HENRI STÉPHANE: DEL NACIMIENTO ETERNO

 

 

"Un día que Jesús estaba en la mesa con sus discípulos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén, sino que aguardasen la promesa del Padre...: En pocos días vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo. Entonces ellos... le preguntaron: Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?" (Hechos, I, 4-6).

Por la Verdad Eterna, yo afirmo que jamás un hombre que ha comprendido lo que quiere decir: "Bautizados en el Espíritu Santo" pregunta con los discípulos: "Señor, ¿cuándo restablecerás el reino de Israel?". Esto, en efecto, "ser bautizados en el Espíritu Santo", afirmo que no se cumple en el tiempo, sino en la eternidad, fuera del tiempo. Ningún hombre que se halle todavía en el tiempo puede comprender esta frase, pues hay en el hombre "algo" que está fuera del tiempo, y ese "algo" es un "lugar" fuera del espacio, y es en este "lugar" donde se cumple "el bautismo en el Espíritu Santo".

Y ahora, escuchadme bien, pues voy a decir cosas que jamás han sido dichas, y que nadie que no haya crecido a medida de esta Verdad es capaz de comprender.

"Seréis bautizados en el Espíritu Santo", tal es la promesa del Padre. Y lo que el Padre promete es lo que Él quiere cumplir. Y el Padre no puede querer más que una cosa: engendrar al Hijo Único. Y lo engendra por el Espíritu Santo. Ésta es la Obra del Padre, y no hay otras obras. Es la Obra única del Padre, eterna, infinita, fuera del tiempo y del espacio. ¿Y dónde se cumple esta Obra única del Padre? Allá, aquí, en ese "lugar", en ese "algo" que está en el hombre y que se encuentra fuera del tiempo, y Él no puede cumplir otras obras, sino engendrar al Hijo Único en ese "lugar" que se halla en el hombre.

Y ahora, he aquí algo que jamás he dicho: Dios, cuando crea el mundo, no "hace" nada. Pero cuando dice: "Hagamos al hombre a imagen y semejanza de Dios", entonces "hace" su Obra: engendra al Hijo Único. Este Nacimiento eterno, fuera del tiempo, se cumple en el hombre, fuera del tiempo, y aquí, toda la Creación y "Dios" mismo desaparecen. Ya no hay sino el Padre, que engendra al Hijo Único por el Espíritu Santo en el hombre, fuera del tiempo, en la Eternidad.

Este Nacimiento eterno del Hijo Único no puede cumplirse más que en el "hombre fuera del tiempo", es decir, en el hombre perfecta y totalmente "virgen". Es el misterio de la Inmaculada Concepción. Y María, Nuestra Señora, es el soporte temporal de este Nacimiento Eterno: Ave, gratia plena, Dominus tecum. El Padre engendra al Hijo Único en Nuestra Señora por el Espíritu Santo: es el misterio de la Encarnación. Y esta generación del Hijo Único en Nuestra Señora es Jesús: Benedictus fructus ventris tui, Jesus. Es la misma generación del Hijo Único, que el Padre cumple en "el alma virgen", fuera del tiempo. Según las apariencias, Jesús nace en el alma, pero en la Realidad es el alma hecha perfecta y totalmente "virgen" fuera del tiempo -y con ella toda la Creación, y "Dios" mismo- lo que desaparece, lo que es absorbido en este Nacimiento del Hijo y entra así en el seno del Padre: es el misterio de la Asunción de la Virgen.

Y ahora, considerad bien lo que he dicho: no hay sino una sola obra, única, eterna, sublime, que el Padre quiera cumplir: es el Nacimiento eterno del Hijo en la Virgen, por el Espíritu Santo.

Que vuestras almas sean así "bautizadas en el Espíritu Santo, en pocos días", y que Dios os ayude a ello. Amén.

 

*    *    *    *    *    *    *    *

Tratado VII.2 de Introduction à l’ésotérisme chrétien, vol. I, París, Dervy-Livres, col. "Mystiques et religions", 1979.

 

RETORNO A PÁGINA ANTERIOR