NO PUEDO PERDONAR

Por: Gustavo Mata Flores

www.cristianosunidos.com

 

Cada vez que recuerdo su afrenta, siento dolor mezclado con coraje y frustración, pese a que le dije que ya le perdoné, la verdad es que no puedo olvidar el daño que me causó. Cada vez que a mi mente viene lo que me hizo, siento como se conmueven mis entrañas y termino apretando fuertemente mi quijada, de verdad por más que trato de olvidar, no puedo’

 

Sentimientos como el anteriormente expresado son muy comunes en las personas, y aunque no debiera ser entre la comunidad cristiana, la realidad es que muchos sufren de este problema

 

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” (Mateo 18:21-22)

 

Jesús enseña que debemos perdonar infinidad de veces cuando afirma que debemos hacerlo 70 veces 7, hay quienes piensan que esto es 490 veces, otros dicen que es 7 a la 70ava potencia y otros que es 77…77…777….etc. (hasta completar una cifra de 70 números sietes), la cifra no importa en realidad sino su significado, debemos perdonar así como Jesús nos perdonó, ¿recuerdas lo que dijo estando en la cruz después de ser terriblemente escarnecido? “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” (Lucas 23:34)

 

¿A que se debe que no podemos al igual que Jesús perdonar y olvidar? Antes de meditar al respecto quiero que te des cuenta del dolor que te causas a ti mismo cuando no has perdonado. El primer daño es emocional, pues sencillamente te sientes mal, afecta tu paz y felicidad; el segundo es físico, pues dañas a tu cuerpo, te estresas, tu cuerpo reacciona con enfermedades sicosomáticas; y el tercero es Espiritual pues no tienes paz delante de Dios, pese a que asistes a un templo, alabas a Dios, lees su Palabra, la meditas, y aun así no tienes paz espiritual. ¿Te das cuenta que el primer afectado por no perdonar eres tu?, Jesús lo sabía cuando instruyó a Pedro a perdonar y perdonar.

 

La falta de perdón en tu vida termina por convertirse en un lastre que se torna en una raíz de amargura que no permite tengas paz ni felicidad Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (Hebreos 12:14)

 

La dificultad para ejercitar el perdón estriba en nosotros mismos que conservamos nuestra naturaleza egoísta lo que aprovecha Satanás para trabajar en tu vida y recordarte “cuanto has sufrido” a causa del que pecó contra ti diciéndote suavemente al oído que el tal “no merece tu perdón”.

 

Recuerdo los años que cargué el peso de no perdonar, hasta que descubrí cuanto me estorbaba esa situación para crecer espiritualmente. La frustración y coraje hacían que mi actitud no fuera la correcta con los demás pues “alguien me las tenía que pagar”, así fueron muchos años hasta que Dios me mostró que era necesario perdonar sin que fuera necesario que me pidieran perdón (muchas veces las personas no perdonan pues esperan que primero se les pida perdón), así cuando finalmente entendí: Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7) cerré mis oídos al consejo de Satanás y me decidí a perdonar y experimenté la paz que transforma la vida del creyente.

 

Te animo a no dejar pasar un minuto más sin perdonar a quienes te han hecho algún tipo de mal, perdónales y coloca esa carga ante Dios, acepta la paz que Cristo te ofrece, pon a esa persona en las manos de Dios, y tu solo limítate a perdonarle.

 

Quisiera aprovechar para decirte que cuando conmovidos por una predicación y exhorto a perdonar a un hermano o hermana en la iglesia, te acercas a esta persona para decirle que le perdonas, aun sin que ella te lo haya pedido, ten la gentileza de decirle de que le estás perdonando, pues muchos hermanos se sorprenden cuando en un servicio religioso después de este tipo de exhortación se acercan a ellos diciéndole te perdono, y ellos ni idea tienen a que se debe. Similar pasa cuando se te acerca alguien en la congregación y te pide perdón, dile a que te refieres pues a veces los hermanos no saben que les habías ofendido.

 

Recuerdo el caso de un hermano nuevo a quien en un servicio religioso de esta naturaleza recibió frases como: ‘perdoname porque me caes mal’, ‘perdoname porque hable mal de ti’ o ‘te perdono porque tu actitud me molesta’, ‘te perdono por los errores que cometes’. El pobre hermano nuevo esta estupefacto, lejos de ser bendecido fue severamente lastimado espiritualmente. Los ministros religiosos requieren de mucha sensibilidad y prudencia antes de hacer una invitación publica de esta naturaleza a la congregación.

 

El perdón debe ser sincero desde lo mas profundo del corazón, como le pedimos perdón a Dios “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12)

 

Dios te bendice

<:>< 2/06/04

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