Sistema Económico Latinoamericano

Sistema Económico Latinoamericano

El Sistema Económico Latinoamericano (SELA) es un organismo regional intergubernamental, con sede en Caracas, integrado por 28 países de América Latina y el Caribe. Creado el 17 de octubre de 1975, mediante el Convenio Constitutivo de Panamá, actualmente el SELA está conformado por: Panamá (04-12-1975) Venezuela (14-01-1976), México (14-01-1976); Cuba (14-01-1976), Guyana (17-01-1976), Ecuador (02-04-1976), Perú (29-04-1976), Brasil (14-05-1976), Granada (31-05-1976), Jamaica (04-06-1976), República Dominicana (04-06-1976), Barbados (04-06-1976), Trinidad & Tobago (07-06-1976), Bolivia (07-06-1976), Honduras (14-06-1976), Nicaragua (02-09-1976), El Salvador (22-09-1976), Guatemala (02-11-1976), Argentina (10-01-1977), Costa Rica (15-02-1977), Uruguay (16-03-1977), Haití (17-03-1977), Chile (18-10-1977), Colombia (18-06-1979), Suriname (27-07-1979), Paraguay (19-09-1986), Belice (06-03-1992), Bahamas (25-03-1998).

El SELA es el organismo más grande en membresía de América Latina y el Caribe y el más barato porque trabaja con un presupuesto anual de 3,4 millones de dólares. Sus funciones son la de coordinar las posiciones de los latinoamericanos en las relaciones externas con otras organizaciones internacionales . - Parte de los 70 empleados de su organización están trabajando en las oficinas prestadas de embajadas, otros desde su casa y el resto en la calle -.

El SELA,es el único organismo que agrupa exclusivamente a los países de América Latina y el. Sus fines son promover la coordinación regional, ante terceros países o en foros internacionales, sobre temas económicos de interés común; impulsar la cooperación entre sus países miembros para apoyar su desarrollo económico y social; y propiciar la articulación y convergencia de los distintos esquemas de integración existentes en la región.

La necesidad de focalización en temas concretos se convirtió en un propósito en 1996 cuando las propias crisis internas la llevaron a redefinir un rumbo para la acción colectiva y dotaron al Consejo Latinoamericano del componente de especificidad que no sólo es un imperativo de modernidad sino que era un legítimo reclamo de aquellos que internamente le habían visto perder el norte de sus objetivos; así pues , el Consejo , órgano ministerial del SELA, aprobó un programa de modernización del organismo, que incluyó la reorientación de sus programas de trabajo y una actualización de sus modalidades de acción, en forma consistente con las preocupaciones del Grupo de Río sobre la institucionalidad regional. A partir de allí el SELA ha focalizado su programa de trabajo hacia una contribución a la inserción internacional de sus Estados miembros y al tema de la competitividad internacional, así como al intercambio de experiencias para la concertación y cooperación regionales, en un conjunto de áreas, entre ellas: a) el análisis del proceso de globalización y su impacto en el desarrollo de la región; b) el análisis de las relaciones de los países de la región con sus principales interlocutores económicos y comerciales; c) el examen de los temas comerciales en sus dimensiones regional, hemisférica y multilateral y la coordinación de posiciones en las negociaciones para el establecimiento del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y en el marco de la OMC; d) el financiamiento del desarrollo y la reforma de los sistemas financieros de la región; e) la convergencia de los esquemas de integración existentes en América Latina y el Caribe; f) la articulación de las políticas económicas y sociales y el intercambio de experiencias en materia de privatización, descentralización, propiedad intelectual, políticas de desarrollo industrial e innovación tecnológica; g) la cooperación regional, especialmente para la capacitación de recursos humanos en materia de relaciones comerciales multilaterales; h) la promoción de programas de orientación y difusión acerca de los trabajos realizados por el organismo. En octubre de 1997 en Puerto España, el tema central fue el "Crecimiento y empleo", en torno al cual se adoptaron lineamientos de una posición común, con énfasis en los problemas de pobreza y marginalidad y el insuficiente vínculo entre crecimiento económico y desarrollo social en la región; la necesidad de formular políticas ante el impacto de la globalización con un enfoque integral; el efecto de la modernización productiva en materia social y el estímulo a la innovación para propiciar la incorporación de los sectores más atrasados a actividades más dinámicas; el apoyo al desarrollo de la pequeña y mediana empresa; el incremento de la investigación y el desarrollo en materia de ciencia y tecnología y la aceleración de la reforma educativa, para adaptarla a los requerimientos de un sistema productivo innovador y competitivo. Este esbozo de lineamientos está acompañado de un plan de acción que incluirá la celebración de una reunion regional el presente año en Costa Rica para el intercambio de experiencias sobre la formulación y articulación de las políticas de desarrollo económico y de empleo; las políticas de apoyo a la pequeña y mediana empresa y las acciones que coadyuven a su fortalecimiento gerencial, financiero y la apertura a la exportación; las políticas sociales en las actividades de cooperación regional, en particular las relativas al mejoramiento de la calidad, el empleo y la superación de la pobreza. Para 1998 el mismo Consejo aprobó en su XXIV Reunión Ordinaria, celebrada entre el 30 de noviembre y el 03 de diciembre de 1998 en La Habana, Cuba, una reestructuración para adecuar sus objetivos y funciones a las realidades cambiantes del entorno internacional y establecer prioridades de acuerdo a las necesidades de sus Estados Miembros.

