esos países le implicaría a esa institución duplicar su actual presupuesto anual, de U$S 95 mil millones; por otro lado la obligaría a alterar sus prioridades, que por el momento se orientan a modernizar la agricultura e industria de sus miembros más pobres: Irlanda, Grecia, España y Portugal (05).

En cuanto a lo comercial, si bién hoy los países centrales de Europa mantienen con la CE más del 50 % de su comercio exterior, contra menos del 25 % en 1989, se enfrentan al hecho que esa institución multilateral acepta desgravar el intercambio de algunos bienes, en la que es altamente competitiva, en tanto impone restricciones al ingreso de determinados productos al mercado comunitario. Tal es el caso del acero, textiles y alimentos, afectados por medidas proteccionistas (06).

Con este contexto, las inversiones y aportes externos que se concretaron en Europa Central-Oriental entre 1989 y 1993 totalizaron, según la ONU, U$S 210 mil millones. Sin embargo U$S 170 mil millones de ese total se orientaron a la antigua República Democrática Alemana (RDA) y provinieron del gobierno de Bonn. Del monto remanente, más del 75 % se concentró en sólo tres naciones, las que integran junto con Eslovaquia el Grupo de Visegrad, las más ricas de esa zona del Viejo Continente: U$S 12 mil millones a la República Checa, U$S 10 mil millones a Polonia y U$S 9 mil millones a Hungría, según evaluaciones del Deutsche Bank.

En estas naciones del Grupo de Visegrad se asiste a la fabricación de bienes e insumos por parte de grandes empresas de la CE, que luego reexportan la producción hacia el oeste, en una estrategia orientada a bajar sus costos frente a la competencia de EE.UU. y la Cuenca del Pacífico. Entre los casos más relevantes pueden citarse Audi en Hungría; Siemens en Polonia y la República Checa; Volkswagen en la República Checa; General Motors Europe en Hungría y Polonia; Continental en la República Checa; Fiat en Polonia; General Electrics en Hungría; Thompson CSF en Polonia y Asea Brown Boveri en la República Checa (07).

Esta realidad, que representa un segundo muro, en este caso entre países de Europa Central-Oriental, se complementa con un tercero, esta vez en el interior de cada una de esas sociedades nacionales. Casos como el de la privatización de los servicios sociales, que dividen a la ciudadanía entre aquellos que pueden acceder a facilidades privadas y los que deben recurrir a deficientes prestaciones estatales, han movido al politólogo argentino Juan Carlos Portantiero a considerar que existe un muro en el interior de esas sociedades, que separa a los integrados al sistema de los que quedaron afuera del mismo (08).

A este triple muro se agregaría un cuarto, esta vez entre la ciudadanía y la clase política, producido por el rechazo a los escándalos financieros y episodios de corrupción que generaron los procesos de privatizaciones, así como a las abiertas luchas por el poder entre diferentes partidos políticos, comunes en las democracias modernas aunque extrañas para la ciudadanía europea oriental (09).

Aunque parezca inverosímil, toda la situación hasta aquí descripta ha redundado, en importantes sectores de la población centroeuropea, en una sensación de nostalgia por algunos elementos característicos de las épocas anteriores a la caída del muro. Aunque se habla de nostalgia por el bienestar registrado hasta la década del 80, la pobreza que existía en esos momentos hace que lo añorado sea más exactamente el pleno empleo y la fuerte protección social del Estado.

La traducción de este sentimiento ha sido una caída del apoyo electoral a aquellas fuerzas políticas que pregonan la aplicación de modelos económicos asociados a la ideología liberal, los que habían triunfado comicialmente durante la primera mitad del lapso 1989-1994, aproximadamente. En la mayor parte de los casos, la ciudadanía responsabilizó a tales modelos de sus frustraciones.

En realidad, la eficiencia de los modelos económicos liberales en Europa Central-Oriental es objeto de disenso. Algunos analistas destacan la existencia de tasas de crecimiento positivas de alrededor del 3 % en países específicos como Polonia, Hungría y la República Checa, así como el papel de "locomotora" que en los mismos desempeña el sector privado, responsable en los tres casos de entre el 30 % y el 40 % del Producto Bruto Interno (PBI) para algunos, mientras otros análisis elevan esta estimación al segmento 40 % - 65 %, con picos del 80 % para el caso checo; estas cifras son impresionantes si se las compara con el 20 % y el 4 % de actividad privada que en 1989 registraban Hungría y la entonces Checoslovaquia, respectivamente (10).

También merecen tenerse en cuenta los resultados de una pesquisa elaborada por The Economist en base a datos proporcionados por el Banco Mundial (BM) y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD). Entre ellos se destacan los niveles de subsidios, que en Europa Central-Oriental alcanzaron en 1993 su máximo nivel en Rumania con un 5,5 % del PBI, cifra menor a la que registraban Irlanda y Grecia hace pocos años; que los déficits fiscales de Hungría y Eslovaquia se asemejan al déficit promedio de las naciones de la CE y son menores al de muchos miembros de la misma, mientras el déficit polaco es sensiblemente inferior a ese promedio y la República Checa es superavitaria (11).

