CAPÍTULO IV:
CONCLUSIONES
Las conclusiones que se desprenden del análisis de la evolución reciente de las ideas políticas en Occidente son diversas. En primer lugar, respecto al pensamiento de izquierda, queda claro que en sus contenidos continúa ocupando un lugar preponderante la defensa de la parte más débil de la Sociedad a partir de una revalorización del valor igualdad, sin que ésto implique necesariamente un rechazo a los mecanismos de mercado.
En similar sentido parece evidenciarse que la búsqueda de bienestar económico es el criterio prácticamente excluyente para identificar cuáles sectores de la Sociedad son aquellos que registran el mayor grado de debilidad y que padecen los más altos niveles de desigualdad. Por otra parte, cobran importancia los comentarios de Manuel Escudero y Sami Nair, indicando que todavía resta al pensamiento de izquierda enfrentar y superar el desafío que supone adecuar sus contenidos a un contexto económico internacional altamente globalizado e interdependiente.
Respecto a esto último, durante el XIX Congreso de la Internacional Socialista realizado en Berlín en 1992, Mikhail Gorbachov expresó textualmente (01):
"Los mercados son, desde luego, indispensables para unas dotaciones eficaces de recursos económicos, pero también hay que ver que las fuerzas del mercado exigen una regulación básica para que la competencia sea justa. Puesto que una regulación a escala nacional ya no puede servir para controlar mercados de envergadura mundial, necesitamos urgentemente un marco internacional que asegure una competencia más justa en un mercado mundial".
Frente a estos debetes de la izquierda, el pensamiento de derecha muestra niveles de reformulación comparativamente menores, sin que se registren mayores replanteos a lo que se ha considerado su característica distintiva: la adhesión a los postulados de libre mercado como mecanismo para crear y distribuir riqueza y bienestar. En tanto, algunas asociaciones entre fuerzas políticas de derecha en Europa y conductas xenófobas y autoritarias parecen ser inconsistentes, por dos motivos: primero, porque esas conductas también pueden registrarse en otros contextos ideológicos; segundo, porque el partido político tomado en cuenta para efectuar esa apreciación no es claramente asimilable al pensamiento de derecha.
En este marco conceptual de izquierdas y derechas se insertan las ideologías socialista y liberal, respectivamente. Así, el socialismo incorpora los objetivos de la izquierda de hacer más igualitaria a la Sociedad y proteger a sus sectores más débiles, postulando a tal efecto la incorporación de tales sectores a los beneficios del libre mercado en un contexto de equilibrio entre eficiencia económica e igualdad social.
Si la búsqueda del mencionado equilibrio en un marco de aceptación de los sistemas de libre mercado constituye actualmente el elemento distintivo del socialismo en la esfera económica, en la esfera política esta ideología pretende mantener vigente su status de pensamiento progresista y su rol de canal de participación por excelencia de los sectores sociales proclives al cambio.
Es en este punto donde las experiencias de España y Francia indican que, tanto la adhesión del socialismo a los postulados de libre mercado, como las profundas modificaciones que registraron en su estructura las sociedades de referencia, han redundado en una creciente incapacidad de esta ideología para captar nuevos adherentes, los que optan por canales de representación alternativos.
Las nuevas orientaciones del liberalismo están, en lo económico, cercanas a las de la ideología socialista moderna. Lejos de los postulados tradicionales de Friedman y Hayek, a los que rotulan como "liberalismo dogmático", "liberalismo radical", "nuevo totalitarismo" o "fundamentalismo liberal", estas tendencias apuntan a un equilibrio entre libertad e igualdad. La revalorización del valor igualdad se sustenta en un sentimiento de solidaridad orientado a lograr el desarrollo de todos los miembros de la Sociedad; en otras palabras, orientado a lograr el Bien Común.
El evidente achicamiento de la brecha ideológica entre los pensamientos de izquierda y derecha, así como entre las ideologías socialista y liberal, constituye la primera conclusión de importancia de esta parte de la investigación. En este sentido registramos una coincidencia parcial con las apreciaciones del filósofo italiano Massimo Cacciari, para quien los conceptos izquierda y derecha eran una forma de colocar axialmente las fuerzas políticas que está totalmente contradicho por la complejidad de la realidad actual: "derecha e izquierda son etiquetas históricas que no fotografían nada del presente" (02).
La segunda conclusión a destacar se vincula con los nuevos contenidos de los conceptos "revolución" y "consevadurismo". Los últimos acontecimientos indican que, contrariamente a lo tradicional, las posiciones conservadoras son compatibles con el pensamiento de izquierda y la ideología socialista, en tanto remitan al mantenimiento o recuperación de valores importantes para la ciudadanía. Por otra parte, la atribución de "revolucionario" que tiene un acto político ya no parece ser incompatible con el funcionamiento de un sistema de libre mercado, vinculándose con la superación de los efectos negativos del mismo.
Finalmente, no deben soslayarse los crecientes grupos independientes que, autodiferenciándose de las ideologías tradicionales, expresan tanto la inviabilidad de estas últimas para constituirse en un adecuado canal de expresión de nuevos grupos sociales (algo que, como se ha visto, es claramente reconocido por el socialismo), como la crítica a determinadas prácticas que se atribuyen a los clásicos partidos políticos.
