LA HIPÓSTASIS DE LOS ARCONTES

 

(Los corchetes indican que se trata de un texto reconstruido. Las palabras entre paréntesis señalan un texto añadido por el traductor, o que debe sobreentenderse en el texto copto).
Introducción
La hipóstasis de los arcontes se ha conservado en un único testigo copto, constituyendo el tratado 4 del Códice II de Nag Hammadi, pp. 86, 20 – 97, 23. El título aparece en el explicit: thypostasis nnarchon. La traducción castellana La hipóstasis de los arcontes se limita a reproducir los términos griegos del título copto. Una traducción según el significado de esos vocablos griegos sería La realidad de la potestades.
La lengua de la versión copta es el sahídico con fuertes contaminaciones subacmímicas, como en todo el Códice II. La fecha de la traducción no consta, por lo que menciono la datación general de toda la Biblioteca: el siglo IV.
La mayoría de los comentaristas aceptan que el escrito griego subyacente al texto copto presenta varios estratos redaccionales, el último de los cuales, por lo menos, es cristiano. Los estratos más antiguos son por lo menos dos: el antropogónico y el teogónico, y podrían derivar de fuentes comunes al Apócrifo de Juan (Libro secreto de Juan) y sobre todo al tratado Sobre el origen del mundo. Estos dos estratos consisten en exégesis esotéricas del Génesis, interpretado en sentido literal. Las fuentes comunes mencionadas podrían ser judías si se confirma la hipótesis de un judaísmo helenístico antiyavista y antinomista. En todo caso, se trata de una especulación teológica estrechamente ligada a la revelación bíblica y a los métodos midrásicos.
El último redactor griego se apoya ya secundariamente en el Nuevo Testamento (Pablo), y probablemente agudiza los trazos negativos del universo arcóntico.
El escrito se presenta como una instrucción sobre el tema de los dominadores de este mundo mencionados por san Pablo. Después de una breve alusión al primer arconte, el tratadista pasa a la antropogonía. El argumento teogónico (origen de los arcontes) es abordado en segundo lugar y presentado como una revelación del ángel Elelet a Norea.
El objetivo del tratadista cristiano es elucidar la condición del hombre gnóstico (la raza de Set) y su conflictiva relación con los "príncipes de este mundo". A este fin, el autor procede a una rectificación de la historia sagrada.
La creación del hombre es explicada a partir de los textos del Génesis interpretados con una técnica midrásica y ostentosamente rectificados. Los arcontes crean primero al hombre terreno como una copia de su propio cuerpo y según la imagen divina. En este hombre terreno insuflan el elemento psíquico. El resultado es un ser humano incapaz de levantarse. El teólogo conoce una especulación sobre la "ayuda" femenina que auxiliará a Adán, pero la desarrolla confusamente. El cotejo con Sobre el origen del mundo permite reconstruir las secuencias de la fuente original. La Eva psíquica levanta a Adán, y después la Eva espiritual, "viva semejanza de la divinidad", lo convierte en hombre espiritual.
Como espirituales, Adán y Eva engendran a Set, que es el antepasado común de la raza gnóstica. Esta raza es salvada de la extinción por el arconte Sabaot, bajo cuyo poder quedará hasta la venida del Salvador (judaísmo recuperado).
El ciclo teogónico explica el origen del arconte a partir de la materia. La doctrina más importante de este pasaje es la distinción entre un arconte maligno, Yaldabaot, y un arconte converso, Sabaot, el Dios de los judíos. El tratado concluye con una evocación cristiana de la obra del Salvador.

La presente traducción se basa en el texto transcrito y reconstruido por B. Barc en L’Hypostase des Archontes (Bibliothèque Copte de Nag Hammadi, 5), Québec y Lovaina, 1980. También hemos acudido ocasionalmente a la edición de B. Layton en Nag Hammadi Studies XX-2 (1989). Hemos cotejado las traducciones de los autores citados y la inédita de J. Magne, comunicada por el autor.

