"Conflictos Intraestatales de Raiz Etnica: Factores de Incidencia, Gobernabilidad y Opciones Posibles"
(*)
Mariano César Bartolomé
(**)
Buenos Aires, julio de 2000
Introducción
Hace una década, mientras el mundo académico y político internacional debatía intensamente la viabilidad y las verdaderas intenciones del Nuevo Orden Mundial de Bush, comenzaron a proliferar violentos conflictos internos en diversas partes del planeta. No siempre se ubicaban geográficamente alejados de los principales centros del poder mundial, en Asia o África, sino que llegaban inclusive al territorio europeo, como se observó en Yugoslavia a partir de 1991-1992. En esos momentos se cerró la etapa optimista, idealista, wilsoniana de la post Guerra Fría, cuando se esperaba una fuerte caída de los niveles de violencia; se iniciaba una segunda post Guerra Fría, o post-post Guerra Fría (01), caracterizada por la multiplicación de conflictos intraestatales.
Desde nuestra perspectiva, ni el público en general, ni la mayoría de los "think tanks" orientados a las cuestiones internacionales, mostraron en ese momento la capacidad de explicar las causas de esos casos. La incapacidad de explicar la naturaleza y significado de los conflictos intraestatales fomentó el surgimiento de una lectura simplificada, una suerte de mantra repetido hasta el cansancio, que ya en otros trabajos, hemos denominado determinismo polemológico: "la visión según la cual la mayoría de los conflictos intraestatales son simplemente el reflejo de enfrentamientos de naturaleza cultural entre dos o más partes ubicadas en el ámbito geográfico de un mismo Estado" (02).
La primera pregunta que surge apunta a las razones que sustentaron la aparición de esa perspectiva, y las respuestas podrían ser agrupadas en dos grandes categorías. La primera, conspirativa, sugiere que la lectura simplificada de los conflictos intraestatales obedeció a una clara intención de determinados actores. Por ejemplo Alain Joxe acusa a las élites políticas e intelectuales de los países centrales de ejercer una "banalización culturalista": explicar los conflictos intraestatales a través de factores culturales, sin asignar relevancia al subdesarrollo económico y social, para evitar que se asignen cuotas de responsabilidad a los Estados de mayor desarrollo (03).
En diferente sentido, una segunda explicación para la aparición y difusión de esas lecturas simplificadas remarca la influencia de factores involuntarios, que generaron una distorsión durante el proceso cotidiano de aprendizaje sobre los conflictos intraestatales. Porque lo que hoy se observa con claridad es que el aprendizaje comenzó recién en esos momentos. De acuerdo a Gurr, el campo de investigación de los conflictos intraestatales de raíz étnica sólo comenzó a adquirir importancia a mediados de los años 90`s (04).
Ubicando este trabajo en el marco de esta perspectiva, que destaca una distorsión del proceso de aprendizaje sobre los conflictos intraestatales, desde nuestra perspectiva existen dos factores que tuvieron un impacto directo en esa situación: la escasez de información adecuada sobre los conflictos intraestatales existentes, y su tratamiento mediante herramientas teóricas usadas de manera poco rigurosa.
Las Herramientas Teóricas
Cuando hablamos de las herramientas teóricas, hacemos especial referencia a términos y conceptos que fueron usados de forma prácticamente indiscriminada, sin que sus usuarios hayan definido previamente sus alcances. Como dijo un conocido investigador (05):
"The rapidly growing number of books on subjects such as nationalism and ethnicity is, unfortunately, not matched by conceptual clarity and certainly by no consensus among the central analysts or even a convergence of views".
Lógicamente, esta confusión de algunos investigadores -que, por cierto, no la asumían- se extendió a los consumidores de sus informes y opiniones. De vital importancia fue continuar denominando Estados-Naciones a unidades políticas que sólo eran Estados, porque sus límites no coexisten territorialmente con una Nación, ni desarrollaron de manera eficiente un "sentimiento nacional".
En este sentido los trabajos del británico Anthony Smith (06), seguramente uno de los mayores especialistas en este campo, permiten establecer claramente los límites del concepto Estado y sus diferencias con otros dos conceptos, menos claros: comunidad étnica y Nación. Básicamente, una comunidad étnica es una población que comparte mitos, memorias y elementos culturales, que tiene vinculación con un territorio histórico, y que tiene un sentido de solidaridad. Una nación está integrada por individuos que comparten no sólo mitos y memorias, sino también una cultura masiva -no sólo elementos culturales-, un territorio histórico, una economía territorial diferenciada y derechos y deberes comunes a todos sus miembros (07).
También tuvo efectos negativos la falta de discriminación en los objetivos que perseguían uno o más grupos étnicos involucrados en un conflicto intraestatal. Así, unas pocas opiniones sugirieron que el enfrentamiento de muchos grupos étnicos no era el medio para lograr un objetivo, sino un fin en sí mismo; de ahí había un pequeño paso a considerar a una cultura como conflictiva en su misma esencia. Los integrantes de esa cultura padecían, de esta manera, una calificación subjetiva similar al efecto que el intelectual Ivan Djuric denominó "Síndrome Serbo-Positivo", en pleno apogeo del conflicto balcánico (08).
Posiblemente, la falta de discriminación en los objetivos de los grupos étnicos involucrados en un conflicto intraestatal fue la principal razón de la difusión del worst case scenario: el secesionismo o, en palabras de Saideman, la "Caja de Pandora" (09). Un diagnóstico de la situación global efectuado por el senador Daniel Patrick Moynihan ante el periódico New York Times se inscribe en esta óptica: en el próximo medio siglo podría asistirse a la aparición de unos 50 nuevos Estados-Naciones, la mayoría de ellos como producto de graves colapsos estatales con empleo de la violencia (10).
Aún cuando la dinámica de las relaciones internacionales actuales no permite negar absolutamente ninguna posibilidad, los datos disponibles en el momento en que Moynihan escribió su Op-Ed no respaldaban su conclusión: los secesionismos no se habían manifestado más allá de los límites de Yugoslavia, Checoslovaquia y la ex Unión Soviética (11).
En diferente sentido, se logra una mayor comprensión del universo de conflictos intraestatales a través de la propuesta de Gurr, de clasificación de las reafirmaciones étnicas: contiendas por el poder, reivindicación de derechos indígenas y etnonacionalismo (12).En las contiendas por el poder la existencia del Estado está fuera de discusión, y la lucha entre comunidades étnicas o naciones -o grupos específicos dentro de las mismas- es por el acceso y control de los recursos estatales; conocidos ejemplos de esta categoría serían los casos de Afghanistán y Angola luego de que las superpotencias dejaran de apoyar a alguno de los actores locales, en función del enfrentamiento Este-Oeste. La reivindicación de derechos indígenas está protagonizada por miembros de comunidades étnicas o naciones por obtener del Estado los medios para proteger sus territorios, recursos y cultura de la influencia externa; la exigencia de un status especial de autonomía es una de las formas más comunes de satisfacción a esta demanda. Finalmente, el etnonacionalismo, o simplemente nacionalismo, expresa la voluntad de una comunidad étnica o nación de obtener su independencia
y constituir un Estado-Nación a expensas de uno o más Estados preexistentes.En sus versiones modernas, el nacionalismo en tanto movimiento ideológico reconoce al menos cuatro claras influencias: el principio de autodeterminación de las comunidades difundido por el Iluminismo en el siglo XVIII; el contenido dado por los protagonistas de la Revolución Francesa de 1789 al concepto nación ("la Nation"), como una entidad que alcanzaba e intregaba a todos los franceses, más allá de cualquier tipo de distinción; la poderosa idea alemana del Volk, cuyo significado excede a la mera traducción literal de "pueblo" para referirse a un sentimiento de unidad basado en una historia y una tradición comunes; finalmente, las tesis elaboradas por el italiano Giuseppe Mazzini a principios del siglo XIX según las cuales cada miembro de una nación le debe a la misma lealtad y obediencia, cada nación precisa ser independiente y soberana sobre su territorio histórico, y la conformación de una familia de naciones autodeterminadas es indudablemente el modelo ideal de división política del mundo.
Bajo la influencia de estos elementos, lo que se conoce como ideología nacionalista postula que la Humanidad está naturalmente dividida en naciones, cada una de las cuales tiene características particulares. Agrega que a partir de este hecho incontrastable, cada individuo sólo podrá lograr plena libertad y autodeterminación a través de su nación; por esta causa, no hay poder político que tenga mayor fuerza que la nación, porque ésta representa a la colectividad en su conjunto. Llevando esto al plano internacional, según la ideología nacionalista una nación únicamente puede plasmarse y desarrollarse totalmente en su propio Estado, cuya legitimidad se sustenta en ser al mismo tiempo Estado-Nación. Cerrando el esquema, la primera condición para la libertad y paz globales es la constitución y el reconocimiento de los Estados-Naciones.
Un tercer efecto negativo del empleo de términos y conceptos en forma genérica, sin una aclaración de sus alcances, fue que no se destacaron las diferencias que existían entre los grupos étnicos involucrados en un conflicto intraestatal, respecto a la solidez de sus demandas. Este error comenzó a corregirse en etapas posteriores de investigación, cuando comenzó a cobrar importancia la diferencia entre dos teorías opuestas, el "constructivismo" y el "primordialismo" (13).
En los términos de la perspectiva constructivista, la identidad étnica no es inevitable, sino pragmática, voluntaria y, en consecuencia, artificial. En relación con este enfoque teórico, el "instrumentalismo" aseguró que todo tipo de manifestación y movilización de raíz étnica es el resultado de una manipulación de los individuos por parte de elites políticas o líderes carismáticos, para obtener objetivos políticos concretos. En oposición a esta lectura el primordialismo (o "esencialismo"), uno de cuyos principales referentes es Anthony Smith, reivindicó la multiplicidad de factores que inciden en las identidades étnicas colectivas, así como la memoria histórica que las sustentan (por lo general con una fuerte carga épica), normalmente de siglos de duración.
