EL VITAL PAPEL DE LA TECNOLOGIA EN EL ACTUAL ESCENARIO INTERNACIONAL

 

 

I. LA IMPORTANCIA DE LA TECNOLOGIA EN LAS ESTRUCTURAS Y CONDUCTAS EMPRESARIALES

 

Desde hace ya algún tiempo se viene registrando a escala global la transición de las estructuras y conductas empresariales del modo multinacional al transnacional. Recordemos que la primera forma se caracterizaba por reproducir en los mercados donde se instalan las sucursales el mismo producto fabricado en el mercado matriz, por la independencia de actividades entre cada filial y por la retención de poder decisorio por la casa central; en la segunda, en cambio, las diferentes filiales comparten responsabilidades como cofabricantes de un único producto final o diversifican su producción en aras del mantenimiento o ampliación de sus mercados, mientras la casa matriz se limita a la adopción de decisiones estratégicas, la coordinación e I+D.

La transnacionalización de las actividades empresariales, fomentada por el formidable desarrollo tecnológico, ha alcanzado una magnitud tal que se ha estimado que sus máximos dirigentes son los primeros hombres en la historia que poseen la organización, la tecnología, los recursos y la ideología para hacer una tentativa plausible de administrar al mundo como una unidad integrada.

Ese modelo de administración registraría, sin embargo, obstáculos circunstanciales a su consolidación que, en muchos casos, ponen en peligro la mencionada atribución de la casa matriz de coordinar a las filiales y adoptar decisiones estratégicas.

Esto es así porque la descentralización de los recursos y capacidades incrementa el poder de las subsidiarias, las que cada vez se encuentran en mayor capacidad para desafiar la hasta ahora incuestionable autoridad de la casa matriz; esta capacidad aumenta desde el momento en que las filiales no suelen compartir una "cultura común" con la casa central, dado que esta última no siempre está familiarizada con las condiciones locales en que operan sus subsidiarias.

En este caso, la solución al problema de la erosión de los lazos jerárquicos entre matriz y filiales, de la "distancia psíquica" entre ambos niveles, como la denomina un catedrático de la escuela de economía francesa Insead (01), también contempla a la tecnología: la misma deberá proveer los recursos para que los diversos segmentos de la empresa transnacional trabajen vertical y horizontalmente en forma conjunta y coordinada, definiendo cronogramas únicos que abarquen diversos países, generando capacidad para transferir recursos productivos entre mercados y alcanzar metas comunes.

A los modelos multinacional y transnacional debemos agregar ahora un tercero: la "empresa de relaciones". Según un informe presentado por la consultora Booz, Allen & Hamilton en el Foro de Davos (Suiza) 1993, la empresa de relaciones será una red de alianzas estratégicas forjadas entre megaempresas, que abarcará diversas industrias y países, pero que se mantendrá unida por objetivos comunes.

El dato relevante es que estas unidades de negocios, también llamadas "firmas virtuales", tendrán recaudaciones anuales de billones de dólares, superiores a todas las economías nacionales con excepción de las diez primeras. Esta apreciación no es en absoluto audaz, teniendo en cuenta que General Motors, calificada por la revista Forbes como la mayor empresa norteamericana durante 1993, totalizó durante ese ejercicio anual ventas por una cifra superior al PBI argentino.

Por otra parte, y aunque parezca paradójico, el auge de las empresas multinacionales, transnacionales y de relaciones se presenta en forma simultánea al fenómeno de la microsegmentación, es decir, a la proliferación de nuevas y diversas PyMES. John Naisbitt ha sugerido en Buenos Aires que, en la medida en que estas empresas "small size", muchas veces familiares ("home based business") privilegien la flexibilidad y el empleo intensivo de conocimiento, las mismas accederán a oportunidades internacionales que antes les estaban vedadas. En EE.UU, destacó en ese entonces Naisbitt, más del 50 % de las exportaciones provienen de compañías con menos de veinte empleados.

Todas estas opciones empresarias reconocen, mas allá de sus diferencias, un desafío común generado por el avance tecnológico, y que es el menor tiempo de vigencia de un producto en el mercado, dada la producción de las empresas competidoras. Para afrontar este escollo las estrategias parecen privilegiar tanto la optimización de los procesos de producción como el desarrollo de tecnologías de transformación.

