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LOS PRINCIPES VESTIDOS DE BLANCO .* *

 

* Alberto Patricio Ramírez Galván MC.

** Martí Ibáñez.

 

La etapa anhelada del médico general recién egresado de las Escuelas de Medicina, es ingresar a la “residencia” hospitalaria, que comprende los años románticos de estudio y trabajo para obtener su diploma de Especialista. De estos años se habla poco, a pesar de que el funcionamiento de los hospitales es el reflejo de lo que son sus médicos residentes; sin embargo, existen   razones de índole político institucional, laboral, docente, social, cultural y otras más que intervienen para matizar la realidad, para callar el verdadero estilo de vida que tiene que adoptar al incorporarse a una red nueva social en donde al profesionista que quiere ser “especialista”, le quedan solo dos caminos: adaptarse o renunciar.  

Generalmente nos expresamos a través de la palabra, pero también por los silencios, esto es más doloroso ya que a través de ellos también manifestamos nuestra inconformidad, nuestro dolor y en ocasiones nuestra frustración. En la vida del Residente dominan los silencios, quizá por temor a la represión de un personaje de mayor rango inmaduro y en ocasiones ignorante que temporalmente ostenta el poder.

Desde hace treinta y seis años, he vivido, observado y reflexionado sobre la dinámica de   las especialidades etapa de la enseñanza médica de postgrado; de ésta manera han surgido varios ejes de análisis que se pueden comentar a través de las siguientes interrogantes:

1.- ¿Cuándo empieza la enseñanza y el ejercicio de las especialidades en la medicina mundial y en la mexicana?.

Investigando en la historia, nos enteramos que el entrenamiento hospitalario de postgrado lo introdujo a mediados del siglo XIX el cirujano y profesor de Cirugía Teodoro Bilroth en Viena en la segunda mitad del siglo XIX en el Hospital Algemenie Krakenhause de Viena. Estaba dirigido a médicos recién recibidos, con trabajo de tiempo completo y residencia dentro del hospital, con reconocimiento y aval universitario. En Montpellier en 1732, se instituyó el Internado en el Hospital de Sant Eloi , con alumnos escogidos por la Universidad. Llama la atención que en México precortesiano los Ticitl o médicos tenían varias especialidades, posteriormente, antes que en Montpellier, que en Inglaterra y Viena el trigésimo Virrey de la Nueva España Dn . Baltazar Zúñiga y Guzmán, Marqués de Valero, expidió una ordenanza en la que señalaba: que para presentar el examen profesional de Médico Cirujano ante el Protomedicato, era requisito indispensable haber trabajado previamente dos años como médico interno, en el Hospital de Jesús fundado por Hernán Cortes en 1523.   Este referente, nos compromete con la medicina mexicana, ya que más de dos siglos nos contemplan a la vez que nos exigen que ahora, al iniciar el tercer milenio contemos con residencias de excelencia que formen especialistas de calidad en los diferentes hospitales de nuestro país, mientras seguimos anclados en el modelo biológico lesional de la enseñanza y práctica de la medicina, es decir mientras continuemos renuentes al cambio practicando medicina curativa. Posiblemente tengamos temor al cambio hacia el modelo humanístico o de sistemas, que privilegia la medicina preventiva, que es incluyente, que está dirigido hacia la comunidad y desde luego, que es más de nuestra hora.

2.- ¿Cuáles son los factores determinantes que a partir de los años sesenta, han venido alimentando una preferencia creciente hacia las especialidades médicas, en los recién egresados?

