uso de drogas licitas

EL USO DE DROGAS LÍCITAS Y SUS CONSECUENCIAS

El uso de las drogas lícitas:

    Entre las drogas lícitas se consideran las de uso social (alcohol, tabaco, café y té) y las de uso médico y/o industrial (anfetaminas, terocal, etc.). El alcohol y tabaco son las que ocupan principalmente a los estudios epidemiológicos dado su alto nivel de toxicidad y daños que ocasionan a la salud; causan las situaciones de mayor riesgo social por su asociación a estadíos de iniciación al consumo de drogas ilegales.

    "La edad de iniciación en el consumo de drogas sociales se encuentra entre los doce y dieciocho años. Para el consumo de tabaco el rango de mayor probabilidad de inicio se amplía hasta los 24 años (19-24 años: 22.4%); en el caso del alcohol la iniciación puede presentarse incluso desde los 5 años de edad (10.4%), pudiendo ser una de las drogas más tempranamente consumidas".

    La edad de iniciación de consumo de inhalantes desciende hasta los once años, manteniendo prevalencia el sexo masculino.

    El ofrecimiento y consumo sigue siendo más alto en general para hombres (H) que para mujeres (M). La edad epicrítica para alcohol-tabaco es 30 años y se aprecian diferencias notables de consumo según los niveles de instrucción:

    "Predomina el consumo de drogas sociales en el sexo masculino en comparación al femenino. Los hombres tienden más a combinar ambas drogas que las mujeres (H: 98.3%, M: 94.2%) la tendencia es mucho más pronunciada para el caso del alcohol en el que más de la mitad de los hombres consumidores lo combinan con tabaco a comparación de sólo la cuarta parte de las mujeres (H: 50.3%, M: 26.6%)".

    "La mayor probabilidad de consumo de drogas sociales esta en función a la edad y al nivel de instrucción aumentando el consumo a medida que los sujetos tienen mayor edad y nivel de instrucción (edades 12-14: 68.6%; 30-34: 98.6%; sin instrucción: 92.6%; instrucción superior: 96.8%). Hay diferencias con respecto a clase social, el consumo de alcohol es predominante en las clases alta/media (95.3%), especialmente cerveza, vino, champagne y whisky. El tabaco lo es en la clase baja (91.3%)".

    "En cuanto a regiones, en Lima (95.5%) predomina el consumo de drogas sociales en comparación a provincias (90.6%). En la selva en comparación a otras regiones se nota un predominio de drogas ilegales y de alcohol (93.5%), no se encuentra una situación similar en la que respecta a tabaco (58.1%).Fuente: Tercer Estudio Epimedilógico sobre Drogas CEDRO-1992".

    En cuanto a las drogas de uso médico, hasta hace pocos años el interés de países desarrollados de tener una "pastilla para cada mal", influyó indudablemente en nuestra sociedad. No existe una misma razón moral o médica para decidir cuales son las drogas "buenas" o inocuas y cuales las "malas" o peligrosas; su colocación dentro o fuera de la ley suele ser arbitraria, lo que remarca la complejidad del asunto y las contradicciones que lo estremecen.

    La falta de cobertura médica ha contribuído a generalizar la automedicación. Aunque existen dispositivos legales sobre prescripción y venta de fármacos, estos no se cumplen, situación que se repite con los tóxicos inhalantes sujetos a venta controlada, el licor y el tabaco que pueden ser adquiridos por menores de edad en tiendas así como en la vía pública, pues aún el país no logra un control sobre el tráfico de licores y cigarros extranjeros.

   

Consecuencias del uso de drogas lícitas:

    Las drogas consideradas lícitas tienen consecuencias nefastas tanto en la salud y la productividad individual como el desarrollo del país. Esto se manifiesta mediante violencia, desempleo, accidentes, etc.

    Actualmente no se cuenta con cifras fiables sobre la relación accidentes de tránsito, riñas, agresiones con armas, violaciones, abandono y violencia en el hogar, abandono del trabajo y otras consecuencias sociales ocasionados por los efectos del licor o por conductas adictivas.

 

El cerebro y las drogas

    El cerebro humano está integrado por dos hemicerebros y de su adecuada interacción dependen la percepción, la transmisión de todo tipo de mensajes y la transformación de las sensaciones en emociones.Un hemicerebro es el denominado cerebro primigenio o paleocórtex, que constituye el centro regulador de la vida emocional y afectiva. El otro hemicerebro, el neocórtex o cerebro nuevo, es el específico del ser humano; allí se elabora el pensamiento racional y se emiten señales que estimulan los centros nerviosos gratificadores o de recompensa, localizados en el paleocórtex.

     Tal como señala Álvarez-Sala en El misterioso porqué de la habituación a las drogas, los hemicerebros no están en perfecta armonía y a veces sucede que el paleocórtex elude el control del neocerebro. Surgen entonces conductas o modos de acción extraños para la misma persona.