Para mejorar los procesos productivos la tecnología realiza sustanciales aportes de informática y robótica, que redundan en una producción ágil y carente de excedentes. Según el japonés Taiichi Ohno, dos conceptos parecerían predominar: el "just in time", que consiste en producir en cada etapa de la línea de montaje la cantidad exacta de piezas necesarias en el exacto momento en que las mismas se precisan; y la "autonomación", o automatización con un toque humano, que alude al empleo de máquinas con capacidad para autodetenerse cuando surge algún problema, evitando la acumulación de errores.

En cuanto a las tecnologías de transformación, su importancia parece haber sido revalorada a partir de los últimos escritos de Lester Thurow, quien otorga a las mismas un valor casi igual a las que surgen de la I+D, avalando esta apreciación en el hecho que Japón domina el mercado mundial de filmadoras portátiles, videocasseteras y discos láser, productos que surgieron a partir de I+D desarrollada en EE.UU. y Holanda.

Ante el desafío que implican estos cambios, las unidades empresarias están reconvirtiendo sus estructuras internas para privilegiar la captación, incorporación y capitalización de conocimiento. Esta es la más importante modificación que la tecnología imprime a las pautas empresariales: el conocido experto en administración Peter Drucker alude en su obra La sociedad poscapitalista, en tal sentido, a la "revolución del management", un concepto que debe comprenderse a la luz de las tres revoluciones que su mentor observa en el capitalismo y que se asemejan a las conocidas tres olas de Toffler.

En este sentido Drucker concibe a la revolución industrial como el salto inicial de las habilidades a la tecnología; una segunda revolución es la productiva, en la cual la capacitación sistemática en empleo de tecnología ("training") permite ordenar y realizar el trabajo mediante la aplicación de conocimiento; la revolución del management, finalmente, no es otra cosa que la aplicación de conocimiento sobre los recursos productivos, es decir, sobre el conocimiento mismo.

Con esta tercera revolución quedaría consagrada la Sociedad del Conocimiento, en cuyo contexto pierden importancia en detrimento de ese factor la tierra, el trabajo y el capital. En palabras de este consultor y académico "no habrá países pobres, solo habrá países ignorantes" (02). En la misma dirección intelectual marcha otro planificador estratégico, más conocido por el público argentino, Alvin Toffler, quien dijo en Buenos Aires: "Mapa económico no es igual a territorio. En la economía clásica se nos enseñó que los factores de producción son la tierra, la mano de obra y el capital. Hoy el conocimiento está primero. la información puede ser substituto de los demás factores de producción (...) la información se está monetizando" (03).

Similar sentido tienen las concepciones de Nye al basarse en el pensamiento del sociólogo Daniel Bell, para quien las materias primas y la industria pesada pierden importancia como indicadores económicos decisivos en favor de la información y los servicios especializados, transición a partir de la cual los indicadores adecuados del poder son los relacionados con las manufacturas y los servicios dentro de las industrias de la información. Desde esta perspectiva Nye asegura que el poder está pasando de los "ricos en capital" a los "ricos en información".

Un claro ejemplo de reconversión en la línea apuntada por Drucker, Toffler y Nye es la incorporación a la empresa del concepto "knoware", que sucede al "software" y "hardware" para aludir a la capacidad para adquirir y emplear conocimiento. Para aclarar las diferencias que encierran estos tres neologismos digamos que, desde el punto de vista del hardware, una actividad económica se caracteriza por determinados sectores y ciclos de producción, productos, bienes e insumos; el software concentra su atención en el ámbito de las señales, el lenguaje del mercado y la interacción entre precios y medidas económicas; el knoware, en tercer término, se refiere a la capacidad de emplear conocimiento para adoptar decisiones correctas y exitosas, en un contexto de cambio constante.

El knoware apunta a un objetivo similar a los escenarios identificados por los autores antes mencionados. Se habla ya de una futura Economía del Conocimiento ("knowledge economy") que estaría basada principalmente en la informática y las telecomunicaciones, áreas que marcarán cada vez más el ritmo económico, papel que cumplieron los FF.CC. en el siglo XIX (expansión de las fronteras productivas) y las manufacturas en la mayor parte del actual (04).