Tales críticas se vinculan principalmente a los mecanismos de selección y elección de candidatos y a las aparentemente extendidas prácticas de corrupción de sus funcionarios, sean o no dolosas. Por aparente inacción del grueso de la clase política, toda ella en su conjunto queda desacreditada a los ojos de la ciudadanía, que constituye así nuevas instituciones políticas.
De acuerdo a lo expresado por Yehezk Gor en un reciente informe del Club de Roma, podemos adaptar sus postulados sobre rediseño de gobierno al fenómeno de proliferación de fuerzas independientes, entendiendo que el surgimiento de las mismas indica el esfuerzo de la ciudadanía por obtener élites gubernamentales de mayor calidad. El proceso de reclutamiento, elección, promoción y supervisión de estas élites debería lograr así dirigencias representativas, dispuestas a mejorar los stándares morales de la política y dotadas de los conocimientos y las aptitudes necesarias (03).
2. EVALUACION DE LA SITUACION DE EUROPA CENTRAL-ORIENTAL
A la luz de las herramientas teóricas proporcionadas por los autores de los módulos del presente Master en Sociología, y en el marco metodológico determinado en el capítulo I de la presente investigación, se procederá a la evaluación de la situación política y económica de Europa Central-Oriental entre 1989 y 1994, ya descripta en el capítulo III.
Desde un punto de vista político, difícilmente podamos coincidir totalmente con David Stark, en el sentido que la etapa poscomunista en Europa Central-Oriental estuvo caracterizada por una suerte de "vacío institucional". Este disenso parcial tiene una fundamentación: se acepta que en esa región sobreviven elementos del viejo régimen que coexisten con elementos nuevos, que suelen ser contradictorios con los primeros; dicho de otro modo, en palabras de Witold Morawski, el viejo régimen continuaba presente en la primera fase de la transición y lo seguiría estando por un tiempo indeterminado (04).
También se concuerda en que no existe un acuerdo total en torno a las formas que debía adoptar el nuevo sistema económico; sin embargo, no se comparte que ese desacuerdo alcanzaba también a las formas que deba adoptar el sistema político (05).
Por el contrario, en esa región parecen haberse consolidado rápidamente nuevas instituciones como la tolerancia al disenso, la libertad de expresión y decisión, y el respeto a la propiedad privada; estas pautas normativas dieron lugar a nuevas relaciones sociales, principalmente a la exteriorización de su ideología por parte de los individuos que integran el electorado. En consecuencia, los mismos se organizaron en múltiples partidos políticos con el objeto de acceder al poder o interactuar con el mismo.
Este conjunto de nuevas relaciones sociales e instituciones políticas se plasmaron en nuevos sistemas políticos pluripartidarios y democráticos, en este último caso en el sentido dado al término en Occidente. Por esta razón es que se perciben como más válidos que las percepciones de Stark a los postulados de Ludovír Brokl y su "Teoría de la Transformación".
Este autor considera en la misma que los eventos desatados en Europa Central-Oriental deben entenderse como una "transformación de la Sociedad", en el siguiente sentido (06):
"Una transformación de una Sociedad estatista del totalitarismo a la democracia es un desplazamiento, a lo largo de un <contínuo hipotético>, de diversos tipos de <imperativos funcionales> de la referida Sociedad".
La información disponible sobre los cuatro países del Grupo de Visegrad indica que en todos los casos las élites políticas elegidas por la ciudadanía plantearon originalmente tal desplazamiento como una mutación desde un totalitarismo de izquierda, ya descripto en el capítulo I bajo el rótulo de "antiguo régimen", hacia una democracia política caracterizada por (07):
·
adhesión a la democracia liberal como un asunto empírico de ensayo o error;·
conformación del sistema político como resultado de la voluntad y espontaneidad de la Sociedad;·
diferenciación entre asuntos públicos y privados;·
concepción de la libertad como la posibilidad de elección entre diversas alternativas; y en quinto lugar,·
énfasis en la libertad, antes que en la igualdad y el bienestar.Para comprender acabadamente las características particulares que adquirieron estos desplazamientos, parece útil emplear el enfoque de Piotr Sztompka (08). En este sentido se considera que especialmente tres de las ocho singularidades que identificó Sztompka describen en forma adecuada lo acontecido durante el último lustro en esa parte del mundo.
La primera de esas tres singularidades es que el capitalismo por el que optó la ciudadanía en 1989 era entendido más en términos económicos (prosperidad y capacidad de consumo) que políticos (libertad e igualdad); la segunda, que los protagonistas de la transición soslayaron los efectos colaterales negativos que experiencias similares habían arrojado en otras partes del mundo; finalmente, que el carácter multidimensional que adquirió la transición, abarcando simultáneamente lo político y lo económico, dificultó las posibilidades de satisfacer en poco tiempo todas las demandas y expectativas de la ciudadanía.
Estas singularidades han redundado, como bién dice ese autor, en numerosos obstáculos o "barreras estructurales" a la normal evolución de la transición. Sobre un total de 23 obstáculos identificados, de cuatro tipos diferentes y tres orígenes distintos, a nuestro juicio lo acontecido en Europa Central-Oriental entre 1989 y 1994 muestra la preponderancia de 7 barreras estructurales en particular.
Tres de ellas se originan con los avatares de la transformación y son: en primer lugar, la desazón que generan los fracasos de algunas políticas gubernamentales, siendo que la transición se basa en una mecánica de prueba y error; segundo, los costos sociales que ha generado la implementación de los libres mercados, afectando negativamente las imágenes de los mismos; en tercer término, la comparativa lentitud que exhiben los cambios de cultura del ciudadano, respecto a los cambios de instituciones políticas y económicas.