 

Prólogo
La realidad de las potestades.
Hablando bajo la inspiración del Padre de la verdad, el gran apóstol nos transmitió la siguiente enseñanza acerca de las potestades (exousíai) de la oscuridad (1): Nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra las potestades del mundo y contra los espíritus del mal (2). Puesto que me has interrogado acerca de la real existencia de las potestades, [te lo revelo].

I. ANTROPOGONÍA

El arconte
Su jefe es ciego. [Impulsado por su] potencia, por su ignorancia y por su orgullo [...] dijo: "Yo soy dios, y ninguno hay [fuera de mí]" (3). Al decir esto, pecó contra [el Todo]. Y esta palabra llegó hasta la Incorruptibilidad. Entonces, de la Incorruptibilidad surgió una voz que dijo: "Erras Samael" (4) -es decir, "el dios de los ciegos".
Sus pensamientos se volvieron ciegos. Arrojó su potencia –es decir, la blasfemia que había dicho- y fue perseguido por Pistis Sofía hacia abajo, hacia el caos y el abismo, que es su madre. Y ella instaló a cada uno de los hijos de él de acuerdo con aquella potencia y de acuerdo con la figura del eón superior (5). Pues hay que saber que las cosas manifiestas han surgido de las cosas escondidas.
Formación del hombre terrenal
La Incorruptibilidad miró hacia abajo, hacia las regiones de las aguas, y su semejanza se manifestó en las aguas (6). Entonces las potestades de la oscuridad la desearon, pero no fueron capaces de captar aquella semejanza que se les había manifestado en las aguas. (Esto fue) a causa de su debilidad –es de saber que los psíquicos no pueden captar a los espirituales-, puesto que (las potestades) pertenecen al lugar inferior, mientras que (la semejanza) pertenece al lugar superior. Por esto (he dicho que) la Incorruptibilidad miró hacia abajo, hacia las regiones (de las aguas), a fin de unir el todo con la luz de acuerdo con la voluntad del Padre.
Los arcontes se reunieron en asamblea y dijeron: "Vamos, tomemos tierra y creemos un hombre de barro" (7). Y modelaron su criatura haciéndola completamente de tierra. Ahora bien, el cuerpo que tienen los arcontes es de mujer, es un [aborto] de rostro de animal (8). Así pues, tomaron [barro] de la tierra y modelaron [a su hombre] de acuerdo con el cuerpo de ellos mismos y [de acuerdo con la imagen] de Dios que se les había aparecido en las aguas. Entonces dijeron: "Vamos, apoderémonos (de esta semejanza) por medio de nuestra hechura, de manera que ésta vea a su viva semejanza... (9) y que la capturemos en nuestra hechura", sin comprender, a causa de su impotencia, el poder de Dios.
Formación del hombre psíquico
Y sopló en su rostro (10): entonces el hombre pasó a ser psíquico sobre la tierra por muchos días, y ellos no pudieron ponerlo en pie a causa de su impotencia (11). Como vendavales, perseveraron en el propósito de capturar aquella semejanza que se les había manifestado en las aguas, pero ignoraban la potencia de la semejanza.
Sin embargo, todo esto sucedió de acuerdo con la voluntad del Padre del todo.
Creación del hombre espiritual
Después de estos sucesos, el Espíritu vio al hombre psíquico sobre la tierra. El Espíritu partió de la tierra adamantina (12), descendió y habitó en él. Aquel hombre pasó a ser un alma viviente (13). Y le puso de nombre Adán, puesto que fue hallado arrastrándose sobre la tierra.
