EL TERRORISMO DEL 2000: PRIVADO y TRANSNACIONAL
Mariano César Bartolomé *
Conforme se desarrollan diariamente los acontecimientos mundiales, podemos comprobar que una de las amenazas que nos continuará acompañando en este flamante siglo XXI será el terrorismo transnacional. Este terrorismo transnacionalizado, que los argentinos experimentamos en carne propia en dos oportunidades (atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA), intentó asestar demoledores ataques con la llegada del año 2000, particularmente contra ciudadanos o bienes de Estados Unidos. Esta fecha no tenía para los agresores una especial significación mística o religiosa. Simplemente, aparentaba ser una coyuntura favorable desde el punto de vista táctico.
¿Quiénes eran estos terroristas? Organizaciones islámicas que responden a Osama Bin Laden, el multimillonario saudita sospechado de financiar los atentados a las embajadas norteamericanas de Kenia y Tanzania. Bin Laden es "huesped" de los talibanes afganos, quienes se niegan a extraditarlo a Estados Unidos para ser juzgado por esos hechos. Hacia fines de 1999, esa negativa motivó que las Naciones Unidas le impusieran sanciones al régimen de Kabul, decisión que llevó al líder terrorista a preparar represalias.
La oportunidad ideal era el inicio del año 2000: fuera del territorio estadounidense, numerosos turistas de esa nacionalidad serían blancos rentables, de escasa peligrosidad; dentro de sus fronteras, el atractivo estaba dado por grandes festejos callejeros, las fuerzas del orden sobreexigidas y ¿por qué no?, cierto caos producido por el temible efecto informático Y2K.
Los esfuerzos de la Casa Blanca, unilaterales o combinados con los de otros países, neutralizaron algunas de estas iniciativas. En Islamabad y Peshawar, las autoridades paquistaníes arrestaron a casi un centenar de seguidores de Bin Laden, acusados de planificar atentados contra Estados Unidos en ese país, o colaborar logísticamente para su realización en otras naciones. En Jordania se desmanteló una célula que atentaría contra ciudadanos norteamericanos en hoteles y lugares turísticos.
Más cerca de Estados Unidos, en su límite con Canadá, hubo dos importantes detenciones. En Vermont se detuvo a la canadiense Lucía Garofalo, cuando intentaba ingresar al pais con el argelino Bouabide Chamchi. Dos datos a tener en cuenta: el primero, que la detención se produjo cuando los perros de los guardias fronterizos detectaron rastros de explosivos en la camioneta de Garofalo; el segundo, que Chamchi portaba documentación falsa.
En el otro extremo de la frontera, en el paso que comunica la isla de Vancouver con el estado de Washington, se descubrió al argelino Ahmed Ressam con documentos falsos, intentando ingresar una importante cantidad de un explosivo de gran potencia, usado en demoliciones: trimitamina de ciclotrimetilo. El argelino también portaba detonadores fabricados con relojes de cuarzo, similares a los usados en el ataque contra el World Trade Center de Nueva York, hace algunos años. Con sus papeles apócrifos había reservado una habitación en un hotel de Seattle, contiguo al espacio público donde la población festejaría la llegada del nuevo milenio. Se supone que ese espacio era precisamente el objetivo de su atentado, que hubiera arrojado cientos de víctimas.
Las investigaciones en torno a Ressam y Garofalo develaron las complejas tramas del terrorismo internacional. Tanto Ressam como su compañero de cuarto en Montreal (su lugar de residencia), Karim Atmani, están acusados de participar en los atentados perpetrados en 1996 por el Grupo Islámico Armado (GIA) de Argelia contra los subterráneos de París. Sus contactos en esa ciudad canadiense parecen incluir a inmigrantes árabes involucrados en la colecta de fondos para grupos terroristas que responden a Bin Laden.
En cuanto a Garofalo, entre sus contactos en Canadá figuraba Brahim Mahdi, presunto responsable de una red de beneficencia (la Liga Islámica Argelina) cuyo fundador, Mourad Dhina, reside en Suiza. El dato relevante es que Dhina, de acuerdo a versiones difundidas por The Boston Globe, es un traficante de armas que financia las redes del terrorismo islámico en Europa. Además, Garofalo está vinculada con un argelino que ahora reside en Italia, luego de haber sido expulsado de Canadá y Gran Bretaña por falsificación de documentos; este personaje, llamado Yamin Rachek, también es un comprobado terrorista del GIA.
Aún cuando las intentonas terroristas de los últimos tiempos afectaron sólo a Estados Unidos, Argentina puede obtener de las mismas una serie de enseñanzas concretas. La primera es recordar que el terrorismo también está "globalizado", desconociendo tanto las limitaciones de distancia como las jurisdicciones estatales, para proyectarse a escala planetaria. Basta como muestra la mención en estas apretadas líneas de lugares tan diversos como Afganistán, Paquistán, Jordania, Canadá, Francia, Suiza, Italia y Estados Unidos. Una segunda enseñanza tiene que ver con el rol desempeñado por Bin Laden en todos estos hechos; en estos tiempos de la globalización, el terrorismo también parece haberse "privatizado".
La tercera enseñanza es, en realidad, casi una obviedad, aunque países como el nuestro suelan darse el lujo de ignorarla. Se refiere al rol vital que desempeñan tanto las actividades de inteligencia y control (efectivo) de fronteras, como la cooperación interestatal, en la seguridad de un Estado. Sin ellas, el gobierno de Washington no hubiera detectado los grupos terroristas en Jordania y Paquistán, ni hubiera frustrado los ingresos de Ressam y Garofalo.
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