" DISEÑO DE MODOS DE ACCION QUE FACILITEN EL ACCESO A LA TECNOLOGIA MILITAR NECESARIA PARA MODERNIZAR LAS FF.AA. DE LOS PAISES DE LA REGION "
Ponencia del Centro de Estudios Estratégicos del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas (CEE-EMCFFAA) de la República Argentina al "VII Simposio de Estudios Estratégicos de los Estados Mayores Conjuntos y de la Defensa" Argentina-Brasil-Uruguay-Paraguay-Chile
1.- INTRODUCCION
El objetivo primordial de la presente investigación es proponer cursos de acción que permitan a las FF.AA. regionales incorporar los conocimientos tecnológicos necesarios para mantener un aceptable grado de modernización.
Sin embargo, no aborda esa cuestión desde una perspectiva técnica, sino que destaca que la tecnología, así como la economía, incursiona en el campo de las Ciencias Sociales dado que entraña dos actividades de neto corte social: la producción y la distribución.
Recordemos brevemente que la producción se basa en el trabajo humano, incluyendo la cooperación y la división por especialización, mientras las formas y grados de distribución suelen estar condicionados por las relaciones que se verifican en el proceso de producción.
De esta manera, se estudiará la cuestión de la tecnología militar desde la perspectiva de su producción y distribución a nivel interestatal, recalcando la incidencia que en ambas actividades tiene la evolución de la situación internacional.
2.- NECESIDAD DE MODERNIZACION DE LAS FF.AA. Y SU RELACION CON LA ADQUISICION DE NUEVAS TECNOLOGIAS MILITARES
Desde hace algún tiempo se han reavivado en los países del Cono Sur los debates acerca del rol que cumplen las FF.AA. en los nuevos contextos nacional e internacional. A la hora de debatir esta cuestión, debe recordarse que el rol de ese actor social se inscribe dentro de otra problemática mas amplia como es la seguridad.
La ambigüedad del concepto de seguridad llevó a la Asamblea General de la ONU a encomendar, mediante la resolución 38/188H del 20 de diciembre de 1983, su estudio a un grupo de expertos. Luego de tres años de trabajo, ese grupo llegó a las siguientes conclusiones:
El documento de la ONU indica claramente que todo estado tiene derecho a la seguridad, y consecuentemente a incluir a la capacidad militar entre las bases en que confía para lograr esa condición. Por lo tanto, todo Estado tiene derecho a contar con FF.AA. y a dotarlas cualicuantitativamente de acuerdo con su propio interés.
Recordemos que estas atribuciones estatales, que pueden ser consideradas básicas y fuera de toda discusión, fueron puestas en tela de juicio en las postrimerías de la pasada década, cuando la distensión entre EE.UU. y la hoy desintegrada URSS fomentó el auge de posturas idealistas que, bajo rótulos como "el fin de la Historia" o "dividendos de la paz", consideraban inminente un abandono de la fuerza como instrumento de la política internacional.
En buena medida este idealismo se vió fortalecido por el lanzamiento, por parte del entonces presidente George Bush, de un conjunto de regulaciones para las relaciones entre Estados que, bajo el título de Nuevo Orden Mundial, aludía a la competencia exclusiva de la ONU en la resolución de conflictos entre naciones, imponiéndose como norma que la agresión armada debe ser castigada.
Pero el concepto de Nuevo Orden se motivó, según se confirmó posteriormente, en la necesidad de EE.UU. de contar con un cuerpo de ideas que le permitiese enfrentar el hecho sin precedentes que implicaba la invasión y anexión de Kuwait por parte de Irak, a principios de agosto de 1990 (04). Pese a que ese conflicto generó una rápida acción de la ONU, y consecuentemente fomentó la óptica idealista, también arrojó sobre las mismas un baño de realismo al demostrar que la violencia no se había descartado del escenario internacional; por otro lado, la misma podía incluso incrementarse en forma impune, ya que difícilmente los principales actores internacionales volverían a coincidir en su intención de aplicar sanciones directas, como ocurriera contra el gobierno de Bagdad (05).
En aquellos momentos, un miembro de nuestro Centro de Estudios Estratégicos graficaba esta situación de la siguiente manera: "El reciente conflicto Kuwait-Irak demostró, con la invasión al primero por parte del segundo, que la política de poder no ha perdido vigencia; a colación de esto, se evidencia que un Estado debe apoyarse (en última instancia) en su propia fuerza para mantener sus intereses vitales; por último, lo antedicho indica que el mantenimiento de un instrumento militar apto puede ser económicamente oneroso, pero es mucho mas costoso políticamente prescindir del mismo" (06).
Del citado párrafo podemos remarcar, por su importancia, el concepto ~aptitud~, que nos señala que las FF.AA. no pueden tener una existencia tan solo simbólica, sino que deben estar convenientemente dimensionadas y dotadas para cumplir en forma eficaz con la misión que les impone el Poder Ejecutivo, comenzando con el disuasivo.
Calidad y cantidad son, sin embargo, valores jerarquizables en beneficio del primero, dado que la evolución del arte de la guerra indica que las clásicas relaciones proporcionales de recursos humanos que necesita un atacante y un defensor están cada día mas sujetas a una variable principal, constituida por el tipo de armamento y equipamiento empleado, o sea por la tecnología. En tal sentido, los ejemplos que proporcionaron el Conflicto del Atlántico Sur (1982) y la citada Guerra del Golfo, indican que "en las FF.AA. modernas, la tecnología es mas importante que el número, y el conocimiento mas importante que la disciplina" (07).
3.- SITUACION ACTUAL DE LA TECNOLOGIA MILITAR EN LOS PAISES MODERNOS
Adoptando una perspectiva comparativa que contribuya a efectuar un análisis descriptivo de la tecnología militar en los países modernos, observamos la existencia de una amplia brecha cualitativa entre la misma y la que se emplea en las naciones en vías de desarrollo.
La superioridad tecnológica militar de los estados centrales y su asimetría respecto a nuestros países era atribuíble, hasta inicios de la presente década, a tres causas principales:
Respecto a la primera causa, digamos que mientras la I+D militar fue fomentada en Occidente por EE.UU. y sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) debido a la amenaza soviética, en los países de menor grado de desarrollo tal objetivo se persiguió en un primer momento a través de un modelo de sustitución de importaciones que fomentó el desarrollo de tecnologías locales y que limitaba sus aspiraciones a la satisfacción del mercado doméstico. Tanto en la Argentina como en Brasil y Chile este modelo, con importantes antecedentes históricos y fuerte respaldo financiero estatal, permitió la fabricación de numerosos productos que de esa manera dejaron de adquirirse en el exterior (08).
A lo largo de la pasada década, estos proyectos se tornaron prácticamente inviables, debido a una caída de las compras militares locales en particular, y de las inversiones en tecnología en general (09). Estas actividades fueron relegadas por otros considerandos que a los ojos de las élites políticas adquirían prioridad: la falta de viviendas, el combate a la inflación, la lucha contra el analfabetismo y el subalfabetismo, la mejora de las condiciones sanitarias de la población, la carencia de obras de infraestructura básica y, en particular, la transferencia de divisas al exterior en concepto de pago de la deuda externa.
Cabe consignar que en la postergación padecida por las industrias bélicas también parece haber influido la negativa percepción de la opinión pública, y sobre todo de los flamantes gobiernos democráticos de esos momentos, respecto a los baneficios y costos de este tipo de producción. Por ejemplo, se criticaba que la fabricación de armas no redundaba en aportes de significación al desarrollo del país en su conjunto; que usaba ineficientemente recursos escasos de tipo humano y financiero; y que tenía un destino -destructivo- de por sí cuestionable (10).
Unas pocas compañías lograron sobreponerse a esta situación al obtener nuevas fuentes de financiación. Las mismas habían abandonado tempranamente el modelo de sustitución de importaciones para adoptar un modelo exportador, incentivadas por tres factores: la satisfacción o caída de los contratos internos; la consecuente capacidad ociosa que de esa manera se generaba; finalmente, el surgimiento de compradores externos seducidos por las dos ventajas comparativas que esos bienes tenían en el mercado internacional, es decir, precios accesibles y limitada complejidad tecnológica.
A nivel regional los casos mas conocidos aluden a Brasil, donde ya en 1973 el hoy extinguido Consejo de Seguridad Nacional y el Palacio de Itamaraty diseñaron e implementaron el Programa Nacional de Exportación de Material de Empleo Militar (PNEM). AVIBRAS, EMBRAER, ORBITA y ENGESA contribuyeron así a transformar a ese país en el 4š exportador mundial de armamento, colocando sus productos en Irak, Arabia Saudita, Libia, Chile, Uruguay, Paraguay y Argentina, entre otros mercados.
