EL BELLO JARDIN

  Sucedía que cada vez que tocaba regar, alguien nos cortaba el agua. Don Pedro ordenó que se vigilara la toma. Una noche mientras vigilaba el agua, después que una señora chola cortaba el agua, le pregunté porqué desviaba el agua, la señora me contestó: “he necesitado un poquito de agua para mis plantitas. No te preocupes, no te perjudicare en nada”. “la señora era hermosa, reflejaba dignidad de princesa, su voz era dulce y persuasiva de manera que cuando me invito que conociera su huerta, no me pude negar. Caminábamos un pequeño trecho, luego me dijo que cerrara los ojos por un instante y que no me preocupara. Lo hice; al abrirlos me encontré ante una hermosa huerta regada por un agua muy cristalina, de los árboles colgaban riquísimas frutas. Quedé completamente extasiado. La señora que siempre iba a mi lada, me dijo: “Quédate aquí, no te faltará nada, todo tendrás”. Observe que ni una sola hoja se movía. Me escarapeló el cuerpo. Insistí en regresar, ella me volvió a invitar que me quedara. No, dije, me voy. Entonces me dijo: “En agradecimiento porque me dejas tomar un poco de agua te voy a dar una cabeza de plátanos. Vi que todos los plátanos estaban sumamente amarillos. Como entrecerrado los ojos volví a salir. Al regresar seguí con mi tarea. Un compañero vino a preguntarme dónde había estado. Le conté la historia, no me dejó acabar, ése es el encanto , me dijo: ¿le orinaste?, se echa orines para deshacer el encanto. fuimos corriendo a donde habíamos estado cuando vimos que la cabeza de plátanos se iba volando. Nunca más volví a encontrar a la señora ni a encontrar los plátanos.

Versión Oral: Octavio Polo Briceño.

 

 

Atrás
1