Empero, otros puntos de vista recalcan en los resultados predominantemente negativos de la aplicación de modelos de corte liberal en el Este de Europa. El conocido economista estadounidense John Kenneth Galbraith opina en este sentido que la aplicación del libre mercado en esa región fue en extremo traumática debido a su rapidez y falta de gradualidad, características que la transformaron en una verdadera "terapia de choque". Para sus adherentes, la eficacia intrínseca de este modo de acción radicaría en que el mismo es una extensión natural de la filosofía autoorganizadora que caracterizó los movimientos democráticos de oposición que actuaron durante los últimos años de vigencia del comunismo.

De acuerdo con esta filosofía, si los individuos actuaban como si fueran ciudadanos libres, los mecanismos gubernamentales de control político se revelarían ineficaces, como ocurrió en toda Europa Central-Oriental durante el año 1989. Aplicando un paralelismo con aquellos hechos, un defensor de la aplicación de transiciones económicas rápidas en esa parte del mundo sugirió "actuar como en una economía de mercado y ésta se creará" (12).

Esta terapia ha sido denominada por algunos como "efecto Jeffrey Sachs", en relación al conocido economista de la Universidad de Harvard que es considerado como la principal influencia en los experimentos radicales de implementación de un libre mercado en Europa Central-Oriental.

El ya citado Portantiero, por su parte, dice que antes, o sea en la primera fase de la transición desde el antiguo régimen, el libre mercado se veía en aquellas regiones como una panacea, puesto que se suponía erróneamente que el mismo rápidamente brindaría a la población las ventajas adquiridas por Occidente en términos de capacidad de consumo, sin resignar las conquistas de un Estado fuertemente benefactor en la esfera social (13).

En contraposición a la citada pérdida de respaldo electoral que durante los últimos años registraron en esa zona aquellas fuerzas políticas que promovían la aplicación de modelos económicos liberales, se observa un simultáneo fortalecimiento de los partidos políticos que enarbolan postulados más afines con el socialismo.

Debido a que en buena medida los partidos políticos de orientados al socialismo surgieron a partir de la reconversión ideológica, total o parcial, de las fuerzas comunistas preexistentes a la caída del Muro de Berlín, la mayoría de los análisis que en el último bienio se ocuparon de esta región coinciden en señalar la existencia de una situación con algunos ingredientes de "neocomunismo". Por ejemplo, el intelectual polaco Adam Michnik se refiere a una "restauración de terciopelo" (14), parodiando a la conocida -por lo pacífica- revolución que depuso al régimen comunista en la entonces existente Checoslovaquia.

Pueden mencionarse al menos cuatro causas para comprender este fenómeno: en primer lugar, las organizaciones calificadas como neocomunistas se presentan ante la Sociedad como los únicos defensores de los sectores marginados de la ciudadanía; segundo, las mismas son percibidas como posibles caminos para lograr un "capitalismo social" similar a las orientaciones reformistas implantadas en las décadas del 70 y 80, que aspiraban a una conciliación entre la economía de mercado y un Estado redistributivo que garantice la equidad social.

En tercer término y a raíz de lo antedicho, paradójicamente se asocia a los presuntos líderes neocomunistas, que como ya se ha dicho provienen en buena medida del comunismo vigente durante la Guerra Fría, con las expectativas sobre el futuro de la población centroeuropea en la época de las reformas y de la liberalización del antiguo régimen (15).

En cuarto y último lugar, el neocomunismo no es asociado con el autoritarismo del antiguo régimen en lo político, al haber pasado por una fase que algunos han calificado como "modernismo": un autoanálisis que los llevó a admitir los errores de las prácticas totalitarias y tornarse en firmes defensores de las prácticas democráticas y el respeto a los Derechos Humanos (16).

Resta ahora comprobar en casos específicos las características que adquirió la situación global de Europa Central-Oriental hasta aquí descripta. Para determinar los casos a examinar, se ha tenido en cuenta un original criterio clasificatorio del semanario francés L`Express, que al mencionar "la nueva frontera del Este" establece una nítida diferenciación entre dos grupos de países.

De un lado, aquellas naciones del Oeste de la región analizada, caracterizadas culturalmente por su religión católica o protestante; un fuerte individualismo que se traduce en importantes iniciativas privadas; finalmente, la disposición de los mejores indicadores económicos de toda Europa Central-Oriental. Del otro, los países ubicados más al Este, de religión mayoritariamente cristiana ortodoxa, aunque con importantes sectores musulmanes, y que la realidad de 1994 los muestra como afines al colectivismo y permeables al populismo de sus dirigentes; en este caso los indicadores económicos son menos benevolentes que en el anterior.

La margen oriental de "la nueva frontera" muestra a Bulgaria, Macedonia, Albania, Serbia y Montenegro, Rumania y tres antiguas posesiones soviéticas: Moldavia, Ucrania y Bielorrusia. La margen occidental incluye a los tres pequeños países bálticos, Eslovenia, Croacia y los miembros del Grupo de Visegrad: Polonia, Eslovaquia, Hungría y la República Checa (17).