Masatoshi Makino, ingeniero en jefe de la National Telegraph & Telephone Company (NTT) de Japón, dijo al respecto: "Aunque de mil tecnologías que investiguemos sólo 2 tengan éxito, eso paga con creces las 998 pérdidas...nunca debemos dejar de investigar"(05).

 

II. NUEVOS CRITERIOS EN GEOGRAFIA ECONOMICA Y GEOPOLITICA APLICADA SURGIDOS POR INFLUENCIA DE LA TECNOLOGIA

 

Es evidente la necesidad de reformular algunos de los clásicos postulados de la geografía y la geopolítica (por ejemplo las panregiones de Haushoffer) para entender de mejor manera la conformación de bloques comerciales de dimensiones continentales, como el conocido NAFTA (EE.UU., Canadá y México), el Espacio Económico Europeo (EEE) donde confluyen la Comunidad Europea (CE) con países provenientes de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC) y la llamada Cuenca del Pacífico que abarca a Japón, el primer y segundo lotes de Nuevas Naciones Industrializadas (NIC`s) y el cinturón costero de China.

Pero, con la única (y discutible) excepción de la Cuenca, estos bloques se conforman "desde el Estado", siendo que la tecnología está contribuyendo al impulso de otras unidades geoeconómicas, en este caso "a través del Estado". Tales unidades, de acuerdo a lo expresado por el economista Michael Porter en la edición 1994 del Foro de Davos, se constituyen de acuerdo a dos valores orientativos que representan diferentes, y hasta antagónicos, modelos de competitividad: eficiencia e innovación.

Una unidad geoeconómica que privilegia la eficiencia soslaya la localización de las unidades productivas, dadas las posibilidades de trasladar recursos humanos, capital e insumos de un punto a otro del globo. De allí que en la ecuación costo-beneficio de una empresa con esta filosofía de producción, la radicación fabril en lugares con bajos costos de mano de obra (inclusive especializada), por ejemplo, pueda ser atractiva. El énfasis en la innovación, por el contrario, apunta a concretar los asentamientos empresarios en zonas geográficas cercanas tanto a sus mercados como a otras empresas con las que mantiene vinculaciones.

Un importante aporte en el estudio de la tendencia innovativa lo constituye "Geografía y comercio", el último trabajo de Paul Krugman sobre regionalización económica.

Este geógrafo estadounidense muestra que la distribución geográfica de las actividades económicas no primarias es muy despareja y se encuentra muy concentrada, lo que dá lugar a la conformación de centros regionales y a la marginación de otras zonas periféricas. La concentración se inicia cuando los productores de bienes finales deciden instalarse cerca de sus mercados de consumo; los fabricantes de bienes intermedios y de capital se radican cerca de sus usuarios, incrementando todavía más el atractivo económico de la región y atrayendo también a los proveedores de servicios.

La conformación de regiones económicas a través del proceso descripto, denominado "círculo virtuoso", reconoce como una de sus claves a la tecnología, desde el momento en que la capacidad de compartir conocimientos y servicios especializados ("derrames de tecnología"), junto con la capacidad de consumo de productos con alto valor agregado, determinaría la radicación de empresas.

La constitución de unidades económicas "a través del Estado" se vincula con las explicaciones de Krugman en el hecho que las regiones económicas no reconocen límites interestatales. A tal punto esto es cada vez más evidente que el analista Kenichi Ohmae pregona que la "región" será la unidad básica de análisis económico en el futuro, entendiendo como economías regionales a "zonas de entre 5 y 20 millones de habitantes con una base bién diferenciada de habilidades y un perfil industrial que lo lleva al intercambio, no sólo de bienes y servicios, sino también de personas, información, tecnología y capital con otras regiones del mundo".

