Agotamiento del modelo de sustitución de importaciones. Boltvinik, Hérnandez

Origen de la crisis industrial, el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, un análisis preliminar
Julio Boltvinik, Enrique Hernández Laos

 

Uno de los peligros importantes del nuevo modelo de desarrollo industrial consiste en el posible predominio creciente de las empresas transnacionales.

La gran crisis del capitalismo de los treinta deprimió las exportaciones mexicanas, La segunda Guerra orientó la producción hacia el material bélico, esto supuso que economías como la nuestra saturarían ese mercado con manufacturas. Estos hechos estimularon la instauración en el país de un modelo de sustitución de importaciones que basó el desarrollo económico en el mercado interno. De 1940 1970 la sustitución de importaciones industriales desempeñó en nuestro país el papel del sector estratégico en el crecimiento nacional. Antes de 1950 la construcción y la industria de bienes de consumo no duradero actuaron como factores dinámicos. El crecimiento del sector industrial y el estancamiento del sector primario la estructura del PIB cambió radicalmente.

En el periodo 1965-1970 la economía empieza a desacelerarse, principalmente las ramas dinámicas de las manufacturas (bienes de consumo duraderos y bienes de capital). Si la desaceleración fue producto de la caída de la producción industrial, ahí mismo radica la causa de la crisis.

Las explicaciones de la crisis se dividen en tres: la política económica inadecuada y un populismo verbalista; la disminución de las tasas de crecimiento; el estancamiento económico, una crisis de realización.

El modelo de sustitución es característico principalmente por: su dependencia a la capacidad de importación generada en otros sectores, a medida que avanza en la sustitución de importaciones se va reduciendo el arco de posibilidades lógicas del propio modelo; el paso de la sustitución de bienes de consumo no duraderos a la de bienes intermedios y de consumo duraderos.

A lo largo del periodo 1929-1977 resulta claramente perceptible la asociación entre el ritmo del proceso de sustitución de importaciones y la tasa de crecimiento de los subsectores manufactureros.

La crisis de la década de los setenta puede ser entendida como una crisis estructural que refleja a la vez el agotamiento de sustitución de importaciones y la ausencia de un factor dinámico de reemplazo.

El proceso de industrialización por sustitución requirió la creación de plantas mayores dimensiones, especialmente en el campo de los productos intermedios y de consumo duraderos. El carácter estructural de la crisis reclama acordar nuevos campos, en especial la producción interna de bienes de capital, lo que requería y sigue requiriendo cuantiosas inversiones demasiado extensas respecto a la magnitud del mercado interno y para las cuales el país no ha sido desarrollado adecuadamente.

Después de los setenta el gobierno se dedicó a promocionar la exportación de manufacturas, la creación del Instituto Mexicano de Comercio Exterior va incluido. Para 1982 el petróleo se convirtió en el motor económico; para el conjunto de la industria manufacturera no habría sustitución de importaciones en el sentido de reducir el coeficiente de importaciones. A pesar del rápido crecimiento previsto de la demanda interna puede afirmarse que se trata más bien de un resultado autónomo que explicara el rápido crecimiento de la economía. La sustitución de exportaciones tendería a reducir y aún a eliminar el déficit en la balanza de pagos.

El establecimiento de políticas cambiarias y proteccionistas congruentes con el fomento a las exportaciones no fue llevado a principios de los ochenta y que decir en 1994.

Una de las salidas más viables a la crisis de largo plazo que enfrenta la economía tendrá que considerar como elemento dinámico una industrialización creciente sustentada en el mercado interno de productos básicos.

¿¿¿"fabricación interna de bienes de capital para la exportación" ??? (no es posible, la acumulación exterior no permite hacerlo)

 

Economía mexicana: evolución reciente y perspectiva

Jaime Rios

El proceso de industrialización que arrancó en la entreguerra cubre de 1935 a 1970, periodo caracterizado por la política de fomento a la industria. De 1970 a 1982 existieron obstáculos se derivaron problemas estructurales en la etapa anterior. A partir de los noventa se observa un enfoque al exterior.

Se optó por una vía de sustitución de importaciones. La primera etapa, 1935 1956, transcurrió caracterizándose por un crecimiento sostenido pero un incremento en los precios internos a causa de la inestabilidad de los mercados externos. En la segunda etapa, 1945 a 1970, el crecimiento estuvo acompañado por estabilidad de precios.

El aumento de la producción de bienes manufacturados protegió al mercado interno. A partir de la segunda guerra mundial los gobiernos se entrometieron fuertemente en la economía: aranceles, subsidios y excensiones fiscales. La demanda externa aumento y con ello la economía nacional. Para combatir la inflación se esterilizaron los depósitos del Banco de México y un estricto control del presupuesto. La devaluación fue necesaria para evitar la fuga de capitales y fomentar la agricultura y ganadería. La intensa participación del estado necesitó una buena reforma fiscal, como el ISR. La minería y la agricultura financiaron las exportaciones.

Para combatir la inflación del periodo anterior se usó una estabilidad cambiaria. La economía creció 6.2%. Pero la demanda por importaciones no disminuía, las exportaciones no las cubrieron y se echó mano de la deuda externa. La falla radicó en la incapacidad de promover las transformaciones económicas, sociales y políticas para modificar significativamente los modelos de producción, distribución y consumo. La inversión del Estado debió centrarse en alto riesgo y a largo plazo. El alto déficit impuso la necesidad del financiamiento del Banco de México.