Tal vez aleatoriamente, o a lo mejor debido a sus similitudes culturales y económicas, a compartir una misma región de Europa Central-Oriental y a no provenir de traumáticos procesos de desmembramiento como el soviético y el yugoslavo, se han seleccionado para una descripción más particularizada a los integarntes del Grupo de Visegrad.

 

2. POLONIA

 

La economía polaca está considerada una de las más dinámicas del Este europeo, opinando en especial Jacques Attali que "Polonia se encuentra en la vanguardia de la competición poscomunista" (18). Declaraciones como ésta se fundamentan en logros significativos, como una evolución del PBI del 4 % en 1993, totalizando U$S 75, 2 mil millones; una caída del déficit público del 7 % al 3 % del PBI entre 1989 y 1993; en igual lapso, una disminución de la inflación del 640 % al 38 % anual, mientras la producción industrial crecía en 1994 un 6 % en relación al año anterior.

Por otra parte, la cantidad de Pequeñas y Medianas Empresas (PyMES) existentes pasó del cero absoluto a casi 2 millones a fines de 1994, cifra que se eleva a 8 millones si se considera a los 6 millones de cuentapropistas, como vendedores ambulantes y dueños de puestos de venta. En tanto, otros indicadores referidos al trienio 1990-1992 muestran un incremento de ventas de elementos usualmente empleados para calcular el bienestar de la población: en el lapso consignado, el porcentaje de familias poseedoras de un automóvil pasó del 33,2 % al 41,4 %; de un TV color de 77,1 % al 91,4 %; de una videograbadora del 20,1 % al 53,4 % y de un lavarropas del 63,5 % al 69,7 % (19).

No obstante, una encuesta de opinión realizada en 1993 por la Academia Polaca de Ciencias indicó que cerca del 48 % de la ciudadanía se consideraba perjudicada por las reformas económicas de libre mercado implementadas por el presidente Lech Walesa. Entre las razones de este desencanto se incluían la desocupación, del 16 % de la PEA; la caída salarial de los funcionarios públicos, quienes totalizan el 40 % de la PEA; la declinación de la renta de los campesinos, un cuarto de la mano de obra nacional; la ubicación de aproximadamente un tercio de la población por abajo de la linea de pobreza y el deterioro del poder adquisitivo de los aproximadamente 9 millones de jubilados. Por otro lado su PBI per cápita, calculado en U$S 4880 en 1994 era el más bajo del Grupo de Visegrad (20).

Esta insatisfacción llevó a los antiguos líderes comunistas, reorganizados en una serie de fuerzas políticas integradas en la Alianza de Izquierda Democrática y donde sobresalen el Partido Campesino (PSL) y el Partido Socialdemócrata, a triunfar en los comicios de septiembre de 1993. Consecuentemente asumió como Primer Ministro el líder del PSL, Waldemar Pawlak, generando un severo problema de gobernabilidad debido a sus disensos ideológicos con el presidente Walesa.

Tales disensos son comprensibles a la luz de las ideas económicas que postula la Alianza de Izquierda Democrática. Uno de sus líderes, el sociólogo Adam Przeworski del Partido Socialdemócrata, ha opinado que "el sistema económico más racional y humanitario es aquel que depende de la existencia de mercados regulados para la distribución de recursos y de la presencia del Estado para garantizar el bienestar básico de todos".

Otro referente de la socialdemocracia polaca, su máximo líder Aleksander Kwasniewski, completa la posición de ese partido político agregando que el mismo acepta en principio el libre mercado, aunque el Estado debe evitar que el mismo genere efectos colaterales negativos, como la desocupación a niveles como el que se registra en ese país; Walesa sería incapaz de lograr esa respuesta, obedeciendo su permanencia en el poder a su carácter simbólico como iniciador de las reformas, aunque para Kwasniewski en Polonia los símbolos están perdiendo importancia cada dia, frente a los datos económicos y sociales concretos (21).

Por otro lado, la base de sustentación sindical que recibía Walesa de la central obrera Solidaridad se vió fuertemente reducida, de 10 millones de afiliados en sus mejores momentos a 160 mil hacia fines de 1994, mientras que, en sentido inverso, la principal agrupación laboral neocomunista llegaba a 5 millones de adherentes (22).

Walesa, quien hacia inicios de 1995 recogía un 20 % de adhesión del electorado frente a 60 % en 1990, se limitó a justificar el triunfo neocomunista en la atracción que generan en la ciudadanía sus cuadros altamente preparados y capacitados en montar una campaña electoral, frente a la inexperiencia de los líderes liberales en el ejercicio de cargos públicos.

Sin embargo, otras opciones van más allá de los indeseados efectos negativos de la política de libre mercado implementada por Walesa para incluir su excesivo personalismo, incompatible con un sistema de gobierno parlamentario. Tal incompatibilidad habría llevado al mandatario a vetar numerosas decisiones de los sucesivos jefes de gobierno que tuvo Polonia en los últimos años; en este sentido, el ya citado Adam Michnik ha dicho sobre el presidente: "su problema es su incapacidad para construir" (23).

