EUROPA CENTRAL-ORIENTAL, UN LUSTRO DESPUES DE LA CAIDA DEL MURO
1. LA SITUACION ACTUAL DE EUROPA CENTRAL-ORIENTAL
El año 1994 constituyó el quinto aniversario del inicio de un proceso irreversible de reformas políticas y económicas que tuvieron lugar en Europa Central-Oriental, y que significaron el abandono de lo que es mencionado corrientemente como comunismo. Actualmente, la información cuantitativa y cualitativa disponible sobre la situación de Europa Central-Oriental permite suponer que tras un lustro de la caída del Muro de Berlín, los acontecimientos no evolucionaron conforme lo deseaban sus ciudadanos.
Numerosos indicadores económicos y sociales así lo confirman: en el primer caso, y considerando a la región en su conjunto sin establecer diferencias entre países, entre 1989 y 1994 se habrían registrado caídas de la riqueza de entre el 30 % y el 40 %, inflaciones descontroladas y tasas de desempleo que fluctúan del 10 % al 15 % de la Población Económicamente Activa (PEA) (01); respecto a lo social, diversas fuentes aluden a un deterioro de los índices sanitarios, junto a un alza de la criminalidad y la prostitución.
Esta situación ha generado un doble efecto, por un lado el aumento de los niveles de incertidumbre con que los europeos centrales-orientales miran el futuro, y por otro el surgimiento de una profunda sensación de estancamiento del proceso iniciado hace cinco años. Respecto a la incertidumbre, según el The New York Times sólo el 12 % de los húngaros dice estar mejor que en 1989, frente al 18 % de los polacos y al 32 % de los checos; para el Instituto de Sociología Paul Lazarsfeld de Viena las tasas de satisfacción son mayores a las recogidas por el periódico estadounidense, aunque igualmente inferiores a las optimistas proyecciones que se hacían hace algunos años: 27 % para los húngaros, 30 % para los eslovacos y un porcentaje levemente superior al 50 % para checos y polacos (02).
La sensación de estancamiento, en tanto, parece plasmarse en la reaparición de la figura del "muro" para patentizar las diferencias entre la realidad a emular, o sea la de Europa Occidental, y la realidad con que se cuenta. La siguiente frase, aparecida en un periódico europeo, ejemplifica este sentimiento: Una barrera separa el Este de los países de Europa Occidental. Un muro económico (...) los países del Este sólo desean una cosa: dejar de ser los parientes pobres de Europa y empezar a vivir en la realidad las ilusiones y panaceas incumplidas que les prometió Occidente si accedían a la democracia".
Esta manera de ver las cosas ha redundado en la multiplicación de las críticas a la Comunidad Europea (CE) por no haber plasmado su declamado apoyo al proceso de democratización con apoyos económicos o aperturas comerciales de importancia. Se ha sugerido que acceder a las demandas de esos países le implicaría a esa institución duplicar su actual presupuesto anual, de U$S 95 mil millones; por otro lado le implicaría alterar sus prioridades, que por el momento se orientan a modernizar la agricultura e industria de sus miembros más pobres: Irlanda, Grecia, España y Portugal (03).
En cuanto a lo comercial, si bién hoy los países centrales de Europa mantienen con la CE más del 50 % de su comercio exterior, contra menos del 25 % en 1989, se enfrentan al hecho que esa institución multilateral acepta desgravar el intercambio de algunos bienes, en la que es altamente competitiva, en tanto impone restricciones al ingreso de determinados bienes al mercado comunitario. Tal es el caso del acero, textiles y alimentos, afectados por medidas proteccionistas. Con este contexto, las inversiones y aportes externos que se concretaron en Europa Central-Oriental entre 1989 y 1993 totalizaron, según la ONU, U$S 210 mil millones. Sin embargo U$S 170 mil millones de ese total se orientaron a la antigua República Democrática Alemana (RDA) y provinieron del gobierno de Bonn. Del monto remanente, más del 75 % se concentró en sólo tres naciones, las que junto a Eslovaquia integran el Grupo de Visegrad y se perfilan como las más ricas de esa zona: U$S 12 mil millones a la República Checa, U$S 10 mil millones a Polonia y U$S 9 mil millones a Hungría, según evaluaciones del Deutsche Bank.