Los comentarios a ésta pregunta encierran elementos muy importantes, al respecto hemos sido testigos que la enseñanza de la medicina siguiendo el modelo Flexneriano lleva finalmente a la fragmentación deshumanizada del organismo humano para su estudio en un proceso enseñanza aprendizaje en donde interesa saber mas de la enfermedad que del enfermo; el proceso enseñanza aprendizaje queda   bajo la responsabilidad pseudo docente de médicos “maestros” que fueron formados en éste mismo modelo, por lo que priorizan la enseñanza de la medicina por especialidades, que tienen a veces muy poca o nula preparación docente formal, que olvidan que primero debemos formar médicos generales integrales; sin embargo, la resultante es otra ya que de nuestras escuelas y facultades egresan médicos generales que han recibido una cantidad impresionante de conocimientos, pero que no tienen capacidad de integración de la gran cantidad de información fragmentada, pero que aprenden pronto a menospreciar y a devaluar la imagen del médico general integral, pero que por lo mismo se sienten inseguros para enfrentar el trabajo médico cotidiano. En consecuencia, ingresar a una residencia médica les garantiza la solución de dos grandes problemas: tener un ingreso económico seguro aunque sea temporalmente y además la oportunidad de aprender medicina especializada aun cuando finalmente sepan mas de menos; además de tener como valor agregado un lugar, simplemente un lugar “distinguido” en la sociedad. Antes del movimiento médico de 1965, ingresar a un Hospital de segundo o tercer nivel para formarse como especialista era relativamente fácil, pero pasó el tiempo y surgió el fenómeno de la masificación estudiantil en las universidades públicas, con ello   aumentó el número de médicos generales egresados, ansiosos de ser especialistas. Este movimiento fue tan explosivo que hubo necesidad de regularlo a través de un examen de conocimientos a nivel del médico general, pero posteriormente se convirtió en un documento de tortura, de incertidumbre, que tal parece fue diseñado paradójicamente para evaluar médicos especialistas. Para colmo de males, éste procedimiento evaluatorio ha sido trastocado por todas las lacras de ésta nuestra sociedad enferma por carencia de uno de los valores fundamentales: la honestidad. Los resultados son evidentes y preocupantes ya que en los últimos años el número de aspirantes que tienen que sustentar dicho examen es casi de 30000, de los cuales solamente ingresan 3000 médicos, es decir solo el 10%. En otros términos, no ingresan 27000 jóvenes médicos que les llaman “rechazados”, pero en realidad son desempleados. Esta situación, que es una realidad derivada de una mala planeación educativa, está incubando un nuevo problema social que llegado su momento hará crisis.

3.- ¿Cómo aprende el nuevo especialista, existe un modelo educativo que sea la base de la enseñanza tutelar?

Exceptuando los Institutos de Salud, en la mayor parte de los Hospitales de tipo asistencial se aprende “haciendo” y haciéndose autodidactas por necesidad. Existen los planes y programas de las diferentes especialidades pero no es posible ponerlos en operación por varias causas: por ignorancia del docente y del dicente, por falta de tiempo ya que el trabajo rutinario asistencial es abrumador. Hace algunos lustros, el médico maestro generalmente era quien compartía sus conocimientos y destrezas dedicando muchas horas de su tiempo con desinterés y entrega así, por ejemplo durante la visita diaria y los diferentes tipos de sesiones departamentales o generales era protagonista del proceso de enseñanza que no siempre de aprendizaje. De una manera u otra se aprendía. Mi agradecimiento y reconocimiento para ellos.   El segundo personaje era el médico residente de años superiores, quien además de brindar su amistad también ofrecía sus conocimientos y experiencia. De ésta manera quedaba demostrado que el saber da poder, para ponerlo al servicio de los demás compañeros residentes; es decir se enseñaba siguiendo empíricamente el modelo constructivista .

En el momento actual, la relación entre médicos maestros y residentes ha cambiando, el médico se ha convertido en el lobo del médico ya que al avanzar en los grados de la residencia, equivale a tener una patente de corzo, que les permite una serie de prerrogativas que van desde trabajar menos hasta ser irresponsables, al compañero de grados inferiores tratarlo con despotismo, falta de atención, palabras altisonantes y prepotencia; en otras palabras, no comprenden que la verdadera autoridad no se pregona, se gana y que además tenemos la obligación moral de enseñar, orientar y conducir por un camino nuevo y difícil a las generaciones jóvenes. Este comportamiento muestra la ausencia de conocimiento humanístico así como una terrible indigencia espiritual. Pero estas actitudes no se producen por generación espontánea, pues son resultado de la imitación, de la carencia de orientación docente, de la carga de trabajo que junto con la rutina los neurotiza, los hace irresponsables y ante la falta de supervisión de los mandos superiores, el trabajo asistencial los enajena, los hace presa de una falsa omnipotencia que puede ser generadora de cambios de conductuales que van desde la enfermedad alcohólica, a la drogadicción, o al sexo compulsivo, para terminar en el suicidio como ha sido demostrado en grupos de residentes estudiados al respecto. Durante estos años es necesaria la participación tutelar del maestro, quien a manera de Virgilio ayude a Dante en su camino a través del infierno. El médico maestro, salvo honrosas excepciones es ave de paso y ejemplo de irresponsabilidad debido a su reiterada ausencia injustificada en las diferentes áreas hospitalarias.