Desde el primordialismo, en el conflicto balcánico se observaba que las identidades étnicas de croatas y serbios se remontaban unos diez siglos hacia el pasado, para remitirse a la Edad Media; en la crisis de Ruanda, los enfrentamientos entre los hutus y los tutsis data del siglo XVI; en el caso de Chechenia sus habitantes ya se habían proclamado independientes en épocas de la guerra civil rusa (1917-1920); en relación al conflicto entre Armenia y Azerbaidján por el énclave Nagorno-Karabakh ("Artsaj"), aunque fue en 1923 cuando Stalin ubicó a este énclave bajo control administrativo azerí, sus credenciales armenias (base del actual conflicto) se remontan al siglo VI d.C.
Aún reconociendo el valor del constructivismo y el instrumentalismo, y su utilidad para comprender reafirmaciones de identidad de tipo étnico -y para evaluar conflictos intraestatales-, nuestra lectura de la situación global nos indica que son limitados los casos donde pueden aplicarse esos enfoques. Esto significaría una desventaja respecto al primordialismo que, creemos, permite comprender una mayor cantidad de conflictos. Más adelante volveremos sobre este punto.
El rol del periodismo
El periodismo, con su cobertura de numerosos conflictos intraestatales en todos los rincones del orbe, jugó un rol clave en el proceso de aprendizaje de esos eventos. Creemos que la forma que adoptó esa cobertura no contribuyó a una mejor comprensión de los conflictos intraestatales. Una de las razones fue que no todos los conflictos merecieron la atención del periodismo y, aquellos que captaron esa atención, no generaron coberturas de similar calidad y duración. El resultado de esta conducta fue que, frente a dos conflictos intraestatales simultáneos e igualmente graves, el mundo recibió más información de aquel donde las principales agencias periodísticas estuvieron presentes (14). Una comparación entre la guerra de los Balcanes y los conflictos en el Cáucaso, o entre las catástrofes humanitarias en Somalía y Sudán, confirma esta apreciación.
En relación a la calidad de las coberturas periodísticas, también ocurrió un fenómeno relacionado, en el campo de la comunicación social, con conceptos tales como "imagología" o "Homo Videns". Básicamente la imagología es, en la visión del intelectual Milan Kundera, el predominio de la imagen, de la estética, sobre los contenidos (15). En un sentido similar, Giovanni Sartori alertó sobre la aparición y difusión global del Homo Videns, un nuevo tipo de individuo acostumbrado a interactuar en un mundo de imágenes, que aumenta su capacidad para ver pero -en sentido contrario- atrofia su capacidad de abstracción y, consecuentemente, sus chances de entender.
En otros términos, en el mundo del Homo Videns la palabra (mundo intelligibilis) se subordina a la imagen (mundo sensibilis). Para este individuo la realidad concreta, las cosas verdaderas, no es explicada a través de las ideas. Por el contrario, en su contexto las ideas explican y justifican imágenes fraccionadas y segmentadas de una realidad mucho más compleja. Inclusive, la imagen puede prescindir de las ideas que la expliquen; la imagen es en sí misma, más allá de lenguajes (16).
Hay una clara relación entre la "imagología" o el "Homo Videns" y la calidad de la cobertura periodística de los conflictos intraestatales. En la mayor parte de los casos la prensa se encontró incapacitada para analizar en términos explicativos la mayoría de los conflictos intraestatales. Una causa fue el carácter relativamente novedoso de los factores que incidían en muchos de esos eventos; el corresponsal internacional, educado y entrenado en el mapa estático de la Guerra Fría, debió enfrentarse a situaciones que no tenían una explicación a través de la cartografía política tradicional. En palabras de Kaplan (17):
"Traveling with Eritrean guerrillas in what, according to the map, was northern Ethiopia, traveling in "northern Iraq" with Kurdish guerrillas, and staying in a hotel in the Caucasus controlled by a local mafia -to say nothing of my experiences in West Africa- led me to develop a healthy skepticism toward maps, which, I began to realize, create a conceptual barrier that prevents us from comprehending the political crack-up just beginning to occur worldwide."
Chiapas, Abjasia, Sarajevo, Azerbaidján, hutus y tutsis, uzbekos y tadjikos y cientos de otros términos fueron incorporados, en una década, al vocabulario de las relaciones internacionales. Por esta causa se sugirió que el periodismo, antes que un Nuevo Orden Mundial, precisaba un Nuevo Orden de la Palabra (18).
A esa incapacidad se sumó el escaso tiempo -casi sin aviso previo- que tenía el periodista para cubrir un conflicto, generalmente viajando miles de kilómetros desde su base de operaciones. Esta urgencia, que jugó contra su preparación para desarrollar esa tarea, contribuyó a que el periodista cediera el lugar central de la cobertura a la imagen, ahora transmitida en tiempo real gracias a los avances tecnológicos, llegando a transformarse en un mero narrador de lo que captaban sus propias cámaras, en lugar de ser su intérprete (19).
En síntesis, la cobertura periodística de numerosos conflictos intraestatales en todo el mundo tuvo una fuerte incidencia en el proceso de aprendizaje de esos conflictos, facilitando una negativa generalización. El producto de esa generalización fue la asignación, a la mayoría de los conflictos, características que se observan sólo en unos pocos.
Esta situación generó un riesgo adicional. Al aplicar esa generalización a dos o más conflictos intraestatales ubicados en el interior de Estados vecinos, o en un área geográfica limitada -por ejemplo, África al sur del Sahara- aumentó el riesgo de aplicar de manera incorrecta la llamada "Teoría del Dominó". Esta herramienta teórica indica que un conflicto surge en un foco o epicentro y se expande de un Estado contiguo a otro, en una secuencia contagiosa. Así, el conflicto de Burundi se reduce a una simple expansión del conflicto en Ruanda, o la rebelión del Ejército Zapatista en Chiapas sería una suerte de exportación de las actividades de la Unión Revolucionaria Nacional de Guatemala. La evidencia empírica mostró las limitaciones de esta teoría para explicar los conflictos intraestatales de la post Guerra Fría: tomando como parámetro el año 1993 de un total de 119 casos de conflictos intraestatales sólo 30 incluían actividad transfronteriza, por lo general sólo limitada a la búsqueda de refugios (20).
Por supuesto, la "Teoría del Dominó" tampoco puede ser aplicada de manera automática a los secesionismos, basándose en los casos de la Unión Soviética o Yugoslavia. Este es un punto débil del diagnóstico -que ya describimos- de Moynihan sobre la evolución del sistema internacional. Saideman indica que cuando ocurre una separación estatal, siempre hay "lecciones" -es decir, información- para otros movimientos etnonacionalistas; y son esas lecciones las que impulsan o frenan las imitaciones. En algunos casos la lección muestra que un separatismo puede tener éxito pagando un bajo precio, como se observó en la Unión Soviética y sobre todo en Checoslovaquia. Pero la lección de Yugoslavia es radicalmente diferente: un separatismo puede tener un enorme costo en vidas y recursos materiales, que tal vez otros movimientos etnonacionalistas no desean pagar (21).
Un enfoque alternativo: gobernabilidad, factores directos y factores indirectos
El punto de partida para proponer una alternativa a las lecturas simplificadas sobre los conflictos intraestatales, producidas por una distorsión del proceso de aprendizaje, consiste a remarcar que el aumento cuantitativo de esos conflictos está caracterizado, en un plano cualitativo, por una alta especificidad de cada caso. Por esa razón, si el objetivo es lograr algún tipo de evaluación sólida de los conflictos intraestatales, es necesaria la aplicación de modelos metodológicos más complejos.
En el plano metodológico, nuestro enfoque sobre los conflictos intraestatales está basado en una serie de enunciados. El primer enunciado señala que la aparición, la vigencia en el tiempo o el agravamiento de todo conflicto intraestatal refleja una reducción de los niveles de gobernabilidad del Estado donde ocurre el caso. Entendemos aquí por gobernabilidad la capacidad de un gobierno de contar simultáneamente con legitimidad y eficacia, condiciones esenciales para garantizar su existencia. En última instancia, la existencia misma de un gobierno se plasma en su posibilidad de ejercer en forma continuada el poder político legítimo mediante la obediencia cívica del pueblo; contrariamente, en condiciones de ingobernabilidad, no hay forma de ejercer el poder político ni de controlar los acontecimientos (22).
Un segundo enunciado dice que esa pérdida estatal de poder puede obedecer a diversos factores, que nosotros denominaremos factores directos. El tercer y último enunciado indica que esos factores directos están influidos por tres factores indirectos, que influyen todos los aspectos del actual sistema internacional: el fin de la Guerra Fría, la globalización económica y la globalización de las comunicaciones; cuarto, que en la evolución de un conflicto intraestatal juegan un rol clave la cultura política y las percepciones de sus protagonistas.
Con ese enfoque, en este trabajo analizaremos a los conflictos intraestatales describiremos, en una primera instancia, la dinámica entre factores indirectos, factores directos y el nivel de gobernabilidad. Luego veremos las diferentes opciones posibles que tiene un conflicto intraestatal, en función de la cultura política y las percepciones.
Factor Indirecto Nº 1: el fin de la Guerra Fría
Primer Factor Directo (FD1): Falta de control externo a conflictos intraestatales.
La mayoría de los conflictos intraestatales que se registran en la arena internacional tiene relación directa con de la desaparición de la bipolaridad, una etapa en que los conflictos de ese tipo existieron en gran cantidad y en todos los continentes, aunque los mismos se ajustaban al juego global entre EE.UU. y la URSS. La conducta de las dos superpotencias aparentaba ser contradictoria, aunque era profundamente cínica en su esencia: como señaló Aron, la disuasión nuclear le otorgó a Washington y Moscú una suerte de tranquilidad estratégica que les permitió fomentar (sin protagonizar de manera directa) la violencia en niveles convencionales y en regiones periféricas a su hipotético teatro de enfrentamiento directo, descentralizándola.
Ese fomento podía adoptar dos formas básicas. La primera forma se iniciaba con la identificación del Estado alineado tras la superpotencia opuesta y, como segundo paso, la virtual creación de un conflicto entre ese Estado y otro actor (estatal o no), que hasta ese momento era inexistente o tenía una conducta pasiva; este actor era apoyado con armas, recursos logísticos, dinero y un discurso ideológico. Muchos movimientos insurgentes en África y América Latina están incluidos en esta categoría.