Adán en el Paraíso
Una voz surgió de la incorruptibilidad acerca de la ayuda (14) de Adán. Entonces los arcontes juntaron a todos los animales de la tierra y a todos los pájaros del cielo y los llevaron a Adán para ver cómo Adán los iba a llamar, y para que él impusiera un nombre a cada uno de los pájaros y a todos los animales (15). Luego tomaron a Adán y lo colocaron en el paraíso para que lo laboreara y lo custodiara (16). Y los arcontes le dictaron un mandamiento diciendo: "De todo árbol que está en el paraíso comerás, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comas y [no lo toques], pues el día que lo comiereis [de él] moriréis de muerte" (17). Esto [se lo dicen] sin conocer lo que [le han dicho]. Tales cosas le dijeron de esta manera precisamente por la voluntad del Padre, a fin de que comiera, y también a fin de que Adán los viera siendo ya totalmente material (18).
Los arcontes se reunieron en consulta y dijeron: "Ea, infundamos un letargo sobre Adán. Y se durmió" (19). Ahora bien, el letargo es la ignorancia; (éste es el significado) de estas palabras "Infundámoslo sobre él. Y se durmió".
Entonces hendieron su costado, que era como una mujer viviente, y luego rellenaron su costado con carne. Y Adán pasó a ser enteramente psíquico. Y se le acercó la mujer espiritual, habló con él y le dijo: "Levántate, Adán". Y cuando la vio, él dijo: "Tú eres la que me ha dado vida; serás llamada madre de los vivientes" (20). (Queriendo significar:) "Ella es mi madre, ella es la comadrona, y la madre, y la paridora".
Entonces las potestades se acercaron a su Adán, pero cuando vieron a su viva semejanza conversando con él entraron en gran agitación y la desearon. Y se dijeron unos a otros: "Ea, arrojemos nuestra simiente sobre ella". Entonces la persiguieron y ella se mofó de ellos a causa de su demencia y de su ceguera, y se transformó en árbol ante ellos, dejando caer delante de ellos su sombra, que es una semejanza de sí misma. Los arcontes mancillaron abominablemente (a esta sombra) y mancillaron el signo de su voz. (Esto sucedió) a fin de que se condenaran a sí mismos en su hechura y en la semejanza [de ella] (21).
La espiritual penetró en la serpiente, el instructor. Entonces la serpiente instruyó (a la mujer) diciendo: ¿Qué [os ha dicho]? ¿Acaso que de todo árbol que está en el paraíso comerás, pero [del árbol] del conocimiento del mal y del bien no comas?" (22). Respondió la mujer carnal: "No dijo solamente ‘no comer’, sino también: ‘No lo toques, pues el día en que comiereis de él moriréis de muerte’". Y dijo la serpiente, el instructor: "No moriréis de muerte; esto os lo ha dicho porque es envidioso. Más bien se abrirán vuestros ojos y seréis parecidos a dioses, conocedores del mal y del bien" (23). Y la instructora se retiró de la serpiente y la abandonó como cosa ya puramente terrestre. Entonces la mujer carnal tomó del árbol y comió, y ofreció a su marido junto a ella. Y los psíquicos comieron.