4.- ¿Existe y se cumple con la docencia institucional durante la preparación del futuro especialista?

Durante muchos años no existió, y cuando había actividades parecidas, no se cumplía con ellas objetándola como justificación la gran cantidad de trabajo asistencial. Sin embargo, hasta diez años aproximadamente surge como una necesidad la formación de una Institución de docencia Institucional, cuyos resultados empiezan a valorarse. En hospitales de tipo asistencial, más aun en la provincia, lo primero es el trabajo asistencial, relegándose la docencia y la investigación a segundo plano. A juicio personal ésta situación se origina en una mala planeación de las políticas asistenciales así como en la carencia de disciplina en los médicos adscritos, misma que se traduce en abandono de las áreas en horas de trabajo, falta de puntualidad, de asistencia y finalmente delegación de su responsabilidad en el médico residente, todo esto protegido por un sindicalismo mal entendido. Las políticas filosóficas de algunas instituciones son hermosas: atención oportuna, eficiente y con alto sentido humanístico pero resultan una utopía cuando dominan las disposiciones institucionales en donde  se establece que hay aumentar la cobertura, es decir mas derechohabientes a pesar de carencias en la infraestructura física y humana. Bajo estas condiciones, siempre habrá trabajo asistencial agobiante, que seguirá siendo determinante para no realizar regularmente las actividades docentes.

El acto toral en la vida de un Hospital   que tiene a su cargo médicos residentes, es el pase de la visita médica sujeta acto protocolario que brinda al residente la mejor oportunidad de aprender. Desde hace dos o tres lustros he visto con tristeza que en varios hospitales de la república, ya no se pasa visita; que ésta se ha substituido por unas cuantas preguntas al médico residente de guardia sobre el estado clínico de los enfermos graves, dictar someramente algunas indicaciones y retirarse a descansar, sobre todo si se trata del turno nocturno. El residente absorbe la responsabilidad, se queda con las dudas, posiblemente pregunta o consulta bibliografía y a la mejor resuelve el problema satisfactoriamente si el ángel de las alas negras no le gana la partida.

Además debe mencionarse que muchos médicos no nos consideramos educadores, ignorando que simplemente la consulta cotidiana es un acto educativo que tiene por objeto modificar conductas. Por otra parte la actividad docente no se acepta, apoyándose en el clásico “no me toquismo ” sindical apoyándose en lo estipulado en el contrato colectivo de trabajo. A lo anterior podemos agregar la resistencia al cambio que hace  mas difícil que el médico maestro acepte cursos de actualización didáctica. Por todo lo anterior la docencia institucional actualmente o no existe o es muy pobre, aunque se diga lo contrario en publicaciones recientes. Hay que saber reconocer nuestra realidad y no generar iatrogenia literaria.

5.- ¿Durante la residencia médica, se informa o se forma al nuevo especialista?

El avance biotecnológico y la constante generación del conocimiento nuevo, hacen necesario que el futuro médico experto conozca los saberes recientes para entender la nueva fisiopatología y el dominio de las destrezas necesarias para ofrecer al paciente   nuevas técnicas para el diagnóstico o para el tratamiento. Para ello debe estar convencido que como médicos estamos inmersos en una misión que nos impone el deber moral de renovar y aumentar nuestros conocimientos en una labor que se inicia al ingresar a la Escuela de Medicina y solamente termina cuando la vida nos invalida o llega el punto omega. Es decir, que para informarnos hay que aprender a estudiar, hacer investigación bibliografica , traducir y comprender la literatura médica escrita en otros idiomas, asistir a cursos monograficos , congresos de la especialidad, o sesiones hospitalarias de bibliografía, coordinadas y orientadas por el médico maestro, o como actividad de autodidacta. De una u otra manera, el médico residente se informa del conocimiento médico en forma reduccionista como lo dicta la modernidad, pero en general, carece de formación pues se trata de una persona humana que procede y trabaja en una sociedad pluriétnica y multicultural que se encuentra en crisis de valores que dañan su espiritualidad: esto conduce a darle mayor importancia al conocimiento de la enfermedad sin considerar al enfermo, que también es una persona humana que tiene una cultura, una familia y que pertenece a un grupo social. Si enfocamos la medicina en ésta forma, humanizamos la enseñanza y el trabajo médico ya que lo hacemos apoyados en valores tales como el amor, la bondad, la justicia, etc., cuya práctica es necesaria en el momento actual ya que el médico general o especialista de hoy y del mañana estará definido por dos de ellos: la misericordia y el perdón. Es urgente la enseñanza en valores para lograr la verdadera formación del futuro especialista, sin olvidar que quien ejerce la medicina sin ciencia, la degenera en oficio y quien la practica sin amor se frustra. Para lograr éste objetivo es necesaria la participación del médico maestro, quien debe tener presente que enseñar con el ejemplo es básico, pues así se compromete más con la docencia misma.