Esta realidad, que representa un segundo muro, en este caso entre países de Europa Central-Oriental, se complementa con un tercero, esta vez en el interior de cada una de esas sociedades nacionales. Casos como el de la privatización de los servicios sociales, que dividen a la ciudadanía entre aquellos que pueden acceder a facilidades privadas y los que deben recurrir a deficientes prestaciones estatales, han movido al politólogo argentino Juan Carlos Portantiero a considerar que existe un muro en el interior de esas sociedades, que separa a los integrados al sistema de los que quedaron afuera del mismo (04).
Toda la situación hasta aquí descripta ha redundado, en importantes sectores de la ciudadanía centroeuropea, en una sensación de nostalgia por algunos elementos característicos de las épocas anteriores a la caída del muro. Aunque se habla de nostalgia por el bienestar registrado hasta la década del 80, la pobreza que existía en esos momentos hace que lo añorado sea más exactamente el pleno empleo y la fuerte protección social del Estado.
La traducción política de este sentimiento ha sido una caída del apoyo electoral a aquellas fuerzas políticas que pregonan la aplicación de modelos económicos asociados a la ideología liberal, los que habían triunfado comicialmente durante la primera mitad del lapso 1989-1994, aproximadamente. En la mayor parte de los casos, la ciudadanía responsabilizó a tales modelos de sus frustraciones.
En realidad, la eficiencia de los modelos económicos liberales en Europa Central-Oriental es objeto de disenso. Algunos analistas destacan la existencia de tasas de crecimiento positivas de alrededor del 3 % en países específicos como Polonia, Hungría y la República Checa, así como el papel de "locomotora" que en los mismos desempeña el sector privado, responsable en los tres casos de entre el 30 % y el 40 % del Producto Bruto Interno (PBI) para algunos, mientras otros análisis elevan esta estimación al segmento 40 % - 65 %, con picos del 80 % para el caso checo; estas cifras son impresionantes si se las compara con el 20 % y el 4 % de actividad privada que en 1989 registraban Hungría y la entonces Checoslovaquia, respectivamente (05).
También merecen tenerse en cuenta los resultados de una pesquisa elaborada por The Economist en base a datos proporcionados por el Banco Mundial (BM) y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD). De ellos se destaca que los déficits fiscales de Hungría y Eslovaquia se asemejan al déficit promedio de las naciones de la CE y son menores al de muchos miembros de la misma, mientras el déficit polaco es sensiblemente inferior a ese promedio y la República Checa es superavitaria (06).
Empero, otros puntos de vista recalcan en los resultados predominantemente negativos de la aplicación de modelos de corte liberal en el Este de Europa. El conocido economista estadounidense John Kenneth Galbraith opina en este sentido que la aplicación del libre mercado en esa región fue en extremo traumática debido a su rapidez y falta de gradualidad, características que lo transformaron en una verdadera "terapia de choque". Esta terapia ha sido denominada por algunos como "efecto Jeffrey Sachs", en relación al conocido economista de la Universidad de Harvard que es considerado como la principal influencia en los experimentos radicales de implementación de un libre mercado en Europa Central-Oriental.
En contraposición a la citada pérdida de respaldo electoral que durante los últimos años registraron en esa zona aquellas fuerzas políticas que promovían la aplicación de modelos económicos liberales, se observa un simultáneo fortalecimiento de los partidos políticos que enarbolan postulados más afines con el socialismo. Debido a que en buena medida estos partidos surgieron a partir de la reconversión ideológica, total o parcial, de las fuerzas comunistas preexistentes a la caída del Muro de Berlín, la mayoría de los análisis que en el último bienio se ocuparon de esta región coinciden en señalar la existencia de una situación con algunos ingredientes de "neocomunismo".