Y su malicia se disipó (al desaparecer) su ignorancia, y comprendieron que estaban desnudos de elemento espiritual. Y tomando hojas de higuera se ciñeron los lomos (24).
Entonces se acercó el gran arconte y dijo: "Adán, ¿dónde estás?", pues no sabía lo que había sucedido. Adán respondió: "Oí tu voz, y temeroso por estar desnudo, me escondí". Dijo el arconte: "¿Por qué te escondiste si no es porque comiste del árbol del que te ordené: ‘de él solo no comerás’. Y comiste?". Dijo Adán: "La mujer que me diste, ésa [ofrecióme] y comí". Y el arrogante arconte maldijo a la mujer. Y dijo la mujer: "La serpiente es la que me engañó, y comí" (25). (Y los arcontes) [se volvieron] hacia la serpiente y maldijeron su sombra [...] impotente, sin percatarse de que era hechura de ellos. Desde aquel día la serpiente quedó bajo la maldición de las potestades. Hasta la venida del hombre perfecto esta maldición ha ido cayendo sobre la serpiente.
Los arcontes se volvieron hacia su Adán, lo agarraron y lo arrojaron del paraíso con su mujer, pues (los arcontes) no tienen bendición alguna, puesto que ellos mismos están bajo la maldición.
Entonces los arcontes arrojaron a la humanidad en medio de grandes perplejidades y de los azotes de la vida, a fin de que sus hombres andaran atareados y no tuvieran tiempo adecuado para adherirse al Espíritu Santo.
Las dos razas humanas
Después de esto (la mujer carnal) engendró a Caín, el hijo de ambos. Caín cultivaba la tierra. (Adán) conoció de nuevo a su mujer y ella concibió y engendró a Abel. Abel era pastor de ganado. Caín aportó frutos de su campo, mientras Abel ofreció sacrificio con sus corderos. El dios reposó su mirada sobre las ofrendas de Abel, pero no aceptó las ofrendas de Caín. Y el Caín carnal persiguió a su hermano Abel. Entonces el dios dijo a Caín: "¿Dónde está tu hermano Abel?". Él respondió y dijo: "¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?". Dijo el dios a Caín: "He aquí que la voz de la sangre de tu hermano clama a mí. Has pecado por tu boca. (Esta sangre) se volverá contra ti. Todo aquel que matare a Caín dejará sueltas siete venganzas. Tú, por tu parte, [gemirás] y temblarás sobre la tierra" (26).
Luego Adán [conoció] a su viva semejanza Eva. Ella concibió y engendró a [Set] para Adán. Y dijo ella: "Yo engendré a otro hombre por medio de Dios, en lugar de [Abel]" (27).
Otra vez concibió Eva y engendró a [Norea], diciendo: "Él engendró para mí [una virgen] de ayuda [para] muchas generaciones de la humanidad" (28). Ésta es la virgen que las fuerzas no mancillaron. Entonces los hombres comenzaron a multiplicarse y a tener aspecto agradable.
El diluvio
Los arcontes se reunieron en consulta y dijeron: "Vamos, hagamos un diluvio con nuestras manos y destruyamos toda carne, tanto hombres como animales". Pero cuando el arconte de las potencias supo de su contubernio dijo a Noé: "Constrúyete un arca de una madera que no se pudra y escóndete en ella tú con tus hijos y los animales y los pájaros del cielo, tanto pequeños como grandes, y erígela sobre el monte Sir" (29).
Entonces se le acercó Orea (sic) con el propósito de entrar en el arca. Él no se lo permitió, y ella sopló sobre el arca y le prendió fuego. Él construyó el arca por segunda vez.