    Un experimento realizado por científicos canadienses ha logrado develar algunos aspectos importantes de la relación entre la conducta y el placer. Estos investigadores insertaron electrodos en la región septal del cerebro límbico de una rata y enseñaron al animal a excitar esa zona del cerebro, simplemente presionando con sus extremidades una palanca que conectaba el circuito.Una vez que aprendió a manejar el mecanismo el animal ya no descansaba. Apretaba continuamente la palanca y olvidaba sus necesidades de comer, de beber, de huir o de sexo. La repetida estimulación eléctrica de su cerebro le provocaba una euforia ininterrumpida, que persistía hasta el agotamiento total y la muerte del roedor.El centro del placer del ser humano puede ser estimulado de dos modos. Uno es mediante sustancias químicas y es similar al de la palanca de la experiencia de los fisiólogos canadienses.

    La estimulación continuada, sin pausa y sin mesura, lleva al agotamiento y exige cantidades de droga cada vez mayores o drogas cada vez más fuertes. Así se llega a la saturación y a la ruina de las estructuras nerviosas que han sido brutalmente estimuladas.La otra vía de estimulación es más fisiológica, más natural. Tiene origen en el cerebro superior y a través de las conexiones que existen entre los dos cerebros estimula el "centro de recompensa" del cerebro inferior. Todos los impulsos creadores, el esfuerzo noble por la consecución de logros humanos legítimos, profesionales, artísticos, deportivos, religiosos, todo el ímpetu de la creación o del trabajo emite al cerebro inferior ¾ cuando queda la misión cumplida¾ un estímulo que hace resonar ese centro de recompensa cerebral.

    Incluso los goces más ideales y más espiritualizados tienen su correlato en la estimulación de los centros del placer, que al vibrar irradian la sensación de bienestar y de alegría.

    Cuando se comparan las dos vías para obtener placer ¾ la inmediata de la droga y la del esfuerzo¾ a menudo se opta por la solución que en primera instancia parece más fácil y de esta manera se descarta por completo la otra posibilidad. La droga conmociona y hace vibrar los centros de placer que, al quedar agotados, se vuelven incapaces de reaccionar a los estímulos del cerebro superior. Por eso, el drogadicto pierde la capacidad de ser recompensado por cualquiera de los deberes o creaciones espirituales que proporcionan satisfacción al hombre.

    Para el drogadicto, el trabajo, el estudio, la lucha por la vida no valen la pena. La satisfacción que le podrían dar estas actividades la tiene al alcance de la mano con un pinchazo de heroína o con fumar marihuana. Lo que el adicto no sabe o no quiere saber es que la toma repetida del tóxico agotará y anulará progresivamente su capacidad de gozar y lo sumirá en el más completo deterioro de la salud y en una profunda tristeza.

    Para que una droga produzca cambios de ánimo en un individuo, es preciso que su influencia alcance las células nerviosas cerebrales. Por eso, el uso crónico de drogas conlleva una modificación también crónica del funcionamiento químico de estas células, lo cual puede causar un daño neurológico importante y en muchos casos permanente.

    A esta altura, ya no tiene mucho sentido la distinción que se hacía entre adicción física y adicción psicológica. Para que una droga llegue a modificar aspectos psicológicos, primero tiene que haber producido modificaciones a nivel de las neuronas del cerebro, es decir, en el plano físico.

    Las experiencias efectuadas con animales de laboratorio han demostrado de manera rotunda la preferencia por la droga frente a la satisfacción de cualquier instinto biológico primario, como el hambre, la sed, o el deseo sexual. Incluso el instinto de supervivencia queda postergado. Algo parecido, en definitiva, pasa con muchas de las personas que se exponen al efecto de las drogas.

    Un fenómeno de interés que se observa en los adictos es el deseo intenso de drogarse que surge cuando entran en contacto con alguno de los elementos, ambientes, objetos o personas que de algún modo están asociados al consumo. Puede ser un lugar, un ambiente determinado, una aguja, una pajita de plástico, todo lo que se vincula en la mente del adicto, aunque sea de manera circunstancial, con el consumo de droga.

    Veamos brevemente la forma en que las funciones cerebrales se desenvuelven para comprender más a fondo el problema. Sabemos que la función del sistema nervioso en su conjunto es la de recibir, procesar y transmitir tanto la información que el individuo percibe del medio externo como la que se genera en su medio interno.

    Las neuronas o células nerviosas son las encargadas de recibir y transmitir esa información. Entre ellas existe un espacio diminuto llamado sinapsis, donde se produce el paso de los mensajes. Éste se realiza a través de los neurotransmisores, que son sustancias químicas cargadas eléctricamente. Lo que permite el paso de la información es la diferencia de electricidad que existe entre una neurona y otra, es decir, la diferencia de potencial o impulso nervioso.

    Existen diferentes tipos de neurotransmisores y cada uno de ellos se encarga de transmitir un tipo específico de información. El neurotransmisor acetilcolina, por ejemplo, vincula eléctricamente las neuronas motrices con el músculo esquelético; la noradrenalina actúa cuando el organismo percibe una situación riesgosa, la serotonina se relaciona con el sueño y la vigilia, las endorfinas regulan estados de dolor o alteraciones en el ánimo.

    La composición química de las endorfinas es bastante similar a la de la morfina o a derivados del opio. Por eso estas drogas son recibidas por el cerebro como elementos conocidos. Cuando un neurotransmisor ha llevado su impulso a través del espacio sináptico sufre un cambio que impide que el mensaje vuelva a transmitirse. Bajo la acción de cualquier droga, en cambio, lo que se produce es una modificación en el proceso de transmisión de los mensajes. Hay drogas que actúan bloqueando la transmisión e impidiendo el normal funcionamiento de los neurotransmisores y hay otras, como la cocaína, que provocan la liberación de los neurotransmisores. En cualquier caso, se trata de alteraciones que impiden restablecer el equilibrio mental y el estado de ánimo sereno.

 

Tipos de drogas

    Existen diferentes criterios para clasificar a las drogas. Se las puede agrupar según los efectos que producen, la procedencia, la intensidad de la adicción que provocan, el tipo de dependencia, según la potencialidad farmacológica, si son legales o ilegales, suaves o duras, y muchas otras variantes.

    Clasificar las drogas como legales o ilegales resulta por demás subjetivo ya que se trata de una variable que depende de factores culturales, económicos e incluso políticos. Por otra parte, decir que una droga es blanda, en contraposición a otras que serían duras, puede generar la ilusión de que existen drogas inofensivas, lo cual es una falacia. Así se determina que drogas duras son los opiáceos, los barbitúricos, el alcohol, la cocaína y las anfetaminas, en ese orden de importancia. Y las drogas blandas serían las que, por no producir dependencia física el usuario, se podrían dejar de consumir sin sufrir consecuencias graves (marihuana, cafeína, tabaco). Esta clasificación data de los años ’70 cuando se creía que la marihuana no era peligrosa, afirmación ésta que fue desmentida por investigaciones científicas realizadas en los ’80.

    Otra variante de clasificación es la que se hace entre drogas "naturales" (marihuana, hachís, cocaína, opio) y "sintéticas", es decir, obtenidas por procedimientos químicos (barbitúricos, anfetaminas, tranquilizantes, LSD). También están las sustancias "industriales", llamadas "drogas de la pobreza" porque son fáciles de obtener y de bajo costo (pegamentos y combustibles).

    La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó las drogas que pueden generar dependencia agrupando las que tienen efectos análogos e inducen pautas de comportamiento similares en los usuarios. Siguiendo este criterio, se propusieron las siguientes categorías:

· Alcohol y barbitúricos

· Anfetaminas

· Cannabis (marihuana, hachís)

· Cocaína

· Alucinógenos (LSD y similares)

· Opiáceos

· Disolventes volátiles (pegamentos, productos industriales)

· Tabaco

    A partir de la clasificación de la OMS podemos hablar de tres grandes grupos: estimulantes, depresores y alucinógenos.

    Son estimulantes las anfetaminas, la cocaína, el éxtasis y las metilxantinas (cafeína, teofilina, mateína y otros). Estas drogas alteran el estado mental y estimulan el cerebro y el sistema nervioso central. El efecto que producen es el de aumentar y acelerar la actividad funcional. La forma de administración es variada: puede ser mediante ingestión, inyectada por vía intravenosa o aspirada por mucosas nasales.

    Los depresores son los tranquilizantes (benzodiacepinas), los hipnóticos (barbitúricos y alcoholes), los analgésicos narcóticos (codeína, morfina, heroína, metadona y otros), los anestésicos (éter, cloroformo y otros) y los disolventes inhalantes (acetona, tolueno y otros). Estas sustancias inducen al sueño y a relajar el sistema nervioso y deprimen o disminuyen la actividad corporal. La administración puede realizarse por vía intravenosa, oral o fumándolas.

    Dentro del grupo de los alucinógenos podemos incluir al LSD (dietilamida del ácido lisérgico), el peyote, la mezcalina, el PCP, y los cannabis: hachís, aceite de hash y marihuana. Estas drogas provocan en el individuo una alienación pasajera de la actividad psíquica, con distorsiones perceptuales y desplazamiento de la imaginación. Producen delirios, alucinaciones y estados de confusión y despersonalización.

    La dependencia a las drogas deriva de una compleja interrelación entre la personalidad del individuo, la situación social y el efecto de la sustancia elegida. En consecuencia, resulta muy difícil tipificar la "personalidad adictiva". Por el mismo motivo, no se puede hablar de sustancias que generan abuso ya que esto no depende solamente de la droga en sí sino de otros factores.

Para que una conducta adicta deben existir:

· Una sustancia con características capaces de generar abuso.

· Un individuo con necesidad de un consumo frecuente.

· La concurrencia de factores tales como tolerancia, dependencia física y dependencia psíquica.

· Deterioro del individuo, de su relación con el medio familiar y con el medio social.

    Dada la complejidad del problema, una manera de abordar la cuestión es analizar las drogas y sus efectos para tener una primera indicación acerca de los motivos que llevan a los adictos a elegir un determinado tipo de sustancia. Veamos, entonces, las características de las drogas más difundidas.

 

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