Ohmae menciona numerosas regionalizaciones en curso que desafían las fronteras nacionales: Alsacia-Lorena (Francia) y Baden Würtemberg-Baviera (Alemania); Singapur, las Islas Riau (Indonesia) y Johor (Malasia); Hong Kong, Guandong y Fujián (China) y Taiwán; la zona de los grandes lagos estadounidenses con el área canadiense que rodea a Ontario; la Columbia Británica (Canadá) con el noroeste norteamericano liderado por Seattle; finalmente, California y Texas (EE.UU.) con Sonora, Coahuila y Chihuahua, estados septentrionales de México.

Todas estas regiones, así como las que se encuentran en proceso de conformación y las que surjan en el futuro cercano, serán hiperdesarrolladas y ricas, estarán entrelazadas por las empresas transnacionales y de relaciones, y tendrán en la aptitud tecnológica su mejor arma.

Sus ciudades capitales, dice Riccardo Petrella, serán los "nodos activos" de la economía mundial del mañana. Entre ellas se destacan Londres, Nueva York, Tokio, Toronto, Chicago, San Francisco, Los Angeles, Houston, Miami, México DF, San Pablo, Seúl, Taipei, Hong Kong, Singapur, Bangkok, París, Zürich, Viena, Milán, Madrid, Osaka, el Randstadt holandés (Rotterdam) y las del Ruhrgebiete alemán (Düsseldorf y las cercanas de Essen y Dortmund).

Esta vinculación entre regiones-ciudades y empresas reeditará, independientemente de la conformación de megamercados, el esquema económico europeo de los siglos XIV y XV, de ciudades hanseáticas y alianzas de mercaderes.

El aporte teórico de Krugman no sólo tiene el valor de contextualizar el impacto de la tecnología en los criterios geopolíticos y geográficos clásicos desde el punto de vista de la regionalización que avizoran Petrella y Ohmae. Permite, simultáneamente, comprender un segundo impacto, que se mide en términos antagónicos Norte-Sur.

Para algunos analistas, inclusive locales, tal antagonismo económico se encuentra en vías de superación y los países en desarrollo se tornarán, globalización y transferencia tecnológica mediante, en la locomotora de la economía mundial. Avalaría esta apreciación la reorientación de las corrientes de IED hacia los mencionados países, que en 1993 habría rondado los U$S 80 mil millones (06), o los resultados obtenidos por la UNCTAD sobre la evolución del comercio internacional.

Según esa agencia de la ONU los países desarrollados disminuyeron en 1993 sus exportaciones e importaciones 1,2 % y 2,9 % respectivamente en relación a 1992, mientras entre esos años las exportaciones e importaciones de los países en desarrollo crecieron a sendas tasas de 10 % y 7,9 %, como se observa en el CUADRO Nš 1.

Si esta reorientación de IED y aumento del comercio exterior son fenómenos estructurales, consolidarían los postulados del modelo de eficiencia. Si, por el contrario, obedeciera a factores coyunturales o cíclicos, como la recesión que se viene observando en vastas partes del mundo industrializado, o la aplicación de subsidios a las exportaciones en países en desarrollo para fomentar el ingreso de divisas extranjeras, debería postergarse la formulación de pronósticos osados.

Sin embargo, la perspectiva de los modelos virtuosos de Krugman se opone a estos modelos económicos tradicionales afines al modelo de eficiencia que identificó Porter en el Foro de Davos, según los cuales a las regiones subdesarrolladas les resulta fácil atraer capitales debido a su mano de obra barata. Las lecturas innovativas indican que difícilmente sean efectivas las políticas de captación (protección de mercado, zonas francas, facilidades tributarias) si no existe capacidad de absorber y aplicar conocimientos tecnológicos avanzados. Si no se puede "desempaquetar" la tecnología, como dijera el investigador y político chileno Carlos Ominami.

De esta manera, la incapacidad de una buena parte de la población "Sur" para emplear tecnologías de punta no sólo inhibiría una mayor participación de la misma en la economía mundial, sino que inclusive disminuirá tal protagonismo, dado que avances como la biotecnología y la robótica tornarán completamente obsoletas a muchas industrias intensivas en mano de obra.