Pueden mencionarse al menos dos causas principales para comprender este fenómeno: en primer lugar, las organizaciones calificadas como neocomunistas se presentan ante la Sociedad como los únicos defensores de los sectores marginados de la ciudadanía; segundo, las mismas son percibidas como posibles caminos para lograr un "capitalismo social" similar a las orientaciones reformistas implantadas en las décadas del 70 y 80, que aspiraban a una conciliación entre la economía de mercado y un Estado redistributivo que garantice la equidad social.
Resta ahora comprobar en casos específicos las características que adquirió la situación global de Europa Central-Oriental hasta aquí descripta. Tal vez aleatoriamente, o a lo mejor debido a sus similitudes culturales y económicas, a compartir una misma región de Europa Central-Oriental y a no provenir de traumáticos procesos de desmembramiento como el soviético y el yugoslavo, se han seleccionado para una descripción más particularizada a los integrantes del Grupo de Visegrad.
2. POLONIA
La economía polaca está considerada una de las más dinámicas del Este europeo, opinando en especial Jacques Attali que "Polonia se encuentra en la vanguardia de la competición poscomunista" (07). Declaraciones como ésta se fundamentan en logros significativos, como una evolución del PBI del 4 % en 1993, totalizando U$S 75, 2 mil millones; una caída del déficit público del 7 % al 3 % del PBI entre 1989 y 1993; en igual lapso, una disminución de la inflación del 640 % al 38 % anual, mientras la producción industrial crecía en 1994 un 6 % en relación al año anterior.
Por otra parte, la cantidad de Pequeñas y Medianas Empresas (PyMES) existentes pasó del cero absoluto a casi 2 millones a fines de 1994, cifra que se eleva a 8 millones si se considera a los 6 millones de cuentapropistas, como vendedores ambulantes y dueños de puestos de venta. En tanto, otros indicadores referidos al trienio 1990-1992 muestran un incremento de ventas de elementos usualmente empleados para calcular el bienestar de la población: en el lapso consignado, el porcentaje de familias poseedoras de un automóvil pasó del 33,2 % al 41,4 %; de un TV color de 77,1 % al 91,4 %; de una videograbadora del 20,1 % al 53,4 % y de un lavarropas del 63,5 % al 69,7 % (08).
No obstante, una encuesta de opinión realizada en 1993 por la Academia Polaca de Ciencias indicó que cerca del 48 % de la ciudadanía se consideraba perjudicada por las reformas económicas de libre mercado implementadas por el presidente Lech Walesa. Entre las razones de este desencanto se incluían la desocupación, del 16 % de la PEA; la caída salarial de los funcionarios públicos, quienes totalizan el 40 % de la PEA; la declinación de la renta de los campesinos, un cuarto de la mano de obra nacional; la ubicación de aproximadamente un tercio de la población por abajo de la linea de pobreza y el deterioro del poder adquisitivo de los aproximadamente 9 millones de jubilados. Por otro lado su PBI per cápita, calculado en U$S 4880 en 1994 era el más bajo del Grupo de Visegrad (09).
Esta insatisfacción llevó a los antiguos líderes comunistas, reorganizados en una serie de fuerzas políticas de orientación socialista integradas en la Alianza de Izquierda Democrática, a triunfar en los comicios de septiembre de 1994. De diferentes expresiones de sus líderes Adam Przeworski y Aleksander Kwasniewski se desprende que la Alianza postula la existencia de mercados regulados para la distribución de recursos y la presencia del Estado para garantizar el empleo y el bienestar básico de la población.
Por otro lado la popularidad del presidente Lech Walesa, quien hacia inicios de 1995 recogía un 20 % de adhesión del electorado frente a 60 % en 1990, vió licuada la base de sustentación sindical que recibía de la central obrera Solidaridad, de 10 millones de afiliados en sus mejores momentos a 160 mil hacia fines de 1994, mientras que, en sentido inverso, la principal agrupación laboral neocomunista llegaba a 5 millones de adherentes (10).