Otros casos de importancia, en este caso en relación a Chile, son los protagonizados por las entidades Empresa Nacional de Aeronáutica (ENAER) y Cardoen Explosivos Industriales S.A., de capitales estatal y privado respectivamente. ENAER logró importantes ventas en España y Panamá de su avión de entrenamiento avanzado y apoyo terrestre T-35 "Pillán", diseñado por la empresa Piper Aircraft de EE.UU. siguiendo expresas indicaciones de la Fuerza Aérea trasandina. Cardoen, por su parte, logró colocar importantes lotes de bombas racimo tipo "cluster" en América Central y Oriente Medio, así como blindados a ruedas Mowag Piranha 6X6.
La mención de las ventas a Medio Oriente sirve para recordar que en la concreción de las mismas también incidió el factor energético: luego de la creación de la OPEP, la crisis petrolera de 1973 y la cuadriplicación de los precios internacionales de los hidrocarburos, países importadores de ese insumo como Brasil suscribieron con sus proveedores acuerdos comerciales bilaterales de intercambio de petroleo por armamento, a fin de equilibrar la balanza comercial. Esta conducta también fue aplicada por EE.UU. y Europa, en relación a Arabia Saudita o al Irán del Sha Pahlevi (11).
Sin embargo, el modelo de desarrollo de bienes militares orientado a la exportación también entró en crisis a fines del decenio del 80. La resolución de numerosos conflictos armados periféricos a partir de la distención entre EE.UU. y la ex-URSS, y el aumento de la oferta mundial de armamento originado en por el surgimiento de nuevos productores que competían por los mismos mercados (Singapur, Sudáfrica, Corea del Sur, China), redujeron considerablemente la factibilidad de estos emprendimientos.
De las mencionadas empresas únicamente EMBRAER, y en menor medida Cardoen, parecen haber sorteado ese nuevo escollo para asemejarse al modelo de "campeones nacionales", compañías que por su desarrollo pueden competir en un pie de igualdad en todos los mercados internacionales. Colocando sus productos en EE.UU., Gran Bretaña o Francia, EMBRAER es el único fabricante de bienes militares del Cono Sur cuya situación actual puede calificarse de enteramente exitosa; empero, no debe desconocerse que buena parte de ese éxito provino de ventas (principalmente aviones Brasilia y Bandeirante) orientadas al sector de la aviación comercial, hacia el cual vuelca las mayores asignaciones de fondos.
En cuanto a la segunda causa, debe remarcarse que la misma se agudizó a partir del lanzamiento, en mayo de 1983, de la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE) conocida como "Guerra de las Galaxias". Las investigaciones realizadas por las empresas privadas contratistas del Pentágono comprometidas en ese proyecto, que a su vez integraban el llamado "polo tecnológico de Sillicon Valley", permitieron optimizar el empleo militar de cerámicas; rayos láser; fibras ópticas; comunicación satelital; haces de partículas e informática y microinformática.
Finalmente, la tercera causa permite agregar que el mercado de adquisición de material militar en América Latina fue tradicionalmente abastecido por EE.UU., país que desde los albores del conflicto Este-Oeste transfirió a las FF.AA. de nuestras naciones bienes e insumos que para su propio instrumento militar ya estaban en desuso. Este estado de cosas de por sí desfavorable se agravó a mediados de la década del 70, cuando el gobierno de Washington aplicó respecto a la colaboración militar intracontinental lo que en la ciencia política norteamericana se conoce como "linkage politics" (vinculación entre cuestiones): como ejemplifica la enmienda Humphrey-Kennedy, se condicionó la colaboración militar a la evolución de las políticas que sobre derechos humanos habían implementado los gobiernos latinoamericanos, en un contexto de guerrilla subversivo-revolucionaria fomentada ideológica y logísticamente desde el exterior (12).
Pero las ventas militares estadounidenses de esos momentos no se restringieron de igual manera para otras naciones aliadas o amigas donde también se registraban aparentes violaciones a los derechos humanos, como Corea del Sur, un criterio doble standard que se justificaba en la importancia de ese Estado dentro de la estrategia de contención de EE.UU.
Tampoco hubo contracción de ventas, las que incluso aumentaron, a países de importancia dentro de los esquemas regionales de la Guerra Fría, cuya adhesión a Occidente era relativa o directamente inexistente: al Irán de Khomeini, para facilitar la liberación de rehenes norteamericanos en el Líbano; al prosoviético y expansionista Irak, para que frene el avance del fundamentalismo islámico desde Irán; y al pendulante Egipto, para que se aleje del área de influencia de Moscú. Un conocido analista británico considera que en este modelo de conducta subyace la creencia de EE.UU. de que el negocio de las armas permite al proveedor influenciar en la política exterior del receptor (13).
Estos comentarios permiten agregar al ya desventajoso contexto que presentaba la adquisición de armamento norteamericano por las naciones del Cono Sur la relativa irrelevancia estratégica que las mismas tenían en el contexto de la Guerra Fría.
Tal irrelevancia continuaría vigente hasta estos momentos, apreciación que resulta de los siguientes elementos:
Digamos aquí que no existe una opinión consensuada acerca del contenido del concepto CBI. Para algunos "es el género de problemas que va, según el grado, de la violencia con sabotaje por motivos políticos y el terrorismo (...) hasta el tráfico narco-paramilitar, la guerra de guerrillas y la insurgencia". Para otros son "conflictos larvados en países en vías de desarrollo (...) que podrían llegar a involucrar en forma limitada sus FF.AA.". Una tercera definición dice que el CBI es "una confrontación político-militar entre dos Estados, o movimientos enfrascados en una contienda, no tan intensa como la guerra convencional pero mas grave que la competencia pacífica entre estados" (16).
Lo importante de estas conceptualizaciones es que contemplan el empleo limitado de la fuerza, aunque no demandan tecnología moderna, y por ende no justifican demandas formuladas en tal sentido a los proveedores por parte de los gobiernos locales. O sea, no se provee tecnología que a juicio del proveedor -y no del usuario- es innecesaria.
Esta conjunción de factores (obsolecencia del material transferible, linkage entre cooperación militar y la cuestión de los derechos humanos, e irrelevancia estratégica relativa) motivó una reorientación de las importaciones sudamericanas hacia otros mercados, entre los que se incluyeron Israel, Sudáfrica (particularmente para Chile), la ahora desaparecida URSS (en relación a Perú) y, sobre todo, Europa Occidental.
Los proveedores europeos e Israel, sin embargo, vieron parcialmente condicionadas estas operaciones comerciales al veto político estadounidense, con el cual mantenían importantes alianzas estratégicas en el marco de la OTAN y de la región del Medio Oriente, respectivamente. El conflicto sudatlántico de 1982 fue paradigmático al respecto.
Enunciada y descrita esta brecha tecnológica, su dimensión se insinuó en la Guerra de Malvinas (17), y luego se evidenció plenamente en la operación Tormenta del Desierto. Veamos la opinión que sobre la misma emitió un conocido geopolítico sudamericano, el Gral.Edgardo Mercado Jarrín (18):
"La Guerra del Golfo demostró la importancia de los avances tecnológicos. Puestos los adversarios frente a frente, con análogas capacidades combativas, la victoria será del que ingrese al conflicto poseyendo un adecuado margen de superioridad tecnológica. Se emplearon nuevas armas cuyo conocimiento ya ha sido divulgado como: las bombas inteligentes, guiadas por rayos láser, infrarrojos o por cámaras de TV, que permiten a los pilotos lanzarlas desde fuera del alcance de las defensas antiaéreas; los misiles crucero, lanzados desde bases y submarinos a mas de 1000 Km, por cuyo sistema de radar, con mapas pre-programados, su trayectoria se adapta al relieve del terreno; los Patriot, interceptores de aviones y misiles; los bombarderos F-117 Stealth; los helicópteros Apache, de apoyo a las fuerzas blindadas; la interferencia electrónica. Particularmente, cabe señalar la aparición de baterías de lanzacohetes que en coordinación con la información del satélite desencadenaban el fuego de contrabatería en menos de un minuto con gran presición, neutralizando extensas áreas de terreno".