Otras dos barreras registradas son de origen histórico: por un lado, que al ser priorizada aquella percepción de la democracia que la entiende como un instrumento para alcanzar la prosperidad, las dificultades en acceder a esta última lleva a condicionar a la democracia globalmente. Esto es a lo que ha aludido el ya mencionado Morawski, para quien el electorado de esa parte de Europa comenzó a percibir, tras una primera fase de la transición en la cual sus exigencias socioeconómicas no eran satisfechas, que las nuevas instituciones políticas no merecían su confianza (09).
Por otro, y vinculado con lo anterior, puede decirse que en líneas generales esas sociedades carecen, entre sus "bienes intangibles", de las necesarias culturas política y económica que permitan comprender y apoyar en mayor medida la transición.
Finalmente, las últimas dos barreras se originan en las etapas posrevolucionarias: en similar sentido que la primera de las barreras históricas antes mencionadas, se destaca la falta de satisfacción en el corto plazo a las demandas planteadas al inicio de la transición, frustración que lleva a cuestionar a la transición en sí misma; vinculado con esto, la alta capacidad electoral para modificar los rumbos de la transición que tienen los sectores sociales menos beneficiados económicamente por la misma.
Mas allá de sus orígenes, estas 7 barreras estructurales parecen ser de un mismo tipo, el asincrónico, que alude a la imposibilidad de los gobiernos de realizar simultáneamente ciertos procesos, u obtener a la vez diversos objetivos. La experiencia de Europa Central-Oriental parece indicar que no fue posible lograr al mismo tiempo los objetivos de modernizar la economía implementando mercados libres, y de satisfacer las demandas de la ciudadanía de mayor bienestar y prosperidad; tampoco se pudo obtener simultáneamente la puesta en marcha de un sistema democrático, con un cambio de valores y hábitos de la ciudadanía.
Las herramientas teóricas proporcionadas por Jiri Vecernik (10) ayudan a entender la naturaleza de esas demandas sociales. En las mismas han tenido una fuerte incidencia los hábitos paternalistas de la población, puesto que durante el antiguo régimen las políticas sociales se proclamaban universales desde el momento en que el Estado velaba y cuidaba a todos los ciudadanos, pese a que tales instrumentos constituían en realidad una efectiva forma de control estatal a la población; en este sentido, lo que se proclamaba como "generosidad y solidaridad social universales" significó en realidad "empleo universal compulsivo y control del Estado".
Este autor indica que las exigencias ciudadanas se han concentrado primordialmente en dos de ellas: los límites y la compatibilidad entre políticas sociales y políticas económicas, y la cuestión de los ingresos.
Respecto a la compatibilización entre lo social y lo económico, los hechos del lapso 1989-1994 muestran que los gobiernos del Grupo de Visegrad no abordaron las demandas sociales, entendiendo a las mismas principalmente como prestaciones de salud y seguros de desempleo, desde lo que se conoce como perspectiva neoclásica liberal, es decir considerando a las mismas como desligadas de la economía.
Por el contrario, lo hicieron con una percepción presupuestaria, reorientando recursos a la producción para modernizarla, en forma directa (subsidios) o indirecta (rebajas impositivas) y manteniendo las redes sociales en la medida de lo posible, en un contexto de merma de los recursos disponibles, debido a la caída de la productividad de esas economías en condiciones de existencia de mercados libres. La razón del mantenimiento de esas redes sociales, en la medida de lo posible, obedeció al convencimiento de las nuevas dirigencias políticas que la asignación de recursos a los sectores más desprotegidos de la Sociedad tendría incidencia directa en el mantenimiento de la paz social, condición sine qua non para un progreso sostenido de las reformas económicas (11).
Cabe precisar los alcances del mencionado concepto de "redes sociales". El mismo fue inspirado por el Banco Mundial para englobar a diversas políticas gubernamentales orientadas a proteger a las personas expuestas al riesgo, transformación económica mediante, de caer en niveles de pobreza, atendiendo sus necesidades. Básicamente, las redes incluían subsidios en efectivo para mentener niveles de ingresos mínimos, programas de reconversión de mano de obra y servicios de promoción de empleo y cuidados de salud (12).
La clasificación de esas conductas gubernamentales como una suerte de "mix" entre posturas capitalistas liberales y estatales, lleva a plantear desacuerdos parciales con Stark, Morawski y Brokl. Específicamente respecto al primero, con sus apreciaciones en el sentido que se soslayó excesivamente el rol económico del Estado, producto de dos causas: por un lado, que un "Estado fuerte" podía ser percibido por la ciudadanía como una conducta totalitaria; por otra parte, que predominó una percepción según la cual la actividad económica del Estado es inversamente proporcional a la posibilidad de surgimiento y consolidación de una economía de mercado (13).
En cuanto a Morawski, el disenso se plantea con su aseveración de que los gobiernos que iniciaron la transición incurrieron en una total negación del rol económico del Estado en aras de una doctrina de "Estado mínimo", soslayando por otra parte la existencia de diferentes modelos de capitalismo. La ya mencionada implementación de un "mix" capitalista liberal-estatista explica nuestra divergencia con este autor polaco, aunque se acepta del mismo que los gobiernos de aquellas épocas priorizaron la creación de riqueza sobre su redistribución (14).