6.- ¿El médico residente es “mano de obra barata”?

Es doloroso reconocerlo, pero en nuestro momento es una realidad que en el curso de cuarenta años difícilmente se puede ocultar. Posiblemente pueda justificarse por el aumento de población demandante consecuencia de políticas institucionales divergentes o por la intromisión en la enseñanza y la practica de la medicina de un sindicalismo “a la mexicana”, que existe para defender al mal trabajador. Esta realidad laboral tiene muchas repercusiones en la generación de especialistas médicos de las que resalta el trabajo asistencial agobiante por mala programación de las guardias, imposición de castigos inquisitoriales que a veces parecen inspirados por la mala fe, violencia verbal con palabras altisonantes pronunciadas delante el paciente todo esto en una etapa social en donde la represión y las penas injustificadas a mas de injustas son violatorias de la ley y de los derechos humanos elementales, degradan la personalidad de un joven profesionista universitario que finalmente es una persona humana, que tiene expectativas sociales, salariales, de superación pero que lo asiste el derecho al descanso para disfrutar de un lapso de tiempo libre, necesario para ser eficiente en su trabajo asistencial, que finalmente es su medio fundamental de aprendizaje, pues no hay que olvidar que aprende haciendo y que para lograrlo debe encontrarse en condiciones físicas y mentales óptimas. Total, que ser médico residente, es un fenómeno social difícil de comprender, ya que es consecuencia de factores económicos, jurídicos, políticos, culturales e ideológicos en que las obligaciones y responsabilidades no varían de acuerdo al año académico que se curse, de todas formas hay que trabajar intensamente sin importar las repercusiones físicas o mentales aunque se llegue al síndrome de Burnout que se manifiesta por cansancio emocional, despersonalización y disminución de la calidad y el desempeño laboral, así como depresión que afecta la estructura personal y familiar. Pero tiene que incorporarse a ésa red de corrupción social, si es que quiere llegar a especialista, en consecuencia debe “obedecer”, callar y trabajar, esa la fórmula que por otra parte fomenta cotidianamente la irresponsabilidad de los médicos adscritos en ocasiones sus maestros, se hace cómplice y adquiere responsabilidades que no le corresponden, a sabiendas de que todo es en contra de su formación. En éste punto, quiero citar al Dr. Federico Ortiz Quezada cuando escribe al respecto: Pocos saben lo irracional, por extenuante que es la vida del médico residente: sumergido en el dolor, tiene que trabajar hasta el embrutecimiento, hasta anestesiar todos los sentidos y la inteligencia. Pero bien vale la pena: lo que obtenemos es el conocimiento ya que la remuneración económica es inexistente, por miserable; nos sentimos parte de un proceso común que nos identifica; somos los actores principales de un designio que nos trasciende. Todavía se considera el aprendizaje y practica de la medicina como ideal social, y el trabajo del médico como consecuencia de una vocación espiritual. Percibimos nuestra profesión en guerra permanente contra la enfermedad, tal vez por eso se exige al médico heroicidad pues la lucha es incesante por ésa “justificada” razón, los médicos residentes tienen que estar siempre recluidos. Sin embargo, ése combate es como el trabajo de Penélope, que teje de día para destejer en la noche. En el trabajo cotidiano de un hospital apenas se aniquilan unas dolencias, cuando surgen otras con mayor virulencia. Es conveniente reflexionar que la enfermedad y la muerte son inherentes a la vida y   que de acuerdo a San Agustín, la única certeza que tenemos, es la muerte. Es necesario descorrer el velo de la mentira y pensar que no es cierto que derrotamos a la enfermedad ni menos que con el ejercicio de nuestra profesión luchamos contra la muerte hasta matarla”. Diario de un Médico. Mc Graw Hill. México 2002.

7.- ¿Cómo se elije la especialidad?