Las opiniones generadas por esa guerra en nuestros países fueron congruentes con las de Mercado Jarrín. En el V Simposio de Estudios Estratégicos realizado en Montevideo el año 1991 el uruguayo Juan Retamoso recordó que para el Gral.John Galvin, Comandante Supremo Aliado en Europa (SACEUR) de la OTAN, la tecnología se convierte en elemento decisivo de la guerra, positivo o negativo, según se tenga la ventaja a favor o en contra (19).
Por su parte el comisionado oficial del Ejército Argentino a esa contienda expresó que la misma dio lugar a una "verdadera revolución en el arte de la conducción militar" debido a la aplicación de la tecnología en los sistemas de Comando, Control, Comunicaciones e Inteligencia (C3I), basados en obtención de información satelital, procesamiento por computadoras y avanzados sistemas de comunicaciones. Este agregado destacó también la opinión del Ministerio de Defensa Francés, para quien "la guerra fue una gran victoria de la información, sobre todo de la transmitida por el aire y el espacio" (20).
Desde Brasil, en tanto, el entonces Ministro de Aeronáutica, Brig. Sócrates de Costa Monteiro, consideró que el conflicto del Medio Oriente había evidenciado que las FF.AA. de su país estaban en la época del arco y la flecha. Geraldo Cavagnari, director del Núcleo de Estudios Estratégicos de la Universidad de Campinas, expresaba en sentido similar que esa guerra había transformado al Ejército de Brasil en "un montón de chatarra, un paquidermo paralítico" (21).
Todos estos puntos de vista podrían quedar desactualizados en poco tiempo, puesto que la brecha tecnológica podría ampliarse todavía más. Un informe del Pentágono prevé la aplicación militar intensiva en el mediato plazo de las siguientes tecnologías, por parte de las fuerzas de EE.UU.: sensores y procesadores de luz infrarroja, ondas acústicas y microondas; productores portátiles de alimento, agua, explosivos y combustible, basados en la biotecnología; nuevos transmisores por cable, fibra óptica y radiaciones electromagnéticas; materiales ligeros resistentes a los mas fuertes impactos y a los agentes químicos; computadores capaces de realizar 10 billones (1012) operaciones por segundo, frente a las 10x9 que realizan las actuales; finalmente, láseres portátiles que se utilizarán para guiado de armas y telemetría, inutilización de artefactos ópticos, orientación de tropas equipadas con lentes especiales y producción de cegueras masivas en el bando contrario (22).
Por otra parte, también han trascendido nuevos avances en el empleo militar de la tecnología stealth, como lo demuestran los proyectos "Aurora" y "Sea Shadow" de EE.UU. El Sea Shadow es un buque tipo catamarán construido por Lockheed en Redwood City (California) con formas y materiales especiales que lo tornan virtualmente indetectable, y habría sido empleado por primera vez durante los últimos desembarcos de marines en Somalía; sus dimensiones serían de 53 metros de largo por 23 de ancho. El Aurora, por su parte, es un avión capaz de lograr una velocidad de Mach-6 y un techo de hasta 70 mil metros, y estaría siendo construido por Lockheed o Northrop (23).
4.- VIABILIDAD DEL ACCESO DE NUEVA TECNOLOGIA MILITAR POR PARTE DE LOS PAISES DE LA REGION
Despejar el interrogante que nos plantea este subtítulo nos obliga a llevar el análisis al campo de las Relaciones Internacionales, para identificar previamente las características distintivas del factor tecnológico en el actual escenario internacional.
Durante la puja interhegemónica conocida como Guerra Fría, las relaciones entre EE.UU. y la URSS, y sus respectivos estados adscriptos, se basaban principalmente en considerandos político-estratégicos. Consecuentemente era el llamado poder duro (militar) el que ocupaba el lugar de privilegio de la alta política y el que definía la evolución del tablero internacional, relegando al terreno secundario de la baja política a lo que se conoce como poderes blandos: la economía y la I+D con fines civiles.
La finalización de la compulsa entre superpotencias, y por ende de la estructura bipolar del sistema político internacional, motivó que las cuestiones económicas, comerciales y financieras ganen espacio en la arena mundial en detrimento de los temas políticos y estratégicos. Los poderes blandos pasaban, así, al terreno de la alta política, llevando al sistema político internacional a estructurarse multipolarmente.
La interacción económica y tecnológica de las naciones permite identificar tres polos o nichos que monopolizan mundialmente las revalorizadas variables, los que suelen ser denominados "Tres Grandes" (Big Three) o "Tríada Económica": en primer lugar, el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) que forman EE.UU., Canadá y México; segundo, la Comunidad Europea (CE) y sus socios de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC); en tercer término, Japón y las llamadas Nuevas Naciones Industrializadas (NIC`s) de Asia, que actualmente son Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur. Dado que en el espacio europeo sobresale por su poderío Alemania unida, algunos analistas adaptaron a esta situación los postulados geopolíticos de Haushoffer para hablar de tres panregiones económicas, cada una de ellas con una moneda dominante. Nos encontramos así con los bloques del dólar, el marco y el yen, respectivamente.
Esta situación en su conjunto es denominada Mundialización Triádica de la Economía y su concepto rector es el de toda la revolución posindustrial, lo que Alvin Toffler menciona en su última obra como Factor C: el conocimiento, la inteligencia, el dominio tecnológico. Dentro de la lógica productiva capitalista, son la competitividad y el mercado los valores a mantener a cualquier precio, y solamente la tecnología que brindan las actividades de I+D es capaz de generar el gap o brecha cualitativa respecto a un rival.
Existen varias pruebas del rol determinante que tiene la tecnología. Un informe que produjo en 1990 el Forum Económico Mundial, dependiente del Instituto para el Desarrollo de la Gerencia de Laussane, sobre las causas de la conocida pérdida norteamericana de mercados internacionales en favor de Japón: EE.UU. habría quedado a la zaga del país oriental en tecnologías críticas, principalmente en nuevos materiales, conductores y semiconductores, digitalización de imagen y almacenamiento de datos (24).
Mas o menos por la misma época el empresario nipón Shintaro Ishinhara, en su libro The Japan that can say No, proclamó que el desequilibrio de la balanza comercial de su nación con EE.UU. obedecía en parte a la presunta superioridad lograda en semiconductores, microchips, electrónica, robótica, óptica e incluso aeronáutica, rubro éste sobre el cual denunciaba la oposición norteamericana al desarrollo del avión FSX (25).
Aproximadamente un año después otro informe, esta vez del Consejo Norteamericano de Productividad, señaló con preocupación la negativa repercusión en términos de comercio exterior de la debilidad de EE.UU. en tecnologías de punta, indicando que sobre 94 rubros considerados estratégicos solamente mantenían el liderazgo en 36, existía competitividad equilibrada en 25 y posición precaria en 18, mientras en otros 15 ya se había perdido el primer lugar (26).
En otras palabras, capacidad tecnológica implica capacidad económica, como lo sentenció el propio Alvin Toffler en su última visita a Buenos Aires: "Mapa económico no es igual a territorio. En la economía clásica se nos enseñó que los factores de producción son la tierra, la mano de obra y el capital. Hoy el conocimiento está primero. La información puede ser sustituto de los demás factores de producción (...) la información se está monetizando" (27).
Accesoriamente, la tecnología transforma de esta manera el pensamiento estratégico contemporáneo: surgen en este feedback los conceptos de "Paz Fría" (por oposición a Guerra Fría) o "Guerra Económica" por pensadores como Jeffrey Garten y Lester Thurow respectivamente, y del comercio como "arma estratégica" de las naciones en el futuro (28).
Todo lo que hasta aquí se ha descrito permite arribar a una primera conclusión respecto a la situación tecnológica mundial: los estados poseedores de conocimientos de punta adoptan una actitud proteccionista respecto de los mismos, generando lo que muchos han llamado "apartheid tecnológico".
Un ejemplo de este concepto surge del artículo "A favor del apartheid tecnológico", escrito en Francia en el año 1990: "Como lo demuestran diversos estudios étnico-económicos, es preferible transferir a los países del Tercer Mundo tecnologías ~apropiadas~ -es decir, consumidoras de trabajo y no de capital, y de un nivel tecnológico intermedio, haciendo posible su aclimatación a las condiciones culturales y económicas locales que permiten su utilización inmediata- antes que tecnología de punta (..) hoy es imprescindible que los países occidental adopten una política de apartheid tecnológico en su relación con el Tercer Mundo" (29).
