LA HACIENDA DE CASTAÑO
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 La Hacienda de Castaño

El cerro del Mercado y la sierra de la Gloria testigos de la llegada de Antonio Balcárcel, primer alcalde mayor de Coahuila.



Por: Sóstenes De Hoyos Martínez.
Colegio de Investigaciones Históricas del Centro de Coahuila, A.C.

En este escrito presentamos la merced de la hacienda de Castaño, cuna de lo que hoy es la Cd. de Castaños, que perteneció a don Domingo de Hoyos, en la cual podemos encontrar nombres de parajes que aún en la actualidad  conocemos de la misma forma, así como darnos cuenta de la gran extensión de tierra que tenía esta hacienda, aquí la trascripción que por primera vez se publica:

“En el paraje de Nuestra Señora del Buen Suceso de Castaño, rancho y labor de D. Domingo de Hoyos como tres leguas de la Villa de Santiago de la Monclova en 28 días del mes de Abril de 1745 años:
D. José de Castilla y Terán Alférez Real de la dicha Villa y Juez comisario para esta posesión con comisión bastante para ello, habiendo visto las citaciones que anteceden paré con asistencia de las contenidos en dichas citaciones y las de mi asistencia a este dicho paraje y hécholes saber el contenido de el despacho del Sr. Juez Privativo de Ventas y composiciones de tierras, aguas baldías y eriasas de esta Nueva España y del escrito presentado por el susodicho D. Domingo de Hoyos: ocurrió el Procurador General. de la dicha   Villa   de  la  Monclova   con  el  asiento fundación y medidas de ella, las que terminaron según consta en dicho asiento en las laderas del cerro Mercado a la parte del Poniente en una lomita redonda algo alta que comúnmente llaman del Castillo y por la del oriente línea recta hasta el río de dicha Villa; y subiendo de ésta para este dicho rancho, se puso mojonera entre la mesa y las Lomas de la Caldereta; cuyos linderos de dicha Villa por estos vientos, terminan en los parajes expresados; y sin embargo de que entre dichas mojoneras y la Hacienda de San Antonio del Potrero hay dos mercedes hechas a D. Pedro García (de Rivera) y a D. Diego Jiménez y no habiendo estas parecido con sus mercedes y aunque lo hubieran ejecutado se haría dudoso el elegir fijamente sus linderos por no tener medidas de las tierras que poseen: pasé con los susodichos y el mencionado Hoyos a la punta de una loma tendida que hace a mano izquierda del camino que viene de dicha villa para este rancho, que llaman la Piedra Imán dejando hueco o baldío desde esta hasta las mojoneras de Norte a Sur; como tres cuartos de legua poco más o menos: y de dicha Piedra Imán mirando para dicho cerro del Mercado donde nacen unos peñascos blancos en la cumbre que miran de oriente a Poniente y asigné por nuevos linderos a cerrar por la falda de dicho cerro a el Puertecito, mojonera antigua de este dicho rancho y de las tierras de D. Francisco Flores de Abrego comprendiéndose en este hueco de dicha Piedra Imán cerro y Puertecito como medio sitio de ganado mayor poco más o menos del (...) el que en virtud de dicho despacho y comisión le adjudiqué en nombre de S. Majestad que Dios guarde al dicho D. Domingo de Hoyos; y por la parte del cañón le señalé por lindero las tierras que pudiesen tocar y pertenecer a dicha Hacienda del Potrero por no saber el término de sus linderos ni haber presentado las partes la merced, títulos y medidas que de dicha Hacienda tienen por haberme expresado verbalmente no saber de dichos instrumentos ni su paradero: y así mismo el lindero antiguo que por este rumbo tiene este dicho rancho y por no haber más tierra baldía por estos rumbos le señalé y le hice adjudicación en forma de sitio y medio de ganado mayor pues más o menos que le faltan al dicho de Hoyos para completar los dos sitios nuevamente mercedaos por dicho Juzgado Privativo en el propio nombre de su majestad en un Potrerillo que hace dentro de una abra que sigue su buen del lindero viejo a los cuatro sitios antiguamente mercedados a la parte.