En este sentido, se fijaron como objetivos inmediatos: contribuir a la inserción internacional de sus Estados Miembros en el proceso de globalización de la economía mundial; coadyuvar en el mejoramiento de las interrelaciones entre las distintas subregiones de América Latina y el Caribe; y promover y facilitar la cooperación regional, a través de actividades cuyos resultados evidencien la especificidad del organismo, su contribución a la identidad y unidad de la región, y su aporte diferenciado, de acuerdo con su enfoque latinoamericano y caribeño. El tema de la reunión anual del Consejo en 1999 fue el de la "Dinámica de las relaciones externas de América Latina y el Caribe", con énfasis en el caso del ALCA, dado el inminente lanzamiento de las negociaciones formales en la segunda cumbre hemisférica en Santiago de Chile.

El nuevo programa de trabajo del SELA concentrará sus labores en tres grandes áreas temáticas, a saber:

Relaciones Extraregionales: Estudio de la inserción de América Latina y el Caribe en el proceso de globalización de la economía mundial y de los escenarios de desarrollo de largo plazo. Seguimiento de las relaciones económicas extraregionales, fundamentalmente la evolución de las negociaciones para el ALCA y las relaciones entre Estados Unidos y América Latina y el Caribe; las implicaciones para la región de la Cumbre UE/AL y los avances del proceso de ampliación de la Unión Europea; y las relaciones entre América Latina y el Caribe y Asia-Pacífico.

Relaciones Intrarregionales: Intercambio de experiencias en torno a la evolución de los procesos y acuerdos de integración entre los países de la región, incluyendo el tema de las inversiones intraregionales y el estudio de temas específicos de articulación y convergencia de los procesos en la región

Cooperación Regional: Promoción y facilitación de actividades de Cooperación Técnica entre Países en Desarrollo (CTPD); y capacitación de recursos humanos en materia de negociaciones comerciales internacionales y regionales,

Como punto focal de CTPD, el SELA organizará la XV Reunión de Directores de Cooperación Técnica Internacional de América Latina y el Caribe. Coordinar acciones para el apoyo a países afectados por desastres naturales.

 

El Consejo Latinoamericano es el máximo órgano resolutivo del SELA. Está integrado por un representante de cada Estado Miembro, se reúne anualmente, y se encarga de establecer las políticas generales del organismo y pronunciamientos específicos a través de Decisiones que se aprueban por consenso.

Los Comité de Acción son organismos flexibles de cooperación que se constituyen a partir del interés de más de dos Estados Miembros en promover programas y proyectos conjuntos en áreas específicas. Son disueltos al cumplir sus cometidos o pueden transformarse en organismos permanentes. Actualmente existen organismos permanentes como la Red de Información Tecnológica Latinoamericana (RITLA) y la Organización Latinoamericana de Desarrollo Pesquero (OLDEPESCA). Otros mecanismos de cooperación que surgieron de los Comités de Acción fueron el Comité de Acción para el Desarrollo Económico y Social de Centroamérica (CADESCA), el Programa Latinoamericano de Cooperación en Artesanía Regional (PLACART) y el Programa Latinoamericano y del Caribe de Información Comercial y de Apoyo al Comercio Exterior (PLACIEX), los cuales ya dejaron de funcionar por haber cumplido sus objetivos.