Finalmente, en lo atinente a Brokl, el desacuerdo se basa en la apreciación de este estudioso que las clases políticas no "pensaron hacia adelante" la democracia, intentando crear claros contenidos para su aplicación en esa parte del mundo, sino que la plantearon primordialmente como algo definido a partir de su oposición a todas las características del antiguo régimen (15).
Avalando nuestra percepción, el hecho que el mantenimiento de las redes sociales a cargo del Estado haya constituido uno de los principales postulados electorales en 1994, por parte de las fuerzas políticas calificadas como neocomunistas, indica que las mismas nunca fueron desmanteladas totalmente, aunque su nivel cualitativo sí registró importantes caídas.
Estas conductas gubernamentales permiten considerar, en líneas generales y sin reparar en algunas particularidades propias de cada caso, que en los cuatro países del Grupo de Visegrad se implementó un tipo de capitalismo que se situó entre una clásica visión liberal, en la cual el Estado se limita al mantenimiento de una red social mínima, y una percepción estatal que equilibra el funcionamiento de un mercado libre con prestaciones sociales universales.
En cuanto a los ingresos y la existencia de fuentes de trabajo, durante el antiguo régimen los primeros no solían guardan una relación directamente proporcional con la capacidad o el rendimiento del trabajador. Es decir que durante ese período el sistema de estratificación, entendiendo como tal al sistema de criterios y principios según el cual los individuos se asignan cargos en diversas jerarquías del sistema social, no reparaba en criterios meritocráticos, sino en considerandos igualitarios (igualdad de salarios) y autoritarios (interferencia de la ideología); las sociedades comunistas perdían, así, criterios de competencia (16).
Sin embargo, producto de tal falta de relación y pese al autoritarismo encubierto que implicaba esa situación, la política de ingresos alcanzaba a toda la población como consecuencia de la sobreocupación a la que se llegó. Comparativamente con este modelo, el que fuera implementado por los gobiernos poscomunistas generó involuntariamente, en los sectores numéricamente más amplios de la población, efectos negativos derivados de la implementación de políticas capitalistas con elementos liberales y estatistas.
Estas políticas poscomunistas tenían una diferencia fundamental, de raíz cultural, con aquellas que las precedieron durante el antiguo régimen: el trabajo dejaba de ser una obligación, para ser simplemente un derecho; el standard de vida del ciudadano dejaba de ser responsabilidad primaria del Estado, para competer al ciudadano mismo; en suma, la figura del "trabajador dependiente" era reemplazada por la de "ciudadano independiente" (17).
Es así que, en líneas generales, los procesos de privatización de empresas redundaron en caídas de los poderes adquisitivos y en novedosos cuadros de desocupación, es decir en cuadros de pobreza. Los datos de la realidad muestran que estas situaciones obedecieron a la interacción de algunos de los factores identificados por Vecernik al referirse al mercado laboral y la pobreza: para reducir sus déficits a través de la limitación de sus cargas sociales, tanto las empresas recientemente privatizadas como buena parte del aparato productivo remanente en manos del Estado disminuyeron su captación (o retención, en el caso estatal) de mano de obra; además, la liberación de precios condujo a la depreciación relativa de los salarios, los que también fueron afectados por el privilegio de los flamantes empresarios privados a criterios de eficiencia usuales en Occidente (18).
Con el cuadro de situación hasta aquí descripto, se evalúa que hacia 1994 los eventos electorales registrados en tres de los cuatro países del Grupo de Visegrad (con excepción de la República Checa) deben ser entendidos de acuerdo a lo que Ludovír Brokl considera la segunda y tercera fases de una "revolución clásica", es decir: un importante descenso del original entusiasmo masivo generado por el inicio de la transición, seguido por alguna forma de restauración del estado de cosas prerrevolucionario (19).
A nuestro juicio, esa restauración no implicó en modo alguno desconfianza hacia las instituciones políticas ni situaciones de vacío institucional, en el sentido en que se expresan los ya citados Morawski y Stark. Los alcances de la restauración parecen haberse concentrado en algunas responsabilidades paternalistas del Estado fuertemente acendradas en la cultura política del ciudadano. Nuevamente de acuerdo a los criterios de Brokl, seguiría vigente el sentido general de la transición, desde un totalitarismo de izquierda hacia una democracia política.
Sin embargo, la expresión del electorado indicaría una caída de la adhesión del mismo a uno de los contenidos específicos del modelo de democracia política; concretamente, al énfasis en el valor "libertad" sobre los valores "igualdad" y "seguridad". En sentido opuesto, la ciudadanía parece haberse manifestado en favor de mayores equilibrios entre libertad e igualdad, característica ésta que es propia de lo que Brokl denomina democracia social (20).
Llevado esto al plano de los tipos de capitalismo de Vecernik, a cambio del "mix" de capitalismos estatal y liberal con preeminencia de este último que se habría implementado en esos tres países del Grupo de Visegrad, el electorado ha propuesto el mismo "mix" aunque ahora con énfasis en los postulados del capitalismo estatal: un equilibrio entre el funcionamiento del mercado y la existencia de mecanismos de protección de las fuentes de trabajo y de garantía para la prestación de beneficios sociales (21).
En definitiva, como lo expresara ese mismo autor, la mencionada manifestación ciudadana constituye en realidad la prueba de la descomposición en Europa Central-Oriental de los modelos políticos "puros", dando lugar a nuevas doctrinas mixtas (22). Cabe aclarar que, por todo lo hasta aquí expuesto, el "mix" implementado hasta los eventos electorales analizados tampoco era puro, si bién el componente capitalista era comparativamente mayor que el estatal, como se expuso en el párrafo anterior.