La segunda forma de fomento de las superpotencias a los conflictos periféricos, consistía en "tomar posición", por iniciativa propia, en un conflicto previo entre actores estatales y/o no estatales, cuyas raíces no estaban relacionadas con la lucha ideológica de la Guerra Fría. Aceptando el punto de vista de Rufin, dentro de esta categoría deben incluirse a aquellos conflictos donde las partes buscaron racionalmente el apoyo de una superpotencia, y usaron a la Guerra Fría como una justificación para lograr sus propios objetivos (23).
Pero todos los conflictos periféricos que nacían o se desarrollaban gracias a una u otra forma de fomento desde EE.UU. o la Unión Soviética, tenían tres características comunes: primero, ninguno era "neutro" en el juego estratégico global, todos afectaban intereses de las superpotencias; segundo, eran esos intereses, más que cualquier otro motivo, los que determinaban cuál protagonista del conflicto tenía "la verdad"; tercero, esos conflictos terminaban en una situación de equilibrio, porque sus riesgos de escalada obligaban a las superpotencias a regularlos y limitarlos (24). Desde la perspectiva de este doble juego, practicado por casi medio siglo, tiene su real significado la histórica frase de Aron "la paz es imposible, la guerra es improbable".
Entonces, el primer efecto de la post Guerra Fría en los conflictos internos es claro: por lo general, los mismos pueden expresarse ahora en su verdadera magnitud. Para algunos, esta expresión es la continuación natural del proceso de descolonización iniciado luego de la Segunda Guerra Mundial, que había sido suspendido por el juego bipolar (25).
Fuera de unas pocas regiones sensibles (por ejemplo el Medio Oriente), la mayoría de esos conflictos no afectan intereses estratégicos de los grandes poderes. Y si no existen intereses estratégicos en riesgo, no siempre existe interés "real" (es decir, un interés independiente del efecto CNN) en limitar y controlar un conflicto periférico.
Segundo Factor Directo (FD2): Falta de apoyo externo a Estados ineficientes.
Pero creemos que la post Guerra Fría no sólo facilita el desarrollo de los conflictos, también los fomenta de manera indirecta, por lo menos de dos maneras específicas. La primera de esas formas es quitándole apoyo político y económico a muchos Estados que, en función de esa colaboración, durante décadas no desarrollaron una élite política eficiente, instituciones públicas sólidas ni una estructura económica capaz de satisfacer por sí sola las demandas de la población; en este sentido, la culminación de la época bipolar dejó al descubierto una amplia franja de países con limitadas capacidades de funcionamiento político y económico. Peters denomina a estas unidades "Estados accidentales" (26); Holm los llama "Cuasi-Estados" (27).
Existe un claro antecedente histórico de la ineptitud de muchos Estados para manejarse por sí mismos, sin sostén externo, con un mínimo grado de eficiencia: el proceso de descolonización de África subsahariana. Paul Johnson, en su historia del siglo XX, describe con precisión los primeros pasos de muchos Estados africanos donde las élites políticas locales no supieron instalar una administración pública con el mínimo nivel de eficiencia, y donde la estructura económica colapsó rápidamente. Esas élites políticas aseguraban que el "subdesarrollo" era el producto del colonialismo, pero ese subdesarrollo fue todavía mayor luego de la independencia (28).
Tercer Factor Directo (FD3): Aumento, a nivel global, de los casos de reafirmación de identidad, en clave étnica.
Por otro lado, el inicio de la post Guerra Fría estuvo acompañada por el avance de las tendencias de reafirmación de las identidades de los individuos, que en una importante proporción no se expresaron en términos ideológicos, sino étnicos. Los problemas que enfrentó la Perestroika fueron paradigmáticos en este sentido.
Contra esta perspectiva se podría argumentar que los eventos de Europa Oriental en 1989-1990 (Polonia, Checoslovaquia, Rumania, Hungría, Bulgaria) tuvieron una clara base ideológica: el abandono del comunismo y la implementación de modelos democráticos occidentales. Sin embargo, esta opción fue posible porque en esos lugares ya existía una sólida identidad nacional. Allí donde esa identidad no era sólida (Checoslovaquia, Alemania del Este), la reafirmación de la identidad adoptó una forma étnica.
Creemos que la emergencia de reafirmaciones étnicas en aquellos Estados donde, desde su creación, se intentó de manera permanente la generación de un "sentimiento nacional", confirma una opinión expresada en un pasaje anterior de este trabajo: las limitaciones del constructivismo/instrumentalismo, vís a vís el primordialismo, como enfoque útil en el análisis de esas reafirmaciones. Nuestra óptica se demuestra en distintos casos en Asia y África, dos continentes donde las fronteras de la Guerra Fría son el resultado de políticas instrumentalistas.
En Asia, desde los años `20 y a lo largo de más de seis décadas la conducta del Kremlin fue instrumentalista respecto a los centenares de colectividades que habitaban su territorio, buscando diluir sus identidades étnicas no sólo a través de la imposición coactiva de la ideología oficial, sino también mediante una política de "nativización" ("Korenizatsiia") que se plasmó en la constitución de unidades políticas definidas (artificialmente) como naciones; estas unidades semiautónomas deliberadamente juntaron a grupos étnicos heterogéneos.
Con la implosión soviética en 1991, las tendencias a la democratización y autodeterminación de los pueblos no se expresaron en esos lugares siguiendo las fronteras instrumentalistas diseñadas otrora desde Moscú, sino las líneas de demarcación étnica. El -ya citado- caso de Armenia y Azerbaidján es paradigmático al respecto, como también lo son los de Abjasia y Georgia, y Moldavia y Transdniéster; los casos en que prevalecieron las demarcaciones instrumentalistas obedecieron al alto grado de similitud que registraban los grupos étnicos que coexistían en esos límites (por ejemplo colectividades de raíces azerí, daguestana e iraní) (29).
En África, el proceso de descolonización que se inició luego de la Segunda Guerra Mundial también estuvo caracterizado por una idea instrumentalista: que el "sentimiento nacional" podía ser creado, en un proceso de "Nation Building", a través de una o varias vías, como la educación o la administración (30); inclusive, podría aceptarse el punto de vista de Moller (31), quien agregó la guerra al set de herramientas útiles en un proceso de "Nation Building": en un Estado creado artificialmente, la guerra genera sentimientos colectivos y héroes comunes que, hasta ese momento, no existían.
La hipótesis del "Nation Building" fue aceptada por las colonias, incluyendo el trazado de fronteras artificiales, porque fue percibida como el único camino hacia la independencia -y, agregamos nosotros, porque en realidad no tenían poder de decision-. El derecho a la autodeterminación, reconocido por la ONU, no fue nacional, sino territorial (32).
Desde su mismo comienzo, los procesos de "Nation Building" en África mostraron su debilidad. En ese continente, el 87 % de las fronteras de los Estados son artificiales, ignorando los límites naturales entre naciones (45 % en Asia); sólo mostraban un "mediano" grado de homogeneidad étnica Egipto, Túnez, Marruecos, Lesotho y Somalía (33). La debilidad del "Nation Building" africano fue la causa de la mayoría de las treinta guerras que sufrió el continente durante las dos décadas siguientes a la descolonización (34). También en estos casos, con el fin de la Guerra Fría aumentó la fuerza de numerosos casos de reafirmación de la identidad.
La reafirmación de la identidad étnica en Asia y África no se ajustó a los límites de los Estados, sino de las naciones o comunidades étnicas. Este hecho puede ser interpretado como una muestra de la validez de las tesis primordialistas, que De Ventos definió como la superioridad del software cultural sobre el hardware territorial (35).
Factor Indirecto Nº 2: la globalización económica
Cuarto Factor Directo (FD4): Deterioro acelerado de graves situaciones económicas y sociales.
Percibimos que, en algunos casos, la globalización económica tiene un impacto directo en los conflictos intraestatales. Identificamos como eje principal de este fenómeno al fracaso de las teorías de raíz idealista que aseguraban que una mayor globalización e interdependencia económica reduce, casi automáticamente, los niveles de conflicto inter e intraestatales. Tal vez Richard Rosecrance sea el teórico más destacado de esta corriente (36), aunque fue Francis Fukuyama el autor que alcanzó más popularidad fuera del mundo académico, con su tesis del "fin de la Historia" (37). Analizando el problema desde la perspectiva de la seguridad internacional, creemos que el problema de estas teorías es que sólo son aplicables a Estados que ya han logrado un relativo desarrollo económico.
En el caso de numerosos Estados que no han logrado ese nivel medio de desarrollo económico, no podemos decir que Mercurio (dios del comercio) reemplaza a Marte (dios de la guerra) (38); en sentido contrario sería más exacto decir que, irónicamente, Mercurio ayuda a Marte. Para comprender los alcances de este planteo, es necesario tener presente que la globalización económica no es, en sí misma, un fenómeno positivo ni negativo, aunque sus efectos no se distribuyen de modo homogéneo en todos los Estados, ni en el interior de sus sociedades.
Usando los conceptos de centro y periferia, en el sentido de Immanuel Wallerstein, diez años después de la caída del muro de Berlín existen cada vez más (y más altos) "muros" socioeconómicos que dividen a las personas, tanto entre Estados como en el interior de ellos. No es necesario salir del núcleo de Estados con mayor desarrollo económico para observar que algunos muros invisibles, como los descriptos, excluyen a importantes sectores sociales de la globalización económica; en estos casos, la manifestación más común de esa marginación es la desocupación, que ocurre como efecto de la automatización productiva o de la transferencia de industrias intensivas en mano de obra hacia otras partes del mundo.