En América Latina, esos conceptos han sido divulgados a través de la obra El imperio y los nuevos bárbaros de Jean-Christophe Rufin y a los mismos adhirió públicamente el Gral.Leónidas Pires Goncalves, ex-ministro de Ejército de Brasil durante la administración de José Sarney (30).
Completando estos conceptos podemos decir, entonces, que la actitud refractaria de las naciones desarrolladas para transferir tecnología de punta a países en vías de desarrollo conforma básicamente un nuevo tipo de inequidad internacional, tal cual se expresara en el último Congreso Mundial de Ciencia Política realizado en Buenos Aires (31).
Con este contexto, podemos avanzar hacia el tema de la tecnología militar para señalar que la misma reviste en la actualidad las mismas características que la tecnología aplicada a la producción.
Pueden identificarse dos factores que contribuyen a esta situación: en primer lugar, el carácter dual que suele tener la tecnología militar, lo que puede dar lugar a una aplicación civil de esos avances, hecho que en definitiva puede conspirar contra la brecha de conocimientos que se esforzarían por mantener las naciones desarrolladas. Volviendo al ya citado Gral. John Galvin, el mismo ha dicho: "La sola rotulación de tecnología apta para el desarrollo de materiales bélicos impedirá obtener el conocimiento necesario para el desarrollo de otras áreas" (32).
La importancia de este factor es claramente comprobable en el caso norteamericano. El Departamento de Defensa de ese país creó en 1958 la Agencia de Proyectos Avanzados de Investigación para Defensa (Defence Advanced Research Projects Agency, DARPA) para desarrollar tecnologías militares de punta que, finalmente, serían asimilables por el sector civil: comunicaciones computadas, transmisión de información por computadora, inteligencia artificial y robótica. John Deutch, reconocido investigador del MIT, ha declarado incluso que el actual desarrollo de EE.UU. en materia de informática se sustenta en el trabajo pionero de DARPA (33).
En los últimos años, esa Agencia habría disminuido su eficiencia en las investigaciones en sectores claves como nuevos materiales, electrónica y computación. Por esta causa, en julio de 1992 la Comisión de Servicios Armados del Senado de EE.UU. aprobó nuevos proyectos de investigación en tecnologías duales de DARPA, por valor de U$S 1500 millones anuales. Uno de los legisladores que avaló esta medida recordó, en tal sentido, que un informe independiente había demostrado que EE.UU. tiene una base tecnológica dual que debía retroalimentarse (34).
Esta base tecnológica dual quedó nuevamente expuesta cuando el presidente estadounidense Bill Clinton decidió a principios de 1993 reducir los gastos de Defensa de su país. En el marco de una visita a una planta afectada por los mencionados recortes, Clinton recordó un comentario hecho por su antecesor Dwight Eisenhower, de que "...los ingeniosos fabricantes estadounidenses de rejas de arado podrían con el tiempo y como se requiera fabricar también espadas"; tras esa cita, el actual presidente agregó que ahora el reto era "...cómo invertir el proceso...", agregando "...sé que los mejores fabricantes de espadas pueden ser y serán los mejores fabricantes de rejas de arado del mundo" (35).
En segundo lugar, cabe recordar que la finalización de la Guerra Fría no solo revalorizó a la economía y la tecnología, sino también a un conjunto de problemas hasta entonces relegados a la baja política, y que se los percibió como novedosas amenazas a la seguridad internacional. Esas temáticas conforman lo que se conoce como agenda internacional e incluyen el deterioro del medio ambiente; el narcotráfico; la cuestión del subdesarrollo y sus problemas conexos, como los flujos migratorios y la proliferación de epidemias; la explosión poblacional; el terrorismo de signo étnico o religioso; finalmente, lo que es de interés para este trabajo, la proliferación y difusión de armamento de destrucción masiva.
Lo destacable aquí es que para los Estados del antiguo Primer Mundo estas cuestiones, definidas también como "factores de fragmentación" por el norteamericano John Lewis Gaddis, eran clasificadas como exógenas y provenientes de su periferia (36). De esta manera el conflicto ideológico Este-Oeste dió paso a una nueva confrontación no-ideológica de signo Norte-Sur.
El Sur pasó así a ser percibido como oponente por el Norte, llenado el vacío conceptual que para este último implicó el desmoronamiento del Segundo Mundo comunista y la posterior desintegración de la URSS. Una importante analista argentina ha resumido la nueva confrontación opinando que "los países industrializados se esfuerzan por encontrar a un nuevo oponente, afín de poder conservar sus propios enfoques estratégicos" (37). Un conocido militar de Brasil, por su parte, acuñó el término Pax Borealis (paz boreal) para indicar que son las naciones con economías "transformadoras" desarrolladas quienes fijan los riesgos a la seguridad en los Estados con aparatos productivos "extractivos" de inferior desenvolvimiento (38).
En este contexto Norte-Sur quedaba incorporada también la proliferación y difusión de armamento de destrucción masiva, un tema que aludía al riesgo que representaría para el planeta la existencia, en diversos puntos de lo que usualmente se conoce como Tercer Mundo, de capacidad para desarrollar armamento QBN (químico-bacteriológico-nuclear) y/o vectores misilísticos de transporte.
Un ejemplo cabal de esta óptica la brinda Edgard Morin. Dice este pensador francés que si la bomba de Hiroshima inauguró una era en la cual el arma termonuclear sería una espada de Damocles suspendida sobre la Humanidad ("Era Damocleana"), ahora las espadas de Damocles se multiplican y son omnipresentes.
Los peligros de empleo de armamento de destrucción masiva en la etapa posguerra fría por actores periféricos se hicieron patentes en la Guerra del Golfo, cuando se supuso que el líder iraquí Sadam Hussein podía emplear gases tóxicos en el teatro de batalla, lanzados a través de misiles soviéticos SCUD-B.
Hasta aquí, no puede menos que reconocerse que las preocupaciones descritas gozaban de fundamento. Donde se desvirtúa tal percepción del Norte es cuando se le otorga el mismo grado de peligrosidad del armamento de destrucción masiva a emprendimientos científicos que podrían ser empleados como vectores de uso militar.
De esa manera, los temores a la proliferación y difusión de armamentos de destrucción masiva pasaron a constituir el basamento teórico de la negativa de los países desarrollados a exportar tecnología militar a las naciones en vías de desarrollo, impidiendo por otra parte que lleguen a buen término proyectos locales de ese tipo. Los proyectos de Argentina y Brasil en el área de cohetes guiados son ejemplos de ese impedimento.
Pese a que aquí hablamos de países desarrollados, debe aclararse que tal postura se inició principalmente en EE.UU. Ya en 1989 el documento El Mundo en Desarrollo: un peligro para la seguridad de los EE.UU., identificaba a la proliferación de tecnologías empleables en la fabricación de armas de destrucción masiva como una de las cuestiones preocupantes para ese país (39); la vigencia de esta concepción, inclusive en relación a Latinoamerica, fue ratificada en los sucesivos informes de Seguridad Nacional de ese país y en la conferencia que a fines de 1991 dictó en Buenos Aires el académico William Perry, por entonces asesor de Bush y desde principios de 1994 Secretario de Defensa norteamericano, en reemplazo de Les Aspin (40).
En tanto, unos meses antes, el importante miembro del establishment norteamericano Robert Mc Namara, ex-secretario de Defensa y ex-presidente del Banco Mundial (BM), propuso al Consejo de Seguridad de la ONU un "congelamiento" de los arsenales militares de las naciones subdesarrolladas y una prohibición a las mismas para desarrollar y fabricar armas de destrucción masiva y vectores guiados.
La sugerencia de Mc Namara fue realizada en abril de 1991 en la Conferencia Anual sobre Economía del Desarrollo del BM, titulada El mundo de la post Guerra Fría y sus implicancias en los gastos militares de los países subdesarrollados; a la misma adhirieron el BM, el FMI y el Grupo de los Diez (G-10, integrado por los miembros del G-7 mas Suecia, Bélgica y Holanda) en el marco de la reunión conjunta que el Banco y el Fondo celebraron en octubre de ese año en Thailandia (41).
A estas entidades adhirió posteriormente la Organización para el Desarrollo de Ultramar, que a mediados de 1992 emitió un informe donde sugirió el ejercicio de presiones directas y represalias económicas (el ya descripto linkage) a aquellas naciones subdesarrolladas que se resistan a reducir sus gastos militares a niveles acordados internacionalmente (42).