Dos conclusiones se desprenden de lo antedicho, de acuerdo a las ideas esbozadas por Petr Mateju en diferentes trabajos y con distintos planos de análisis. La primera, en un plano coyuntural, sugiere que los cambios registrados en las esferas económica y social de esos países, a partir de la puesta en marcha de un capitalismo estatal y liberal con preeminencia de este último, fueron evaluados por la mayor parte del electorado desde el punto de vista de los "perdedores". Esta evaluación redundó en un clima social que, aunque no era totalmente opuesto a las reformas, sí expresaba la voluntad popular de modificar las mismas (23).
Dicho esto en palabras de Gabor Tóka, la privatización y la desregulación económica crearon fuertes resentimientos en una gran parte de la población, la que percibió que esas medidas favorecieron solamente a unos pocos. En consecuencia, tanto las reformas (en su sentido original) como sus principales promotores perdieron apoyo popular, pérdida ésta que se reflejó comicialmente.
El verdadero significado de esta pérdida, entonces, debe entenderse como la indicación de la ciudadanía de que se desaceleren, o modifiquen, las reformas en curso, ejecutando lo que Tóka ha llamado "políticas de segundo grado", más lentas en lo económico aunque con más énfasis en lo social (24).
La segunda conclusión que se desprende de las herramientas teóricas de Mateju avanza más allá de la situación coyuntural, alcanzando el plano estructural. En este sentido, quienes se autoasignaron el rol de "perdedores" tendieron a pensar que tal pérdida sería permanente, o sea un rasgo substancial del nuevo sistema económico, y no temporal o fenomenológico, es decir propio de una fase de transición.
A partir de eso se podría ratificar que, como producto de la cultura paternalista heredada del antiguo régimen, la población de los países de Europa Central-Oriental maneja subjetivamente un conjunto de percepciones específicas sobre la justicia distributiva. Comparativamente con Occidente, la incidencia que en la misma tienen los criterios meritocráticos es menor y, contrario sensu, su permeabilidad a críticas desde corrientes de pensamiento más propensas al igualitarismo (o sea al paternalismo) es mayor (25).
A nuestro criterio, existen diversos puntos de vista para abordar las diferencias existentes entre esos tres países, Hungría, Eslovaquia y Polonia por un lado, y la República Checa por otro. Estas diferencias se plasmaron en 1994 en una permanencia en el gobierno de Praga de las élites políticas que accedieron al mismo en los comienzos de la transición, con alto grado de adhesión de la ciudadanía.
Por un lado, se supone que en ese país se resolvió de manera favorable el dilema que plantean autores como Vecernik y Mateju, en torno a que la forma e intensidad del proceso de privatizaciones implica el surgimiento de nuevas clases sociales. De acuerdo a la lectura de Mateju al aludir a las "premisas macro" que afectan los cambios iniciados en Europa Central-Oriental, la interacción entre la novedosa desigualdad socioeconómica y el surgimiento de flamantes propietarios, esto último como producto de las privatizaciones y de la desregulación, no generó en ese país altos costos sociales.
Según este punto de vista, al extender sus beneficios a buena parte de la población debido al sistema de privatizaciones implementado, el proceso checo proporcionó adecuadas respuestas a los aspectos morales que involucra toda operación comercial de ese tipo. En tanto esos aspectos morales se vinculan a la salvaguarda de la justicia (26), se percibe a la misma como respetada en tanto los beneficios del proceso no se limitaron a unos pocos; es decir, no hubo tantos "perdedores", sino comparativamente muchos nuevos propietarios "ganadores".
El análisis evolutivo de la transición checa que ha realizado Jan Hartl corrobora esta impresión: mientras en una primera fase del proceso, hasta mediados de 1990, la mayoría de la ciudadanía consideraba que el aparato productivo debía permanecer en manos del Estado, en una segunda fase tal opinión cae al 27 % del electorado como consecuencia de la amplitud de beneficiarios que generaron las privatizaciones (27).
Por otra parte, en la República Checa la evidente confianza existente en las élites políticas que iniciaron la transición, según indica la información disponible, se vincularía con las tradiciones culturales y la experiencia histórica del país. En este caso, las tradiciones y experiencias con más de cinco décadas de antigüedad remiten inmediatamente a la existencia de mercados libres con eficiente funcionamiento. Así, los ciudadanos checos tendrían una menor "mentalidad igualitaria" (28) que sus homólogos del resto del Grupo de Visegrad, y consecuentemente una menor proclividad a la insatisfacción con la situación actual.
Al contrario que en otras oportunidades, en este caso sí asistimos a una coincidencia con Stark, quien adujo que en los procesos de transición euroorientales inciden en forma directa valores y relaciones sociales preexistentes y particulares a cada caso nacional. Es por esto que los procesos de Europa Central-Oriental en general, y en nuestro caso los del Grupo de Visegrad, no sólo difieren en cuestiones de grado sino también en calidad (29).
Dicho de otro modo, la existencia de una menor mentalidad igualitaria en la República Checa, como consecuencia de una fuerte tradición capitalista que su ciudadanía no ha perdido, marca un "gap" cualicuantitativo entre la experiencia de ese país y las de Hungría, Polonia y Eslovaquia.