 

3. HUNGRIA

 

Alcanzando un PBI de U$S 30,6 mil millones, la economía húngara muestra una reversión de su curva de decrecimiento, que pasó de (-11,9) % en 1991 a 0 % en 1993, en tanto la inflación anual caía en igual período del 36,4 % al 20 %. Frente a estos positivos índices, cuyas causas se pueden rastrear en la captación de una importante porción de los fondos orientados a la región por Europa Occidental, o en el dinamismo de la industria turística (22 millones de personas en 1993), convive un desempleo que se estimaría en el 12 % de la PEA y una economía clandestina del 20 % del total nacional (24).

Sobre todo la inflación y la desocupación parecen haber sido los principales móviles de la reorientación de las preferencias del electorado: en la inmediata etapa postrevolucionaria todos los triunfos comiciales correspondieron a las fuerzas de orientación ideológica liberal nucleadas en el Foro Democrático; en tanto, el Partido Comunista se transformaba en Partido Socialista, bajaba de 800 mil a 400 mil afiliados y lograba sólo el 12 % de los votos emitidos en las elecciones de 1990.

Tres años después, el 29 de mayo de 1993, el Partido Socialista obtuvo 209 de las 386 bancas legislativas existentes, es decir mayoría parlamentaria propia, frente a únicamente 70 de los liberales. Además, el socialismo arribó a esa jornada cívica con el respaldo de los antiguos sindicatos comunistas, que tendrían cerca de un millón de afiliados (25).

Actualmente, el presidente de Hungría es Arpad Goencz y el rol de Primer Ministro recae en Gyula Horn, ministro de Relaciones Exteriores del último gobierno comunista y célebre, en 1989, por haber abierto la frontera austrohúngara, uno de los gestos que marcaron la caída de la Cortina de Hierro. Como líder del Partido Socialdemócrata, accedió a su actual puesto mediante la pública promesa de preservar el generoso sistema de beneficios sociales del Estado, aunque seis meses después comenzaría a hablar de "austeridad fiscal" y reducción de los gastos públicos.

Acuciado por el déficit fiscal, el gobierno de Horn plantea acelerar el proceso de privatizaciones, que debería alcanzar a unas 900 grandes compañías y PyMES, incluyendo los rubros energético y nuclear, buscando el aval a estas medidas a través de un acuerdo con el Foro Democrático. Con tales ventas se espera obtener entre U$S 3 mil y U$S 4 mil millones hasta 1997 (26).

 

4. ESLOVAQUIA

 

Esta es la nación más pobre del Grupo de Visegrad, con un PBI de U$S 10,2 mil millones y un PBI per cápita de U$S 5620 a 1994. Su economía también parece ser la de más difícil recuperación: el crecimiento del PBI mejoró de un (-16,4) % en 1991 hasta un (-8,7) % en 1992, aunque luego empeoró nuevamente al situarse en (-9,3) % en 1993; de igual manera la inflación logró una caída del 61,9 % anual en 1991 a 10,1 % en 1992, subiendo al 25 % en 1993; finalmente, la desocupación llega al 14,4 % de la PEA (27).

Diversos análisis coinciden en señalar como algunas causas de esta deficiente perfomance a la estructura productiva predominantemente agraria de Eslovaquia, además que buena parte de sus ya escasas industrias se orientaban a la producción bélica, careciendo de mercados hasta tanto no se reconviertan a la producción civil.

No obstante, las intenciones de voto de la ciudadanía continuaron apoyando en los comicios de septiembre y octubre de 1994 al ex-comunista Vladimir Meciar, una persona de difusas ideas económicas y políticas, aunque poseedor de un discurso exaltador de los sentimientos independentistas que tanto éxito le reportaran al promover la separación de la República Checa en 1993. Meciar ya había sido Primer Ministro hasta marzo de 1994, debiendo dejar la jefatura del gobierno tras un voto parlamentario de censura.

Se ha considerado que la verdadera razón del triunfo electoral de este personaje radica en la interacción de dos factores, ambos vinculados con la cuestión de la independencia: el primero, que fue Meciar quien logró finalmente este anhelo, luego de mil años de dominio extranjero, principalmente magyar (húngaro) y checo; el segundo, que el pasado comunista de este líder no lo inhabilita ante la población, puesto que ésta reconoce al período iniciado en 1945 como aquel donde más se elevó su nivel de vida, y en el cual surgieron por primera vez dirigentes propios (28).

Por otra parte, el discurso de Meciar incurre en la búsqueda de terceros responsables para justificar las frustraciones económicas y sociales de su población: suele asignar responsabilidades a Occidente, la República Checa y Hungría, además de instar a la ciudadanía a adoptar conductas xenófobas con la minoría húngara, equivalente al 10 % del total de habitantes del país.