En cuya virtud en nombre de la católica y real persona de Nuestro Rey y Señor (Dios guarde) cogí de la mano de dicho D. Domingo de Hoyos y pasándolo por dichas tierras le metí en posesión real y personal de dichos cuatro sitios de ganado mayor, dos de menor y dos caballerías de tierra con el ojo de agua para su regadío que llaman Castaño con todas los demás chupaderos, abrevaderos, salitrales, pastos, montes, y demás que dentro de dichos sus sitios y caballerías se comprendieren; y en señal de dicha posesión, (sin embargo de tenerla antes aprehendida como consta de su merced arrancó yerbas, tiró piedras, cavó tierra y la regó con agua de la acequia y hizo otras notas de verdadera posesión la que tomó quieta y pacíficamente sin oposición ni contradicción alguna, hallándose presentes todos los contenidos ya citados que firmaron conmigo dicho Juez y los de mi asistencia. Y habiéndome presentado la parte de dicho D. Domingo de Hoyos me sirviere declarar los linderos antiguos de este dicho rancho lo asenté por diligencia en la forma siguiente: Por la parte del Oriente la boca del cañón que va del Potrero por el Senderito por las vertientes del cerro del Chiltipín hasta (...) y de aquí mirando al Sur una Cañada o derramadero que entra al paraje que llaman el cerro de los Alamillos nombrada San Lorenzo; y de allí para el Poniente a una lomita que esta frente e inmediata al charco redondo que divide el camino real y de aquí por la parte del Poniente volteando del Noroeste por la cañada al derramadero inmediato al camino hasta el ojo de agua de este rancho y desde ésta para el Norte a una lomita blanca que está en la falda del cerro del Mercado que divide estas tierras y la de d. Juan Flores; corriendo por dicha falda bordeando por el llano en la orilla del camino a la punta de la loma de la Piedra Imán ya citada; y de aquí a cerrar a la boca de dicho cañón o linderos de dicha Hacienda del Potrero. De cómo quiera que los expresados tres cuartos de legua poco más o menos que se hallan baldíos y eriasos entre las mojoneras de la Villa de la Monclova, de este rancho y demás expresados hacenderos no se pueden encomendar a ninguno de los contenidos por no saber cómo va dicha mención de sus mercedes ni a dónde terminan ni tienen sus mojones, he tenido a bien se queden adjudicadas al Real Patrimonio dichos tres cuartos de legua por no saber a quién deben resueltamente pertenecer; ínterin se deberán los linderos de las mercedes ya citadas y a quien en derecho deben tocar y para que en todo tiempo conste lo puse por diligencias y devuelvo estos autos al Sr. Gobernador como se manda para que en su vista determine lo que fuere de su agrado. Así lo decreté.”1
 


Más adelante nos encontramos en el extenso y rico archivo municipal de Monclova una lista de vecinos herederos de la Hacienda de Castaño, indicándonos la cantidad de reses y bueyes que tenían cada persona:

“Lista de los vecinos herederos de la Hacienda de Castaño.

D. Andrés De Hoyos. veinte reses
D. Diego Montemayor. doscientas reses
D. José Menchaca. declara tener diez reses
Dña. María de Hoyos. siete reses
D. José Rodríguez. seis reses
D. Domingo de Hoyos. diez y seis reses
D. Manuel de Hoyos. seis reses
D. Francisco de Hoyos. cinco reses
D. Juan José Maldonado. tres yuntas de bueyes
Y varios de la villa que no se conocen sus dueños.

Sr. teniente de gobernador D. Juan Ignacio Arizpe habiéndome Usted mandado un decreto del señor comandante general para que me hiciera cargo de él y le diera cuenta de todos los parcioneros quienes tuvieran reses o cuántas cada uno, se me cargó y le mando a Usted esa lista para gobierno de Usted, también notifico a Usted que para mayor gobierno mío y darle cuenta a usted ensillé mi caballo anoche y fui con Sr. Dn. Diego y le supliqué que me diera un mozo para que fuera a velar los maíces y le di orden que todo lo que cayera fuera mío o de Sr. Dn. Diego o de todos dueños, lo juntara y se encerrara para saber de quiénes eran y lo encerraron y me dieron cuenta, fui y lo vi y noticio a Usted que entraron cuatro reses de D. José Menchaca una de los Figueroas y otras de todos dueños que no conocí.

Sr. el motivo de que estas reses hagan daño conocido el poco o ningún desvelo en la cerca verificado está con el inválido José Javier Rodríguez tres años que sembró en aquellas labores y jamás tuvo daño ninguno.
Sr. Teniente Dn. Juan Ignacio también noticio a Usted para mi gobierno que me dirija Usted una orden para notificarles a los de arriba para que dejen de piscar por que todos están piscando el maíz verde.
Dios Nuestro Señor guarde a Usted muchos años.
Su servidor que Sus Manos Besa.
Firma

Andrés de Hoyos
28 de Noviembre de 1806.”2
 

1 Archivo Municipal de Monclova, AMMVA, Fondo Dr. Regino F. Ramón, caja 5, Fólder 4.
2 Ibid. Fondo Siglo XIX, Caja 9, F. 10, Exp. 151 de 18 de Noviembre de 1806.
 


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Ultima actualizacion: 2 de Junio de 2004.
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