Después de seis o siete años de la licenciatura de médico cirujano cursados según el modelo biológico lesional , la decisión de ser especialista no representa problema mas aun cuando la oferta de especialidades es amplia: medicina interna, cirugía general, pediatría, ginecología o anestesiología ó bien después de terminar cualquiera de ellas que son las troncales existen infinidad de subespecialidades , algunas muy sofisticadas cuyo ámbito de aplicación está en los grandes centros hospitalarios de alta especialidad. La dificultad es ingresar ya que la oferta de plazas para residente es muy pobre y la demanda de aspirantes cada año es más elevada. A estas alturas, se acabaron los cursos de orientación vocacional, solo existen en algunas escuelas cursos de preparación para el examen nacional de residencias médicas, por ello hay que considerar a la imitación de alguna figura médica paradigmática, aun cuando en muchas ocasiones hay que inclinarse por la especialidad menos solicitada, más no la deseada. En ésta forma, nuevamente la frustración amenaza al futuro especialista y es natural si tenemos en cuenta la inversión de un promedio de cuatro a seis años más, para después enfrentarse a un mundo laboral que por competido es incierto, que debe trabajar en ocasiones sin el apoyo de la infraestructura de punta de la biotecnología que además muchas veces no es congruente con la realidad social y económica de nuestra gente.

8.- ¿Existen programas de evaluación para la promoción y titulación del especialista?

La especialidad en medicina   es equivalente al grado académico de maestría. En consecuencia, la Facultad de Medicina en coordinación con la Unidad hospitalaria deberán vigilar la aplicación de procedimientos anuales que califiquen la promoción del grado inferior al superior, incluyendo el porcentaje de avance de un trabajo de investigación clínica, que el Residente presentará al jurado del examen final, acto solemne sujeto a protocolo especial y de cuya aprobación dependerá la extensión del diploma de la especialidad correspondiente. Debo decir que en algunos lugares, el acto recuerda aquellos de la colonia frente al protomedicato. Es decir que el sistema de residencia debe ser piramidal con el fin de que solo se gradúen los mas aptos, los mejores. Esta secuencia existe en algunos hospitales, pero la realidad es que en la mayoría salen diplomados todos los que ingresan, transformando la carrera hospitalaria en una actividad artesanal y de resistencia. Ser buen médico general es lo primero y se debe ejercer como tal antes de hacerlo como especialista. Sin embargo, en la realidad el especialista aunque es el experto, sabe más de menos y ha perdido la capacidad lógica de integración es decir el ejercicio que va de lo general a lo particular. Este proceder puede obedecer a seguir la línea del menor esfuerzo, o al trabajo a la defensiva, pero pienso que solamente es un reflejo de la enseñanza básica de la medicina en la etapa escolarizada.

9.- ¿y…en nuestro momento social, necesitamos mas médicos especialistas?

Todos somos necesarios, más no indispensables. El médico especialista, el experto siempre será necesario para el trabajo médico, pero considerando el carácter social de nuestra profesión y las condiciones sociales, económicas, pluriculturales así como la cosmovisión de las personas humanas de nuestro país y en particular de nuestro estado resalta la necesidad de contar con buenos médicos generales integrales capaces de actuar con una visión incluyente dando prioridad a la medicina preventiva y de ubicarse y trabajar con amor a su profesión en las diferentes regiones geográficas de nuestra patria. Esto incluye la modificación de los planes de estudio de la carrera de medicina y cirugía bajo el modelo humanístico o de sistemas, buscando una teoría didáctica de acuerdo con el proceso de transculturación que viven nuestros estudiantes de medicina que muchos por ser indígenas presentan como características plurietnicidad y mezcla de culturas.

10.- ¿La especialidad, hipertrofia la personalidad del médico recién egresado de la residencia?

Aunque no es posible generalizar, es frecuente que el nuevo especialista se sienta sobrevalorado, al terminar su ego es halagado, por que piensa que su nuevo nivel intelectual lo ubica en otro plano social diferente al de la vulgaridad infraconciente . En algunas especialidades siente una falsa omnipotencia, se cree poseedor de la verdad y dueño de la vida y de la muerte; sin embargo, la vida pronto le demostrará que carece de algo fundamental: la experiencia. En los últimos años su blanco ha sido el médico general a quien mira con desprecio y lo desdeña, es mas nosotros los que nos decimos especialistas somos los culpables de la devaluación que tiene su figura. Lo malo de ésta actitud es que en el momento actual ha trascendido a la población demandante quienes también lo tratan como un profesionista de segunda. De acuerdo con estas observaciones considero que nuestra actitud debe ser la contraria, pues tenemos la obligación moral de rescatar la figura del médico general quien es el paradigma de nuestra profesión.