En los mencionados comicios, a los que concurrió encabezando la fuerza Movimiento Eslovaquia Democrática (HZDS), sus aliados electorales fueron el Partido Nacional Eslovaco (SNS), de tendencia ultranacionalista y xenófobo, así como la organización sindical Asociación de Trabajadores de Eslovaquia (ZRS), de orientación comunista ortodoxa.

Con este contexto, las promesas electorales de Meciar de más fuentes de trabajo, precios más bajos y jubilaciones más altas parecen de difícil concreción. El antiguo ministro eslovaco de privatizaciones Iván Miklos aseguró que no se ha avanzado en este camino, salvo en el caso de algunas pequeñas compañías que fueron vendidas en forma poco transparente a aliados de Meciar a cambio de apoyo político, agregando: "no hay inversiones extranjeras, se suspendieron las privatizaciones, no hay reestructuración, la economía entera está congelada" (29).

Toda esta situación se ve agravada por dos elementos: primero, el escaso poder político, en términos de apoyo popular, con que cuentan los partidos de ideología liberal, partidarios de reformar la economía y adoptar criterios de libre mercado. Los mismos se aglomeran en torno al Partido Liberal de Josef Moravcik, quien ocupó el gobierno entre marzo y octubre de 1994, es decir entre las dos gestiones de Meciar (30).

Segundo, los contenidos de su primer acto económico de gobierno, tras su último acceso al poder: suspender las medidas encaradas por Moravcik de recorte a los gastos fiscales, limitación a los gastos sociales y reimpulso al proceso de privatizaciones aplicando un modelo similar al que se mostró exitoso en la vecina República Checa: la venta a los ciudadanos (1,65 millones ya habían adquirido) de chequeras con bonos que podrían emplearse en la compra de acciones de más de 200 empresas a transferir.

Análisis económicos de Occidente concluyen precisamente que se debió al breve interludio gubernamental de Moravcik la mejora de algunos indicadores económicos registrados en el primer semestre de 1994, respecto a igual período del año anterior: el PBI de (-4,1) % a 1,5 %; la inflación de 23,2 % a 14 % y la producción industrial, que creció de (-15,9) % a 3 %.

Ese paquete económico del líder de HZDS se vió complementado con diferentes medidas políticas que dejaron percibir un perfil autoritario en el nuevo gobierno eslovaco: remoción del Procurador General, encargado de supervisar la acción del Poder Ejecutivo; control oficialista de todas las comisiones parlamentarias del Poder Legislativo; sanción de una medida que inhabilita a la oposición a emitir votos de censura y control total de los principales medios de comunicación masiva (31).

 

5. REPUBLICA CHECA

 

La República Checa está considerada por muchos analistas como el país en que más éxito han tenido los programas de reformas iniciados en 1989. Luego de Polonia su PBI es el mayor del Grupo de Visegrad; su inflación anual del 20 % en 1993 fue la más baja junto con la húngara, cayendo a menos del 10 % entre los meses de abril de 1993 y 1994; su crecimiento evolucionó del (-15,9) % en 1991 a (-8,5) % en 1992, pasando al (-0,6) % en 1993; su desempleo es el más bajo de toda Europa Central-Oriental y mejor que muchos casos de Europa Occidental, con sólo el 3,5 % de la PEA; su industria turística imprime un gran dinamismo a su economía, dado que anualmente recibe a 17 millones de personas; finalmente, con un PBI per cápita de U$S 7160, alcanza el nivel más alto del Grupo de Visegrad y se sitúa levemente por debajo de Grecia, que con U$S 8 mil es el más bajo de la CE (32).

Puede decirse además que es en la República Checa donde mayor profundidad alcanzó el proceso de reconversión del Estado, estimándose en 1994 que el 80 % de las empresas públicas existentes en 1989 estarían privatizadas al término del mismo (33). De hecho, cifras oficiales indican que la proporción del aparato productivo en manos del Estado pasó del 98 % en 1989 al 33 % en 1993.

La forma en que se ha llevado a cabo la privatización de bienes del Estado en la República Checa ha merecido, por su originalidad, que esta nación sea denominada "un país de accionistas", dado que entran en esa categoría virtualmente todos los integrantes de la PEA: pagando mil coronas (U$S 3,5 mil aproximadamente) se tiene derecho a un talonario de cupones, por valor de un millar de puntos, que dán opción a recibir acciones de las empresas que el gobierno privatiza.

El sistema de cupones ha dado lugar al surgimiento en suelo checo de aproximadamente 400 fondos de inversión, normalmente vinculados a grandes bancos internacionales, que se disputan las preferencias de los accionistas, a efectos de invertir sus cupones en diferentes privatizaciones. De acuerdo a investigaciones periodísticas, la labor de los fondos de inversión ha multiplicado en numerosas oportunidades el patrimonio de sus clientes (34).