Avanzando desde el centro hacia la periferia económica se observa la caída de la calidad de inserción de los Estados en el juego económico global y, salvo que medien factores de seguridad, también la importancia de los mismos para el núcleo. En numerosos puntos de la periferia (África, Asia e incluso América Latina) la baja calidad de inserción de los Estados en la globalización eleva a niveles críticos la desnutrición, el analfabetismo, la falta de recursos esenciales, el desempleo, la falta de vivienda, la ineficacia de los servicios públicos y la criminalidad. Robert Kaplan ha presentado excelentes ejemplos de estas situaciones, basado en sus experiencias personales en África.
Creemos que los informes elaborados en los últimos años por el Banco Mundial, el PNUD y la FAO son adecuados indicadores de las diferentes calidades de inserción de los Estados en la globalización económica. El análisis global de la distribución de los ingresos, en valores relativos, muestra que las brechas de ingresos per cápita entre los sectores de mayor y menor desarrollo del mundo aumentaron aproximadamente un 300 % desde 1960, creando una situación en la cual las 358 personas más acaudaladas del mundo disponen de una riqueza equivalente a la de los 2300 millones más pobres. Más de la mitad de este último sector, o sea 1300 millones de personas que equivalen a casi un cuarto de la población mundial, sobreviven con un salario estimado en un dólar diario. Nuevamente en palabras de Kaplan (39):
"Think of a stretch limo in the potholed streets of New York City, where homeless beggars live. Inside the limo are the air-conditioned post-industrial regions of North America, Europe, the emerging Pacific Rim, and a few other isolated places, with their trade summitry and computer-information highways. Outside is the rest of mankind, going in a completely different direction."
En términos comparativos, en los Estados con altos niveles de desarrollo social y económico una persona consume diariamente 60 gramos de proteinas de alta calidad (60 g/d/p), cifra que cae a 10 g/d/p/ en los países en Estados con menor desarrollo. Una paradoja: el presupuesto bianual de la FAO es, aproximadamente, de US$ 650 millones, inferior al gasto anual que se registra en un Estado desarrollado en productos para adelgazar. Hoy, más de 800 millones de personas viven con una alimentación que no llega al nivel mínimo nutricional; de ese total, 200 millones son niños, 13 millones de los cuales mueren anualmente. Para algunos investigadores de los conflictos intraestatales, estas últimas cifras tienen una importancia capital: consideran a la mortalidad infantil como una de las tres variables más importantes -junto a la apertura comercial y a la democracia- en el análisis de la fortaleza y la viabilidad de un Estado (40).
Factor Indirecto Nº 3: la globalización de las comunicaciones
Quinto Factor Directo (FD5): Pérdida de poder (control de información) del Estado sobre sus ciudadanos.
La globalización de las comunicaciones es un fenómeno que se basa en el despliegue de una verdadera revolución tecnológica, especialmente en el campo de la Tecnología de la Información (IT). La manifestación más clara de este fenómeno es la existencia, en todo el mundo (según datos de 1997), de más de 1300 millones de televisores, 200 de ellos abonados a sistemas de cable; 80 millones de teléfonos celulares y medio centenar de terminales conectadas a Internet.
Diariamente observamos el efecto de esta globalización de las comunicaciones: hay mayor cantidad de información, respecto a una mayor cantidad de hechos, que se transmite más rápidamente, por mayor cantidad de fuentes. A esta situación la llamamos, en este trabajo, "difusión de la información".
En relación a los conflictos intraestatales, la "difusión de la información" produce dos importantes efectos. Primero, muestra al público mundial las tendencias a la autodeterminación que ocurren en algunos lugares del planeta, que ya hemos mencionado (FD3). Esa publicidad puede fomentar conductas similares en otros puntos del planeta. Cuando Régis Debray opinó que la actual proliferación de conflictos étnicos era un retorno al siglo XIX, Jean Daniel le efectuó una brillante corrección: entre los conflictos del siglo XIX y los conflictos de hoy existe una diferencia clave, la desaparición de las distancias producidas por los medios de comunicación (41).
Además la "difusión de la información" reduce, de forma casi absoluta la capacidad del Estado para controlar a sus ciudadanos mediante la censura; es decir, regulando la cantidad y calidad de información que los ciudadanos reciben, una política normalmente justificada en motivos de seguridad nacional o paz social. Peters expresa este efecto de la siguiente manera (42):
"The decline of the state, real or relative, accelerates under knowledge assault, as new structures of knowing outpace the ability of traditional governments to process and respond to information. The modern age was the age of mass efficiencies. The post-modern age is the age of mass inefficiencies".
En la misma medida en que disminuye la capacidad del Estado para ejercer censura, aumenta la capacidad de información de los ciudadanos, aún sobre cuestiones contrarias a los intereses del gobierno central. Un ejemplo elocuente de esta difusión de poder es la anécdota según la cual Erich Honecker, último mandatario de Alemania Oriental, le señaló a un periodista que lo entrevistaba un grupo de antenas de televisión, diciéndole: "Eso es lo que acabó con el socialismo real" (43). En esta línea de pensamiento, la transparencia informativa ("Glasnost") aplicada por Gorbachov junto con la Perestroika tuvo un efecto negativo en la salud de la Unión Soviética (44).
Por cierto, a partir del crecimiento de Internet el Estado no sólo ve dificultado el control de la información que reciben sus ciudadanos, sino también de la información que emiten. Esto, porque esa red rompe las tradicionales diferencias entre productores y consumidores de información, entre autores y lectores.
La Reducción de los Niveles de Gobernabilidad
Hasta aquí, hemos identificado cinco factores que tienen un impacto directo en los niveles de gobernabilidad de los Estados. La existencia de un conflicto intraestatal implica, per se, una importante limitación de la gobernabilidad, porque si no existiera esa importante limitación el Estado hubiera encontrado la resolución del conflicto, por distintas vías. El FD1 indica que, generalmente, entre esas vías a disposición del Estado no debe incluirse el control externo de las acciones del actor que lo enfrenta. Y sin ayuda externa, el Estado puede ser incapaz de resolver el conflicto.
Como muestra el FD2, los niveles de gobernabilidad de un Estado también pueden ser negativamente afectados por la falta de un apoyo externo (que puede abarcar desde ayuda económica y respaldo político hasta soporte militar) que compense las propias deficiencias. La aparición o el fortalecimiento de ideas de autodeterminación en una porción importante de la ciudadanía, bajo el efecto de las tendencias que en ese sentido se observan a nivel global, como lo indica la FD3, naturalmente puede reducir los niveles de gobernabilidad de un Estado.
Cuando un Estado enfrenta graves situaciones económicas y sociales, que persisten en el tiempo, casi automáticamente hablamos de un nivel de gobernabilidad limitado. La evidencia de esa limitación es la incapacidad del Estado para satisfacer múltiples demandas primarias de sus ciudadanos. Si ese Estado no logra una adecuada inserción en el proceso de globalización económica, y sus graves situaciones sociales y económicas empeoran, como sugiere el FD4, sus niveles de gobernabilidad también disminuyen.
Por último, especialmente en Estados donde el control informativo sobre los ciudadanos es una herramienta de incidencia directa en el nivel de gobernabilidad (generalmente, este es el caso de regímenes autoritarios), ese nivel disminuye proporcionalmente a la pérdida parcial o total de esa capacidad de control - FD5- a causa de la difusión de información.
En suma, los niveles de gobernabilidad de un Estado puede disminuir por efecto de uno o más factores directos. Por supuesto, el grado de esa disminución se vinculará con las características particulares del caso, en muchos casos únicas y de extrapolación imposible. Pero también creemos que esa caída está afectada por la forma en que se combinan los factores directos, los cuales pueden retroalimentarse en forma negativa, en un verdadero "círculo vicioso".
Por ejemplo, en el caso de un conflicto intraestatal, la falta de apoyo externo al Estado para resolverlo (FD2) se agrava si desde el exterior tampoco se controla al actor que lo enfrenta (FD1). En la FIGURA Nº 1 mostramos, en una matriz de impactos cruzados las relaciones que, desde nuestro punto de vista, se pueden establecer entre factores directos.
Está fuera de toda duda que el nivel de gobernabilidad de un Estado puede disminuir por influencia de muchos otros factores directos, distintos a los identificados en este trabajo. Pero creemos que esa posibilidad no afecta la importancia de los factores aquí seleccionados, que consideramos los más relevantes, tanto en su manifestación individual como combinada.
Figura Nº 1
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INFLUENCIA DE... |
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FD1 |
FD2 |
FD3 |
FD4 |
FD5 |
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IMPACTO EN... |
FD1 |
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FD3 |
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FD4 |
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FD5 |
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Referencias
: (+) El efecto del factor directo se agrava; (?) Impacto no evaluable (=) Sin impacto; (*) En casos de Estados con régimen autoritario
En un punto extremo, esa caída de los niveles de gobernabilidad puede producir un virtual colapso del Estado, lo que usualmente denominamos "Estado fallido". En forma simplificada, con este concepto se hace referencia a aquellos Estados "incapaces de sostenerse a sí mismos como miembros de la comunidad internacional". De ningún modo esto significa la desaparición oficial del Estado; por el contrario, generalmente el Estado continúa existiendo oficialmente, o más gráficamente "persisten", pero sin capacidades concretas (45).
Con mayor detalle, coincidimos con Baker y Ausink en que un "Estado fallido" es aquel que mantiene escasas instituciones estatales en funcionamiento, ofrece pocos o nulos servicios públicos, no tiene la capacidad de imponer sus decisiones a todos los ciudadanos, no puede ejercer el control físico sobre su territorio (porque no tiene el monopolio legal de la fuerza) y es incapaz de contener la fragmentación social. Todo esto equivale a decir que ese Estado no cuenta con la capacidad para resolver sus propios problemas sin ayuda administrativa o presencia militar exterior. Desde esta perspectiva, la condición previa para la viabilidad estatal es mantener un normal funcionamiento de cuatro instituciones políticas, cada una de ellas vital e imprescindible: las FF.AA., las FF.SS. y policiales, la administración pública y el sistema judicial (46).