El tema es inagotable, pero lo cierto es que la historia se inicia desde los años de formación básica. Ingresamos animados por los objetivos de servicio mas elevados: hacer el bien por ejemplo, estos ideales permanecen invariables durante los cinco años escolarizados en los que vivimos fuera del contexto de nuestra realidad; pero cuando llega el internado médico de pregrado y mas aun al servicio social, los objetivos se derrumban cuando conocemos una realidad   muy distinta a la esperada que en algunas comunidades está matizada por los tres jinetes del Apocalipsis: pobreza, injusticia e insalubridad. Es decir que nuestra misión no consiste en saber medicina solamente ya que para ejercerla tenemos que recordar sociología, antropología, economía, filosofía, etc., conocimientos que son necesarios para ejercer eficientemente una profesión humanística y social si queremos ser integrales en nuestra relación con la persona humana en la salud y en la enfermedad. Este enfoque implica un cambio pero a la vez genera dudas, incertidumbre e inseguridad. Frente a ésta realidad el joven médico busca la línea del menor esfuerzo, de lo Light como lo señala la modernidad en donde impera el conocimiento reduccionista , la ausencia de compromiso y la carencia de valores. Esta dinámica tiene una extensión que se llama residencia médica cursada en un Hospital de renombre. Desde luego que hay sus excepciones, pero esto confirma la regla, es decir urge el cambio en nuestra formación con el fin de ser integrales a la vez que tener la madures necesaria y la capacidad de amar para seguir otras alternativas en los estudios de postgrado: la investigación y la docencia mèdica . Con la primera se contribuye a generar conocimiento nuevo y contribuir a la verdadera historia de la medicina mexicana que se inició apenas en los años sesenta; con la segunda, se logra hacer política al remover conciencias a la vez que satisfacer una de las necesidades específicamente humanas: la de trascender.

Frente al siglo XXI, no podemos seguir enseñando medicina en el pre y postgrado, anclados a los viejos esquemas de años anteriores es necesario el cambio, mismo que lo exige el avance acelerado de la biotecnología aplicada a la ciencia medica así como la crisis de valores existenciales característica de nuestro tiempo. Para lograr el cambio necesitamos seleccionar a los estudiantes de nuevo ingreso, no con espíritu elitista sino porque no todo aspirante tiene la vocación para formarse en la profesión universitaria mas hermosa de todas, pero la que requiere mayores responsabilidades. Hacer nuevos planes de estudio de acuerdo al modelo humanístico, con una teoría didáctica que sea compatible con las características socio antropológicas de los estudiantes de medicina de nuevo ingreso, quienes deberán estar convencidos de que su perfil de egreso corresponde al de médicos generales integrales moralmente comprometidos para servir a su pueblo, sin olvidar que algunos de ellos serán residentes y mas tarde ejercerán como especialistas. En nuestro medio la enseñanza y aprendizaje de la medicina es un proceso de transculturación, de adaptación a un nuevo estilo de vida, de sincretismo religioso sobre todo si los estudiantes proceden de comunidades del interior del estado. Desde este enfoque son ellos, los estudiantes los que no estudian o somos nosotros los que nos decimos “catedráticos”, los que no sabemos enseñar por que no conocemos a   nuestros alumnos y porque seguimos anclados al pasado enseñando “como a nosotros nos enseñaron”.

Las universidades a través de sus Facultades de Medicina deben ser corresponsables con la educación de postgrado en donde quedan incluidos las especialidades médicas, los cursos monográficos, los programas de actualización médica continua, etc. En la formación de los especialistas queda bajo su responsabilidad la elaboración, discusión y posteriormente la supervisión de los respectivos programas, vigilando desde luego su cumplimiento hasta participar finalmente en el examen para obtener el grado. Tiene que ser puesto que la institución universitaria es el aval académico y la que certifica en primera instancia el grado de especialista.

La tarea es enorme si queremos lograr que los médicos con vocación se formen en   residencias médicas de alta excelencia, para lograrlo, lo prioritario es continuar con el fomento de la Docencia Institucional , cuya finalidad es formar profesionalmente médicos maestros, cuya labor profesional daría como resultado: nuevas generaciones de médicos generales integrales y especialistas médicos adecuadamente formados según los requerimientos de la población demandante de nuestra patria.

Continuarà …

 

* Médico Maestro adscrito a la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca.