Mujer
Eres
la dulce melodía que llena mi pensar.

Eres
la imborrable palabra que nubla mi decir.

Eres
el necesario aliento de mi fe en el porvenir.

Eres
flor hermosa, que siempre podría contemplar.

Eres
la inspiración de donde brota mi más íntima poesía.

Eres la poesía misma:
Con esa larga y rojiza libertad de tu cabellera.

Con el exquisito, pero raro fulgor de tus ojos,
que encienden en mí la más honda pasión.

Con esa boca,
fragante y seductora,
de labios concebidos para dibujar...,
dibujar el sonido de tu frágil ser y empapar...,
empapar de miel al hablar,
morder
y besar.

Con ese cuello,
fina tersura, seda,
que invita a deslizarse en él,
con el gusto,
con el tacto,
hasta probar esa erguida dualidad de extraños frutos que embelesan por su perfección.

Con tus caderas,
sinuosas formas que se agitan...,
se agitan con el hechicero,
con el convulsivo ritmo de los apetitos más íntimos.

Con esas piernas,
épicas columnas que sugieren valerse de ellas
para escalar...,
escalar hacia la embriaguez de tu clímax.

Con tu fragancia,
aroma de niña-mujer
perfume de hierba fresca que trastorna.

Con
tu figura,
tu fragancia,
tu calor,
con toda tú:
Eres mi vida, mi felicidad, mi todo.

C. Alberto Ramos