La Secretaría Permanente es el órgano técnico administrativo. Está dirigida por un Secretario Permanente, elegido por el Consejo Latinoamericano, por un lapso de cuatro años. Durante el período 1999-2003, el cargo lo ejerce el abogado y periodista chileno, Embajador Otto Boye Soto, secundado por un equipo reducido de especialistas altamente calificados.

Celebra anualmente la reunión del Consejo Latinoamericano, a nivel ministerial, y convoca a reuniones regionales de consulta y coordinación con altos funcionarios de los países miembros.

Organiza foros en los que participan representantes gubernamentales y del sector privado y realiza reuniones de expertos sobre temas específicos de la agenda económica regional y mundial.

Mantiene estrechas relaciones de cooperación con los principales organismos, instituciones públicas y entidades privadas, de carácter regional e internacional.

Realiza seminarios, cursos y talleres de formación sobre temas de interés económico para América Latina y el Caribe, dirigidos a altos funcionarios gubernamentales, empresarios, trabajadores, parlamentarios y académicos.

Son diversos los cambios que se han suscitado en la política y en la economía de América Latina y del Caribe desde los días de formación; el SELA ha estado presente en ellos, de una manera directa, y como observador de esos fenómenos. Las reflexiones han sido importantes para despejar el futuro del organismo. Sería de indudable importancia que las cancillerías regionales se detengan a considerar sus conclusiones, y examinen lo que el SELA ha significado y puede significar en los tiempos por venir. Es un instrumento que, a diferencia de muchos otros, y según la tendencia de los entes internacionales, ha sabido mantenerse sin darle cabida a la burocratización.

El SELA fue creado en un momento en que América Latina consideró necesario tener un foro propio, representativo, sin interferencias ajenas, en el cual los asuntos de nuestros países se ventilaran y se decidieran en igualdad de condiciones. No fue un organismo para oponerlo a la OEA . Respondía, esencialmente, a una necesidad regional, como el BID, o la Cepal. Así fue concebido, y así el SELA echó a andar hace 25 años. México y Venezuela fueron dos de los países que mayor entusiasmo pusieron en su constitución. Cuba fue uno de los primeros beneficiados, porque excluido como estaba del sistema interamericano desde los 60, encontró en el SELA el camino adecuado para su reinserción en la comunidad regional.

Durante las primeras décadas el SELA disfrutó de una resuelto apoyo político. Su utilidad ha rendido en razón directa a la beligerancia que le han otorgado los países miembros. Sus aportes no son desdeñables. En los enfoques y análisis llevados a cabo en el SELA sobre las cuestiones económicas de la región existe una toma de conciencia sobre la América Latina y el Caribe, sobre los problemas y alternativas de los procesos de integración y los desafíos que nos plantean. El SELA, hace 25 años, ya era una institución tardía, comparada con lo que había sucedido en Europa, en los países árabes o los africanos. Si para entonces fue tardía, ¿cómo podría interpretarse al cabo de su actuación? ¿Qué factores han influido para que sobre el impulso inicial se fuera imponiendo una cierta indiferencia por el organismo? En la historia del SELA hubo etapas de significación para la región. Cuando estalló el problema de la deuda de los países latinoamericanos, este fue el foro más activo en su análisis. La fragmentación en organismos y el olvido de éste, en todo caso, no es el camino.


El SELA es el único organismo regional de cooperación y promoción económica y social. En años de existencia el SELA se ha constituido en el foro por excelencia de coordinación ante terceros países o en foros económicos internacionales de interés común. La necesidad de que contar con un mecanismo de coordinación, excluyentemente latinoamericano, fue sentida durante muchas décadas y su conveniencia quedó demostrada en la década de 1960, por la gestión de la Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana (Cecla).