Simultáneamente a la difusión y el tratamiento de la propuesta de Mc Namara se difundió que EE.UU. estaría reactualizando la IDE sobre una hipótesis de ataque misilístico desde el Tercer Mundo, implementando una Iniciativa de Defensa Táctica Misilística (IDTM/TMDI) integrada por misiles Patriot y otros vectores antimisiles (Erint-Thaad-Arrow), en el marco de un plan denominado Protección Global contra Golpes Limitados (PGCGL/GPALS) (43).
El último documento sobre cuestiones de defensa emitido por la administración Bush a principios de 1992 ratificó la vigencia del citado plan GPALS (Global Protection Against Limited Strikes) e incluyó a la proliferación de armas QBN y vectores como una de las seis cuestiones que afectaban a la seguridad nacional (44).
Esta perspectiva también sería compartida por Europa, percepción que se sustenta en un dossier de la UEO titulado Armamento después de la Guerra del Golfo, el cual destaca "la amenaza balístico-misilística" que representan varios países en desarrollo (45).
Tal preocupación volvió a hacerse palpable a mediados de 1992, cuando el pilar europeo de la OTAN admitió estar prestando mayor atención a su frontera meridional, constituída por el Mar Mediterráneo, debido a la proliferación de armamento QBN y vectores mas allá de la misma. Tal atención podría incluir la preparación de fuerzas aptas para intervenir en esa zona (46).
Las preocupaciones compartidas de EE.UU. y Europa posibilitaron también una iniciativa común: la creación del Centro Internacional Científico y Tecnológico (CICT/CTIC) en Troitsk, cerca de Moscú, responde a la intención de bloquear la emigración hacia el llamado Tercer Mundo de científicos de la antigua URSS especializados en armas QBN y vectores (47).
Estamos en condiciones de afirmar, pues, que en las condiciones actuales el acceso a nuevas tecnologías militares por parte de los países de la región se percibe como poco viable, debido a la conjunción de dos factores: primero, la actitud proteccionista que en el ámbito tecnológico en general adoptan las naciones desarrolladas; segundo, el temor que en esos mismos Estados -y particularmente en EE.UU.- genera la posesión o desarrollo de tecnologías militares o duales en el llamado Tercer Mundo, percepción que puede derivar en casos de linkage constituidos por presiones políticas y represalias económicas.
5.-ACCIONES PROPUESTAS PARA FACILITAR EL ACCESO A TECNOLOGIAS NECESARIAS DE USO MILITAR POR PARTE DE LOS PAISES DE LA REGION
Los datos y conceptos vertidos en los ítems anteriores de este trabajo pueden inducir a creer que no existe un curso de acción viable para que las FF.AA. de nuestros países superen su atraso tecnológico relativo.
Sin embargo, es probable que este estado de cosas sea al menos parcialmente reversible en caso de lograrse dos elementos clave, una base educativa adecuada y una mayor credibilidad internacional.
Una base educativa adecuada optimiza la capacidad para "desempaquetar" y usar las tecnologías adquiridas ("asimilación activa"), e incrementa el efecto multiplicador que las mismas pueden generar en términos locales, dado que la transferencia o posesión de conocimientos excede a la transferencia o posesión de tecnología. En este aspecto resultan válidas las expresiones vertidas hace poco en Buenos Aires por John Naisbitt, similares a las que el investigador argentino Horacio Godoy identifica como "Síndrome USTED" (Uso Subdesarrollado de Tecnologías Desarrolladas): "una organización vieja que compra computadoras no se transforma en una organización moderna. Es, simplemente, una organización vieja con computadoras modernas" (48).
Lograr credibilidad internacional consistirá básicamente en generar hacia el exterior una percepción de seguridad y previsibilidad, vale decir, fomentar la idea que la incorporación de tecnología militar por parte de nuestras FF.AA. no implicará de manera alguna una contribución a la proliferación de armamento de destrucción masiva, ni una maximización de los riesgos de conflicto en nuestro subcontinente.
Para quien esto suscribe, pueden identificarse por lo menos cinco factores básicos que inciden de manera directa en la obtención de la credibilidad necesaria:
El régimen político democrático que impera en todo el Cono Sur contribuye a disipar dudas acerca de los fines últimos de los mismos, y de la metodología a emplear en tal sentido. En relación a los aspectos tecnológicos de la Guerra del Golfo, a fines de 1991 el entonces Secretario de Defensa de EE.UU., Dick Cheney, aseveraba que el mundo había percibido el daño que unos misiles Scud podían generar en manos de un dictador (49).
Se desprende de esta percepción que el peligro que entrañaba Irak para la seguridad internacional estaba dado más por sus características políticas ("dictador") que por su armamento ("Scud"). Sobre este aspecto, un trabajo elaborado en Argentina recuerda que el mérito de Clausewitz fue el de ratificar la relación dependiente que la guerra tiene de la política, lo que llevó a Raymond Aron a sostener que "es la política y no las armas quien crea el peligro" (50).
A medida que se afianzaba, este carácter regimental también modificaba los parámetros de vinculación intraregional, tornándolos netamente cooperativos e integracionistas, lo que permitió superar las pujas hegemónicas y las compulsas geopolíticas que nos caracterizaron en el presente siglo. Esta tendencia, iniciada por Argentina y Brasil en 1986 y que culminó con el lanzamiento del MERCOSUR un lustro después, se hizo extensiva al ámbito militar, incluyéndose en este sentido a Chile.
El aumento de los contactos militares regionales, en la forma de simposios de estudios y ejercitaciones conjuntas, sumado a la multiplicación de foros de estudio de la cuestión militar donde civiles de nuestros países unifican criterios sobre el rol de las FF.AA. en el actual escenario regional e internacional, redundaron en la conformación de un cuadro de situación donde las posibilidades de conflicto fueron virtualmente desactivadas.
En este marco Argentina, Brasil y Chile se comprometieron en la reunión de Mendoza de septiembre de 1991 a proscribir la fabricación y adquisición de armamento químico y biológico, en tanto las dos primeras naciones mencionadas iniciaban un complejo proceso tendiente a ratificar en el Tratado de Tlatelolco su voluntad de no contar con armamento nuclear. Argentina y Brasil también firmaron otros dos acuerdos importantes: el primero, en agosto de 1989, una declaración sobre los usos pacíficos del espacio ultraterrestre, que comprometió a las partes a cooperar en el desarrollo de tecnología aeroespacial y a no aplicar sus conocimientos a la fabricación de armas de destrucción masiva; el segundo, en julio de 1991 y en el marco del sistema común de contabilidad y control previsto en la Declaración de Foz de Iguazú (encuentro Menem-Collor de Mello de noviembre de 1990), una Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control (ABACC) de materiales nucleares.
Argentina y Chile también alcanzaron importantes entendimientos, entre los que se destacan las reuniones anuales de los jefes de la III Zona Naval chilena (base Puerto Williams) y del Area Naval Austral argentina (base Usuhaia); el sistema permanente de comunicación y control de tránsito aéreo que ambas fuerzas aéreas han implementado, también con cabeceras en Puerto Williams y Usuhaia; y los mecanismos de aviso anticipado de movimientos y patrullajes entre la Gendarmería Nacional y los Carabineros.
Muchos de estos hechos protagonizados principalmente por Argentina, Brasil y Chile nos permiten inferir que, aun en forma implícita, existen y rigen en nuestra subregión complejas estructuras de CONTROL DE ARMAS y LIMITACION DE ARMAS, entendiendo al primer concepto (unido a los de balance y equilibrio) como "...todo arreglo ajustado entre dos o mas estados que limite el número o la capacidad característica de un determinado sistema de armas, o que limite el número, la organización o el uso de las FF.AA. de las partes"; y al segundo como acuerdos "...implícitos o explícitos entre Estados para impedir un aumento cuantitativo o un perfeccionamiento cualitativo en determinados armamentos o en el personal militar" (51).
Habiendo comprobado que las características regimentales de nuestros países y su predisposición a no emplear la fuerza son factores que, en su situación actual, contribuyen a elevar la credibilidad de los mismos, se percibe que aun no se han logrado los restantes elementos: integración de acuerdos multilaterales de control de transferencias tecnológicas, compatibilización de posturas con EE.UU. y concertación de un acuerdo militar intraregional.