Otros indicadores positivos de la economía checa son el cierre del presupuesto fiscal 1993 con superávit, el ingreso durante el mismo período de unos U$S 2 mil millones por tal concepto y el crecimiento de las exportaciones un 20 % respecto a 1992. De acuerdo a declaraciones efectuadas en abril de 1994 por el presidente checo Vaclav Klaus durante su visita oficial a la Argentina, el cambio operado en la economía de su país se sustentó en tres pilares: la estabilización macroeconómica, el proceso de privatizaciones y la apertura y desregulación del mercado.

Respecto a esa conducta frente al mercado, Klaus agregó en esa oportunidad ser partidario de eliminar cualquier protección económica del Estado, autocalificándose como "completamente antiproteccionista" (35).

El mencionado político, del Partido Cívico Democrático, gobierna el país desde junio de 1992, confirmando un caso diametralmente opuesto al fenómeno denominado neocomunismo que afecta a Hungría y Polonia, o al populismo de Eslovaquia. En el caso checo, la principal fuerza opositora es el Partido Socialdemócrata, que capitalizaría cerca del 20 % de las preferencias de la ciudadanía.

Los principales contenidos del discurso de Milos Zeman, líder socialdemócrata, apuntarían a la arbitrariedad de las cifras económicas oficiales, considerando que en realidad entre 1990 y 1993 el producto nacional habría caído un 23 %, la producción industrial un 45 % y los salarios reales un 20 %. También critica al sistema de privatizaciones arriba descripto, calificándolo paradójicamente como "la repetición del mito bolchevique de la propiedad colectiva (que) crea una clase pseudopropietaria" (36).

Cabe destacar que los puntos de vista del socialdemócrata Zeman, en cuanto a la arbitrariedad de las estadísticas económicas emitidas por el gobierno central, son compartidos por otros intelectuales. Tal es el caso de Zdenek Jirku, un empresario que antiguamente se desempeñaba como vicedirector del Instituto de Previsión Económica de Praga, quien opina que si el 80 % del aparato productivo está en manos privadas, dado el estado calamitoso en que se encuentra, la República Checa no puede tener una tasa de desocupación similar (por lo baja) a la de Japón; que si es cierto que la desocupación es de sólo 3 % de la PEA, el grado de privatización del aparato productivo es incorrecto; o son falsas ambas informaciones, aventura (37).

Dada la información prácticamente inexistente sobre la evolución política de la República Checa, los escasos elementos con que se dispone para orientar la búsqueda de una explicación a las diferencias electorales registradas entre ese país y los otros miembros del Grupo de Visegrad llevan a parcializar los alcances de aquellas apreciaciones según las cuales la ex-Checoslovaquia inició el camino del poscomunismo con una deuda externa comparativamente más baja que sus vecinos (38). Por el contrario, es probable que una explicación a esta diferencia esté en alguna característica especial del principal orientador y promotor de sus reformas, su presidente Vaclav Havel, antiguo animador del movimiento por los Derechos Humanos Carta 77.

Pese a ser el dirigente de Europa Central-Oriental más conocido en Occidente, la difusión de su pensamiento político es, según se comprueba, escasa y fragmentada, dado que no está condensado en ninguna obra globalizadora. Sin embargo, sí se sabe que para Havel es perfectamente lógico y comprensible que los procesos para implementar la democracia y el libre mercado en esa región hayan sido difíciles y prolongados, esbozando como explicación (39):

 

"La desintegración del sistema de valores de la gente que había vivido bajo el régimen comunista (...) la gente no podía aceptar inmediatamente una nueva estructura basada en los principios de la Sociedad Civil y la democracia (por lo cual) la velocidad y la dinámica que marcaron la construcción del nuevo Estado democrático llevaron necesariamente a improvisaciones que sólo podían probarse en el transcurso de la búsqueda de prácticas desconocidas, y llevaron también a la pérdida de viejas incertidumbres".

Con este diagnóstico, las acciones del gobierno de Havel parecen haber otorgado un lugar preponderante al "renacimiento de la ciudadanía", el impulso de un nuevo sistema de valores, afín a las prácticas democráticas, que reemplace a aquel que había perimido con la caída del régimen comunista. Este presidente se ha referido a tal sistema de valores vinculándolo con la cultura en su sentido más amplio, lo que él denominó en alguna oportunidad "cultura de todo", abarcativa de todas las relaciones entre personas, más allá de las características particulares de las mismas (40).

Este sistema de valores afín a las prácticas democráticas, este renacimiento de la ciudadanía que alcanza a todas las facetas de la vida humana, debe incluir de acuerdo a otros escritos de Havel un respeto a las características propias de las diferentes culturas, a sus "autonomías interiores" de acuerdo a sus propias palabras, más allá que las mismas reconozcan a un conjunto de valores que es la base tradicional de la democracia moderna.

Al recibir en EE.UU. la Medalla de la Independencia de Filadelfia el 4 de julio de 1994, esta personalidad se refirió al conjunto de valores que conforman el renacimiento de la ciudadanía diciendo (41):

"Yo me refiero al respeto por el ser humano único y por sus libertades y derechos inalienables y al principio de que todo el poder es derivado del pueblo. Me estoy refiriendo a las ideas fundamentales de la democracia moderna".

