
Parece fácil, quién no ha dado un beso en su vida, pero en realidad no lo es. Siempre nos que el interrogante ¿le habrá gustado? ¿habrá sido una experiencia como para repetir? ¿habrá despertado el deseo de nuevas experiencias?
A pesar de lo apasionado que debe resultar el momento, existen una serie de reglas básicas que debemos respetar con el fin de tener el éxito asegurado. Perder la cabeza está bien, pero dentro de un orden.
Indudablemente, la práctica nos ayudará a mecanizar estas rutinas de forma que llegaremos a la plena satisfacción de forma natural y automática.
Para los que ligamos poco este acto adquiere una especial relevancia y significación y, claro, debemos disfrutar a tope las escasas oportunidades que se presentan.
Frente a la opinión de la mayoría de la doctrina, un beso no es el preludio de nada, El beso es un fin sí mismo. Esta máxima nos evitará posteriores decepciones y nos ayudará a saber cual es nuestro objetivo: disfrutar del momento.
En la mirada previa está la clave del clima que ha de rodear la acción posterior. Esa mirada mezcla de voy a por ti y deseo carnal debe despertar en nuestra pareja, fija u ocasional, un sentimiento de autoestima y provocación que invite a la reciprocidad.
Hay que preparar la herramienta, igual que un violinista ajusta su instrumento antes del concierto, nosotros debemos humedecer ligeramente nuestros labios. No, no nos equivoquemos, un lametazo salivoso no es la forma.
Como en casi todo el tempo es lo que marca en realidad las diferencias. Las prisas y la precipitación no son buenas consejeras. Tampoco lo es la calma excesiva, nuestro partener se puede sentir poco deseado y arruinar la experiencia. Marquemos los tiempos, sin prisa pero sin pausa, con continuidad en las acciones, pues cada movimiento forma parte de ese todo que es el beso.
Es recomendable iniciar la aproximación en posición vertical. Al menos el tronco y la cabeza han de mantenerse erguidas.
Empecemos por un piquito. Esta es una submodalidad muy conocida de beso que consiste en el leve toque de labio contra labio, con un ligero arqueo hacia fuera de los labios, posición morritos, y posterior relajación brusca de los músculos faciales.
Este comienzo es recomendable por varias causas prácticas:
Es un buen acercamiento y definición de aptitudes, sobre todo cuando no se trata de nuestra pareja habitual o no sea una relación estable. En ciertas ocasiones es posible que hayamos malinterpretado los gestos previos de nuestro interlocutor y una entrada prudente evitará una reacción excesiva.
También resulta definitorio de posiciones, no sólo en el sentido de disposición a la práctica, sino de orientación física. Un choque de nariz resulta harto desagradable y corta toda la magia del momento. Yo recomiendo un leve giro de cabeza hacia la derecha. Si se hace de esta forma se evitarán momentos de tensión innecesarios. También se demostrará la tendencia natural de nuestro partener o que se ha leído este manual.
Si el piquito inicial no ha suscitado rechazo debemos aprovechar la oportunidad, y repetir la acción suavemente, sin precipitación.
Esta segunda aproximación debe ir acompañada, esta vez sí rápidamente de una tercera.
Debemos aprovechar este momento para situar las manos en posición envolvente, por el cuello de él ella, por la cintura de ella él. Suavecito sin apretar, apenas rozando.
Estamos en el punto clave, ahora deben aproximarse las bocas semicerradas y al contactar los labios se abren y cierran lentamente en un movimiento similar a cuando se come una manzana, (de ahí el nombre de este subespecie de beso: el muerdo). ¡No! La lengua todavía no. Un pelín de paciencia repitamos este movimiento tres o cuatro veces antes de que se junten nuestras lenguas en un jugoso lazo. Mi recomendación es que éste se produzca en las inmediaciones de la cavidad bucal femenina y no en terreno neutral como sugieren algunos otros teóricos del tema, supongo que por algún tipo de connotaciones freudianas. Bien, recreémonos en la suerte, se trata de un momento irrepetible, cada beso siempre es distinto de los demás, enrosquémonos como sugiere el nombre de esta categoría de ósculo: el tornillo. Muy importante, el beso no lo da sólo la boca todo el cuerpo se adhiere al de la pareja y las manos rozan suavemente acompañando el movimiento bucal. |
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La separación es lenta, mirando a los ojos, sonriendo con todo el cuerpo demostrando la satisfacción conseguida, (eso es muy toreros: gustándonos)
Lo descrito es un beso, cualquier otra cosa es un sucedáneo, válido para un aquí te pillo, aquí te mato, pero poco más.
Practicad, practicad y practicad hasta la perfección absoluta.

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