En lo atinente al control de transferencias tecnológicas debe tenerse en cuenta que nuestros países ya adoptaron medidas intraregionales de compromiso en tal sentido. Concretamente nos referimos a dos hechos concretos: primero, el apoyo de Argentina, Brasil y Chile a la propuesta que presentó Canadá en la reunión de la OEA de Santiago (junio de 1991) para crear un mecanismo interestatal de consulta respecto a todo tipo de armas, incluidas las de destrucción masiva (52); segundo, la firma por parte de esos tres países (con la posterior adhesión de Uruguay y Paraguay) de la llamada Declaración de Mendoza (septiembre de 1991) que obliga a no desarrollar, almacenar ni utilizar armas químicas.
Estos compromisos, y sus beneficios, podrían hacerse extensivos en caso de adhesión de los diferentes actores subregionales a la entidad que reemplace al recientemente extinto (marzo de 1994) Comité de Coordinación para el Control de Exportaciones Multilaterales (COCOM), organismo que fiscalizaba las transferencias internacionales de tecnologías sensibles (53), y al Régimen de Control de Tecnología Misilística (MTCR) (54).
Cabe destacar que hacia fines del año 1991 Argentina adhirió a las pautas y principios establecidos en el MTCR, solicitando su adhesión como miembro pleno al mismo, pedido éste que fuera aceptado por las partes participantes en la reunión de Camberra (Australia), realizada en marzo de 1993. Como resultado de tal aceptación, Argentina participa plenamente de las actividades del régimen desde el encuentro de Interlaken (Suiza), en diciembre de 1993.
Similar conducta asociativa se adoptó frente al COCOM: el 12 de febrero de 1993 el gobierno argentino inició, a través de la suscripción de un memorándum de entendimiento sobre "Transferencia y Protección de Tecnología Estratégica" con los EE.UU., el proceso que lo llevaría a la categoría de "país cooperador" del mencionado comité y, eventualmente, a miembro pleno del organismo que lo sustituya.
En opinión del autor, no sería válida en este caso la argumentación de que adhesiones de este tipo convalidarían algún nuevo tipo de control exógeno sobre nuestras ventas de tecnología, mayor que el actual, dado que tales monitoreos ya se aplican en la actualidad, como lo comprobaron Argentina y Brasil en relación a la venta de material nuclear civil a Irán en el bienio 1991-1992.
Por esta causa es que en la edición 1991 de la Comisión de Desarme de la ONU la Argentina y Brasil presentaron una iniciativa común (A/CN 10/145 del 25 de abril de 1991) tendiente a que se inicien estudios orientados a establecer un nuevo régimen internacional de control de tecnologías sensibles que eventualmente reemplace al COCOM y al MTCR. El nuevo régimen no debería basarse, como sí lo hacen los actuales, en la negación de conocimientos, sino en la creación de un sistema de salvaguardias y verificación (55).
Por otro lado, la tendencia del escenario internacional a la regionalización en los aspectos mas diversos, con el objeto de preservar márgenes decisorios frente a interlocutores externos, induce a considerar la posibilidad de aplicar ese modelo en nuestra subregión respecto a las cuestiones de seguridad.
Un entendimiento de este tipo no solucionará la actual falta de recursos de nuestras FF.AA., pero podría reportar beneficios en el planteo ad extra de necesidades o preocupaciones comunes a sus miembros. Estas preocupaciones remiten nuevamente a la vinculación de la seguridad con el desarrollo ya expuesta en el ítem 2. para establecer una agenda mínima común de seguridad (56).
Esta agenda podría incluir la reivindicación del derecho al desarrollo o incorporación de tecnología militar que no encuadre en el concepto de armamento de destrucción masiva, junto a otras cuestiones como, por ejemplo: el ejercicio efectivo de la soberanía sobre los recursos naturales, renovables y no-renovables; la preservación del acceso a insumos considerados estratégicos y del empleo de las líneas de comunicación marítima que necesitan nuestros aparatos exportadores; y la acción contra actividades subversivo-revolucionarias u otras manifestaciones de terrorismo (57).
Logrado este acuerdo, se estima posible un entendimiento con EE.UU. por el cual este último lo avale.
Hasta aquí los pasos que se consideran necesarios para lograr el grado de credibilidad necesario que permita incorporar tecnología militar sensible a nuestras FF.AA. Adaptando los conceptos del experto chileno en tecnología Carlos Ominami, tal logro permitiría modificar el patrón de inserción de nuestras naciones en los mercados mundiales de armamento y tecnologías duales, transformándolo de "pasivo y dependiente" a "activo e interdependiente" con un contexto exterior que deja de ser percibido como un conjunto de restricciones (58).
Resta considerar, entonces, las formas de incorporación, que pueden contemplar las siguientes alternativas:
IMPORTACION: Es improbable que la credibilidad obtenida redunde automáticamente en el acceso a insumos tecnológicos de primer nivel, situación que se asemejaría entonces al cuadro general descrito en el ítem 3. Esta probabilidad podría modificarse en caso de que el mercado elegido sea la ex-URSS, convertida en un verdadero bazar mundial de armas: International Conversion Foundation (ICF), una entidad dedicada a la obtención de fondos que permitan la reconversión industrial de esa región, está autorizada a vender en el exterior todo tipo de armas, inclusive vectores tácticos y estratégicos (59). Sin embargo, el costo político que implicaría la adquisición de rubros tecnológicos soviéticos de punta tornaría a la opción en virtualmente inviable. Sí es posible que se obtengan insumos de segunda generación (surplus) en Occidente, donde los fabricantes intentarán obtener nuevos compradores para paliar los perjuicios causados por las medidas de desarme y control de armamentos generados por el fin de la Guerra Fría (60), aunque estas compras revistirán otros tres perjuicios: su alto costo; el hecho de que en este caso son las FF.AA. las que deben adaptarse a las tecnologías disponibles, y no a la inversa; y el mantenimiento de una indeseada relación de dependencia del usuario respecto del proveedor (61).
DESARROLLO LOCAL: Subsana los inconvenientes de la importación, aunque está condicionado a la disponibilidad de recursos por Estados que, como se dijo en el ítem 3., suelen -y deben- priorizar otras cuestiones, por lo general de índole socioeconómica. Su ventaja adicional reside en adecuarse a los requerimientos del usuario e incentivar la I+D.
JOINT-VENTURES: La mecánica del joint-venture entre Estados locales e inversores extraregionales revela, frente a las dos alternativas anteriores, importantes ventajas: abarata los costos de la importación y facilita la financiación del emprendimiento. Empero, los otros factores, como la transferencia de tecnología, el incentivo a las actividades de I+D y la adaptación a los requerimientos del usuario variarán según el alcance del acuerdo (desarrollo y/o producción).
JOINT VENTURES DE DESARROLLO: En este caso se asimila tecnología proporcionada por el socio, aunque la participación de la I+D local puede ser marginal; el producto se adapta a los requerimientos del usuario, quien sin embargo carga con los costos de producción. Ejemplo: los blindados TAM (Argentina); los submarinos TR-1700 (Argentina) y Tupí (Brasil); las fragatas MEKO 360, 140 (Argentina) y V-28 (Brasil); los aviones T-35 y T-36 (Chile).
JOINT VENTURES DE PRODUCCION (PRODUCTO EXTERNO): En relación al caso anterior, disminuyen los costos de producción, y probablemente también el grado de adaptación del producto ya desarrollado a los requerimientos del usuario. La asimilación de tecnología se mantiene como en el caso anterior, y desaparece la intervención de la I+D local. Ejemplo: el cañón autopropulsado G-5 y la linea de blindados MOWAG (Chile).
JOINT VENTURE DE PRODUCCION (PRODUCTO PROPIO): Disminución de costos de producción, aunque los costos de I+D no se comparten. Alto grado de adaptación del producto a los requerimientos del usuario, y alta participación de la I+D local. Ejemplo: el avión Pampa, en caso de acceder al mercado norteamericano.
JOINT VENTURE DE DESARROLLO Y PRODUCCION: Es, a todas luces, la alternativa mas conveniente. Se impulsa la actividad de I+D local, se logra un producto adaptado a las necesidades del usuario, y se abaratan costos en todos los rubros. Ejemplo: los aviones AMX (Brasil-Italia) y CBA-123 (Brasil-Argentina), el misil antitanque LEO (Italia-Brasil) y el cohete Rayo (Chile-Gran Bretaña) (62).
La mención del CBA-123 no es casual, dado que constituye el único joint-venture de desarrollo y producción de tipo dual enteramente regional, modelo que para el autor es el que mejores perspectivas ofrece, dado que permitiría una ventajosa standarización del equipamiento militar en nuestras naciones. Tal racionalización de materiales facilitaría el intercambio de repuestos en situaciones de crisis, como lo demostraron Brasil y Argentina en 1982 (63), y como se recomienda para países que se consideran aliados (64).