La alusión de Tóka a la existencia de mentalidades igualitarias diferentes entre los países de Europa Central-Oriental, así como el empleo de esta herramienta teórica para concluir que en la República Checa tal mentalidad es menor que en las otras naciones del Grupo de Visegrad, también coincide con los análisis de Mateju y Wesolowski-Wnuk Lipinski sobre los nuevos sistemas meritocráticos que se implementaron en esa parte del mundo.
Al analizar los sistemas meritocráticos de estratificación social, Mateju vincula el éxito de las reformas económicas y sociales iniciadas en Europa Central-Oriental con las percepciones existentes en el electorado respecto a las mismas, relacionando a su vez tales percepciones con los hábitos y valores de la población. Desde este punto de vista puede entenderse que las desigualdades sociales generadas en la República Checa por el proceso de transición hayan sido aceptadas por la población: la herencia capitalista anterior a la II Guerra Mundial habría inculcado a la población checa criterios meritocráticos en los cuales la habilidad y el esfuerzo individual juegan un papel de preponderancia (30).
Finalmente, cabe señalar a Wesolowski-Wnuk Lipinski, quienes proveen apreciaciones que coinciden con las de Tóka respecto a la "mentalidad igualitaria", con la de Stark en cuanto a la incidencia de los valores y relaciones sociales preexistentes en la transición, y con la de Mateju que vincula el éxito de ese proceso con los hábitos y valores de la población. Al indicar que las situaciones de desigualdad social pueden ser aceptadas y entendidas como "justas" por toda la ciudadanía, si respetan principios aceptados por todos, puede suponerse que dos de los criterios identificados por esos autores para legitimar desigualdades pueden ser aplicadas al caso checo.
En primer lugar un "criterio igualitario" que apela al principio de igualdad de condiciones: el sistema implementado por el gobierno de Praga para privatizar el aparato productivo ha permitido que buena parte de la población se convierta en propietaria. En segundo término un "criterio cultural" por el cual algunas desigualdades son aceptadas al estar vinculadas con la tradición histórica y cultural del país: nuevamente, la alusión al sistema capitalista imperante en la República Checa hasta la imposición del régimen comunista (31).
3. EVALUACION DE LA SITUACION EN EUROPA CENTRAL-ORIENTAL A LA LUZ DE LA EVOLUCION DE LAS IDEAS POLITICAS EN OCCIDENTE
Desde el punto de vista de los cambios que se han registrado en los últimos tiempos en Occidente, en lo atinente al contenido de las ideas políticas, conviene iniciar el análisis de los sucesos de Europa Central-Oriental recordando que al inicio de las revoluciones de 1989 no existía en aquella parte del mundo un consenso absoluto en torno a las formas que debía adoptar el sistema económico.
En el marco de esta indefinición, las élites políticas que accedieron al poder en las naciones del grupo de Visegrad implementaron sistemas económicos de libre mercado, a efectos de lograr el objetivo (compartido por toda la ciudadanía) de mayor prosperidad y capacidad de consumo.
Por sus características más relevantes, incluyendo además de la implementación de mecanismos de mercado la desregulación y la reducción del aparato productivo del Estado, calificamos a este sistema como liberal. Sin embargo, no lo visualizamos como una visión extremista del mismo debido a la evidente intención de los gobiernos de mantener las redes sociales preexistentes en la medida de sus posibilidades.
No obstante, esos modelos liberales habrían estado, en términos comparativos, más cercanos a las posturas ortodoxas de esa ideología que a sus más recientes versiones moderadas. Estas últimas apuntan a una suerte de equilibrio entre eficiencia económica e igualdad social; por el contrario, los gobiernos del Grupo de Visegrad optaron entre ambos objetivos imposibles de ser logrados simultáneamente, por la generación de riqueza antes que la distribución de la misma.
Este proceso tuvo lugar en un contexto signado por la marcada influencia que tenían en la ciudadanía elementos culturales oriundos del viejo régimen prerrevolucionario. Nos estamos refiriendo a aquellos hábitos paternalistas arraigados en la población como producto de más de medio siglo de vigencia de un Estado que velaba y cuidaba a todos los ciudadanos.
Teniendo en cuenta la diferente dinámica que registraron la implementación de modelos económicos liberales por un lado, así como la modificación de las pautas culturales de la ciudadanía por otro, los costos sociales que generó la primera redundó en una modificación de las preferencias electorales del grueso de la Sociedad.
En este sentido podemos decir que, en el marco de la evolución reciente de las ideas políticas en Occidente, los comicios registrados en 1994 en Hungría, Polonia y Eslovaquia pueden ser concebidos principalmente de tres maneras. En primer lugar, reflejan la intención de la ciudadanía de asistir a una modificación de las orientaciones ideológicas que marcan la evolución de los procesos iniciados en 1989.
Tal modificación apunta a una revalorización de los aspectos sociales y en tal sentido, lejos de significar una suerte de "neocomunismo", como lo han calificado diversos medios de comunicación de todo el mundo, se inscribe en la búsqueda del equilibrio entre eficiencia económica y equidad social en la cual coincide el socialismo moderno y el liberalismo moderado más reciente.
En cierto sentido, esta expresión ciudadana por modificar el rumbo de los acontecimientos hacia opciones más moderadas era previsible, teniendo en cuenta la estructura social de estos países y el efecto particular que las reformas causaron en sus principales sectores. En los países del Grupo de Visegrad, así como en el resto de Europa Central-Oriental, el campesinado oscila en torno a un tercio del total de la población; y el mismo ha sido perjudicado por los cambios económicos, debido a la caída o suspensión de los subsidios gubernamentales.