II. TEOGONÍA

El revelador
Los arcontes se acercaron a [Norea] con el propósito de engañarla. Su jefe supremo le dijo: "Tu madre Eva vino hacia nosotros". Pero Norea se volvió hacia ellos y les dijo: "Vosotros sois los arcontes de la oscuridad, estáis malditos. Realmente no habéis conocido a mi madre, sino que la que habéis conocido es a vuestra viva semejanza. Yo no soy de vuestra progenie, antes bien procedí del mundo superior". El arconte arrogante se revolvió con toda su potencia y su rostro tomo el aspecto de un [...] negro. Haciendo gala de audacia se dirigió a ella en estos términos: "Es necesario que nos sirvas como lo hizo tu madre Eva, pues me ha sido dado [...]". Entonces Norea acudió a la potencia de [...] y clamó con fuerte voz hacia el santo, el Dios del todo: "Auxíliame frente a los arcontes de la injusticia y sálvame de sus manos".
En éstas descendió de los cielos el ángel y le dijo: "Por qué clamas a Dios? ¿Por qué exhibes audacia hacia el Espíritu Santo?". Dijo Norea: "¿Quién eres?". Entretanto los arcontes de la injusticia se habían apartado de ella. El ángel dijo: "Yo soy Elelet, la sabiduría, el gran ángel que está erguido ante el Espíritu Santo. He sido enviado para hablar contigo y para librarte de las manos de los que no tienen ley. Yo te revelaré cuál es tu raíz" (30).
No podría, por mi parte, describir la potencia de este ángel; su figura es como la del oro fino y su vestimenta como la nieve; sin embargo, mi boca no podría resistir el intentar describir su potencia y la figura de su rostro.
Me dijo el gran ángel Elelet: "Yo –dijo- soy la inteligencia, yo soy uno de los cuatro luminares, los que están erguidos delante del gran Espíritu invisible. ¿Piensas que estos arcontes tienen potencia contra ti? Ninguno de ellos tendrá potencia contra la raíz de la verdad –pues a causa de esto se ha manifestado él al final de los tiempos- y estos poderes serán dominados, y estas potestades tampoco podrán mancillar ni a ti ni a esta raza, puesto que vuestra morada está en la incorruptibilidad, en el lugar del Espíritu virginal, el que es superior a las potestades del caos y de su mundo".
También yo dije: "Señor, instruyeme acerca de [la fuerza] de estas potestades, por qué vinieron a existir [...], de qué realidad procedieron y de qué materia, y quién fue que los creó y [les dio] su potencia".
El origen de la materia
El gran ángel, la inteligencia, me respondió: "En el seno de los eones infinitos en los que se halla la incorruptibilidad, la sabiduría, la denominada Pistis, quiso producir una obra ella sola, sin su cónyuge (31). Su obra resultó como una (mera) semejanza del cielo.
(Es de saber que) hay un velo entre las realidades superiores y los eones de la parte inferior, y que una sombra vino a existir más abajo del velo, y esta sombra pasó a ser materia, y esta sombra fue arrojada a un lugar particular. Pues bien, la hechura (de la sabiduría) fue una obra realizada en la materia, una especie de aborto. Recibió figura a partir de la sombra. Era una bestia arrogante parecida a un león. Era andrógino, pues, como ya dije, provino de la materia" (32)
El gran arconte
(Esta criatura) abrió los ojos y vio una enorme extensión de materia infinita. Entonces se exaltó orgullosamente y dijo: "Yo soy dios y no hay otro fuera de mí" (33). Al decir esto pecó contra el todo. Entonces una voz surgió de arriba, de la suma potestad, diciendo: "Erras Samael" –es decir, "el dios de los ciegos"-. Él dijo: "Si existe otro ser ante mí, que se me revele". Al momento la Sabiduría extendió su dedo e introdujo la luz en la materia y la persiguió hacia abajo hasta las regiones del caos, remontando luego hacia su luz. De nuevo la oscuridad [...] en la materia (34). Este arconte, por ser andrógino, produjo para sí un gran eón, una grandeza infinita (35).