6.- CONCLUSIONES
El acceso a tecnologías necesarias de uso militar por parte de los países de la región requiere como condiciones básicas una base educativa adecuada y una mayor credibilidad internacional de los mismos; al logro de este último objetivo contribuirán cinco factores: la consolidación de los regímenes políticos imperantes; el compromiso de no emplear la fuerza en general, y armamento de destrucción masiva en particular; la adhesión y participación en acuerdos multilaterales de transferencia y desarrollo de tecnologías militares o duales; la constitución de acuerdos multilaterales intraregionales de control y colaboración recíprocos, y fomento de Medidas de Confianza Mutua (MCM); por último, la compatibilización de posturas con EE.UU.
Logradas las condiciones básicas, se sugiere la adopción de una estrategia orientada fundamentalmente a la constitución de joint-ventures de desarrollo y producción. Frente a otras opciones esta alternativa permite una mayor adaptación del producto a los requerimientos del usuario; mayor participación y fomento a las estructuras locales de I+D, y menores costos globales.
Llevar a cabo joint-ventures de carácter regional reviste, por su parte, las ventajas de una standarización de equipos corriente entre países vinculados por alianzas de seguridad, y de una mayor autonomía respecto al marco extraregional.
NOTAS Y ACLARACIONES:
(01): ONU: Los conceptos de seguridad, Departamento Asuntos de Desarme, informe del Secretario General. Doc.A/40/553,1986, párrafos 205-206
(02): Ibidem, parr. 207
(03): Ibidem, parr. 3 y 209
(04): Alocución en Buenos Aires de Lawrence Korb, Subsecretario de Defensa para Asuntos Logísticos de EE.UU. 1981-1985, director del Centro para Educación en Políticas Públicas de The Brookings Institution y asesor de George Bush. AGORA, Centro de Estudios Internacionales, 21/08/91
(05): Ver por ejemplo KISSINGER, Henry: "La distinción entre lo esencial y lo deseable", El País 12/12/91, supl. especial Temas de Nuestra Epoca Nš 212, pag. 2. Esta óptica también se observa en la alocución de Lawrence Martin, del Real Instituto de Relaciones Internacionales (RIIA) de Londres, en la Conferencia Internacional sobre el Nuevo Orden Mundial, FORUM BRASIL, Rio de Janeiro, abril de 1992; y The International Institute for Strategic Studies (IISS): Strategic Survey 1990-1991, Brassey`s, Londres 1991, en especial en su capítulo "perspectivas".
(06): GARASINO, Alberto: "Fuerzas Armadas Nacionales", La Nueva Provincia 12/03/91
(07): TERRAGNO, Rodolfo: "Perspectivas cívico-militares ante los nuevos desafíos de la seguridad en América del Sur", Geopolítica Nš 44, Buenos Aires 1991, pag.40
(08): Este modelo de desarrollo tecnológico, y los siguientes, se tomaron de RUSHING, Francis: Economics, technology transfer and strategies for developing high technology industries, mimeo., simposio "El Nuevo Orden Internacional: su incidencia en el desarrollo económico y social", Universidad del Salvador-CPCECF-University of Georgia, Bs.As. octubre de 1991.
(09): Datos de esos momentos indican que en los países desarrollados la inversión en I+D promediaba un 2 % del Producto Bruto Interno (PBI), contra un 0,3 % en América Latina, tasa equivalente al 1,8 % de la inversión mundial en el rubro; por su parte el número de investigadores empleados alcanzaba el 10 % de la Población Económicamente Activa (PEA) en los Estados desarrollados, mientras tal porcentaje era mínimo en América Latina, región que solamente detentaba el 2,4 % del total de investigadores del planeta. En FORLENZA, Carlos & GIACOMINO, Claudio: "Ciencia en América Latina", Contribuciones 2/92, CIEDLA-Konrad Adenauer Stiftung, Bs.As. 1992, pag.214; también en OMINAMI, Carlos: "Doce posiciones acerca de América Latina en una era de profundo cambio tecnológico", Política Internacional Nš 294, Bs.As. 1989, pag.29
(10): FORLENZA & GIACOMINO, op.cit., pag.217
(11): FREEDMAN, Lawrence: "La industria de armamento en el banquillo de los acusados", en El Mundo de los años `90, World Media, edición especial La Nación 15/12/90, pag. 60
(12): Una excelente explicación de "linkage politics", con ejemplos adaptados a la relación Argentina-EE.UU., se encuentra en RUSSELL, Roberto: "Las relaciones argentino-norteamericanas: reflexiones sobre la experiencia reciente", en RUSSELL, Roberto & BOUZAS, Roberto: EE.UU. y la transición argentina, Ed.Legasa, Bs.As. 1989, pag.341 y ss.
(13): FREEDMAN, op.cit.
(14): The New York Times, 16/02/92
(15): El concepto de CMI surge a partir de la Guerra del Golfo, su acción paradigmática, y está analizado en KLARE, Michael: "Behind Desert Storm. The new military paradigm", Technology Review, MIT, may/june 1991, pag.28
(16): Las definiciones de CBI consignadas se basan, respectivamente, en National Security Strategy, CIS-201, en MIQUELARENA, Pedro: "Transiciones en la estrategia sudamericana", Boletín del Centro Naval Nš 762, Bs.As. 1991, pag.56; MORELLI, Donald & FERGUSON, Michael: "El CBI, perspectiva operacional", RID Nš 9/89, en BARTOLOME, Mariano: "Narcotráfico: es un CBI para EE.UU.", Rev. Militar Nš 723, Bs.As. 1990, pag.43; Comité de Conflictos de Baja Intensidad y Narcotráfico (COBIN) del Sistema de Cooperación de Fuerzas Aéreas Americanas (SICOFAA), reunión de Bogotá en mayo de 1991 (XXXI CONJEFAMER), en Aeroespacio nov/dic. 1991, pag. 7
(17): Por ejemplo, cañones antimisil CIWS PHALANAX; bombas de 1000 lb. con guiado láser PAVEWAY II, fabricadas por Texas Instruments; misiles aire-aire AIM-9L SIDEWINDER y antimisil AGM-45 SHRIKE. Incluso se mencionó la provisión norteamericana a Gran Bretaña de misiles portátiles contra piezas de artillería con guiado láser/infrarrojo (DEUDERO ALORDA, Revista de Publicaciones Navales Nš 624, Bs.As. 1983) y "cañones láser" que enceguecían al piloto de un avión atacante, obligándolo a tomar altura y exponerse a la artillería antiaérea (Clarin, EFE, 08/01/90).
(18): MERCADO JARRIN, Edgardo: "Consecuencias y enseñanzas de la Guerra del Golfo Pérsico", Geopolítica Nš 45, Bs.As. 1992, pag.17
(19): RETAMOSO, Juan: El rol del factor militar en el actual escenario global. Trabajos expuestos en el V Simposio de Estudios Estratégicos Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Montevideo, 1991. Página 111.
(20): LAGOS, Hilario: "La Guerra del Golfo Pérsico. La madre de todas las batallas fue una batalla perfecta", Revista Militar Nš 724, Bs.As. 1991, pag. 20-21
(21): Jornal do Brasil, 06/05/91 y 27/05/92
(22): Strategic Technologies for the Army of the Twenty First Century (STAR XXI), Departament of Defence, Wash. DC 1992
(23): ABC (Asunción) 28/04/93 pag.21 y El Mercurio 04/04/93 pag. D-30
(24): "América Latina y el Nuevo Orden Internacional", Revista Argentina de Estudios Estratégicos Nš 14, Bs.As. 1991, pag.41
(25): LASCANO, Marcelo: "Problemas y perspectivas de la economía mundial", en Vs.autores La Argentina y la situación internacional, GEL, Bs.As. 1993, pag.70
(26): BORON, Atilio: Las transformaciones del sistema internacional y las alternativas de la política exterior argentina, mimeo., simposio "La Política Exterior argentina en el orden mundial de la posguerra fría", Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Bs.As. marzo de 1992, pag.19
(27): Disertación de Alvin Toffler. Fundación Colloquium, Buenos Aires Plaza Hotel, Bs.As. 21 de junio de 1992.
(28): Un abstract de la obra inédita en nuestro país "A cold peace" de Jeffrey Garten, actual Subsecretario de Comercio de la Administración Clinton, se encuentra en KIRKPATRICK, Jeane: "La guerra económica no precisa armas", de Los Angeles Times en El Cronista 20/07/92. El concepto de comercio como "arma estratégica del futuro" fue vertido en el foro anual del World Economic Development Congress, Washington 1992.