A partir de este abordaje, tal vez extremadamente limitado, al pensamiento político del mandatario checo, puede suponerse que el nuevo sistema de valores que el mismo puso en práctica en su país, tanto en lo político como en lo económico, respondían a las características culturales propias de su ciudadanía.

Esta suposición se fortalece con su opinión según la cual el modelo económico implementado no había sido calcado de una experiencia foránea, sino producido localmente por un grupo de economistas, que ya en el período totalitario comenzó a investigar cómo restaurar tras cuatro décadas una moderna economía de mercado en la entonces existente Checoslovaquia (42).

Lo arriba expuesto no quita que en la esfera ideológica, Havel se declare opuesto al liberalismo clásico, o en sus propias palabras "al formulado de modo fundamentalista en los ensayos de los economistas liberales occidentales", aunque sí se considera englobado en aquel tipo de liberalismo en el cual el Estado es únicamente un conjunto de recursos públicos para el logro de objetivos particulares.

Junto a todo esto se define como conservador, no en el sentido material ni de regreso a las condiciones de vida políticas y económicas del régimen comunista, sino al de las tradiciones culturales checas (43).

Aparentemente, existe un alto grado de convergencia entre la cosmovisión de Havel y la del responsable directo de ejercer el Poder del Estado, o sea el ya mencionado jefe de gobierno Vaclav Klaus, otrora funcionario del equipo económico de Gustav Husak, líder checoslovaco entre 1975 y 1979.

Pese a haber comentado durante su visita a Buenos Aires que la reforma económica checa se había sustentado en la estabilización macroeconómica, las privatizaciones y la desregulación, en igual oportunidad aseguró, en sentido similar a los ya descriptos dichos de Havel, que las medidas adoptadas no respondían a ningún modelo externo, sino que era totalmente nacional (44).

Ampliando sus puntos de vista sobre los factores que incidieron en el diseño del proceso de reformas, Klaus ha declarado que en el mismo se habían descartado las terapias de choque aplicada en otros casos de la región, sino que se instrumentó un proceso gradual en el tiempo, debido a que "la radical transformación de una Sociedad es un proceso complejo y dinámico, no un mero ejercicio de economía aplicada o ciencia política".

El carácter gradual de ese proceso está dado por una clara formulación de los objetivos futuros, que simultáneamente sean atractivos y realistas (conseguibles), que sean adecuadamente explicados a la ciudadanía a efectos que la misma los comprenda y respalde, y que sean mantenidos contra todo tipo de presión interna o externa, aplicando medidas impopulares cuándo y cómo sea necesario (45).

Se ha sugerido que la aplicación gradual de las reformas en la República Checa, incluidas las privatizaciones y la participación del Estado en la economía, tiene directa incidencia en el escaso costo social que generaron las mismas, en comparación con los otros tres casos del Grupo de Visegrad (46).

 

NOTAS Y ACLARACIONES:

 

(01): Los datos obtenidos son de WESTELL, Anthony: "El año del desmoronamiento:1989", World Paper diciembre 1992, p. 7

Westell se basa a su vez en BROWN, J.F.: Surge to freedom: the end of communist rule in Eastern Europe, Duke University Press, 1991

(02): Se incluye aquí a Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Albania, Rumania, Bulgaria y las unidades de la ex-Yugoslavia.

Según datos del Banco Mundial reproducidos por The Economist. En SANTA CRUZ, Angel: "Del telón de acero al telón de seda", El País 6 de noviembre de 1994, informe especial Temas de Nuestra Epoca, p. 5

(03): Ibidem y "Cinco años después", Cambio 16 Nº 1202, 5 de diciembre de 1994, pp. 68-73

(04): Los párrafos destacados corresponden, respectivamente, a GAMBOA, Santiago: "El muro que falta derribar", El Tiempo 13 de noviembre de 1994, p. 16-A; COMAS, José: "El muro crece de nuevo en las cabezas", El País 6 de noviembre de 1994, informe especial Temas de Nuestra Epoca

(05): GAMBOA, op.cit.

(06): "Painful rebirth from the ashes", Financial Times November 11, 19/94, p. 15

Cabe destacar, no obstante, que de acuerdo a lo consensuado en la reunión del 9 de diciembre de 1994 en Essen, Alemania Federal, la CE iniciará una estrategia de intensificación del acercamiento a las naciones de Europa Central-Oriental; resta por establecer los alcances y mecánica de esta estrategia comunitaria.

(07): SANTA CRUZ, op.cit.; "Europe: the push East", Business Week November 7, 1994, pp. 26-29

(08): PORTANTIERO, Juan Carlos: "Cómo es la vida cinco años después del muro", entrevista en Página 12, 6 de noviembre de 1994, p. 10

(09): "El retorno del péndulo comunista", El Tiempo 20 de diciembre de 1994, p. 15-A

(10): FAZIO VENGOA, Hugo: "La Europa neocomunista", El Tiempo 13 de noviembre de 1994; "Painful rebirth...", op.cit.