La voluntad política de los países miembros debe reforzar su capacidad de consulta y coordinación para la adopción de posiciones y estrategias comunes. Así lo exigen las oportunidades y desafíos que enfrenta la región en temas de tanta monta y urgencia como la constitución del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Si logra prevalecer la tesis, como todo parece indicarlo, sobre el paso por la vía multilateral de la negociación con los Estados Unidos a través de las agrupaciones subregionales, previamente fortalecidas, y no mediante acuerdos bilaterales, el SELA aparece como el único foro de alcance regional para articular las posiciones de todos los grupos subregionales.

Para que el SELA sea mecanismo eficiente de afirmación del nacionalismo regional abierto, pragmático y convergente, es necesario acelerar su reconstrucción física: Los países miembros podrían reparar, en gran medida, las pérdidas totales causadas por el siniestro, no ya a través de aportes especiales, como lo propuso la generosidad de algunos de ellos, sino, simplemente, pagando sus cuotas atrasadas. Los organismos financieros de la integración, como el BID, la CAF, el Banco Centroamericano de Integración Económica y el Banco de Desarrollo del Caribe podrían contribuir a la reinstalación del SELA mediante operaciones de cooperación técnica no reembolsables. Tal gesto sería, también, laudable expresión de solidaridad interinstitucional.

Como se puede apreciar, pese a debilidades operativas del SELA, especialmente vinculadas a atrasos en las contribuciones de los Estados miembros a su presupuesto, la agenda de trabajo del organismo luce relevante y actualizada. América Latina no tiene otro camino que el afianzamiento de su identidad y la cooperación en temas de interés común. El mundo sufre un profundo proceso de transformación ante el cual no cabe ser expectadores y de ello se derivan para América Latina múltiples retos y responsabilidades. Nunca antes la agenda económica internacional ha mostrado un impacto tan significativo como el que se vislumbra para el futuro de la región. El SELA ofrece medios para enfrentar coherente y solidariamente esos nuevos desafíos. Es el momento, pues, de brindarle un renovado respaldo y que del siniestro en sus instalaciones físicas emerja un organismo fortalecido.

El SELA consiguió llenar el espacio del pensamiento en colectivo de la región. Ninguna otra institución produjo mejores análisis prospectivos de la dinámica internacional y latinoamericana, ningún otro foro fue tan eficiente en la concertación de posiciones frente a los interlocutores externos, ningún otro centro de investigación aportó a sus miembros de los exhaustivos exámenes de los temas que afectaban al continente en sus distintas vertientes de actuación, ninguna otra entidad se constituyó en centro de convergencia de intereses para los sub-grupos de concertación económica que se gestaron en el vientre de la integración continental en estos últimos 25 años.

El presupuesto anual del SELA, aportado por sus 27 estados miembros, asciende a 3.900.000 dólares anuales, similar a la cuota que paga un solo país mediano a la Organización de Estados Americanos (OEA). Es un "organismo barato", quizás porque se acostumbró a trabajar con "la eficiencia de Suiza y los recursos de Bangladesh", como solían ironizar sus funcionarios. Las autoridades del SELA no han pedido cuotas extraordinarias.

En plena crisis, el SELA distribuyó a sus países un documento sobre las implicaciones que tendrá para la región el agitado debate sobre la política comercial estadounidense que enfrenta al Congreso y al Ejecutivo, generando mayor incertidumbre en las de por sí complejas negociaciones para conformar el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

La Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) ratificó su apoyo al SELA, materializado en aportes cercanos a los dos millones de dólares, para desarrollar los temas de privatización, reformas de los sistemas financieros, políticas de competencia y apoyo a la pequeña y mediana empresa. Parte de esas actividades están en marcha y se realizarán en menos de un mes.

Pasaron ya reuniones sobre privatización, con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial, un taller sobre Servicios, del 16 al 20 de febrero, en México, y otro sobre Inversiones, como parte del Programa BID-SELA sobre Capacitación de Negociaciones Comerciales Multilaterales, encargado de entrenar a los funcionarios de los gobiernos.

La lista es larga y contempla diversas actividades, en conjunto con variadas instituciones del sistema de Naciones Unidas, la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), la Comunidad Andina y el Programa Bolívar, entre otras.

Quizás la clave se encuentre en las palabras que dirigió al personal el Secretario Permanente del SELA, un argentino experto en Asia, quien aludió a los símbolos chinos para explicar cómo una situación de crisis puede convertirse en oportunidad.

 


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