A grandes rasgos, recordemos que el cerebro humano se compone de decenas de billones de neuronas interconectadas entre sí formando circuitos o redes que desarrollan funciones específicas.
Una neurona típica recoge señales procedentes de otras neuronas a través de una pléyade de delicadas estructuras llamadas dendritas. La neurona emite impulsos de actividad eléctrica a lo largo de una fibra larga y delgada denominada axón, que se escinde en millares de ramificaciones.
Ilustración 1: Neurona y conexiones sinápticas

Las extremidades de estas ramificaciones llegan hasta las dendritas de otras neuronas y establecen una conexión llamada sinapsis, que transforma el impulso eléctrico en un mensaje neuroquímico mediante la liberación de unas sustancias llamadas neurotransmisores.
Ilustración 2: Detalle de una sinápsis

El efecto de los neurotransmisores sobre la neurona receptora puede ser excitatorio o inhibitorio, y puede variar ser más o menos intenso (depende de numerosos factores que no sería oportuno describir aquí) , de manera que podemos hablar de la fuerza o efectividad de una sinapsis. Las señales excitatorias e inhibitorias recibidas por una neurona se combinan, y en función de la estimulación total recibida, la neurona toma un cierto nivel de activación, que traduce en la generación de breves impulsos nerviosos con una determinada frecuencia o tasa de disparo, y su propagación a lo largo del axón hacia las neuronas con las cuales sinapta.
Ilustración 3: Activación y disparo de una neurona

De esta manera la información se transmite de unas neuronas a otras y va siendo procesada a través de las conexiones sinápticas y las propias neuronas. El aprendizaje se produce mediante la variación de la efectividad de las sinapsis, de esta manera cambia la influencia que unas neuronas ejercen sobre otras.

VOLVER.Autor: Ricardo Zapata