El arconte discurrió crear hijos para sí, y se creó siete hijos, que eran andróginos como su padre. Y dijo a sus hijos: "Yo soy el Dios del todo". Entonces Zoé, la hija de Pistis Sofía, clamó y le dijo: "Erraste, Saclas" –cuya interpretación es "Yaldabaot"-. Luego sopló en su rostro y su soplo se le convirtió en un ángel de fuego. Y este ángel ató a Yaldabaot y lo arrojó al Tártaro, al lugar que está bajo el abismo (36).
El arconte Sabaot
Sucedió que cuando Sabaot, el hijo de (Yaldabaot), vio la potencia de éste ángel, se arrepintió y condenó a su padre y a su madre la materia, asqueándose de ella. En cambio, entonó himnos a la Sabiduría y a su hija Zoé. Entonces la Sabiduría y Zoé lo exaltaron y lo instalaron sobre el séptimo cielo, debajo del velo, entre el lugar superior y el lugar inferior. Y fue denominado "dios de las potencias, Sabaot", porque está por encima de las potencias del caos debido a que fue la Sabiduría quien lo instaló (37). Cuando estos acontecimientos tuvieron lugar, él se construyó un gran carro de querubines, dotado de cuatro rostros, con una innumerable multitud de ángeles para hacer de servidores, y arpas y cítaras.
La Sabiduría tomó a su hija Zoé para sentarla a la derecha de (Sabaot), a fin de que lo instruyera acerca de las realidades de la ogdóada. Luego colocó al ángel de la ira a la izquierda (de Sabaot). [Desde aquel día] [su diestra] fue denominada "vida", y la izquierda se configuró como la injusticia, (figuración de la idea) de la suma potestad del lugar superior (38).
Estos seres existieron antes de ti, (Norea).
Origen de la muerte
Sucedió que cuando Yaldabaot vio (a Sabaot) en esta gran gloria y en esta elevación tuvo envidia de él. Y la envidia fue una obra andrógina.
Éste fue el origen de la envidia. La envidia engendró la muerte, y la muerte engendró sus hijos e instaló a cada uno (de los ángeles) sobre su propio cielo; todos los cielos del caos quedaron repletos de su multitud. Todo esto sucedió precisamente por voluntad del Padre del todo a fin de que se completara el número del caos.
He aquí, (Norea), que te he enseñado la figura de los arcontes y de la materia en la que aquella figura fue generada, así como te he instruido acerca del padre de los arcontes y de su mundo.
El Salvador
Entonces yo, (Norea), dije: "Señor, ¿también yo misma formo parte de su materia?".
(Respondió:) "Tú, (Norea), y tus hijos, formas parte del Padre que existe desde el principio. Las almas (de tus hijos) proceden del lugar superior, de la luz incorruptible. Por eso las potestades no podrán aproximarse a ellas a causa del Espíritu de verdad que se halla en ellas. Todos cuantos han conocido este camino existen como inmortales en medio de una humanidad mortal. Pero esta simiente no se manifestará todavía. Sin embargo, después de tres generaciones se manifestará y extirpará de ellas la cadena del error de las potestades" (39).
Entonces yo dije: "Señor, ¿cuánto tiempo todavía?". Él me dijo: "Cuando el hombre verdadero, en la forma de una criatura, manifieste [al Espíritu de] verdad que el Padre ha enviado. Entonces éste les instruirá por entero y les ungirá con el crisma de la vida eterna que le ha sido dado por la raza indómita (40). Entonces expulsarán de sí mismos el pensamiento ciego y pisotearán la muerte, la de las potestades, y avanzarán hacia una luz infinita; allí es donde habita esta simiente. Entonces las potestades abandonarán sus tiempos y sus ángeles llorarán por su destrucción, y sus demonios se lamentarán por su muerte. Entonces todos los hijos de la luz conocerán con certeza la verdad junto con su propia raíz, y al Padre del todo junto con el Espíritu Santo. Todos clamarán con una sola voz: "La verdad del Padre es justa, y el Hijo está sobre el todo". Y que por los siglos de los siglos todos clamen: santo, santo, santo. Amén".
La realidad (hipóstasis) de los arcontes.
NOTAS