De igual modo, el otro grupo de importancia del electorado es el que está conformado por obreros y ex-obreros estatales, amenazado por el fenómeno (novedoso para ellos) de la desocupación. Como ha dicho Gemerek, "el obrero se siente amenazado por la transformación y se convierte en un factor conservador opuesto a las reformas, temeroso de las reformas" (32).
Desde una percepción axial de la política, los votos húngaros, polacos y eslovacos muestran una reorientación hacia la izquierda, desde posturas de derecha hacia posiciones de centro donde confluyen las ideologías socialista y liberal.
La segunda manera de comprender las elecciones que tuvieron lugar en esas tres naciones durante 1994 es a partir de su contenido conservador. Los electores, imbuidos de una cultura política que hereda del antiguo régimen el rol paternalista del Estado, han emitido un voto conservador en tanto el mismo refleja la voluntad de recuperación de los beneficios de un Estado benefactor.
Finalmente, en la opinión de Alain Badiou, los eventos a los que nos hemos referido constituyen en los países analizados una suerte de "segunda revolución", en el marco de un mismo régimen político. Es decir que en un contexto democrático el carácter revolucionario que tuvieron las elecciones está dado por la búsqueda de alternativas que permitan superar los efectos negativos del libre mercado y ampliar el carácter inclusivo del sistema (33).
Las diferencias que se registran entre el caso checo y los tres restantes hasta aquí descriptos parecen obedecer a la interacción de dos factores: el primero, los diferentes resultados sociales que produjo el sistema económico de libre mercado implementado por el gobierno de Praga; el segundo, una diferente cultura política en relación a los demás socios del Grupo de Visegrad. La participación masiva de la ciudadanía en el proceso de privatizaciones, unido al éxito gubernamental en mantener altos estándares de ocupación, ha minimizado los efectos sociales negativos, evidenciándose que la ecuación libertad/equidad existente es aceptable para la población.
Por otra parte, la vigencia de una cultura política donde continua teniendo fuerte incidencia la experiencia histórica anterior a la implementación del régimen comunista, de funcionamiento exitoso y eficiente de un sistema de libre mercado, marca la existencia de hábitos de paternalismo estatal comparativamente menores. En el fortalecimiento de estas pautas culturales habría tenido una alta incidencia la labor del mandatario Vaclav Havel, cuya popularidad y antecedentes intelectuales resaltan frente a iguales cualidades de sus homólogos polaco, eslovaco y húngaro.
Comparativamente, entonces, las diferencias entre la República Checa y las otras naciones del Grupo de Visegrad queda planteada de la siguiente manera: en estos tres últimos casos se registra la voluntad de la ciudadanía de reorientar los rumbos de las reformas económicas, desde una lectura liberal cercana a la ortodoxia de esa ideología (predominio de la eficiencia sobre la equidad) hacia otra más moderada, característica tanto del socialismo moderno como de las nuevas ópticas del liberalismo; tal reorientación tiene un sentido axial de derecha a izquierda, es conservador y revolucionario.
Por contraste en el caso checo no se registra voluntad de reorientación del actual modelo liberal cercano a la ortodoxia, desde un punto de vista axial el mismo sigue siendo asimilable al pensamiento de derecha y no hay elementos revolucionarios ni conservadores; sólo podríamos hablar de conservadurismo si remitiéramos los valores a preservar al período precomunista, tal cual lo hace Havel.
Finalmente, cabe destacar dos elementos de la situación de estos cuatro países que pueden ser comprendidos a la luz de las ideas políticas en Occidente, referidos a Polonia y Eslovaquia respectivamente. Teniendo en cuenta que en Europa Occidental los movimientos independientes y los partidos de ideología socialista se disputan las preferencias de aquellos sectores sociales que impulsan un mayor respeto de las élites políticas a las intenciones de sus bases, en Polonia esta compulsa parece haberse resuelto en favor del socialismo, capitalizando lo que Adam Michnik considera el extremo personalismo y la intransigencia de Lech Walesa (34).
Respecto a Eslovaquia, el respaldo ciudadano a las actitudes xenófobas y autoritarias de Vladimir Meciar en un pais con una cultura democrática comparativamente menor que la de sus vecinos, corrobora que las capacidades de "integración de la pluralidad" son directamente proporcionales a la mencionada cultura democrática. También permite comprobar que, según estableciera Jaruzelski, en casos de este tipo en que los anteriores períodos de independencia fueron extremadamente cortos o directamente inexistentes, el flamante ejercicio de la soberanía eclipsa la obtención de libertad y democracia; inversamente a esta subestimación, la exaltación de la soberanía lleva a actitudes xenófobas y chauvinistas (35).
4. CONCLUSIONES GENERALES. ENUNCIADO DE LA TESIS FINAL.
Desarrollado en forma total y completa, el proceso de investigación esbozado en el Capítulo I del presente trabajo ha permitido, a través de tres fases de análisis consecutivas y concatenadas, satisfacer el objetivo de comprender los procesos electorales de Europa Central-Oriental en 1994. Específicamente en la tercera fase de análisis, de naturaleza explicativa, se pudo confirmar que los acontecimientos registrados en el lugar y momento referidos son perfectamente explicables y comprensibles a la luz de la evolución reciente de las ideas políticas en Occidente.