(11): "Matching up to the market", The Economist, May 5 1994, p. 26

(12): SLAY, Ben: "Transición económica rápida vs. gradual", El Comercio 13 de noviembre de 1994 (informe Interco Press)

(13): GALBRAITH, John Kenneth: "González es muy pragmático en economía", entrevista en Cambio 16 Nº 1170, 25 de abril de 1994, pp. 54-55; WAACK, William: "Revanche vermelha", Veja 16 de noviembre de 1994, pp. 64-66; "Cómo es la vida...", op.cit.

(14): SANTA CRUZ, op.cit.

(15): FAZIO VENGOA, op.cit.

(16): "Partidos comunistas resistem ao capitalismo", Jornal do Brasil 11 de diciembre de 1994, p. 21

(17): Ver este análisis de "la nueva frontera del Este" en "Le soleil s'est il levé a l`Est?", L`Express 17 de noviembre de 1994, pp. 34-36

(18): ATTALI, Jacques & SORMAN, Guy: "La liberté, l`ordre et le chaos", entrevista en L`Express 17 de noviembre de 1994, pp. 41-43

(19): "C`era una volta la rivoluzione", Panorama 11 de noviembre de 1994, informe especial pp.88-100; SANTA CRUZ, Angel: "El último desafío de Walesa", El País 12 de febrero de 1995, p. 8

(20): "Otimismo tenta vencer pessimismo", O Estado de São Paulo 30 de octubre de 1994; "Painful rebirth...", op.cit.; "Matching up...", op.cit.

(21): AMARAL, Carlos: "Dificeis trilhas para o paraiso" (abstract y análisis de PRZEWORSKI, Adam: Democracia y mercado: en el Este europeo y en América Latina, Relume-Dumará, Rio de Janeiro 1994), Jornal do Brasil 19 de noviembre de 1994; KWASNIEWSKI, Aleksander: "Polonia está viviendo el final de la era Walesa", entrevista en Tiempo 1 de agosto de 1994, pp. 68-69

(22): FAZIO VERGARA, op.cit.; LLAPOUGE, Gilles: "Corrida ao dinero se tornou prioridade", O Estado de São Paulo 30 de octubre de 1994, p. A-22

(23): SANTA CRUZ, Angel: "El último desafío...", op.cit.; WALESA, Lech: "O leão de siempre", entrevista en Veja 15 de diciembre de 1994, pp. 7-9

(24): "Otimismo tenta...", op.cit.; "Les pays d`Europe de l`Est", L`Express 17 de octubre de 1994, p. 39

(25): FERCSEY, Juan: "Europa Central: de regreso al futuro", La Prensa 28 de junio de 1994, p. 11; LLAPOUGE, op.cit.

(26): WAACK, op.cit.; "Cinco años después", op.cit.; "Horn`s dilemma", The Economist, January 28 1995, pp. 46-47

(27): "Les pays...", op.cit.

(28): VALVERDE, Freddy: "El muro no ha caido del todo", El Mercurio 12 de noviembre de 1994, p. D-5

(29): DYER, Gwynne: "Slovakia`s demolition man", Buenos Aires Herald 25 de octubre de 1994

(30): LLAPOUGE, op.cit.

(31): "Look who`s coming back to haunt Slovakia", Business Week October 3 1994, p. 28; "Wrong turning", The Economist, November 12 1994, p. 40

(32): "Les pays...", op.cit.; "Matching up...", op.cit.

(33): MARCOLINI, Adriana: "Sonho dá lugar a realidade amarga", O Estado de São Paulo 30 de octubre de 1994

(34): SANTA CRUZ, Angel: "Fascinados por el dinero", El País 17 de abril de 1994, informe especial "República Checa, el milagro poscomunista", pp.8-9

(35): Ibidem; "Zona de libre comercio con los checos", El Cronista 20 de abril de 1994; "Propuesta comercial con los checos", La Prensa 20 de abril de 1994

(36): SANTA CRUZ, Angel: "Fascinados...", op.cit.

(37): "C`era una volta...", op.cit.

(38): "Comunismo, poscomunismo y salud", El Mercurio 14 de enero de 1995

(39): HAVEL, Vaclav: "El arte de regar la historia", El País 8 de noviembre de 1994, pp. 13-14

(40): HAVEL, Vaclav: "La cultura de todo", El Mercurio 10 de abril de 1994, pp. E1-E3

(41): HAVEL, Vaclav: "Integrar as civilizaçoes é o desafio do século", O Estado de São Paulo 17 de julio de 1994

Estos conceptos se reiteran en el trabajo del mismo autor "Las preguntas de fin de siglo", Clarín 9 de agosto de 1994, p. 17

(42): HAVEL, Vaclav: "El arte...", op.cit.

(43): HAVEL, Vaclav: "El poder de la palabra", El Mercurio 7 de noviembre de 1993, p. E14

(44): "Zona de libre...", op.cit.; "Propuesta comercial...", op.cit.

(45): KLAUS, Vaclav: "So far, so good", The Economist, September 10 1994, p. 33

(46): VALVERDE, op.cit.