La tecnología contribuye así a ahondar la brecha Norte-Sur, poniendo en tela de juicio los verdaderos alcances del concepto globalización, desde el momento en que éste excluye a cerca de 60 países con aproximadamente el 20 % de la población mundial. Se asistiría a una real globalización con una reincorporación de esa periferia al núcleo económica y tecnológicamente avanzado, constituído por los tres grandes bloques, es decir, por la Tríada.

Una real globalización, o en otras palabras "la globalización de la globalización", se opondría a lo que diversos autores como Jorge Castañeda y Riccardo Petrella han denominado "mundialización triádica de la economía" o, específicamente este último, Pax Triádica. Bajo tal concepto se alude simplemente a la creciente concentración de poder económico y de I+D que registran esas zonas, verificable a partir de dos datos: primero, que las bolsas de Nueva York, Tokio y Londres concentran el 80 % del total de transacciones financieras que se realizan anualmente en todo el mundo; segundo, que el 92 % de las 4200 alianzas estratégicas empresarias (multinacionales, transnacionales y de relaciones) conformadas en todo el globo en la década del 80 se realizaron dentro de los límites de esta región (07).

También puede tenerse en cuenta, como indicio de mundialización económica triádica, la participación de la Tríada en el comercio internacional. Más allá de la retracción de su participación en las importaciones y exportaciones mundiales, según los ya descriptos datos de la UNCTAD que se muestran en el CUADRO Nš 1, lo cierto es que la misma alcanza actualmente al 87,3 % de las ventas y al 87,1 % de las compras, según datos que constan en el CUADRO Nš 2.

Un ejemplo del efecto exclusivo que adquiere la tecnología en contextos de mundialización triádica y globalización limitada consta en el último anuario de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Este documento establece que más de la mitad de las naciones en desarrollo carece de eficientes estructuras socioeconómicas, lo que limita su producción alimentaria al haber bajos rendimientos en sus cultivos, al mismo tiempo que los precios de los alimentos del mercado exceden el poder adquisitivo de los sectores sociales mas amplios; este dramático cuadro se agrava por la generación de conocimientos en las áreas de biotecnología e ingeniería genética en las naciones industrializadas, que cerrarán las puertas del mercado internacional a las economías que dependen de la exportación de recursos naturales.

Tal cierre se dará tanto por simple sustitución de importaciones gracias al empleo de biotecnología (obtención de alimentos y fibras de calidad superior, optimización de la tolerancia de los cultivos a los factores climáticos, optimización del mantenimiento de suelos, erradicación de plagas), como por la influencia sobre el consumidor para que éste descarte los cultivos tratados con agroquímicos y otras substancias con efectos colaterales negativos sobre el medio ambiente, característicos de los países subdesarrollados.

Otros efectos colaterales de esta dicotomía geográfica son los que expone en su última obra el ya mencionado historiador Paul Kennedy, quien aborda la íntima relación existente entre crecimiento demográfico, preservación ambiental y desarrollo tecnológico.

Kennedy remarca en su análisis que el abrupto crecimiento demográfico que se observa en diferentes partes del planeta no coincide geográficamente con el surgimiento de los avances tecnológicos; este hecho, sumado a la creciente marginación productiva, generará un doble efecto pernicioso para las relaciones entre países desarrollados y subdesarrollados: el incremento de flujos migratorios de los segundos a los primeros, y un menor respeto de aquellos por las normas de preservación ambiental, en un intento por elevar sus niveles de producción.

 

III. LOS NUEVOS ROLES DEL ESTADO NACION

 

Obvio es decir que, si la tecnología modifica la geografía y la geopolítica, que reconocen como unidad primaria al Estado-Nación, también alterará las clásicas funciones de éste. Evidentemente asistimos a una merma cotidiana de las capacidades de los gobiernos para manejar, en un contexto tendiente a la globalización e interdependencia, todas las variables de su economía, como por ejemplo el comercio exterior.

Un claro ejemplo de esta merma, por influencia de la mencionada transnacionalización empresaria, se desprende de la siguiente aseveración de Robert Reich: "El made in...pierde sentido cuando en el diseño y lanzamiento de un producto intervienen un creativo italiano, una computadora norteamericana que utiliza chips japoneses, un esquema financiero armado en Londres, una planta fabril en Corea, ingeniería alemana y afamada marca francesa. Tanto la producción como el mercado están dejando de ser nacionales" (08).