Tal confirmación corrobora la validez del supuesto básico que movió al inicio de este trabajo, postulado en la Introducción del mismo, así como de la hipótesis principal de investigación planteada en el contexto del marco metodológico, en los siguientes términos: "Los acontecimientos electorales registrados en Europa Central-Oriental en 1994, que han sido evaluados como algún tipo de retorno al antiguo régimen, constituyen en realidad el reflejo de una reorientación ideológica que coincide con los contenidos del actual debate de las ideas políticas en Occidente".
La validez de la hipótesis principal de investigación transforma a la misma en tesis, quedando planteada en los siguientes términos:
LOS ACONTECIMIENTOS ELECTORALES REGISTRADOS EN EUROPA CENTRAL-ORIENTAL EN 1994 REFLEJAN UNA REORIENTACION IDEOLOGICA QUE COINCIDE CON LOS CONTENIDOS DEL ACTUAL DEBATE DE LAS IDEAS POLITICAS EN OCCIDENTE
NOTAS Y ACLARACIONES
(01): BARTOLOME, Mariano: "Tres foros de discusión", Debate Nº 17, Buenos Aires marzo de 1993, pag. 46-47
(02): CACCIARI, Massimo: "La decadencia es un ejercicio de inteligencia", entrevista en El País 2 de julio de 1994, suplemento Babelia pp. 2-3
(03): GOR, Yehezk: "Rediseño del gobierno" (abstract del libro del mismo autor La capacidad de gobernar, Club de Roma, Círculo de Lectores, Bogotá 1994), El Espectador 10 de julio de 1994, suplemento Lecturas Dominicales, pp. 8-10
(04): MORAWSKI, Witold: Incertidumbre en el camino hacia el mercado y la democracia, Master en Sociología del Este de Europa, módulo II
(05): STARK, David: Analizando los cambios sociales en Europa del Este, Master en Sociología del Este de Europa, módulo II
(06): BROKL, Ludovír: Transformación política, nuevo sistema político y nueva cultura política, Master en Sociología del Este de Europa, módulo II
(07): Ibidem
(08): SZTOMPKA, Piotr: La variedad de acercamientos a la investigación, Master en Sociología del Este de Europa, módulo II
(09): MORAWSKI, op.cit.
(10): VECERNIK, Jiri: Privatización, mercado laboral, patrones de comportamiento y nuevo modelo de seguridad social, Master en Sociología del Este de Europa, módulo II; VECERNIK, Jiri: Buscando un nuevo modelo de política social, Master en Sociología del Este de Europa, módulo VII
(11): VECERNIK, Jiri: Buscando..., op.cit.
(12): VECERNIK, Jiri: Buscando..., op.cit.
(13): STARK, op.cit.
(14): MORAWSKI, op.cit.
(15): BROKL, Ludovír: Antinomias de nuestras políticas entre noviembre de 1989 y la democracia, Master en Sociología del Este de Europa, módulo V
(16): MATEJU, Petr: Desarrollo de la desigualdad, cambios en la estructura social y transformación del sistema de estratificación social, Master en Sociología del Este de Europa, módulo II; MATEJU, Petr: Creencias sobre la desigualdad, Master en Sociología del Este de Europa, módulo IX
Cabe destacar que un orden meritocrático descansa en dos principios: el de igualdad de oportunidades en la distribución del individuo en las posiciones ocupacionales, y el de logro en la distribución de gratificaciones (competencia, esfuerzo, responsabilidad).
En MATEJU, Petr: Creencias..., op.cit.
(17): VECERNIK, Jiri: Buscando..., op.cit.
(18): VECERNIK, Jiri: Privatización..., op.cit.
(19): BROKL, Ludovír: Transformación política..., op.cit.
(20): Ibidem
(21): VECERNIK, Jiri: Privatización..., op.cit.
(22): VECERNIK, Jiri: Buscando..., op.cit.
(23): MATEJU, Petr: Desarrollo..., op.cit.
(24): TOKA, Gabor: ¿Quién está satisfecho con la democracia?, Master en Sociología del Este de Europa, módulo III
(25): MATEJU, Petr: Creencias...", op.cit.
(26): VECERNIK, Jiri: Privatización..., op.cit.
(27): HARTL, Jan: Actitudes políticas y de comportamiento. El caso de la antigua Checoslovaquia, Master en Sociología del Este de Europa, módulo V
(28): TOKA, op.cit.
(29): STARK, op.cit.
(30): MATEJU, Petr: ¿En camino a los sistemas meritocráticos de estratificación social?, Master en Sociología del Este de Europa, módulo IV
(31): WESOLOWSKI & WNUK LIPINSKI: La transformación del orden social y la legitimación de las desigualdades, Master en Sociología del Este de Europa, módulo IV
(32): GEMEREK, Bronislaw: "Peligros y esperanzas", El País 28 de mayo de 1992, suplemento Temas de Nuestra Epoca Nº 236, p. 6
(33): BADIOU, Alain: "¿Se puede ser revolucionario en 1994?", entrevista en Clarín 30 de octubre de 1994, pp. 20-21
(34): SANTA CRUZ, Angel: "El último desafío de Walesa", El País 12 de febrero de 1995, p. 8
(35): JARUZELSKI, Wojciech: "El precio de la soberanía", El País 9 de mayo de 1994, pp. 15-16