3. HUNGRIA
Alcanzando un PBI de U$S 30,6 mil millones, la economía húngara muestra una reversión de su curva de decrecimiento, que pasó de (-11,9) % en 1991 a 0 % en 1993, en tanto la inflación anual caía en igual período del 36,4 % al 20 %. Frente a estos positivos índices, cuyas causas se pueden rastrear en la captación de una importante porción de los fondos orientados a la región por Europa Occidental, o en el dinamismo de la industria turística (22 milloones de personas en 1993), convive un desempleo que se estimaría en el 12 % de la PEA y una economía clandestina del 20 % del total nacional (11).
Principalmente la inflación y la desocupación parecen haber sido los principales móviles de la reorientación de las preferencias del electorado: en la inmediata etapa postrevolucionaria todos los triunfos comiciales correspondieron a las fuerzas de orientación ideológica liberal nucleadas en el Foro Democrático; en tanto, el Partido Comunista se transformaba en Partido Socialista, bajaba de 800 mil a 400 mil afiliados y lograba sólo el 12 % de los votos emitidos en las elecciones de 1990.
Tres años después, el 29 de mayo de 1993, el Partido Socialista obtuvo mayoría parlamentaria propia, con el respaldo de los antiguos sindicatos comunistas, que tendrían cerca de un millón de afiliados. Así, el rol de Primer Ministro recayó en Gyula Horn, ministro de Relaciones Exteriores del último gobierno comunista y célebre, en 1989, por haber abierto la frontera austrohúngara, uno de los gestos que marcaron la caída de la Cortina de Hierro. Como líder del Partido Socialdemócrata, accedió a su actual puesto mediante la pública promesa de preservar el generoso sistema de beneficios sociales del Estado, aunque seis meses después comenzaría a hablar de "austeridad fiscal" y reducción de los gastos públicos.
4. ESLOVAQUIA
Esta es la nación más pobre del Grupo de Visegrad, con un PBI de U$S 10,2 mil millones y un PBI per cápita de U$S 5620 a 1994. Su economía también parece ser la de más difícil recuperación: el PBI mejoró de un (-16,4) % en 1991 hasta un (-8,7) % en 1992, aunque luego empeoró nuevamente al situarse en (-9,3) % en 1993; de igual manera la inflación logró una caída del 61,9 % anual en 1991 a 10,1 % en 1992, subiendo al 25 % en 1993; finalmente, la desocupación llega al 14,4 % de la PEA (12).
Diversos análisis coinciden en señalar como algunas causas de esta deficiente perfomance a la estructura productiva predominantemente agraria de Eslovaquia, además que buena parte de sus ya escasas industrias se orientaban a la producción bélica, careciendo de mercados hasta tanto no se reconvirtieran a la producción civil.
No obstante, las intenciones de voto de la ciudadanía continuaron apoyando en los comicios de septiembre y octubre de 1994 al ex-comunista y otrora jege de gobierno Vladimir Meciar, una persona de difusas ideas económicas y políticas, aunque poseedor de un discurso exaltador de las ideas independentistas que tanto éxito le reportaran al promover la separación de la República Checa en 1993.
Se ha considerado que la verdadera razón del triunfo electoral de este personaje radica en la interacción de dos factores, ambos vinculados con la cuestión de la independencia: el primero, que fue Meciar quien logró finalmente este anhelo, luego de mil años de dominio magyar (húngaro) y checo; el segundo, que el pasado comunista de este líder no lo inhabilita ante la población, puesto que ésta reconoce al período iniciado en 1945 como aquel donde más se elevó su nivel de vida, y en el cual surgieron dirigentes propios (13).
Por otra parte, el discurso de Meciar incurre en la búsqueda de terceros responsables para justificar las frustraciones económicas y sociales de su población: suele asignar responsabilidades a Occidente, la República Checa y Hungría, además de instar a la ciudadanía a adoptar conductas xenófobas con la minoría húngara, equivalente al 10 % del total de habitantes del país.