1. Col. 1, 13. El redactor cristiano prefiere la expresión paulina "potestades" (gr. exousíai); el redactor judío aduce "arcontes".

2. Ef. 6, 12. Cf. Exposición sobre el alma, 131, 4ss.

3. Is. 45, 5; 46, 49. Cf. Ireneo, Adv. Haer. I 5, 4.

4. Samael: deformación (ya atestiguada en Asclepio 1, 11) de la palabra hebrea semel, que a partir de Ezequiel (cf. 8, 3-6) designa el ídolo antagonista de Yavé ("semel de la envidia")

5. Para los hijos de los arcontes, cf. 95, 13 - 96, 11. Cf. Adv. Haer. I 30, 4-5; I 11,1: secundum memoriam meliorum.

6. Tema común a varias gnosis, cf. Libro secreto de Juan, 14, 30-34; Sobre el origen del mundo, 108, 28-31; C. H. Poimandres 14-15.

7. Cf. Gn. 2, 7.

8. Entiéndase "es también de mujer". Los arcontes son andróginos, cf. 94, 18. El hombre terrenal primordial es también andrógino; su aspecto de mujer viene de los arcontes, su aspecto de varón viene de la imagen reflejada en las aguas.

9. "Viva semejanza": cop. Schbreine, literalmente "imagen correlativa". El sentido de esta expresión ha sido elucidado por Vycichl en su Dictionaire Étymologique..., p. 257: se trataría de "imagen viva" en el sentido de las estatuas paganas, resultado de una teúrgia y no de una simple copia. Pero los arcontes son malos teurgos y no logran imprimir a este hombre la imagen de Dios.

10. Gn. 2,7. El redactor suprime "un aliento de vida". Los agentes del párrafo anterior eran los "arcontes". Ahora, en este párrafo, es un agente individual. El texto paralelo que mejor explica esta diversidad es Adv. Haer. I 30, 6: "Entonces Yaldabaot, para reunirlos y convencerlos, les dijo: ‘Venid, hagamos un hombre a imagen’. Las seis potencias escucharon esa invitación, y la Madre les suministró una imagen del Hombre para de ese modo vaciarles de la primera potencia. Entonces se reunieron y confeccionaron un hombre inmenso en altura y longitud. Pero como únicamente se arrastraba serpenteando, lo llevaron a su padre".

11. Tema común a varios autores, cf. Sobre el origen del mundo, 115, 5; Libro secreto de Juan, 19, 13-14; Satornilo, en Adv. Haer., I 24, 1; véase la nota anterior.

12. El mundo supracelestial.

13. Gn. 2, 7. "Viviente" es aquí sinónimo de espiritual.

14. En el texto bíblico, el término "ayuda" se refiere a Eva. En la rectificación gnóstica se refiere a la vida espiritual que Adán ha recibido, cf. Libro secreto de Juan, 20, 14-20.

15. Cf. Gn. 2, 19-20, modificado.

16. Gn. 2, 15.

17. Gn. 2, 16-17 y 3, 3.

18. Adopto la lectura de Barc, basada en Gn. 3, 5: vuestros ojos se abrirán. Según Barc, este "Adán material" es una glosa errónea del segundo redactor.

19. Gn. 2, 21.

20. Gn. 3, 20. Obsérvese que es la segunda vez que el elemento espiritual yergue al Adán psíquico.

21. Identificación de los agentes del último párrafo: a) La "mujer espiritual" es el elemento espiritual de Adán, sustancialmente idéntico a la Sabiduría superior; b) su "viva semejanza"; hay que entender: la viva semejanza de Dios que estaba en Adán; c) "sombra": la copia de la mujer espiritual es la Eva terrena.

22. Gn. 2, 16-17, con inversión de términos.

23. Para todo el pasaje, comparar con Gn. 3, 2-7.

24. El "árbol del bien y del mal" representa la moralidad psíquica, que la pareja Adán y Eva desconoce. Al comer del árbol, descubren el bien y el mal morales, y por ende su propia sexualidad y su capacidad procreadora. Para evitar una degradación del elemento espiritual, éste desaparece una vez más de Adán. La clave de este pasaje se halla en Ireneo, Adv. Haer. I 30, 8: "Yaldabaot hubiera deseado que Eva engendrara hijos a Adán, pero no lo consiguió porque su Madre se le oponía en todo vaciando subrepticiamente a Adán y Eva de la impregnación de luz para evitar que el espíritu que procedía de la Suprema Potencia participara en la maldición y en el oprobio."

25. Cf. Gn. 3, 9-13.

26. Ciclo bíblico de Caín y Abel: Gn. 4, 1-15. Según los paralelos Sobre el origen del mundo 117, 15-24 y Libro secreto de Juan 24, 8-34, Caín y Abel no son hijos de Adán sino del arconte principal y de sus potestades. El mismo redactor de Hipóstasis de los Arcontes conoce esta trama, pues ha recogido el episodio en que los arcontes mancillan a Eva (13, 20-30).