No se generaba el tan esperado crecimiento a largo plazo, propiciado principalmente por el desequilibrio externo y otros fuertes problemas de estructura como el financiamiento externo, la ausencia de una eficiente reforma fiscal, la completa nulidad del sistema financiero, la baja propensión al ahorro, la mala estructura y concentración demográfica, y desde luego, la mala distribución del ingreso.

Con todo lo anterior, seguía siendo indispensable la participación del estado en la economía. El principal instrumento era la banca mixta, o más bien, pública. La política dictada fue el distanciamiento del capital foráneo.

El preámbulo a tan lamentables sucesos fue una situación crítica: desaceleración del crecimiento económico, planta industrial dependiente a las importaciones, inflación y déficit. En 1976 ocurrió la esperada devaluación , era necesaria y demostró todos los problemas de raíz que se traían. Después de la depreciación surgieron los efectos positivos como la competitividad y la llegada de capital, cortes al gasto público y la eliminación del encaje legal. El petróleo llegó y salvó a la economía, pero -siempre hay uno-, la inversión del gobierno se necesitó para lograr la producción; de nuevo se necesitó del ámbito externo. De nuevo se hicieron ajustes fiscales como la creación del IVA. El país se endeudaba para pagar intereses, un círculo vicioso del que nunca se sale. Además el petróleo cayó en 1981. Las reformas necesarias fueron en el recorte del gasto, en las variables externas y en tipo de cambio.

El incremento notable en el endeudamiento puso fin al crecimiento que se había alcanzado. El estancamiento del sector agrícola, la fragilidad del sistema financiero y la erosionada cadena productiva tuvieron altos costos para el crecimiento. Fue necesario reformar la banca privada.

Se despidió por fin el sistema proteccionista. Ahora aumentó la inversión al sector exportador, sobre todo el no petrolero. La gran carga era la deuda, se renegoció para no aplazar los pagos, sino para disminuir los pagos. La nacionalización del banca en 1982 se tomó como medida de urgencia ante la extrema situación de deuda externa. El crecimiento de los precios tiene origen en el alza de la demanda agregada en los años petroleros.

La reforma agraria no consiste en el reparto de tierras; el fracaso se debe a la falta de capacitación de los campesinos y a las instituciones de control. La rigidez del ejido siempre fue un ancla paralizadora del progreso y de la distribución del usufructo. Se propuso una readaptación del ejido de manera que se conservaran las formas de producción colectiva, aunque sin los límites que imponían la ley respecto a la venta directa. otra solución consistía en modificar las estructuras de apoyo al campo, deberían abarcar los aspectos de investigación y regulara precios y subsidios. La falta de tecnología y crédito, además de la parcelación fueron detonantes de la crisis.

El control de tierra, herramienta y capital, otorgó al cacique un amplio poder sobre las decisiones económicas y políticas de las comunidades. El desarrollo rural debería acompañarse de una cuidadosa selección de tecnología compatible con la intensidad del trabajo, los cultivos y la escala de la producción. El reparto desigual del equipo agrícola acentúo las diferencias. la inversión ha tenido un papel determinante en el desempeño de la agricultura; la dotación de tierra, entonces, no tiene sentido sin métodos técnicos.

Las ramas ligadas a la exportación han recibido tradicionalmente los mayores volúmenes de capital extranjero debido a los altos niveles de rentabilidad, el interior no es atractivo. Se esperaba que la agricultura creara los empleos que la industria no había podido crear. Las políticas llevadas a cabo flexibilizaron la situación de los campesinos en cuanto a la venta y productos.

La "atomización" de la propiedad ha sido uno de los factores principales para explicar el desequilibrio, la importancia al sector industrial y el olvido del sector agrícola, la heterogeneidad de los productores, los cambios en los modelos tecnológicos, el crecimiento desigual de los sectores agrícolas, mala distribución del ingreso.

La estrategia industrializadora pretendía en una primera etapa impulsar la producción de bienes de consumo para después avanzar con la de bienes intermedios y finalmente completar el ciclo con la producción interna de capital. El aislamiento del mercado interno alentó la producción nacional d manufacturas, pero también creó un sector industrial poco eficiente, incapaz de sobrevivir son el tejido de protección. La falta de competitividad industrial le hacía depender de la protección y de las divisas generadas en otros sectores. La política económico privilegió al sector industrial brindándole apoyos de todo tipo. La inversión pública se orientó a la infraestructura. La industrialización generó déficit comercial creciente y una estructura industrial altamente dependiente de la protección. La deuda externa hizo imposible la industrialización. Se promovió, después, la apertura económica y la modernización del aparato productivo. Al desmantelarse la estructura de protección que los había abrigado, los productores nacionales debieron enfrentarse a la competencia directa del mercado internacional. Las importaciones se deben sustituir de manera selectiva con el apoyo de la banca de desarrollo y que las pequeñas y medianas empresas se incorporen a la producción de bienes exportables.

En la década de los ochenta se inició un proceso de cambio estructural, la industria se abrió el exterior y reducción de la presencia del estado. Vidrio, cemento, minerales, no metálicos, automóviles fueron dinámicas. Las industrias micro fueron reemplazadas por las grandes y tecnificadas empresas. La industria maquiladora está casi libre de impuestos, 100% de capital extranjero y facilidades fiscales.

Para México, el problema nodal es incrementar el contenido, componentes y otros insumos de origen de nacional.

 

 


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