A partir de los enfoques de Dorff y Baker y Ausink, podríamos hablar sobre la existencia de un grado mínimo de consenso sobre el significado del concepto "Estado fallido". Pero ese consenso no se extiende al análisis de la interacción entre colapsos estatales y las tendencias de autodeterminación de los individuos, expresadas en sentido étnico. En este punto, las principales corrientes se separan asegurando que el colapso es consecuencias de estas tendencias, o exactamente lo contrario. Algunos teóricos califican al conflicto intraestatal como efecto del debilitamiento del Estado, destacando que todo debilitamiento de este tipo produce una fragmentación de la sociedad que impulsa a los ciudadanos a buscar en identidades alternativas la seguridad que el Estado ya no garantiza.
En este trabajo, consideramos que ambas lecturas son posibles, y justificamos este punto de vista en dos razones: primero, que nuestro análisis indica que la caída del nivel gobernabilidad de un Estado hasta su colapso puede obedecer a factores directos distintos de la persistencia de un conflicto intraestatal; segundo, que la heterogeneidad de los conflictos intraestatales de la post Guerra Fría dificulta una generalización en este campo.
En cualquiera de los dos casos, entendemos que existen dos elementos clave en la evolución de un conflicto intraestatal, luego del colapso del Estado. El primer elemento se refiere a las pautas normativas (instituciones sociales, en términos sociológicos) vigentes en el lugar. El segundo elemento apunta al tipo de interacción que se registra entre los protagonistas del conflicto.
Instituciones Sociales: la democracia y el mito del progreso
En el campo de las instituciones sociales, la presencia del concepto "democracia" y sus alcances es de vital importancia. Una posibilidad es la existencia de una concepción de democracia similar a la que predomina en Occidente. Es decir, la preferencia por un sistema constitucional de controles, equilibrios, participación, representación y libertades políticas; en este modelo, el respeto a los procedimientos, su transparencia y la participación ciudadana en los mismos es más importante que la eficacia del gobierno.
En este caso, los mecanismos democráticos tienden a aceptar y respetar la diversidad étnica de los individuos, defendiendo simultáneamente su igualdad de derechos y obligaciones respecto a otros ciudadanos. En palabras de un académico español, la capacidad de integración de la pluralidad que poseen determinadas sociedades aumenta su eficacia cuanto más asentadas estén en ellas las instituciones y la cultura democráticas. Instituciones y cultura que producen una especie de metaidentidad integradora del pluralismo étnico (47).
El resultado de este escenario sería el logro de una solución negociada a las contiendas étnicas por el poder (subordinando las posiciones de las partes al voto) y a los movimientos de reafirmación de derechos (logrando un acuerdo aceptable para las partes). En estos casos, no es esperable que la elite gobernante étnicamente homogénea, invocando el "deseo del pueblo", pueda ejecutar políticas racionalmente orientadas a menoscabar los intereses de otro grupo étnico. Creemos que precisamente eso es lo que realizó Milosevic respecto a Kosovo, cuando accedió al poder en Yugoslavia.
En estos casos, las tendencias etnonacionalistas podrían mutar en contiendas étnicas por el poder o movimientos de reafirmación de derechos, adoptando su mecánica de resolución. Pero incluso sin mutación, esta tendencia no incluye un empleo de la violencia como herramienta, por parte de grupos con cierto grado de representatividad; este recurso queda limitado a actores extremistas carentes de una base de apoyo significativo, como en los casos de IRA (Irlanda del Norte) y ETA (País Vasco).
En términos cuantitativos, sobre un universo de 50 conflictos intraestatales de raíz étnica vigentes en 1994, la mitad eclosionó y se desarrolló en el marco de regímenes políticos no democráticos; otros 17 en Estados donde la democracia era flamante y no se había logrado la consolidación institucional; y sólo 8 (cuatro de ellos correspondientes a la India) en países con cierto grado de consolidación de sus regímenes políticos democráticos (Figura Nº 2) (48). Dicho de otro modo, el 84 % de los conflictos intraestatales de raíz étnica registrados tuvo lugar en Estados que adolecían de un régimen político democrático consolidado.
Figura Nº 2
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CONFLICTOS INTRAESTATALES DE RAIZ ÉTNICA: CORRELACIÓN CON RÉGIMEN POLÍTICO |
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REGIMEN POLÍTICO |
CANTIDAD |
INICIO (EN %) |
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PRE 1987 |
POST 1987 |
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No Democrático |
25 |
64 |
36 |
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Democrático no consolidado |
17 |
35 |
65 |
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Democrático consolidado |
8 |
63 |
37 |
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TOTAL |
50 |
54 |
46 |
Pero en las regiones ajenas a lo que usualmente se califica como Occidente la situación es distinta, predominando formas de organización social que en términos occidentales son premodernas, como el tribalismo. En el mejor de los casos, en esos lugares el concepto de democracia se vincula más, como ocurriera otrora en Europa Central-Oriental y la ex-URSS, con el progreso. Utilizando los conceptos de Claus Offe que ya usamos en un trabajo anterior (49), la democracia se define desde este punto de vista como aquello que proporciona la clase adecuada de élites políticas con los recursos de poder necesarios para tomar las decisiones adecuadas, las que -más allá de los procedimientos- serán democráticas si contribuyen al progreso
En estos casos, en un contexto caracterizado por el colapso del Estado, las posibilidades con que cuenta un conflicto intraestatal para resolverse a través del diálogo entre los bandos en disputa serían limitadas. Podría agregarse que estas posibilidades son todavía más bajas si uno de los bandos enfrentados en el conflicto, percibe un desarrollo económico y social asimétrico entre su territorio y el que maneja el otro bando (50). Esto, porque el grado de desigualdad entre las partes es directamente proporcional a la identidad étnica de ambos bandos: a mayor desigualdad, mayor identidad y, en consecuencia, mayor posibilidad de agravamiento del conflicto (51).
Por estos motivos consideramos que en estos casos la opción del empleo de la fuerza sería más alta, para cualquiera de los tres tipos de reivindicación étnica: reafirmación de derechos, contiendas por el poder y, en especial, movimientos etnonacionalistas. Más aún, creemos que no habría que descartar la transformación de una reafirmación de derechos o una contienda por el poder en un movimiento etnonacionalista.
Para explicar los fundamentos de esa hipótesis, es necesario señalar que prácticamente todos los Estados donde funcionan formas de organización premodernas, y/o donde existen percepciones de la democracia asociadas a su eficacia, registran una baja calidad de inserción en el juego económico global. Para estos Estados, la opción es una adaptación a las reglas de juego, o una marginación definitiva. Frente a esa opción, las percepciones subjetivas pueden tener igual o mayor valor que los pronósticos basados en el análisis frío y objetivo de los indicadores económicos, políticos o históricos. En otras palabras, muchas veces es más importante si la población de un Estado considera que la globalización la condena a la marginación, que los datos que permiten ser optimistas sobre su participación en ese fenómeno a mediano y largo plazos.
Un ejemplo de nuestro punto de vista es el que propuso el checo Sztompka, cuando analizó las transformaciones de Europa Central-Oriental: las sociedades que están sometidas a intensas transiciones, como la que significa la adaptación al fenómeno de la globalización, se regulan por tres relojes que avanzan a diferente velocidad, señalando diversas horas: la hora del abogado indica el tiempo que demanda la sanción de las leyes y reglamentos necesarios para adaptarse a la nueva realidad, y es de seis meses; la hora del economista muestra el tiempo que se necesita para aplicar las reformas económicas, y se la estima en seis años; finalmente, la hora del ciudadano significa el tiempo que puede demandar un cambio en los códigos culturales de la población, que puede llegar a los sesenta años (52).
Entonces, una baja calidad de inserción en el juego económico global puede agravar un conflicto intraestatal si el reloj que indica la hora del ciudadano es sensiblemente más lento que los otros dos relojes. ¿Qué implican estas diferentes velocidades, en sociedades con formas premodernas de organización, o con un concepto de democracia asociado a la eficacia? Que al desaparecer la esperanza de un futuro mejor como justificación de los padecimientos del presente, al morir -en palabras del francés Edgard Morin el mito del progreso, puede perder sentido el concepto de Estado y al mismo tiempo -y como una consecuencia lógica- el de la convivencia (53). Dice Dorff (54):
"Frustrated by the inability of governments to help, people may turn away from the sovereign state and embrace smaller, more effective groups. Thus, fragmentation pressures are often related to the decreasing ability of the state to respond to its citizens' needs."
Desde este punto de vista, la creación de un nuevo Estado-Nación tiene menores costos económicos (y también menor costo para la comunidad internacional, en términos de seguridad) en dos circunstancias: primero, si la independencia no produce un grado de pobreza mayor que la existente en la anterior situación política; segundo, si se logra la pertenencia a una estructura económica multilateral, de nivel regional. Por ejemplo, sería evidente que un Quebec independiente se integre al NAFTA, o que Gales independiente sea un nuevo socio de la Unión Europea.
Desde el punto de vista de un investigador, del U.S.Army War College, un escenario como el que hemos descripto se observó en las fases iniciales del conflicto balcánico (55). Hacia fines de la década del `80 las evaluaciones occidentales otorgaban a Yugoslavia probabilidades de realizar exitosamente una transición armoniosa y calma ("soft landing") hacia mecanismos de mercado más altas que a otros países de Europa Central-Oriental; esas evaluaciones otorgaron una alta importancia a la implementación de programas de desregulación y liberación económica, la constitución del dinar en la primera moneda convertible de esa parte del continente y el anuncio de políticas de captación de Inversión Extranjera Directa (IED).
Sin embargo, la situación económica de Yugoslavia se agravó en forma lenta pero constante: los aumentos de los precios internacionales del petróleo durante los años 70`s fueron la causa de numerosos pedidos de créditos en el exterior, y en 1988 la deuda externa equivalían al 30 % del GNP, consumiendo anualmente un cuarto de los fondos generados a través de las exportaciones. Por esa época, los niveles de desempleo urbano alcanzaron el 50 % y la inflación un 1300 % anual, destruyendo los ingresos y los ahorros. Teniendo en cuenta esta situación, en 1989 la Comunidad Europea (EC) anunció oficialmente que Yugoslavia era inelegible para incorporarse a la misma en calidad de miembro, por no satisfacer sus standards económicos.
En Eslovenia y Croacia, donde ya existían movimientos de reafirmación de derechos, la decisión de la EC tuvo una clara interpretación: la evidencia de las desventajas que significaba para ellas integrar una misma estructura económica con las otras repúblicas y provincias autónomas yugoslavas. Esta percepción tenía relación con el sistema de coparticipación de los ingresos federales, a través del cual las unidades políticas más desarrolladas de Yugoslavia sostenían a las de menor desarrollo, transfiriendo al gobierno central una porción de sus ganancias, para su posterior redistribución. Esta medida, que significaba un alto costo económico para Croacia y Eslovenia (56), incidió fuertemente en el fortalecimiento de sus tendencias etnonacionalistas: un analista político esloveno (Bogomil Ferfila) aseguró en aquellos momentos que cualquiera sea el costo socioeconómico que Eslovenia tuviera que pagar por su separación del núcleo yugoslavo, éste sería inmensamente menor que el que el más tarde o más temprano tendría que pagar Yugoslavia por su desarrollo (57).
Con este contexto, puede comprenderse mejor la crisis yugoslava. Los avances en el proceso de integración de la EC generaron un efecto negativo en Eslovenia y Croacia, cuando Yugoslavia quedó fuera de ese proceso; como consecuencia de lo anterior, aparece cierta pérdida de la idea de progreso, desde el momento en que éste quedó "atado" a los avances que logre Yugoslavia en su conjunto; desde Croacia y Eslovenia se puso en duda la utilidad de las instituciones políticas federales para lograr sus objetivos; por último, los croatas y los eslovenos identificaron su permanencia en Yugoslavia como un obstáculo para lograr sus objetivos. Los movimientos de reafirmación de derechos se transformaron en movimientos etnonacionalistas.
Interacción entre protagonistas del conflicto intraestatal
La relación que existe entre la evolución de un conflicto intraestatal y el tipo de interacción que se registra entre sus protagonistas es directa. En primer lugar, observamos que las chances de solución negociada del conflicto aumentan en aquellos casos donde no existe un alto grado de antagonismo entre esos protagonistas. Así, podemos esperar que estos conflictos hallarían una solución en el marco del Estado, si al mismo tiempo se registran mecanismos democráticos; como ya se dijo, a través de estos mecanismos se acepta y respeta la diversidad étnica de los individuos, defendiendo al mismo tiempo su igualdad de derechos y obligaciones respecto a otros ciudadanos.
La situación es distinta, mostrando posibilidades de negociación extremadamente bajas, cuando las comunidades étnicas o naciones que compiten dentro de las mismas fronteras sostienen entre sí conflictos de raíces profundas. Aplicamos aquí ese concepto en el sentido que lo usan Mitchell y Banks, es decir, conflictos entre partes que sostienen valores que, claramente, no son negociables (58).
Cuando hablamos de conflictos de raíces profundas, también estamos estableciendo un tipo especial de percepción que cada protagonista tiene del otro: habitualmente, no es la de un adversario momentáneo, producido por las circunstancias, sino permanente. En este sentido, una observación efectuada por Umberto Eco (luego de una experiencia personal, durante un viaje fuera de Italia) indicó que fuera de Occidente, numerosas comunidades étnicas o naciones suele estar acendrada la idea del enemigo como algo usual: siempre hay un enemigo a quien enfrentarse; una persona, un pueblo, un Estado, siempre estará opuesto a otro por reivindicaciones territoriales, odios raciales o religiosos o enemistades históricas (59).
Estamos hablando, dentro del campo de las percepciones, de las "imágenes especulares" (o "efecto espejo"): actitudes fijas y distorsionadas que desarrollan dos actores entre sí, por influencia de su percepción del entorno, generándose un conflicto cuya responsabilidad es siempre de la contraparte (60). Cuando la responsabilidad, "la culpa", es de la otra parte, cada una de sus acciones son apreciadas como una amenaza a la propia seguridad, en una versión doméstica del tradicional Dilema de la Seguridad (Security Dilemma) (61). Así, a partir de la adaptación de este último término, de empleo esencialmente interestatal, surgen como herramientas teóricas aptas para su empleo en el análisis de los conflictos intraestatales, los conceptos Dilema de la Seguridad Étnico (Ethnic Security Dilemma) y Dilema de la Seguridad Societal (Societal Security Dilemma).
El Dilema de la Seguridad Étnico, desarrollado por Posen (62), es simplemente la aplicación a los ámbitos intraestatales del Dilema de la Seguridad original; precisamente por esa razón, su principal falla radicaría en soslayar las diferencias que implican un sistema político anárquico (el internacional) frente a uno teóricamente jerárquico (el interno). Por otro lado, no parece surgir de los escritos de este autor ningún aporte al Dilema de la Seguridad Societal, una construcción comparativamente más sólida cuya autoría corresponde a Barry Buzan (63).
Esencialmente, Buzan relaciona la Seguridad Societal con aquellas amenazas a la identidad de la Sociedad que pueden poner en riesgo su supervivencia como tal, entendiendo la Sociedad en su sentido amplio: entidades étnicas y/o religiosas relevantes. Y entre las amenazas, focaliza en aquellas que afectan la vigencia de factores de identidad. Con este contexto, el dilema propiamente dicho se plantea en los siguientes términos (64):
"To the extent that tensions over migration, identity and territory occur between societies, we might by analogy with international politics talk about a societal security dilemma. This would imply that societies can experience processes in which perceptions of 'the others' develop into mutually reinforcing 'enemy pictures' leading to the same kind of negative dialectics as with the security dilemma between States".
Una segunda observación deriva de la primera. En conflictos de raíces profundas, puede suponerse que la coexistencia de los dos bandos dentro de un mismo Estado no es el producto de la voluntad de esos bandos, sino de un factor externo, o de la imposición de un bando sobre el otro. Un ejemplo sería el de África Subsahariana: muchos protagonistas de conflictos de raíces profundas fueron "condenados" a vivir juntos en función del absurdo trazado de fronteras efectuado por Francia y Gran Bretaña en sus antiguos dominios coloniales. Como conclusión de esta segunda observación, podemos decir que en los conflictos intraestatales de raíces profundas, las reivindicaciones étnicas adoptan la forma de etnonacionalismo.
En estos casos, el etnonacionalismo no se condiciona por un análisis costo-beneficio de naturaleza económica. En otras palabras, el progreso no está asociado al logro de resultados, sino a la separación respecto a la otra parte: no hay progreso si continúa la coexistencia dentro de los límites de un Estado común. Observando este tipo de situaciones, que pudimos observar en Asia tras la implosión de la Unión Soviética, no estamos de acuerdo con Stanley Hoffmann, cuando asegura que el efecto que tiene la multiplicación de Estados-Naciones para la paz y seguridad internacionales es incierto (65).
Desde nuestro punto de vista, con la excepción de pocos casos (potenciales) en Occidente, esa proliferación tiene efectos negativos para la seguridad internacional. Creemos que la razón es clara: la mayoría de los Estados-Naciones que surgen de los conflictos intraestatales son económicamente inviables y, por ese motivo, fuentes de inestabilidad. Phillipe Delmas indica que muchas veces los movimientos nacionalistas efectuan una "apuesta de riesgo", esperando un apoyo financiero de la comunidad internacional que pocas veces se cumple (66).
Nuestra tercera observación sobre los conflictos de raíces profundas indica que estos casos muestran una alta posibilidad de empleo de la violencia entre los contendientes. Y ese empleo no está limitado a los combatientes, sino que alcanza a todos los integrantes del otro bando, sin discriminación. La situación es semejante a lo que señala Johnson cuando estudia los totalitarismos de Hitler y Lenin: la pérdida del concepto de "culpa individual" -que en Occidente es una tradición cristiana- y su transformación en "culpa colectiva" (67).
Cuando la culpa es colectiva, los targets de la violencia también son colectivos. La violencia es total y se orienta a la aniquilación; es, en los términos de La Maisonneuve, una "violencia molecular" (68). The Carnegie Commission on Preventing Deadly Conflict calculó que en estos casos aproximadamente el 90 % de las muertes corresponden a no combatientes, que son asesinados en forma racional y voluntaria, con énfasis en mujeres y niños; esa institución ha observado que en estos casos la violencia alcanza las mismas dimensiones que las vistas por el mundo con Hitler, Mao, Stalin o Pol Pot (69).
En este caso, diferimos con Gurr; para él, las contiendas por el poder son el tipo de conflictos intraestatales con mayores niveles de violencia, con tasas de muertos y refugiados 10 veces mayores que en las reivindicaciones de derechos indígenas, y 50 % más altas que en movimientos etnonacionalistas (70). Nosotros creemos que no es el tipo de conflicto intraestatal el que determina el grado de violencia, sino la interacción entre los bandos enfrentados; desde esta perspectiva, explicamos los datos de Gurr diciendo que las contiendas por el poder fueron, al mismo tiempo, protagonizadas por bandos que mantenían conflictos de raíces profundas.
Luego de un análisis de las diversas explicaciones que se podrían emplear para justificar ese empleo de la violencia, hemos seleccionado dos, que pueden presentarse en forma aislada o simultáneamente. La primera explicación proviene de la psicología y, luego de una adaptación a nuestro campo de investigación, supone que la coexistencia dentro de las fronteras de un Estado de dos comunidades étnicas o naciones que protagonizan un conflicto de raíces profundas y mantienen entre sí imágenes especulares, constituye (para los protagonistas) una frustración que puede ocasionar conductas agresivas.
El sustento de este enfoque es la llamada "Hipótesis Dollard-Doob", una línea de investigación iniciada en los años 30`s en la Universidad de Yale. En los términos de esta perspectiva, las tendencias a la agresión producidas por una frustración (de un individuo, una comunidad étnica o una nación) pueden ser contenidas, a través de diferentes "mecanismos de inhibición". Así, la función de estos mecanismos es disuadir la agresión, elevando los costos que esa conducta tendría para su ejecutor (71). En el caso de los conflictos intraestatales, dos sólidos ejemplos de mecanismos de inhibición podrían ser el monopolio estatal de la violencia y -en épocas de la Guerra Fría- el control que las dos superpotencias ejercían sobre los conflictos periféricos.