(29): De L`Express 14/09/90, en STORANI, Conrado (h) & TELLO, Angel: Hipótesis de conflicto, Honorable Cámara de Diputados de la Nación, Buenos Aires septiembre de 1991. Estos autores destacan que quien suscribe el artículo de L`Express, Jean Villars, es en realidad un alto funcionario de la cartera de Defensa de Francia, quien publica las opiniones oficiales bajo seudónimo.
(30): RUFIN, Jean-Christophe: O imperio e os novos barbaros, Ed Record, Rio de Janeiro 1992. "A injustica do apartheid tecnologico", debate Alvin Toffler-Leónidas Pires Goncalves, Jornal do Brasil 09/05/92, suplemento Idéias/Ensaios, pag.10. También en PETRELLA, Riccardo: "Un peligroso apartheid tecnológico", de New Perspectives Quaterly en La República, 10/08/92
(31): VIVEKANANDA, Franklin: "The myth of technology transfer: perspective in North-South dilemma", International Political Science Abstract, IPSA, XV World Congress, Bs.As. junio/91
(32): RETAMOSO, op.cit.
(33): BINGAMAN, Jeff & INMAN, Bobby: "Broadening horizons for Defense R & D", Issues in Science and Technology, fall/92,p.81
(34): Ibidem, pag.80 (Datos de la Carnegie Commission on Science, Technology and Government)
(35): Conceptos vertidos el 11 de marzo de 1993 en una planta de la Westinghouse Electric Corp. en Baltimore, que había sido una importante receptora de contratos militares. El Cronista, 12/03/93
(36): Incluso la cuestión medioambiental, de la cual es principalmente responsable el Norte a través de la emisión de gases invernadero, es focalizado por este actor como un proble-ma constituido por la deforestación que lleva a cabo el Sur, tal cual se observó en la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD), o "Eco-92", realizada en Rio de Janeiro en junio de 1992.
(37): GAMBA STONEHOUSE, Virginia: Perspectivas Norte-Sur en el esceario interacional y el factor ~cambio~ en la determinación de los postulados de defensa, mimeo., Naval War College, Newport (EE.UU.), 26/03/92, inédito.
(38): Conceptos del Alte. Roberto Gama e Silva, seminario "Los militares y la Sociedad brasileña", Rio de Janeiro mayo de 1992, en Jornal do Brasil 10/05/92
(39): La Nación, 08/09/89. Las restantes cuestiones eran el estancamiento económico, la ruptura de regímenes democráticos, la destrucción del medio ambiente y el narcotráfico.
(40): Conferencia de William Perry, actual Secretario de Defensa de EE.UU., en la Escuela de Defensa Nacional (EDN), Bs.As. 12/11/91. Este orador agregó, como otra cuestión prioritaria para EE.UU., la preservación del funcionamiento del Canal de Panamá.
(41): BARTOLOME, Mariano: "Las FF.AA. del Cono Sur", Debate Nš16, Bs.As. octubre de 1992, pag. 55-56
(42): BALL, Nicole: Pressing for peace: can aid induce reform", Overseas Development Council (ODC), policy essay Nš 6, Washington DC august 1992.
(43): TERRAGNO, op.cit., pag.40.
(44): Las otras cuestiones eran el respeto a los derechos humanos, el tráfico de drogas, el fortalecimiento de los procesos democráticos en Europa Oriental y América Latina, la intensificación de conflictos étnicos y religiosos, y la cooperación política y económica con Europa Occidental y Japón. National Military Strategy of the United States, Departament of Defence, january 1992, pag.1 y 7.
(45): TERRAGNO, op.cit., pag.41.
(46): De la investigación de Jeffrey Simon, de la Universidad de la Defensa Nacional de EE.UU., en "Europa, la OTAN y el amigo americano", El País 26/05/92.
(47): CARROUE, Laurent: "Crise des industries militaires, nouvelle course aux armaments", Le Monde Diplomatique, novembre 1992, pag. 17.
(48): Conceptos de John Naisbitt en "Qué grande es ser chico!", Mañana Profesional Nš 24, Bs.As. octubre/92, pag.10. GODOY, Horacio: "Las relaciones internacionales en el proceso de globalización de la economía y la política: los nuevos actores en el nuevo escenario internacional", Revista de la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI) Vol.I NšI, Bs.As. 1992, pag.132 y llamada bibliográfica 23
(49): "Building a secure and prosperous hemisphere", adress by Secretary of Defence Dick Cheney to the American Armies Commanders Conference, Washington DC nov. 4, 1991. Defence Issues Vol.6 Nš 53, Departament of Defence, USA, pag.2
(50): STORANI & TELLO, op.cit., pag.51
(51): Conceptos del "Diccionario de Guerra Moderna" de Edward Luttwak, tomados de VARELA, Alberto: "Desarme:ŋfactor o consecuencia?", Revista de la Escuela Nacional de Inteligencia Vol.I Nš 2, Bs.As. 1992, pag.17 y ss.
(52): Cooperación para la seguridad en el hemisferio; limitación de la proliferación de los instrumentos de guerra y armas de destrucción masiva, el documento apunta a que ningún país adquiera armas mas allá de los requerimientos cuantitativos y cualitativos que le fijan sus necesidades.
(53): COCOM (Coordinating Committee for Multilateral Exports Controls): Australia, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Japón, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Portugal, España, Turquía, Gran Bretaña y EE.UU, entre otros.
(54): MTCR (Missile Technology Control Regime): EE.UU., Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania, Noruega, Australia, Suiza, Canadá y Japón, entre otros. Según el profesor COSTA VAZ ("Condicionantes de las posiciones brasileñas frente al desarme, control de armas, seguridad regional y regímenes de no-proliferación y de transferencia de tecnologías sensibles"), Brasil recibió en abril de 1992 una misión integrada por representantes de miembros del MTCR, la que colaboró en el desarrollo de mecanismos de control de exportaciones de tecnologías sensibles, plasmados luego en el proyecto de Ley 2530.
(55): COSTA VAZ, op.cit.
(56): BARTOLOME, op.cit.
(57): BARTOLOME, op.cit.
(58): OMINAMI, op.cit. pag.28
(59): Esto ha sido corroborado por Augusto Spinazzola, presidente de la ICF en Argentina, en la entrevista publicada en Debate Nš 15, Bs.As. julio 1992, pag.39
(60): Hasta 1995 los despidos en los complejos militares-industriales se estiman en 500 mil para EE.UU., 100 mil para Francia y 40 mil para Gran Bretaña. En RAMONET, Ignacio: "Nouvel Ordre, Rébellions, Nationalismes", Le Monde Diplomatique mai 1992, pag.20. A nivel mundial, y sin identificar situaciones nacionales específicas, para el período 1993-1998 el Instituto de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI) eleva los despidos posibles hasta 15 millones.
(61): Un análisis de la conveniencia de que las FF.AA. regionales reduzcan su dependencia tecnológica del exterior, ejemplificada en el caso de Malvinas, se encuentra en VIDIGAL, Armando: "Papel de las FF.AA. en la democracia", Geopolítica Nš 47, Bs.As. 1992, pag.44. También se expresó en tal sentido el Alte. Domingos Castello Branco en el seminario "Los militares y la Sociedad brasileña" (Jornal do Brasil 10/05/92): "la independencia política pasa por la independencia tecnológica".
(62): Este modelo de complementación es el de mas vasta aplicación en Europa Occidental: los aviones Jaguar y los helicópteros Lynx (Gran Bretaña-Francia); los misiles Hot, Milán y Roland, y el avión Alpha Jet (Alemania-Francia); los aviones Tornado (Alemania-Italia-Gran Bretaña); las fragatas Korternaer-Bremen (Alemania-Holanda); los dragaminas Tripartite (Francia-Bélgica-Holanda); y en forma mas reciente, el proyecto de Avión de Combate Europeo, "ACE" (Alemania-Italia-España-Gran Bretaña).
(63): Brasil proveyó repuestos de sus aviones Xavante para las aeronaves Aermacchi MB-326 de la Aviación Naval.
(64): Tal recomendación proviene del ejemplo del pilar europeo de la OTAN y de una sugerencia de Yoshuiro Nakasone para los socios de un nuevo esquema internacional de seguridad, o "Pax Consortium". Ver "America Latina y ...", op.cit.