Roles perdidos como el descripto, se ven reemplazados por otros que, en el plano económico, reconocen como denominador común la búsqueda de un mejor posicionamiento internacional. Dice Immanuel Wallerstein que el papel del Estado ahora es el de influir, en interés de clases o grupos sociales, el funcionamiento del mercado mundial (la "Economía-Mundo" según su percepción) con el objeto de participar y controlar parcelas del mismo en términos de bienes, productos y fuerza de trabajo.

El catedrático estadounidense Robert Cox, se manifiesta en igual sentido: "Durante la mayor parte de este siglo, el papel de los Estados era concebido como el de un aparato protector de las economías nacionales, en contra de fuerzas externas perturbadoras, de modo de garantizar adecuados niveles de empleo y bienestar nacionales. La prioridad del Estado era el bienestar. En las últimas décadas se modificó la prioridad, en el sentido de adaptar las economías nacionales a las exigencias de la economía mundial. El Estado se está tornando en un correa de transmisión de la economía mundial a la economía nacional".

Junto a estas tareas, también parece perfilarse como nueva tarea del Estado el despliegue de sus recursos de política exterior para evitar prácticas de dumping de sus competidores en el mercado mundial, incluídas aquellas (clasificadas como "dumping social" o "dumping ecológico") que están vinculadas primordialmente a salarios y condiciones laborales: carencia de criterios de desarrollo sustentable (o "greenings strategies"), salarios irrisorios, trabajo "en negro", casos de virtual esclavitud, empleo de menores, etc. Recientemente ha dicho el ya mencionado Robert Reich que mientras una corriente intelectual en los países industrializados postula que los gobiernos no deben preocuparse por el dumping social, sino que deben limitarse a disuadir el dumping clásico y los subsidios, una posición antinómica reclama que las naciones desarrolladas comercien sólo entre sí, o con países que mantienen leyes laborales similares a las de ellos.

Hasta estos momentos, ha logrado prevalecer en el seno del GATT, y en los primeros tramos de la flamante Organización Mundial de Comercio (OMC), las posturas de los países en vías de desarrollo, quienes en líneas generales fundamentan su conducta de presunto dumping social de la siguiente manera: por un lado, las condiciones de trabajo están determinadas por factores económicos, políticos y culturales del lugar, lo que inhabilita el empleo de stándares globales; por otra parte, sólo puede haber superación de las prácticas de dumping social y/o ecológico tras un proceso de crecimiento económico, cuya materialización depende de un positivo comercio exterior.

Sin embargo, advierte Reich, es probable que bajo el público reclamo de la defensa de los derechos humanos o la preservación ambiental, y con un verdadero objetivo proteccionista de mejorar su competitividad, los gobiernos de los países industrializados incorporen a la agenda de los Estados-Naciones el rol de eliminar competidores. Este escenario implicaría nuevos agravamientos de las brechas entre países desarrollados y en vías de desarrollo (09).

 

NOTAS Y COMENTARIOS:

 

01: CHAN KIM: "Matrizes de múltis perdem força", en "Guia del Poder", suplemento de World Media en Folha de São Paulo 12/12/93, pag. B-12

02: ZUCKERMAN, Mortimer: "El mundo está asistiendo a una revolución silenciosa", de US News & World Report en El Cronista 27/07/94

03: Disertación de Alvin Toffler, Fundación Colloquium, Buenos Aires Plaza Hotel, Bs.As. 21/06/92.

04: ZUCKERMAN, op.cit.

05: SEPULVEDA GARCIA, Rita: "Los sueños del monstruo japonés", El Mercurio 22/09/94, supl. Siglo XXI, pag. 8-9

06: CASTRO, Jorge: "La economía mundial vuelve a crecer con toda su potencia", El Cronista 17/10/94

07: PETRELLA, Riccardo: "Pax Triadica", Le Monde Diplomatique, novembre 1992 pag. 32

08: GRONDONA, Mariano: "Clintonomics: lo que vendrá", La Nación 22/11/92, pag.8

09: REICH, Robert: "Em busca de melhores salários", Jornal do Brasil 20/08/94