EL DOLOR DE MI PECADO

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Existen hoy día muchos hijos e hijas de Dios que están viviendo de manera conciente en el pecado de adulterio, fornicación, homosexualidad, etc., y se trata de personas que reconocen su falta, aman a Dios, y les duele lo que sucede en lo más profundo de su corazón, viven en una constante angustia, desesperación y no pueden conciliar el sueño, debido a que esta situación va más allá de sus fuerzas, reconociendo que no pueden más, luchar en contra de esto que les domina y sufren por ello.

 

Para quienes no viven esa situación desesperada, les resulta fácil juzgar que los tales, “están perdidos”, “que su conversión a Cristo no fue sincera”, “que son unos hipócritas”, “lobos vestidos de ovejas”, etc., y no aceptan que estos hermano(as), son sinceros en su corazón y la carga de su pecado les hace desfallecer.

 

Es indiscutible que Satanás y sus huestes trabajan día y noche, y que día a día hacen caer al “más firme”, no en vano la Escritura sentencia: Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” (1 Corintios 10:8). De alguna manera los Cristianos hemos subestimado al Diablo y llegamos a creernos “fuertes y casi infalibles”, esto a decir de quienes sufren por vivir en el pecado es algo que ellos creyeron, frases como :“Nunca creí que yo pudiera caer”, “Mi comunión con Dios era muy estrecha, no me explico que paso”, “Oraba todos los días, y leía mi Biblia todos los días, no creí que yo pudiera caer” y otras se repiten una y otra vez entre quienes están sufriendo por vivir en pecado.

 

Algo también muy común en esos casos, es que su pecado comenzó de la manera más simple, poco a poco, todo empezó como algo inocente, la relación creció hasta que terminaron en el pecado sexual, algunos se arrepintieron de inmediato, sin embargo volvieron a caer una y otra vez, hasta que se rindieron y continúan en pecado, sufriendo por que se saben mal delante de Dios, lo más triste es que muchos de ellos, dan por hecho que están totalmente perdidos y que ya no hay remedio ni perdón, y de verdad están sufriendo en su corazón.

 

Para quienes están en situación similar, les animo a reflexionar en lo siguiente:

 

Caemos en pecado por nuestra propia voluntad: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” (Santiago 1:13-15)

 

Jamás la tentación está por encima de nuestra capacidad de rechazarla “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

 

Jesús siempre está dispuesto a darnos la victoria en la tentación “Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.” (Hebreos 2:14), quien ha caído es porque rechazó el auxilio divino.

 

Ahora bien, después de reconocer ante Dios que el único responsable de vivir en pecado es uno(a) mismo(a), debemos comprender que DIOS SÍ ESTÁ DISPUESTO NO SOLO A PERDONAR, SINO A RESTAURAR las vidas afligidas por el pecado.

 

Jesús dijo: Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” (Lucas 5:31-32), así que el hecho de recibir a Jesús, no significa que sea imposible caer, al grado que la Biblia dice 8Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros…. 10Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.” (1 Juan 1:8 y 10). Esto se debe a que conservamos nuestra naturaleza pecaminosa, pese a ello el mismo pasaje dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9), “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” (1 Juan 2:1).

 

Es muy importante entender que Dios conoce nuestra naturaleza y nuestra debilidad, y que Jesús nos sigue amando de forma tal que sigue abogando por nosotros, “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” (Hebreos 4:14-16).

 

Quien siente que no puede más, y que es incapaz de luchar contra el pecado, debe rendirse por completo a Dios, y pedirle que sea Cristo quien tome la victoria, permitiendo que el Espíritu de Dios sea el que dirija su proceder: 5         Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. 6Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. 7No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; 8Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos.” (Proverbios 3:6-8). Este pasaje en el verso 6 dice que Dios es capaz de enderezar nuestra senda. ¿cómo?, no lo se, lo que si se, es que para Dios no hay imposibles, por lo tanto si estás dispuesto a que tu vida retome el curso de la santidad que Dios te da, y quieres dejar tu pecado y reestablecer tu comunión con Dios, ríndete a Cristo y permite que Dios arregle tu vida, reconócelo en todos tus caminos.

 

Para quienes no atraviesan situaciones de pecado, le animo a permanecer firmes en Cristo y a unirnos todos como hermanos en oración constante pidiendo unos por otros, rogando a Dios tomé la victoria en todo aquel que está sufriendo por saberse pecador y creer que no puede más, a efecto reaccionen y se den cuenta que nuestro Señor y Dios es lento para la ira y amplio en misericordia.

 

Dios es Todopoderoso, y no hay nada imposible para Él, por tanto quien de corazón pone su vida, sus problemas, sus pecados en las manos de Dios y le da libertad al Espíritu Santo en su vida, obtendrá la victoria que Cristo le dará: “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:4-5). “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Corintios 15:57).

 

Dios te sea propicio en bendiciones

<:>< 18-02-04

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