Tras su último acceso al poder, las primeras decisiones gubernamentales de Meciar apuntaron a suspender medidas de recorte a los gastos fiscales, limitación a los gastos sociales y reimpulso al proceso de privatizaciones aplicando un modelo similar al que se mostró exitoso en la vecina República Checa. Ese paquete económico se vió complementado con diferentes medidas políticas que dejaron percibir un perfil autoritario en el nuevo gobierno eslovaco: remoción del Procurador General, encargado de supervisar la acción del Poder Ejecutivo; control oficialista de todas las comisiones parlamentarias del Poder Legislativo; sanción de una medida que inhabilita a la oposición a emitir votos de censura y control total de los principales medios de comunicación masiva (14).
5. REPUBLICA CHECA
La República Checa está considerada por muchos analistas como el país en que más éxito han tenido los programas de reformas iniciados en 1989. Luego de Polonia su PBI es el mayor del Grupo de Visegrad; su inflación anual del 20 % en 1993 fue la más baja junto con la húngara, cayendo a menos del 10 % entre los meses de abril de 1993 y 1994; su crecimiento evolucionó del (-15,9) % en 1991 a (-8,5) % en 1992, pasando al (-0,6) % en 1993; su desempleo es el más bajo de toda Europa Central-Oriental y mejor que muchos casos de Europa Occidental, con sólo el 3,5 % de la PEA; finalmente, con un PBI per cápita de U$S 7160, alcanza el nivel más alto del Grupo de Visegrad y se sitúa levemente por debajo de Grecia, que con U$S 8 mil es el más bajo de la CE.
Puede decirse además que es en la República Checa donde mayor profundidad alcanzó el proceso de reconversión del Estado, estimándose en 1994 que el 80 % de las empresas públicas existentes en 1989 estarían privatizadas al término del mismo. De hecho, cifras oficiales indican que la proporción del aparato productivo en manos del Estado pasó del 98 % en 1989 al 33 % en 1993 (15).
La forma en que se ha llevado a cabo la privatización de bienes del Estado en la República Checa ha merecido, por su originalidad, que esta nación sea denominada "un país de accionistas", dado que entran en esa categoría virtualmente todos los integrantes de la PEA: pagando mil coronas (U$S 3,5 mil aproximadamente) se tiene derecho a un talonario de cupones, por valor de un millar de puntos, que dán opción a recibir acciones de las empresas que el gobierno privatiza.
Otros indicadores positivos de la economía checa son el cierre del presupuesto fiscal 1993 con superávit, el ingreso durante el mismo período de unos U$S 2 mil millones y el crecimiento de las exportaciones un 20 % respecto a 1992.
Con este contexto económico desde junio de 1992 continúan gobernando el país, con alto grado de popularidad, el presidente Vaclav Havel y el jefe de gobierno Vaclav Klaus, confirmando un caso diametralmente opuesto al fenómeno denominado neocomunismo que afecta a Hungría y Polonia, o al populismo de Eslovaquia. Los escasos elementos con que se dispone para orientar la búsqueda de una explicación a las diferencias electorales registradas entre ese país y los otros miembros del Grupo de Visegrad permiten considerar como probable que una explicación a esta diferencia esté en alguna característica especial de Havel, principal orientador y promotor de sus reformas.
Pese a ser el dirigente de Europa Central-Oriental más conocido en Occidente, la difusión de su pensamiento político es, según se comprueba, escaso y fragmentado, dado que no está condensado en ninguna obra globalizadora. Sin embargo, sí se sabe que para Havel es perfectamente lógico y comprensible que los procesos para implementar la democracia y el libre mercado en esa región hayan sido difíciles y prolongados, esbozando como explicación: "La desintegración del sistema de valores de la gente que había vivido bajo el régimen comunista (...) la gente no podía aceptar inmediatamente una nueva estructura basada en los principios de la Sociedad Civil y la democracia (por lo cual) la velocidad y la dinámica que marcaron la construcción del nuevo Estado democrático llevaron necesariamente a improvisaciones que sólo podían probarse en el transcurso de la búsqueda de prácticas desconocidas, y llevaron también a la pérdida de viejas incertidumbres" (16).