De todos modos, la inhibición de la agresión no elimina la frustración; por el contrario, la alimenta y "mantiene viva" hasta la desaparición de los mecanismos de inhibición. En esos momentos la agresión se manifiesta, probablemente con mayor violencia que la probable en circunstancias previas. Por esta razón, Xabier Rubert de Ventos califica a la violencia que ejerce una comunidad étnica o nación como una "patología de la identidad": cuando no se permite que una identidad se exprese de manera racional, finalmente lo hace con la forma de una fobia, una paranoia, violenta (72).
La agresión produce dos efectos en quien la ejerce: primero, se transforma en un evento espiritualmente liberador que permite -irónicamente- una suerte de tranquilidad de conciencia; segundo, eleva el valor de su ejecutor, quien se percibe a sí mismo como un portador de justicia, que es tomado en serio (tal vez por primera vez) por la contraparte (73). En este punto, nuestra lectura tiene puntos de contacto con lo que Baker y Ausink denominan "legado de venganza" (74):
"A legacy of vengeance-seeking group grievance or group paranoia underlies many conflicts, with aggrieved groups often invoking unresolved injustices that may date back centuries. Such grievances can be carried across generations, as seen in the Serb attempt to stem the tide of Islam in Europe, a mission that goes back 600 years to the defeat of the Serbs by the Turks at Kosovo."
La segunda explicación seleccionada para explicar la mayor probabilidad de empleo de la violencia, en un conflicto de raíces profundas, tiene una utilidad limitada sólo a algunos de esos casos. Su aplicación depende de las pautas culturales de los protagonistas de esos conflictos, concretamente de su aceptación de determinados "mitos" que justifiquen la violencia (75). Desde esta perspectiva, la violencia no requiere de la racionalidad como accesorio, porque (76):
"Myth expresses itself in sentiment, meaning that primitive peoples "feel" things rather than "think" them. Weather, magic, or the words of a tribal leader may make the individual feel the energy of those mythical great stories in his own particular tribal culture."
En numerosos casos, el mito está provisto por la historia: así como Hitler se remitía a los antiguos héroes germánicos y Mussolini buscaba revivir las épocas de gloria de Roma, es usual la referencia a los aztecas en México, en particular la resistencia a la conquista encabezada por Hernán Cortés, así como a la grandeza del Imperio Inca y la muerte de Tupac Amaru, en las regiones andinas sudamericanas. Podríamos agregar que la fuente de mayor sustento a los mitos -aunque no la única- es la religión, pues usualmente contiene cierto concepto de justicia, cuya manipulación puede legitimar el empleo de la violencia como castigo; ese concepto de justicia puede tener relación con el "derecho divino" de una Nación a determinado territorio.
Conclusion
En el campo de los conflictos intraestatales una primera lectura, sin profundidad (esa que hemos llamado "determinismo polemológico") aseguró que esos conflictos son, simplemente, el reflejo de enfrentamientos de naturaleza cultural entre dos o más partes ubicadas en el ámbito geográfico de un mismo Estado. En el nacimiento y difusión de ese punto de vista, hemos detectado la influencia de dos factores involuntarios, que produjeron una distorsión del aprendizaje sobre esos conflictos: primero, la escasez de información adecuada; segundo, el tratamiento de esa información mediante herramientas teóricas usadas de manera poco rigurosa.
Es importante reconocer que la principal característica de cada conflicto intraestatal es su especificidad. Esto es, un contexto histórico, social, cultural, geográfico y político que lo hace único. Sin embargo, creemos que es posible realizar un análisis de los conflictos intraestatales a través del cual observemos características comunes en un conjunto amplio de casos. La condición es la aplicación de modelos metodológicos más complejos
Nuestro modelo metodológico propone interpretar a la aparición, la duración o el agravamiento de todo conflicto intraestatal como el efecto de una reducción de los niveles de gobernabilidad del Estado. En un punto extremo, esa caída de los niveles de gobernabilidad puede producir un virtual colapso del Estado, lo que usualmente denominamos "Estado fallido". Esa situación es el efecto de diferentes factores directos que, a su vez, reciben la influencia del fin de la Guerra Fría, la globalización económica y la globalización de las comunicaciones.
Existen dos elementos clave en la evolución de un conflicto intraestatal. El primero son las pautas normativas (instituciones sociales) vigentes. Claramente, si existe una cultura democrática habrá importantes posibilidades de resolver el conflicto a través de la negociación: normalmente los mecanismos democráticos aceptan y respetan la diversidad étnica, logrando un "equilibrio" entre esa situación particular y la igualdad de derechos y obligaciones respecto a otros ciudadanos. Estas posibilidades de solución no están limitadas a las contiendas étnicas por el poder, ni a los movimientos de reafirmación de derechos: una tendencia etnonacionalista podría transformarse en una contienda étnica por el poder, o en un movimientos de reafirmación de derechos, adoptando su mecánica de resolución.
La ausencia de cultura democrática abre dos caminos, menos optimistas: el uso de formas premodernas de organización social, o la asociación del concepto democracia con el progreso, es decir con la obtención de resultados. En un caso, no hay (seguramente nunca hubo) un sentido del Estado; en el otro, el sentido del Estado desaparece, si también desaparece la esperanza de un futuro mejor.
Sin cultura democrática sólida, un conflicto intraestatal tiene limitadas posibilidades de lograr una solución a través del diálogo entre los bandos enfrentados; además, esas posibilidades disminuyen si uno de los bandos enfrentados percibe un desarrollo económico y social asimétrico entre su territorio y el que maneja el otro bando. En estos casos la opción del empleo de la fuerza sería más alta, para cualquiera de los tres tipos de reivindicación étnica.
El segundo elemento clave en la evolución de un conflicto intraestatal es el tipo de interacción entre sus protagonistas. Si esos actores no muestran entre sí un alto grado de antagonismo, es posible solucionar el conflicto a través de la negociación, si al mismo tiempo existen mecanismos y una cultura democráticos. Esa posibilidad disminuye cuando los protagonistas del conflicto sostienen entre sí conflictos de raíces profundas: el adversario es permanente, los sufrimientos y problemas propios son su culpa y cada una de sus acciones son percibidas como una amenaza a la propia seguridad.
En los conflictos intraestatales de raíces profundas, las reivindicaciones étnicas adoptan la forma de etnonacionalismo y hay un alto riesgo de uso de la violencia entre los contendientes. Esta violencia no está limitada a los combatientes: es total y se orienta a la aniquilación del enemigo permanente.
Los objetivos de nuestro modelo metodológico son limitados: relacionar la aparición, la duración o el agravamiento de un conflicto intraestatal con los niveles de gobernabilidad del Estado; observar la influencia de factores directos e indirectos en la evolución de esos niveles de gobernabilidad; e identificar los elementos clave en la evolución del conflicto (pautas normativas y tipo de interacción entre sus protagonistas). Sin embargo, la limitación de nuestro modelo no impide dos conclusiones, la primera pesimista y la segunda optimista.
La conclusión pesimista es que, si no se modifican profunda y radicalmente los factores directos e indirectos que hemos identificados en este trabajo, probablemente sigan apareciendo conflictos intraestatales en diversas partes del mundo; y hoy no se observan posibilidades de modificación de esos factores. La conclusión optimista es que existen herramientas útiles para procesar esos conflictos, reducir su contenido violento y conducirlos a una salida negociada: la promoción de instituciones democráticas y el fomento de un sincero diálogo intercultural.
NOTAS
(
*) Este trabajo constituye la versión revisada de la ponencia del mismo nombre presentada y expuesta en el IV Congreso Nacional de Ciencia Política, realizado por la SAAP en Buenos Aires en noviembre de 1999. Agradezco a Pablo Dreyfus sus comentarios a la primera versión, ayudando a mejorarla.(
**) Graduado y Doctor en Relaciones Internacionales. Master en Sociología. Actualmente, becario investigador postdoctoral del CONICET, en el campo de Seguridad Internacional. Miembro de la International Peace Research Association (IPRA) y la International Studies Association (ISA). Profesor titular en la Universidad del Salvador y la Escuela Superior de Guerra. Autor del libro "La Seguridad Internacional en el año 10 después de la Guerra Fría" (Buenos Aires: Instituto de Publicaciones Navales 2000)(01) LAÏDI, Zaiki: "Pensar la post-Guerra Fría", en Zaiki LAÏDI (ed.): Pensar el mundo después de la Guerra Fría, Presses de la Fundation Nationale de Sciences Politiques & Berg Publishers/Publicaciones Cruz, México DF 1993, pp. 13-21
(02) Ver BARTOLOME, Mariano: La Seguridad Internacional en el año 10 D.G. (después de la Guerra Fría), Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires 2000, p. 97
(03) JOXE, Alain: Las nuevas expediciones de guerra humanitaria y las estrategias de intervención de las potencias en el nuevo sistema internacional, mimeo., ponencia presentada en el Primer Congreso Latinoamericano de Relaciones Internacionales e Investigaciones para la Paz, IRIPAZ/CLAIP, Guatemala noviembre de 1995
(04) GURR, Robert: "Peoples Against States: Ethnopolitical Conflict and the Changing World System". Canadian Security Intelligence Service (CSIS/SCRS), Commentary Nº 50, November 1994, unclassified
(05) MOLLER, Bjørn: Ethnic Conflict and Postmodern Warfare: What is the Problem? What could be done?, paper for the Conference on Anthropological Perspectives on the Roots of Conflict in the Eastern Mediterranean, Institute of Peace and Conflict Studies, University of Malta, Valetta, October 1996 (CIAO Working Papers)
(06) La producción bibliográfica de este autor es enorme. Consideramos, a los efectos de este trabajo, SMITH, Anthony: Theories of Nationalism, Duckworth, London 1983; y SMITH, Anthony: National Identity, Penguin Books, London 1991
(07) Las diferencias entre comunidad étnica y Nación son sutiles, pero fundamentales. Primero, la Nación siempre "está en" su territorio. Segundo, en la comunidad étnica no se comparte una cultura masiva, una economía territorial, ni derechos y deberes comunes.