27. Set es hijo del hombre espiritual, es decir, del hombre unido a la viva semejanza de Dios que está con él, representada también por Eva. Set es el antepasado común de los hombres espirituales ("otro hombre") o gnósticos.

28. Norea viene probablemente del hebreo Na’ara, virgen. Ejerce junto a Set la misma función que la mujer espiritual ejercía junto a Adán; cf. n. 3 a Norea.

29. Ciclo bíblico de Noé: Gn. 6-9. Interpretación: los arcontes (de Samael) quieren destruir la raza de Set. Interviene "el arconte de las potencias (YHWH Sabaot) para salvar a los setianos, que quedan entonces bajo su poder: origen de la religión hebrea. Norea, como representante de la religión espiritual, no es admitida. El elemento espiritual queda una vez más en suspenso.

30. En el Libro secreto de Juan 7, 31 - 8, 18 y en Zostriano 29, 12, Elelet es el cuarto de los cuatro luminares que constituyen el último estrato del Pleroma. Cf. también Evangelio de los Egipcios 56, 22 y Pensamiento Trimorfo 39, 13- 40, 24.

31. Sobre el origen del mundo 98, 11-14 distingue dos personajes: Pistis y Sofía, que procede de Pistis. El tema de la partenogénesis de Sofía es propio de la gnosis cristiana, cf. Libro secreto de Juan 9, 28 (con la nota).

32. El proceso de degradación es el siguiente: a) Sabiduría, eón del Pleroma; b) su obra, un velo entre el Pleroma y el mundo inferior; c) una sombra debajo del velo: el caos; d) una parte concentrada del caos, que es la materia; e) un personaje configurado por Sabiduría a partir de la materia: el gran arconte.

33. Is. 45, 5; 46, 49. Yaldabaot une en su configuración mítica los trazos del Dios del Antiguo Testamento y los del cabecilla de los ángeles caídos, Samael.

34. Episodio paralelo a 86, 27 ss. Aquí se precisa que el elemento precipitado en el caos es la luz, es decir, una centella o impregnación de luz.

35. El gran arconte crea el mundo material

36. El redactor da por supuesto que su lector conoce la tradición de las siete potestades arcónticas y sus nombres. Cf. n. 28 a Libro secreto de Juan.

37. Sabaot une en su configuración mítica los trazos del Dios bíblico, los del jefe de los ángeles divinos (Miguel) y los del objeto de la visión del carro típica de la apocalíptica judía. El lugar en el que se instala es la Ogdóada o círculo de las estrellas fijas, como en el valentinismo clásico (cf. Adv. Haer. I 7, 4). Las potencias del caos, los arcontes planetarios, están por debajo de Sabaot.

38. Esta distribución de derecha a izquierda es atípica. Los comentaristas no han acertado a ofrecer una explicación plausible. Podría ser una deformación del tema del doble aspecto del Dios bíblico, justo e injusto. Cf. Libro secreto de Juan 24, 16-26. Comparar con Hipólito, Elen. V 14, 7-8.

39. La primera generación es la de Adán y Eva. La segunda es la de Set. La tercera es la de los setianos. La cuarta es la de la revelación, cuyo agente es el hombre verdadero, Cristo.

40. Los setianos son la raza indómita e inconmovible. Véase n. 60 a Sobre el origen del mundo.

 

De este texto existe, por ejemplo, la versión de Antonio Piñero, José Montserrat Torrents, Francisco García Bazán, Fernando Bermejo y Alberto Quevedo: Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi I. Tratados filosóficos y cosmológicos, Madrid, Editorial Trotta, S. A., 1997. Edición de Antonio Piñero. Introducción, traducción y notas de José Montserrat Torrents.

 

 

 

 

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