Con este diagnóstico, las acciones del gobierno de Havel parecen haber otorgado un lugar preponderante al "renacimiento de la ciudadanía", el impulso de un nuevo sistema de valores afín a las prácticas democráticas, que reemplace a aquel que había perimido con la caída del régimen comunista. Este presidente se ha referido a tal sistema de valores vinculándolo con la cultura en su sentido más amplio, lo que él denominó en alguna oportunidad "cultura de todo", abarcativa de todas las relaciones entre personas, más allá de las características particulares de las mismas .
Al recibir en EE.UU. la Medalla de la Independencia de Filadelfia el 4 de julio de 1994, esta personalidad se refirió al conjunto de valores que conforman el renacimiento de la ciudadanía diciendo: "Yo me refiero al respeto por el ser humano único y por sus libertades y derechos inalienables y al principio de que todo el poder es derivado del pueblo. Me estoy refiriendo a las ideas fundamentales de la democracia moderna" (17).
Junto a todo esto Havel se define como conservador, no en el sentido material ni de regreso a las condiciones de vida políticas y económicas del régimen comunista, sino al de las tradiciones culturales checas (18).
A partir de este abordaje, tal vez extremadamente limitado, al pensamiento político del mandatario checo, puede suponerse que el nuevo sistema de valores que el mismo puso en práctica en su país, tanto en lo político como en lo económico, respondían a las características culturales propias de su ciudadanía. Esta suposición se fortalece con su opinión según la cual el modelo económico implementado no había sido calcado de una experiencia foránea, sino producido localmente por un grupo de economistas, que ya en el período totalitario comenzó a investigar cómo restaurar tras cuatro décadas una moderna economía de mercado en la entonces existente Checoslovaquia.
Se ha sugerido que la aplicación gradual de las reformas en la república Checa, incluidas las privatizaciones y la participación del Estado en la economía, tiene directa incidencia en el escaso costo social que generaron las mismas, en comparación con los otros tres casos del Grupo de Visegrad (19).
6. ANALISIS DE LA SITUACION A LA LUZ DE LAS IDEAS POLITICAS DE OCCIDENTE
Desde el punto de vista de los cambios que se han registrado en los últimos tiempos en Occidente, en lo atinente al contenido de las ideas políticas, conviene iniciar el análisis de los sucesos de Europa Central-Oriental recordando que al inicio de las revoluciones de 1989 no existía en aquella parte del mundo un consenso absoluto en torno a las formas que debía adoptar el sistema económico. En el marco de esta indefinición, las élites políticas que accedieron al poder en las naciones del Grupo de Visegrad implementaron sistemas económicos de libre mercado, a efectos de lograr el objetivo (compartido por toda la ciudadanía) de mayor prosperidad y capacidad de consumo.
Por sus características más relevantes, incluyendo además de la implementación de mecanismos de mercado la desregulación y la reducción del aparato productivo del Estado, calificamos a este sistema como liberal. Sin embargo, no lo visualizamos como una visión extremista del mismo debido a la evidente intención de los gobiernos de mantener las redes sociales preexistentes en la medida de sus posibilidades.
No obstante, esos modelos liberales habrían estado, en términos comparativos, más cercanos a las posturas ortodoxas de esa ideología que a sus más recientes versiones moderadas. Estas últimas apuntan a una suerte de equilibrio entre eficiencia económica e igualdad social; por el contrario los gobiernos del Grupo de Visegrad optaron entre ambos objetivos imposibles de ser logrados simultáneamente, por la generación de riqueza antes que la distribución de la misma.
Este proceso tuvo lugar en un contexto signado por la marcada influencia que tenían en la ciudadanía elementos culturales oriundos del viejo régimen prerrevolucionario. Nos estamos refiriendo a aquellos hábitos paternalistas acendrados en la población como producto de más de medio siglo de vigencia de un Estado que velaba y cuidaba a todos los ciudadanos.
Teniendo en cuenta la diferente dinámica que registraron la implementación de modelos económicos liberales por un lado, así como la modificación de las pautas culturales de la ciudadanía por otro, los costos sociales que generó la primera redundó en una modificación de las preferencias electorales del grueso de la Sociedad.