(08) DJURIC, Ivan: "Pax Americana", El País 3 de marzo de 1993, p. 11
(09) SAIDEMAN, Stephen: Is Pandora`s Box Half-Empty or Half-Full? The Limited Virulence of Secessionism and the Domestic Sources of Desintegration. The University of California, Institute on Global Conflict and Cooperation, January 1996
(10) BAKER, Pauline & AUSINK, John: "State Collapse and Ethnic Violence: Toward a Predictive Model". Parameters, Spring 1996, pp. 19-31
(11) El impacto producido por las desapariciones de la Unión Soviética, Yugoslavia y Checoslovaquia en esos momentos fue abrumador: de sus cenizan surgieron, en poco más de dos años, veinticuatro nuevos Estados, afectando a más de 320 millones de personas
(12) GURR, op.cit.
(13) Los alcances de estas teorías, ya incorporadas al lenguaje usual de las Relaciones Internacionales y usadas por numerosos investigadores de los conflictos internos, los tomamos según su interpretación en SARDAMOV, Ivelin: "Identity`s Role in the Serbo-Croatian Conflict", Peace Review 9:4, December 1997, pp.461-468
(14) GHALI, Boutros Boutros: Las Naciones Unidas en un Mundo en Transición, conferencia en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), Buenos Aires 14 de marzo de 1994
(15) KUNDERA, Milan: "La Imagología", Actualización Política Nº 3 (1992), pp. 47-50
(16) Para el desarrollo de esta tesis, ver SARTORI, Giovanni: Homo Videns. La Sociedad Teledirigida, Santillana-Taurus, Madrid 1998
(17) KAPLAN, Robert: "The coming Anarchy", The Atlantic Monthly 273:2, February 1994, pp 44-76
(18) GRUNWALD, Henry: "The Post-Cold War Press", Foreign Affairs 72:3, Summer 1993, pp. 12-16
El autor hace aquí un juego de palabras entre Nuevo Orden Mundial (New World Order) y Nuevo Orden de la Palabra (New Word Order).
(19) UTLEY, Garrick: "The Shrinking of Foreign News", Foreign Affairs 76:2, March-April 1997, pp. 2-10
(20) O´SULLIVAN, Patrick: "Geography and the Diffusion of Political Violence", The Journal of Conflict Studies, Fall 1996
(21) SAIDEMAN, op.cit.
(22) ARBÓS, Xabier & GINER, Salvador: La gobernabilidad. Ciudadanía y democracia en la encrucijada mundial, Siglo Veintiuno Editores, Madrid 1996
(23) RUFIN, Jean Christophe: O Imperio e os Novos Bárbaros, Editora Record, Rio de Janeiro 1992
(24) GUILHON ALBUQUERQUE, José Augusto: "Nova geometría do poder mundial", en ARAUJO, Braz (coord.): Estratégia no novo cenário mundial, anais do II Encontro Nacional de Estudos Estrategicos, NAIPPE/USP, São Paulo 1995, p. 49 y ss.
(25) DORFF, Robert: "Democratization and Failed States: The Challenge of Ungovernability". Parameters, Summer 1996, pp. 17-31
(26) PETERS, Ralph: "The Culture of Future Conflict", Parameters, Winter 1995-96, pp. 18-27
(27) HOLM, Hans-Henrik: 1998. The Responsibility That Will Not Go Away: Weak States in the International System, paper prepared for Failed States and International Security: Causes, Prospects and Consequences, Purdue University, West Lafayette, February 1998
(28) JOHNSON, Paul: Tiempos Modernos, Vergara, Buenos Aires 1988
(29) CORNELL, Svante: "Conflicting Identities in the Caucasus", Peace Review 9:4, December 1997, pp. 453-460
(30) En este sentido, Xabier Rubert de Ventos opina que en estos Estados la educación desempeña un papel "culturicida": matando las culturas e identidades anteriores al Estado, produciendo una homogeneización de las opiniones y los gustos de los individuos. El objetivo de la educación es producir "patriotas" del nuevo Estado, pero ese patriotismo sería una ideología "ortopédica", artificial.
En DE VENTOS, Xabier Rubert: Nacionalismos. El laberinto de la identidad, Espasa Calpe, Madrid 1994, pp. 120 y 147
(31) MOLLER, op.cit.
(32) HOLM, op.cit.
(33) DE VENTOS, op.cit., p. 175
(34) JOHNSON, op.cit., p.
(35) DE VENTOS, op.cit., p. 28
(36) En ROSECRANCE, Richard: The Rise of the Trading State, Basic Books, New York 1986
(37) FUKUYAMA, Francis: "The End of History?", The National Interest Nº 16, Summer 1989, pp. 3-17
(38) Ver GRONDONA, Mariano: "En vez de Marte, Mercurio", La Nación 1º de julio de 1990, p. 8
(39) KAPLAN, op.cit.
(40) ESTY, Daniel et.al.: The State Failure Project: Early Warning Research for U.S. Foreign Policy Planning, paper prepared for Failed States and International Security: Causes, Prospects and Consequences, Purdue University, West Lafayette, February 1998
(41) DANIEL, Jean: "Al integrismo sólo le quedan unos quince años de vida", Clarín 19 de noviembre de 1995, pp. 24-25
(42) PETERS, op.cit.
(43) POLANCO GUTIÉRREZ, Jesús: La globalización mediática: riesgos y beneficios, mimeo., VIII Jornadas Bancarias de la República Argentina, Buenos Aires julio de 1997
(44) SAIDEMAN, op.cit.
(45) DORFF, op.cit.
(46) BAKER & AUSINK, op.cit.
(47) VALLESPIN, Fernando: "Hacia una España posnacional", El País 28 de septiembre de 1994, pp. 13-14
(48) GURR, op.cit.
(49) BARTOLOME, op.cit.,p.120
(50) BAKER & AUSINK, op.cit.
(51) GURR, op.cit.
(52) SZTOMPKA, Piotr: La variedad de acercamientos a la investigación, UNLZ / IVVVVE / Academia de Ciencias de la República Checa, Maestría en Sociología, módulo II, 1995
(53) MORIN, Edgard: "El mito del progreso murió", Clarín 5 de septiembre de 1996
Podríamos expresar este escenario como la ruptura del Contrato Social de Rousseau.
(54) DORFF, op.cit.
(55) CARLSON, Adolf: "No Balm in Gilead: The Employment of Military Force in the War in Former Yugoslavia and Prospects for a Lasting Peace", in BLANK, Stephen (ed.): Yugoslavia`s Wars: The Problem from Hell, USAWC, Strategic Studies Institute, Carlisle Barracks (PA) 1995, pp. 87-122
(56) El sistema de coparticipación de Yugoslavia también perjudicaba a Serbia. Sin embargo, también debe tenerse en cuenta que la unidad política más beneficiada, Kosovo, era -más allá de su autonomía especial- parte de Serbia.
(57) En CARLSON, op.cit.
(58) MITCHELL, Christopher & BANKS, Michael: Handbook on conflicts resolution, Pinter Wellington House, London 1997
(59) ECO, Umberto: "No tener enemigos resulta que es una vergüenza". La Nación 16 de febrero de 1997, p. 8
(60) DOUGHERTY, James & PFALTZGRAFF, Robert: Teorías en pugna en las Relaciones Internacionales, GEL, Buenos Aires 1993, pp. 302-304
(61) Ya hemos desarrollado este concepto en BARTOLOME, op.cit., pp. 285-288, tomando como base JERVIS, Robert: "Offense, Defense and the Security Dilemma", en ART, Robert & JERVIS, Robert (comps.): International Politics: Enduring Concepts and Contemporary Issues, Harper Collins, New York 1996. pp. 183-203
(62) POSEN, Barry: "The Security Dilemma and Ethnic Conflict", Survival 35:1 (Spring 1993), pp. 27-47
(63) El concepto original de Buzan, que luego lo profundizaría y perfeccionaría junto a Ole Weaver, aparece en BUZAN, Barry: People, States and Fear: An Agenda for International Security Studies in the Post-Cold War Era, Harvester Wheatsheaf, London 1991
(64) De BUZAN, Barry: "Societal Security, State Security, and Internationalisation", en WAEVER, Ole et al: Identity, Migration and the New Security Agenda in Europe, Pinter, London 1993, p.47. En ROE, Paul: The Societal Security Dilemma,
Copenhagen Peace Research Institute (COPRI), June 1996(65) HOFFMANN, Stanley: "La crisis del internacionalismo liberal". Archivos del Presente Nº 3 (1996), pp. 39-59
(66) DELMAS, Phillipe: El brillante porvenir de la guerra, Andrés Bello, Santiago de Chile 1996
(67) JOHNSON, op.cit., pp. 80-81, 88, 138, 348-349
(68) DE LA MAISONNEUVE, Eric: ¿Fuerzas Armadas nacionales en un mundo globalizado?, mimeo., VIII Jornadas Bancarias de la República Argentina, ABRA, Bs.As. junio de 1997
El autor ampliaría sus conceptos en DE LA MAISONNEUVE, Eric: La Metamorfosis de la Violencia, GEL, Buenos Aires 1999
(69) HOLL, Jane (Executive Director) et.al.: Second Progress Report, The Carnegie Commission on Preventing Deadly Conflict, Wash. DC July, 1996
(70) GURR, op.cit.
(71) DOUGHERTY & PFALTZGRAFF, op.cit., pp. 294-296 y 338-341
(72) DE VENTOS, op.cit., p. 91
(73) METZ, Steven: The Future Of Insurgency, SSI Report, USAWC, Carlisle Barracks (PA) 1993
(74) BAKER & AUSINK, op.cit.
(75) MERLE, Marcel: Sociología de las Relaciones Internacionales, Alianza Editorial, Madrid 1991, p. 304
(76) BELBUTOWSKI, Paul: "Strategic Implications of Cultures in Conflict", Parameters, Spring 1996, pp. 32-42
Cabe aclarar que en esta frase el autor utiliza el adjetivo "primitivo" en el sentido de "mítico".