Así, en el marco de la evolución reciente de las ideas políticas occidentales, los últimos comicios en Hungría, Polonia y Eslovaquia pueden ser entendidos principalmente de tres maneras. En primer lugar, como la intención de la ciudadanía de asistir a una modificación de las orientaciones ideológicas que marcan la evolución de los procesos iniciados en 1989.
Tal modificación apunta a una revalorización de los aspectos sociales y en tal sentido, lejos de significar una suerte de "neocomunismo", como lo han calificado diversos medios de comunicación de todo el mundo, se inscribe en la búsqueda del equilibrio entre eficiencia económica y equidad social en la cual coincide el socialismo moderno y el liberalismo moderado más reciente.
Desde una percepción axial de la política, los votos húngaros, polacos y eslovacos muestran una reorientación hacia la izquierda, desde posturas de derecha hacia posiciones de centro donde confluyen las ideologías socialista y liberal.
La segunda manera de comprender las elecciones que tuvieron lugar en esas tres naciones durante 1994 es a partir de su contenido conservador. Los electores, imbuidos de una cultura política que hereda del antiguo régimen el rol paternalista del estado, han emitido un voto conservador en tanto el mismo refleja la voluntad de recuperación de los beneficios de un Estado benefactor.
Finalmente, en la opinión de Alain Badiou, los eventos a los que nos hemos referido constituyen en los países analizados una suerte de "segunda revolución", en el marco de un mismo régimen político. Es decir que en un contexto democrático el carácter revolucionario que tuvieron las elecciones está dado por la búsqueda de alternativas que permitan superar los efectos negativos del libre mercado y ampliar el carácter inclusivo del sistema (20).
Las diferencias que se registran entre el caso checo y los tres restantes hasta aquí descriptos parecen obedecer a la interacción de dos factores: el primero, los diferentes resultados sociales que produjo el sistema económico de libre mercado implementado por el gobierno de Praga; el segundo, una diferente cultura política en relación a los demás socios del Grupo de Visegrad. La participación masiva de la ciudadanía en el proceso de privatizaciones, unido al éxito gubernamental en mantener altos estándares de ocupación, ha minimizado los efectos sociales negativos, evidenciándose que la ecuación libertad/equidad es aceptable para la población.
Por otra parte, la existencia de una cultura política donde continua teniendo fuerte incidencia la experiencia histórica anterior a la implementación del régimen comunista, de funcionamiento exitoso y eficiente de un sistema de libre mercado, marca la existencia de hábitos de paternalismo estatal comparativamente menores (21). En el fortalecimiento de estas pautas culturales habría tenido una alta incidencia la labor del mandatario Vaclav Havel, cuya popularidad y antecedentes intelectuales resaltan frente a iguales cualidades de sus homólogos polaco, eslovaco y húngaro.
Comparativamente, entonces, las diferencias entre la República Checa y las otras naciones del Grupo de Visegrad queda planteada de la siguiente manera: en estos tres últimos casos se registra la voluntad de la ciudadanía de reorientar los rumbos de las reformas económicas, desde una lectura liberal cercana a la ortodoxia de esa ideología (predominio de la eficiencia sobre la equidad) hacia otra más moderada, característica tanto del socialismo moderno como de las nuevas ópticas del liberalismo; tal reorientación tiene un sentido axial de derecha a izquierda, es conservador y revolucionario.
Por contraste en el caso checo no se registra voluntad de reorientación del actual modelo liberal cercano a la ortodoxia, desde un punto de vista axial el mismo sigue siendo asimilable al pensamiento de derecha y no hay elementos revolucionarios ni conservadores; sólo podríamos hablar de conservadurismo si remitiéramos los valores a preservar al período precomunista, tal cual lo hace Havel.
Finalmente, cabe destacar un elemento que puede ser comprendidos a la luz de las ideas políticas occidentales, referido a Eslovaquia. El respaldo ciudadano a las actitudes xenófobas y autoritarias de Vladimir Meciar en un país con una cultura democrática comparativamente menor que la de sus vecinos corrobora que las capacidades de "integración de la pluralidad" son directamente proporcionales a la mencionada cultura democrática. También permite comprobar que, según estableciera Jaruzelski, en casos de este tipo en que los anteriores períodos de independencia fueron extremadamente cortos o directamente inexistentes, el flamante ejercicio de la soberanía eclipsa la obtención de libertad y democracia; inversamente a esta subestimación, la exaltación de la soberanía lleva a actitudes xenófobas y chauvinistas (22).
NOTAS Y ACLARACIONES:
(01): Se incluye aquí a Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Albania, Rumania, Bulgaria y las unidades de la ex-Yugoslavia.
Según datos del Banco Mundial reproducidos por The Economist. En SANTA CRUZ, Angel: "Del telón de acero al telón de seda", en "Cinco años sin muro", informe especial Temas de Nuestra Epoca en El País 06/11/94, pag. 5
(02): Ibidem y "Cinco años después", Cambio 16 Nº 1202, 05/12/94, pag. 68-73
(03): GAMBOA, Santiago: "El muro que falta derribar", El Tiempo 13/11/94, pag. 16-A
(04): "Cómo es la vida cinco años después del muro", entrevista a Juan Carlos Portantiero en Página 12 06/11/94, pag. 10
(05): FAZIO VENGOA, Hugo: "La Europa neocomunista", El Tiempo 13/11/94; "Painful rebirth from the ashes", Financial Times 11/11/94, pag. 15
(06): "Matching up to the market", The Economist 05/11/94, pag. 26
(07): "La liberté, l`ordre et le chaos", entrevista a Jacques Attali y Guy Sorman en L`Express 17/11/94, pag. 41-43
(08): "C`era una volta la rivoluzione", informe especial Panorama 11/11/94, pag. 88-100; SANTA CRUZ, Angel: "El último desafío de Walesa", El País 12/02/95, pag. 8
(09): "Otimismo tenta vencer pessimismo", O Estado de São Paulo 30/10/94; "Painful rebirth...", op.cit.; "Matching up...", op.cit.
(10): FAZIO VENGOA, op.cit.; LLAPOUGE, Gilles: "Corrida ao dinero se tornou prioridade", O Estado de São Paulo 30/10/94, pag. A-22
(11): "Otimismo tenta...", op.cit.; "Les pays d`Europe de l`Est", L`Express 17/10/94, pag. 39
(12): "Les pays...", op.cit.
(13): VALVERDE, Freddy: "El muro no ha caido del todo", El Mercurio 12/11/94, pag. D-5
(14): "Look who`s coming back to haunt Slovakia", Business Week 03/10/94, pag. 28; "Wrong turning", The Economist 12/11/94, pag. 40
(15): "Les pays...", op.cit.; "Matching up...", op.cit.; MARCOLINI, Adriana: "Sonho dá lugar a realidade amarga", O Estado de São Paulo 30/10/94
(16): HAVEL, Vaclav: "El arte de regar la historia", El País 08/11/94, pag. 13-14
(17): HAVEL, Vaclav: "La cultura de todo", El Mercurio 10/04/94, pag. E1-E3; HAVEL, Vaclav: "Integrar as civilizaçoes é o desafio do século", O Estado de São Paulo 17/07/94; HAVEL, Vaclav: "Las preguntas de fin de siglo", de The New York Times en Clarín 09/08/94, pag. 17
(18): HAVEL, Vaclav: "El poder de la palabra", El Mercurio 07/11/93, pag. E14
(19): VALVERDE, op.cit.
(20): "¿Se puede ser revolucionario en 1994?", entrevista al filósofo Alain Badiou en Clarín 30/10/94, pag. 20-21
(21): SANTA CRUZ, Angel: "El último desafío de Walesa", El País 12/02/95, pag. 8
(22): JARUZELSKI, Wojciech: "El precio de la soberanía", El País 09/05/94, pag. 15-16